No poseo ningún derecho por los personajes. Disfruten.
Capítulo 20: Caída.
Morgan lo sabía, ella no era de ninguna manera débil. Si bien sus habilidades con la espada nunca llegaron al epitome de las que alcanzó su hermana, ella no era débil en lo absoluto. Realmente jamás lo fue.
Ella era una maga que se entrenó desde pequeña para y por orgullo de su padre, porque lo amaba y él a ella.
Si bien en un comienzo ese amor se vio cegado por el odio irracional que sentía hacia su familia después de ser condenada a un matrimonio sin amor y poco después a negarle lo que por derecho era suyo. Pronto se dio cuenta de que había algo más grande detrás de aquellas acciones.
Ella lo quería.
Fue un gran padre y un gran rey.
Ahora, todo lo que podía hacer por él, era proteger su legado.
No era estúpida.
Sabía que jamás iba a ser feliz. Su poca felicidad se vio reflejada en el cariño que le tenía a sus hijos y francamente, algo se apagó cuando se enteró acerca de la muerte de Gareth. Su pequeña.
Tan dulce y amable que perseguía aquello en lo que creía, simplemente demasiado tenaz para su propio bien y, aun así, ella nunca se rindió llegando a perfeccionar sus habilidades con la lanza al máximo.
Eso no importaba en este momento. Al menos ya no.
Lucharía solo por saber que al menos sus hijos vivirán felices en una tierra que les pertenece a ellos por derecho propio, lejos de todo esta masacre sin sentido.
Si ella vivía hoy.
Una imperceptible mueca se deslizó por su rostro cuando se dio cuenta de que estaba flaqueando y eso no le serviría en estos momentos.
Armándose de valor una vez más, una gota de sudor escurrió de su frente al sentir la tensión del campo que estaba a punto de mancharse de sangre. ¿Y decían que no se meterían con los temas referentes al gobierno de Bretaña?
Hipócritas. Pensó con desdén mirando a los magos entre la multitud de guerreros.
¿Qué importaba ahora? Simplemente los mataría, ellos no representaban ningún peligro ante ella, su sangre, su ascendencia y lo que representaba, ¡Por lo que luchaba!
"Surjan"
En el momento en que esa palabra salió de la boca de Morgan, hubo un breve momento de silencio antes de que toda la tierra comenzara a temblar. Poco a poco los temblores fueron aumentando y con ello los enemigos comenzaron a ponerse ansiosos.
Las bocas de los hombres que estaban debajo de ella de pronto se volvieron secas y tuvieron que lamerse los labios con anticipación para prepararse a lo que sea que estaba por suceder.
"¡GROOOOOOOOW!"
Fuertes estruendos seguidos de retumbares en la tierra hicieron que aquellos caballeros detrás de su reina temblaran, ya sea de emoción o devoción mientras miraban expectantes todo lo que estaba sucediendo. Ellos lo sabían. Su reina los protegería hasta el final y no había nada mejor que servir a una persona así.
¿Dónde estaba esa bruja a la que muchos temían?
Ellos solo miraban a una reina que defendería a su reino hasta el final.
Ellos solo miraban la hermosa y brillante figura que se alzaba sobre ellos con su hermoso cabello dorado.
Ellos miraban a Morgan Le Fay.
- ¿Si... ?
Su voz era vacilante, similar a la que los niños ponen cuando tienen vergüenza.
- ¿Qué pasa?
- Si alguna vez estoy en peligro, ¿me ayudaras?
El rió, no de forma burlesca, sino divertido ante la perspectiva de que alguien pudiese hacerle algo a ella.
-No necesitas responder una pregunta a la que ya conoces la respuesta.
Mentiroso.
"¡Defenderé mi reino porque así lo decidí!"
Ella ya no era una bruja.
"¡Ustedes que se atrevieron a dañar a mi gente por el bien de su avaricia solo pueden morir ante mi mano!"
Ella era una reina.
"¡Si dan un paso más, ustedes morirán!"
Ella era el legítimo propietario de la Isla Británica, un "Rey de la Isla" más grande que su hermana.
"¡Que así sea!"
Ellos estaban tratando de tomar aquella felicidad que tanto han tratado de proteger. Irónicamente puede que ellos sean más hipócritas que ella.
A pesar de la clara intimidación de la bruja a la que se enfrentaban, ninguno de los guerreros vaciló, simplemente reforzaron su agarre en sus respectivas armas y algunas sonrisas se deslizaban por sus rostros. Claro que no todos tenían sonrisas plagadas en ellos, algunos simplemente no querían luchar.
Pero ya no había otra opción.
En el momento en que uno de sus lideres se arrojó al frente fue cuando el pandemonio inicio. Siendo exactos, lo primero que sucedió fue como si estuviese yendo demasiado lento.
¡CLANK!
Que hermoso sonido.
No, ese sonido no era bello en lo absoluto.
El sonido que se escuchaba a través del páramo era más pesado que el hierro.
Eso era porque el sonido que se escuchaba eran las roturas, gritos y llantos de los hombres que se acercaban con fiereza a su lugar tratando de tomar algo que no les pertenece. Algo que se construyó con el esfuerzo, sangre y llanto de muchos otros.
Las primeras tres personas que trataron de avanzar en dirección de su reino fueron devoradas instantáneamente por uno de los dragones de madera que Morgan estaba controlando. Seguido de fuertes choques de acero con la tierra y el olor a acre unido a oxido por el desmembramiento de los enemigos.
Los golems de tierra que surgieron de su orden se mantenían erguidos frente a sus caballeros esperando el momento de ser llamados a la batalla.
En un principio todo fue hermoso, al menos así podía ser para Morgan.
Todo de acuerdo con su plan, todo de acuerdo con su propósito.
Todo con el fin de proteger a su gente.
Pero no todo podía durar para siempre.
Rápidamente los magos se alinearon con los anglos para hacerlos más fuertes, protegerlos al menos en menor medida. Ellos lo sabían, no importaba que tipo de magia dominaran, jamás estarían a la altura de Morgan Le Fay quien es altamente conocida como la contraparte de Lady Vivian.
Dos hadas que representan el futuro de Bretaña.
Cada una con su propio propósito.
Por eso deben de terminar con ella aquí y ahora.
Conocida por ser la única que ha interferido en el futuro de la isla.
Si ellos no lo hacen, no podrán conquistar estas tierras y por ende seguirán en una guerra continua sin que se muestre un claro ganador de cada bando, ese tipo de situación ya es inaceptable. Han estado peleando por más de treinta años y no hay algún signo de terminar esta guerra.
A este paso solo lograran prolongarla más y eso es algo que no pueden hacer.
No porque no quieran, sino porque no tienen tiempo. No hay tierras para mantener a su gente, sus guerreros simplemente disminuyen más rápido de lo que planearon y ahora no había marcha atrás. A pesar de que los anglos poco a poco llegan a las islas bajo sus territorios, el hambre nunca dejó de perseguirlos.
Aelle saltó con toda la fuerza que pudo reunir y de su hacha surgieron algunas ráfagas de mana que destruyeron un par de golems. En un principio, él pensó que terminaría de esa manera, pero no. El resto del cuerpo que quedó intacto siguió moviéndose y fue arrojado a lo lejos por otro golem que se posicionó rápidamente frente a él.
En menos de un minuto dentro de la tierra, los golems se reconstruyeron y siguieron atacando a todos aquellos que se acercaban a un cierto rango de aquel lugar que se les ordenó proteger. No había palabras o direcciones a que atacar, solo comandos hechos por su creadora listos para ser ejercidos.
Todo parecía maravilloso. Al menos hasta que una lluvia de flechas nublara el cielo frente a los caballeros y su reina.
Era una batalla de vida o muerte.
Era un ejército contra una mujer.
Tomando su espada en mano, ella agitó su espada y con ellos, el poder surgió mostrándose con un brillo azulado que destruyó las flechas que iban a su dirección. Pero no pudo destruir aquellas que estaban cargadas con mana al máximo listas para explotar en el momento en que hicieron algún tipo de contacto. Simplemente erigió algunos escudos a su alrededor para protegerse y varios círculos mágicos aparecieron a su espalda.
Fue cuando los gritos de dolor comenzaron a dispararse.
Fue en ese preciso instante que entendieron porque deben de terminar con ella en este momento.
Sus ojos repletos de indiferencia que miraban más allá de sus cuerpos mientras morían por sus manos provocaban escalofríos en los guerreros que continuaban atacando.
Ese poder absolutamente no era humano.
La forma en que los miraba como si no fuesen nada más que moscas provocaba una inexplicable sensación de pavor. Independientemente de lo honorables, orgullosos y fanáticos de la batalla que fuesen. El miedo es un instinto primordial que se rige al hombre sobre todo lo demás.
Hay un instinto básico en las personas que se denomina autopreservación. Instinto de supervivencia. Esto provoca que el cuerpo reaccione por sí solo a situaciones de vida o muerte donde no tienen nada más que hacer.
Escapa.
Huye.
La mayoría de los guerreros sintieron su cuerpo retorcerse queriendo seguir sus instintos, pero. ¿Qué mejor manera de morir que con alguien como ella?
Al menos de ese modo tendrían de que alardear en los salones del Valhalla y con suerte, reírse de su última batalla como la mejor que tuvieron antes del Ragnarok.
Eso no importaba ahora, morirán con honor y simplemente se encaminarían a un mejor lugar donde los banquetes son interminables y las historias son legendarias. Un lugar repleto de héroes que lucharon valientemente hasta el final.
Ese era el tipo de motivación que tenían para seguir peleando.
Hengest sostuvo el hacha de su familia mientras a su alrededor pequeños rayos comenzaron a crepitar sobre la tierra y a sus ojos, el espacio se volvió más lento. Si quería ganar tenía que dar un poco más de esfuerzo.
Jamás avergonzaría a su gente como para subestimar a un oponente.
Con sus músculos hinchándose al máximo, dio un gran salto mientras elevaba el hacha sobre su cabeza dando un tajo para dividir a la persona frente a él.
Las barreras de Morgan cedieron ante el repentino oponente que se posicionó frente a ella. Frunciendo el ceño con incredulidad, miró tentativamente antes de que su mano se moviera sobre ella bloqueando el ataque.
¡CLANK!
La fuerza del choque de ambos oponentes reverbero en un gran estruendo en el cual algunos de los caballeros detrás de Morgan cayeron sobre sus traseros. Los vientos se volvieron salvajes y con ello, la marea del río tambaleaba fuera de la corriente.
Antes de que las corrientes de viento se volvieran más intensas entre ellos, los círculos mágicos de Morgan comenzaron a disparar directamente a Hengest.
Él simplemente disparó una potente ráfaga de mana que generó una explosión la cual separó brevemente a ambos oponentes.
"¡GROOOOOOOOW!" los dragones de madera devoraron la figura del guerrero.
¡BOOM!
Horsa se posicionó entre su hermano y los dragones destruyéndolos con su espada.
Si bien la mayoría de ellos luchaba con hachas, eso no quería decir que no fueran menos hábiles con otro tipo de armas. Oponiéndose al avance de los golems de Morgan, Horsa comenzó a destrozarlos mientras su hermano se ponía de pie para reanudar su ataque.
"Molestos" el murmullo de Morgan estaba lleno de irritabilidad.
Una delgada línea de sangre escurrió de su labio inferior antes de desaparecer como si nada hubiese pasado.
El capitán de los caballeros miraba la escena con el ceño fruncido mientras sus puños estaban se apretaban al agarre de su espada.
Se sentía inútil.
Su reina estaba peleando y él ... ellos ... no estaban haciendo nada.
Simplemente de pie, esperando el momento para ver el instante en que su reina caerá por ellos.
¿Dónde quedaron todas esas horas de entrenamiento?
¿Dónde quedó su juramento? Él había dado su espada a su reina y no estaba sirviendo como era debido.
¡CLANK, CLANK, CLANK!
Su escudo comenzó a chocar con su espada.
Seguido por el caballero a su lado, sus subordinados pronto se unieron a él en conjunto.
Al menos, si van a caer. Caerán peleando por lo que creen y a quien sirven.
"¡NOSOTROS HICIMOS UN JURAMENTO!"
Los caballeros escuchaban atentamente.
A pesar de que los estruendos de la batalla que se estaba desarrollando frente a ellos. Todos podían escuchar la voz de su capitán.
"¡Los buenos caballeros juran defender fervientemente sus ideales, a la Iglesia y a sus señores, ellos siempre darían su vida por defenderlos!" continuó. "¡¿Dónde están aquellos que fueron ascendidos?! ¡Juramos defender a nuestra señora, a nuestras familias, a nuestra nación, a las viudas, a los huérfanos, y a la Iglesia!"
Su espada se elevó.
Los cielos se iluminaron.
"¡¿ENTONCES?! ¡¿POR QUÉ NOS ESCONDEMOS DETRÁS DE LA PERSONA A QUIEN JURAMOS DEFENDER?!"
Una mirada decidida apareció en su rostro antes de bajar su espada y girar su cuerpo para mirar una vez más la batalla que se estaba desarrollando.
"¡¿DÓNDE ESTA SU HONOR BASURAS?!"
Fue todo lo que dijo antes de subir a su montura mientras la careta de su casco caía cubriendo su cara. Cabalgar a la batalla más grande de su historia como caballero con espada en mano era todo lo que podía hacer para proteger su juramento.
Independientemente de lo que sucediera en este momento, ellos se encargarían de ayudar a su reina.
No importaba si ganaban o perdían.
Una sonrisa se deslizó por los labios de Morgan al ver como sus caballeros comenzaron a avanzar a la batalla. Inmediatamente su expresión volvió a transformarse en una mueca desinteresada. No tenía permitido sonreír en esta situación.
El dúo de hermanos se enfocaba en atacarla mientras que Aelle continuaba tratando de eliminar todas sus defensas. Sin importar que, no podía enfocarse en mantener a su golems con una sola orden.
-Ataca.
En el momento en que pensó eso, los golems que seguían erguidos levantaron sus armas y comenzaron a correr directamente a la batalla.
Si iba a defender, al menos daría todo de sí.
Liliana estaba ansiosa.
De algún modo sabía que algo andaba mal.
Inmediatamente después de haber terminado con la tarea que le fue dada por su maestra, ella corrió directamente a la base donde se encontraba el último campo delimitado que mantenía al reino libre de interrupciones extranjeras.
La barrera anti-aparición seguía en pie.
Miró tentativamente alrededor del lugar una vez más antes de dejar escapar un suspiro, pero en el momento en que se giró para salir de la habitación, escuchó un chirrido. Fue casi imperceptible, pero ella no lo dejaría escapar.
Con varias gemas en mano, se preparó para una confrontación.
Era consciente de que nadie más a parte de ella y Morgan conocían dicha sala. Si alguien de algún modo llegó a este lugar solo significaba una cosa.
Eran enemigos.
O al menos uno, deduciendo la cantidad de ruido que se generó de dicho desliz, ella reforzó mínimamente sus ojos. Sabía que no debía de hacerlo ya que según palabras de su maestra ¿Estas loca? Si quieres conservar tus ojos no lo hagas, solo un idiota haría tal cosa. A pesar de dicha advertencia le dio un límite claro para hacerlo.
Al darse cuenta de donde estaba su rival, comenzó a cargar una gema con poder mágico.
"Fünf" gritó.
Justo después de disparar, una sombra salió antes de que la gema explotara en el lugar. Liliana no se detuvo ahí.
"Drei"
El aluvión de gemas para penetrar las defensas mágicas de su enemigo continuó seguido de varias explosiones que rompieron la pulsera que cargaba su enemigo. El análisis estructural ayudó bastante en dicha parte, si bien no estaba al alcance del de Shirou, podía diferenciar cuando un conjunto era un código místico.
"Vier. Riesig und brennent, das ist ein Ende"
Finalmente, frente a ella, Liliana se posicionó lista para darle un fuerte golpe con su cuerpo reforzado. Lo que no esperaba es que fuera bloqueada y lanzada al otro lado de la habitación.
Rodando por el suelo, lanzó algunos Gandr para posicionarse del lado donde se encontraba la matriz mágica que mantenía el campo delimitado activado. Teniendo en cuanta lo que estaba sucediendo supuso que, si ella fallaba en esto, todo terminaría.
"¡¿Quién demonios eres?!" gruñó al ver que el sujeto inclinaba su cuerpo hacia delante.
Rápidamente preparó su mano lista para disparar, su runa de oscuridad activa estaba lista para lanzar otra ráfaga de Gandr.
Su oponente maniobró en el aire evitando artísticamente cada una de las maldiciones que iban a su dirección destruyendo la parte posterior de la pared por la fuerza del impacto.
Reforzando velozmente su cuerpo, Liliana lanzó un golpe al aire que fue tomado ágilmente por su enemigo, cuando estuvo a punto de ser arrojada al suelo, ella maniobró de modo que su cuerpo giró sobre la cabeza de su enemigo y terminó de pie frente a él.
Un rápido intercambio de golpes y patadas entre ellos fue detenido en el momento en que su enemigo se agachó tratando de tirar a Liliana con una barrida.
Levantando su pie hasta lo más alto sobre su cabeza, una patada descendente cayó sobre su enemigo.
¡BAM!
El suelo tembló mientras varias grietas aparecían sobre la habitación.
Una tenue iluminación pasó por el rostro de su enemigo y pudo ver sus ojos.
Ojos color esmeralda.
Similares a los de su reina.
¡Mierda!
De la nada, su enemigo desapareció solo para reaparecer a su lado con la punta de su pie a centímetros de su rostro.
¡CRK!
Girando a través del aire por la fuerza del impacto, lo único que Liliana pudo ver fue a su enemigo darle una mirada de reojo antes de alcanzar la matriz. A punto de tocarla, ella se detuvo.
"No en mi guardia hijo de puta" dijo decididamente.
Independientemente de lo que hubiese visto, lo mejor que podía hacer era impedir que siguiera avanzando.
Con los hilos controlados por magia, Liliana tomó su muñeca y la arrojo con fuerza atravesando la pared de a lado, de ese modo al menos llevó la lucha un poco más lejos de la matriz.
Sin inmutarse ante la repentina acción de Liliana, su enemigo continuó con su ataque. Sacando un cuchillo de sus ropas y afilándolo con aire, su enemigo comenzó a cortar los hilos que comenzaban a rodearlo, esto continuó mientras ambos oponentes se acercaban ferozmente.
Chasqueando la lengua con irritabilidad, dio una fuerte patada antes de saltar rápidamente en la dirección opuesta a donde iba el invasor. Cruzando sus brazos rápidamente, los hilos que se estiraron alrededor del pasillo se tensaron aprisionando a su oponente.
"Eres molesta"
Un gruñido de molestia escapó de los labios de aquel invasor antes de sentir sus hilos tensarse.
Sin tiempo suficiente para colocar aun más mana en sus hilos, Liliana fue arrojada por un estallido de mana.
Ignorando el dolor y el daño que recibió trató de ponerse de pie, pero fue demasiado lenta, al instante siguiente tenía un cuchillo clavado en su hombro, antes de que siquiera pudiese sentir la sangre correr por su pecho, sus ojos se estrecharon con una mirada repleta de indiferencia.
Mirando los ojos esmeralda de su atacante una última vez, su conciencia se desvaneció brevemente al ser golpeada en el mentón.
-Lo siento...
Fue todo lo que pudo pensar antes de que su mente se apagara al ver a su enemigo acercarse lentamente al campo delimitado.
Las fuertes ráfagas de viento azotaban todo alrededor del gran paramo.
El río que anteriormente poseía una envidiable calma ahora se tambaleaba salpicando todo a su alrededor mientras se teñía de un inusual tono carmesí.
El cielo comenzó a atenuarse marcando así el final del día, pero las batallas no cesaban.
Los gritos de lamento de aquellos individuos al servicio de su reina eran opacados por gritos de expectativa en su camino a los salones del aguamiel y los valientes guerreros dentro del Valhalla. Esperando ver a sus preciadas Valkirias que los llevarían en su recorrido al salón de los banquetes donde hablarían de su última batalla.
El aullido del viento provocaba que la euforia dentro del campo aumentara.
Las bendiciones de los caballeros se mantenían de pie mientras su armadura brillaba en un inusual tono plateado.
Estaban siendo recompensados por su dios, no había otra manera de explicar lo que estaban sintiendo. La recompensa por seguir sus juramentos hasta el final era el mejor honor para ser reconocidos como los fieles seguidores de su reina.
Ellos le juraron su espada y por ella morirían gustosos.
"¡Heeeek!" los gritos de dolor y servidumbre de algunos caballeros retumbaron una última vez antes de caer sobre sus rodillas.
Los que antes eran más de mil hombres se redujeron a menos de doscientos.
Pero había algo que no se podía apreciar a simple vista.
Las sonrisas en sus rostros al darse cuenta de que estaban muriendo por su reina.
Otros, a pesar de haber perdido un brazo, tenían un arma que atravesaba su cuerpo mientras ignoraban el dolor y fatiga de su cuerpo solo para seguir luchando.
El ejercito de una sola mujer que iría hasta después de la muerte solo por ella. Aunque su hermana tenía fieles seguidores los cuales recorrían con ella a cualquier lugar a donde iba, estos eran caballeros comunes son una fuerte resolución en sus mentes donde creían en su reina y solo en su reina. Donde si se les ordenaba morir, ellos lo harían gustosos.
Una leyenda que recorrería los años a través de la historia.
Era demasiado extenuante ver una batalla desarrollándose de esa manera.
Aunque no estaban al nivel de los seguidores de Mordred quienes lucharían con uñas y dientes solo para mantenerla alejada de la batalla. Tenían su mérito propio por ser tan valientes como para luchar una batalla ya perdida.
A diferencia de la que se llevó a cabo en las afueras de Camelot. El ejercito con el que peleaba Morgan era al menos el doble de fuerte sin contar la enorme disparidad de números y, aun así, ella no dudó.
Sus caballeros se mantuvieron firmes, las monturas de algunos caían con chillidos de dolor.
No podían llorar por la pérdida de sus corceles a pesar de querer hacerlo, lo único que podían hacer por ellos era apretar los dientes, asentir a su dirección y rezar dentro de su mente porque su fiel compañero encontrara la paz en la otra vida.
Los cuernos sonaron mientras los comandantes y lugartenientes se abrían paso con armas mágicas que provenían de sus antepasados.
El breve respiro que tuvieron los caballeros fue destruido en el momento en que las armas cargadas de mana entraron en el campo de batalla, pero ellos no se rendirían. Su honor y deber estaba con su reina, independientemente de si caían en el cielo o el infierno, la seguirían hasta la muerte porque así se decidió.
Porque en el momento en que le juraron sus espadas, ella fue la diosa que debían seguir.
¿Qué era su reina sino un hada?
Alguien nacido del mundo mismo.
Como si los pensamientos de los caballeros fuesen respondidos, el cuerpo de Morgan comenzó a brillar como un faro en medio de total oscuridad. Equiparable a la luna en medio de la noche, todos fijaron su mirada en Morgan.
Y sus pensamientos solo fueron cimentados en ese momento.
Todos lo sabían.
Las hadas tienen un poder casi ilimitado. Pueden volar. Pueden hacer florecer las flores. Pueden conjurar oro. Pueden brillar en la oscuridad. Pueden crear y lanzar nuevos encantos para cualquier situación, y sus maldiciones pueden durar cientos de años.
Criaturas hermosas, cuya conexión con la naturaleza se hizo obvia por sus ropas floridas y sus compañeros de bosque.
En este momento, frente a todos ellos se volvieron conscientes de que todas y cada una de las hazañas realizadas por Morgan la hacían merecedora de un profundo respeto al defender aquello que consideraba correcto.
Pese a sus creencias, los anglos eran conscientes de que la criatura que se alzaba sobre ellos era lo más similar y equiparable a un dios que podrían conocer. El poder que irradiaba de ella solo podía compararse al de los dragones que habían escuchado en los cuentos, un solo movimiento de su cuerpo era suficiente para destruir montañas y aun así
Eso no importaba, al menos no ahora, Aelle descartó esos pensamientos para concentrarse en los enemigos que tenía frente a él. Mientras se encargaba de eliminar o incapacitar constantemente a los golems dando cobertura a sus subordinados para que atacaran el regimiento de caballeros que cargaba con convicción a su dirección, miró como la batalla entre Hengest y Horsa en contra de la bruja se desarrollaba con intensidad.
Él creía que mientras Hengest y Horsa se mantuvieran de pie nada podía detenerlos. Su confianza no estaba basada solo en fe. La fuerza demostrada por ellos dos era similar a la que se contaba en los mitos de aquellos hombres que superaron su fuerza por el bien de su gente. Eran héroes de su propio pueblo.
Pero, así como ellos eran los héroes de su pueblo. Reyes por derecho propio.
Morgan era lo mismo.
¡BOOM!
Con un fuerte estallido de mana, la espada en manos de Morgan vibró disparando ráfagas de mana negro que eliminó al menos varias docenas de hombres que se dirigían a su dirección.
Horsa frunció el ceño con molestia antes de que su atención se posara en su hermano quien estaba jadeando con expectativa ante la batalla que estaba teniendo. A pesar de todo el poder que desarrolló a lo largo de los años, simplemente era demasiado irreal el poder que una sola mujer estaba demostrando.
Aunque el cansancio comenzó a volverse visible en su rostro, la mujer apenas y se notaba cansada, a pesar de que técnicamente estaba dirigiendo su ejército de títeres en contra de sus subordinados, su disposición no pareció retroceder ni un centímetro. Manteniéndose erguida incluso cuando estaba luchando una batalla que parecía perdida contra lo que serían los mejores guerreros dentro de su pueblo.
Ella no se doblegó.
Morgan frunció el ceño.
Esa molesta hacha en manos de Hengest era por la que tenía mayor precaución. A su manera de verla de una simple mirada, era un arma demasiado similar a los encantamientos de las hadas.
Supuso que era élfica tomando en cuanta algunas de sus runas que tenia inscritas en el pomo, pero aquellas que estaban en la hoja del arma eran diferentes. De algún modo se dio cuenta de que el hacha en realidad no era un hacha.
El arma verdadera estaba disfrazada y eso solo provocó que sus sentidos de alarma se dispararan en su dirección. Aun así, ella no se rindió.
Independientemente de sus posibilidades, ella no caería aquí hoy.
"Son molestos"
Otra docena de círculos mágicos surgió de su espalda apuntando en todas direcciones.
El simple hecho de que pensaran que podían meterse contra una hechicera de su calibre era algo que no podía permitir, su orgullo le impedía dejar que ellos se mantuvieran erguidos con aires de grandeza.
"¡KAAAAAAAK!" los gritos de lamento de los anglos resonaron por el páramo.
El río que anteriormente apenas tenía un ligero tinte carmesí ahora estaba teñido en su totalidad de rojo. Las flechas ahora repletas de mana explotaron en el momento en que se acercaron a Morgan lo suficiente. Sus escudos anteriormente invencibles fueron destruidos en ese instante y al menos otro centenar de flechas se acercó directamente a su posición.
"¡¿Eso es todo lo que tienes bruja?!" el gritó repleto de confianza proveniente de Aelle resonó por todo el campo.
"¡Tonterías!" Morgan respondió al instante.
Con un chasquido de sus dedos, todo cambió.
"¡GROOOOOOOOOOOOOOOOOOW!"
Como miembro de la realeza, con un traje tan oscuro como una sombra en la noche, que contrasta con su rostro pálido y su largo cabello dorado como la seda. Quedó claro que ella desprende una presencia abrumadora, causando un temblor incesante en aquellos que se atrevan a mirarla.
El miedo que evoca no es debido a una naturaleza violenta, sino más bien a que aquellos expuestos a su mirada helada se reconocen como existencias irremediablemente débiles e impotentes ante ella.
Es la única manera en que se puede retratar lo que estaba sucediendo.
Sobre una de las cabeza de un dragón de madera de nueve cabezas simulando a la imponente figura de un Hidra, la escena ante ellos era todo menos gloriosa, era una escena que imponía miedo ante sus enemigos.
Sin importarle su imagen o como se veía, ella dio la orden.
No pasaron mucho más de unos segundos antes de que los gritos reanudaran, las muertes se volvieron notablemente mayores, pero ahora la marea de la batalla dio un giro completamente diferente, con Morgan triunfando sobre miles.
En batallas anteriores, los anglos se enfocaban puramente en el rey de los caballeros para probar la totalidad de su resistencia que parecía ser casi infinita enfrentándose a él solo en contra de un ejercito de hombres, en donde el rey disparaba su espada sagrada en continuidad para mantenerlos a raya.
Ahora se enfrentaban a la hermana del rey que, a excepción de una espada sagrada, su aura era la que los mantenía a raya.
No, no era su aura. La forma en que los miraba sobre esa bestia era intimidante por derecho propio, pero ellos no se rendirían por algo así.
"Tenías que decirlo" los murmullos de Hengest y Horsa fueron apenas audibles, eran palabras burlonas pronunciadas con una mueca de desagrado en sus rostros.
"¡Mueran como los tontos e imprudentes que son, sucios mestizos!" el orgullo de la reina cubierto por el carisma que exudaba sobre sus caballeros solo provocó que la confianza aumentara y con ello, lágrimas de felicidad caían por los rostros de las personas que presenciaban dicho escenario.
Los civiles, lejos de estar seguros, se dieron cuenta de que no podían simplemente mantenerse a salvo en esta situación.
Las mujeres hace mucho tiempo que comenzaron a evacuar del reino con al menos unos cuantos hombres, mientras que el resto tomaba cualquier tipo de utensilios que podían ser utilizados como armas.
¿De qué servía mantenerse ajeno a todo el conflicto cuando tarde o temprano serian alcanzados por ello? Si su reina ganaba solo podían celebrar, pero si ella perdía, todo estaría terminado y su vida estaría lejos de ser feliz.
¿Él lloraría por ella?
Era la pregunta que tenía en su mente al sentir que su propio poder disminuía considerablemente a cada minuto que pasaba. Ya no era cuestión de que si podía vencer. La verdadera pregunta radicaba en cuanto tiempo puede resistir.
Todo tipo de pensamientos corrieron por su mente tratando de pensar en el que pasaría si vivía otro día después de esta batalla.
Lo que ella añoraba.
Un sueño estúpido donde veía a un par de niños de cabellos dorados con mechones rojizos corriendo a lo largo de un camino feliz.
¿Era eso lo que quería?
La verdadera pregunta era. ¿Ella era digna de amar?
Con un trago audible de saliva, miró una vez más a su alrededor solo para darse cuenta de que el ejercito que atacaba se vio reducido a la mitad.
"¡Bruja!" el grito hizo eco una última vez antes de ser opacado por un silencio ensordecedor.
Un breve respiro que Morgan dio cuando su mano se levantó y los caballeros restantes retrocedieron detrás de ella.
Aquellos enemigos solo intercambiaron miradas brevemente mientras la estupefacción se hacia visible en sus rostros cuando no entendían el porque de su repentino momento de inacción.
Horsa miró a su hermano con curiosidad y llegaron a un acuerdo tácito, era el momento de actuar. No se les permitía seguir conteniéndose, así como ellos no se contendrían a partir de este momento, ella tampoco lo haría.
"¡Lo dije una vez y lo repetiré!"
Porque su deber el día de hoy era mantenerse viva para reclamar su lugar sobre lo demás.
Ella lo declararía como suyo en el instante en que sus miradas se cruzaran.
Porque es la persona a quien quería mantener cerca.
"¡Hoy viviré!"
Independientemente del poder que ambos hermanos ejercían juntos y el mito que los respaldaba, no estaban a la altura de las hadas. No lo malentiendan. Ellos podían terminar con ejércitos enteros por sí mismos, pero esto era diferente. Benditos como estaban los caballeros por una fuente externa, sus soldados estaban empedernidos por los magos con quienes llegaron a un acuerdo.
El cadáver de un hada.
¿Qué mejor para sus investigaciones que el cadáver de un hada?
"Así que mueran insectos"
Un débil susurro no mayor que un soplido del viento y, aun así, escuchado por todos los presentes en medio de la batalla.
"¡GROOOOOOOW!" el paso del Hidra pareció durar varios minutos de lo que tan solo fue un segundo terminó con al menos cientos de personas.
Pequeños relámpagos comenzaron a crepitar en la tierra demostrando la cantidad de poder que se estaba ejerciendo por una sola persona. Lo que quedaba del batallón de caballeros apenas y podía contener sus emociones, siendo honestos ni siquiera sabían exactamente que estaban sintiendo, pero, aun así.
Ellos se negaron a dar marcha atrás.
Su voto como caballeros no estaba mal.
El pequeño signo de duda que alguna vez tuvieron en el pasado se borró de su mente al instante en que vieron a su reina de pie sobre la bestia que los defendía.
Una reina para un reino.
Una bestia como su guardia.
Y un hada para quienes la adoraban.
La cantidad de palabras que podían salir de la boca de sus caballeros podía seguir aumentando y ellos simplemente no podían decir ni una palabra.
Un lugar donde Merlin, Vivian y Shirou estaban presenciando lo que estaba sucediendo.
Uno donde la totalidad de Camelot y toda Bretaña miraba atentamente a una reina.
Mordred se estaba mordiendo el labio inferior.
Ella quería salir de ahí e ir a apoyar a su madre.
A pesar de lo mucho que sufrió por culpa de ella, no importó nada de eso en este instante. Por fin después de mucho tiempo pudo recibir miradas cálidas lejos de la indiferencia y frialdad a la que acostumbraba. Quería seguir mirando esas expresiones de su madre, descubrir que es lo que hizo mal y con suerte resolverlo.
¡Trató de hacerlo! Pero Agravain prácticamente la obligó a mantenerse de pie sobre lo que parecía ser una lacrima que transmitía dichos eventos.
Fue algo repentino.
En medio de la noche, las calles de Camelot se iluminaron y sobre ellos aparecieron varias figuras. Fue irreal y el único que parecía estar buscando a los culpables de ello fue Agravain.
Algo andaba mal.
El simple hecho de que su madre sobre todas las personas apareciera en la pantalla fue suficiente para darse cuenta de lo mala que era la situación. Apenas y tuvo tiempo de contener a Mordred de que saliera corriendo del lugar. Era simplemente imposible para él realizar tal proeza.
Pero apeló a su lado sentimental.
Shirou podía ser un buen disuasor en ciertas circunstancias.
Podían verlo a través de las calles.
Encima de lo que sea que fuera aquella bestia, Morgan mantenía una fachada de indiferencia, casi como si realmente no estuviera consciente de que estaba siendo observada.
"¿Por qué?" sus palabras fueron más un susurro y no fueron respondidas.
¿Qué era lo que estaba pasando? ¿Por qué ocurría esto? ¿Quién era suficientemente capaz de colarse en medio de todo Camelot sin ser descubierto?
Muchas preguntas que no tenían respuestas.
Lo siguiente que vieron fue a Morgan mantenerse erguida mientras lanzas de tierra surgían del suelo empalando a todos aquellos que daban un paso al frente.
Lo que en un futuro sería la materialización de un Fantasma Noble a base de las creencias de un país. Aquel líder que se enfrentó a un ejército él solo con lanza en mano y los mantuvo a raya mientras los empalaba ante la vista de aquellos que se atrevían a desafiarlo. Durante su reinado, el castigo de empalamiento para las masas generales no fue una pena inusual en el área del norte del Mediterráneo que incluía la península de los Balcanes.
Un poder inhumano.
Era lo único que podían decir de dicho evento. Algo similar al caballero de rojo que los defendió no hace mucho tiempo y, aun así, ahí estaba ella, de pie sobre aquella bestia, impidiendo que los enemigos avanzaran otro paso por defender a su pueblo.
La expresión en el rostro de Shirou solo podía interpretarse como vacía.
El frio dentro de sus ojos mientras miraba a lo lejos como si quisiera estar ahí dejo momentáneamente aturdida a Ig. Ella solo mantenía el ceño fruncido viendo como se desarrollaba la situación. No pensó que aquello actuaria en consecuencia, no cuando no tenía por qué hacerlo.
Este mundo, esta realidad no debía de sufrir las consecuencias de su instinto de supervivencia. Sin importar que Shirou tuviese algo que ver o no, realmente no importaba. Al menos ya no, no cuando todo parecía caerse sobre su rostro.
No se suponía que esto debía de pasar.
"¿Crees que ella pueda... ?" las palabras de Shirou fueron pronunciadas en un inusual tono tenso.
"¿A que te refieres? ¿Acaso estas preocupado?"
"No es solo que..." No podía soportar ver morir a nadie más.
Illya.
Apretando los puños que parecían tan blancos como la nieve se puso de pie y salió de la casa.
Con un frasco transparente el cual contenía un tinte rojizo en su interior caminó a través de los calles de Cobernic a una dirección en específico. A un lugar donde se podía apreciar todo y nada a la vez.
Pudo haberse quedado ahí. Morgan recordó una de las noches más tranquilas de su vida.
Recostada a su lado en una de las pocas noches donde logró dormir a lado del pelirrojo que de algún modo entró en su corazón.
Cerrando los ojos, imaginó su rostro dibujando una dulce sonrisa mientras le servía un plato de comida.
Él y ella juntos, no había nada mejor.
A pesar de que hay un lado de él que ella no conoce, aun así, no se arrepentiría de querer conocerlos todos y cada uno de ellos. Manteniéndose de pie sobre todo lo demás mientras la historia avanza.
¿Estaba mal ser egoísta?
No importaba si era odiada por su nación, lo único que quería era ser feliz al menos en sus últimos momentos.
"¡Por la reina!" un último grito.
El último de sus caballero, aquel capitán que inspiró al resto de su batallón se abalanzó directamente en contra del enemigo y antes de que ella pudiese decir una palabra, al menos tres docenas de lanzas atravesaron el cuerpo del caballero que se mantuvo hasta el final.
Se suponía que nada de eso pasaría.
Tal vez jamás debió de hacer las paces con su hermana.
Fue su culpa.
¡CLANK!
No.
No terminó ahí.
A pesar de que la sangre escurría por la visera del casco del caballero, él se mantuvo erguido y continuó atacando sin importarle el dolor. Porque haría sentir orgulloso a su reina, porque era su deber protegerla.
"Por ... la ... reina ..."
"Tch. No debiste de hacer eso" Morgan fue clara.
A pesar de que las palabras fueron vagas, las palabras fueron como una sentencia que recorrió los cuerpos de cada uno de los anglos que estaban de pie sobre el cadáver del último caballero en pie.
Sin poder moverse de su ligar, fueron empalados por una docena de estacas que surgieron de la tierra.
Nadie se metía con su pueblo y sobrevivía para regodearse de los lamentos de sus subordinados.
"Hmmp"
"Mi señor" aquel que se coló en medio de la masacre al interior del castillo de Morgan yacía sobre su rodilla mostrando respeto a la repentina figura que surgió de un círculo mágico.
"Te tardaste"
"Mis disculpas mi señor, pero no podía..."
"Mi hija te causo muchos problemas" asintió al ver a Liliana al otro lado de la habitación recostada inconsciente mientras su mano trataba de alcanzar algo.
Frunciendo el ceño con curiosidad miró a través del lugar tratando de encontrar algo, pero no podía vislumbrar nada más que rocas y astillas que se quedaban como reconocimiento de algún tipo de pelea.
"No importa. Si hubiese sido más rápido estaría decepcionado de mi hija. Al menos de este modo sé que no fue del todo un total fracaso..." mirando de reojo a su siervo frotó su barbilla levemente. "¿Encontraste la lanza?"
"No he tenido tiempo de investigar los alrededores mi señor"
Arqueando su ceja, pidió detalles.
"Había al menos varias docenas de matrices mágicas plantadas a lo largo del reino. Cualquiera que tuviese malas intenciones al entrar sin estar registrado bajo algún encantamiento sería transportado fuera del lugar al menos unos cuantos miles de pies de altura"
"Mmmm. Si, suena algo que ella haría"
"Vete. No necesito que te quedes. Eres molesta"
"Como ordene"
La sombra se desvaneció en ese momento casi como si jamás hubiera estado ahí en primer lugar.
Posando su atención sobre el cuerpo inconsciente de Liliana, Vortigern simplemente bufó una vez antes de que sus pensamientos continuaran vagando. Lo mejor era deshacerse de ella en ese momento, pero...
Encogiéndose de hombros, caminó a través de los pasillos mientras su mano comenzaba a cambiar de color. Donde anteriormente había una tez pálida, ahora era un color tan profundo como la oscuridad de la noche.
Las paredes del castillo comenzaron a ceder y con ello, todo lo que estaba detrás de él fue enterrado en escombros. No importaba que estuviera su hija detrás de él, ya había matado a tres de sus hijos y su esposa para conseguir ese poder. ¿Qué era una más?
"T-Monstruo"
El débil susurro de algún saxon que se mantenía de pie justo frente a la imparable figura de madera de nueve cabezas se estremeció cuando una de dichas cabezas se posó en él.
Ignorando a los hombres frente a ella, la repentina fuente de iluminación detrás de la espalda de Morgan provocó que ella frunciera el ceño.
No se suponía que eso pasara.
Las personas dentro de la ciudad gritaban.
El fuego era lo único visible mientras los gritos de caos y destrucción aumentaban a cada segundo.
No todos habían logrado salir.
- ¿En qué momento?
Ni siquiera se dio cuenta.
Ejerciendo su autoridad como dama del lago, la lluvia cayó sobre el fuego, pero lejos de apagarlo, se hizo más fuerte.
En el instante en que se distrajo, Hengest cargó directamente en su contra con hacha en mano lista para decapitarla. Morgan se movió casi instintivamente y la cabeza sobre la que estaba de pie cayó al suelo provocando un estruendoso choque.
"¡¿A dónde vas, bruja?!"
"Piérdete, insecto"
Varios círculos mágicos aparecieron en la espalda de Morgan que reanudaron el ataque en contra de aquellos individuos que seguían de pie.
Mirando al campo una vez más, sintió el calor inundando su pecho.
Una joya de color carmesí que le fue dada por aquel hombre del que apenas se había dado cuenta que estaba enamorada. Fue su obsequio por su cumpleaños. Su primer obsequio en años, sabía que esa joya era mágica, pero solo ahora pudo encontrar el motivo de dichas palabras.
- ¿Qué es esto? - ella preguntó curiosa.
-Mi promesa.
Fue todo lo que él dijo.
En ese momento no sabía a qué se refería, pero ahora. Sintiendo como sus fuerzas volvían poco a poco se dio cuenta a que se refería.
A pesar de que sus hombros estaban empapados, sus parpados se volvían pesados y sus piernas comenzaban a temblar, ella no se rindió. Contra toda probabilidad, en contra del destino, por primera vez en años. Había una sonrisa dibujada en el rostro de Morgan Pendragon.
No sabía de qué era, si expectativa o felicidad. Simplemente se sentía radiante.
Había llegado a entender que ella no era un algo.
Ella era ella.
No una bruja. No una reina. No un hada.
Morgan era Morgan.
Con sus pequeñas y desgastadas manos, levantó su espada preparándose para avanzar una vez más, la cabeza que había sido cortada de su dragón fue rápidamente reemplazada por una nueva.
Luchando para impedir que las lágrimas de realización no corrieran por sus mejillas ligeramente sonrojadas. Ella recordó la radiante sonrisa pegada en el rostro de aquel pelirrojo. Las mismas manos que muchas veces le dieron de comer sin pedir nada a cambio. Aquel que la trató como cualquier otra persona sin ponerla en un pedestal.
Un total idiota.
Los recuerdos que podían denominarse dolores que sufrió a lo largo de su vida, lentamente comenzaron a atenuarse y simplemente se transformaron en etapas. Lo que anteriormente estaba encerrado en lo más profundo de su ser se vio liberado en ese instante.
Y un sabor amargo inundo su boca que pronto se vio reflejado en rostro cuando una sensación desagradable inundo su pecho.
Debía disculparse.
Mordred no tenía la culpa.
Cruzó un límite que francamente ni siquiera debió de imaginar. Se desquitó con una niña inocente a la cual transformó en un homúnculo cuando simplemente pudo haberla criado como una niña común.
Ahora entendía porque la expresión de Shirou cuando la vio por primera vez fue de desagrado.
Amor ... amabilidad ... daba igual si iba a perderlo todo.
¡CLANK!
La espada de Horsa chocó con la suya.
"¿Ya te rendiste mujer?"
"Hmmp. No sé si sentirme ofendida por dicho comentario cuando terminé con más de la mitad de tu ejercito yo sola sin la necesidad de pedir ayuda"
"Tus caballeros no dirían eso"
"Ellos murieron honorablemente luchando por lo que creían correcto. ¿Quién soy yo para negárselos?"
"Y aun así aquí estas..."
"No es como si fuera a ir a otro lado"
Pensó que había perdido aquella sensación. Todo lo que pudo dar como amor era fraternal a sus hijos y ni siquiera eso podía llamarse amor. No era la misma intensidad que pensó que les daría cuando era joven.
Su sueño de una familia perfecta.
Ahora que he encontrado lo que he perdido.
Aunque su destino sea ser herida. ¡Su corazón aún emana color!
Como si el mundo respondiera a sus sentimientos, la luna iluminó su figura.
Los fragmentos de esos sueños que se vieron opacados por el frío destino que terminó con su felicidad finalmente estaban siendo rectificados. Lo que debía ser desde un comienzo estaba tomando forma.
Ya nada de eso importa.
"¡No me importa si las cosas que considero correctas resultan estar todas erradas! Mientras pueda proteger aquello en lo que creo"
-Este corazón cubierto de cristal, cubierto de rasguños logró encender una fiebre que casi había olvidado.
Una leyenda que transciende la historia.
Una gobernante de la noche.
Un hada del lago.
Ella luchaba por proteger. Lo que anteriormente era impulsado por su ambición, actualmente era resaltado por protección.
Se dice que la dama del lago es un hada conocida por haber otorgado Excalibur al Rey Arturo. La personalidad buena de la hermana malvada del Rey Arturo, Morgan le Fay.
También conocida como la "Princesa Hada del Lago", Morgan le Fay siendo considerada su contraparte, donde Vivian encarnaba la bondad en comparación con la maldad de Morgan. Esta dualidad también se reflejaba en la naturaleza de la propia Excalibur. Se cree que Morgan heredó la autoridad de Vivian, y algunos piensan que fue el propio Merlín quien enseñó a Vivian cómo usar hechicería.
Esto también provocó diversos eventos transformados en creencias que se reflejaron en su leyenda a lo largo de la historia.
En realidad, Vivian es la personalidad alternativa de Morgan, quien es descrita como si tuviera tres personas en su interior. Habiendo comenzado con la "inocencia de una hada" , se volvió "tan magnífica como una doncella guerrera", y "de repente poseía la brutalidad de una bruja" .
Eso es lo que originalmente debió de haber sido.
Pero al ser a Vivian y Morgan dos entidades totalmente diferentes, surgieron dos destinos diferentes. Un hada por cada destino. Cada una era un ser y al mismo tiempo, eran hijas de la misma madre.
Retratada a lo largo de la batalla. Morgan dejó en claro que podía ser tan magnifica como una doncella guerrera mientras poseía la brutalidad de una bruja.
Nadie se atrevió a ir en su contra.
Al borde de la perdida, comenzó a sonreír. La poca confianza que sus enemigos habían ganado al ver que sus tropas cayeron se esfumó en la nada debido a la profunda felicidad que irradia la mujer.
¿Y si era igual a ellos? ¿Qué tal si peleaba por el derecho a pertenecer a los salones del Valhalla?
Incluso si era pisoteada por sus propios deseos egoístas, ella iba a vivir porque tenía asuntos pendientes que atender.
Los recuerdos que talló en estos pocos meses fueron como una nueva vida que no merecía y, aun así, ella la valoraba más que cualquier instante de su pasado.
Un aura negra, distorsionada surgió desde el centro de la ciudad. Lo primero que pudo verse fue el castillo caer antes de que una figura oscura cuya armadura estaba teñida de negro la cual parecía convertirse en el centro de un agujero el cual flotaba sobre los restos del castillo.
Las llamas anteriormente rojas se transformaron en un tenue color azul marcando la llegada de un nuevo ser.
Caballero negro.
Es una figura que solo ha aparecido dos veces a lo largo de todo el mandato de Arturo en su gobierno y en cada uno de los encuentros es el principal antagonista impidiendo de ese modo proteger a su gente. Pocos son quienes han tenido el privilegio de vivir ante su aparición los cuales incluyen a Sir Gawain, Sir Lancelot y el mismo Rey de los Caballeros.
Hengest y Horsa intercambiaron miradas entre sí antes de llegar a un acuerdo donde momentáneamente dejarían de atacar para ver de qué modo se desarrollaría la situación. No esperaban ese tipo de interferencia y tampoco estaban demasiado confiados como para creer que aquel ser apareció de la nada solo para apoyarlos en su batalla.
Alas de color negro surgieron de la espalda de aquel individuo.
Era una escena que fomentaba terror.
La ciudad en llamas a sus pies mientras un aura oscura rodeaba sus facciones impidiendo observar una imagen clara de aquella figura.
"Perdiste" su voz era distorsionada.
Aquella palabra era dirigida a una sola persona. Morgan frunció el ceño.
Si bien estaba en desventaja eso no quería decir que perdió. A pesar de estar mentalmente agotada, su estatus como hada y su núcleo de mana no dejaron de trabajar, la joya en su cuello seguía trabajando para recuperar heridas en menor medida. Por lo que el poder no era lo que faltaba, pero ¿de dónde venia la seguridad de aquella voz?
Pretender que todo estaba perdido por haber escuchado una palabra solo provocaba una sensación de mentira en su interior. No podía simplemente aceptarlo.
Incluso si huye ahora, las personas que se quedaron atrás morirían con seguridad. Lo único que podía hacer era apretar la mandíbula, relajar sus músculos y mirar fijamente a aquel caballero.
"Estoy aquí"
Las palabras eran demasiado vagas como para obtener un significado, pero el sentimiento que emanaban era más que suficiente.
-Yo estoy aquí.
Es tarde.
La promesa a su pueblo seguía en pie y la esperanza estaba en ella.
No podía quebrantarse en este momento, no cuando todo por lo que luchaba seguía su camino a través de las montañas mientras sus únicos descansos eran para que los que se quedaban atrás se mantuvieran al ritmo.
¡Aumenta el ritmo! A medida que sus enemigos se volvían uno a uno en contra de ella lo único que podía hacer era llevar a cabo aquel estilo que llamó inútil.
"Ya veo... " fue el débil murmullo de aquel caballero de armadura oscura que marcó el comienzo del fin de aquella batalla.
Sus manos bajaron y al instante siguiente, el caballero negro desapareció solo para reaparecer a lado de Morgan.
Ella solo inclinó su cuerpo evitando un tajo de aquella espada bastarda del tamaño de su cuerpo que estuvo a punto de dividirla.
"Cierto" la voz de Morgan fue un susurro detrás del casco del caballero.
Una sonrisa indescifrable se dibujó en su rostro.
Las personas que veían la batalla sobre el cielo de Camelot no tenían idea del porque aquella mujer estaba sonriendo, ni siquiera sabían si ella era consciente de que estaba siendo observada.
El plan original de Vortigern era hacer una ejecución pública donde los principales reinados de Bretaña tuvieran golpes en la moral de sus ciudadanos y soldados. Había planeado este evento por meses y si bien no era el plan original, aun estaba dentro de sus cálculos.
"No imaginaba que aparecerías en este momento"
"..."
¡CLANK, CLANK, CLANK!
Más de diez golpes fueron intercambiados en menos de diez segundos, pero ahora Morgan no mostraba ningún tipo de autoridad, sus movimientos ni siquiera tenían sentidos. Las personas que la veían quedaron estupefactas ante el repentino cambio de esgrima de la mujer.
Anteriormente artística y con pocas aperturas. Ahora poseía un sinfín de aberturas que podían ser explotadas, pero en el momento en que la espada del caballero negro estuvo a punto de conectar, era desviada por un mínimo margen y era atacado en su lugar.
Un estilo poco ortodoxo.
Funcionando a la par que su clarividencia que todo lo ve dentro de esta incesable lluvia, Morgan era técnicamente omnisciente. Similar a donde cientos de ojos ven lo que sus propios ojos no pueden ver, todos conectados a un solo lugar.
Horsa se adelantó.
Aunque no era consciente de las intenciones de aquel caballero, estaba más que claro su objetivo.
Acabar con la bruja.
Se fuerte.
Este tipo de intensidad es para salvar a alguien y luchar hasta el final. Aumenta el ritmo, el futuro es incierto.
Los pensamientos comenzaron a abandonar la mente de Morgan mientras se enfocaba única y plenamente en su objetivo. Su piel comenzó a rasgarse y la curación natural que antes la protegía ahora se vio reducida visiblemente dejando varias marcas de cortes a través de su vestido en los cuales estaba manchado de un tinte carmesí.
A los ojos del saxon, la apariencia de Morgan era similar a la de su diosa.
Hermosa como la noche, hasta el punto de poder robar los ojos de cualquier hombre que se encuentre en su camino. Es como si ella no fuera una persona que viviera adecuadamente bajo el sol del mediodía, y aunque algunos no querían llamarla bestia fantasmal, solo estaban implicando que se adaptaba mejor a la tranquilidad y la oscuridad de la noche.
"Me pregunto qué pensaría tu hija al ver que su madre siendo tan capaz no la defendió en su muerte"
"¿Qué...?"
¡BOOM!
Las repentinas palabras del caballero negro la dejaron momentáneamente aturdida.
"¡¿Te atreves?!"
Ira.
Rabia.
¿Quién se creía él para hablar así acerca de su familia? Lo único que merecía por ello era morir.
"¡Te matare!"
"Si tuvieras la habilidad para hacerlo, hace mucho tiempo que ya estaría muerto, ¿no es así Morgan?"
La boquilla del caballero negro emitió un breve brillo y, en consecuencia, Hengest y Horsa retrocedieron rápidamente debido a que sus instintos los obligaron a hacerlo.
Lo único que pudo hacer Morgan para protegerse fue ordenarle a su dragón de madera que la protegiera, pero eso no funcionó. El rugido que solo podía interpretarse como de un dragón extinguió cualquier barrera que pudo haberla protegido.
"Me estaba cansando"
Su voz era apática.
La montaña a espaldas de Morgan desapareció casi como si no hubiera existido en primer lugar. Ella se encontraba con una rodilla en el suelo jadeando de esfuerzo. Le había tomado la mayor parte de su poder protegerse de aquel ataque.
Pero al menos ahora sabía la identidad de aquel invasor. Si bien tenía una vaga idea de quien era, ahora no tenia dudas que su querido tío había venido a terminar el trabajo.
"Se ... hah ... nota" su respuesta fue sarcástica, cubierta de respiraciones pesadas.
"¿No va siendo hora de terminar con esto querida sobrina?"
"¿Me- me mataras igual que mataste a tu familia?"
"Admito que no era mi plan. Simplemente eran un obstáculo y debían de ser eliminados. En un principio te deje vivir porque estaba claro que Uther no le daría una responsabilidad de ese calibre a su hija favorita. Pero-" su casco desapareció, pero su rostro seguía siendo irreconocible. "¿Quién diría que lucharías con uñas y dientes por el derecho al trono? Fue bastante divertido en realidad, sobre todo cuando me entere que mi esposa dejó a mi hija en tus manos"
Su mirada se endureció.
Entrecerró los ojos mientras se ponía de pie.
"¿No dirás...?"
"¿Qué si esta muerta?" se encogió de hombros. "No importa en realidad, si murió por los escombros es porque hasta aquí estaba destinada a llegar"
"..."
Las alas de aquel caballero comenzaron a expandirse, su armadura desapareció y solo había una figura oscura cubierta de sombras. Su cabeza crecía en cada momento que pasaba. Los guerreros que sobrevivieron ante aquel rugido no se movieron. La escena ante ellos era demasiado irreal.
Su cuello podía abarcar el mismo espacio que una ciudadela pequeña.
"En el futuro que necesito. Estorbas"
"No soy la única que se meterá en tu camino"
Su voz estaba plagada de veneno. Las intenciones de Morgan estaban plagadas en su voz. Un odio irracional escapaba de su ser. Aun así, ella se puso de pie. El dragón de madera anteriormente destruido se volvió a alzar, de un tamaño considerablemente menor al de Vortigern, su sirviente se mantenía erguido.
Una batalla donde ningún saxon se atrevió a dar un paso adelante.
Para ellos estaba más que claro que no deben de interferir. Si lo hacían solo mancharían su honor como guerreros.
Holmgang un duelo practicado dentro de su gente en la que se solo para resolver disputas.
Desde el momento en que la atención de la mujer dejó de posarse en ellos, simplemente retrocedieron lentamente. No solo no deben de interferir. Deben de permanecer como simples espectadores hasta el final.
El imponente dragón negro miró a la mujer de pie sobre la falsificación.
"¿Es eso lo que puedes hacer para imitar una fracción de mi poder?"
"..."
A pesar de que su orgullo como dragón le exigía a gritos terminar con la falsificación frente a él. Vortigern exhaló un suspiro de molestia mientras el vapor escapaba de sus fosas nasales.
"He podido experimentar una reacción demente contra la razón. Una y otra vez frente a mí. Los humanos son criaturas estúpidas. Que obedecen a sus sentimientos más que a la razón más objetiva" un bufido repleto de burla salió de su boca. "Un humano impulsado por el odio seguirá peleando sin importarle el interés propio, el ajeno o cualquier otra razón, aunque la derrota es más que clara seguirá peleando"
"Maldito" gruñó.
"Te creí mejor. Pensé que dentro de toda esta isla tú eras la única existencia que me comprendería. Veo que estaba equivocado."
El viento la obligó a retroceder.
Las gotas de lluvia recorrían su rostro.
¡Arriba!
¡Despierta ahora!
Lo único que podía hacer era mantener su atención en aquella bestia frente a ella.
Las estacas que surgían del suelo como inmensas lanzas ni siquiera podían atravesar las escamas. Los disparos repletos de mana eran desintegrados en el momento en que entraban en contacto con la oscuridad que lo rodeaba. Una mueca divertida era lo único que adornaba el rostro del dragón.
Chasqueó los labios al darse cuenta de que el dragón ni siquiera lo estaba intentado.
"Eres molesto"
"¿Terminaste?"
Levantando una de lo que anteriormente eran manos, Vortigern miró tentativamente a Morgan como si estuviera evaluando la cantidad de poder que podía desatar. Si bien nunca fue de las personas que sueltan toda su capacidad, supuso que al menos ella podía entretenerlo un momento.
Cuando trató de golpear, fue detenido por dos de las cabezas de la bestia sobre la cual se alzaba su sobrina.
"Hoh"
Siendo arrojada al otro lado del río por un golpe que sacudió la totalidad del páramo. Fuertes ondas de viento revolotearon los alrededores provocando que varios de los espectadores cayeran sobre sus traseros.
Estaban presenciando un evento que solo fue contado a lo largo del tiempo como una leyenda.
Un dragón oscuro reclamando algo como suyo. El único otro dragón del cual conocían era Fafnir y de no ser porque presenciaron su aparición casi podían confundirlos.
- ¿El color de mi alma? ¿De qué color será?
Los pensamientos de Morgan hace mucho que se habían atenuado, su mente ya no estaba presente en la batalla. Todo era demasiado irreal como para siquiera darle un mínimo sentido al giro de los acontecimientos.
Mientras más sufría, más se escapaba.
-No soy fuerte.
Ella no era fuerte. Su hermana lo era. Ella era una mujer que fue criada para ser una buena esposa.
Su corazón latía lentamente. ¿Qué está bien o mal? No lo entendía.
-Despierta.
Una voz familiar, pero distante se filtró en su mente. Estaba al borde de la inconsciencia. Vortigern básicamente estaba jugando con ella, lejos de ser un desafío, simplemente era una mascota, un simple juguete listo para ser desechado en cualquier momento.
-Aunque tropieces y caigas debes levantarte. ¿No tienes que dejar en claro tu lugar?
Aunque salga lastimada, aun así, quiere seguir buscando.
Solo quedaban recuerdos a los cuales se seguía aferrando. Era lo único que la mantenía en pie. Su fuerza de voluntad la mantenía erguida, peleando por lo que consideraba correcto y a pesar de todos sus esfuerzos
"SE ACABÓ"
- ¿Dónde está su felicidad?
CRK.
"¡MALDITA!"
El aullido de dolor de aquella bestia fue lo que la regresó al presente, lejos de todas las divagaciones de su mente.
Frente a ella, aquella inconmensurable bestia se sacudía de dolor mientras una de sus garras sujetaba una estaca que atravesó su ojo.
"¡Todavía no!"
Más y más estacas surgieron del suelo. Todas y cada una de ellas apuntadas al mismo punto.
Si muchos ataques dirigidos a distintos lados no surtían ningún tipo de efecto. Entonces esos muchos ataques deberían de al menos lastimar un solo punto cuando estaban concentrados. Hoy y ahora superaría sus límites.
"¡KAK!"
Una imperceptible sonrisa se deslizó por los labios de Morgan.
"¡DESGRACIADA!" aún con dos lanzas atravesando su cuerpo, Vortigern se movió.
El tiempo pareció reducirse.
La garra de Vortigern viajó por el aire apuntando a un solo punto, poco a poco se acercó a su objetivo. La lanza que había atravesado su pecho se rompió permitiendo que su movimiento fuera levemente más rápido y, aun así, ella no tuvo tiempo de actuar.
"¿... Uh?"
"Admito que fui demasiado indulgente. Deberías de sentirte orgullosa por haberme herido"
¿Su voz podrá alcanzarlo?
Se sentía inusualmente débil.
La fuerza abandonó lentamente su cuerpo provocando que sus rodillas cedieran. Su garganta se llenó de un liquido desconocido, pero el sabor a sal y hierro la inundo, era la primera vez en su vida que se sentía tan débil.
Nadie le había dicho de este tipo de sentimiento.
"¡Muere sabiendo que tu deseo de guiar estas islas fue inútil! Alégrate de que al menos tu sueño será traído por mí. ¡UNA AUTENTICA PAZ!"
Morgan escupió sangre.
La garra de Vortigern había atravesado la totalidad de su pecho.
Un deseo...
... De volverlo a ver.
Un milagro.
Alguien que en contra de las posibilidades atravesó el tiempo para aparecer en esta era.
Alguien que era consciente y repudiaba lo que el destino tenía que decir.
Un ser que haría una diferencia. Era lo que ella pedía.
Extendió su mano tratando de alcanzar algo en el cielo.
La noche era hermosa. Pensó que estaba presenciando un cambio en el mundo cuando vio dos estrellas haciéndose cada vez más grandes en su dirección.
"Shi ... rou" un débil susurro era todo lo que podía decir.
Ese día, fue el día en que la legendaria hada cayó a lado de aquel río.
Una batalla que presentó el principio del fin de las guerras, aquella que estaba destinada a marcar el reinado de toda Bretaña.
Una batalla que en la historia era retratada como una victoria ante el saxon, ahora fue una perdida en la cual un reino cayó.
Su nombre será retratado como la caída de la Princesa Guerrera en la Batalla del Monte Badon.
Tardé un poco más en publicar, pero al menos no fue más de un mes.
Espero y hubiesen disfrutado el capítulo. ¿Qué les pareció?
Me centre en Morgan por distintas razones, pero principalmente quería aclarar un cambio dentro de su ser.
Si hay algún tipo de queja por los poderes de Morgan o Vortigern, quiero que sepan que no les hacen gloria al alcance de ellos en lo poco que se ha representado. Lo mucho que se ha visto es en Apocrypha cuando Sieg peleó contra Karna y vimos como el lugar quedó completamente destruido. Y me refiero al poder que representa su leyendo como cazador de dragones (Siegfried). En otras historias que he leído terminan rápidamente con ellos.
¿De verdad? Una bestia que esta por encima de todas las bestias fantasmales derrotada tan fácilmente. En fin, tal vez sea mi hipocresía. Pero trataré de explicar todo lo que pueda el porque de los eventos y no solo darle habilidades sacadas del culo a Shirou, pero yo soy el autor y probablemente me estaré golpeando en la cabeza si alguna vez lo hago.
No recuerdo quien preguntó, pero voy a aclarar quién es Aelle.
El fue uno de los primeros reyes vikingos del sur, amigo de Hengest y Horsa, destinado a morir en esa incursión, aunque no deben de molestarse, no es como si fuese a ser realmente importante en la historia.
Si hay errores ortográficos o tipográficos por favor comenten.
Siguiente actualización: Supongo que Fate Ashura o Fate in Marvel.
¿Quejas?
¿Recomendaciones?
¿Preguntas? (Enserio pregunten aquí porque no encontré otras preguntas que vi con anterioridad)
F. P. 26/09/2021
J_A_H
