"Tiempo y Espacio (Son Ilusiones)."

Por B.B. Asmodeus.


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Fandom: Sailor Moon.

Parejas: Usagi Tsukino (Sailor Moon/Neo Reina Serenity)/Varios (as). Si quieren spoilers, busquen al final de la historia.

Rating: Teen.

Categorías/Advertencias: Realidades Alternas, Romance, Drama, Humor, Hurt/Confort, Tragedia, insinuaciones de relación polyamory (así es).

Advertencias: Muerte de personaje en la primera parte. Infidelidad. Mucho crack.

Nota especial de los orígenes de esta historia: Abordando la máquina del tiempo, viajemos a la fecha de 4/10/2005 cuando la idea de esta historia se me hizo interesante y aún era escritora súper amateur. Anoche me he sentado a revisar este fic, y vaya, vaya.

He encontrado cringe a más no poder, aunque también buena razón para hacer brillar más este diamante en bruto.

La versión vieja de este fic la pueden encontrar en ffnet bajo el título "Cinco Cosas Que No Sucedieron." La cual no borraré por respeto (digo, es una p*ta reliquia a estas alturas). Dicho esto, me tomé la molestia de unificar todas las partes en un One-Shot, reinventar el nombre, agregar más escenas (que estaban sólo guardando polvo en mi GDrive sin conclusión), hacer ligeras ediciones ortográficas y narrativas…

¡Y uala!

Espero lo disfruten.


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1.

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"Tenía que haber un universo, solo este, en el que no termináramos juntos.

Aquí y ahora, resulta ser el caso."

-Gaby Dunn.

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Murió aún joven.

A un sistema solar de distancia, como un recuerdo destellando de regreso a la vida, Usagi sintió su estrella apagarse.

Habían transcurrido muchos años desde su último encuentro—muchas batallas, lágrimas derramas, risas saboreadas, sangre escupida—pero, aun así, Usagi cayó de rodillas, el cariño por Kou Seiya todavía tan fresco en su corazón como si se hubieran despedido el día anterior.

Usagi cubrió su rostro, incrédula ante la prematura desaparición de Sailor Star Fighter dentro del Cosmos.

No esperó a ser convocada.

Sacó el Cristal de Plata y Eternal Sailor Moon trazó su camino a través de la galaxia, buscando... Temiendo a lo que se encontraría.

Necesitando cerciorarse de los hechos.

Cuando llegó a Kinmoku, fue recibida por Kakyuu-Hime.

Con tan solo la estremecedora tristeza en su mirada, Usagi obtuvo su respuesta.

Ninguna articuló una palabra, ni siquiera de saludo, todas las formalidades volando en trizas. Al percatarse de haber aterrizado en uno de los jardines del Palacio, la terrícola se dejó caer sobre un campo enorme de césped kinmokusiano, su color púrpura perturbándola por tan solo un segundo.

Resultaba cruel, que después de tener ganada la mala reputación de niña llorona, en este momento a Sailor Moon no le fuera posible derramar lágrimas.

Se sentía... dañada. Como un juguete averiado.

Seiya merecía ser llorada.

Kakyuu se mantuvo a una distancia respetable, cambiada por el tiempo y el esfuerzo de gobernar por más de una década. Usagi tuvo el presentimiento de que a pesar de ser permitida llegar a Kinmoku, eso no significaba que era completamente bienvenida.

La expresión en la Gobernante de las Flores Doradas varió entre una máscara estoica, incomodidad, y dolor por su perdida personal. No había calor en sus facciones. Sino una resignación. Usagi sintió una repentina furia correr por sus venas, y esa furia fue exactamente el impulso que necesitó, para romper el silencio.

"¿Qué sucedió?"

Kakyuu brincó sobre-saltada. Aclaró su garganta tras unos minutos. "Estuvo enferma por un largo tiempo."

"¿De qué?" ¿Una enfermedad? Resultaba ridículo que algo como eso hubiera sido el fin de alguien como Sailor Star Fighter. "¿Qué clase de enfermedad?"

"Una muy común en Kinmoku-sei, desafortunadamente."

"¿Por qué no lo supe con anterioridad? Seiya y yo fuimos buenas amigas, yo hubiera..." Usagi cubrió su boca, un nudo atorándose en su garganta. "Seiya baka."

"Fighter era una persona altamente orgullosa. No deseaba que la recordaras en un estado menos fiel al que debes guardar en tu memoria, Serenity-Hime." Kakyuu pareció adquirir más sintonía con sus sentimientos, su ligera mueca vulnerable revelando una fracción de su dolor. "Le dije que vendrías, pero siempre se negó a creerlo."

"Hubiera venido en cualquier momento." Sailor Moon tragó saliva de manera compulsiva. "¿Dónde se encuentra ahora?"

Kakyuu lució sorprendida con la pregunta. "Todavía en su alcoba. Pronto comenzarán los rituales funerarios..."

Horror le invadió. "Quiero verla." Eternal Sailor Moon alzó su frente, caminando hacia Kakyuu. La plegaria apenas fue comprensible. "Por favor... ¿Podría despedirme?"

"Por supuesto." Kakyuu-Hime aclaró su propia garganta. "Ven conmigo."

Ser dirigida por el Palacio fue una experiencia surreal. Sailor Moon sabía que su presencia debía estar llamando la atención de muchos. Su cabeza fue invadida por una densa neblina, sin embargo. No tuvo las energías para procesar el efecto de su presencia en otros.

Fue traída de vuelta a la realidad hasta que Sailor Moon percibió la figura de Kakyuu-Hime detenerse frente a una puerta en particular. Había dos guardias en turno, y tras compartir una conversación en susurros, la mujer se tornó a Sailor Moon con una expresión solemne.

"Maker y Healer siguen dentro con el cuerpo. Puedo pedirles que te den privacidad, si lo deseas."

Sailor Moon meneó su cabeza en negación. Decidió desactivar su henshin, no queriendo intimidar a nadie con su estatus. Sus ropas civiles reemplazaron su atuendo.

Sin más, Kakyuu tocó a la puerta. Esperaron.

La puerta rechinó al ceder el paso.

Kakyuu indicó con su mentón que Usagi era bienvenida a pasar.

Había transcurrido cerca de doce años desde que Usagi había visto a las demás Starlights cara a cara. Compartir cartas y videollamadas de vez en cuando, no fue lo mismo al tenerlas en carne y hueso.

No había mucha luz en la alcoba. Las cortinas de la suite estaban caídas, y la mínima fuerte de iluminación vino de una lámpara cerca de la cama—

Usagi frenó. Tambaleó por un segundo.

Dos rostros se voltearon hacia la chica. Yaten, de una de las ventanas. Taiki, cerca del cuerpo, al pie de la cama.

"Tsukino-san." Taiki fue gentil al dirigirse a ella, cruzada de brazos.

Yaten simplemente se volteó hacia la ventana, tallando su rostro de manera no tan sutil.

Usagi respiró hondo.

Terminó su entrada al lugar, cerrando la puerta tras de sí. Sus botines hicieron eco en el piso, marcando el trayecto hacia el centro de la habitación. Usagi sintió una opresión en su pecho conforme se fue acercando más y más. Su corazón, por su parte, pareció ser el único sonido en sus oídos, un tambor acelerado.

Sus ojos permanecieron abajo, evadiendo a Taiki

El cuerpo había sido acomodado, al parecer. La forma estática en la que Seiya estaba postrada en su cama fue en contra de toda característica de la persona que Usagi recordaba. Lo primero que identificó fue una mano inmóvil.

Usagi no la tomó, se limitó a recorrer sus yemas ligeramente por los dedos. Percibió rastros de calidez todavía viniendo de su piel. Usagi frunció su ceño, perturbaba por el hecho.

"Te daremos un momento." Taiki irrumpió de nuevo. "Yaten—"

"No." Usagi habló por primera vez, con pleno horror. "Por favor no se vayan."

En su arrebate, Usagi se dirigió a las chicas, sus ojos engrandecidos enlazándose con una sorpresa similar en las facciones de Taiki.

"No quiero estar sola con..." Usagi aclaró su garganta. "Por Kamisama... No puedo."

"Nos quedaremos, tranquila." Taiki le lanzó una mirada a Yaten. "Solo te daremos tu espacio, entonces, ¿de acuerdo? No nos iremos."

Usagi asintió, sus gestos funcionando en automático. La chica prosiguió a transportar su atención.

Seiya lucía como si estuviera dormida.

Su cabello estaba suelto, acomodado hacia un costado de su rostro. Para su sorpresa, la mujer vestía ropa muy conocida del planeta Tierra, un slogan gastado de un grupo de rock estadounidense siendo visible desde este punto. Había distintos aretes en su oreja derecha y rastro de un tatuaje asomándose de su antebrazo.

Sus facciones habían madurado con el tiempo.

Aun así, Usagi reconoció a su amiga.

"Claro que tuviste que causar un alboroto para hacerme venir a verte." Usagi murmuró, no teniendo otra opción que sentarse en la orilla de la cama, dándoles las espaldas a las Starlights. "Una llamada telefónica hubiera sido suficiente. Hubiera venido, Seiya."

Su voz quebró.

Usagi presionó sus párpados cerrados. Dolor explotó desde su corazón, al resto de su ser.

"Hu-Hubiera... venido."

Si Seiya la había necesitado, Usagi hubiera dejado todo para venir a auxiliarla. Era lo que amigas hacían una por la otra.

-"Nada de llorar, Odango. Sabes que no me gusta verte triste."

Usagi se aferró al fantasma susurrando en su cabeza, sonriendo a pesar de las lágrimas cruzando sus mejillas.

"Nos veremos de nuevo." Usagi estiró su mano, atreviéndose a acariciar los cabellos azabaches de la corona de su cabeza. "Te lo prometo."

Los rastros de la estrella de Sailor Star Fighter fueron jalados del éter, respondiendo al llamado del Ginzuishou. Se albergaron en la forma de polvo cósmico, una historia que sólo Usagi recordaría. Sus aventuras, sus altos y bajos, sufridos juntas—la confusión y el desamor. La nostalgia, la añoranza de lo que no pudo ser—todo se inmortalizó en su propio astro interior.

Usagi arrebató todo lo que pudo de regreso del Caldero—de las manos del Destino mismo.

Y lo reformó en algo nuevo.

"¿Nani?" A la distancia, la voz de Yaten se escuchó con coraje. "¿Qué estás haciendo?"

-Nos veremos de nuevo, Seiya. Eso te lo prometo. Usagi sonrió para sí, el resplandor de su estrella siendo aceptada por la de su amiga, causando solo más agonía. -Viviré por un largo, largo tiempo. Veré todo lo que amo vivir y morir, pero yo permaneceré en el mismo lugar.

Seiya fue liberada de nuevo, esta vez, al vasto universo.

Reencarnada.

La alcoba fue envuelta en sombras de nuevo.

Sobre la cama, el cuerpo fue sólo eso—un cuerpo sin vida, vaciado de calidez, un cascarón gris que pronto se convertiría en cenizas, y nada más.

"Arigatou." Provino de Taiki, en algún punto de sus espaldas. "Si alguien merece tener otra oportunidad, es ella."

"No entiendo—¿Qué rayos hizo, Taiki?"

De repente, la misma Usagi fue jaloneada por Yaten.

"Yo—" Usagi no pudo decir más, al ser expuesta a las lágrimas de la otra chica.

"Seiya reencarnará." Taiki continuó, tumbándose sobre la cama a lado de Usagi. Toda cantidad de fortaleza pareció ser diluida de su cuerpo. "Es una cualidad del Ginzuishou... ¿Cierto, Usagi? ¿Seiya tendrá otra oportunidad? Por favor, dime que así será."

Yaten soltó a la terrícola, por fin comprendiendo.

Usagi juntó sus puños en su regazo. Temblaban. "Es lo que único que puedo hacer por ella."

Yaten explotó en otro sollozo. "Ésa idiota..."

"Es suficiente." Taiki le sorprendió, al rodear los hombros de la rubia con su brazo. La solidaridad le terminó de romper el corazón. "Es más que suficiente."

No lo era. No en realidad, a los ojos de Usagi.

Pero de hoy en adelante, Usagi no tendría otra cosa en sus manos más que tiempo. De sobra.

Por Seiya, esperaría todo el tiempo que fuera necesario.

Se verían de nuevo.

Y esta vez, Usagi no la dejaría ir.


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2.

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"Mata a todos mis demonios

y mis ángeles también pueden morir."

-Tennessee Williams.

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Se había acostumbrado al paisaje, hoy en día. No era tan malo... Por lo menos no ahora, que miraba con diferentes ojos. Con diferente conciencia. Con diferente punto de vista.

Ahora les daba la bienvenida a los templos de cristal, a la Ciudad que alguna vez ella había muerto por salvar. Al silencio, que las personas congelabas, proporcionaban. A veces, tenía pesadillas donde todavía era la Princesa de la Utopía pérdida del Milenio de Plata, donde todavía seguía enamorada de la ilusión de una vida pasada.

Pero, ya no.

Brazos rodearon su cintura, mientras Serenity cerraba las puertas del balcón de su habitación. Cabellos lacios acariciaron su cuello. Labios cálidos susurraron a su oído: "Todo ha terminado."

Serenity dejó una sonrisa dibujar sus labios. "¿Encontraron a la última rebelde?"

Diamante asintió, moviéndola a su antojo, para tenerla cara a cara. "Encontrada y aniquilada. Aunque, por informes del Gran Sabio, Sailor Jupiter fue difícil de derrotar."

Serenity suspiró, sus propios brazos enredándose, lentamente, al cuello del nuevo Soberano del Planeta Tierra. "Makoto siempre fue la ruda del grupo. La nuez difícil de hacer pedazos."

Diamante rio suavemente. Su mano se levantó para tomar el mentón de su amada y en cuestión de segundos, sus labios se unieron. Serenity dejó salir un leve sonido de satisfacción, y Diamante presionó sus labios con más fuerza. Serenity sabía lo que hacia la sangre arder en el hombre, entre más fuerte el arrebate pasional, más fervor conllevaba sus uniones carnales. Serenity aplicó los trucos que había aprendido, apartando sus manos del cuello de Diamante para hundirse mejor en sus cabellos.

Haló de ellos con fuerza.

Mordió su labio inferior.

Diamante gruñó.

"¿Cuándo dejamos este planeta?" Serenity murmuró, rompiendo el beso adrede. Dejó caer su frente contra la de su nuevo esposo.

"Cuando… lo desees. Sailor Saturn y Black Lady sólo esperan mi orden para destruir este planeta. Zafiro ya encontró el punto perfecto para nuestra siguiente estancia."

"Perfecto." Serenity le otorgó una sonrisa; vio el eco del gesto en sus amantes. Por dentro tembló con las ansías de delinear tales comisuras con su lengua. "Ahora… ¿Qué tal si festejamos?"

Diamante no respondió. En vez de eso, levantó a Serenity en sus brazos, con destino a la cama. Las sábanas seguían revueltas de la noche anterior.

Horas después, mientras Diamante dejaba la habitación para seguir con sus planes, una risueña y exhausta Serenity le preguntó, con toda la curiosidad del mundo:

"¿Cómo se llama?"

"¿Hmm?"

"El planeta donde nos hospedaremos."

Diamante ajustó el broche de su hombro, perfeccionando su atuendo. Tiró su respuesta al aire, totalmente de manera inconsecuente.

"Oh. Kinmoku-sei."


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3.

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"Tener tacto no es decir la verdad. Yo paso."

-Cordelia Chase.

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"¡Yaten-chan!" Usagi llegó a la sala y le abrazó por detrás. Yaten levantó su rostro, todavía sentada en el sofá a pesar de la nueva visita, para encontrarse con el de ella. Usagi recargó su frente sobre su fleco plateado.

"¿Qué?" Yaten demandó, en vez de comportarse como una persona normal—considerada y cariñosa—nunca soltando la revista de sus manos.

"Tengo hambre. ¡Vamos a comprar algo!" Su voz fue dulce, queriendo ser convincente. Pero, Yaten hizo una mueca de disgusto, matando las esperanzas de su novia.

"Pero, está lloviendo."

"¡Vamos! Por favor…" Usagi le regaló un beso en la frente. "Tengo que cortarme el pelo… y quiero saber cómo te gustaría."

"No."

Usagi suspiró, vencida. "Bien. Entonces, iré sola." Lo soltó bruscamente, la resignación pronto volviéndose enojo.

"¡Está lloviendo a cántaros!" Repitió la joven, al mismo tiempo que se levantaba del sofá. La revista salió volando al piso.

"Tú sabes que me gusta la lluvia." Dijo ella, tratando de que no notara la tristeza en su voz. Aunque fue inútil, porque para Yaten el temblor de su tono no pasó desapercibido.

No que eso hiciera una diferencia, claro. Yaten podía ser aún más obstinada que Usagi.

"Te vas a enfermar." Yaten se cruzó de brazos, su rostro tan serio que la hizo estremecer. "¡Luego vas a venir y nos vas a enfermar a todos!"

"¿Qué pasa?" Seiya preguntó, entrando a la sala, seguramente atraída por el escándalo. Usagi sólo suspiró y salió del apartamento.

"¡Yaten-baka! ¿Qué le hiciste ahora?"

"¡Eso no te importa!" Yaten tomó la chaqueta más cercana y salió del apartamento. En dos segundos regresó para tomar un paraguas y se volvió a ir, gruñendo entre dientes sobre niñas caprichosas.

Yaten salió a las calles y no le fue difícil distinguir unos odangos rubios a la distancia.

"¡Usagi! ¡Espérame!"

Usagi cruzó la calle, ignorándola, mojándose en el proceso. Yaten pensó, aproximadamente diez veces, antes de cruzar la calle y decidirse por correr el riesgo de mojarse, aún con el paraguas.

"¡Usagi!" Yaten gritó con ímpetu. Su novia por fin se detuvo, después de la décima repetición de su nombre, y volteó lentamente hacia la ex ídola.

"Yaten…" Sus enormes ojos azules se engrandecieron al verlo. Yaten llegó agitada, a unos centímetros de ella, y la tapó con el paraguas, rápidamente.

"Usa-baka, te dije que—" No terminó su regaño, gracias al abrazo en el que Usagi lo envolvió. Yaten suspiró, y aunque nunca lo admitiría en su vida, se sintió aliviada.

Puesto que, Usagi siempre la perdonaba.

Para el eterno coraje de Seiya.

"Viniste hasta acá…" Usagi se separó poco a poco. Su rostro tan cerca del de Yaten que sus narices se rozaban juguetonamente.

"Cielos, mira no más, estás empapada—" Yaten fue interrumpida, de nuevo, por un dulce y tímido beso.

"¿Qué? ¿Miedo a que tu suéter favorito se moje?" La coneja comenzó a burlarse. Yaten roló sus ojos, un puchero torciendo sus facciones. Luego acomodó sus manos, para que las suyas estuvieran unidas entre las de la rubia, en un fuerte apretón.

El puchero se transformó en algo más, en un gesto raramente usado: una sonrisa.

"Empiezas a conocerme."

Usagi solamente rio, obteniendo una prueba más, de que tanto Yaten se preocupaba por ella.


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4.

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"Gracias, el que sigue."

-Ariana Grande.

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Era la perfecta manera de decir adiós.

Usagi no había encontrado las fuerzas necesarias para hacerlo ella sola, así que, Luna y Rei la acompañaban. Aunque ambas guardaban su distancia, sabiendo perfectamente que Usagi debía tener su privacidad.

Usagi caminó a la cocina del apartamento y encendió la estufa. Mientras el fuego iluminaba levemente el lugar, Usagi sacó los sobres que guardaban sus últimos lazos con el hombre que había amado.

El primer sacrificio fue un sobre rosa, letra ahora borrosa por los daños causados por el largo viaje de regreso de E.U. hasta Japón. Las orillas estaban torcidas, y Usagi imaginaba que era culpa de las tantas manos por las cuales debió haber pasado, en la Compañía de Correos.

Usagi respiró profundo. Levantó la carta, sin más preámbulos. Conforme se acercaba el objeto de papel a las llamas enojadas de la estufa, Usagi pensó en todas las personas que estaba dejando atrás con esta decisión.

Pero, Usagi estaba cansada de medirse a los estándares de otras personas.

Ya sólo una persona importada, y por ella, Usagi hacía lo que hacía.

Mientras la primera carta se hacía cenizas, la segunda no tardó en reemplazarla, y así sucesivamente. Fue una verdadera sorpresa para Usagi sentir un peso levantándose de sus hombres, cada vez que la cantidad de letras de amor disminuía.

Finalmente, el primer paso del ritual de despedida había terminado. Ahora faltaba dejar aquí el objeto restante que representaba su pasado con este hombre, en un lugar al que no volvería.

Rei le sonrió suavemente mientras Usagi se dirigió a la habitación principal. Una señal de apoyo, y Kamisama, cuanto Usagi lo necesitaba.

Finalmente, Usagi entró a la habitación de Mamoru, acongojada. Su pecho se apretó con una infinidad de sensaciones.

Rabia, cariño, nostalgia, tristeza.

Desamor. Desilusión.

Sentándose en el pie de la cama, Usagi sacó de su bolsillo la estrella dorada, que alguna le había revelado secretos de su corazón, éstos siendo escondidos por milenios. La colocó, delicadamente, en el colchón y con eso, Usagi terminó el segundo paso del ritual.

"Lo siento tanto, Mamo-chan."

Silencio.

"Donde quiera que estés, espero que estés bien. Espero que… que ya me hayas olvidado, porque sé que así las cosas se volverán más simples, para ambos."

Se puso de pie y comenzó a declarar lo que, tal vez, hubiera escrito en su última carta.

"Seiya me preguntó si podía reemplazarte."

Más silencio.

"Voy a darle mi respuesta esta noche, en su concierto final."

Usagi decidió que era suficiente. No tenía que darle tanta explicación a alguien que no le había dado ninguna, durante casi un año de ausencia. Salió de la habitación y caminó apresurada hasta la salida, donde Rei y Luna ya la esperaban.

Usagi sonrió. Lo había logrado.

Le había dicho Adiós a Mamoru Chiba, sin arrepentimientos.

Estaba lista para amar a otra persona.


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5.

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"Quiero tocarte

Tú eres

Hecha para el amor."

-Goldfrapp.

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Haruka, nunca en su vida, imaginó que su día terminaría de esta manera. Sus brazos contra el suelo, sujetados por manos que la habían engañado todo este tiempo, con su fingida torpeza.

Aunque esa no había sido la única mentira que había recibido de esta chiquilla, la cual tenía la obligación de proteger con su vida.

¿Quién adivinaría que Usagi sabía manipular con su acto de ingenuidad? Haruka definitivamente estaba aprendiendo la lección de subestimarla.

Una mordida en su lóbulo interrumpió sus meditaciones, dulces risas vibrando por su cuello desnudo. "Me gusta este juego…"

Ah, sí, todo había comenzado con un juego. El aburrimiento de una solitaria tarde de verano, provocando que Koneko le llamara esta mañana. Con infantiles súplicas, le había convencido de sufrir este calor infernal a su lado.

Después de todo, todas sus demás amigas estaban fuera de la ciudad, por diferentes razones.

Incluida Michiru.

Incluido Mamoru.

Y bueno, no había sido como si Haruka hubiera tenido mejores planes.

¡BING! ¡BING! ¡BING!

Usagi soltó sus brazos, una presumida sonrisa brillando sus facciones. Sus piernas todavía invadían su regazo, pero al menos Haruka tuvo la oportunidad de tragar una bocanada de oxígeno. Lo cual Haruka necesitaba desesperadamente.

"¡Gané!"

"No te emociones tan rápido—"

"¡Por favor, mírate!" Y Haruka lo hizo, el espejo que habían escogido para el juego casi burlándose de ella. "¡Estás tan roja como un tomate!" Haruka gruñó, aventando el objeto. Las risas de Usagi solamente aumentaron de volumen. "¡Fue más fácil de lo imaginé!"

La rubia le guiñó el ojo y Haruka miró rojo.

"¡Whoa!"

Los papeles cambiaron, el repentino ataque de Haruka tomando por sorpresa a Tsukino. La sensación de tener su petite cuerpo bajo el suyo no debió sentirse tan satisfactorio. Lo fue, sin embargo. Algo fue despertado dentro de Haruka con la cercanía. Algo que Haruka siempre había sabido suprimir bien en el maldito fondo.

Programó el cronómetro de su reloj de muñeca con el límite de tiempo de 60 segundos, acordado como principal regla de este maldito juego—juego que Haruka se estaba arrepintiendo haber sugerido, en primer lugar.

"¿Lista?" Fue susurrado en su oído de nuevo, la voz de Usagi robada de aliento. Sus narices casi rozaron.

"Nací lista, Koneko." Haruka sujetó sus muñecas, justo como Koneko lo había hecho con ella. Usagi, a sus veinticinco años, ya había demostrado no poder sonrojarse con cualquier caricia o beso; pero Haruka aún tenía muchos trucos bajo la manga.

Haruka respiró hondo, acercando sus labios al oído de la chica, dejando deliberadamente su respiración recorrer toda esa piel tersa. "Debo admitir que eres más callada de lo que imaginé que serías, bajo estas circunstancias. Después de todo, he comprobado -varias veces- la teoría de que aquellas gatitas domesticadas, llegan a sacar las uñas cuando se sabe presionar los botones correctos."

Usagi aclaró su garganta. "Tal vez le puedas dar una lección a Mamo-chan."

Haruka alzó una ceja. "¿En serio? ¿Tan malo es?"

Usagi meneó su cabeza ligeramente, su ceño fruncido. Su aire casual fue hilarante, como si todos los días fuera acosada sexualmente por Haruka Tenou contra el piso. "No es… malo. Todo lo contrario. Me gusta. Aunque, ya sabes, no poseo mucha experiencia para comparar. Es sólo que… A veces tengo la sensación de que se retiene, de alguna manera. Que teme lastimarme."

Haruka esclareció su garganta. "Puedo simpatizar. He estado en esa—ah, posición, por así decirlo."

Una dorada ceja se alzó, una nueva chispa brillando en aquellos ojos azules. "¿Ah, sí? No me digas. Siempre sospeché que Michiru tenía un lado feroz, sí habían estado juntas por tanto tiempo."

Haruka tuvo que fijar su atención en un punto de la alfombra, para evitar que su temperatura aumentara, hasta volverse obvia en un color carmín.

¿Era esta mujer la misma Koneko que pensaba que un triángulo obtuso era un ingrediente de pizza?

Sin poder evitarlo, los ojos de Haruka tomaron el panorama: el esbelto cuerpo de Usagi presentado debajo del suyo. Jeans ceñidos, justo lo suficiente para acentuar los cambios que la chica había sufrido durante estos últimos años. Mostró ya no ser una niñita. Sus caderas se habían anchado. Sus piernas se habían rellenado con músculo, gracias a los continuos entrenamientos. Piernas que parecían hechas para rodear su... Haruka aclaró su garganta, vergüenza manchando su consciencia.

¿Qué pasaba con ella? Ésta era su Princesa, de la que estaba pensando perversiones, ¿qué falta de respeto estaba cometiendo?

"¿Puedo decirte un secreto, Haruka?" Koneko susurró, mordiendo su labio inferior.

"Er—Supongo."

¿Desde cuándo se había convertido un estúpido juego en un confesionario de sucios pecados? Haruka no tenía idea.

Usagi bajó su mirada, luciendo perdida en un lejano recuerdo por un instante. Cuando levantó su mirada de nuevo, lo hizo con una marcada determinación.

"Últimamente, no puedo evitar, a cuando estoy con Mamoru me refiero… Cuando no puedo... tú sabes..." Haruka asintió rápidamente, sintiéndose como si estuviera atrapada en un mal episodio de la Dimensión Desconocida. "He descubierto que ayuda mucho, erm… quiero decir, cierro mis ojos e imagino que…"

Oh.

"¿Imaginas que estás con alguien más?"

"Sí." La mirada bajó otra vez, obvia pena marcando sus movimientos. "¿Crees que es algo malo?"

Era patético, y decía mucho de la falta de entusiasmo de Chiba.

"¿A quién imaginas, Koneko?" Susurró. "Sabes que no le diré a nadie." Se apresuró a prometer, notando los dudosos ojos de Usagi viajando, de su rostro hacia el techo de la sala.

"No creo que te vaya a agradar saberlo."

Oh. No.

No él.

O ella, ¡cómo demonios fuera!

"Tienes que estar bromeando."

Usagi suspiró, girando sus ojos hacia los extremos de sus ojos. "Sabía que reaccionarias de esta manera—"

"¿Cómo puede ayudarte imaginar en ese Seiya-baka durante—?"

"¡Oh, vamos! ¿Acaso no lo viste en alguna ocasión en traje de baño? Y si prefieres admirarlo desde el otro ángulo, bueno… Fighter no se mostraba nada mal en ese uniforme de piel."

"¡Usagi! Agh—¡Maldita sea!" Era SU turno, ¿cómo era que se estaba convirtiendo en la víctima? Demasiado tarde, Haruka podía sentir el calor sonrojando sus mejillas, en contra de su voluntad.

Usagi cubrió su boca para sellar sus carcajadas, liberando sus muñecas de una frustrada Haruka, quien tomó su rostro en sus manos, gruñendo miles de groserías.

"¡Lo hiciste adrede!" Haruka se percató. "¡No cuenta! ¡Si estoy sonrojada, es por cólera!"

Usagi se revolcó en el piso, sujetando su estómago, lágrimas escapándose de alegres y pícaros ojos. Entre risas, apenas y podía continuar. "Seguro, seguro. Y para nada con algún tipo de tensión sin resolver con Seiya—"

"La única tensión que puedo sentir en estos momentos no tiene nada que ver con ese fenómeno."

El tiempo se detuvo, así como las agitaciones del cuerpo de Usagi Tsukino, el humor cortado en seco.

La alarma se encendió. El tiempo se había acabado.

El juego había terminado. Nunca debió haber comenzado en primer lugar.

Haruka pasó sus manos por sus cabellos, sudor humedeciendo su cráneo. Se levantó como resorte del suelo, apresurándose a colocar distancia. Una fugaz imagen de Michiru cruzó sus párpados, al cerrarlos un minuto, y Haruka mordió sus labios, queriendo sacar sangre de ellos en castigo.

"¿Sabes Haruka? No solamente he imaginado a Seiya."

-No mires atrás. Haruka se inmovilizó a la mitad del camino a la salida del apartamento. -No lo hagas.

Escuchó los pasos de Usagi cruzar la alfombra de la sala. En poco tiempo, manos pálidas se presentaron danzando a la altura de los brazos de Haruka, calidez corporal trasmitiéndose a sus extremos. Cerca, pero no tocando en su totalidad.

Haruka tragó saliva.

"Usagi." Una advertencia. Una última advertencia. "Esto no es buena idea."

"Pregúntame con quién más imagino."

"Oh, con un demonio." Fue lo último coherente que procesó su cerebro, sus labios robando el aliento de los rosados, que ya estaban en espera.

La boca bajo su ataque se partió al instante, la húmeda cavidad ofreciendo un delicioso duelo con la punta de su lengua.

Usagi era tan ligera como hacía pensar, y levantarla fue más un privilegio, que una tarea. Cuando aquellas piernas rodearon su cintura, cualquier rastro de conciencia voló por la ventana.

En pocos minutos, Usagi fue hurtada de su blusa y pantalones de mezclilla, al igual que Haruka, lencería blanca contra negra presionándose con exquisita fricción, los holanes pálidos rozándose contra los shorts deportivos…

Haruka la arrojó al sofá del apartamento, posicionándose sobre ella en asecho. Se levantó, apoyándose en sus codos, sus pezones firmes separándose de los más pequeños, pero igualmente erectos, de Usagi. "Esta es tu última oportunidad de detenerte."

Usagi la contempló, ojos nublados por lo que ahora, Haruka sabía era deseo.

Finalmente, Usagi quitó sus manos de su espalda, para llevarlas a los devotos 'bombones' que sujetaban sus cabellos, éstos destruyéndose por completo. Las cascadas doradas brillaron a la luz del sol.

Haruka sintió una mano sujetar su nuca.

"Estoy cansada de imaginar, quiero saber con certeza, Haruka."

Y sus labios comenzaron otra batalla. Una, que ninguna de las dos tenía idea en cómo iba a acabar.


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6.

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"Uno, dos, tres

No solo tú y yo."

-Britney Spears.

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Se descuidaba un momento, ¡y esto era lo que sucedía!

Diamante apresuró su paso, casi terminando con su cara en el piso encerado de la cafetería. Estaban riéndose, Usagi con una malteada en sus manos y ese imbécil de—

—"¡Seiya-baka!" Jadeando, logró llegar a su objetivo justo a tiempo. Se dejó caer a un lado de Usagi, empujándole lejos de los dedos atrevidos de su enemigo. Cuando Diamante observó toda aquella chispa, previamente victoriosa en el cantante, caerse como naipes, Diamante sonrió. "Oh, lo siento, ¿acaso interrumpí algo importante? ¿No? Genial."

Seiya no escondió su mirada asesina, pero hizo su mejor esfuerzo por ignorarlo. "Como iba diciendo, Odango—"

Usagi estaba demasiado ocupada levantándose del piso al que Diamante la había arrojado, como para proseguir con el tema. "¡Oh, no! ¡Mi malteada!"

"Te compraré una nueva." Diamante aplastó su tarjeta de crédito sobre la mesa, siempre listo para satisfacer las necesidades de la joven. "Inclusive una más grande."

Cuando Usagi emergió de las profundidades, leche y una cereza decoraban su cabeza. Ups. "Lo que quiero ahora mismo es una ducha. ¡Me voy a casa!"

"Excelente. Te doy un aventón." Seiya-imbécil se levantó, tan listo y ventajoso como siempre. Evadió fácilmente las pisadas de Diamante bajo la mesa, sonriendo vengativamente. Ayudó a Usagi a reincorporarse. ¡Oh, que caballero! Diamante roló sus ojos. "Espera." El ídolo le dio honor a su reputación de Don Juan, deteniendo a Usagi con una mano sobre su mentón. La cereza yaciendo entre sus dos bombones de cabellos, fue recogida. Lentamente, y nunca perdiendo la sonrisa, Seiya introdujo el fruto en su boca, guiñando un ojo mientras hipnotizaba a Usagi con el provocativo espectáculo. "Mmmm. Deliciosa."

-Quieres sacar las armas grandes, gusano. Prepárate entonces. Diamante acercó sus labios a la nuca de Usagi, la chica todavía congelada por las acciones pervertidas de Kou, y con la punta de su lengua limpio rastros de leche del cuello. Sintió bajo su esponjosa apéndice, el pulso de Tsukino volverse loco. Excelente. Si involucró un poco de diente al asunto, Usagi no se quejó, instintivamente elevando su mentón para darle espacio. Por entre los mechones dorados, la mirada de Diamante se entrecruzó con la Seiya, preguntando sin palabras:

-¿Qué más tienes?

Este juego tenía meses en cocción, iniciado desde el día en el que los Three Lights habían llegado a su preparatoria. Poco había imaginado el egocéntrico cantante, que Diamante había puesto su marca en Usagi, primero que nadie más. Poco sabía Kou Seiya, sobre qué tan fácil Diamante solía vencer a sus rivales.

Implícitamente, un duelo por ganarse la preferencia de la rubia había comenzado, desde el justo instante en el Kou había decidido sentarse detrás de la chica dentro del salón de clases.

"Si me lo permites, no necesitarás una ducha, coneja." Diamante susurró al oído de la joven.

Usagi relamió sus labios, tentada. Diamante no perdió de vista como los ojos de Seiya persiguieron la acción detenidamente.

Y por el rubor en sus mejillas, hasta Seiya se sintió afectado por las habilidades de Diamante.

"Quédate conmigo." Agregó como golpe final, una de sus manos posándose en una de las rodillas de Usagi, escurriéndose por debajo de la falda escolar. Al contacto, las piernas de la estudiante se partieron en automática invitación. Cuando el esbelto cuerpo se curveó hacia su dirección, Diamante supo que había ganado este round.

O eso había tomado por sentado, hasta que Usagi decidió ser impredecible: saltó fuera de sus caricias y susurros.

Se retiró de su calidez con una sonrisa secreta. Diamante la miró tomar la mano de Seiya, esbeltos dedos entrelazándose, sudor y azúcar pegosteando la unión, y prosiguiendo a guiarlo hasta la salida de la cafetería.

"¿Qué no sabes que es de mala educación interrumpir una cita de enamorados, D-kun?" Le arrojó por sobre su hombro, reluciendo como domadora de dos diferentes depredadores.

A su lado, Seiya lució tan atónito como Diamante, el carmesí fluyendo hasta su cuello. Fue manipulado por los jalones de Usagi con la facilidad de un niño pequeño.

Diamante podía imaginarlo todo claramente. Si cerraba sus ojos, podría ver nítidamente lo que sucedería en el momento que Usagi se encontrara a solas en el auto de Kou. Si cerraba sus ojos, y se concentraba en el sabor lácteo que todavía residía en su lengua, la imaginación de Diamante podría superar la realidad…

…Culminación total dentro de un auto oscuro, escondido con la soledad de un lugar especial y secreto—Una sirena de mechones dorados ondulándose, entre el volante y un firme torso, robándole la razón a su víctima con cada giro de caderas…

Muchas veces, las amigas de Usagi se dejaban llevar por la ingenuidad de la rubia. Confundían su inmadurez con estupidez. Su inocencia, con castidad.

Al último instante, al último paso dado cerca de las puertas eléctricas, Usagi tornó su delicado rostro hacia el abandonado. Comprobando la hipótesis de Diamante, la joven se detuvo, Seiya todavía colgando de ella, como muñeco de trapo.

"Aw. No puedo hacerlo. Luces tan triste." Entonces, extendió su mano libre, dulzura total brillando en su sonrisa. "¡Vamos, el auto de Seiya es lo suficientemente grande para los tres!"

Alzando sus cejas, Diamante aplaudió por dentro. -Eso es, mi dulce coneja. Muéstrale a Seiya de lo que realmente estás hecha. "Dicen que tres es multitud."

Todavía sonriendo, Usagi utilizó el brazo de Seiya para rodearse de la extremidad, enrollándose por entero en el muchacho. "No, sí se tratan de las personas adecuadas." Inclinó su cabeza hacia atrás, acomodándola en el pecho de Seiya. "¿No lo crees así, Seiya?"

Seiya estaba mirando directo al abismo, y todo indicaba, que estaba adorando lo que estaba encontrando. Con una sonrisa cargada de impertinencia, el muchacho mudó de piel y de rol, con una sola frase, dejando de ser rival para convertirse en cómplice.

"Nadie sabe mejor que yo, que entre tres se puede conquistar el mundo entero."


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7.

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"De una forma u otra,

te encontraré."

-Blondie.

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Era un hermoso día, a pesar del frío.

Copos de nieve caían, similares a algodones, provocándole cosquillas, cuando unos cuantos rozaron la punta de su nariz. Usagi estornudó.

Chibi-Chibi no conocía etiquetas o autocontrol, se echó a correr hacia las puertas de la Panadería de Makoto con entusiasmo, ignorando los gritos de su hermana mayor. Siempre lo hacía, riendo con dulzura posteriormente, para ser perdonada.

Usagi alcanzó a recuperar, del aire, una bolsa llena de panes, derribada de las manos de un cliente que iba de salida. Se disculpó abochornada, sudando por la carrera a la que Chibi-Chib la había obligado a sufrir para atraparla. No tenía ni la más mínima idea de dónde la chiquilla sacaba tantas energías. La señora recién "atacada" la dejó ahí parada, a la mitad de su letanía de disculpas, murmurando y gruñendo de mal humor sobre 'la juventud de hoy'.

Usagi suspiró, sobando su nuca con resignación. ¿Cómo era posible que su hermanita siempre la metiera en tantos líos? Sabía que había sido una mala idea la de traer consigo a Chibi-Chibi para saludar a su amiga, pero con las órdenes de Mamá-Ikuko no se jugaba. Shingo se había salvado de venir por sus pretextos de hacer tareas escolares, así que la única víctima restante había sido Usagi (porque, nadie creería la misma excusa salir de la boca de Usagi sobre hacer tarea).

Luna las acompañaba, siguiendo a la niñita, cuando las piernas de la rubia no eran lo suficientemente rápidas para detenerla de causar diabluras.

Como… ahora.

Usagi se tropezó al buscar a Chibi-Chibi con su mirada, encontrándola jugando con las pinzas y las bandejas que esperaban por ser recogidas por los clientes. Luna maullaba con alarma desde el piso, una pata intentando jalarla hacia la seguridad del piso.

"Chibi-Chibi, ¿qué crees que estás haciendo ahora? ¡Deja ahí! ¡Esas cosas son para los adultos!"

Chibi-Chibi lloriqueó cuando Usagi la acogió en sus brazos sin su permiso, demandando "¡Quiero, quiero, quiero, quiero!" malcriadamente. Sin embargo, no por nada, Usagi era una experta en saber cómo distraerla. La convenció de callarse cuando la acercó hacia el área de los postres, sonriendo cuando la miró relajarse y comenzar a apuntar hacia los pastelitos de vainilla que deseaba escoger.

Cuando volvieron hacia el área del mostrador, Makoto iba bajando las escaleras de la oficina del segundo piso. "¿Estás segura de que no te molesta cerrar hoy? Es apenas tu primer día, no quiero abrumarte—¡Oh, Usagi-chan! Me imaginé que vendrías hoy." En cuanto la mujer de cabellos castaños las divisó en el establecimiento, las saludó con una enorme sonrisa, girando su mano en la dirección de las Tsukino.

Sin embargo, su amiga no venía sola.

Curiosa, Usagi torció su cabeza para espiar mejor a la figura que la respaldaba. Chibi-Chibi saludó con su usual entusiasmo, casi cayendo de su abrazo. Makoto caminó fuera del mostrador para recibirlas más atentamente—aunque, Usagi no entendió las palabras que flotaron de su boca por unos segundos, sus ojos clavados en la persona que creaba un raro triángulo entre las presentes.

Alta, de tez clara, la chica de cabellos negros se recargó sobre el mostrador, a lado de la registradora. Cuando sintió la mirada sobre su presencia, zafiros profundos le mostraron a Usagi no ser tímida, una sonrisa alargando sus labios. Una juguetona cola de caballo giró por encima del hombro de la susodicha, no dejándole dudas de la longitud de su sedoso cabello.

Usagi tragó saliva. De repente, el frío de afuera no tuvo comparación con la calidez de la panadería.

"—Rei se acaba de marchar hace unas horas. Anda algo nerviosa por las calificaciones de sus exámenes finales."

"Hai, hai… Pobre Rei." Usagi se obligó a voltear su rostro hacia Makoto. "Aunque Ami anda peor que ella, ¿no crees?" Sonrió nerviosamente. Bajó a una ansiosa Chibi-Chibi con una advertencia de tener cuidado. Se cercioró de que Luna la siguiera hasta el área de los pasteles de chocolate, y rogó internamente porque nada saliera roto.

Lo más sutil posible, sacudió sus pantalones de mezclilla y jaló la orilla de su sudadera alrededor de su cintura.

"¡Oh! Gomen, no fue mi intención ser grosera." Mirando entre su amiga y la mujer esperando detrás de ellas, Makoto señaló hacia Usagi, percatándose de sus malos modales. "Seiya-san, te presento a una de mis mejores amigas, así como una de mis mejores clientes," Makoto guiñó su ojo pícaramente, ruborizando a Usagi con las insinuaciones del estómago sin fondo que la rubia poseía. "Usagi Tsukino. Usagi, ella es Kou Seiya, mi nueva cajera para las vísperas navideñas. Hoy es su primer día. Si recuerdas que te comenté de ella, ¿verdad?"

Usagi se acercó hacia Kou Seiya, al verla estirar su mano formalmente. "Cla-Claro, Mako-chan. Mucho gusto."

"El gusto es todo mío." Una voz suave le acompañó a su fuerte apretón. Sus facciones fueron gentiles, una invitación abierta para que Usagi bobeara a más detalle. "He oído mucho de ti, Tsukino-san."

"Usagi está bien." No dándose cuenta de que tanto estaba sonriendo, hasta ver su reflejo en el aparador, Usagi zafó sus dedos con pena. La vestimenta de Kou le recordaba a la de Haruka, una mezcla entre masculino y femenino, una chamarra de cuero oscuro combinando una camiseta carmín semi-pegada a su torso. La mujer no aparentaba usar más maquillaje que el rímel de sus largas pestañas, optando por un look natural que congeniaba con ella. Unos lindos aretes plateados de media luna adornaban sus orejas.

"¿Qué hay de Odango-Atama?" La futura cajera le sugirió atrevidamente, picoteando uno de los bombones del peinado de Usagi.

Y así de simple, fue como el extraño conjuro que había estado vibrando sobre ellas, fue desvanecido.

Usagi giró sus ojos con inmenso fastidio. "Vaya, que original. ¿Qué tal un trato? Me puedes llamar así, si me permites usar Kou-baka."

"Um, Usagi-chan." Makoto dio un tremendo salto a su lado, sus manos arriba como señal de paz.

Una sorprendida carcajada sopló de la boca de la insultada, sus ojos resplandeciendo. "Prefiero Seiya-baka si no es mucha molestia, ¿qué te parece?"

Usagi gruñó ferozmente, un cuarto de ella adicionalmente confundida, por encontrar la arrogancia de la mujer… ¿Intrigante? ¿Atractiva? Seiya se tejía cierto encanto a su aura, lo quisiera o no. El estómago de Usagi fue invadida por mariposas y temía que no fuera por el hambre.

Alzando su nariz con superioridad, se dio la vuelta para dejar a Makoto con su nueva empleada, dirigiéndose hacia el nuevo desastre que Chibi-Chibi estaba a punto de cometer con las charolas, usadas para cargar tus postres favoritos a la caja.

Levemente escuchó las disculpas de Makoto por lo susceptible que era su amiga a los sobrenombres, pero Seiya(-baka) las aligeró con buen humor.

Minutos después, cuando su hermanita tenía escogidos dos piezas de pastel de cereza, un cupcake de chocolate -y tres porciones extras de pay de limón para Shingo, Mamá Ikuko y Outo-san- una presencia a su lado la hizo girar hacia la izquierda.

"¿Qué se te perdió?"

"Vaya, que chica tan feroz." Seiya tomó la charola de Usagi en sus propias manos. "Sólo vengo a disculparme. No quise ofender a mi primer cliente."

"Mm." Usagi le echó un vistazo de reojo, notando las multicolores lucecitas de la panadería haciendo contraste con la piel de Kou.

Seiya le guiñó el ojo. "¿Qué tal si te lo compenso? Esta ronda de postres va por mi cuenta."

Usagi salivó. "¡Sugoi! ¿Hablas en serio?"

"¿Qué puedo decir? Así de grande es mi corazón."

Usagi rodó sus ojos. "Así como tu ego, al parecer."

Seiya, camino a la caja, dejo salir una carcajada al escucharla. Makoto no se encontró por ninguna parte, probablemente de regreso a la cocina para cuidar los pasteles en el horno. "Mejor aún, ¿qué tal si me termino de disculpar con dos entradas para el cine este viernes por la noche?"

Usagi brincó con interés. "Ooh. ¿Cuál película veríamos?"

Luna le aventó una mirada muy poco impresionada desde el piso. Usagi la ignoró.

"Bueno, estaba pensando en ir a ver la nueva secuela de Godzilla VS Kong—"

"¡YO TAMBIEN!" Usagi se abalanzó al mostrador, donde ahora Seiya se encargaba de guardar su mercancía en envolturas. "¡Pero es imposible! ¡Todas las entradas están agotadas! ¡Minako intentó conseguir boletos desde hace semanas!"

"No te preocupes, Odango." Seiya pasó su tarjeta de crédito por la terminal, cumpliendo con su promesa de pagar por Usagi. "Tengo influencias."

"¡Wow, eso es genial! ¡Yo pago las palomitas! Digo, es lo justo."

"Trato hecho." Seiya le entregó su enorme bolsa con pan dulce. "Es una cita, entonces."

Oh.

Usagi sintió su cuerpo enrojecer por entero. "Oh, hehe. D-De acuerdo."

Seiya le sonrió, mostrándose curiosa. "¿Qué pasa?"

Usagi suspiró, agachándose al piso para recuperar a Chibi-Chibi. "¡Nada! Sólo te advierto que hace mucho tiempo que no he tenido una de esas cosas. No sé si vaya a ser una gran experiencia para ti."

Seiya se cruzó de brazos del otro lado del mostrador. Lució bastante ofendida. "Bien, en ese caso, sólo queda una cosa por hacer."

"¿Eh?"

"¡Tener más citas!"

Usagi tragó saliva. "¿Más… citas?"

"Por supuesto." Seiya anunció, provocando más remolinos en el estómago de Usagi con la intensa dedicación a la causa. "La práctica hace al maestro. Tendremos que remediar esa atrocidad de inmediato."

"¡Diato!" Chibi-Chibi tarareó, no dejando de moverse en los brazos de su hermana.

"Uy, Chibi-Chibi, no te retuerzas tanto."

"Tú también puedes venir." Seiya se recargó en el mostrador para ofrecerla a la niñita su propia dosis de encanto. "¿Alguna vez has ido al Centro Megalópolis, pequeña traviesa?"

"¡Lópolis!" Aun sin tener idea de lo que Seiya estaba hablando, Chibi-Chibi mostró entusiasmo con la idea.

Seiya rio. "¡Es una cita contigo también, entonces!" Hubo una pausa, donde la misma chica hizo una mueca. "Eso sonó algo raro, ¿huh?"

Fue el turno de Usagi de carcajear con maldad. "¡Ja! ¿Quién sabe? ¡Tal vez tengas más suerte con Chibi-Chibi, que conmigo!" Se dirigió a la salida, sabiendo que ya era tarde. Mamá Ikuko las estaría esperando con el chocolate caliente.

"¡Oi, espera un momento! ¡No me diste tu número, Odango!"

Usagi pateó la puerta, con la ayuda de Luna logrando sostenerla lo suficiente para darle un último vistazo a la pelinegra.

"¡Pregúntale a Mako-chan!" Luego, se dio cuenta de todas las veces que haya había permitido el apodo. "¡Y YA TE DIJE QUE NO ME LLAMES—"

La puerta escogió ese momento, para cerrarse directo en su cara.

"…Odango." Usagi masculló desde el piso, momentos después.

"Ay, Usagi." Fue todo lo que Luna suspiró. "No tienes remedio."

"Chibi." Su hermano concluyó, un pastelillo ya en su boca, gracias al desastre en el que se había convertido la bolsa.


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"El tiempo y el espacio son ilusiones.

Todo existe al mismo tiempo."

-Darryl Anka.

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El Fin (Del Comienzo).

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Parejas: Usagi Tsukino/Kou Seiya, Usagi Tsukino/Kou Yaten, Usagi Tsukino/Haruka Tenoh, Neo Reina Serenity/Príncipe Diamante, Kou Seiya/Usagi Tsukino/Diamante.

NdA: No tengo excusa para el Usagi/Yaten. Estaba pasando una "fase rara" en aquel entonces, jajaja. No me juzguen. Hoy en día, solo me gustan como amigas. Además, es mi fanon que en la Parte 6, Seiya sólo está disfrazada como chico, y Diamante y Usagi están a punto de descubrirlo. Fun times.

La primera parte… Uf. Era un trozo que tenía sin concluir en mi drive y me sorprendí de lo rápido que me inspiré para agregarle más desarrollo. Lloré junto con Usagi, créanme. La mera idea de que Seiya muera en el canon por razones naturales mientras Serenity siga viviendo, congelada en el tiempo—NOP. NO PUEDO. Así que la idea de que Seiya reencarne múltiples ocasiones para estar con Usagi, me mató. Se me hizo algo tan perfectamente agridulce para ellos, que encaja, de cierta manera. Díganme que piensan.

Besitos y galletas para todos.