Capítulo V

Cariño, ¿no has visto mi anillo de matrimonio?

Cuando aterrizaron y pasaron por la aduana, George le llamó a Anthony cuando la rubia y él se acercaban a él...

Señor, el auto lo espera – informa George sonriéndole a la rubia.

Voy en un momento – se da la vuelta recibiendo la mano de la rubia, que mucho después se desvanece y apenas alcanzándola a sostener. ¡Candice, despierta...! ¡Se desmayó...! ¿Me dan permiso? – Anthony la alzó en vilo y comenzó a correr a través del aeropuerto en dirección al auto donde encontraría unos ojos preocupados y furiosos tan sólo de ver a su esposa desmayada.

¿Qué le pasó a mi esposa, Anthony? – cuestiona él preocupado.

¡Se desmayó! ¡No lo ves, vamos al hospital! – lo apura mientras John conduce rápidamente hacia el nosocomio.

Pero justo detrás de ellos, se encontraba otro auto que al observar que la rubia era metida a un lujoso auto, le ordenó a su chofer seguir al auto que acababa partir.

Sigue a ese auto... - gritó Terry conmocionado.

Pero señor, debe descansar... - Arthur intentó en vano de que no los siguiera.

Lo hare después... haz lo que te ordeno – Terry no ve con buenos ojos a Arthur y ordena al conductor que siga al auto.

Vamos, siga a ese auto – Arthur termina por obedecer.

Después de unas cuantas vueltas...

¡Cielos, los perdimos! – Arthur golpea el asiento del auto.

¡Maldita sea! ¡Al hotel, vamos al hotel! – grita Terry enfadado.

Y en el hospital...

¿Cómo está mi esposa? – cuestiona William.

Parece que hubiera corrido un maratón, ¿hizo esfuerzos? – cuestionó el Dr. Lenard.

No – contestó adelantadamente William. ¡Anthony! – lo urgió porque de seguro así era.

¡Perderíamos el avión, lo siento! – confiesa el rubio menor.

¡Quítate de aquí! – William lo corrió de inmediato.

Pero... - Anthony quiso decir algo.

Puedo llevarla a casa – pero William no lo dejó terminar.

Sí, ya sabes lo que te he recomendado – recomienda el doctor Lenard.

De acuerdo – asintió William y comenzó a levantarla para irse de allí.

Sí – respondió ella.

Vamos – George y Anthony salieron junto con los rubios, uno de ellos empujando la silla de ruedas en la que iba una cansada Candice.

Al otro día...

¿Cómo está Candice, William? – preguntó la señora Elroy.

Mejor, prefiero que se quede en la cama, ayer Anthony la trajo volando desde Liverpool hasta el aeropuerto – le contó a su tía.

¿En qué estaba pensando? – pero como era esperado, Elroy se enfadó muchísimo.

No estaba pensando... - afirmó William.

Señor – George se acercó en ese momento.

Dime George – contesta a su hombre de confianza.

La señora Candice está llorando... si quiere puede adelantarse y yo me quedo... - dijo George, pero esto hizo que William se preocupara.

¿Por qué? – cuestionó el rubio atento.

No lo sé... - confesó el castaño. Haciendo que William subiese a su habitación, pero no encontrándola por ningún lado.

¡Candice, Candice...! ¿Dónde estás? – preguntaba mientras buscaba por toda la habitación.

¡Está en el clóset! – gritó George desde el pasillo.

Candice, ¿por qué lloras? – preguntó William, arrodillándose junto a ella.

¿Por qué me dejas? ¿Por qué no quieres que vuele contigo a Londres? Mi obligación como tu esposa es que esté contigo, ¿por qué no me llevas? – ella le pregunta constantemente y suelta a llorar.

A Candice ocasionalmente le sucedía eso, su mente le hacía travesuras de vez en cuando, su amnesia parcial en un inicio se volvió total y estas crisis eran tan lejanas que William se fue enterando que, al mes de casados, ella también parecía estar casada, entonces tenía una duda, ¿Candice ahora tenía dos esposos? ¿Qué problema tendrían si algún día su otro esposo se presentaba? Pero lo creía prácticamente imposible, el mundo tenía siete mil millones de personas, ¿cómo podría encontrarse dos de ellas entre tanta gente? ¡Era casi imposible!

Candice ven, sal de aquí, vuelve a la cama – le pide William.

¿Quién eres? – le pregunta enrarecida y con temor.

Soy tu esposo, ¿me recuerdas? – le pregunta William.

¿Mi esposo? – cuestiona ella.

Sí, soy William, mira esta es la foto de cuando nos casamos, te veías hermosa – una vez saliendo del clóset la lleva al chifonier para observar algunas fotos.

William – minutos después le llama por su nombre, haciéndolo sonreír.

Dime – contesta él.

Tengo sueño... - dice ella intentando que no se le cierren los ojos.

Vamos a la cama, mi bebé debe descansar también – le dice a ella acariciándole el vientre.

Sí, vamos – ella accede y se sube a la cama, donde se siente cubierta por una frazada.

Minutos más tarde...

¿Qué sucede William? ¿Otra crisis? – pregunta la señora Elroy.

Sí tía Elroy y me preocupa, ha tenido muchas últimamente – confiesa William, apesumbrado.

¿Has averiguado algo de su primer esposo? - pregunta sin cuidado, eso es algo que siempre la ha tenido inquieta.

No mucho, de cualquier forma, ella no recuerda más que su nombre de pila y de lo demás no sabemos nada – cuenta William.

¿Seguro? – pero ella insiste.

Sí, pero el abogado de la familia, ha estado revisando papeles y más papeles para la identificación, pero nada, todas las cosas que llevaba consigo cuando sucedió el accidente se desintegraron, nadie la ha buscado más que por nosotros – cuenta, quizás su tía no le cree que ha hecho hasta lo imposible para encontrar información que se relacione con ella.

¿Cuándo te vas a reunir con Richard? – pregunta de nueva cuenta.

Según me dijo que su hijo llegaba hoy, así que pronto me llamarán; supongo que entre mañana y pasado mañana – informa tajante.

Señor – George se acerca a ellos.

Sí George – contesta al llamado.

Le habla por teléfono Richard Grandchester – informa atento esperando que su patrón pasara delante de él y lo condujera a la biblioteca.

La tomo en la biblioteca, permiso tía – él se disculpa y efectivamente va a la biblioteca, siendo seguida por George.

George que alguien se quede con la señora – indica cuando apenas iba bajando de la escalera.

Sí señora Elroy, no se preocupe, veré de inmediato eso – asiente y se dirige a un interfono.

Richard, ¿cómo estás? – dice cuando contesta el teléfono.

Hola William, estaba recibiendo a mi hijo, acaba de llegar de Londres – le informa Richard contento.

Bien, supongo que querrás reunirte – cuestiona William.

Sí, tú me dirás, ¿cuándo lo haríamos? – menciona algo más contento.

Yo creo que, pasado mañana, mi esposa no se ha sentido bien y ella querrá acompañarme a todos lados – refiere William sentándose en el sillón de su escritorio.

¿Por qué? – cuestionó Richard refiriéndose a la esposa de William.

Ha estado unos meses en Londres y ella también ha llegado hoy, además debo cuidar a mi hijo – refiere como si nada.

¿Serás padre? – pregunta Richard muy emocionado.

Sí, recién nos enteramos – contesta con entusiasmo William.

¡Felicidades William! – Richard lo felicita.

Gracias. ¡También estoy muy feliz! – confiesa William, tener un bebé, vaya él tampoco se enteró desde el primer mes, así que cuando Candice le dijo, fue muy feliz por eso prefería platicar con ella que dormir.

Bueno, entonces nos vemos pasado mañana en la comida ¿te parece? – cuestiona Richard dándole un día de descanso y disfrute a su esposa.

Bien, entonces pasado mañana en mi casa, ¿de acuerdo? – pero William tiene que rectificar el día.

Por supuesto William – Richard lo obvia. Una vez que hubo colgado el teléfono vio entrar a su hijo por la puerta del despacho. Hijo, pasado mañana nos esperan en casa de William, ahí conocerás a su esposa y creo que a toda la familia – le cuenta.

Sí papá, ahora me voy a descansar – responde Terry medio cansado y medio enojado.

Un día después...

¿Ya estás lista? – le pregunta William a Candice cuando se asoma por el espejo.

Sólo me pongo los zapatos y ya estoy lista – menciona ella.

Bien me adelanto para recibirlos – William le dice mientras le da un beso en la mejilla.

Sí – y Candice se sonrojó por ello mientras se levantaba para colocarse los zapatos.

¡Qué bonito te queda ese traje! – admiró William, era tan entallado que delineaba la figura de su esposa.

Lo dices porque aún puedo lucirlo, el próximo mes, quién sabe si entre – confiesa ella con coquetería.

Te espero abajo... - lo cual hizo sonreír a su esposa, ya que resultaba que él imaginaba otra situación muy lejana a entrar en ese vestido.

De acuerdo – pero Candice sabía que lo que él intentaba hacer era todo, menos controlarse cuando la pasión lo abordaba.

¡Richard, bienvenido! – William le dio la bienvenida.

Gracias, me da gusto saludarte, papá – felicita a William con el mote de "papá".

Estamos que no podemos creérnoslo, pero pasen, siéntese, ¿quieren tomar algo? – preguntó William conduciéndolos a un saloncito adjunto al despacho de William.

Te presento a Terrence, él es mi hijo y William va a ser el inversor base – Richard hace las presentaciones.

Mucho gusto, Terrence Grandchester – se presentó y saludó a William.

Mucho gusto, William Andley – y él hizo lo mismo.

Un placer – contestó Terrence.

Pero siéntense, ¿les ofrezco algo de beber? – les preguntó a ambos hombres. ¿Richard gusta un whiskey? – ofreció William.

Claro, que sean dos – refiere Richard. Y ¿tu esposa? – cuestiona Richard.

Se está alistando, ya sabes cómo son las mujeres... y más en el estado en el que está la mía - confiesa, Candice era rápida, pero con lo perezosa que se había vuelto por el embarazo, cada día que pasaba ya no era así.

Toc, toc

¡Adelante! – pidió William.

Cariño, ¿no has visto mi anillo de matrimonio? – entra Candice y dándole un beso en la boca, le cuestiona.

¡Yo lo tengo, espera, ah sí aquí está! – se lo da cuando con la mirada señala que hay más personas ahí mientras desliza el anillo de matrimonio en su dedo anular.

Si ya decía que no lo encontraba, ahora sí – extendió su mano y admiró el anillo. ¡Richard! Tanto tiempo que vengo escuchando a mi esposo que Richard esto y Richard aquello que parece que te conozco... - ella se acercó al adusto hombre y le dio un abrazo y un beso en la mejilla.

¡Hola, señora Andley! – pero él sabiendo el papel en esa situación se limitó a darle la mano.

Basta Richard, llámame Candy – ella se sintió emocionada que solicitó llamarla por su diminutivo.

Está bien, Candy, ¿cómo está? – Richard no podía creerlo, ella era tan jovial.

Tengo jet lag aún, pero ahí voy, ya sabe con las molestias del embarazo – comienza ella a contar, sin darse cuenta de que había otra persona que no podía creer lo que veía y escuchaba.

William ya me dijo, ¡felicidades! – Richard la felicitó como si William y Terrence no estuvieran allí mientras que el rubio esposo colocaba los tragos delante de donde se encontraban sentados.

Gracias – agradeció Candice.

¡Ejem! – Terrrence que ya no quería sentirse eludido, los interrumpió.

¡Ah sí es cierto! Nos olvidamos de Terry, señora Andley le presento a mi hijo Terrence Grandchester – Richard se sonroja y presenta a Terrence.

Perdona te hemos excluido de la plática... - Candice se interrumpe por unos segundos y sabe que lo ha visto antes, pero sale rápido de sus recuerdos.

No se preocupe señora Andley, encantando de conocerla – Terrence decide fingir ante la situación que se presentaba.

¡Mucho gusto! – ella ofreció.

Ven Candy, siéntate conmigo... ¿pasa algo? – William le pregunta muy cerca del oído.

No, nada... sólo que, se me hizo conocido – refiere la rubia mirándolo.

Bien, platiquemos – ofrece William a su esposa colocándola a su lado en el sillón del saloncito.

Señora... - Dorothy la interrumpió de pronto.

Sí Mary – Candice la observa que se acercaba hacia ella.

La comida ya está casi lista, ¿puede venir a la cocina? Por favor – le pide Dorothy.

Sí claro, si me permiten, debo ir a la cocina a prepararlo todo, permiso – dice Candice ante sus invitados y esposo, saliendo.

Me podría decir, ¿dónde está su sanitario? – cuestionó Terrence a William.

Sí Terrence, saliendo de la biblioteca a la derecha y luego a la izquierda, es una puerta baja – refirió William.

Gracias – soltó Terrence caminando aprisa. Señora Andley – la llamó apenas hubo salido él del despacho.

Dígame, ¿puedo servirle en algo? – se acercó a Terrence haciendo que él la mirase al rostro.

Sí, ¿puede indicarme dónde está el sanitario? – repreguntó de nueva cuenta.

Por supuesto, lo llevo – se ofreció ella mostrándole el camino.

Gracias – agradeció él atento. Podía desde donde se encontraba la grácil figura de la señora Andley recordando que la elegancia no era una característica de la señora Grandchester poseía. ¡Que bella es usted! – quería comprobar si se sonrojaba como cuando él le decía algún halago.

Gracias, pase, es esa puertecita que está ahí se encuentra el sanitario – menciona Candice y se despide.

Gracias – Terrence agradeció un poco desilusionado, ella no se sonrojaba.

De nada, permiso – Candice se retiró de allí con dirección a la cocina.

Señora, ya llegaron sus sobrinos y las novias de ellos – se acercó George.

Pásalos a donde está William, que los atienda por favor George – le pide Candice.

Sí señora – George sigue la orden y se retira para dirigirse donde los jóvenes se encuentran.

Toc, toc

Adelante – William da acceso.

Permiso – solicita George. Ya llegaron sus sobrinos con las señoritas Patty y Annie – informa la mano derecha de William sonriente.

¿En dónde están? – cuestiona William.

En el lobby, recién llegaron – informa George.

Nos llama la juventud Richard, George que vengan aquí – solicita William cuando Terrence ya había llegado al despacho. Terry, toma asiento – ofreció William.

Gracias – Terrence hizo lo que se le indico y George les avisó a los chicos que lo siguieran al saloncito.

Buenas tardes – saludaron los jóvenes entrando uno a uno.

¡Tío! – saludaron Stear y Archie.

¡Sobrinos! ¿Cómo están? – cuestiona William abrazándolos.

Buenas tardes – se escuchó al fondo cuando unas agudas vocecitas sobresalieron.

Señorita O'Brien y sin duda usted es Annie Brigther – refirió William saludándola atentamente.

Mucho gusto – saludaron ambas chicas.

Siéntanse como en su casa – ofrece William señalando que tomasen asiento.

¿Terrence? – cuando Annie observa quién está sentado en uno de los sillones lo nombra.

¿Se conocen? – pregunta William que aún no cree esa posibilidad.

Sí, eh... somos amigos de la escuela – refiere Annie que no podía salir de la impresión de verlo ahí.

¿Cómo está señorita Brigther? – pregunta Terrence con indiferencia.

Eh... bien... gracias – pero Annie se ve forzada a salir de su impresión cuando tiene que contestar.

¿Ya todos pidieron algo de beber? – cuestiona William, sacando a la pequeña Annie de su estado.

Recién llegábamos tío... – menciona Archie.

Stear, llama a George para que los atienda – refiere William.

Sí señor, los chicos se lo que tomaran, pero las señoritas no – confiesa George apenado.

Tío William y ¿mi tía? – pregunta Stear.

Arreglando todo en el comedor, ¿por qué? – explica William sin saber que en realidad quería salvarlos del incómodo silencio que en esos momentos se encontraba en el saloncito de té.

Es que queremos presentársela a Annie y Patty – confiesa Archie.

Voy por ella... - William se ofrece a ir por su esposa, se levanta y sale por la puerta del saloncito. Mi amor... ¿qué haces? – pregunta William abrazándola por detrás. Todos preguntan por ti, quieren conocerte – le dice mientras le da un beso en el cuello.

Vamos pues, entonces Mary te encargas de todo – le dice a la cocinera cuando su esposo la toma de la cintura y la voltea para verla.

Sí señora, ahorita le digo a Dorothy – pero Mary entiende la indicación y los deja solos, metiéndose a la cocina.

Bien, ¿qué te pasa? – pregunta Candice.

Es que este vestido, me hace tener malos pensamientos – confiesa William abrazándola e intenta darle un beso, pero ella se hace hacia atrás para evadir los coqueteos de su esposo.

¡William, compórtate! – le dice mientras le pega en un brazo.

Vamos – William se ríe y robándole un beso camina hacia el saloncito.

Buenas tardes – Candice entra primero, saludando a todos.

Esa voz... - pero Annie que conversa con Archie y Patty cerca de la ventana se queda pasmada.

Terry apenas entró Candice, se fijó en el rostro de Annie, pero vio que no estaba peor que el de él...

¿Candy...? – preguntó ella y se sintió desmayarse.

Continuará...

Por las que preguntan si es Terryfic, aún no he escrito esa parte… recién voy 5 capítulos así que no sé.