Capítulo II
Encontré a Eddie
Más tarde en el aeropuerto…
Señor – lo saludó él.
Buenas noches Arthur, ¿tienes los boletos? – le preguntó cuando el joven asistente le extendió el par de boletos y además su pasaporte.
Sí señor, está reservado su vuelo en primera clase y el mío también – aseguró Arthur.
Bien, ¿llegaremos a primera hora entonces? – cuestionó Terry.
Más bien como a las nueve, en lo que embarcamos, desembarcamos y todo eso… - refirió Arthur, debía reconocer que su jefe era bueno aparentando que viajaba a cualquier otro lado, menos a Nueva York.
Bien, vamos a la sala de espera – apuró Terry cuando hubieron llegado a las salas para vuelos internacionales.
De acuerdo – asintió el asistente y lo siguió.
En la entrada del aeropuerto, Candice y Anthony corrían a través de este, eran casi la media noche y su vuelo estaba a punto de despegar.
Vamos Candice que llegamos tarde – gritó Anthony con una voz áspera.
¡Te dije que llegaras temprano, pero no me haces caso! – le reclama ella.
Tu esposo me va a matar si esta vez no llegamos a tiempo… - le confiesa, lo que la hace sonreír.
¡Bien merecido te lo tienes…! – grita ella.
Gracias señorita, Candy corre – le dice Anthony cuando a una señorita le pide información del vuelo y ella les indica donde esta la sala de espera.
¡Voy! ¿Por dónde es? – la rubia solo ve que Anthony corre por pasillos y pasillos, sin elegir uno en especial.
¡Por allá! – le señala la sala E.
¡Anthony, me lastimas! – la vuelve a tomar de la muñeca.
¡Mejor lastimada que muerta, aprisa! – asegura él que eso sucederá si pierden el vuelo.
Señorita, llegamos a tiempo, ¿verdad? – le pregunta ella.
Sí, el vuelo se retrasó, por allá esta la sala de espera – le señala con prisa.
¡Anthony detente! – le ordena Candice.
Vamos, podemos ir más despacio… - la abraza por los hombros y comienzan a caminar calmadamente.
Señorita buenas noches – saludan Terry y Arthur a la asistente de la aerolínea.
Buenas noches, documentos – solicita la asistente.
¡Sí mire, aquí están…! – le dice Arthur mientras voltea hacía unos animados jóvenes conversan, sin poder creerlo, su más grande miedo se avecinaba hacia ellos, pero se preguntaba si Terry la reconocería, ella ya no era la misma chica que habían conocido dos años antes.
Buenas noches caballero – le dice otra asistente a Anthony, quien le extiende los boletos y los pasaportes.
Buenas noches – saludan ambas personas.
Terrence Grandchester y Arthur Vilman, asientos 3A y 3B – informa la asistente y les desea buen vuelo.
Bien, tome, Anthony y Candice Brower asientos 2A y 2B – la otra asistente dice lo mismo.
Cuando Terry escuchó ese nombre volteó a ver a la persona que pasaba por su derecha y Arthur hizo lo mismo… sí, ese nombre era parecido, pero no era la Candice que él conocía, aunque Arthur si la reconoció, era Candice Grandchester, la esposa de su jefe. Un momento, la habían nombrado como Candice Brower, no Andley, ¿por qué era así?
Terry se había quedado congelado en la elegante figura sonrojada de la señorita que había pasado a su lado… se parecía a Candice tanto y al mismo tiempo era tan distinta… vestía un atuendo casual y tenía maquillaje ligero y uñas largas, además un sombrero con un delicado velo y unas zapatillas muy altas. Definitivamente no era su Candice, era otra persona…
Para Arthur, fue un reconocimiento tranquilo que Terry no se diera cuenta de quién se encontraba allí, frente a él, así que se limitó a no decir nada, sólo que él ya la había visto anteriormente… tan así que hace casi un año se la encontró en un parque cercano a Liverpool.
Inicio del flash back
Arthur había ido a Liverpool una de las tantas tardes en las que paseaba fuera de la oficina y caminando por un parque vio a lo lejos un lindo perrito que se acercó a él para jugar. Minutos más tarde una señorita lo llamaba…
¡Eddie, Eddie! ¿Dónde estás? Por aquí lo vi… - decía una chica que buscaba algo.
¿Eddie? – llama Arthur al perrito que salta y salta delante de él.
¡Guarf! ¡Guarf! – el perrito entendido salta y ladra al escuchar su nombre.
Señorita, ¿este es su perro? – cuestionó Arthur a la señorita que buscaba debajo de una banca.
Eddie, te encontré gracias por regresármelo! – la chica lo toma y cuando levanta el rostro, Arthur se sorprende tanto que no dice nada.
¿Señora Candice? – preguntó el chico.
¿Cómo sabe mi nombre? – pregunta ella enrarecida.
¡Eh…! La escuché anteriormente que era llamada así por un joven – confesó Arthur ocurriéndosele cualquier pretexto, cómo sabía que ella era Candice Grandchester, porque la conocía desde hace 4 años, pero su pregunta era muy certera, ¿por qué ella no lo reconoció en estos momentos?
Ah bien, sí algunas veces vengo con Anthony aquí, Eddie no es mío, le hago un favor a un amigo de sacarlo a pasear – comienza a platicar con Arthur como si hablara con Anthony.
Bien, pues ahí lo tiene, ¡pórtate bien! – le recomendó a Eddie acariciando el pelo de la nuca del animalito.
Dale las gracias a… ¿cómo se llama usted? – cuestionó Candice.
Arthur Vilman, señora – responde emocionado.
¡Em…! – Candice se detuvo un poco.
¿Sucede algo? – pregunta Arthur encantado de verla, se veía tan distinta…
Vilman… no sé, lo he escuchado antes y creo que lo conozco a usted… pero no sé de dónde – confiesa ella comenzando a buscar en su memoria, pero no obtuvo ningún resultado.
¡Candice! – la llamaba un joven.
Bueno, no importa, mi nombre es Candice Andley y ese chico que viene allí es mi sobrino, Eddie le agradece y yo misma que lo haya encontrado. Es tiempo de irme… - informa Candice.
Un gusto señora Andley, adiós Eddie – acaricia al perrito y ella se despide.
Hasta pronto, Sr. Vilman. Vamos Eddie, ¡Anthony! – le grita y corre hasta él.
¡Dios! ¡Dios! ¡No puedo creerlo! ¡Candice está viva! ¡Está viva y casada con los Andley! Pero, ¿cómo no me conoce? Si tenemos tanto tiempo de conocernos – esa era la gran pregunta que él se formulaba.
Fin del flash back
Recordando aquello, prefirió callarlo, a veces Candy se alojaba en un apartamento en Liverpool y él esperaba que ella no lo saludara porque lo metería en graves problemas con Terry. Decir que Candice conoció a Arthur por casualidad, eso nadie se lo creería y mucho menos Terry, así que pensó que era mejor no tentar a su suerte.
Gracias señorita, ¡Anthony me lastimaste la mano! – comenzó a quejarse Candice de camino por el andén hacia su vuelo.
Lo siento, pero ahora sí se me pasó el tiempo volando – recapituló la odisea de llegar al aeropuerto tan rápidamente.
¡Y volando venimos desde Liverpool! ¡Eso no se hace Anthony! – pero Candice seguía con su perorata.
Bueno, si tu esposo se da cuenta de esos moretones, le puedo decir que te llevé como papalote, ¡no hay problema! – pero lo que Candice tomaba como una broma a su esposo no se le haría gracioso.
Sí a mi esposo no le da por asesinarte, veré cómo me las cobro – declaró ella dándole un golpe en el hombro.
Vamos, nos esperan siete horas de reparable sueño… - la volvió a abrazar por los hombros.
¡Terry, el avión nos deja! – declara ella.
Este sí… - sonrió y caminaron más aprisa cuando vieron que los caballeros que venían detrás ya habían subido.
¿Parece que viste un fantasma? – le mencionó Arthur a Terry, que se había quedado en blanco desde hacia unos minutos. Pero Arthur no era tonto, Terry sí estaba muy sorprendido y más cuando ella hablaba de su esposo, ahora es que se preguntaba si se había dado cuenta que esa Candice era tan parecida a su esposa.
¡No… vamos! – pero no lo iba a admitir, así que siguieron hasta sus asientos mirando de reojo a las personas que se acomodaban alrededor de ellos.
Primera clase, sus asientos están por allá – la azafata les dijo a Anthony y Candy.
Candice, toma asiento – Anthony se detuvo en el pasillo y le dio el pase para que se acomodara y luego se sentó él.
¡Sí voy! Estoy por sentarme, ¿seguro que el equipaje llegará bien? – cuestionó la rubia.
Sí, tu amado esposo me dijo que no quería que cargaras nada, así que lo envié por paquetería. Dime, ¿qué estuviste haciendo toda la mañana? – cuestionó Anthony con precaución.
Organizando la casa de Liverpool, desde que mi amado esposo se fue a trabajar, no ha podido regresar, así que me dije: Candice debes ir a su lado, porque si no lo haces lo vas a extrañar demasiado… - reconvino ella sacándole una sonrisa a Anthony.
Te creo, desde que te conoció es así, prefiere no dormir y platicar contigo todas las noches – recalcó todas las noches, la verdad es que en los últimos cuatro meses su tío tenía unas ojeras ya muy marcadas.
Sí, lo sé, él deber de la esposa es ir con su esposo – le mencionó eso y a un hombre detrás de ellos esa última frase le llamó la atención.
Y todo porque esa frase fue la que le dijo un día antes a Terry, el hombre que la había estado escuchando ahora la miraba con odio y se preguntaba por qué con él nunca sucedió, así que cada palabra que ella decía era escuchada por Terry lo que lo ponía de mal humor.
Para Arthur escuchar su voz era un regalo, pero Terry parecía que le habían clavado una daga en el corazón, se sentía en esos momentos tan lastimado que estaba tentado a decirle el por qué ella no lo saludó cuando lo vio, pero no estaba seguro de su reacción, así que mejor no dijo nada. Él quería que su jefe no sufriera, pero cómo iba a hacerlo, eran las dudas las que lo corroían, pero debía de guardar silencio, en ese momento era lo mejor.
Señorita, podría traerme un cojín y una frazada – de unos minutos a otros Candice se quedó profundamente dormida
Sí señor – la azafata hizo lo que Anthony le pidió y después, al regresar le ayudó a Anthony a colocarla en su cojín y arroparla.
Gracias – agradeció Anthony que la veía platicar consigo misma.
Linda Candice, duerme, duerme que sólo en tus sueños podrás recobrar algo de fuerza para seguir adelante. Sueña, sueña – Anthony recitó en gaélico.
Anthony no pudo evitar decirlo, Candice había llegado a los Andley por una confusión, una bendita confusión que hizo sufrir a la familia Andley sin saber que ese día iba a ser el día más feliz de su tío, ese día él conoció a la mujer de su vida y la que sería su futura esposa.
Continuará…
