"Ad Astra."

Por B.B. Asmodeus.


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Parejas/interacciones principales: Kou Seiya (Sailor Star Fighter)/Usagi Tsukino (Sailor Moon). Kou Yaten (Sailor Star Healer)/Haruka Tenoh (Sailor Uranus). Usagi Tsukino (Sailor Moon) & Haruka Tenoh (Sailor Uranus).

Rating de este capítulo: "I" de INTENSO.

Categorías/Advertencias: Saltos en el tiempo. Realidad Alterna de Temporada Sailor Stars. Humor. Romance. Drama. Temas de ansiedad y ataques de pánico. Hurt/confort. Lenguaje fuerte. Embarazo adolescente. Embarazo no planeado. Temas de sexo sin protección entre dos menores de edad (aunque depende del criterio de cada país). Infidelidad.

Notas especiales:

(a) Se describen escenas de ataques de pánico y estrés post traumático. Así como algunos síntomas del síndrome de "Survivor's guilt/culpa del sobreviviente."

(b) ¿Sabían que antes de la existencia de Seiya, yo shippeaba fielmente Haruka/Usagi?

(c) Este capítulo va dedicado a todos y todas que leen esta historia y me siguen echando porras, ustedes son los/las responsables que ahora no pueda acabar este maldito monstruo. ¡Felicidades!

Sinopsis: Post-Stars. Usagi Tsukino deberá superar una batalla más mortal que la encarnada contra el Caos: crecer. Al menos tendrá compañía.


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6.

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"«El pasado y el futuro

Los cruzaré

Sólo para encontrarte.»"

-Naoko Takeuchi (MAKENAI).

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Había días buenos.

Había días malos.

Hoy, Usagi definitivamente estaba teniendo uno muy malo.

Usagi gimió, después de vaciar su estómago en la taza de cerámica.

-Adiós al desayuno.

Adiós a muchos de sus planes para el día. Todo lo que Usagi quiso en esos momentos fue volver a la cama.

El maní se rehusaba a dejar de patalear. Para empeorar la situación, era muy posible que el postre de la noche anterior estuviera causando sus flatulencias. ¡Cielos, que embarazoso!

Por si fuera poco, Usagi había tenido una de sus peores noches desde la llegada a Kinmoku. La tormenta de nieve la había mantenida despierta, así como la incomodidad de su espalda baja. Por más que se había esforzado por encontrar una buena posición para dormir, su cuerpo quejumbroso había tenido otras ideas. Ni todas las almohadas en la suite habían sido útiles para mejorar la situación. En algún punto de la madrugada, Usagi había roto en llanto por la futilidad, las hormonas haciendo de las suyas.

Usualmente, era Luna quien le hacía compañía en noches así, haciéndose extrañar inmensamente; la melancolía sólo había inspirado otro brote de llanto, llenando de mocos sus pijamas favoritos en el proceso.

La voz de Seiya sonó a través de la puerta del baño diminuto. "¡Yo! ¿Odango? ¿Te encuentras bien?"

Oh, no. Usagi gruñó. No había sido su intención despertar a Seiya a estas horas. Sabía que la chica tenía deberes y merecía dormir una jornada completa…

"¡H-Hai!"

Para probar su punto, un ataque proyectil brotó directo al retrete, llevándose consigo los restos de su cena.

"Olvídalo. ¡Voy a entrar!"

Al terminar esta tanda, Usagi fue sorprendida con la toalla húmeda limpiando su rostro. Gimió, entre desconsolada y avergonzada. Por los primeros cinco segundos, fue fácil sentirse agradecida por la compañía también, dejándose caer en los brazos de la otra mujer. Luego, Usagi recordó el pésimo estado en el que se debía encontrar. Ojos hinchados por tanto llorar, despeinada, y con su aliento comparable a una alcantarilla.

"Ow, no. ¡Seiya, no me mires!"

Seiya dejo salir una risa temeraria. "¿Cómo esperas que te ayude con los ojos cerrados?"

-Buen punto. Usagi tomó la toallita mojada contra su frente para expandirla y con ella cubrir su rostro entero. La frescura se sintió rica contra su piel. La carcajada de Seiya vibró contra la espalda de la chica al ser levantada del piso. Usagi escuchó el jalón de la palanca del retrete, y dejó caer su rostro hacia atrás, justo sobre el hombro de Seiya. Brazos ajenos rodearon su cintura con sus brazos, guiándola hacia el lavamanos.

"Gomen." Usagi gimoteó a través de la toalla. "No fue mi intención despertarte."

"¡Al contrario!" Seiya le picoteó la costilla derecha. "Usagi, es lo que debiste hacer desde el momento que no te sentías bien." Cuando manos masajearon sus hombros en consuelo, Usagi quiso llorar de nuevo, todavía bastante sensible.

"No me regañes." Usagi destapó su rostro, prosiguiendo a arrojarle de vuelta la toalla. "Extraño a Luna." Chilló, afligida. "Extraño dormir en mi cama, extraño leer mis mangas, extraño a mi mamá y sus ricos platillos… ¡Hasta extraño ir a clases!"

"¿Ir a clases, dices?" Seiya retiró la toalla usada de su propia cara con una mueca. "Wow. En verdad no te sientes bien."

Usagi abrió la llave del lavadero. Por un momento temió volver a romper en llanto, pero divisó a tiempo su cepillo de dientes de conejitos, desempacado por algunos de los camareros al servicio del tren. Se dispuso a lavarse los dientes.

"¿Qué acaso Taiki no te dio medicina para ayudarte?"

Usagi apuntó hacia el retrete. "Sip, ahí está."

Simpatía suavizó la expresión de Seiya. "¿Qué te ayuda? ¿Agua mineral? ¿Pan tostado?" El rostro sonriente de la pelinegra apareció detrás de su reflejo. "¿Una patada en mi entrepierna?"

Espuma fue escupida en el lavadero en forma de una carcajada. "¡Mo me lagas leir!"

"Hablo en serio. Recuerdo los remedios raros que guardas en tu mochila. ¿Qué te traigo?"

Usagi escupió espuma bucal y enjuagó su boca. "Mmm. Agua mineral ayuda. No creo que pueda sostener algo más sólido por nada."

"Cuando el servicio entré en turno, le preguntaré al camarero si tienen algo más que pueda ayudar a mujeres… en tu condición."

Usagi resopló. "¿En mi condición? ¡No estoy muriéndome!"

Seiya levantó sus palmas en son de paz. "De acuerdo, no me arranques la cabeza."

"Gomen." Remordimiento reemplazó su enfado en segundos. Tras secar su rostro, Usagi se tambaleó en dirección de la alcoba. Seiya insistió en guiarla con su brazo alrededor de su cintura. "Mmm. Taiki me aconsejó aprovechar lo que pudiera de sol, ¿pero cómo lo podré hacer, con la tormenta? No deja de nevar."

"No te apures. Sólo descansa, Odango."

"Por un momento había estado segura de que me había librado de esto." Usagi suspiró, en cuanto se acostó en la cama. Sostuvo su estómago con molestia. La acides estomacal le quemó por dentro. "Oh, Kami. No otra vez…"

"¡No te levantes! Traeré un recipiente."

Un corto tiempo después, Usagi se vio en la necesidad de seguir forzando su estómago, aunque esta vez sin mucho que regresar. Los empujes de su estómago fueron horribles, considerando el pasajero que ya tenía cargando.

Seiya sostuvo sus colitas durante el episodio, extrañamente manteniendo su pico cerrado. Probablemente no había sido testigo de tanto vómito en su vida. La pobre lució totalmente fuera de su elemento, si no es que un poco asustada.

Volviéndose a acostar, Usagi enjuagó su boca con la botella de agua mineral que Seiya le ayudó a ingerir. Después, la mujer se dirigió al baño a vaciar los contenidos. En la mente de Usagi, Seiya ganó cinco estrellas de oro, al regresar con el contenedor limpiado y listo para volverse a usar, sin queja alguna.

Usualmente, hasta Mamoru había huido de ayudar en tareas como esas, prefiriendo que Ami, o alguna de las amigas de Usagi, tomara esa clase de cuidados—Usagi rodó sus ojos para sí con el recuerdo. Para alguien que quería ser Doctor, Mamoru solía ser algo delicadito.

Usagi divisó a Seiya de reojo, de pie cerca de la cama. "Pasarán en un rato, Seiya. Las náuseas siempre se sienten peor en las mañanas."

Seiya frunció su ceño con más profundidad. "No recuerdo haberte visto así de enferma en todo el tiempo que nos conocemos."

Usagi pateó una de las almohadas fuera de la cama, al querer acomodarse mejor. Esperó un momento, midiendo los síntomas. Cuando su estómago no se sintió tan furioso, se sintió valiente. "¡Hagamos otro intento con las pastillas que Duvan me recetó!"

"¿Segura? ¿No molestará tu estómago otra ves?"

Usagi suspiró. "Tengo que intentarlo."

Seiya trajo consigo la mochila de viaje que había traído de la Tierra. Usagi sonrió al ver como la ex -cantante ya estaba familiarizada de donde guardaba sus posesiones mas preciadas. Tarareando un poco para distraerse, Usagi abrió el envoltorio de pastillas, tomo una completa con el agua, y se recostó con más cuidado.

"Cielos, Odango. Parece que un tsunami pasó por aquí." Seiya comenzó a recoger las almohadas que Usagi descartado durante la noche. Genial. ¡Menos trabajo para ella! Al escucharla bostezar, Seiya volvió a lucirse preocupada. "¿Al menos dormiste un poco?"

"No mucho." Usagi volvió a bostezar, aceptando la almohada que Seiya ajustó detrás de su cabeza. "Mmm. Tu hijo se lució desde muy temprano."

"Hablaré con él." Seiya enunció con seriedad, ganándose una sonrisa cansada de parte de la rubia.

Usagi fue rodeada por más almohadas en poco tiempo. Seiya desapareció en su propia cabina por un instante, regresando con una manta gruesa—de su propia cama, todo indicó—y con la computadora portátil en su brazo.

Entonces, prosiguió a cubrirla con la manta. Usagi se sonrojó con el gesto hasta las puntas de las orejas.

El aroma de Seiya fue distinguible en el material, un compañero conocido para sus sentidos. Tranquilizó a Usagi, y aunque no supo por qué exactamente, Usagi percibió al bebé disminuir sus movimientos, dejando de jugar baloncesto con los órganos de su madre.

Seiya rodeó la cama, tomando lugar del otro lado de la cama. Acomodó su computadora portátil en el pie de la cama. No la abrió.

"¿Te sientes mejor? ¿Están funcionando las pastillas?"

Usagi cubrió la mitad de su rostro con la manta. Asintió con gusto.

Luego, recordando sus malos modales, abrió la manta, invitando a Seiya a cubrirse de igual forma.

"¿No tienes frio?"

Seiya vestía ropa de dormir más gruesa que la usual, a causa de las bajas temperaturas. Al escuchar la invitación, la mujer lució sorprendida.

"Oh, no, está bien. Con el calor del termostato, el frio es más manejable, Odango."

"No seas obstinada, ¿qué tal si te enfermas? Yaten se enojaría aún más conmigo si tuviera que hacer todo el trabajo ella sola."

"No quiero incomodar tu estómago. Apenas estás sintiéndome mejor…"

"¡Vaya, no lo puedo creer!" Usagi resopló por sus narices con ofensa. "¡Kou Seiya rechazando la oportunidad de compartir cama conmigo. ¡Si lo único que se necesitaba para ahuyentarte era vomitar un poco, lo hubiera hecho desde el principio!" Rodó sus ojos al techo de la recámara. "Kami-sama, cuantos dilemas me hubiera ahorrado, eso sí."

"¡Eso es lo que tú crees!" Seiya reaccionó como Usagi había anticipado, adueñándose del extremo opuesto de la manta, jalando de ella, al mismo tiempo que terminó de deslizarse hacia Usagi, todo centímetro de distancia desapareciendo. "Podrías haber vomitado sobre mi camisa favorita después de habernos bajado de la montaña rusa, y aun así, no te hubieras desecho de mí, Odango."

"No estoy segura de encontrar esa parte romántica o…" Usagi sintió una gota de sudor aparecer por su nuca. "…solo algo, ¿perturbadora?"

"Hum." Seiya colocó sus brazos detrás de su cabeza. "No deja de ser cierto. No me asusto con facilidad."

"Cuanta seriedad." Usagi sonrió para sí. "Debo admitirlo, fuiste perseverante. Me quedé esperando el momento en el que por fin saldrías despavorido."

"Mn." Rápidamente, Seiya se acomodó sobre su costado, apoyando su cabeza en su brazo para inspeccionar a Usagi desde un mejor ángulo. "Ya que estás sacándole jugo al tema de nuestra tensión sexual sin resolver…"

Usagi volvió a cubrirse la cabeza.

Seiya la destapó.

"No juegues a la tortuga."

"¡No digas eso! ¡No teníamos tensión sex—lo que acabas de decir!"

"¿Frustración sexual suena mejor?"

"Baka." Usagi oprimió una de las tantas almohadas de su fortaleza directo en la cara de Seiya. Debajo de la almohada, las vibraciones de las risas de la tonta fueron distinguibles, así como contagiosas. En poco tiempo, la misma Usagi se encontró sonriendo.

"¡Quiero preguntarte algo!" Seiya arrojó la almohada al piso. Su fleco se mostró despeinado. Uno de sus aretes de media-luna se había despegado de su oreja.

"¿Para qué? ¿Seguir satisfaciendo tu ego?"

Un hombro de Seiya se onduló y descendió. "Entre otras cosas."

Usagi aclaró su garganta. "Bueno. ¿Qué quieres saber?"

"¿Crees que las cosas hubieran sido distintas entre nosotros…" Seiya trazó figuras sobre la manta cubriendo el estómago de la terrícola, su mirada siguiendo los trazos. "…si nos hubiéramos conocido antes?"

"¿Antes?"

"Ya sabes, antes de… todo."

-Oh. Usagi parpadeó de sorpresa. ¿Antes de ser novia de Mamoru? ¿Antes de ser Sailor Moon? ¿Antes de recuperar sus recuerdos del Milenio de Plata? El corazón de Usagi se descolocó con la pregunta.

"Siempre me lo pregunté." Seiya murmuró. "Había momentos donde dejabas muy claro que tenías un novio del otro lado del mundo. Luego, compartíamos momentos, donde de alguna forma, me hacías pensar que no todo estaba en mi cabeza. Era en esos momentos que me preguntaba si haberte conocido primero que tu novio hubiera sido la única solución para que sintieras lo mismo que yo."

Usagi sintió su pecho oprimirse con tristeza. Fue difícil distinguir la confusión en Seiya, cuando la mujer solía ser siempre tan segura de sí misma.

"Pues fíjate que yo creo que nos conocimos en el tiempo correcto." Usagi confesó, acurrucándose más cerca. "No sé si te hubiera agradado conocerme en la Secundaria, Seiya. ¡Recuerda lo que te conté! ¡Era una chica muy superficial! Me tomaba muy pocas cosas en serio." El sólo pensarlo, dejaba a Usagi con profunda aprehensión al respecto. Aquella Usagi a sus catorce años, seguramente se hubiera sabido aprovechar de un novio famoso, pero por todas las razones equivocadas.

"Sí, lo recuerdo." Seiya sonrió, su mirada fija en la colina donde el maní habitaba con todas las comodidades. Usagi tomó su mano entre la suya. Fácilmente sus dedos se entrelazaron.

Usagi pensó en todos los retos que había sobrellevado en su trayectoria como Sailor Moon. Tanto como personales, como relacionados a enemigos queriendo destruir su planeta. "Dudo que hubiera sabido apreciar nuestra relación en aquel entonces. A pesar de que fueron meses llenos de dificultades después de conocernos, también nos divertimos todos juntos en la Tierra, ¿qué no?" Usagi aclaró su garganta, decidiendo ser más honesta consigo misma, y no solo con Seiya. "Te lo dije, te convertiste en una persona muy importante para mí. Me ayudaste a ser más fuerte, cuando me sentía completamente sola. Taiki y Yaten también. Cuando no tuve nada en los momentos finales… las tuve a ustedes tres. Este vínculo..."

¿Qué no había cruzado una Vía Láctea por encontrar a Seiya? Aun con miedo e incertidumbre, aquel deseo por encontrarla, había sido el único impulso que la había inspirado a persistir todos estos meses.

Usagi no había estado segura de mucho, al haber hecho contacto con Sailor Galaxia, pero sí de esto. De lo correcto.

Cielos.

La autorrevelación fue energizante, así como, en consecuencia, inevitable. Usagi se enrojeció, su cuerpo completo estremeciéndose con el poder de sus sentimientos. Escondió se rostro en el pecho de Seiya, respirando su aroma desde la fuente.

"Si me dieran a elegir, no cambiaría nada. Ni un sólo momento."

"Odango." No salieron más palabras.

No eran necesarias.


.….


-"La esperanza se moldeará en tu defensa."

Serenity empuñó la Espada de la Esperanza. Alas se estiraron en nacimiento, impulsándola en dirección opuesta a la inminente muerte. Rebasó a Sailor Galaxia con valentía—

"¡Pelea contra mí! ¡No seas cobarde!"

Chibi-Chibi apareció, brotando de los cascajos del arma destrozada. Lágrimas brotaron de Serenity, la culpa sangrando de su alma al ver a la dulce niña inerte, frente a ella. Abrazó a la pequeña, apegándola a su pecho.

"¡No se gana nada peleando!"

"¿Te has dado por vencida, Sailor Moon?"

-"Y mi escudo te sostendrá."

Calidez le envolvió. El amor por su planeta y sus seres queridos fue un capullo sobre su cuerpo. Serenity fue protegida, sin saberlo con claridad, la energía maligna de Galaxia no surgiendo efecto sobre su piel desnuda.

Su estrella interior se reparó con indiscutible esperanza—la esperanza por salvar a todos, y cubrir a su planeta de nuevo en su resplandor.

Serenity emprendió vuelo.

Galaxia quiso lastimarla, quiso penetrarla con la esencia del Caos—

"Todavía creo." Serenity exclamó, la piedad de sus palabras dejando a Galaxia estupefacta. "¡Creo en que puedo salvar a este mundo!"

—"Y mi escudo…"

Luz se triplicó del Ginzuishou. Las tinieblas fueron limpiadas.

"Amo este mundo." El mundo donde había conocido a todos. El mundo donde todavía se podía encontrar un nuevo comienzo. "No perderé a más personas que amo. Ni siquiera a ti."

Serenity extendió su mano. Escuchó a lo lejos, una respuesta gemela, sumergida en la profundidad del Caos. Serenity le invitó a salir, a volar hacia la libertad.

Voló de nuevo, sabiendo que esta vez, no fallaría.

-"…te sostendrá."

Así fue.


.….


Usagi despertó con manos temblorosas, y una roca habitando en su garganta.

Se le dificultó respirar.

Peleó contra las barreras de algodón y seda, queriendo alcanzar—

"Whoa, Odango, tranquila."

"No puedo-" Usagi bateó sus manos en desesperación. "No puedo-"

"Usagi, respira." Seiya tumbó el resto de las almohadas. Le ayudó a tomar asiento, sosteniéndola de los hombros. "Respira conmigo, vamos. Despacio y hondo…"

Pánico fue un enemigo invisible. Lágrimas brotaron de los ojos irritados de Usagi, sintiéndose totalmente vulnerable y asustada. No poder respirar. No poder pensar. No poder huir de las huellas del pasado, ahora encontrando un camino de vuelta a su mente y corazón—fue escalofriante.

"Justo así, lo estás haciendo muy bien."

Usagi se aferró a la ropa de Seiya con todas sus fuerzas. El calor de su estrella fue reconfortarte. El Ginzuishou se ancló a su resplandor, jalándola en capricho hacia su vitalidad. Seiya emitió un gemido de sorpresa entonces, sosteniéndose con el mismo ímpetu de la chica.

Un tercer resplandor se unió a sus esencias—dulce.

Usagi, poco a poco, logró recuperar su aliento. Su rostro cayó sobre el hombro de Seiya con un sollozo catalizador. Manos tersas acariciaron sus espaldas, arriba y abajo. Arriba y abajo. Un beso fue marcado en su cabellera, lo único que Seiya tuvo al alcance.

"Fue una pesadilla. No fue real, Usagi." Seiya murmuró, su tenor firme, siendo constante. "…Regresa a mí, vamos."

Sombras lúgubres fueron exorcizadas de su interior, no disimilar a como el Caos mismo había escapado del cuerpo de Sailor Galaxia. Usagi frotó su nariz en la suave tela del suéter de Seiya. Sus llantos se volvieron una revuelta más suave, su pecho cortándose en brincos ligeros. Se concentró en Seiya, en su fragancia.

Se enfocó en el nido cálido de sus estrellas conjuntas, una imposibilidad hecha realidad.

Se dejó reacomodar sobre la cama, rehusando en cualquier momento el soltar su agarre en el suéter de la otra mujer. Fue una dulzura ser cubierta en Seiya—ser acogida en su fortaleza, como si Usagi fuera algo preciado.

No había cambiado. Seiya todavía la hacía sentir atesorada. Protegida.

Fue liberador, no sentir culpa inmediatamente después, al permitirse ser acogida por esta persona. No hubo rastro de Mamoru, torturándola en el borde de su mente y alma. No hubo un futuro pesando sobre sus hombros, recodándole de lo que había estado colocando en riesgo.

"Usagi, dime… ¿Algo como esto te ha sucedido con anterioridad?"

Oh.

"Hay cosas… que mantuve para mí misma por mucho tiempo, después de la batalla." Usagi murmuró, un largo tiempo después, en los brazos de Seiya, escuchando su corazón. "No creí que nadie pudiera comprenderme… Ni siquiera mis amigas."

"Puedes decirme lo que sea." Seiya susurró contra su sien.

Así que, Usagi lo hizo.

Le contó sobre el pequeño joven, dueño de una intimidante cicatriz.

Le contó a Seiya sobre su hijo.


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Cuando Usagi despertó por tercera vez, Seiya había encendido su computadora y su cuerpo en la cama había sido reemplazado por una almohada gigante, que ahora ella apretaba en un celoso abrazo.

Usagi bostezó, abriendo sus ojos una franja. Las cortinas de la suite habían sido abiertas, luz blanquizca las invadía. Nieve. Montañas. El ronroneo del tren en marcha le hizo sonreír. Ronroneaba justo como Luna…

"¿Qué hora es?"

Seiya pausó de escribir. "Mmmm." Le dio un vistazo a su muñeca. "Muy, pero muy tarde. ¿Hambrienta?"

"Ahora que lo mencionas…" Un gruñido delatador retumbó desde las cobijas. "¿Tal vez?"

Seiya estiró sus brazos, rectificando su mala postura sobre el escritorio. "Bueno, sería buena hora para pedir nuestro almuerzo. ¿O quisieras salir a comer?"

Usagi hizo una mueca, levantándose con cuidado. "No tengo muchas ganas de convivir con extraños ahora mismo…" Luego le echó un vistazo a su suite, apenada por el horrible estado. "Pero, creo que sería buena idea salir un poco por aire fresco. ¿Tal vez Haruka y Yaten podrían acompañarnos?" Considerando la horrenda noche (y mañana) que Usagi había tenido, ver a sus amigas era justo lo que le animaría.

"Mmm, tengo una idea." Seiya le sonrió con misterio. Le guiñó el ojo. "¿Por qué no te tomas una ducha? Yo me encargo."

"Aw, siento…" Otro bostezo le interrumpió. "…que dormí por cien años."

"Casi. ¿Te sientes mejor?" Seiya le ayudó a levantarse de la cama, acariciando su rostro con cariño, una vez de pie. Usagi rio con jugueteo con el gesto. A Seiya no le importó su mal aliento, inclinando su rostro hacia el suyo en preludio a un beso.

En el último segundo, sin embargo, Usagi torció su rostro, tapando su rostro con espanto. "¡Uh, gomen, no he lavado mi boca!" Su cabello debía ser un desastre, además. Ciertamente, su rostro hinchado por tanto llorar debía dar miedo. Si Haruka la miraba así, se preocuparía de más y sus tendencias de Mamá Oso sólo empeorarían.

"De acuerdo, de acuerdo. Toma tu ducha, iré a buscar a aquel par, para que nos acompañen. ¿O crees que ocupes ayuda para bañarte?"

"Ajá. Buen intento." Usagi se río con las implicaciones, ya camino al baño por si sola.

"¡Oi, estaba tratando de ser caballerosa!"

"Es lo que los pervertidos siempre dicen." Usagi le sacó la lengua antes de cerrar la puerta. A solas, la chica se apoyó en la puerta del pequeño espacio. Comenzó a desvestirse, evadiendo el espejo. Su cabeza agradeció ser liberada de sus colitas ya mal hechas. Usagi recordó que había estado muy cansada para deshacerse del estilo antes de irse a dormir la noche anterior, y ahora pagaba las consecuencias por su flojera.

A pesar de ser un tren de lujo, Seiya había sido clara en que la duración del agua caliente era limitada, así que tenías que tomar las duchas lo más económicamente posible. Así lo hizo la terrícola, sintiéndose cien veces mejor, al sentir la primera ráfaga de agua sobre su piel.

"¡Mmm! ¡Que delicioso!"

Conforme talló su cuerpo por el enjuague floral, Usagi meditó sobre los acontecimientos desagradables que la habían perseguida por las últimas horas.

Sus ataques de pánico persistían.

Usagi no sabía cuándo cesarían de acosarla. Sabía que había asustado a Seiya, y ahora la chica comprendía que Usagi había sido presa de un fenómeno similar al aterrizar a Kinmoku-sei. El averiguar que los ataques habían aparecido no poco después de la batalla contra Galaxia, había pasmado a Seiya.

Usagi no había tenido todas las respuestas necesarias del por qué, ni mucho menos había tenido ganas de compartir esto con sus amigas de vuelta en la Tierra. Así que, Usagi lo había guardado todo para ella misma, creyendo que sólo sería una forma de arruinar la paz y tranquilidad, que ahora reinaba sus vidas. Suficiente había tenido en sus manos con saber sobre su embarazo…

Seiya insistía en que debía visitar a Heiler Duvan de nueva cuenta, al regresar a la Capital. Usagi no estaba tan segura…

"No eres la única con estos estragos, Odango. Esto es lo que la guerra causa. A todos nosotros, sin importar de cuál maldito planeta vengas."

En sus brazos, Usagi había sentido aún más pena por sus Yaten y Taiki, leyendo entre líneas, lo que Seiya había querido compartir.

"Demo…"

"No estarás siendo una carga para nadie, si pides ayuda. Al contrario, deberías cuidar de ti en todo sentido, considerando que ahora tienes que pensar por dos. ¿No crees?"

Usagi comenzó a tallar su estómago. "Tú no te preocupes. Encontraré una solución, ya verás. No tienes que preocuparte por mí. Es mi turno el cuidar de ti, ¿oíste? Sólo quédate ahí dentro… a gusto, sin preocupaciones." El maní no otorgó respuesta, ni en una patada ligera. Usagi sonrió, y prosiguió a colocar acondicionador en su larga cabellera.

-Tan dormilón como su madre.

Al salir de la ducha, Usagi se cubrió con la esponjosa bata de baño. Se sentó en la tapadera del retrete mientras cepilló su cabello, su humor mejorando considerablemente. Pensó en qué ponerse de ropa.

¿Qué provocaría que Seiya le diera más cumplidos?

Usagi rio para sí. "Pobre Seiya, soy tan mala con ella."

¿Pero cómo evitar sentirse halagada, al presenciar a Kou Seiya tartamudear de esa forma tan adorable? Usagi quería repetir la sensación de triunfo, una y otra vez. Ver a Seiya quedarse sin hablar. Sentir sus ojos pegados a Usagi a donde fuera que se dirigieran… Seiya era tan distinta a Mamoru hasta para eso; Seiya reaccionaba a todo lo que Usagi hacía y no lo escondía. ¿Cómo decía Ami?

-Oh, sí, ¡es un libro abierto! Usagi ajustó su bata de baño de nuevo, en caso de que Seiya estuviera de vuelta en su Suite. Salió resuelta del baño, vapor expandiéndose por la recámara.

En efecto, no había moros en la costa.

Usagi se dirigió al closet. Sostuvo su mentón, pensando.

Quería sentirse más alegre, pero a la vez confortable. Algo más a su estilo terrícola. Recordó el par de overoles rosados que había empacado para el viaje y gimió de emoción. Justo lo que merecía para sentirse mimada. Entre la ropa y abrigos que Seiya le había obsequiado, Usagi escogió una blusa holgada, de manga larga, que la chica parecía haber comprado en la Tierra y traído consigo. Satisfecha, Usagi la acopló a su atuendo de hoy.

Seiya tocó en su puerta.

Usagi, ya vestida e inspeccionándose en el espejo, respondió distraída.

"Sí… ¡Pasa!"

"¡Buenas noticias! El almuerzo está casi listo."

"Oh, genial."

"Malas noches: no puedo encontrar a Yaten. Tenoh y su agradable presencia tendrá que bastar."

"Ow."

"¿Dónde rayos se pudo haber metido? Sé que no está trabajando. Su computadora estaba en su Suite…"

"Seiya."

"¿Hai?"

Usagi jaló de sus overoles, una lágrimita saliendo de su ojo derecho. "¡Mira! ¡Por fin tengo caderas!"

Seiya la miró frente al espejo con obvia preocupación. "¿Oh, sí? N-No me digas."

"¡Es algo bueno!" Usagi exclamó con una gran sonrisa. Limpió su rostro con la manga de su blusa. "¡Son lágrimas de alegría!"

Seiya liberó un-muy-exagerado suspiro. "Oh, gracias a las estrellas. Pensé que ahora sí me arrancarías la cabeza."

Odango tomó sus dos senos en sus manos, levantándolas frente al espejo con acusación. "¿Y ustedes para cuándo, amigas?"

Detrás de su reflejo, Seiya pareció tropezar con la alfombra, sin razón aparente. Un chillido avisó de la caída.

"Quiero decir, en todas las revistas que leí decía que los senos siempre aumentan de forma natural—"

"Est—¡Están bien tal como están, Odango!"

"Jum." Usagi aventó una mirada poco convencida a la figura que comenzaba a levantarse del piso. "Fácil para ti decirlo. ¡Estás mejor equipada que yo en ese departamento!"

Sobando su trasero, Seiya se ruborizó tanto como su abrigo de Teniente. "¡Oi! No seas envidiosa."

"¡No sólo tú! Yaten y Taiki también están mejor equipadas que todas nosotras. ¿Es algo que les dan en la comida de este planeta, o qué?"

"Me rehusó a hablar de los atributos de esas dos. Pero, Yaten definitivamente no tiene mejores senos que yo." Seiya lloriqueó, apareciendo detrás suyo. Tomó las manos científicas de Usagi para hacerlas desistir de su exploración. "Además, si las quieres tanto, te las regalo."

Fue el turno de Usagi de convertirse en sartén caliente. Su rostro se calentó tanto que dos huevos estrellados pudieron haberse cocido, sin problema.

Seiya le guiñó el ojo, maldad brillando en el manto estelar viviendo en su mirada. "Puedes jugar con mis excelentes atributos cuando quieras, Usagi Tsukino."

"Te odio." Usagi masculló en derrota, cubriendo su rostro con sus manos.

"Nah. Me amas." Una pausa. Luego… "Hasta puedes nombrarlas como lo hace Mortimer, si te resulta más divertido."

"¡Basta!" Usagi tapó sus orejas, sintiendo que explotaría en cualquier momento de la mera vergüenza. "Te lo ruego, baka."

"Jaque mate." Seiya rompió en carcajadas. Cuando Usagi quiso repetir la inspección, sus manos fueron abofeteadas con jugueteo. "Áh, áh, abajo, dije."

Después de terminar de arreglarse y usar su pluma lunar para peinar sus colitas—porque de lo contrario estarían en la suite todo el día—Usagi salió de la cabina en mejores espíritus. Hasta saludó a su guardaespaldas en turno con un enérgico Ohayo que lo dejó bastante confundido.

Seiya la dirigió al observatorio, en el último carril.

"Miren lo que el gato trajo arrastrando." Seiya exclamó, en cuanto entraron y distinguieron a Yaten en el comedor que habían improvisado para el beneficio de los huéspedes. Haruka también se les había adelantado, sentado en el extremo más lejos de Yaten. "¿Dónde estabas? ¡Te busqué por todas partes!"

"¿Qué te importa?" Yaten gruñó, por alguna razón, sonrojándose. "Usagi, ¿todo bien? Por ahí escuché que el milagro de la vida estuvo comportándose como una perra desgraciada contigo."

Con una gota de sudor en su cabeza, Usagi escogió tomar asiento cerca de Haruka. "Hehe, que forma tan graciosa de explicarlo." Sintiendo la mirada directa de su amiga, Usagi agachó su cabeza en su dirección. "Antes de que preguntes, estoy mucho mejor. ¡No te apures!"

"Mmm." Haruka emitió, probando su té. "¿Cuánto falta para llegar a ese lugar infernal al que nos dirigimos?"

Seiya se sentó entre Usagi y Yaten, completando el circulo. Para la sorpresa de Usagi, la mujer indicó compartir la inquietud y frustración de Haruka. "Dos días más, si no se repite otra tormenta."

"¿Dos días? Que emoción." Usagi sonrió, tratando de imaginar el lugar de nacimiento de Seiya y fallando espectacularmente.

"Ni te emociones tanto, Usagi-chan. En Sang Froid sólo hay nieve, hielo, más nieve y más hielo, y así hasta el infinito."

"No es verdad." Seiya intervino. "Simplemente porque las pocas veces que has visitado no has salido de tu habitación de huésped, no quiere decir que Kin-Norte no sea espectacular.

"¿Y lo es? ¿Espectacular?" Usagi preguntó con honesta curiosidad, haciendo bailar sus piernas debajo de la mesa. "¿Cómo Disneylandia?"

Yaten soltó una carcajada.

Seiya rodó sus ojos. "No todo en la vida es juegos mecánicos, Odango."

"¡Debería!"

"Como decía," Seiya enfatizó, todavía ofendida. "Tenemos las cascadas, las aguas termales—"

"¡Aburrido!" Yaten tosió.

"Pero, Yaten, las aguas termales son divertidas, siempre las visito con mi familia en las vacaciones. En Japón hay muchas de donde esconder. Son muy buenas para el cutis."

Seiya emitió un suspiró frustrante, por ser interrumpida otra vez. "¿Saben? Nada mejor que ver la ciudad con tus propios ojos. No arruinaré la sorpresa."

"¿Qué hay de tu madre, Seiya? ¿Cómo es ella?"

Seiya parpadeó. "Uh…"

"Sí, Seiya, cuéntale a Usagi sobre Severina-san." Yaten exclamó con satisfacción. "Cuéntale sobre cómo nada más la alegrará, que el saber que está a punto de convertirse en abuela."

Los pelos de Usagi se pusieron de punta. "Oi, no me refería a esa parte…"

"Bueno, le tendrán que decir, ¿qué no? Estamos hablando del futuro heredero de Sang Froid, después de todo. ¡Severina estará extasiada!"

Usagi escupió un poco de su malteada. "¿He-Heredero?"

"Odango, ya te he dicho que no le hagas caso a la arpía cuando anda volando cerca." Seiya carraspeó su garganta. "Aunque, Yaten tiene razón. Todo por lo que por ley regional me correspondía a mi como heredera de la Casa Froid irá directo a mi hijo, viendo que al convertirme en Sailor Star Fighter, renuncié automáticamente a mis privilegios."

"Oooh." Usagi parpadeó, compartiendo después una mirada sorprendida con Haruka. Sobó su nuca. "Y dime, Seiya, a tu madre no le disgustará que su nieto sea de una chica de otro planeta, ¿o sí?"

Sus risas nerviosas fueron recibidas con una mirada extraña entre Yaten y Seiya.

"Supongo que lo averiguaremos." Seiya respondió, encogiéndose de hombros.

"¿Queeeeé?"

"¡Odango, tranquila! Siempre he sido la rebelde de la familia. Severina ya está acostumbrada a mis noticias sorpresivas."

"¡Eso no me hace sentir mejor!" Usagi atacó su sopa en cuanto el camarero se la puso en frente. "¡Cielos, la mujer me va a odiar!"

"Claro que no." Yaten agregó. "La mujer tendría que poseer alma para tener sentimientos de esa magnitud."

"¡Oi, esa es mi madre de la que estás hablando!"

"¡Es la verdad!"

"¿Y tu padre?"

Seiya y Yaten dejaron de pelear, al escuchar a Haruka. Y no era para menos. Hasta Usagi dejó de soplarle a su sopa.

"Oh." Seiya volvió a encogerse de hombros. "No tengo idea. Nunca lo conocí."

-Aw. Usagi saboreó su sopa con cierto desasosiego, al escuchar la revelación.

"Mn." Haruka tomó de su jugo, con actitud indiferente. "Yo tampoco conocí al mío."

El corazón de Usagi dio un revolcón doble. "¿En serio, Haruka?"

Haruka rodó sus ojos con impaciencia. "Pst, no me mires así, Koneko. Algo que he aprendido es que los padres son altamente sobrevalorados hoy en día. Mi madre siempre fue altamente independiente y capaz. No es como si lo hubiera necesitado mientras crecía."

"Salud por eso." Seiya concordó con una sonrisa. "Aun así, hubiera sido agradable conocer al mío." Su mirada se intercaló con la de Usagi. "Hasta ahora he encontrado la experiencia bastante única."

"Ugh, no empieces ustedes dos con sus niñerías enfrente de mi ensalada." Yaten se quejó, lechuga en su boca en pleno mascar.

Usagi ocultó su sonrisa tras una mordida del pan suave que vino de acompañamiento. "Dinos sobre tu madre, Haruka. Suena a una mujer interesante."

Haruka también había ordenado una ensalada. Lució más acostumbrada a los platillos extranjeros que días anteriores. "Es una Capitana."

"¿Capitana?" Esta vez, fue Yaten la que se involucró en el interrogatorio.

"Capitana de barco. Mayormente dirige yates turísticos. Viaja todo el tiempo. La veo cuando usa el Mar de Japón como temporada de mercado. O cuando toma vacaciones."

Seiya alzó ambas cejas. "Una mujer en esa industria es raro. De lo poco que sé de yates y el mar en general, suele ser un negocio predominado por hombres."

Haruka se encogió de hombros. "Es una mujer competitiva."

"Y ahora sabemos de quién lo sacaste." Usagi golpeó su hombro con el de Haruka.

Cerca de terminar con su almuerzo, comenzó a llover. Fue bellísimo observar las múltiples gotas de agua caer sobre el vidrio rodeándoles. Usagi se concentró en los sonidos y en la vista, mientras Yaten y Seiya conversaban de los turnos de los guardaespaldas.

Levantándose del comedor, la chica se alejó para dirigirse al fondo del vagón. Su sujetó de uno de los barandales, admirando el hermoso paisaje de pinos cubiertos en nieve. Justo en estos momentos cruzaban un puente larguísimo, y mirar hacia el precipicio a lo desconocido, fue hipnotizante.

Haruka se posicionó a lado suyo, guardando una ligera distancia.

"Fue muy agradable escuchar sobre ti, Haruka." Usagi susurró, manteniendo la conversación entre la dos. "Me alegra que te sientas así de cómoda con nosotras."

"¿Qué otra opción tengo?" Haruka preguntó a su reflejo. "¿No es lo que quieres? ¿Qué lleve las paces?"

Usagi rodó sus ojos. "Quiero que no te sientas tan sola. Tú y yo siempre seremos amigas. Por eso, quiero que tengas más personas que te conozcan como yo lo hago."

"No soy una solterona suicida, Koneko. Hotaru aún vive conmigo."

Usagi rio ligeramente. "Pero pronto Hotaru ingresará a la secundaria, conocerá a gente nueva, y estoy segura de que tendrá muchos amigos más de su edad. Necesitas tener tus propias amigas, tontita. Setsuna no cuenta."

"Como sea."

Usagi suspiró. "Gracias. Por hacer el esfuerzo."

"Nunca seremos amigas, ¿sabes?"

Usagi dobló su perfil hacia Haruka.

"Ésa idiota y yo." Haruka frunció su ceño. "Podemos ser corteses la una con la otra, pero no pidas lo imposible."

-Cuanta intensidad. Una gota de sudor corrió por la frente de Usagi. "Hai, hai. Gracias, de todas maneras." Luego, el diablito en el hombro derecho de Usagi despertó. "Oye, Haruka. ¿Pero qué me dices de Yaten?"

Haruka, manos en sus bolsillos, se limitó a levantar una ceja. "¿La otra papanatas?"

"Ay, no me quieras engañar. He visto la forma en la que la miras. Cuando la sacaste a bailar, parecía una escena de película."

Silencio.

"Es muy bonita, ¿cierto?" Usagi se acercó a manera conspiradora. "Conozco tu tipo, te gustan las bonitas y rezongonas."

"No podrías estar más equivocada." Haruka le sorprendió, al terminar la distancia entre las dos, una sonrisa misteriosa abriéndose camino por su rostro. "A decir verdad, nada me atrae más que la ingenuidad en una chica buena."

Usagi tragó saliva, no entendiendo cómo su rostro había llegado tan cerca al de Haruka, en meros parpadeos. "¿A-Ah, sí?"

"Mm-hm." Los dedos de Haruka acariciaron los cabellos desprendidos alrededor del cuello de Usagi. De repente, la lengua de la rubia desapareció de su paladar.

"'La inocencia se considera encantadora porque ofrece deliciosas posibilidades de explotación.'"

Usagi se ahogó con su propia saliva. "¡O-oh, no me d-digas!"

"De hecho—"

Lo que hubiera estado a punto de salir de la boca de Haruka perdió su oportunidad. Con betún cubriendo su perfil, gran parte del efecto seductor se desvaneció.

"¡Oh, perdón, Usagi-chan! ¡Tenías un mosquito en la cara!" Yaten anunció desde el comedor, cruzada de piernas e inspeccionando sus uñas pintadas. "Pero, no te apures. Lo aplasté por ti antes que quisiera succionarte la sangre."

Usagi, atónita, observó los trozos de pastel descender hacia el piso con el poder de la gravedad, dejando a Haruka embarrada hasta su oreja derecha. Usagi hizo una mueca de simpatía, vacilante sobre por quién sentir más compasión. Haruka, o el trasero de Yaten, que estaba a punto de ser abrasado con un Tierra Tiembla.

"Sugoi. Que atine. Justo en el blanco a pesar de la distancia." Seiya silbó admirada, brazos cruzados detrás de su cabeza. "Pudiste tener un lugar en el club de softball, ¿sabes?"

"¡Ja! Ni de chiste me hubiera unido a su club aniñado." Yaten se levantó, volviendo a cubrirse con su abrigo de Teniente. "En fin, gracias por la comida. Ahora tengo cosas que hacer. Gracias a las ideas de nuestra querida líder, tengo que jugar a la niñera de Mortimer por un par de horas. ¡Ja ne!"

"Di-Diviértete." Usagi masculló, sonriendo nerviosamente en dirección de las espaldas de Yaten, las cuales desaparecieron a gran velocidad. "Haruka, antes de que explotes—"

"Iré a tomar una ducha." Haruka gruñó, mortífera con su disgusto cuando intentó remover betún de su flequillo. Sin éxito.

"¡Puedes usar mi ducha, si quieres! Es más grande y cómoda que las duchas de segunda clase." Usagi quiso ayudarle con un puñado de servilletas. Haruka las rechazó con más bufidos, escogiendo salir del vagón para cumplir su cometido.

El vagón retumbó con la fuerza con la que la puerta fue deslizada.

Usagi mordió la uña de su dedo índice, preguntándose cuando sería el funeral de Sailor Star Healer.

Luego, Seiya se destrozó en risotadas.

"¡Seiya, no es gracioso!"

Las carcajadas de Seiya sólo elevaron de volumen.

Usagi comenzó a sonreír. Se sintió un poquitín culpable. "Está bien, ¿tal vez un poco?"

"¡Eso es a lo que llamo karma instantáneo!" Seiya limpió las comisuras de sus ojos con una servilleta.

Usagi pestañeó. "Fue extraño, ¿cierto?" Camino de vuelta a la proximidad de Seiya.

"¡Es lo que se merece!" Seiya la rodeó con su brazo en cuanto la tuvo cerca, jalando de su cintura hasta que Usagi cediera a sentarse en sus piernas. El gesto le derritió por dentro.

"¿No estoy muy pesada?"

Seiya la oprimió contra su cuerpo con más seguridad. "Nunca."

Esta fue la seducción a la que Usagi no pudo resistirse. Besó a Seiya, probando los restos de sus risas contra sus labios. Guardaron el sabor a libertad, en cierta forma. Seiya era contagiosa con su encanto todo el tiempo, y esta vez no fue excepción. Usagi sujetó el rostro de la chica para mostrarle su apreciación. No sólo por la horrible noche que había pasado a su lado, sino por todas las veces en la que Usagi había caído, sin tocar el piso.

Por todas las veces que Seiya la había sostenido.

Seiya acarició su espalda, gimiendo al abrir su boca y profundizar el beso con todo gusto. Permitió que Usagi controlara el momento, nunca dejando su peso tambalear. Usagi emitió un sonido similar, sintiendo su cuerpo estremecer. En su mente, más recuerdos que habían sido reprimidos, fluyeron. Los besos, los suspiros, la manera en la que Seiya la había besado en la noche del concierto—Usagi fue envuelta entre el pasado y el presente, sujeta a un mismo anhelo. Un mismo deseo.

Aquella noche, Usagi sólo había pedido por un momento, puesto que no se había sentido merecedora de más.

Pero ahora…

"Seiya." Usagi suspiró en deleite, sintiendo labios descender a su cuello. Acurrucó su cabeza cerca de la de su novia—¿Por qué eso era Seiya, cierto? ¿Oficialmente? Sugoi, vaya que estaban haciendo todo al revés.

"¿Mm?"

Usagi frotó su propio rostro en el cuello de la mujer, reconociendo su colonia. Sintiéndose más valiente que hace cinco meses, Usagi volvió a atraer el rostro de Seiya hacia el suyo, besándola con más desgarre. Los brazos de Seiya la sujetaron con mayor dedicación, el peso de Usagi recayendo sobre ella. Usagi se colgó del pescuezo de la chica, girando su cabeza ligeramente, conforme sus labios se tomaban su tiempo para familiarizarse.

Fue novedoso no recibir interrupciones; disfrutar tiempo a solas de esta forma. Minako, Makoto, y Rei no tumbaron la puerta, acusándola por acaparar a Seiya para ella sola. Ni Taiki, ni Yaten, ni Haruka, ni siquiera Chibi-Chibi, se manifestaron mágicamente con el propósito de romper el momento.

Usagi tuvo a Seiya para ella; y lo supo aprovechar.

"Por las Estrellas." En un descanso de sus bocas, Seiya agazapó su rostro en el hombro de la rubia, un céfiro de su aliento acariciando la piel en su cercanía. "Me cuesta creer que sea real—tenerte aquí… Deberías pellizcarme, Odango."

Usagi besó su mejilla como mejor opción.

"Ha sido un camino muy largo." Usagi admitió a su oído, besando su lóbulo con ternura. "Sin embargo… siempre logramos reencontrarnos de regreso… Es lo que cuenta, ¿verdad?"

"Te extrañé, Usagi." Seiya aclaró su garganta. "Nunca dejé de pensar en ti. Seré la primera en admitir que no supe manejar mis sentimientos… Sé que hice un pésimo trabajo, que hasta Kakyuu lo notó… Busqué distracciones—de todo tipo."

Usagi la abrazó, comparando su soledad en la Tierra con la melancolía inundando la voz de Seiya.

"Cuando te percibí atravesar la atmósfera de Kinmoku, me sentí despierta por primera vez, en mucho, mucho tiempo."

"Tenía miedo." Usagi empujó de Seiya para que se pudieran mirar cara a cara. "Te imaginaba casada con alguna otra chica bonita, o tal vez con Kakyuu-Hime—"

"¿Nani?" Seiya resopló por sus narices, mirando a Usagi con una expresión incrédula. "¿Kakyuu y yo? ¿De dónde sacaste eso?"

"Uy, no lo sé, fue algo que pensé." Suspiró, resignada a ser objeto de burla por sus asunciones. "Pero, Yaten ya me aclaró que siempre han sido sólo buenas amigas. No que hubiera sido un problema si ustedes dos… ¡Digo, hubiera estado feliz por ustedes!"

"¿De qué diablos estás hablando?" Seiya levantó una ceja. Después, dejo salir una risa. "Oh, Odango, sigues diciendo las cosas más extrañas."

Usagi, sonrojada, compartió un poco del humor, encogiendo sus hombros. "Miro muchas telenovelas." Aclaró su garganta. "Mi punto es que yo tampoco sabía qué esperar. Si eras feliz, temía arruinarte tu nueva vida con esta…" Usagi miró a su estómago. "…clase de noticias."

Seiya levantó su mentón. Usagi se encontró con una bella sonrisa. "Basta de suposiciones. Sólo bésame de nuevo."

Usagi percibió su respiración entrecortar de la emoción. Se enganchó a Seiya con labios listos. Emitió un sonido de sorpresa, cuando Seiya la cargó fuera de la silla del comedor. Se sujetó de los hombros de la mujer con ojos engrandecidos, cayendo en cuenta de que la meta de Seiya era uno de los divanes dentro del observatorio.

Encontrar una posición confortable llevó algunas maldiciones y chillidos mandones de Usagi, pero al final, lo hicieron funcionar. Para cuando sus besos se reiniciaron, Usagi sentía que su corazón no podría acelerarse más, sentada en el regazo de Seiya. Con más espacio para explorar, las manos de Seiya se dedicaron a encenderle la sangre. Había muchos trucos que Usagi había desconocido hasta ahora—incluyendo esa ligera succión de su lengua, a combo con un jalón de los finos cabellos de su nuca.

Usagi sólo era humana, después de todo. Y con el embarazo, sus hormonas ocuparon de muy poco para hacer fechorías, intensificando cada sensación.

"…¿Te gusta?"

Usagi masculló una respuesta, mientas Seiya se encontró trazando el abecedario contra su pulso con su lengua.

Las vibraciones de la risa de la mujer fueron deliciosas sobre su piel sensible. Usagi encajó sus dedos dentro de los cabellos oscuros en represalia. Luego, con una mano libre, se apresuró a desenganchar los broches frontales de sus overoles, dejando caer las tiras por su espalda.

Seiya no tenía que pedir por más indicaciones. Como su primera vez en este tipo de encuentro, siguió las señales de Usagi fielmente. En segundos, una de sus manos se introdujo por debajo de su blusa, abriéndose camino por la espalda de Usagi con ansias.

Usagi respondió con gula, arqueando su cuerpo.

Nadie la había tocado de esta forma, por mucho tiempo.

Usagi lo había extrañado.

Seiya rompió su último beso, jadeando. Sus pupilas se mostraron oscuras. Su boca enrojecida. "Cielos… ¿Odango, s-segura que nunca has hecho esto con otra chica?"

Usagi sonrió, bastante orgullosa. "¿Qué tú no cuentas?"

"F-fue diferente."

"¿En qué forma?" Usagi le susurró, presionando sus labios en la comisura de su labio inferior. "Eres Seiya. Me haces sentir de la misma manera, todo el tiempo—¡Mmm!"

El asalto a sus labios fue intenso; la pasión se levantó en armas, con fuerzas rejuvenecidas. Usagi gimió con entusiasmo.

Cuando sus pechos encontraron fricción con los de Seiya, sus overoles estancándose entre sus regazos, Usagi encontró la sensación peculiar—algo nueva, y a la vez, no. Usagi había sido estrechada en los brazos de Sailor Star Fighter en sinnúmeros de ocasiones durante la batalla con el Caos. Su calidez era la misma; la estrella de Seiya desprendió la misma tranquilidad. La atracción entre ellas vibró con la misma intensidad.

Aun así, las circunstancias fueron un poco diferentes, y Usagi no esperó sentir el cuerpo de Seiya tan incitante como el de un hombre, así de fácil. Sus hormonas aprobaron de las sensaciones, mucho antes de que su cerebro terminara de procesar este nuevo territorio.

Para cuando Usagi se encontró ondulando su cuerpo en busca de más estimulación, Seiya tenía sus manos por todas partes y todo se sintió extraordinario—

"Espera." Seiya apartó su rostro de golpe, dejando caer su cabeza sobre el respaldo. "Sólo—un minuto. Necesito un maldito minuto."

Usagi gruñó en frustración. De igual forma, plantó su rostro enrojecido en la clavícula de su acompañante. "Taiki tenía razón… es algo bueno… que no pueda embarazarme de nuevo."

Las carcajadas de Seiya fueron el sonido de cascabeles. "Oh, dios. Eres dinamita para mí, Odango."

"¡Siempre me echas la culpa a mí!"

"¡Porque eres tú la que siempre comienza!"

Usagi hizo una mueca al sentir sus piernas comenzar a entumirse. "Baka."

"Cuidado." Seiya le ayudó a acostarse por el resto de la longitud del diván, acomodando sus piernas estiradas sobre su regazo para auxiliar a relajarse. Ambas terminaron contemplando el atardecer, a través del techo de cristal, la lluvia todavía presente. "Espero no haberle dado un espectáculo a la fauna."

Usagi bostezó y estiró sus propios brazos. No perdió de vista la mirada que ganó de parte de la mujer, cuando su blusa fue erguida con el movimiento. El maní definitivamente no ayudaba en conservar nada en su debido lugar. Usagi frotó sus pies cubiertos con calcetas gruesas, cuando las ganas de volver a besar a Seiya no disminuyeron. Seiya, entonces, tomó la oportunidad de acariciar el empalme de ambos para conservar el calor.

"No quiero… repetir ciertos patrones del pasado."

Usagi parpadeó. Liberó su propio suspiro.

"No tenemos que actuar a toda prisa como la última ocasión, ¿o sí? Tenemos tiempo." Seiya continuó, enviándole una sonrisa.

"Díselo a mis hormonas, Seiya, no he tenido sexo desde que supe que estaba embarazada."

"…O podríamos continuar en la comodidad de mi Suite." Antes de que Usagi le obedeciera con entusiasmo, la misma Seiya sacudió su cabeza. "¡No, Seiya! No hagas cosas buenas que parezcan malas, diría Taiki. Gomen, Odango, ese fue mi lado irresponsable hablando."

Usagi suspiró. "Comprendo, quieres que sea especial. Creo que es muy… romántico." Usagi sonrió para sí, sin despegar sus ojos del cielo multicolor. Luego, se tornó pensativa. "Además, no es como si tuviera idea de qué hacer con otra chica, hehe." Sus risas se volvieron totalmente apenadas. "¿Hay algún libro que pueda leer al respecto?"

Ante el silencio del otro lado del diván, Usagi alzó su cabecita.

"…¿Con dibujos, o algo así?"

"Las cosas que esta chica dice…" Escuchó a Seiya murmurar entre dientes. La pelinegra esclareció su garganta, su perfil ruborizado. "N-No te apures por esa parte, Odango." Su tobillo recibió una palmadita ligera en consuelo. "Yo me encargaré de entrenart—¡enseñarte! ¡Enseñarte, quise decir!"

Con imaginar el entrenamiento tan diferente en el que se vería involucrada, Usagi sintió remolinos en el estómago—algo de lo que no pudo culpar a su hijo. Su ritmo cardiaco imitó al de una locomotora.

Hubo una pausa donde ambas evitaron mirarse a la cara, sus rostros acalorados no cediendo al frio.

"Bueno—"

"¡Debería checar si Haruka está usando mi ducha, después de todo!"

"Seguro, y yo… Ejem, tengo trabajo—Sí. Trabajo." Seiya se encargó de la hazaña de levantar las piernas de Usagi de su regazo, para luego estirar de su vestimenta. "¡Oh, espera!" Enseguida, recogió los tirantes del overol de la rubia, abrochándolos sin problemas. Ofreció su mano para que Usagi se pusiera de pie.

"Arigato." Usagi susurró, sus ojos por accidente encontrándose con los de Seiya.

Se contemplaron.

"Oh. Al diablo con ser responsable. Ven aquí." El susurro fue suave, seda contra los labios de Usagi, al iniciar otro beso. Fue dulce, sin embargo. Vacío de la previa urgencia. Un adiós, con la promesa de más por venir en el futuro. Usagi se regocijó en la acción, riendo sin razón especifica al término—¡sólo por estar así de contenta! "Vamos. Ponte tus pantuflas, tus pies se enfriarán."

"Eso trato." Usagi se sujetó de los hombros de Seiya para introducir sus pies de vuelta a sus pantuflas. "¡Listo!" De puntillas, Usagi robó otro beso. Porque podía. Seiya se lo permitió por unos minutos, riendo bajo sus labios.

Con manos juntas, ropas de vuelta a la normalidad (supuestamente)—salieron del observatorio.

De regreso al mundo real.

De alguna forma, Usagi no se sintió tan temerosa de enfrentarlo.


[+]+[+]


"No necesito una niñera."

"Lastima, aun así la has obtenido."

Mortimer dejó de teclear en su computadora portátil. "¿Por qué tú?"

"Debes estar bromeando." Yaten rodó sus ojos, desde su asiento en el diván más espaciosos de la cafetería. "Ni de loca juntaríamos tus turnos de descanso con los de la Teniente Fighter. No sobreviví el Apocalipsis para terminar en prisión por ayudar en tu entierro."

"¡Oh, ahora recuerdo!" Mortimer se echó para detrás sobre su silla, pretendiendo que Yaten no había dicho palabra alguna. "¡Sailor Star Fighter debe de seguir expandiendo su amplia sabiduría de los paisajes a nuestra invitada de honor! Uno nunca debe olvidar las verdaderas prioridades de la Teniente: muy abajo en sus panta—"

"Piensa dos veces antes de terminar esa frase." Yaten cerró su computadora de golpe, endureciendo su porte. "Tu riñita por atención fue graciosa al inicio, pero tu bocota ya está muy cerca de ser considerada insubordinación. Fighter sigue siendo tu superior."

"Un título que—"

"Fighter se lo ha ganado con sangre." Yaten enfatizó, recordando cada herida mortal producida por Sailor Galaxia. "Como cada una de nosotras. Mantén separada tu vida personal de tu trabajo, ¿quieres? A nadie le importa el lio de tu ex noviecita. Me consta que aquella chica se la pasó coqueteando con Sailor Fighter, durante la visita de los Cancilleres a la Capital. Enfrente de todos. Créeme, no fue ninguna santa palomita."

Fue el turno de Mortimer de volverse rígida en su asiento.

"Y otro consejo, ya que me siento piadosa el día de hoy: aléjate de Usagi Tsukino. No intentes involucrarla en tus pequeños juegos." Yaten le sonrió con frialdad. "O estarás conociendo un lado de Seiya que ni imaginas que existe."

Mortimer bufó por sus narices. "Así que los rumores son verdad. Sailor Moon seduce hasta las almas más hostiles en la Tierra."

"No hables de Sailor Moon de esa forma." La vehemencia con la que Yaten defendió a la chica le sorprendió. No dejo de ser un impulso genuino, sin embargo. "Dioses, ¿qué parte de cierra la boca no es clara para ti? Una palabra más—"

"Me malentiendes. No buscaba insultarla." Mortimer le interrumpió. "Estoy fascinada. La Senshi de la Luna… La persona en la Galaxia completa a la que la Luz de La Esperanza creyó merecedora de su guardia."

Yaten frunció su ceño. Había pasado mucho tiempo desde que había pensado en la chiquilla de cabellos rosados. "En nuestras narices todo aquel tiempo." Murmuró para sí.

"Recuerdo a la Sailor Star Fighter del pasado. Crecí a su lado. Luché a su lado durante la invasión. Morí después de verla partir, detrás de nuestra Soberana. Era dura, un soldado que creía en sacrificar bondades por el bien mayor." La mujer se dirigió a Yaten con mentón en su mano. "No reconocí a la persona que regresó."

Yaten ponderó la situación. "Todas nosotras cambiamos. Para sobrevivir."

"La luz de su estrella—de Sailor Moon. Acoge las suyas con familiaridad. Busca por protegerlas. Ustedes responden a ella de igual forma. ¿Lo has notado?"

"¿Nani?" Sorpresa brotó en Yaten. "No digas tonterías." El mero hecho de que Mortimer insinuara que Yaten, Taiki o Seiya, no le eran fieles a Kakyuu-Hime… Yaten brincó de su asiento, encendida con la ofensa. "¿Crees que fue fácil sobrevivir la más grande guerra de la historia en la Vía Láctea? Al final, fuimos nosotras las últimas en estar de pie. Todo cambia en esas circunstancias. Las personas…"

¿Cómo explicar lo que el sacrificio colectivo de las Solar Senshis había afectado en Yaten? ¿Cómo entrar en detalles de algo tan horrendo, como ver a Uranus y Neptune desfallecer en polvo estelar, tras encargarles el cuidado de Sailor Moon? Las palabras no eran su fuerte, sino de Taiki.

"Por supuesto que le tenemos cariño. Sailor Moon es nuestra amiga." Así súbito, su coraje fue mermado a algo más humilde. "Nos devolvió todo lo que habíamos perdido."

"¿Así que sienten que le deben algo?"

Yaten carcajeó. "Estrellas, no estás entendiendo. Eres más cabeza dura lo que imaginé."

"Entiendo que las prioridades de la Teniente han cambiado irrevocablemente. Ser liberada de su cargo no es algo que uno acepta a la ligera, después de todo—"

Yaten pestañeó. -¿Qué cosa?

"—pero estoy intrigada por este cambio en su personalidad y esta nueva aceptación de Fighter por cambiar el rumbo de su carrera. ¿Qué hace a Sailor Moon así de especial?"

"Se llama enamorarse."

Yaten pestañeó al reconocer la voz.

Tenoh se abrió camino por la cafetería con una cara de pocos amigos—nada nuevo. Se dejó caer en un asiento a cierta distancia de ambas. "¿Qué? ¿Nunca te ha sucedido? ¿Son todos robots en este raro planeta?"

Yaten aclaró su garganta. "Antes de la invasión de Galaxia, a las Sailor Starlights no se les recomendaba enamorarse. Las distraía de su deber. ¿Supongo que eso es parte de tu fascinación, Mortimer?"

La Subteniente se encogió de hombros. "Imagina mi sorpresa, al ver que Fighter no sólo está siendo premiada por romper el protocolo, sino casi alentada a abandonar sus obligaciones."

"Y ahora estás insinuando que Kakyuu-Hime está mostrando favoritismo. En verdad quieres que mande tu trasero a las mazmorras de Kin-Norte." Yaten renegó. "Las reglas han cambiado también. Supéralo."

Mortimer la contempló, su rostro una máscara difícil de interpretar. "Mmm." La mujer prosiguió a comenzar a guardar sus cosas personales en su mochila. "Creo que continuaré con mis reportes en la privacidad de mi Suite. ¡Eres bienvenida en acompañarme, si insistes tanto en vigilarme! En especial ." Le guiñó el ojo a Haruka de manera descarada.

"Sigue caminando." Tenoh articuló, sin retirar su atención del menú.

Mortimer no lo tomó a mal. Al contrario, indicó apreciar el desafío por las atenciones de la extrajera. "Difícil de roer, difícil de roer. Me gusta." Murmuró, camino a la salida del vagón.

Yaten se desparramó por el diván. "Esa maldita mujer me provocó dolor de cabeza."

"Es lo que sucede cuando te obligan a pensar."

"Oi." Yaten renegó. Tras un momento donde se percató de estar a solas, con excepción de algunos pasajeros y los camareros, la chica se levantó del diván.

Arrancó el menú de las manos de la mujer. "Deja de fingir que lo puedes leer. ¿Qué quieres? Ordenaré por ti."

Tenoh le arrancó el menú de regreso. "Para tu información, he estado aprendido tu estúpido lenguaje."

Yaten achicó su mirada, analizándola. "Aw, ¿sigues molesta conmigo?"

El silencio petulante que recibió, le hizo sonreír.

"Tengo una idea." Yaten hizo un segundo asalto, removiendo el menú de los dedos de la ogra. "¿Por qué no pedimos la cena a domicilio? Así te puedo pedir disculpas en un lugar…" Yaten comenzó a retroceder, abriendo la invitación con una sonrisa que Yaten sabía que había enloquecido a sus fans. "… más privado."

Tenoh-baka resopló por sus narices, obstinada. Dobló su perfil hacia la ventanilla.

Yaten le plantó el menú al camarero en el pecho, compartiendo las dos órdenes de comida, con estrictas instrucciones de transportar todo a su Suite.

Pavoneó su cuerpo hasta la puerta corrediza de la cafetería, arrojando un último vistazo a sus espaldas. "¿Vienes?" Llamó con tono de voz alto, superando el bullicio de los pasajeros.

El déja vú fue irónico, recordando como la mujer le había aventado a Yaten la misma orden, no poco tiempo atrás.

Aguardó, una mitad de Yaten en anticipación, y la otra mitad paralizada de pánico.

"¡Maldición!"

Viendo a Tenoh comenzar a seguir sus pasos, las entrañas de Yaten dieron una voltereta. La anticipación ganó—le dominó en su totalidad.

Con pasos apresurados, Yaten se precipitó en dirección a su alcoba.

Disfrutó el ser perseguida.

Fue eventualmente alcanzada a meros centímetros de su Suite, brazos largos adueñándose de su cintura para levantarla. Riendo de la sorpresa, Yaten quiso detenerse de la puerta, sólo para que Haruka fuera la encargada en introducirlas a la privacidad.

El primer beso todavía fue una sorpresa.

Yaten enredó sus brazos en el cuello de Ten—No. De Haruka—estirándoseen puntillas a pesar de sus tacones.

Se tambalearon por la oscuridad de la Suite. Cero paracaídas, o plan de emergencia. Yaten se arrojó directo a lo desconocido de nueva cuenta, no sabiendo qué esperar.

Haruka no fue sutil. Dirigió a Yaten directo a la cama.

"¿Por qué…?" Yaten jadeó, momentos posteriores, atrapada en Haruka, pero aun escuchando la altanera voz de Mortimer en su cabeza. "¿Por qué no me lo diría?"

"¿Qué cosa?"

Yaten mandó a volar sus tacones con ligeras pataditas al aire, un puchero creciendo en sus labios. "Seiya. Renunció a su puesto."

Haruka otorgó otro beso por el borde de su mandíbula. "¿En verdad te sorprende?"

Yaten jugueteó con la costura deshilada de los pantaloncillos de mezclilla que la oprimían contra la cama. "Sabía que volvería a la Tierra. Pero, no esperé que se fuera a los extremos."

Con un suspiro, Haruka-orangután retiró su peso de Yaten. Rodó en dirección contraria, acostándose a su lado. "Seamos realistas. Difícilmente pueden criar a un bebé a larga distancia."

Oh. Sí. Yaten mordió su labio. Había olvidado ese pequeño gran detalle.

"No es justo que Seiya pueda marcharse, así nada más. ¡Tal vez yo también quisiera tomarme un descanso y visitar a Luna!"

"Pues díselo a tu Princesa."

"Jum, claro. A diferencia de Seiya, nosotras sí tenemos obligaciones que cumplir."

"Permanece aquí, entonces." Haruka gruñó. "¿Para eso me trajiste aquí, para seguir parloteando?"

-Buen punto. Yaten se abalanzó en dirección de su compañía. Su peso fue acogido con seguridad, a pesar del movimiento brusco. Plantó su boca contra la de la terrícola con renovada pasión, reajustando sus prioridades. Quería divertirse. Quería distraerse. Para eso estaba esta endemoniada mujer aquí, ¿qué no?

La voz del camarero retumbó por el otro extremo de la puerta. La cena.

Tanto Haruka, como Yaten, gimieron de la frustración. La peli-plateada se apartó de Haruka, dejando claro que ella no se estaría levantando de la cama. Haruka rodó sus ojos.

En tiempo récord, el camarero fue despachado de manera eficiente. Aterrar a pobre gente inocente era un don especial de la terrícola, después de todo. Haruka aventó con desdén la charola en el escritorio, y regresó a su lado, lista para continuar dónde se habían quedado.

Yaten le detuvo con una mano en su pecho. "Alto ahí. ¿Colocaste el seguro en la puerta?"

Haruka rodó sus ojos en blanco. Otra vez. "Maldita sea." Considerando lo que había en riesgo, Haruka se apresuró a cumplir la misión de impedirle acceso a personas indeseables. Hasta recordó de reforzar la seguridad de la puerta corrediza que unía las alcobas.

"¿Qué sigue? ¿Liberar a los sabuesos?"

Yaten, deliberadamente, encendió la lámpara al costado de la cama.

El satén de su ropa interior resplandeció con la nueva fuente de luz.

Frente a ella, Yaten presenció distintas tonalidades morfar en los ojos índigos de Haruka con el descubrimiento, los significados siendo difíciles de descifrar.

"Para que no digas que no soy buena en improvisar." Yaten enunció entre dientes. Desvió su mirada. Fue sofocante sostener la de la bóveda humana, acompañándola.

¿Por qué Haruka-baka tenía que ser tan intensa para todo? En contra de su voluntad, calor emergió por su rostro y parte de su busto. -Demonios. Yaten aborrecía no tener control absoluto de respuestas fisiológicas tan estúpidas como éstas…

Casi perezosa en su andar, Haruka caminó hacia la cama. Yaten escuchó los sonidos de botines ser descartados. La lluvia de afuera, golpeteando sobre las ventallas y el techo. El motor del maldito tren.

Sintió las vibraciones de las vías.

El palpitar de su corazón.

Haruka tomó asiento en el borde del lecho, justo a la altura de las caderas semidesnudas de la Star Senshi. Al tenerla así de cerca, Yaten se percató de que su camiseta propia había sido desabotonada en el trascurso. Un sostén deportivo se asomó por la blancura de la tela.

Cuando Haruka la tocó, fue para sostener su barbilla.

Yaten no esperó, elevó su cabeza de la almohada, chocando su boca con la de Haruka a mitad de la trayectoria. Jaloneó de la camiseta abierta, queriendo deshacerse de ella. Haruka, al menos, fue útil para lograr el cometido, cesando su ataque en sus labios para descender por su clavícula.

Yaten, sin palabras, utilizó sus propias manos para tumbar los tirantes del sostén de Haruka.

Se preguntó si alguna de las chiquillas terrícolas sabía de la existencia de la peculiar colección de pequeños tatuajes en el cuerpo de la mujer: un delicado florete de esgrima encima del área de su corazón; una senda de pétalos de rosa trazando su costilla derecha, una cruz en lo bajo de su obligo—Yaten besó el contorno del florete, curiosa por la elección de dibujo.

Al sentirla, Haruka reaccionó con extrañeza. Le empujó de vuelta a la cama, cabellos revueltos y un ligero rubor en su rostro.

Yaten le sonrió.

Haruka aclaró su garganta. La mujer decidió terminar el proceso de desabrochar su sostén y retirar sus pantalones. ¡Excelente idea!

"Gracioso que el termostato funcione bien el día hoy."

Yaten fingió sorpresa. "¡Debieron de haberlo arreglado! Trabajan rápido, me aseguraré de darles una buena propina."

"Mn." Haruka jaló de las cubiertas. "Metete ahí de todas formas."

Yaten no necesitaba ser dicha dos veces. Definitivamente apreciaba la protección de las cobijas, y no sólo por el calor. Una vez cubierta, prosiguió a retirar su sostén y sus pantaletas, sintiéndose más a gusto con la protección. Haruka se le unió, acomodándose a su lado, ya no sobre ella. Yaten se acurrucó de inmediato, buscando su calor. Ante el inevitable reencuentro, se besaron de nuevo, sus torsos presionándose juntos.

Yaten gimió, al sentir a Haruka morder su labio inferior.

Haruka apretó sus dedos con el que sostenía su cadera desnuda. "¿Quieres que nos escuche todo el tren?"

"Bah." Yaten rodó sus ojos. "No les debería incumbir lo que pase aquí dentro."

Haruka lo vio como permiso para hacer fechorías, la muy bruta. Su próximo ataque tuvo un objetivo diferente, causándoles cosquillas cerca de sus axilas. Nadie más que Yaten se sorprendió por su explosión de risillas.

Maldita.

"¡Detente! ¡No, no, no, no!" Yaten se revolcó por la cama en busca de escape. "¡BA-BAKA!"

"Esto es por lanzar un maldito pastel a mi cabeza." Haruka se escuchó profundamente satisfecha.

Yaten emitió una serie de chillidos y pataleos que pondrían a cualquier berrinche infantil en vergüenza. "¡No… lo pude evitar! ¡Estabas… haciendo… el ridículo!"

"¿Ah, sí?"

Mala elección de palabras. Las cosquillas se intensificaron.

Justo cuando Yaten estuvo a punto de rodar al piso, Haruka le salvó el trasero, jalándose de vuelta a la cama en tregua. Yaten aprovechó para plantar una almohada en su carota. Jadeando y con su estomago adolorido por las fuerzas de sus risas, Yaten se tomó un descanso, reajustando sus cabellos.

"¡Ay, no! ¡Me hiciste sudar!"

La almohada fue apartada. La mirada escéptica de Haruka se asomó.

Yaten le arrojó una segunda almohada. Esta vez, sus risitas fueron causadas por razones distintas.

Wow.

¿Cuándo exactamente, había sido la última vez que Yaten había reído de esta forma?

"La cena se debe haber enfriado." Haruka mencionó, acomodando sus brazos detrás de su cabeza.

"¿Oh, ahora sí quieres comer?"

"¿Qué te pasa? Soy una chica en crecimiento."

Yaten volvió a reír. La chica cubrió su torso con las sábanas. Se sentó sobre la cama, contemplando a la grandulona en reposo. "Pensé que eras una reliquia, ¿qué no? Más vieja que los dinosaurios."

"Oi." Haruka le lanzó una mirada poco grata.

Yaten jugueteó con franjas de cabello cobrizo. Le dio mucha gracia el notar todavía rastros de betún que la mujer no había alcanzado a lavar bien. "Kyoryu Tenoh suena mucho mejor, ¿no crees?"

Haruka atrapó su muñeca.

En un movimiento súbito, Yaten fue arrastrada de vuelta a las sábanas.


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Un aglomerado de astros foráneos se aproximaba a Sang Froid.

Severina despertó esa mañana con la certeza.

"Espero que los preparativos de bienvenida ya estén listos, por favor. Mi hija está pronto a arribar. Lo puedo sentir. Quiero nada menos que perfección a la hora de darle la bienvenida." Durante la sesión concejal, fue clara con sus requerimientos, ganándose miradas preocupadas del Jefe de Moneda, al notar como los gastos de las festividades seguían acumulándose.

Su hermana, Mürbe, fue la primera en presentar su opinión, una vez a solas en el observatorio.

"Pensé que no querías atraer atención de sobra a la llegada de Seiya-Eid."

"Cambié de opinión." Severina esperó que pretender leer los reportes mandados por su hija, fuera suficiente para evitar que Mürbe alargara la conversación. "Sailor Star Fighter es una heroína de Guerra conmemorada. El Distrito Froid debería encontrar regocijo en tenerla de regreso en su ciudad natal. Merece eso, y más."

Mürbe se asomó por detrás de su hombro, husmeando por la pantalla de la computadora portátil. Severina le empujó con un jalón de orejas.

"¿A qué se refiere el reporte con que viene con un cargamento especial?"

"Provisiones, lo más probable."

"Mmm."

"Mürbe, ¿qué acaso no tienes deberes? Estás a cargo de la coordinación del festival de Flores de Hielo, ¿no es así?"

"Uf, Sevy. ¿Con quién crees que estás hablando?" Mürbe alzó sus narices con seguridad. "Ya todo está listo. ¡Me alegra muchísimo que Seiya-Eid pueda asistir este año, hace tanto tiempo que no la vemos! ¿Cómo crees que le habrá afectado vivir en otro planeta? Mmm. Espero no le hayan crecido extremidades extras, o algo así. Nunca se sabe con la radiación de otras atmosferas, ¿eh?"

"No te preocupes. Tuve llamada con ella antes de que dejara la capital. Ninguna extremidad de sobra." Su hija había lucido cansada, eso sí. Cansada, y muy pensativa. Severina la extrañaba. Con todo su corazón. No podía esperar para tenerla en sus brazos y contar ella misma las muchas cicatrices que su estrella fugaz debía haber acumulado en sus aventuras. Y Severina no solo se refería a las físicas. "Viene acompañada. Sailor Star Healer se unió a la caravana en último minuto."

"¿La flaquita del Este? Mucho mejor. ¡Esa chiquilla siempre trae los mejores chismes de la Capital!"

Severina suspiró. "No empieces con tus malas prácticas, Mürbe. "

"¿Qué hay de los otros invitados?"

Severina frunció su celó. "¿De qué hablas?"

"No pongas esa cara. Yo también las percibí. No eres la única sensible a los movimientos de las estrellas, querida hermana." Mürbe tomó asiento en el borde la mesa concejal guiñando su ojo dorado. "Tres semillas estelares extraordinarias viajan a bordo con Seiya-Eid. No lo niegues. Una en particular, siendo el más inmenso resplandor que jamás he sentido en mi vida. ¿Kakyuu-Hime, acaso?"

Severina se mantuvo en silencio.

"¡Vamos, Sevy! ¡Sé que debes saber de lo que has dicho en las juntas!"

"Estoy bajo juramento de silencio de compartir más detalles. Lo averiguarás cuando lleguen, si es que Seiya lo cree conveniente." Severina se levantó de la mesa, manos en su cintura. "Así que recuerda ser discreta, ¿oíste?

Un puchero se formó en los labios púrpuras de Mürbe. "¡Ahora quiero saber más que antes!"

"Si te lo digo, se arruinará la diversión." Severina le torturó con maldad, dirigiéndose a la salida del Consejo. "Si ya terminaste con los preparativos del Festival, ayuda en el recibiendo de tu sobrina favorita, ¿quieres? No estaba bromeando. La puedo sentir muy cerca de nosotros."

"Seiya es mi única sobrina."

"¡A trabajar, dije!"

Severina hizo un desvío en su rutina usual, dirigiéndose al ala del castillo que había pertenecido a Seiya. La habitación había sido reordenada a sus órdenes, colocándose muchas posesiones de la infancia de su hija en almacenaje.

Aun así, al llegar a la alcoba, encontró más que un recuerdo de la anterior dueña por allí. Libros. Fotografías familiares. Una de las primeras guitarras que Seiya había recibido de obsequio.

Severina se acomodó en la cama, uno de los varios retratos, fijo en sus manos.

"Lagartija." Severina le susurró con cariño al rostro cachetón sonriéndole a la cámara. Se atesorada Eid. Había sido tomada durante un viaje de pesca. En la fotografía Seiya estaba cubierta en lodo, su vestido de verano totalmente arruinado. Al menos había pescado un pez grande. "Espero de todo corazón que hayas encontrado, lo que este lado de la Galaxia nunca pudo brindarte."

-"Hay algo más que quiero informarte... Sailor Moon nos acompañará."

Severina hizo un sonido resignado, al recordar la peculiar expresión en su hija, durante su llamada.

En efecto, un resplandor sin igual, jamás percibido en Kinmoku-sei.

Severina no sabía qué pensar.

Sailor Moon.

La responsable de liberar todas las semillas estelares robadas por Sailor Galaxia, incluyendo la de la misma Severina.

La dueña de aquella abrasadora calidez, que ahora iluminaba un camino hacia el Norte, de manera precipitada.

Decir que Severina estaba intrigada al igual que Mürbe, era poco.

Perdió noción del tiempo, inmersa en tantos recuerdos de la infancia de su hija, que cuando una de las doncellas en servicio, tocó a la alcoba, Severina parpadeó desconcertada.

"¿Dama Severina?"

Severina se levantó de la cama. "¿Sí, Lara?"

Lara le sonrió. "Se ha detectado el Tren Express de la Capital cruzar el Puente Gris. Los viajeros que hemos estado esperando han entrado oficialmente a Kin-Norte. Se espera su llegada a la ciudad en una hora."

"Astros, eso sí que fue rápido." Severina jaló de su saco blanco. "Wow. En verdad está aquí, Lara."

Lara rio dulcemente con la muestra de nervios de la Soberana. "¡Así es! ¡Sagrado sea Ianto!"

Severina se permitió tomar las manos de la doncella con las suyas, brincando unos minutos con sus tacones. El par carcajeó, una más nerviosa que la otra.

"Es hora." Severina aclaró su garganta, reincorporando su compostura. "Gracias, Lara. Me dirigiré a las puertas de bienvenida del castillo de inmediato."

Lara se inclinó en despedida. La dejó a solas, instantes posteriores.

Severina respiró hondo.

El resplandor de Sailor Moon fue omnipresente, ahora que Severina se esmeró más en detectar su rastro. Casi inescapable.

"Supongo que no hay mejor momento para darle la cara a nuestra supuesta salvadora." Severina resopló por sus narices. "Sólo espero que no sea una niña mimada con antenas."

La conmoción reinó el castillo, las noticias ya corriendo por todo el lugar. Severina no se dejó distraer por el caos, conociendo el camino a la plataforma de recibimiento del castillo como la palma de su mano. Sus pasos fueron tranquilos, mesurados. Cabeza erguida, hombros hacia atrás. Espalda recta. Severina ya conocía la rutina. Sabía lo que se esperaba de ella.

Ya en la planta baja del castillo, Severina fue recibida por los Senadores y los demás integrantes del Consejo en la plataforma. No hubo rastro de Mürbe. Muy bien, eso significaba, que en efecto, estaba trabajando. "Caballeros, Damas de la corte. Bienvenidos."

"Dama Severina." Le saludaron en diferentes tonos y tiempos.

"¿Listos?"

El Senador Thorn, el más cercano a Severina, le sonrió con emoción. No fue para menos, siendo tan joven en su cargo, y sin tener la oportunidad de conocer a la legendaria Teniente Fighter, hasta este momento.

Severina fijó su atención al frente. A las montañas de donde pronto surgiría el tren. "Que la esperanza se moldee en nuestra defensa." El rezó salió de sus labios, como era tradición para atraer buena fortuna. "…Y que el escudo de Ianto nos sostenga."


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Fin de Parte 6.

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NdA:

(1) Ahora si me disculpan, tengo que ir a pintarme el cabello de rosa. Agregaré notas más detalladas más tarde. :D ¡Saludos y besos a todos!

(2) Les dije que Severina-Sang-Perra no sería tan perra en este fic.

(3) Kyoryu= Dinosaurio xD

(4) La inocencia se considera encantadora porque ofrece deliciosas posibilidades de explotación -Mason Cooley.