"Veo El Universo (Dentro de Ti)."
Por B.B. Asmodeus.
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Parejas/interacciones principales: Usagi Tsukino (Sailor Moon)/Kou Seiya (Sailor Star Fighter). Menciones de muchas otras parejas distintas. Para detalles, ver el final de la historia.
Advertencia especial: Para detalles, ver el final de la historia.
Rating de este capítulo: Adulto.
Categorías/Advertencias: Future-fic (sin COVID-19). Toneladas de Fluff, Humor, Romance, Drama, Dinámicas familiares algo disfuncionales, Contenido sexual explícito.
Notas especiales:
(a) ¡FELIZ CUMPLEAÑOS ATRASADO, USAGI TSUKINO/SAILOR MOON! 30/06/2021.
(b) Esta historia está dedicada a Jinki Asgra, mi BFF en el mundo real y en todo fandom en el que andemos, para animarte en estos días raritos. Tequelo.
(c) Por favor lean este fic con el playlist "Sensual MIX / Slow, Sex, Chill" en Youtube. Las canciones de Alina Baraz & Galimatias crearon la magia de esta historia tan especial.
Sinopsis: Future-fic. Es el Cumpleaños de Usagi Tsukino y las estrellas se han alineado para que suceda algo extraordinario.
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"«Apuesto a que nunca supiste
Que existe un universo dentro de ti.»"
-Alina Baraz & Galimatias.
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30 de Junio del 2021.
Azabu Juban, Distrito Minato, Japón.
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El teléfono hizo brincar a Usagi de la cama.
Parte de los moños alrededor de sus cabellos salieron volando, en sus esfuerzos por despertar. Con ojos aun cerrados tomó su celular de la cómoda.
"¿Moshi-moshi?" Balbuceó.
"¡FELIZ CUMPLEAÑOS, USAGI-CHAN!"
Usagi saltó del susto, el colectivo de voces de sus amigas avisándole que se trataba de una videollamada. El celular salió volando a la cama en primera instancia. Emoción le llenó al instante, sin embargo.
-¡Así es! ¡Es mi cumpleaños! Usagi retomó el celular, viendo la cara de Rei al revés.
"¡Chicas! ¡Gracias! Minako-chan! ¿Qué no es muy tarde allá en Londres?" Pataleó por debajo de las sábanas.
Minako reaccionó de manera extraña, titubeando antes de responder. "Oh—¡Sí, así es, tontita! ¡Me estoy desvelando por ti! ¡Espero lo sepas apreciar!"
"¡Uy, Usagi, cuantos años son los que cumples hoy?" Rei apareció en la pantalla con malicia.
"¡Oi! ¡No empieces! ¡Todas tenemos la misma edad, Rei!" Usagi alzó sus narices a las alturas. "¡Además, no es como si los aparentara!" Una risilla victoriosa salió de su boca. Tener el poder del Ginzuishou para retrasar su edad, a un ritmo más lento de lo normal, era una gran ventaja. Sin embargo, no era como si se guardara ese poder para ella sola, ¡Rei y todas las demás Senshis también se beneficiaban! "Pero, díganme, ¿qué me van a regalar? ¿Ami? Vendrás a mi apartamento hoy, ¿verdad? ¿Con Mako-chan?"
Las chicas, aun estando en diferentes ventanillas en la pantalla, parecieron estar compartiendo miradas. Fue Ami quien le sonrió con mejillas sonrojadas.
"A decir verdad, estábamos pensando en cambiar los planes este año, Usagi-chan."
Usagi parpadeó, su emoción disminuyendo. El último Cumpleaños había sido celebrado con una fiesta de pijamas en su apartamento, haciéndose manicura y pedicura, mientras miraban algunas de sus películas favoritos. Justo como en los viejos tiempos. El año pasado, hasta Minako había viajado de Inglaterra para unírseles. Usagi había estado ansiosa por repetir la ocasión. "Ah, ¿sí? ¿Cambiarlos cómo?"
"¡Es un linda día como para pasarlo encerrada, Usagi!" Rei renegó. "¡Vamos, hay que salir!"
"Rei tiene razón. Pueden venir a cenar al Restaurante, yo he pedido el día con anticipación para poder pasarlo con ustedes." Makoto agregó, guiñándole el ojo a la cumpleañera. "¡Pero antes, podríamos ir a pasear al parque KISSU, o ir de compras!"
Usagi les aventó una mirada desconfiada. "Espero y que esa no sea una excusa porque no han comprado mi regalo."
"Ay, claro que no. ¡Aunque el hecho de que hagamos el esfuerzo en nuestras agendas apretadas para verte hoy debería ser regalo suficiente!" Rei le sacó la lengua.
Usagi le devolvió el gesto. "Sólo lo dices porque sé que eres una tacaña."
"Tenemos tu regalo, Usagi." Rei reiteró. Una sonrisa misteriosa apareció en su rostro. "Y créeme que sabemos que te va a encantar."
-Mmm. Interesante. Usagi sobó su mentón. "¡De acuerdo! ¡Vamos al parque, entonces! Podemos comer helados antes de ir a cenar." Una burbuja con una notificación le avisó que tenía otra llamada entrante. "¿Nos vemos hoy al medio día en el punto de siempre?"
"¡De acuerdo!" Makoto reiteró. "¡Parque KISSU, medio día, llega temprano, Usagi!"
Usagi hizo ojos tristes a la imagen de Minako. "Mina-chan… ¡Te voy a extrañar!"
"Nada de llorar, tengo suficiente con los mellizos, Usagi-chan. Diviértete por mi hoy, ¿está bien?" La rubia le sopló un beso. "Lo digo en serio. Disfruta tu regalo."
Usagi asintió. "Por supuesto. Sabes que amo cualquier regalo."
"Este es un regalo especial." Minako le guiñó su ojo. "Te llamo más tarde, sé que esa llamada debe de ser de Chibi-Usa. ¡No la hagas esperar, acuérdate que en Estados Unidos es más tarde!"
"Sí, sí. ¡Ja ne, chicas!" Usagi se despidió con el corazón lleno de calidez. Compartir un día con sus amigas seguían siendo incomparable. Uno de los acontecimientos más importantes para ella, a lo largo de los años. No obstante, comprendía que cuidar de las mellizas era más importante para su amiga que hacer un largo viaje a Japón sólo para verla. Por lo menos, las demás de las chocas todavía vivían relativamente cerca.
Chibi-Usa le deseó feliz cumpleaños junto con Diana, cuando Usagi aceptó su llamada. Humana y gata estaban dirigiéndose a casa en el tren de vuelta a Brooklyn. La recepción no fue muy buena, pero cumplió con el cometido. Chibi-Usa, además, le mandó felicidades de parte de Mamoru y Setsuna-san, quienes seguían trabajando. Tras burlarse de su edad con la misma diablura de Rei, la joven comenzó a despedirse.
"¡No comas tanto pastel! Ya no estás tan joven, bajar de peso a tu edad no es cosa fácil."
Usagi carcajeó. "¡Eres insufrible! Comeré todo lo que quiera el día de hoy, fíjate." Tras intercambiar muecas, el tono de Usagi se suavizó, fijándose en la gatita en la cabeza de su hija. "Diana, por favor, cuida de la pequeña Dama—uy, digo, Pequeña Demonia, ¿quieres? Debo irme. Será mejor que tome una ducha, o se me hará tarde."
"Sí, sí, ¿por qué llegar tarde a tu propio Cumpleaños? Sería el colmo, Mamá."
"¡Adiós, niñita!"
"No me llames así, ya te dije que no soy una ni—"
Usagi cortó la videollamada con satisfacción, riéndose con maldad. "Bye, bye, mi querida Demonia."
Usagi regresó el móvil a hibernación, dejándose caer en la cama por última vez. En el techo, las estrellas fluorescentes que había adherido para adornar todavía brillaban ligeramente con la temprana hora. La relación con su hija no era de las cercanas como lo había sido en su otra versión del futuro, pero al menos sabían sobrellevarse a distancia. La adolescencia con Chibi-Usa había sido un total infierno, y sólo el hecho de haberse ido a vivir con su padre a los Estados Unidos había servido para reparar la comunicación entre ellas. Inclusive a sus veinte años, Chibi-Usa seguía teniendo una personalidad muy mercurial.
Usagi saltó de la cama, dejando la nostalgia de lado. ¡Hoy era su Cumpleaños! ¡No era el día para pensar en el pasado!
Rápidamente se tomó una ducha, demasiado impaciente por comenzar el día. Usagi le indicó a su Google Home reproducir su lista de reproducción favorita para tener algo que cantar en el baño.
Luna estaba de vuelta, a su regreso a la alcoba. La gata se lamía su pata frontal, acomodada en la ventana.
"Luna, ¿vienes a felicitarme?"
La gatita suspiró. "Es increíble que a tu edad te sigas comportando como una adolescente cuando viene tu Cumpleaños." Luego, la gata sonrió. "Pero, sí. ¡Tanjoubi omedetou, Usagi-chan!"
Aun estando en toalla, la chica recogió a la gata de la cama para apretarla en un abrazo. La gata produjo quejas por ser despeinada y ser mojada por igual, pero después de unos minutos, la gata se resignó.
"También hablé con las chicas. ¡Es de suma importancia de que no llegues tarde hoy! ¡Estarán esperándome y ya sabes que tu tiempo es muy preciado!"
"Hai, hai. Ya lo sé, Luna. Por eso me levanté temprano, ¿ves? Me alistaré con tranquilidad, desayunaremos, y hasta tendremos tiempo de sobra." Usagi abrió su clóset. Afortunadamente, ya tenía un atuendo escogido desde hace días. A pesar de estar en verano, el clima permanecía templado, y no tan caluroso como en años anteriores. Ami comentaba que se debía al cambio climático. Usagi no solía prestar mucha atención en el tema, pero creía en la sabiduría de su amiga. Soltó su cabello, para desenredarlo, todavía en su ropa interior. Bailó frente al espejo, sabiendo que haría a Luna rodar sus ojos. "No puede ser, Chibi-Usa me dejó sin aretes o collares, uy, esa chiquilla…"
"No ocupas tantos accesorios en tu persona, Usagi. Tienes una belleza muy natural. A veces menos, es más." La gatita se apresuró a correr tras un tubo de desodorante que cayó del tocador de Usagi. "Oye, ¿aún tienes ese perfume caro que te obsequió Michiru en Navidad? ¿Por qué no te pones un poco?"
Usagi resopló por sus narices. "No lo sé. No creo que sea para este tipo de ocasión."
"¿Por qué? Es para divertirte y disfrutar tu día, ¿qué no? No hay nada malo con lucirse."
Usagi rascó su nuca. "Luna, Michiru estaba tomándome el pelo con ese regalo. Dice en la etiqueta que es un perfume famoso por tener… feromonas, y no sé qué otras cosas raras…"
Luna lució escéptica. "¿Y? No encuentro lo gracioso."
"Estaba burlándose de mí." De repente, Usagi sintió calor enfocarse en su rostro. "Ya sabes, a su manera, quiso decirme que dejara de ser una solterona."
Luna parpadeó. "¡Continuo sin ver el problema!"
"¡Luna!"
"Usagi, ¿quieres ser solterona?" Luna comenzó a reír diabólicamente. "Ya ha transcurrido más de una década desde el divorcio con Mamoru. ¡Creo que más bien Michiru quería ayudarte de una manera desesperada!"
"Ach." Impulsivamente, Usagi tomó el frasco del famoso perfume y se arrojó tres porciones por su cuerpo—su cuello, sus muñecas y la planicie de su pecho. "¡Listo! ¡Ahora mi soltería será arreglada mágicamente!"
"Mm, tú nunca sabes." Luna murmuró con una mirada extraña.
Usagi, temerosa de la reacción, mejor se dedicó a terminar de vestirse.
En las siguientes cuatro horas que transcurrieron, Usagi desayunó junto a Luna, terminó de maquillarse y peinarse en sus colitas clásicas, y hasta tuvo tiempo para lidiar con cabos sueltos de la Televisora, y limpiar de spam su correo electrónico. Descubrió mensajes de felicitaciones de sus compañeros de trabajo, Michiru, Haruka, y de sus padres. Les respondió a todos.
El parque KISSU estaba relativamente cerca de su apartamento, así que decidió ir caminando a encontrarse con las chicas. Luna la acompañó, conversando un rato sobre Diana y Chibi-Usa y sus respectivas rebeliones. Luna insistía en que era una fase que eventualmente superarían. Usagi pensó que Luna debía extrañar a su hija. Que Artemis viviera con Minako no debería ser fácil tampoco.
"¡Es un hermoso día!" Usagi estiró sus brazos al cielo, sonriéndole al sol. Ajustó sus lentes oscuros, y emprendió su camino al parque. Para cerrarles la boca a sus amigas, apresuró el paso entre más cerca estuvo de lugar, checando su reloj de pulsera a cada momento.
En el parque, el número de personas era significantemente menos del esperado en fin de semana. Al ser miércoles, Usagi encontró más estudiantes de secundaria y preparatoria, que niños pequeños o parejas.
Luna la acompañó al punto favorito de encuentro de las chicas, a pie del puente que cruzaba el lago, y Usagi se dejó caer sobre uno de los bancos.
"¿Ves? Llegué a tiempo y no hay nadie." Usagi lamentó con indignación. "Ya sé que no somos unas chiquillas, pero al menos debieron correr como yo para alcanzarme."
Luna se mostró distraída a sus quejumbres, sobre sus cuatro patas en el piso del parque. Parecía estar revisando los alrededores con detenimiento.
"¿Luna? ¿Pasa algo? Tal vez deba llamarlas—"
"¡No!" Luna le frenó. Del susto, el móvil de Usagi se deslizó de sus dedos de vuelta al bolso. "Digo, ya deben estar cerca. Ten paciencia."
"Mm." Usagi se cruzó de brazos. Petulante, recargó su cabeza en el soporte del banco, tratándole de encontrar formas a las nubes. "No lo puedo creer. Ellas fueron las que me citaron aquí, y todavía tuvieron la desfachatez de regañarme por hacer lo mismo…"
El sol fue cubierto.
Usagi parpadeó detrás de sus lentes. Confundida, se reincorporó súbitamente, levantando sus botas vaqueras del suelo para impulsarse—
—y aparentemente, pateando a alguien en el proceso.
"¡Oh! ¡Gomen!" La disculpa fue automática, aun cuando todavía no terminaba de analizar la situación. Escuchó el gemido de sorpresa venir de la persona que se había aparecido frente a ella, divisando un inevitable descenso al piso. Lo último que captó con su mirada, una vez que la chica retiró sus lentes, fue una alocada colita azabache volar por los aires.
Usagi se congeló.
Una colita.
"Yo en serio…" Usagi reanudó su disculpa, levantándose de la banca para ayudar a la persona a levantarse. "…lo siento. ¡No te vi!"
La persona fue más rápida.
"Obviamente. Cielos, Odango. Tus patadas han mejorado."
El corazón de Usagi amenazó con brincar fuera de su pecho. Habían transcurrido muchos años desde que había escuchado aquel sobrenombre…
Seiya sobó su nuca, ignorando la mano semi-extendida de Usagi. Mostró ser igual de atlética que en su juventud, al levantarse del suelo de un único salto.
Usagi permaneció incrédula. Observó las largas piernas—no tan flacuchas como las recordaba, vestidas en pantalones de mezclilla, rotos de las rodillas. La camiseta oscura con slogan fashionista, el blazer gris, los tennis blancos. Un atuendo bastante andrógino, como los de Haruka.
Contempló la sonrisa engreída, recibiéndola, en cuanto sus miradas se cruzaron.
"Seiya…" Usagi susurró.
Kou Seiya. Enfrente de ella.
Justo ahora.
"Sorpresa." Seiya le guiñó el ojo, tras retirar sus propios anteojos oscuros.
Usagi, todavía embelesada, se sostuvo de la banca para levantarse por completo. Descubrió que sus alturas se habían ajustado con el pasar de los años. "¿Sorpresa?"
"Bueno. Alguien—o más bien un grupo de amigas comunicativas, me contaron que hoy es el Cumpleaños de cierta coneja." Justo como años atrás, Seiya palmeó unos de los odangos en la cabeza de Usagi. "Juro que yo sólo hubiera optado por tu número telefónico, pero insistieron en que apreciarías verme en esta forma."
"Seiya." La voz de Usagi hizo algo muy poco común, después de sobrevivir los retos constantes y brutales de la adultez. El divorcio y la crianza de Chibi-Usa la habían dejado lista para todo. O eso, había Usagi creído.
"Ha pasado mucho tiempo, ¿eh?" Seiya pareció igual de afectada, contemplándola de regreso.
"¿Pero cómo…? ¿Cuándo llegaste?" La cabeza de Usagi giró con una revolución de cuestiones. ¿Había venido Seiya por su cuenta? ¿Qué tal Yaten y Taiki? Pensar en ellas conmovió a Usagi de pies a cabezas. Tantos, tantos años sin saber nada de ellas, con sólo el legado de Three Lights como evidencia que habían existido en la Tierra y ahora… "Pensé… Pensé que nunca nos volveríamos a ver…"
"¡Oh, no te pongas así, Odango!" Seiya le sonrió, inclinándose ligeramente sobre Usagi. "Es tu Cumpleaños, nada de lágrimas. ¡Arruinarás nuestra cita!"
Usagi luchó por su compostura con el aliento, aclarando su garganta. Ajustó su larga falda rosada con la excusa de tener algo que hacer.
Luego, procesó lo último dicho por la excantante.
"¿CITA?" Usagi renegó, manos en la cintura.
"Bueno, alguien me dijo—"
"Puedo imaginarme quiénes—"
"Que necesitas ayuda inmediata para salir de la vida de solterona. ¿Cómo negarme a salvarte de esa horrible desgracia?"
"Bonita cita. ¡Llegaste tarde! ¡Justo como la última vez!" Usagi recogió su bolso de la banca. No encontró ni pista de Luna. Seguramente una cómplice más en esta sorpresa de Cumpleaños.
"¡Ajá!" Seiya produjo un sonido de victoria, alzando sus narices. "Por fin admites que fue una cita."
"Oi, tú…" Usagi no podía creerlo. ¿Por qué esta mujer podía sacarla de sus casillas tan fácilmente? El tiempo perdió peso, al tenerla así de cerca.
Seiya adoptó una postura a la defensiva, mirando con acusación al puente, el lago, a la banca, y al resto del parque. "Y no es mi culpa que haya más edificios en la ciudad desde la última vez que estuve aquí. ¡Hasta el camino al Parque no es el mismo!"
Increíble. Kou Seiya admitía que se había perdido. Usagi se recordó de mostrarle cómo utilizar un GPS. Probablemente, también ayudarle a comprar un Smart-phone.
"¡Muy bien!" Dándose media vuelta, Usagi emprendió camino fuera del parque. "¡Vámonos, entonces! Tengo mucho que enseñarte, mujer de las cavernas."
Seiya se mostró sorprendida por un segundo—¡Puntos para Usagi! "¿Así de fácil? Pensé que tendría que convencerte al menos diez minutos más. En serio me extrañaste, ¿huh?"
Usagi no pudo evitar la risa saliendo de su boca. Meneó su cabeza. "No has cambiado nada. ¿Cómo puede ser, Seiya?" Al sentir a la mujer caminar a la par con ella, Usagi se sintió valiente. Levantó su mano derecha y tomó el antebrazo de su acompañante. Apretó sus dedos. Sintió le tela del blazer, y aún más importante, la calidez de la estrella interior de su vieja amiga, acoplarse al Cristal de Plata.
"Sugoi… Eres real." Usagi masculló, volviéndose a sonrojar. "En verdad estás aquí."
Sonriendo, Seiya tomó la mano de su antebrazo, escogiendo acomodarla alrededor de su mano al paralelo. Intercaló sus dedos con una inocencia de adolescentes—Algo que Usagi no había experimentado en un largo tiempo. Cuando la Kinmokusiana golpeó sus hombros juntos, Usagi volvió a sentirse conmocionada.
"Puedes pellizcarme para asegurarte."
Usagi escogió balancear sus manos unidas, como mejor opción.
Seiya no deseaba una repetición de su última salida al pie de la letra. Cuando Usagi sugirió el Zoológico, su mueca lo dijo todo. Usagi entonces escogió el Centro Comercial de Juban para armar a Seiya con la tecnología que necesitaría para su supervivencia. ¿Quién no quería ir de compras en su Cumpleaños? Tomaron el autobús en la parada fuera del parque—otra acción que les dio deja vu.
Una vez sentadas al fondo del bus para tener privacidad, Usagi se tornó a Seiya. "¿Pero, por qué hasta ahora? Quiero decir… Por un tiempo pensamos que regresarían a visitar en algún momento, pero el tiempo transcurrió y pensamos que se habían olvidado de nosotras."
Seiya suspiró, su semblante adoptando un poco de seriedad. La mujer miró por la ventanilla, antes de redirigirse a la rubia. "La reconstrucción de Kinmoku-sei tomó mucho tiempo. A eso, agrégale nuestros deberes como Guardianas." Una ligera meuca apareció en su boca. "Así como, muchos otros asuntos personales." La mujer rascó su sien, "Y nunca pareció ser un momento apropiado… Deseamos venir a visitar mucho antes, Usagi, créeme, pero…"
"Oh." Usagi asintió. "Entiendo."
"Afortunadamente." El tono de voz de la mujer subió de ánimo. "Ahora que estamos retiradas, tenemos la libertad de ir de viaje a dónde queramos. Y claro que escogimos la Tierra."
"¿Eso quiere decir que Taiki y Yaten vinieron también?" Usagi vibró en su asiento cuando Seiya asintió en afirmativo. "¿Dónde están? ¡Quiero verlas!"
"Por favor, ni de broma las quería interrumpiendo nuestra cita. Las veremos más tarde en la cena. Kino-san nos invitó. ¡Mi responsabilidad es llevarte yo misma al restaurante, después de que hayas tenido un día lleno de diversión!"
Usagi no podía dejar de sonreír. Abochornada, giró su rostro en la dirección opuesta. ¿En verdad estaba sucediendo todo esto? ¿Qué tal si se encontraba soñando? Despertar sería una crueldad. "No puedo creer que las chicas hayan podido arreglar esta sorpresa sin delatarse. Aunque ahora, mirando atrás a la llamada de esta mañana, Minako estaba comportándose de manera sospechosa."
"Agradécele a tu gatita Luna. Ella fue la que contactó a Yaten con la avanzada tecnología de su centro de comando." Seiya explicó. "Tus amigas se encargaron del resto."
"¿Así que Luna y Yaten han tenido contacto, sin yo saberlo? Oi, que egoísta. ¿Por cuánto tiempo?"
Seiya se encogió de hombros. "El tiempo no pasa igual en Kinmoku, pero digamos que para los estándares de Tierra… Mmm… ¿Un par de meses?" Seiya batió una mano para tranquilizarla. "No te enojes con ella, Usagi. Tu gatita y tus amigas sabían que tu Cumpleaños se acercaba y querían hacer algo especial para ti. Obviamente, estaban conscientes que contactarme era la mejor opción."
"Por Kami-sama, me sorprende que no salgas volando con tremenda cabeza inflada de ego que llevas cargando." Usagi carcajeó.
"Bueno, ¿acaso estoy equivocada? ¡Oh, ese edificio no existía tampoco!"
Usagi miró hacia donde Seiya apuntó en la ventanilla y rodó sus ojos. Sonriendo con las tácticas infantiles, la rubia se acercó a la mujer, tomando posesión de su rostro. Comenzó a virarla en su dirección.
"¿Qué le pasó al Centro de Videojuegos al que te gustaba ir? Lo busqué, pero no lo pude encontrar en los mapas de la ciudad—"
El beso sobre los labios de Seiya fue corto, y dulce. Cumplió con el cometido de callarla en seco.
Satisfecha, Usagi regresó a su asiento. "Mapas. Cielos, eres una cavernícola. ¿No has escuchado del internet todavía?"
Seiya sólo siguió mirándola. Atónita.
Usagi le sonrió con inocencia excelentemente actuada. "¿Qué? ¿Hay algo en mi cara?"
"Así que, así es como quieres jugar." Seiya sonrió para sí. "De acuerdo, te cedo esta ronda, Odango."
Usagi produjo un gemido de reproche. "Oi. ¡No todo es una competencia, Seiya!"
"Lo es para mí."
Bajaron en la parada a tres cuadras del Centro Comercial. Usagi aprovechó la oportunidad para actualizar a Seiya en muchos de los cambios del vecindario, incluyendo la demolición del CROWN y del Centro de Videojuegos. Motoki y su hermana se habían mudado desde hace años a Estados Unidos, una vez que se habían graduado de la Universidad. No que Seiya los hubiera conocido, pero se sintió agradable recordarlos, y compartirlo con Seiya.
"No sé qué tiene de especial ese país. Todos quieren irse a vivir allá. ¿Alguna vez viajaron los Three Lights a EU?"
"¿Qué cosa? Pensé que tú habías querido viajar a ese lugar." Seiya murmuró entre dientes. "Nah. Siempre quisimos enfocarnos en esta parte del mundo, donde teníamos la certeza de que Kakyuu-Hime estaba albergándose."
"Viví en Nueva York por un verano." Usagi sintió escalofríos con tan sólo recordarlo. "Lo odié. ¡La contaminación es horrible! ¡Y la gente es tan grosera, no tienes idea!"
Seiya alzó sus cejas, impresionada. "Wow. Mira quién se ha dado la buena vida."
Usagi le sacó la lengua. "Tuve que hacerlo. Era mientras Mamoru terminaba su pasantía de Medicina. Difícilmente podías estar casada con alguien del otro lado del mundo." No que vivir en el mismo país hubiera servido de mucho, al final, pero esa era otra historia. "Estaba embarazada, no podía estar sola."
"Ah, sí." Seiya le sonrió con gentileza. "¡Eres mamá! Como siempre soñaste. Tus amigas mencionaron que tuviste una hija. ¿Qué edad tiene?"
Usagi le devolvió la sonrisa, orgullosa. "Veinte años. Es toda una adulta. ¡Está estudiando Diseño de Modas en Brooklyn! Su sueño es mostrar una colección propia de ropa en algo que llaman Fashion Week. Dice que se supone que es un gran acontecimiento, conoces gente famosa y cosas así. Sé que cumplirá su sueño. Chibi-Usa es muy determinada."
"Estoy segura de que lo logrará si heredó tan siquiera un cuarto de la intrepidez de su madre."
Usagi picoteó una costilla de la mujer. "¿Qué tal tú?"
Seiya parpadeó. "¿Yo?"
Usagi rodó sus ojos "Vamos. ¿Hay algún Seiya Jr, del que deba saber? ¿Te casaste? Uh, aunque pensándolo bien—"
Seiya carcajeó. "No, no soy la canalla que Tenoh-san siempre me acusó de ser, Odango. Ningún Seiya Jr. tampoco." Ambas se detuvieron en el semáforo. Seiya se recargó en el poste de manera casual. "Estuve casada."
Los ojos de Usagi se engrandecieron, al mismo tiempo que su pecho pareció apretarse. "¿Ah, sí?"
Seiya levantó un hombro. "No funcionó. Aunque por lo menos, seguimos siendo buenas amigas después."
"Qué bueno. Debe ser agradable." Usagi masculló en forma distraída.
Seiya pareció tomarlo a mal. "Oye, por lo menos yo no estoy coleccionando ex-esposos como Yaten."
El mentón de Usagi cayó. "¡Nooo! ¿Yaten se ha casado?"
"Seis veces."
El semáforo cambió a darles permiso de cruzar la intersección. Seiya la arrastró de la mano, mientras Usagi explotaba del shock durante la trayectoria.
"¡Sugoi! ¡Espera a que las chicas lo sepan! ¿Seis veces?" Que flojera. Con un sólo divorcio, Usagi había tenido suficiente. El papeleo había sido horrible, así como increíblemente lento, por la distancia con Estados Unidos. Lo único positivo, había sido que Mamoru había pagado todo. Tal vez en Kinmoku, los divorcios eran más fáciles de realizar. "¿Y Taiki? ¿Se ha casado también?"
"Estuvo a punto de hacerlo en una ocasión, pero se arrepintió. Dice que le importa más su profesión académica. Es bastante independiente."
Usagi tomó control del paseo, una vez en el estacionamiento del Centro Comercial. Guio a Seiya a la entrada, donde tomaron un elevador al cuarto piso, directo a la primera tienda de NTT Docomo para conseguirle un teléfono móvil. Usagi no intentó explicar el funcionamiento del internet, sabiendo que no contaba con la inteligencia de Ami para entrar en detalles. En su lugar, dirigió a Seiya a uno de los trabajadores, y pasó la misión a otro pobre ser humano. "¡Diviértete! ¡Estaré en la tienda de al lado!"
"¡Oi, Odango! ¡No huyas!"
Demasiado tarde. Usagi tenía nuevos zapatos que comprar.
Una hora después, Seiya se le unió luciendo bastante aturdida, sosteniendo su nuevo Smart-phone. "¿Ya sabes? No estoy tan retardada mental como piensas. Tenemos telecomunicaciones en Kinmoku también."
Usagi modeló los tacones azules frente al espejo. Eran muy bonitos. Tenían un moño en la parte del tobillo. "¿Oh, sí? ¡Eso es grandioso!"
Seiya se dejó caer en las sillas de los probadores. "No estás prestándome atención."
"Cuando sea tu cumpleaños, lo haré. ¿Qué te parecen?"
Seiya miró los tacones con desconfianza. "¿No duelen? No lucen cómodos para nada."
"Un poco. ¡Pero míralos! ¡Son tan lindos!"
Seiya se encogió de hombros. "Tú misma lo dijiste, es tu Cumpleaños, Odango. Cómprate lo que quieras."
"¡Lo haré!" Incluso después de ver el precio, Usagi no desistió. Este tipo de gustos no se los daba todos los días. Ahora que Chibi-Usa no vivía con ella, había podido ahorrar para algo especial. "¿No quieres comprarte unos zapatos tú también? El restaurante de Makoto es elegante. Sólo asiste gente muy presumida. No puedes ir en zapatos deportivos." Con la punta del zapato azul, golpeó uno de los tennis de la mujer. "¡Es verdad! ¿Trajiste más cosas contigo para el viaje? Podemos aprovechar y comprarte algunos artículos para ti."
"Eres muy dulce por ofrecerte." Una vez que Usagi se sentó a su lado, Seiya acomodó su cabeza en su hombro. "Pero, no te preocupes. Taiki y Yaten deben estar haciéndose cargo de todo eso, en estos momentos. Trajimos algunos artículos con nosotras, pero no es como si pudiéramos tener viajes intergalácticos con cinco maletas cada una."
Usagi rio con la imagen mental. "¿Planean quedarse… por un rato, entonces?"
Seiya encendió su Smart-phone, la luz de la pantalla iluminando se rostro. "Ésa es la idea. Estamos retiradas, Odango. Es hora de unas merecidas vacaciones. ¿Quién sabe? Quizás Yaten encuentre al séptimo esposo en este lugar."
Oh, por Kami. Eso sería perturbador. "Tendrán que regresar, eventualmente, ¿no? Quiero decir, supongo que tiene vidas a las cuales regresar…"
Seiya levantó su cabeza, por fin captando a donde quería llegar Usagi con su cuestionamiento. Rodeó el respaldo del asiento de la rubia con determinación. "Seguro. Regresaremos… En algún punto más adelante. En especial para que puedas conocer Kinmoku. ¿No te gustaría?"
Usagi abrió la boca. Una objeción fue su primer impulso. Luego, lo pensó con más detenimiento. No tenía responsabilidades más que el puesto que tenia de Productora en la Televisora, pero tenía todo el derecho de pedir unas vacaciones. Su trabajo de crianza de Chibi-Usa estaba hecho, ya que la chica había volado del nido, por así decirlo…
Terminó asintiendo, una sonrisa sorprendida estirando su boca. "Me encantaría, Seiya."
"Decidido." Por un momento, Usagi pensó que Seiya la besaría otra vez—tan poca siendo la distancia entre las dos, pero su amiga pareció frenarse. Por alguna razón. "¿Sabes? Creo que compraré algo, después de todo. Por lo menos, parecen vender botas decentes."
"De acuerdo." Usagi la dejó ir, su corazón latiendo a mil por hora. Retiró los zapatos que iba a comprar, guardándolos de regreso a su caja. Se colocó sus botines vaqueros de vuelta. Mientras Seiya bobeaba por el lugar, aprovechó su tiempo para ir a pagar su autoregalo.
Seiya fue rápida y concisa con su compra, diez minutos después. Ni se molestó en probar el par de botines de cuero negro, dirigiéndose directo a la caja. Usagi no pudo creerlo. "¡Por Kamisama! ¿Estás loca? ¿Qué tal si no te quedan?"
La cajera no mostro escrúpulos en cobrar el articulo a la tarjeta de crédito, sin embargo.
"Los puedo devolver. No es para tanto."
Usagi rodó sus ojos. "Eres peor que Shingo."
"¡Oh, tu hermanito!" Seiya la siguió a la salida de la tienda. "¿Qué ha hecho de su vida?"
Usagi sacó su móvil de su bolso, invitando a Seiya a acercarse a la pantalla. "Oh, ya verás." Accedió al folder de sus fotografías más recientes, escogiendo una donde Shingo aparecía jugando con Persii-chan en el parque. "Mira, ¡soy tía!"
"Aw, lucen muy lindos. ¿Qué edad tiene la pequeña?"
"Cuatro años." Usagi respondió. "Shingo trabaja como Maestro en la Universidad de Tokio. Pero, no podrás creer con quien se casó… Espera… está por aquí… ¡Ajá!"
Seiya examinó la pantalla. Usagi esperó hasta la bombilla se encendió.
"Espera un momento, ¿esa joven no es… Tomoe-san?"
Usagi sonrió de oreja a oreja. "Tsukino-san, querrás decir. ¡Hotaru es mi nueva hermana!"
"Que grandioso. Luces muy felices." Seiya no tardó en imitar los dedos deslizantes de Usagi para ver más fotografías de la familia feliz. "Shingo-kun se parece tanto a ti, Odango. Juraría que son gemelos."
"Lo sé, ¿verdad? No se lo menciones, el tonto se ofende." Seiya tomó la bolsa de compra de Usagi para cargarla junto a la suya. Usagi guardó de regreso el móvil.
"Entonces, ¿qué se te antoja más? ¿Un sundae extra-grande en Candyland Extraordinare?" Seiya preguntó, examinando los letreros que las rodeaban. "¿Sushi? ¿Comida Hawaiiana?"
"Uy, todo suena delicioso." Usagi salivó en instinto. "¡Mmm, que elección tan difícil!"
"¿Qué tal si comemos comida real primero, luego el postre? Conociéndote, sabrás dejar espacio."
Usagi mordió su labio inferir, tratando de decidir entre Sushi y las otras opciones. "Tengo una idea. ¡Vayamos al buffet de Sarku! Por lo menos allí tienen un poco de todo. Están un piso abajo."
"Tus deseos son órdenes, Odango Atama."
"¡Y que no se te olvide!"
En el elevador, un grupo de adolescentes se le quedaron viendo a Seiya por unos instantes. Usagi estaría muy sorprendida de que pudieran reconocerla como miembro de los Three Lights. Usagi dudaba que las niñitas hubieran nacido en aquel entonces. Sintiéndose sobreprotectora, Usagi se adueñó del brazo de su amiga, actuando de escudo humano. Seiya estaba distraída en su móvil, como para comentar al respecto.
"Sólo espera a que Yaten tenga uno de éstos, nunca volverá a salir de su recámara."
Usagi sintió una gota de sudor correr por su nuca. "¿Tú crees?"
"Por lo que veo hay una aplicación para todo. Si esto evitará que Yaten interactúe con otras personas, créeme que elegirá la vida en hibernación."
"Sí suena a la Yaten que recuerdo." Usagi rio suevamente, recordando la riña que había tenido con la versión ídolo y las cartas de sus fanáticas. "Admito que soy de la vieja escuela. El internet es genial, pero no puedes vivir tu vida por medio de una pantalla. Que aburrido."
Seiya le sonrió. "Ditto."
Sonrojada por la atención focalizada de Seiya, Usagi reacomodó su cabeza en el hombro de la mujer. Por dentro, sus entrañas hicieron una danza extraña y bastante hilarante. ¿Cómo podía ser posible sentirse una joven enamoradiza a su edad? Dejó a Usagi en un estado de euforia; una anticipación creciendo desde lo hondo de su estómago, hasta su pecho.
El pasar de los años había sido bondadoso con Seiya, de igual forma.
Quizás por circunstancia similares con Kakyuu-Hime y la conexión a sus Star Senshis, Seiya no aparentaba su edad. Por lo menos en términos terrícolas. Los cambios que presentaban tenían más que ver con las curvas rellenadas de sus muslos, la amplitud de sus bíceps—detalle que Usagi podía sentir con sus propios dedos al tocarla. En las sienes de Seiya, Usagi podía divisar un par de mechones plateados, aunque nada extremo. Su rostro vestía más líneas de expresión alrededor de sus ojos, hablando de emociones fuertes atravesando a su dueña, y una pequeña cicatriz cruzaba su ceja derecha. Seiya había perdido aquella gracia adolescente en general, pero Usagi no podía considerarlo como algo negativo. La versión actual proyectaba una seguridad que Usagi había extrañado, mezclado con una serenidad que su joven persona todavía no había adquirido.
Sin importar la adversidad, algo que Seiya le había enseñado, había sido el volverse a levantarse. A seguir adelante. Todo indicaba que Seiya había seguido su propio motto.
"Que callada. Puedo escucharte pensar desde aquí." Seiya comentó, al salir del elevador.
Usagi no lo negó. Liberó una enorme exhalación. "Ya sé. Todavía se siente increíble… Creo que mi cerebro aún está tratando de reajustar el pasado con el presente." Usagi gesticuló sobre su persona. "No sé qué es lo esperas, pero te tengo unas cuantas sorpresas. Ya no soy esa chiquilla que conociste."
"¡Uf! Ni yo." Seiya la alentó a acercarse a una de las mesas del Centro Comercial para dejar las bolsas. Con las manos libres, la mujer se tornó a Usagi, tomando ambas palmas con las suyas. "¡Hice tantas tonterías!"
"¡Vamos, fue divertido!" Usagi rio, de nuevo, melancólica. "¿Recuerdas cuando fuiste Oficial de Policía? ¿Y cuando filmaron esa horrible película de superhéroes?" Sus risas se volvieron malvadas, entre más pecados del pasado regresaron a la mente de Usagi.
Seiya compartió sus risas, rodando sus ojos en bochorno. Después, la mujer se incorporó a una expresión más contemplativa. "Odango, no espero absolutamente nada de ti más que poder ayudar a que este Cumpleaños sea memorable para ti. Espero lo sepas. Sigo siendo tu amiga. Sigues siendo importante para mí."
Sonrojada por milésima ocasión, Usagi enterró la punta de una bota en el piso pulido. "Dime… ¿Qué tanto te contaron las chicas sobre mi vida personal? Y sé honesta, Seiya."
"Odango." Seiya frunció su ceño. Luego, suspiró. "No mucho. Un resumen básico con los puntos más importantes."
"¿Los cuales fueron?"
"Te casaste, tuviste una hermosa hija, te divorciaste, y actualmente… Bueno, me dijeron que podrías necesitar una buena amiga. Eso fue todo. Lo juro. De todas maneras, Odango, te lo dije. Estamos recientemente retiradas. Yo no necesitaba que tus amigas nos contactaran para saber que lo que quería era regresar a verte. Todo fue una suertuda coincidencia."
El calor se concentró en el cuerpo entero de Usagi con la confesión. "Nada es lo mismo, ¿sabes? Después de tener un bebé, nada queda igual… Ni abajo, ni arriba, ni a los lados. Y las estrías, oh que horror…" Usagi gimió con honesta decepcionó. "Mis cambios de humor no han mejorado con la edad y Chibi-Usa me exprimió de cualquier tipo de paciencia. Esa niña me hizo ver mi suerte."
El rostro de Seiya fue una cómica mezcla de incredulidad y terquedad. "Si tratas de asustarme, tendrás que esforzarte más, Usagi."
Usagi jugó con las solapas del blazer de la mujer. "Por Kamisama, no he tenido una cita en años. Me siento como pez fuera del agua." No estaba segura si el intenso episodio involucrando feromonas, un estacionamiento vacío, y a Sailor Uranus, contaba como tal, pero ni loca lo mencionaría. Usagi todavía no entendía por qué un estúpido villano-de-la-semana haría ese tipo de fechorías. "Y es lo que quiero, Seiya. Me gustaría en serio que esta fuera una verdadera cita."
Hubo un momento de silencio, sólo la música del establecimiento acompañándolas.
La mano de Seiya cubrió la suya, su anillo de pulgar resplandeciendo con las luces artificiales. Cuando habló, su voz se escuchó autojustificada. Plena con revelación. "Lo sabía. Sabía que habías tenido sentimientos por mí. La sospecha no había estado sólo en mi cabeza."
Usagi sonrió con la pesada condena. "No podía corresponderte. Simplemente…" En aquél entonces, había sido impensable. "No podía hacerlo. Gomen." En la escala de importancia, concebir a Chibi-Usa había sido imperativo. Si Usagi se hubiera permitido abrir aquella puerta alterna con Seiya, Usagi había sabido desde entonces, que todo había podido cambiar. "Pero quiero que sepas, que tú nunca dejaste de ser importante para mí tampoco. Pocas personas… me conocen tan bien como lo hiciste."
Que el futuro Tokio de Cristal jamás se hubiera manifestado había sido un problema fuera de las manos de Usagi. Su consciencia estaba limpia, considerando que ella había estado dispuesta a realizar los sacrificios necesarios para que ese futuro se materializara.
Ese día no había llegado.
Y ahora, Usagi tenía la libertad de elegir.
"Nunca dejé de pensar en ti, Usagi." Seiya anunció, desviando su mirada al piso debajo del centro comercial. "No tenía ninguna clase de expectativa al venir aquí, sólo quería verte de nuevo. Definitivamente, no hay mujeres como tú en Kinmoku."
Usagi levantó su mentón, autoestima reparada. "Duh. ¡Claro que no las hay! ¡Soy única!" Jaló a Seiya de la chaqueta. "Bueno, ya que aclaramos que ambas seguimos gustándonos." Se levantó en sus puntillas para besar a Seiya por segunda ocasión.
No fue corto, esta vez. Ni dulce.
-Oh, Dios. Las rodillas de Usagi temblaron.
Seiya la cautivó en sus brazos, una de sus palmas acariciando su cuello y otra sosteniendo su espalda baja, mientras sus labios se moldearon juntos. Para Usagi fue inescapable el no estremecerse; chipas literalmente volaron.
Aquella tensión que siempre las había tenido en ese eterno estira-y-afloja, por fin reventó. Los labios húmedos de la mujer extrajeron de Usagi, más de un suspiro risueño.
Consciente de que estaban en un lugar público, Usagi fue la primera en proveer el desenlace. Seiya restregó su rostro contra su cuello de manera tierna.
"Mm. Hueles muy bien, Odango."
-De acuerdo, no volveré a desconfiar de Michiru. Usagi empujó a Seiya con jugueteo. Seiya le robó otro beso, energizándola, y con un poquito más de lengua involucrada. Las hormonas de Usagi despertaron, entonces. Después de su largo exilio, las pobres se levantaron en armas. Por un momento intenso, entraron en duelo con su estómago, luchado por dominio.
¿Podemos llevarla a casa, por favor?—parecieron suplicarle a Usagi.—¡Por favor!
Las tripas de Usagi rugieron en oposición.
Seiya succionó parte de su lengua, hundiéndola en un vórtex de sensaciones nuevas y de antaño. Oh, Sugoi.
Usagi abrió un ojo, y estiró su mano a media ciegas para tomar las bolsas de compras de la mesa. Con el objetivo cumplido, rompió el beso por completo, comenzando a jalar a Seiya de la chaqueta en dirección del elevador más cercano. Las carcajadas de Seiya hicieron eco por el Centro Comercial, dejándose manipular al antojo.
"¡Odango! ¡Pensé que tenías hambre!"
Usagi oprimió el maldito botón del elevador tres veces seguidas. "¡Podemos ordenar comida online! ¡Otra ventaja de la tecnología!"
Seiya le cubrió las espaldas con sus brazos. "Creo que debería sentirme halagada por ser escogida sobre tu estómago."
Los olores del buffet parecieron hacer un último intento por seducirla. Usagi inhaló profundo. "Oh, no tienes idea de cuánto."
El viaje a la planta baja fue un remolino de adrenalina y nervios. Al no encontrarse a solas en la cabina, ambas se limitaron a echarse miradas fugaces y compartir risas exhilarantes. En cuanto las puertas de elevador se abrieron, Usagi dirigió de la mano a Seiya hasta la salida del Centro Comercial. Por rapidez, escogió uno de los taxis en espera, ni siquiera resistiéndose al alto costo. Usagi no recordaría después el haberle balbuceado al taxista su dirección, hiperconsciente de cada apretón de los dedos de Seiya alrededor de los suyos—de cada centímetro que las apartó en el asiento trasero, camino al departamento.
"Sigues sorprendiéndome, Usagi. ¡Mira este vecindario!" Seiya se adelantó a pagar al taxista, a espaldas de Usagi. Al salir, la mujer silbó impresionada.
"No es para tanto." Usagi murmuró, sonrojada. "No se debe comparar a la mansión en la que debiste vivir cuando eras ídolo."
"Pfff. Claro que no. Queríamos pasar lo más desapercibidos posibles. Mansiones hubieran tenido el efecto opuesto. Oh, es cierto. Nunca te invité a conocer elpent-house." Seiya sonó arrepentida, caminando detrás de ella, mientras entraban al lobby. "Gomen, Taiki y Yaten no eran muy abiertos a recibir visitas en aquel entonces."
Usagi pausó por un instante con el único propósito de plantar un dulce beso en su mejilla, aceptando la disculpa. Luego, prosiguió a tallar parte de su labial de la piel sonrojada de Seiya. "¡Ups! Vamos, te prometo que no tomaremos más elevadores, vivo en la planta baja."
Tras abrir la puerta de su hogar, Usagi retiró sus botas con gusto. "¡Bienvenida a la Residencia Tsukino! Siéntete como en casa, Seiya, por favor. ¡Pediré la comida!"
Recordando que Seiya había amado comer hamburguesas, pidió dos lonches para ambos del DELI que Usagi siempre frecuentaba. Al regresar a la sala, encontró a Seiya observando la larga fila de retratos que Usagi tenía en exposición. Sonriendo, Usagi fue a la cocina por dos latas de refresco.
"¿Gustas?" Le ofreció, al aparecer a su lado.
"Gracias." Seiya sonrió a los retratos. Desde la graduación de la preparatoria, la boda de Usagi, fotos de su viaje a New York con su pancita crecida—los ojos ávidos de Seiya analizaron cada momento. Su mirada pareció atascarse unos momentos en las fotos de Chibi-Usa, aunque no hizo comentario.
"¿Mina-san es mamá también?" Seiya se apresuró a tomar el retrato de Mina sosteniendo a sus mellizos recién nacidos. "¡No lo mencionó!"
"Hai. ¿No son lindos? ¡Nacieron en Navidad! Romina y Michael." Usagi ancló su mentón en el hombro de Seiya por detrás. "Minako esperó un largo tiempo antes de animarse a seguir sus sueños. Me alegra que finalmente lo esté haciendo. Su esposo es un actor muy popular en Europa. Rhys-san. Es un gran hombre, muy agradable."
"Wow." Seiya devolvió el retrato. "Me he perdido de muchas cosas. Tampoco estaba enterada de que Makoto-san y Ami-san estuvieran juntas."
"¡Aw, sí! Son perfectas una para la otra. Lo gracioso es que apenas hace un par de años fue que reconocieron tener sentimientos mutuos. Justo después de que Makoto-chan regresara de trabajar en Francia. Pobres, trabajan largas horas, están haciendo su mejor esfuerzo para no dejar que eso les afecte. Lucen muy enamoradas, ¿verdad? Esta foto es del Cumpleaños de Ami, hace unos meses. ¡Yo la tomé!"
"Buen trabajo. Lucen embelesadas una con la otra." Seiya le guiñó el ojo, al darse la vuelta. Abrió la lata de refresco, tomó un sorbo, y colocó la lata en el estante a sus espaldas. "Dime, Odango, ¿cuánto tiempo dijiste que tardaría en llegar la comida?"
Usagi no lo había mencionado. Se refrescó la memoria. "Mmm. De 40 a 45 minutos, según el repartidor."
"Perfecto." Seiya retiró el refresco de sus manos para compartir el destino de la otra lata. Sostuvo la cintura de Usagi para acercarla. La rubia liberó una risilla al ser besada con renovado entusiasmo.
Un gemido, prontamente, reemplazó su humor.
Usagi se colgó del cuello de Seiya sin pensarlo más, valorando la privacidad. Acarició el cabello de la mujer con cariño—con curiosidad, queriendo aprender su textura. De joven siempre se había preguntado cómo se sentiría correr sus dedos por el cabello de Seiya—pero ese había sido otro impulso que se había obligado a reprimir. Ahora con su propia chaqueta descartada, Usagi tuvo la maravilla percibir las palmas de Seiya recorrer su espalda.
Escalofríos le invadieron; Usagi se onduló a las caricias, respondiendo.
Seiya presionó sus frentes juntas; Usagi abrió sus ojos lo suficiente para divisar aquellas mejillas acaloradas. Suficiente, para sentir sus alientos chocar.
No era como si necesitaran verbalizar sus emociones. No, después de más de dos décadas con este deseo irresoluto pendiente entre ellas. Seiya murmuró sílabas extranjeras en su oreja, su significado importando poco, puesto que la calidez de su tenor transmitió todo lo que Usagi ocupada saber.
Cómo terminaron en el sofá, Usagi no podría determinar, si después trataran de interrogarla al respecto.
El peso de Seiya la aprisionó en un delicioso abrazo. Usagi cedió su cuello, extrañando el contacto cercano con otro amante.
Sus propias manos se deslizaron por debajo de la camiseta de la mujer, impacientes.
Tanto tiempo.
Imaginándolo.
Censurándose, empujando el recuerdo de Seiya hasta lo hondo de sus pensamientos.
Una de las constantes debilidades de Usagi continuaba siendo acoplarse a la soledad, y esta franja de años viviendo por sí sola no había sido la excepción. Miranda, su mejor amiga en la Televisora, solía arrastrarla a todo tipo de fiestas para presentarle gente nueva, pero hasta ahora, Usagi no había contado con suerte en el departamento del amor.
Era difícil tener una relación con una persona que solo conocería la mitad de ti, después de todo. Mamoru había corrido con suerte al haberse enamorado de Setsuna. No había razones para guardar identidades secretas. Cuando Rhys-san había averiguado por accidente la existencia de Sailor Venus, Minako había luchado por no perderlo…
Con Seiya, ¿qué había que esconder? Su amiga la había conocido en sus puntos altos y puntos más bajos. Habían sobrevivido el mismo infierno juntas.
"Eres hermosa." Seiya murmuró contra su pulso. "Tu estrella guarda el mismo resplandor…"
Usagi desvió su mirada, sus dedos jugueteando con las planicies de la espalda de Seiya. "Aduladora." ¿Qué Seiya no había estado casada? Usagi no podía ni imaginar qué clase de modelo de catálogo había sido la escogida. Usagi dudaba el llegarles a los talones a las clases de novias que Seiya hubiera podido tener en Kinmoku. "No tienes que esforzarte en cortejarme como en la preparatoria, Seiya." Usagi resopló con humor. "Soy cosa segura."
Seiya rodó sus ojos, al volver a la superficie. Le sonrió con labios ligeramente hinchados. "Ay, Usagi. Siempre dices puras tonterías." La mujer le besó, paciente. "Está bien, sólo tendré que esforzarme más en demostrarte que hablo en serio. Siempre lo hice."
Recuerdos de todas aquellas líneas galantes que Seiya le había compartido en su juventud, le dieron un revolcón a su corazón. "Convénceme todo lo que quieras."
Sus piernas se anclaron a la cintura de Seiya—directa con la invitación. Siguió recorriendo las espaldas a su disposición, besando a la mujer con todas sus fuerzas. Recibió un gemido en recompensa. Usagi apretó sus muslos, ondulando su cuerpo. La estúpida falda siguió atascándose entre sus regazos para conseguir más fricción, así que, con un gruñido, Usagi se apoderó de una de las manos de Seiya para deslizarla por su pierna derecha. Riéndose, Seiya abultó la falda paulatinamente, ascendiendo por su muslo con dedicada exploración.
En un punto, Usagi tumbó su cabeza hacia atrás, la boca de Seiya delineando figuras en el nacimiento de sus senos, sus cuerpos embistiendo a ritmo lento. Las manos de Usagi no dejaron de moverse—tocaron lo que pudieron desde su posición, apretando los glúteos de Seiya para acercarlas más. Oprimiendo sus dedos alrededor de su nuca para darle aliento a seguir. Sus dígitos rozando con los límites de su sostén.
"S-Seiya." Usagi jadeó. Los significados fueron variados. A) Seiya, apresúrate. B) Seiya, no te detengas. Nunca. C) Seiya, la comida no tarda en llegar. Usagi le dio a escoger porque su cerebro estaba apagándose.
"Mmm-hmmm." Fue la vibración que recibió contra su esternón.
La falda fue alzada con intención—
La mente de Usagi hizo corto-circuito.
Los dedos de Seiya sabían que hacer. Frotaron sobre su ropa interior en preludio—Usagi produjo sonidos de aprobación. Luego, su calzón fue doblado y ya no hubo barreras.
Usagi cerró sus ojos, apretando sus parpados. Haruka había sido la última persona en tocarla de esta forma. Aprende lo que te gusta—había sido su comando, víctima de la fiebre de feromonas artificiales—Sé clara.
Seiya no la dejó pensar con claridad, sin embargo. Tomó el mando, aplicando la dulce fricción que Usagi había estado ansiando. Sus caricias no fueron delicadas; apresuraron a Usagi hacia la meta final con propósito. Su clítoris mandó fuegos artificiales por todo su cuerpo. Usagi onduló su cérvix instintivamente, gimiendo sin poder alguno.
"Usagi." Seiya regresó a su cuello. "Tus sonidos, Astros."
Usagi estaba tan estimulada que cuando dos dígitos se introdujeron, no dolió. -Sí, por favor. La mujer jaló de la cabeza de Seiya para besarla. El placer se duplicó—Seiya buscó y experimentó hasta encontrar un punto que—Usagi se dejó caer de regreso al colchón, inmóvil, sus labios húmedos prendidos de las sensaciones.
"Justo ahí, ¿eh?" Seiya besó su oreja. "¿Te gusta?"
Usagi creyó haber asentido. No estuvo segura.
"Vamos, Odango, déjame verlo."
Como si Usagi pudiera detenerse—Su mismo cuerpo lo pedía. Sus venas cantaron, los vellos de su cuerpo se erizaron. Tensión endureció sus músculos en preparación.
Sonó el timbre—el orgasmo la golpeó con venganza. Usagi quiso reírse con la sincronía, terminó maullando contra la boca de Seiya, extasiada con la extraordinaria sensación de volar, volar, volar.
Usagi permaneció ida en el sillón, dejando su cuerpo relejarse. Sintió a Seiya levantarse, sacrificándose por el bien de sus estómagos, y Usagi se acomodó más a gusto, reajustando su falda en el proceso. Escuchó la puerta de entrada siendo abierta y voces siendo intercambiadas.
El maravilloso olor de las hamburguesas fue detectable hasta la sala. Usagi salivó de inmediato.
"¡Mmmm! Huele rico." La rubia estiró sus brazos y sus piernas. Comenzó a levantarse. "Uy." Al notar el pobre estado de su blusa de tirantes, una sonrojada Usagi se apresuró a reacomodar todo en su lugar. Rio para sí, incrédula por la pasión recién compartida.
Se apresuró a su alcoba para cambiar de atuendo y asearse.
Fijarse en el espejo fue un error. Usagi no se reconoció con la persona de esa mañana. Rastros de los besos de Seiya permanecían en su pecho y en su cuello. Su propia boca enrojecida superaba el tono de su labial, y su cabello—Por Kamisama. ¡Que desastre!
"¿Odango?"
"¡Estoy aquí!"
Dentro del clóset, Usagi se deshizo de la blusa y optó por una más holgada. Descartó sus pantimedias, sintiéndose acalorada. Picaban, además. Su ropa interior, aw, ni hablar. Usagi lo desechó todo en el cesto de la ropa sucia, suspirando con resignación. A este paso, Seiya sería una amenaza para todo su guardarropa.
Justo cuando terminaba de colocarse sus leggins de ejercicio para estar más cómoda, la cabeza de Seiya se asomó por el clóset. "¡Sugoi! Este lugar es del tamaño de otra recámara."
"Por supuesto, ¿por qué crees que trabajo tanto? Para comprarme todo lo que quiero."
"Bueno, Señorita Trabajadora. La comida se está enfriando."
Ya vestida, Usagi caminó hacia Seiya, sonriéndole. "Pobre de ti, ni siquiera pude regresar el favor." Le mostró un puchero juguetón. Seiya lo besó.
"Tenemos tiempo para que me lo compenses." Seiya le susurró, picara.
"Uy, suenas tan segura." Usagi bromeó, una nariz frotándose con la de Seiya. A pesar de sus palabras, el corazón de Usagi se aceleró con la noción. El deseo por tener a Seiya a su completa disposición, fue una fantasía que ansió volver realidad. "Si quieres cambiar de ropa, adelante. Mi clóset es tu clóset."
"Lo recordaré." Seiya le empujó de las espaldas. "Anda, hora de comer. O te pondrás de mal humor."
En la sala, comieron con el televisor encendido. Ceder el control remoto fue el comienzo de una guerra constante por elegir un canal especifico. Fascinada por el interminable contenido, Seiya le dio la vuelta más de cinco veces al catálogo de canales, su asombro creciendo con la alta definición de la pantalla plana. Al parecer, en Kinmoku no lo consideraban una necesidad tener HD. Al final, Seiya se detuvo por una repetición de una de las películas de El Señor de los Anillos. Su pasión por las películas de aventuras retornó así de rápido. Usagi le explicó que eran tres películas en total, más las precuelas, y que no entendería mucho si no las miraba en secuencia.
Seiya no cambió de canal, fascinada por la batalla en Helm's Deep.
Usagi acabó con sus papas fritas demasiado rápido. Mientras Seiya fue por otro refresco, se robó unas cuantas del contenedor de la ex-ídolo.
"¡Oi, te vi!"
Usagi brincó en su asiento. "¿Eh? ¿Yo? ¿De qué hablas?"
Seiya la miró con suspicacia. "Mmm."
Notificaciones de nuevos mensajes distrajeron a Usagi mientras su acompañante terminaba de comer. Cuando descubrió al remitente, Usagi hizo una mueca. Todos los mensajes fueron de no otra, más que Haruka Tenoh. Había cinco llamadas perdidas registradas de su número. Al abrir el primero mensaje, una gota de sudor atravesó la cabeza de Usagi.
Óh, óh.
Usagi regresó su móvil a la mesa.
"¿Pasa algo?" Seiya preguntó, ojos adheridos a la pantalla.
"Dime, Seiya." Usagi utilizó sus mejores ojos de borrego a medio morir. "Si te pidiera que no le hicieras caso a cualquier intento de riña que proviniera de Haruka esta noche, ¿lo harías?"
Ante su tono endulzado, Seiya suspiró. "¿Con que ya se enteró? Nos pareció extraño que no se apareciera a recibirnos, al atravesar su atmósfera."
"Ah, verás, Michiru se encuentra fuera del país por ahora. Y Haruka… bueno, debió haber estado ocupada trabajando. De cualquier forma, ¡ya lo averiguó!"
"¿Cuál es su problema, ahora?" Seiya silenció la película. "Han pasado más de veinte años desde que nos dirigimos la palabra."
Usagi refunfuñó. "¿Por qué me lo estás preguntando a mí? ¡Tú fuiste quien la enfureció desde el primer momento en ese camerino!"
"¡Pero yo no estaba haciendo nada!"
"Oh, por favor." Usagi rodó sus ojos. "¡Estabas ayudando a Michiru con el zipper de su vestido, pervertida!"
"¡No por las razones que estás pensado!" Seiya achicó sus ojos, enrojeciéndose hasta las puntas de las orejas. "¡Oh, no me mires así! Sólo quería investigar por qué su estrella brillaba de esa forma, estaba actuando—Quiero decir, ¡no es como si yo me hubiera ofrecido!"
Usagi rompió en carcajadas. "Bueno, al menos Michiru no estará esta noche en la cena para ser la manzana de la discordia."
Seiya resopló incrédula por sus narices.
Usagi alzó una ceja. "¿Huh?"
"Odango." Seiya suspiró, lanzándole una mirada extraña. "Si alguna vez hubo una manzana de la discordia, definitivamente nunca se trató de Michiru-san."
Fue turno de Usagi el de teñirse como crayola. "¿A-A qué te refieres?"
En lugar de seguir ese tema de conversación, Seiya se empinó su refresco hasta vaciarlo, dejando salir un sonido de saciedad después. "Como sea. Es tu Cumpleaños. Por esa razón haré mi mejor esfuerzo por no seguirle la corriente, si trata de provocarme."
"¿Sin importar lo que llegue a decir?"
Seiya pareció estar mordiendo piedras. "Sin importar… lo que la tonta diga, sí."
Usagi sonrió agradecida. "Gracias, Seiya." Se acercó para plantarle un breve besito en la mejilla. "Hablando de la cena, debemos comenzar a prepararnos… ¿Qué te pondrás? No compraste nada en el Centro Comercial más que zapatos nuevos. Te dije que el Restaurante de Makoto es muy elegante."
"El plan era llamar a Taiki para que me trajera algo de ropa, pero me mandó un mensaje a mi intercomunicador. Dice que tiene mejores asuntos que atender, que ser mi sirvienta." Seiya se encogió de hombros. "¿Supongo que puedo encontrar algo que no sea rosado en tu enorme clóset?"
Usagi sobó su mentón. "Creo que Mamoru dejó algunos de sus trajes en el apartamento… ¿Te gustaría probártelos? Ustedes tienen complexiones muy similares."
"Seguro." Seiya estiró sus brazos con gusto. "¡Su pérdida es mi ganancia!" Le ofreció una mano a la rubia para ayudarla a levantarse. "Y no sólo hablo de su guardarropa." Seiya murmuró contra sus labios. Usagi picoteó su costilla por la broma de mal gusto.
Después de regalarle un cepillo de dientes, nuevo de empaque, y entregarle los trajes de Mamoru para su inspección, Usagi le permitió a Seiya tomarse una ducha en el baño de la ex habitación de Chibi-Usa (ahora convertida en cuarto de huéspedes). Mientras tanto, Usagi tomó su propia ducha en su alcoba.
Para ahorrar tiempo, Usagi utilizó su pluma lunar para peinar sus colitas clásicas en cuanto salió de la ducha. Meditó unos minutos frente a sus cajones de ropa interior, pensando en qué tipo de ensamble utilizar. Especialmente, si deseaba sorprender a Seiya a su regreso de la cena…
"Estás muy segura de que regresará contigo. Pero, ¿qué tal si tiene otros planes?" Usagi se discriminó a solas. Sus inseguridades volvieron en ese instante, rebobinando los eventos de este día con ansiedad. Suspirando para sí, Usagi escogió al azar. Huyó al clóset para escoger qué ponerse. ¡Nunca era fácil decidirlo!
Al final, no quiso sufrir con un vestido corto, así que optó por pantalones rosados que tenía poco de haber comprado, junto a una blusa blanca que cubriría las marcas rojizas decorando su pecho. Usagi tendría que utilizar mucho maquillaje para disimular las tendencias vampíricas de Kou Seiya.
"Muy bien, ahora, ¿cuáles zapatos…?"
Hubo un toquido en su alcoba.
"¡Pasa!"
"Ne, Odango. ¿Qué tan alto era tu ex? Sus hombreras son ridículas."
Dentro de poco tiempo, detrás del espejo de su propio reflejo apareció Seiya, jaloneando los hombros del saco oscuro.
Usagi dejo salir una risilla. Fue a uno de los cajones del closet y ofreció las tijeras. Seiya hizo un sonido de victoria. Le quitó el arma letal de las manos, lista para masacrar el pobre saco.
Fue algo muy simple.
La sensación de tener a otra persona en la alcoba, haciendo bullicio. Usagi pausó frente al alhajero, conmovida.
Se concentró en las maldiciones de Seiya al pelearse con las hombreras, cerrando sus ojos y sonriendo. Desde que Chibi-Usa se había marchado, la quietud había sido demasiado para Usagi. Por la misma razón, procuraba que Luna la visitara con frecuencia—la gatita se tomaba turnos entre el Templo Hikawa, el departamento de Ami y el departamento de Usagi—y trataba de siempre tener la televisión encendida, o música reproduciéndose, cuando se encontraba a solas en su hogar.
No podía soportarlo.
El silencio.
"¡Listo! ¿Qué piensas?"
El cabello de Seiya estaba húmedo todavía, así que no debió sorprender a Usagi notar que lo traía suelto.
Pero, lo hizo.
"¡Aw, que bonito!" Usagi ignoró la falta de hombreras para girar a Seiya sobre sus espaldas. "¿Por qué tiene que ser tan tomboy? Imagina todos los estilos de trenzas que puedo hacer con tanto cabello."
Pudo casi sentir el escalofrío recorrer a Seiya con la idea. "Oi. Pensé que te gustaba mi estilo."
Usagi jaloneó un mechón. "Siempre existe la oportunidad de mejorar tu dichoso estilo."
Una risa incrédula brotó de Seiya. "¡Mira quién habla!"
"¡Mi look es incomparable!"
"Excusas." Al sentir los dedos de Usagi peinar su cabello, la mujer pareció ronronear. "Juegas sucio, Odango."
"Déjame cepillarlo, al menos. ¡Está lleno de nudos!"
Seiya meramente se encogió de hombros. Usagi la invitó a sentarse en la cama, de vuelta en la alcoba. De inmediato, Usagi adquirió su cepillo y se acomodó detrás de Seiya para comenzar con la actividad que siempre había encontrado tranquilizante.
"Me encantaba peinar a Chibi-Usa desde que era una bebé." Hasta la adolescencia, claro. Desde entonces, Chibi-Usa no había sido fan de las coletas de su madre. En la actualidad, su cabello corto era la prueba más evidente de lo apartada que quería estar de la imagen de su madre—de la heroína que era Sailor Moon.
"Suena a que te gustó mucho ser mamá, Odango." Seiya torció su perfil para enviarle una sonrisa. "No me sorprende. Te gusta cuidar de otras personas. Recuerdo lo bien que cuidabas de Chibi-Chibi."
"Oh, Chibi-Chibi." Usagi aspiró con nostalgia. "Hace mucho tiempo que no pensaba en ella."
"Ya que estamos en el tema, ¿nunca volvieron a encontrarse con Sailor Galaxia?"
"¡Sí! Visita, de vez en cuanto. Me ha ayudado con algunos enemigos que se han aparecido esporádicamente."
"Mmm." Seiya regresó al frente, pensativa. "Kakyuu-Hime se preguntó siempre si estaría bien."
"No es la persona más comunicativa. Pero siempre viene, cuando le llamo. Vigila asiduamente los límites de la Galaxia por algún rastro del Caos." Usagi recordó las aventuras compartidas con Chibi-Chibi con añoranza. "Oye. Según recuerdo, tú no eras tan mala con niños tampoco. Chibi-Chibi te adoraba."
"¡Claro que me adoraba!" Seiya elevó sus hombros con el reconocimiento. "¡No por nada, soy la tía favorita de los hijos de Kakyuu-Hime!"
"Cielos. ¿Cuántos hijos tiene?"
"Tres, dos chicas y un varón. Son una fuerza de la naturaleza. ¡Fui su entrenador personal de Softball mientras crecían!"
"Aw, Seiya. ¡Tú y tu obsesión con los deportes!"
"Oi, fui un excelente entrenador contigo, ¿o no?"
Usagi rodó sus ojos, pero escondió su sonrisa. "Pobrecitos. Me encantaría conocerlos, algún día."
"Lo harás. No estaba bromeando. Kakyuu-Hime me amenazó con regresar contigo, o dijo que mejor no me molestara."
Usagi rompió en risillas. "Casi termino, no te muevas." Se volvió a levantar de la cama para buscar en su colección de scrunchies para atarle el cabello a la mujer. –Mmm, veamos, algo que grite Seiya. Nada de moños, eso sí. Al tener éxito en la misión, regresó a la cama.
Ató la colita clásica de Seiya con el accesorio metálico, el manguito plateado quedando perfecto. "Tadá. Listo."
"Arigatou." Seiya se dirigió directo al espejo del tocador, la muy vanidosa. "Mm. Nada mal, Odango."
Algo tenía que haber aprendido Usagi, al trabajar con los estilistas de la Televisora. Satisfecha, Usagi rodó por su cama con gusto, terminando hincada bajo su cama, buscando por el par de tacones blancos que había dejado preparados. Los llevó de la mano a su tocador, para continuar de alistarse.
Por su parte, Seiya se dio una última escabullida en el clóset. Para cuando Usagi casi terminaba de maquillarse, la mujer salió vistiendo otra camisa debajo del saco a rayas de Mamoru, ahora blanca y sin slogan. Usagi desvió su vista, sonrojándose con la atractiva imagen.
Su móvil timbró con notificaciones. Usagi alcanzó a divisar los nombres de Rei y Minako en los encabezados, uno tras el otro. "Uy, las chicas ya deben estar muriendo por saber cómo me fue con su regalo sorpresa."
Seiya se posó detrás de ella en el tocador, agachándose sobre su hombro para husmear en el Smart-Phone. "Algunas cosas permanecen igual." La pelinegra le guiñó el ojo con bribonada. Perseveró en esa posición por un momento, contemplando a Usagi.
Abochornada, la rubia se concentró en batir el cepillo del rímel. "Lo estás haciendo otra vez."
"¿Qué cosa?"
"Solías verme de esta forma todo el tiempo." Usagi murmuró entre dientes. En la rueda de la fortuna de su primera cita-que-no-había-sido-cita, durante el concierto en el Centro Megalópolis; debajo del balcón de su propia casa… "Me ponías nerviosa, no comprendía la razón."
"Me gustabas." Seiya susurró, cerca de su oído izquierdo. "¡Y no te hagas la inocente, me devolvías las miradas!" Seiya ablandó su burla con un pequeño beso en su lóbulo. "Claro, ahora sé por certero porqué."
"No estaba acostumbrada a esa clase de atención."
Seiya la miró con shock, alzando una ceja en crítica. "Odango, lo siento, pero si eso es cierto, déjame decirte que me alegra que tu ex sea tu ex. Chiba-san tendría que estar ciego, para no ver lo que yo veo."
-Si tan sólo supieras. Usagi suspiró. "Hai. Mamoru no era el esposo más extrovertido del mundo." Ignoró el resoplido irónico de Seiya y sacudió sus hombros para librarse de los fantasmas del pasado. "Pero ya no importa, Seiya. ¡Es mi cumpleaños, nada de pláticas de exes!"
"Trato hecho." Seiya presionó otro diminuto beso en su mejilla.
Usagi aplicó una última capa de rímel en ambos ojos y estuvo lista. Se levantó del tocador con su bolso y sus zapatos colgando de sus dos manos. "Oi, Seiya."
"¿Mm?"
Usagi sacó las llaves de su automóvil. Las lanzó sin aviso, para poner pruebas las grandiosas habilidades de entrenadora. La presumida de Seiya las atrapó sin problema. "¿Quieres conducir, o ya se te olvidó?"
La expresión de emoción en la carota de la mujer lo dijo todo.
[+]+[+]
"¡No puedo creer que nos hayas perdido tres veces camino aquí!"
"No fue mi culpa. Hice lo que el GSS decía y no sirvió de nada."
"GPS. Y creer que conoces mejores atajos que un satélite no es seguir instrucciones."
"Bueno, bueno, ya estamos aquí, ¿o no?"
"Tsukino-san. Buenas noches."
Usagi se percató de la atención no deseada que atrajeron con su entrada al lobby. Recuperándose, se acercó a Suchi-san para saludarle y confirmar la reservación. "Hola, Suichi-san. ¿Cómo te ha ido?"
El anfitrión la miró con interés, sonriendo al notar su compañía. "Excelente. Felicitaciones están en orden, ¿ne? Kino-san tiene una de las salas privadas lista para su reunión."
"¡Aw, arigatou! Makoto es muy considerada al consentirme así. Dime, Suichi. ¿Ya llegaron todos los invitados?" Usagi hizo una mueca. Ya podía imaginar los regaños de Rei.
"Así es." Suichi-san le sonrió con solidaridad. "Pero usted es la cumpleañera. Si alguien debe llegar tarde con estilo, es usted."
"Hehe." Usagi sobó su nuca. "Seiya, vamos, puedes ver los peces después." Se apresuró a tomar a la ex ídolo del brazo, retirándola de las peceras decorativas. Comenzaron a seguir a Suichi-san a la sala reservada.
"No estabas bromeando con lo de elegante. Miro puras caras largas y arrugadas."
Usagi le golpeó suavemente con su codo. Mordió sus labios para no reírse de manera obvia. "Baka."
"Hablo en serio. Hay puro anciano jubilado por aquí."
"Mako-chan dice que son políticos, o empresarios. Mayormente vienen a fumar puros y criticar la modernidad de los tiempos. Vengo a comer un par de veces al mes con Ami. No es tan divertido como ir al karaoke."
Los ojitos de Seiya brillaron. "Oooooh, karaoke. Grandiosa idea para la segunda cita."
"Shush." Usagi procuró soltar a Seiya en el momento que estuvieron en el segundo piso del restaurante, conociendo el camino a la sala de fiestas reservadas para eventos especiales. Suichi-san les sonrió y apuntó hacia la puerta de madera deslizable. "Que se divierta mucho, Tsukino-san."
"Arigatou." Usagi inclinó su cabeza, humilde. De reojo, miró a Seiya apresurarse a deslizar la puerta de la sala. "Seiya, shotto matte—"
"¡SORPRESA!"
Un ataque de serpentinas y espanta suegras explotaron en su estúpida carota.
Usagi lloriqueó, completamente indignada. "¡SEIYA-BAKA!"
Un insulto similar resonó del otro lado. "¡Ay, Seiya! ¡Buen trabajo, idiota!"
Usagi reconoció la voz al instante. Empujó a Seiya de su camino, de la emoción que surgió por su ser.
Adentro, encontró a sus amigas alrededor de la mesa rectangular. Al fondo del salón las ventanas de cristal ofrecían una vista de lujo a la ciudad. Rei y Makoto estaba riendo sin parar, mientras que Ami se levantó a ayudar a quitarle serpentinas a la tonta de Seiya. Haruka, Hotaru y Shingo estaban sentados juntos en el costado derecho y a la izquierda…
Usagi corrió directo a Yaten. "¡Chicas!"
Fue obvio que la Star Senshi no había esperado ser arrastrada en un enorme abrazo. Rigidez dominó su cuerpo. Usagi la apretó de todas maneras, oliendo su perfume frutal—sintiendo la calidez de su estrella. Oh, como Usagi las había extrañado. "¡Yaten, que gusto volverlas a ver!"
"Usagi." Escuchó en su periferia, minutos después de finalmente sentir los brazos de Yaten regresar el gesto. "Vamos, no te pongas sentimental." Yaten le empujó ligeramente, alérgica a las muestras de afecto en público.
Al revisar a su acompañante, Usagi se encontró con una mujer distinguida, y no tanto con el cantante engreído que se había quejado por todo. Un vestido negro delineaba a la perfección el cuerpo pequeño de la kinmokusiana. Usagi pudo entender con facilidad por qué la mujer tenía una larga lista de ex esposos. ¡Yaten lucía como una supermodelo!
Usagi divisó cabellos castaños a las espaldas de Yaten. "¡Taiki!"
Un rostro enmarcado con anteojos le sonrió con la misma serenidad de hace veinticuatro años. "Felicidades, Tsukino-san." El segundo abrazo no fue menos efusivo que el primero. Usagi la apretó por igual, levantándose en las puntas de sus zapatillas para alcanzarla.
"¡Gracias por venir!" Usagi se separó, viendo entre las dos visitantes con cariño. Taiki vestía de manera más sencilla que su compatriota, escogiendo el aire andrógino que Usagi recordaba de su juventud. Aun así, su presencia no dejó de ser impresionante. A diferencia de Seiya, ni Taiki ni Yaten vestían sus cabelleras en colitas. Yaten había cortado su cabello a la altura de sus hombros y el cabello largo de Taiki caía por sus hombros en sedosas cortinas chocolates. "¡Que invidia, lucen mejor que antes! ¡No es justo!"
"Bueno, Seiya engordó." Yaten regresó a su asiento. "Eso ayuda a seguir brillando, a comparación."
"¡Oi!" Una bola de espanta-suegras fue lanzado del otro lado del comedor. "¡No engordé!"
"Ciertamente, no ha madurado lo suficiente." Taiki añadió, sonriéndole a Usagi en conspiración. "¿Qué te costaba esperar tres minutos para querer brindarnos tu preciosa presencia? Arruinaste la sorpresa de Tsukino-san, Seiya. Muy grosero de tu parte."
En seguida, Seiya se mostró culpable. "Gomen, lo olvidé."
"Baka." Yaten meneó su rostro. "Usagi, deberías poner la cuenta completa de hoy a su tarjeta de crédito sólo por eso."
"Uhhh, no es mala idea." Usagi les guiñó el ojo, cómplice.
"Felicidades, Usagi-chan." Hotaru se levantó de su asiento, lista para abrazarla.
"Gracias, Hotaru." Usagi rodó sus ojos sobre el hombro de Hotaru en la dirección de Shingo. "Cielos, no te apures tanto a felicitar a tu hermana mayor."
"He estado presente al 80% de tus cumpleaños, ¿qué más esperas?" Shingo le sacó la lengua. "Eso me recuerda. ¿En cuál año dices que vamos, Usagi? Necesitamos un conteo preciso para las velas de tu pastel."
"No te atrevas." Usagi se apresuró a jalarle la oreja, pasándolo de largo para saludar a Haruka. "Jeje, ¿hola?"
"Te llamé." Haruka replicó. "Y te mandé mensajes."
"Oh, ¿en verdad? Huh, lo siento. He estado ocupada mostrándole a Seiya alrededor."
"Apuesto a qué sí." Haruka levantó una ceja escéptica. "Michiru te llamó también."
"¿Cómo está? ¿Todo bien con su tour?" Usagi aceptó el cambio de tema, obligando a Haruka a levantarse para abrazarla mejor.
"Supongo." Petulante, Haruka meneó un hombro. "No hablamos por mucho tiempo."
Usagi suspiró para sí. Esta vieja rutina de romper y volver estaba volviéndose perjudicial para su amiga. Esperaba que Haruka y Michiru lograran arreglar su relación cuando la violinista volviera de su tour, aunque no guardaba mucha esperanza. "Bueno, Chibi-Usa llamó esta mañana. Mandó saludos de parte de Setsuna y Mamoru."
Haruka resopló por sus narices, cero impresionada.
"Mako-chan. ¡Arigatou por esta cena!" Por último, se abalanzó a su amiga.
"Oi, yo ayudé." Rei se escuchó desde su asiento. "Y Mina y Ami también."
"De acuerdo, gracias, gracias, gracias y gracias a ti, también, Ami-chan." Envolvió a sus amigas grupalmente, a pesar de las quejas de Rei de ser despeinada.
"Puedes mostrar gratitud contándonos todo de tu querida reunión con Seiya-kun." Makoto susurró en voz baja. Ami y Rei asintieron de inmediato. "¿Disfrutaron su cita juntas?"
"Uy, ustedes no cambian." Usagi, sonrojada, quiso desenredarse de sus amigas. Rei y Makoto no la dejaron. "¡Chicas, vamos! ¡Nada sucedió!"
"Espero que estés haciéndote la inocente, Usagi. ¿Crees que fue pan comido contactarnos con ellas y planear todo esto?"
"Lo que Rei quiere decir," Ami intervino. "es que estaríamos muy felices por ti, si Seiya y tú volvieran a ser… cercanas."
Makoto, y Rei asintieron, produciendo sonidos de aprobación.
De reojo, Usagi detectó a Seiya y Yaten pelear por quien tenía el Smart-phone más cool, mientras Taiki intentaba explicar el funcionamiento del GPS a ambas mujeres. "Bueno, estoy muy feliz de verla de nuevo."
"Aja."
"Y a Taiki y a Yaten, por supuesto."
"Aja."
"Tuvimos sexo."
Vino fue escupido por la mesa. Escupido. Por la nariz de Rei.
"Y el plan es volver a tener sexo esta noche en mi departamento. Así que, yo diría que sus esfuerzos por acabar con mi soltería, funcionó muy bien. ¡Arigatou, amigas!" Riendo un poco maniaca, Usagi hizo su escape. Sus amigas no se aferraron en esta ronda. El cerebro de Ami aparentó estar fuera de funcionamiento, mientras los ojos de Makoto amenazaron con salirse de su rostro y volar a la estratosfera. Rei estaba demasiado avergonzada con la lluvia de vino, como para pedirle más explicaciones.
"—pero puede equivocarse, ¿cierto?"
"Por lo que he leído en línea el Posicionamiento Global no es una ciencia exacta."
"¿Ves? ¡Hice bien en confiar en mis instintos! Conducimos por estas calles sin números de ocasiones."
"Seiya, deja de decir tonterías. ¡No eres más inteligente que un satélite!" Yaten gimoteó. "Usagi. Dile que tengo razón."
Usagi miró entre los ojos suplicante de Seiya-baka y la intensa mirada de Yaten. "Sin comentarios." Replicó con inocencia, escabulléndose de la guerrilla. "Yo también quiero una bebida. ¿Dónde están los menús?" Tomó su lugar a la cabeza de la mesa, su espalda a la maravillosa vista a la ciudad. Había hermosos adornos en la silla y alrededor del salón.
"¡Usagi-chan, no te muevas! Déjame tomarte una foto. ¡Te encuentras en el ángulo perfecto!" Hotaru felizmente preparó su móvil, apuntando la cámara a la cumpleañera. Después de la primera ronda, empujó a Shingo para que posara detrás de su hermana.
"Pero ya tenemos millones de fotos juntos." Shingo quejumbró, levantándose.
"Gomen, Mamá Ikuko me encargó tomar fotografías nuevas, va a querer verlas cuando regresen de su crucero."
"Vamos, Shingo. Sume esa panza de académico." Usagi se burló. En represalia, su hermano esperó a que su esposa comenzara con los clics, para jalarle de una colita. "¡Uy, grosero!"
"Haruka-Papa, ahora tú. Acomódate detrás de Usagi-chan."
Más fotografías le siguieron, Seiya pronto uniéndose para reemplazar a Haruka. Aunque ambas mujeres indicaron compartir gruñidos en forma de saludos, ningún puño salió volando. Usagi lo consideró una bendición.
Cuando dos meseros se aparecieron, Usagi se encontró bailando en su asiento. "Quiero una grande cerveza, una gran cerveza, una gran cerveza."
Seiya, después de haber intercambiado lugares con Shingo para quedar a su costado, comenzó a reírse. "Calma, la noche es joven, Odango."
"¿Y? Tu conducirás de regreso, yo no tengo que preocuparme por permanecer sobria."
"Usagi ama su cerveza, Seiya." Makoto se les unió, acomodándose junto a Haruka en el lado opuesto. "Fue así como sobrevivió la Universidad."
"Tanto estudiar. Agh." Usagi hizo una mueca de asco con el recuerdo de sus lecciones. "¿Qué es lo que toman en Kinmoku, Seiya?"
"Tenemos diferentes tipos de vinos. Les trajimos un par de botellas, a decir verdad." Seiya apuntó hacia la mesa de los regalos. ¡Había tantos! Usagi vibró como una niñita. "Así como distintas golosinas tradicionales de nuestro país."
"¡Sugoi! Que emoción. No soy fan del vino, pero por ustedes, lo probaré." Le sonrió a Seiya, sus puños unidos en emoción. Tuvo el impulso de estirarse a besarla, y luego el temple de frenarse en el último instante, recordando la audiencia. Seiya notó el movimiento abortado, sin embargo.
Debajo de la mesa, Usagi percibió una mano apretar su rodilla para compensar.
"¡Aquí viene!" La mesera en turno regresó con otra ronda de bebidas, incluida la cerveza de Usagi. Un tarro helado y dorado fue puesto frente a ella.
"¿Quieres probarla?" No pudo evitar ofrecerle a Seiya.
"Nop. Tengo un deber que cumplir, Odango." Seiya suspiró. "Esta noche, sólo será Coca-Cola para mí." La mujer pausó. "Astros. En verdad extrañé los refrescos de este planeta."
"Es el azúcar." Hotaru comentó con una sonrisa.
"¡Podrías comprar para llevar esta ocasión!" Usagi dio su primer trago.
Un largo trago.
Aaaaah.
Justo lo que había necesitado.
"Mírala. Prácticamente puedo ver el alcohol abriéndose camino por sus células." Makoto carcajeó.
Un pequeño eructo salió de su boca. Usagi cubrió su boca con una sonrisa. "Gomen, gomen."
"Eres una vikinga, Odango." Seiya silbó, impresionada. No era para menos. El tarro había sido reducido a la mitad. "Demonios."
"Necesitamos música." Usagi hizo un puchero, recargándose sobre la silla. Mako-chan tenía razón. Sus células se sintieron en la cima del mundo.
"Comamos primero, Usagi." Makoto le deslizó uno de los menús. "No queremos sacarte a rastras antes del postre."
"Oi, eso sólo sucedió una vez." Usagi masculló. "Y estaba celebrando por ser ascendida a Productora. ¡Tenía todo el derecho!"
"Díselo al interior de mi auto." Haruka añadió, examinado su propio menú. "El mes pasado, si mal no recuerdo."
Usagi se retorció un poco con remordimiento. El vómito no se había limpiado solo, pero Haruka nunca había mandado la cuenta del car wash que Usagi había pactado cubrir. "Me disculpé, ¿cierto?"
"Mm."
Seiya vistió una peculiar de expresión de fascinación y miedo, al conocer este nuevo lado de Usagi. "Kino-san tiene razón, no es como si tuviéramos prisa…"
"¡Usagi!" Shingo regresó al salón con dos vasos de shots. Plantó uno frente a su hermana. "¡3, 2, 1!"
"¡Adentro!" Usagi vació el contenido en tiempo récord. Jadeó y gimió simultáneamente al sentir su lengua arder. "¡Aaaaaagh, odio, odio, odio el Tequila!"
"Oh, no." Makoto, Rei y Ami lamentaron en voz alta.
"¡'Ru, ahí viene el tuyo!" Shingo apuntó al mesero que traía otros dos vasos de shots.
"Si lo odias, ¿por qué lo tomas?" Yaten preguntó, al notar el espectáculo.
Shingo fue quien respondió. "¡Es tradición familiar! Pasado a nosotros de generación a generación."
"Eso significa que nosotros lo hicimos tradición." Usagi declaró, orgullosa. "¡Y Hotaru tiene que unirse, al ser una Tsukino también!"
"Cierto." Hotaru dijo con resignación. Aceptó el vaso de shot de la bandeja del mesero. "No se preocupen, no es mi primer rodeo."
"¡3…2…1!"
"Adentro." Hotaru exclamó, acto seguido aniquilando su porción de Tequila. Usagi notó que los tres ex–Three Lights lucieron completamente intrigadas, al presenciar a alguien como Hotaru empinarse el shot de un solo golpe. Más perturbador fue que la muchacha apenas se inmutó. Liberó un profundo suspiro y se tornó a Haruka. "Papa."
Haruka suspiró. Levantó su mano en aceptación.
"¡Esperen un momento!" Seiya renegó. "¿Por qué tú?"
Haruka le dedicó la sonrisa más satisfactoria que Usagi había visto en su rostro esta noche. "¿No estás enterada? Soy una Tsukino por extensión."
"¡Así es!" Usagi intervino, arriesgándose a tomar la mano de Seiya para distraerle. "Haruka fue la guardiana legal de Hotaru hasta su mayoría de edad, lo cual nos hace familia política."
Yaten liberó una carcajada. "¡Oh, esto es fabuloso!"
El mesero incómodamente colocó el vaso de shot restante en la mesa con la intención de deslizarlo hacia Haruka—
Seiya fue más veloz. Interceptó el vaso. En un parpadeo, introdujo el Tequila directamente a su boca.
Todos los presentes observaron la escena en suspenso. Usagi cubrió su boca en asombro. O en excitación. No podía decidirse.
Seiya guardó silencio, mientras experimentaba la bebida y buscaba categorizarla. Regresó el vaso a la mesa. Aclaró su garganta.
"¿Y bien, baka?" Yaten se recargó en la mesa para tener un mejor vistazo.
Seiya se encogió de hombros con desdén. "Es…" Lo intentó de nuevo. "Ya sabes, es como… fuego en mi boca."
Yaten lució interesada. "Huh. ¡A ver! ¡Taiki, hay que intentarlo!"
"Yaten, la descripción de sentir fuego en la boca no es la mejor forma de convencerme."
"¡No, está bien, Taiki! El efecto… pasa rápido."
"Seiya." Taiki alzó una ceja. "Tu voz está cambiando."
"¡Ya escuchó, mesero! ¡Tres rondas más!" Shingo palmeó el lomo del pobre trabajador, con los efectos del Tequila ya dando rápidos resultados a su buen humor.
"¡Y alitas de pollo!" Usagi golpeó la mesa para enfatizar la orden. "No me mires así, Mako-chan. Sé que las sirven."
Makoto asintió en dirección del mesero, dando consentimiento a la continuación de esta locura.
"¿Estás bien?" Momentos posteriores, Usagi se acercó hacia Seiya para murmurarle. Por debajo de la mesa, masajeó la pierna de la pelinegra.
"¡Genial!" Seiya indicó estar indecisa entre reír, o mostrarse estoica. "Sólo… recuperando mi lengua."
"Ow, pobre bebé." Usagi le provocó de manera tierna. No pudo contenerse. Estaba feliz. Y el significado detrás de la acción de Seiya de hurtar el vaso de shots no pasó desapercibido para Usagi. Le llenó el corazón con calidez. O tal vez era el Tequila. "Simplemente no puedes frenarte en llevarle la contraria a Haruka, ¿eh, baka?"
Seiya por fin se orilló por reír y toser al mismo tiempo. Una carcajada ahogada le salió por la boca y las narices al unísono. Usagi explotó en risa por igual, contagiada por las tácticas de la loca—pero tan hermosa y valiente—mujer.
"No puedo dejar que te quedes con toda la diversión tú sola, Odango." La mano de Seiya se apoderó de la suya.
Para cuando el mesero regresó, Hotaru, Rei y Ami tenían sus cámaras listas para grabar las reacciones de Yaten y Taiki. Usagi y Seiya ya estaban muriéndose de la risa, y ni siquiera habían comenzado a beber.
Taiki contempló el vaso de shot como si contuviera bacterias. "¿Hay alguna forma particular de ingerir esto sin afectar mis cuerdas vocales?"
"¡Rápido!" Usagi sugirió, escondiendo su rostro en el hombro de Seiya. "¡No piensen, sólo háganlo!"
Shingo no ocupó ser solicitado ayudar con el conteo. "3…2…"
Taiki se adelantó. Vació el vas con la naturalidad de un pez bajo el agua. Yaten, al percatarse, se apresuró a imitarla.
"¡Rápido, Yaten!" Seiya gritó. "¡No la pruebes, sólo trágatelo!"
"Tienes que saborearlo, baka." Usagi debatió. "¡Debes dejar el Tequila reposar en tu boca por unos segundos antes de pasarlo—Kamisama, ¡Yaten está cambiando de color! ¡Haruka, atrápala, se va a desmayar!"
Y así fue cómo comenzó la velada.
[+]+[+]
"¡Feliz Cumpleaños a ti! ¡Feliz Cumpleaños, Querida Usagi!..."
Usagi observó el pastel aproximarse en las manos de Ami y Rei y lanzó su mejor mirada asesina a su hermanito.
Cuarenta y tres malditas velitas decoraban la superficie de betún. De esquina a esquina.
"Te odio."
Shingo le guiñó el ojo. "¡Yo también te quiero, hermana!"
"Ese pastel es un incendio esperando a suceder." Seiya murmuró, mirando el pastel con nervios.
Makoto suspiró. "Iré por el extinguidor."
[+]+[+]
"No."
Usagi produjo su mejor puchero.
Seiya no flaqueó.
"Sólo un shot más. ¡Estoy festejando!"
"Nop."
"Seiyaaa."
Seiya aventó una inspección a sus alrededores. De momento, se encontraban a buena distancia de los demás invitados. Seiya prosiguió a rodear el soporte de la silla de Usagi…
"Te quiero en tus cinco sentidos al salir de aquí. La noche no termina todavía, Odango."
…y destruir cada neurona en el cerebro de la cumpleañera.
[+]+[+]
Ami tenía turno nocturno en el Hospital, así que fue la primera en despedirse. Le dio su regalo a Usagi antes de marcharse, personalmente plantando un misterioso sobre en sus manos.
"Mereces un descanso, Usagi. Trabajas muy duro."
Sonrojada, Usagi parpadeó para evitar ponerse sentimental. "No tanto como tú, Ami-chan." Al abrir el sobre, encontró tres pares de boletos—de autobuses y de tren para viajar al Palacio Imperial de Ciudad Chiyoda—y dos invitaciones para una obra teatral en Tokyo Takarazuka.
"Aw, Ami, no debiste molestarte, Mako-chan ya se ha encargado de esta maravillosa cena."
Ami le abrazó. "Claro que tenía que esforzarme en darte mi propio regalo, soy tu Número 1, Usagi-chan."
Usagi la abrazó con todas sus fuerzas, recordando el titulo que Ami apreciaba tener, al haber sido la primera en conocer a Usagi.
"Puedes llevar a Seiya contigo." Ami le guiñó el ojo, al separarse.
"Mmm." Usagi fingió pensarlo. "Ya veremos, tiene que estar en su mejor comportamiento para considerarla."
"Usagi, no seas mala." Escandalizada, Ami adoptó su mejor expresión maternal. Miró su reloj, y comenzó a apresurarse de vuelta al salón, dejando a Usagi en el balcón. "¡Tengo que irme, pero te llamo mañana, ¿de acuerdo?"
"¡Está bien!"
"¡Y ya no tomes!"
Una gota de sudor rodó por la cabeza de Usagi. "Hai, hai."
A través de las puertas de cristal del balcón, observó a Ami despedirse de Mako-chan con un dulce abrazo y beso. Usagi sonrió, derretida con lo lindas que se miraban. ¿Cómo no habían estado juntas desde antes?
Rei fue la siguiente.
"¿Tú también? Todavía es temprano." Usagi se sujetó del brazo de Rei, quince minutos después, tratando de convencerla de quedarse.
"El Templo no se cuida solo, Usagi. Vamos, deja de comportarte como una niña. ¡Anda, suéltame!" A pesar de sus palabras, Rei estaba riéndose, mitigada con el vino y la comida. "Como si en verdad no estuvieras ansiando salir de aquí y llevarte a Seiya a tu departamento."
"Oi, shhhh, baja la voz." Usagi agradeció que Seiya y Taiki estuvieran distraídas en el balcón.
"¡Ja! ¿No es lo que nos presumiste? ¿Tu sexo maratónico?"
"¡Rei, cierra la boca!" La misma Usagi soltó a Rei y la empujó hacia la salida. "¡Cambié de opinión, eres libre de irte! ¡Ja ne!"
Makoto regresó de encaminar a Ami en ese momento. Al ver a Rei con su bolso, lista para marcharse, se ofreció a acompañarla de nuevo. Usagi las dejó ir con un último abrazo. Aprovechando los asientos libres en la mesa, estiró sus piernas en ellas, por primera ocasión desde que había llegado al restaurante. Sus pies cansados se lo agradecieron.
Alguien había dejado una porción de pastel intacto. Usagi no pensó dos veces en adoptarlo y devorarlo. Rodeada de envolturas de regalos, Usagi sonrió. La música, las voces de sus amigas, ver a Hotaru y a Shingo bailando en la pista—Esto es lo que siempre había pedido desde joven. Paz. Libertad para sus amigas de vivir sus vidas en tranquilidad.
Minako mandó una foto por Instagram. Era otra adorable foto de los mellizos durmiendo. Una fracción del rostro de su amiga se asomó al retrato, su sonrisa cansada-radiante. Un mensaje apareció después de la fotografía en la ventanilla del chat.
¡Romina to Michael wa anata ni chō megabāsudē o negatte imasu, Usagi obasan!
Usagi compartió tres de las fotos más icónicas de la velada, incluyendo el momento post-Tequila de Yaten en los brazos de Haruka. Había transcurrido mucho tiempo desde que Usagi había presenciado a Haruka tartamudear así. Yaten las había amenazado de innombrables venganzas, si llegaban a subir el video a la web.
Así que, por supuesto, que Seiya lo había hecho. Probó estar aprendiendo rápido este asunto del internet.
"¡Te extraño, dale un abrazote gigante a los mellizos por mí! ¡Los visitaré pronto!" Usagi escribió de vuelta. Pausó por un momento, mordiendo su labio inferior. "Gracias por el regalo, Minako. ¡A todas ustedes! "
"¿Lista para irnos, Odango?"
Seiya estaba fría por la frescura del balcón. Cuando la rodeó con sus brazos por detrás, Usagi dejó salir un chillido de sorpresa. Seiya rio con su reacción.
"Déjame adivinar. Quieres que nos esfumemos para qué cuando Haruka y Yaten regresen de la farmacia, no nos encuentren, ¿verdad?"
"Sabía que había una razón por la que nos llevamos tan bien. ¡Lees mi mente!" Seiya la soltó, robando un poco de betún del pedazo de pastel. "Pero no bromeo, las masas se están dispersando. Taiki está cansada por el viaje aún y quiere irse. ¿Podríamos darle un aventón al Hotel?"
"¡Claro!" Usagi asintió, encantada de ayudar.
Para darle a la pobre de Makoto un descanso, Usagi obligó a su hermano a ayudar a llevar los regalos al automóvil. Usagi lo acompañó en los tres viajes que se necesitaron, y en el último de éstos, Shingo le detuvo antes de regresar.
"¿Entonces?"
Usagi parpadeó. "¿Nani?"
"¿Se acabó tu mala racha?" Shingo le mostró una rara muestra de afecto al tomarla del cuello para rascar la parte baja del cabello de su hermana. "¿Se acabaron los aullidos a la luna por Chiba-san?"
"Insensible." Usagi rodó sus ojos. "¿Qué tiene qué ver Mamoru?"
"Usagi." Shingo suspiró. "¿Sabes por qué nunca me agradó el tipo? Te tenía comiendo de su mano desde que lo conociste y ni siquiera se daba cuenta. Decía salta, y tú preguntabas qué tan alto. No era sano. Nunca hubo balance entre ustedes, sacrificabas mucho por Chiba-san y él no devolvía el favor. Me enfurecía."
"¿A dónde vas con esto?"
"No creas que no vi como después del divorcio, todavía seguías esperanzada a que el hombre volviera a Japón."
Usagi tragó saliva. Esos años… No habían sido agradables. "Creo que, era más bien soledad, que desear tener a Mamoru de regreso. Cuando Chibi-Usa quiso irse a vivir con él… no fue fácil asimilarlo. Nunca he sido buena con estar por mi cuenta."
"Sabes que Chibi-Usa es una réplica de su padre. No me sorprendió para nada que se pusiera de su lado."
"No se trata de tomar lados, Shingo." Usagi suspiró. "Chibi-Usa es una gran mujer ahora, gracias a ambos. Mamoru no puede tomarse todo el crédito de mi trabajo duro."
"¡Así se habla, hermana!" Shingo le sonrió. "Vaya, ¿quién diría que cambiar bandos era lo que ocupabas para despertar de tus laureles?"
Usagi chilló con indignación—inclusive si Shingo tuviera un punto. "¡Muy bien, esta conversación oficialmente se ha acabado, bruto!"
Hotaru estaba esperándolos. La niñera estaría por irse dentro de poco tiempo. Fueron los siguientes en despedirse. Usagi prometió cuidar de Persii-chan uno de estos días para que su hermano pudiera sacar a Hotaru a una gran cita romántica, lo cual Hotaru-chan indicó apreciar.
Taiki y Makoto estaban poniéndose al día, cuchichiando en la mesa que había hospedado los regalos. Al ver a Usagi y a Seiya listas para marcharse, Taiki revisó su reloj con preocupación.
"¿Dónde estará Yaten? Comprar Pepto Bismol no debería tomar más de una hora."
"Ya sabes como es de hipocondriaca, Taiki. Y no es ninguna niña. No tenemos que estar detrás de ella."
Usagi cruzó sus brazos, pensativa. Le costaba creer que Haruka no hubiera optado por dejar a Yaten en la farmacia y regresar al restaurante, si la kinmokisana había probado ser insoportable. Mmm. Muuuy sospechoso. Revisó su móvil. No encontró ningún mensaje de su amiga. Doble Mmm. Usagi le mandó un mensaje de cortesía a Haruka para que se sintiera libre de llevar a Yaten al Hotel donde se hospedaban. "¡Seiya tiene razón! Vámonos, Yaten estará bien con Haruka. Aunque no lo crean, puede ser una excelente escolta para las desafortunadas víctimas del Tequila."
"Obtuvo mucho entrenamiento con Usagi-chan." Makoto se burló, ganándose una lengua expuesta de su amiga.
"Tsk, tsk. Sigo oyendo sobre estas singulares aventuras de la Universidad, Tsukino-san."
"¡Están exagerando, Taiki! ¡Ni siquiera tenía tanto tiempo libre, criando a Chibi-Usa!"
"Usagi, no mientas. Chibi-Usa vivía contigo solo en las vacaciones mientas estudiabas, ¿recuerdas?"
"Ups." Usagi se entretuvo con ayudar a tirar a la basura los platos descartados con pastel. Aunque sabía que había trabajadores que estarían haciéndose cargo, Usagi conocía a la mayoría del staff del Restaurante y no quería dejar una mala impresión.
"Espera un momento. ¿Eso significa que Chiba-san… nunca regresó a Japón, desde que se fue a estudiar?"
Makoto le ayudó a recoger, intercambiando una mirada nerviosa con Usagi. "Bueno, Seiya…"
"Ocasionalmente regresaba en vacaciones. Pero yo no quise vivir en EU de manera permanente. Así que nos turnábamos a Chibi-Usa." Usagi lo comentó, sin sentimientos negativos adjuntados al asunto. El pasado era el pasado. En retrospectiva, uno podía ver que un matrimonio difícilmente hubiera logrado funcionar de esa forma. Pero había sido muy distinto vivirlo. "Esperé a que Chibi-Usa estuviera más crecida en sus primeros años de primaria para inscribirme en mis propios estudios."
"Aw, ¿no asististe con tus amigas?" Seiya se mostró realmente triste con la noción. Taiki por igual, expendiendo su propia bolsa de plástico para echar la basura.
"Empecé a asistir a clases, pero luego vino la boda y el embarazo, y todo mi tiempo se vio afectado." Usagi sonrió. "Sin olvidar, que pensé que Tokio de Cristal aparecería mágicamente de un día al otro, y tendría otras cosas por cuales preocuparme."
"Sí, Luna-san y Ami nos explicaron esa parte a detalle en nuestras correspondencias." Taiki comentó, levantado sus lentes para acomodarlos sobre su cabeza. "En definitiva, dio un nuevo significado a las palabras de Sailor Uranus cuando habló sobre proteger el futuro."
Usagi pestañeó. Años habían transcurrido, sin pensar en la horrible batalla contra Sailor Galaxia. A Usagi no le gustaba revivirla. "Bueno. No se materializó. Esperamos unos años. Cuando Setsuna mencionó que esa línea del tiempo se había disuelto, seguimos con nuestras vidas." En ese momento, Mamoru había dejado ir por completo su relación con Usagi, decidiendo permanecer en EU. Por los años siguientes, había insistido en que Usagi se le uniera, tratándola de convencer de que tendría a Setsuna de compañía, quien en su momento había estado estudiando un Doctorado en la misma ciudad.
No había sido suficiente. Para abandonar a su familia y a sus amigas—su hogar—Usagi hubiera ocupado ser lavada del cerebro primero.
"Sin embargo, mírate ahora." La voz cálida de Seiya apareció a sus espaldas. Usagi divisó las manos ajenas retirarle la bolsa de platico. "Usagi Tsukino, Gran Productora de Televisión. Los papeles han cambiado. ¡Ahora yo seré la mundana saliendo con la celebridad!"
Calor explotó por el rostro de Usagi con la apertura descarada de Seiya. Makoto, claro, ya bien enterada de los eventos recientes, sólo echó salir una carcajada. Taiki no lució sorprendida ni una pizca, lo cual significaba que Seiya ya la había puesto al tanto.
Usagi produjo un sonido ofendido. "¿Estás diciendo que yo era la mundana cuando tu jugabas a ser ídolo?"
"A eso me sonó." Taiki colaboró.
"¡C-Claro que no! ¡Trataba de darte un cumplido, Odango!" Seiya le envió una expresión de traición a su compatriota. "Taiki, no ayudes."
Makoto les indicó dejar las bolsas llenas en la esquina cerca de la salida del salón. Comenzaron a salir, por fin. "Hablando del tema, ¿qué harán mientras permanecen aquí, chicas? ¿Volverán a cantar?"
Taiki visiblemente se estremeció con la idea. "No, gracias. Ser acosada por fanáticas es una pesadilla que no busco revivir. Sé que Yaten siente lo mismo. Estaba pensando en inscribirme en algunos de los Postgrados de las Universidades de Tokio. Luna-san ya me compartió varias opciones."
"Bah, estudiar." Seiya hizo una mueca, ganándose una risilla de Usagi. "Sólo Taiki. Yo no estoy segura todavía, ¡pero lo averiguaré!" Seiya colocó sus manos detrás de su cabeza, su carisma brillando en todo su esplendor. "No es como si tuviéramos prisa como la primera vez que vinimos aquí."
[+]+[+]
Después de dejar a Taiki en su Hotel, y a Makoto en su apartamento, Usagi estaba lista para quitarse los tacones y cambiar a ropa más confortable.
Encendió las luces del lobby en el momento en el que irrumpieron de vuelta del apartamento. Le había enseñado a Seiya a activar y desactivar la alarma del apartamento, y la mujer la volvió a sorprender con su rápida habilidad para manejar la tecnología.
Sus tacones fueron deslindados en camino a su recámara. Prosiguió con el cinturón rosado de su pantalón, arrojándolo al sillón en pasada.
Encendió la lámpara de su recámara. Retiró dos de sus aretes colgantes, dejando las argollas más pequeñas intactas. Talló los lóbulos con alivio. -Uuuuh, que agradable.
"El Fort Knox se encuentra asegurado." Seiya anunció desde el umbral. Usagi la detectó apoyándose en el marco. Para alguien que había dado incentivos de que la noche otorgaría más sorpresas, Seiya se mostró titubeante. "Debes estar cansada."
"Un poco." Usagi tragó saliva. "Pero fue muy divertido. El mejor Cumpleaños hasta la fecha, con ustedes tres aquí."
Seiya alzó su rostro en desafío. "Tendremos que superarlo el año entrante."
El corazón de Usagi dio un giro de deleite con la insinuación. Seiya estaría aquí, en un año. O al menos, deseaba estarlo.
"Hay una gran variedad de lugares que no conocen y a los que podemos ir, Seiya. ¡No tienes idea!" Ideas corrieron por la cabeza de Usagi. Desde los hermosos Jardines de los Monumentos Históricos de Tokio, los nuevos centros de juegos mecánicos, y mucho más. ¡Usagi tendría que hacer una lista!
"Suena genial, Odango." Ese tipo de sonrisas que habían confundido a Usagi en la preparatoria, ahora cruzó los años, encarnándose en el rostro de Seiya. La gentileza. El misterio. La invitación a averiguar qué descansaba detrás de su galanura. Usagi lo experimentó de nuevo. "Deberías descansar. Sólo dime dónde guardas las sábanas extras y me acomodaré en la sala con la pantalla plana."
"No seas tonta." Usagi se sentó en la orilla de la cama, sus manos sujetando sus propias rodillas. "Tengo otra pantalla plana justo aquí."
"¿Oh, sí?" Seiya se enganchó al anzuelo.
"Y una cama mucho mas cómoda que el sillón." Usagi señaló con su mentón a la cama más-o-menos tendida.
Seiya se apartó lentamente del marco. Pareció hipnotizada, cerrando la puerta detrás de sí, con una mano torpe. El corazón de Usagi hizo eco a cada paso que la mujer dio en su dirección.
Thump-thump-Thump-thump.
"¡Está prohibido entrar a este lugar!"
"Lo siento, yo solo quería ver a Alice Itzuki, digo—oh, ¡lo siento mucho!"
Usagi descubrió que no deseaba a volver a ser aquella joven, ingenua de la maravillosa persona que había estado a punto de conocer. Una persona que se volvería su roca; la mano que la levantaría de nuevo, cuando el peso del mundo la arrastrara a una azotea en llantos.
Usagi quería escribir otro comienzo.
Así que, se levantó, esperando a que Seiya estuviera al roce de sus manos y de su aliento. La detuvo con pecho inflado de valor. Seiya parpadeó, desconcertada por un segundo.
Usagi acogió su rostro. Con sus pulgares acarició los pómulos, ternura cayendo de sus dígitos directo a los poros de la mujer. Usagi prestó especial cariño a la cicatriz cerca de su ojo.
"¿Puedo desvestirte?"
Sintió el pulso acelerar directo de la yugular bajo sus dedos. Observó las pestañas—largas y negras—caer. Como si Usagi le hubiera lanzado un golpe.
"Usagi." Las manos de Seiya buscaron por las de la rubia. Compartieron contacto por unos momentos, antes de que Seiya volviera a dejarlas caer. Cuando su cabeza se meneó para dar permiso, una exhalación que Usagi no sabía había estado sosteniendo, se le escapó del pecho.
El saco de Mamoru era lo primero que tenía que irse.
Usagi escuetamente lo dejó caer de los hombros y brazos de Seiya, pronto olvidado en la alfombra. Fascinada con los hombros al descubierto que tenia que volver a conocer, Usagi los masajeó. La iluminación fue mínima. Aun así, Usagi distinguió más cicatrices.
Sugoi. ¿En cuántas batallas más, había estado involucrada Sailor Star Fighter?
Usagi se levantó en puntillas. Brindó un beso al hombro derecho. Después, al izquierdo. Seiya aclaró su garganta, más no intervino. Usagi siguió adelante, masajeando los bíceps firmes—oh, cuantas ocasiones la habían salvado de una muerte segura—los antebrazos, y las partes superiores de sus manos. Los anillos de Seiya le dieron curiosidad, debían tener un significado personal; quedaban tan bien con ella. Sus manos se entrelazaron en instinto. Usagi apretó los dedos juntos, recargando su cabeza en el pecho de Seiya.
Fue muy tentador permanecer así, cubierta en la calidez de su abrazo.
Pero, Usagi tenía otros planes.
Desvinculó sus manos para continuar. Se posaron en la cintura de Seiya, jalando de la camisa de tirantes para desfajarla. En cuanto sus manos se metieron a explorar la piel desnuda debajo, una exhalación se desprendió del cuerpo entero a su merced. Fue un interruptor siendo presionado para Seiya.
Usagi fue atraída a un beso, que la hizo gemir de la sorpresa.
Debió adivinar que Seiya no podría permanecer quieta, por tanto tiempo. No era su naturaleza.
La cama no emitió sonidos al recibir el peso conjunto de la pareja. Usagi se aferró al botón de los pantalones de vestir de Seiya, bajando el zipper, jalando del contorno para que más piel fuera descubierta. Seiya mordió su labio superior, su mentón—lamió el apasionante arremate, segundos posteriores. Usagi se dejó comer por la feroz batalla. Se dejó experimentar lo que en el pasado se había negado.
Seiya deslizó sus pantalones a jalones apresurados, ayudada por Usagi. La camisa blanca le siguió. Usagi utilizó los tirantes del brassiere de la mujer, para traerla de vuelta a la cama.
"Mierda." Seiya gimió contra sus labios. Al sentir las manos de Usagi presionar sus senos, la misma maldición pareció repetirse, ahora en idioma foráneo.
"Seiya." Usagi jadeó. Bajo sus dígitos se familiarizó con los bellos montes, los pezones endureciendo bajo sus caricias. Los masajeó, enamorada con la textura. Enamorada de la reacción enfática que recibió.
"Quítate esto. Rápido, Odango." Seiya se apartó para que Usagi lograra levantarse de la cama. Seiya auxilió a bajar el zipper trasero de la blusa. En segundos, Usagi fue desnudada por igual de su torso.
El interior de su boca se secó; mirando los restos del brassiere siendo descartado por la misma dueña a una esquina de la alcoba. Si Usagi había estado fantaseando en aquel cuerpo a través de los años, la realidad lo superó todo.
Seiya tomó control al descender a la cama, clavando las manos de Usagi contra el colchón, sus dedos entrelazados, mientras ella misma se dedicó convertir el cerebro de la terrícola en gelatina. Sus pechos se estrujaron en deliciosa fricción—un truco que Seiya había planeado. El tul del sostén sencillo de Usagi rozó contra los senos desnudos de Seiya, una y otra vez. Fue delirante sentirlo.
Se besaron, y se besaron, y se besaron…
Usagi empuñó sus manos alrededor de las de Seiya, su cabeza batiéndose de extremo a extremo. Los besos la cubrieron sin escape. Por todas partes. Seiya la bañó de afecto, paulatinamente trazando un sendero a su cuello. Sus cuerpos continuaron ondulándose, las piernas de Usagi, de nuevo rodeando la cintura de su amante.
"Seiya, por favor." Usagi chilló. "Quiero tocarte."
Sin interrumpir la succión a su pulso, la mano izquierda de Usagi fue liberada. De inmediato, la rubia se aferró a su hombro, acercándose lo suficiente para otorgar sus propios besos a la piel a su alcance. Oh, por Kamisama.
Usagi nunca había sentido algo como esto.
Esta terrible urgencia.
Deslizó su mano directamente a la pelvis de Seiya. Acarició el calor. Presionó contra la humedad de la ropa interior. Más maldiciones salieron de la boca de la excantante.
Usagi masajeó la vulva con recelo. Rogó por que la poca experiencia que había adquirido sirviera para algo. Quiso prolongar el placer para su acompañante, postergar el más obvio desenlace. Con eso en mente, obligó a su mano a viajar en dirección opuesta, a tocar la curva de su glúteo, a incitar las caderas de Seiya a seguir embistiendo contra el cuerpo debajo.
"Sí, sí." Seiya susurró. "No te detengas." Su otra mano fue liberada, y Usagi obedeció la súplica, ambas manos enfocándose en hacer feliz a Seiya.
Hubo un lapso de ofuscado escape, entonces. Las caricias, los sonidos, las sensaciones.
Usagi perdió sentido del tiempo.
En un punto, Seiya succionaba uno de sus senos y masajeaba el opuesto, simultáneamente que Usagi maullaba contra la sábana.
En otro, un par de pantalones rosados desaparecieron a jalones y risillas.
En otro, los dedos de Seiya se curvearon dentro de Usagi, preparándola, susurrando sobre qué tan rápido se humedecía por ella, oh, Usagi.
Usagi cerró sus ojos. Los abrió. Los engrandeció. Observar a Seiya actuar; escucharla hablarle al oído, todo fue un torbellino.
Usagi sollozó al ser sometida a un placer mayor que el de meros dedos. La boca de Seiya fue cruel al mostrarle de lo que se había estado perdiendo todo este tiempo. Extrajo de ella más sonidos nuevos y exhilarantes, y aceptó los jalones a sus cabellos con honor, dejando que Usagi se convulsionara en libertad por la cama.
Seiya besó cada curva, cada doblez de su clítoris con gula. Sus succiones fueron una obra maestra. Sus lamidas, una finura. Usagi sintió el orgasmo llegarle como el desvaine de una espada. Rápido. Sin misericordia.
Usagi se sintió como una recién nacida, posterior al desenlace.
Se murió por experimentarlo de nuevo. Lo más pronto posible.
Todos los días.
"Por favor, abrázame." Gimoteó en voz baja.
"Oh, cariño." Seiya escaló su cuerpo, de vuelta a sus brazos. "Lo que quieras, Odango. Lo sabes."
"Mmm." Usagi albergó su rostro en el cuello de la mujer. "Siempre amé la forma en la que me abrazabas."
Una exhalación de calor acarició el propio cuello de Usagi. Un beso le siguió.
"Siempre me hacías sentir… No sé cómo explicarlo." Usagi frotó su frente sudada contra la clavícula de Seiya.
"Y tú a mí."
Usagi besó el valle de su pecho, cerca de su corazón.
-Y tú a mí.
Tan sencillo.
Seiya se dejó caer a su costado, llevándose a Usagi consigo. Sostuvo un muslo de la rubia en el proceso. Usagi suspiró con gusto, sus propias manos anclándose a la cintura de Seiya. Poco a poco, su cerebro regresó a reactivarse. Usagi comenzó a idear la mejor forma de corresponderle los asombrosos orgasmos que Seiya le había regalado hasta ahora. No se creía lo suficiente experta para replicar lo que Seiya acababa de hacer—el rostro de Usagi se llenó de color con tan sólo imaginarlo. ¡Aprendería, eso sí!
Sólo deseaba hacer sentir a Seiya lo que ella misma había sentido…
Usagi se levantó, aflojándose de los brazos ajenos con una idea. Seiya abrió sus ojos, curiosa. "Vamos, dormilona. Todavía no acabamos."
Seiya levantó una ceja picarona. Se dejó empujar por Usagi en dirección a la cabecera de la cama. "¿Qué tienes en mente?" Seiya sonrió, felizmente acostándose sobre una esponjosa almohada. La mujer no se comportó para nada avergonzada con su desnudez.
Usagi rodó a la cómoda del lado derecho de la cama, abriendo el cajón superior. "No tengo idea si en Kinmoku exista algo como esto, pero tengo necesidades y la tecnología terrícola piensa en absolutamente todo, Seiya."
"No me digas. Estoy intrigada."
¡Aja! Usagi abrió el estuche de su Iroha + Kushi, extrayendo el objeto. "Así es. Deberías sentirte honrada que estoy dispuesta a compartir este tesoro." Usagi se acostó boca arriba, levantando lo que parecía ser un coral marino, a simple vista.
Seiya frunció su ceñó, sin duda, decepcionada. "¿Qué rayos es eso?"
Usagi no dio respuesta inmediata. Se volvió a acurrucar a lado de la pelinegra con una sonrisa. A pesar de la mirada desconfiada, Seiya le permitió besarla, su boca abriéndose automáticamente ante la suya. Usagi presionó dulcemente su labio superior, hundiéndolo en su propio aliento. Su sangre se calentó al recordar donde había estado la boca de Seiya momentos previos. ¿Era… correcto? ¿Saborearte a ti misma? Usagi se estremeció.
Acarició con delicadeza el sendero de un brazo, prolongándose la exploración de sus bocas. Seiya la sostuvo de la cintura de inmediato, atrayéndola a su cuerpo. Las caricias de Usagi siguieron siendo tenues, delineando la consistencia de sus senos y el área de su estómago con mesura. No comprendió el comentario de Yaten. Los músculos del abdomen de Seiya se tensaron bajo sus dedos, demostrando su fuerza. Definitivamente, el vientre de Usagi era más blando, a comparación.
Efectivamente distraída, Seiya no se percató del siguiente paso en el plan de Usagi.
Hasta que las vibraciones suaves tocaron su monte de Venus.
"Woah." La mujer saltó, rompiendo el beso con una mueca de sorpresa. "Ooooh."
Usagi rio. Continuó besándola, lentamente pasando el pequeño vibrador por el calzón azul marino. Trató de aplicar lo que a ella le agradaba en lo personal. Esperaba que Seiya lo disfrutara también.
"No…" Seiya jadeó, mientras Usagi jugaba con su oreja. "De…fini…tiva…mente… No tenemos… eso."
Usagi aumentó la intensidad al siguiente nivel. Aplicó más presión.
"Astros." Seiya meneó su pelvis, trabajando con la mano de su acompañante. "Demonios." Entonces, Usagi fue más allá, comenzando a deslizar el vibrador por dentro del calzón. El gemido ahogado de Seiya contó todo sobre su aprobación del juguete. En segundos, el calzón fue empujado del camino.
Usagi estaba ocupada besando la punta de un pezón. El relieve distintivo del juguete se deslizó sin trabas por la vulva húmeda—Seiya volvió a gemir, extendiéndose como estrella de mar sobre la cama. Cerrando sus ojos, la Star Senshi dejó caer su cabeza hacia trás, mientras impulsaba su cadera en dirección opuesta. Uno de sus brazos siguió rodeando las espaldas de Usagi, no dispuesta a soltarla.
La mano libre pronto acaparó la de la terrícola, queriendo trabajar en equipo. Usagi le permitió tomar mando, cambiando sus caricias a movimientos circulares. Más maldiciones tronaron por la atmósfera.
Usagi tenía que admitirlo. Fue divertido ver a alguien como Seiya, lentamente, perder su famoso coolness.
Los gemidos se volvieron continuos, cada pincelada dura del Kushi sobre aquel nido de nervios, orillando a Seiya más cerca al nirvana. La propia Usagi estuvo estupefacta con los sonidos, humedeciéndose de nuevo con la crudeza. Sugoi. Recordaba cuanto le costaba a alguien como a Seiya ceder la autoridad a otros Machos Alfa; que dejara que Usagi guiara su placer en estos momentos, le inyectó de adrenalina y Dios sabía que más. Aumentó la intensidad del vibrador dos niveles más, de golpe, para poder llegar al pulso rítmico que Usagi tanto usaba, y cubrió la boca de Seiya en otro beso, queriendo sentirlo… Queriendo capturar el momento especial…
Seiya embistió dos arcos más, temblorosos por el asalto, y sus rodillas se cerraron alrededor de sus manos unidos, un gemido ronco señalando el poderoso clímax. Por inercia, la pelvis de la mujer continuó rodando, sobre-estimulada.
Usagi apagó el juguete para evitar lastimarla.
Buscando recuperar oxígeno a su cerebro, Seiya dobló su rostro lejos de Usagi. Sus ojos cerrados se mostraron vulnerables, mientras que la mano sujetando la cadera de Usagi continuó apretándose. Dejaría marcas, sin duda.
Usagi la abrazó, aventando el Kushi a sus espaldas. Tremendamente orgullosa de si misma, se concentró en abrir las sábanas para cubrirlas. Seiya fue una muñeca de trapo durante el proceso; un completo fideo, babeando sobre la almohada, dejándose empujar por Usagi por toda la cama.
"Vaya, de nada, Seiya. Fue mi placer compartir las maravillas eróticas de mi planeta contigo. No tienes que agradecérmelo."
Boca abajo, Seiya gruñó una respuesta.
"¿Dijiste algo?"
Seiya destapó su perfil. Su cara fue un desastre y sus cabellos aun más. "Dije… Que hay que comprar… una caja… no, diez cajas… de esas cosas. De ya."
Usagi guardó el Kushi de vuelta al cajón. Lo lavaría en la mañana. O Seiya lo haría, ella lo había usado.
"¿Oh, entonces… te gustó?" Usagi apagó la lámpara de la recámara. Cubriéndose con las sábanas, se acomodó lo más cerca posible a Seiya para compartir su calor. "Porque a mí también… me gustó mucho… lo que hiciste." Se sintió aliviada de estar a oscuras para decirlo.
"Odango." El susurro vino de las sombras. "Mis rodillas no dejan de temblar. Créeme. Me encantó." Las sábanas se movieron. Luego, Usagi fue abrazada de frente. La terrícola no ocupó mas invitación para enredarse a Seiya como pulpo. "Y vivo para servir, preciosa. Siempre te daré placer… de la manera que quieras. Cuando quieras. Como quieras."
-Oh, por Kamisama.
"No digas eso. Nunca volvería a salir a trabajar." Usagi murmuró en el pecho de la mujer.
Una risa vibró de la garganta ajena. "¿Y qué? Tengo suficiente dinero para mantenernos. Podemos vivir en esta cama por siempre."
"Hentai." Usagi le regañó con ternura. Un bostezo se abrió camino por su boca. "Buenas noches, Seiya."
"Buenas noches, Odango Atama. Sueña conmigo."
Aun adormilada, la coneja lunar entre giró sus ojos. Probablemente lo haría, sin embargo. Porque Seiya había protagonizado muchos de sus sueños con anterioridad, sin tener la mínima idea. La diferencia sería que ahora, descansando en la verdadera persona de carne y hueso, sus sueños ya no bastarían. Descubrió que la mejor parte fue esa, saber que al despertar, Seiya estaría aquí.
Con ella.
-Definitivamente, el Mejor Regalo de Cumpleaños que podría pedir. Usagi suspiró, en completo regocijo.
Cerró sus ojos, y dentro de sus sueños, miró al universo, una estrella en particular brillando más, que todos los astros.
[+]+[+]
Owari.
[+]+[+]
Parejas secundarias: Menciones de un pasado Usagi Tsukino/Mamoru Chiba, Usagi Tsukino/Haruka Tenoh, Kou Seiya/Personaje original, y Kou Yaten/Personajes originales. Menciones de Minako Aino/Personaje original, Ami Mizuno/Makoto Kino, Shingo Tsukino/Hotaru Tomoe, Mamoru Chiba/Setsuna Kaioh, Haruka Tenoh/Michiru Kaioh. Implicaciones, porque no podía faltar, de Haruka Tenoh/Kou Yaten.
Advertencia: Chibi-Usa… ESTÁ VIVA. (LO SIENTO).
Curiosidades:
(1) El vibrador IROHA + KUSHI existe y lo puedes comprar. Es hermoso y poderoso. Quiero uno.
(2) Como es usual, en AO3 o en Wattpad podrán encontrar los links a la galería de imágenes que han inspirado esta historia.
(3) POR FIN ME DIJE "ESTE FIC SERÁ UN ONE-SHOT" Y LO CUMPLÍ, CON UN DEMONIO. Creo que habrá escenas extras que añadiré después, muy breves. Pero no diré cuándo, porque luego me quieren linchar, jaja.
¡GRACIAS POR LEER!
