Capítulo 11: El gran orden de las cosas


Es extraño.

Despertar con una mujer a su lado, profundamente dormida, escuchar sus respiraciones y preguntarse por qué está haciendo las cosas tan mal, no es algo que suele hacer.

Por lo general, cuando se despierta con alguna de sus compañeras más frecuentes, hay un aire de casualidad en la atmosfera. Una cosa lleva a la otra y luego se despide, quizás lleguen a comer algo juntos, si su agenda se lo permite, luego llama un taxi y agenda el número de alguna forma que pueda recordar, si la noche lo amerita. Y, si no, no suele agobiarse con ese tipo de formalidades y simplemente se despide.

Ella es débil. Ha pasado un mal rato con una maldición de tercera clase ya estando en su segundo año. Mientras que sus propios alumnos son prácticamente de las mejores generaciones que ha tenido el colegio en una década. Desde él no se ha presentado tal potencial entre los jóvenes. Y ese es el tipo de gente que le entusiasma.

Quizás se deba a la evidente atracción que siente por él. Es una caricia al ego que todos se empeñan en criticar. Y no es que le importe demasiado lo que nadie tenga para decir de él. Satoru sabe con la seguridad de las ciencias exactas que es el sujeto más poderoso sobre la tierra, y nada de lo que nadie diga podría hacerle creer lo contrario.

Kasumi, en cambio, parece ser una persona de lo más común y corriente. Una persona que en este tipo de ambiente no debería sobresalir, pero lo hace. Lo hace por esa misma esencia de normalidad que se respira a su alrededor. Como el reloj que marca la hora en el manicomio, que es lo que su vida siempre ha sido.

Él es capaz de percibir el potencial dormido que yace dentro de su interior, de haber sido alumna suya, quizás las cosas hubieran sido totalmente diferentes. Los límites no se hubieran sentido tan flexibles. O de eso intenta convencerse para justificar lo que acaba de hacer con ella. Tal vez está arruinando a la persona más pura que ha conocido en su vida. Esto tiene que ser un error.

Sin embargo, privarse de su cálida compañía, no es una opción en este momento. No se siente como tal, no se le pasa por la mente como algo racional, como debería. Continúa allí, escuchando las respiraciones que salen por su pequeña nariz y contempla con una expresión ausente las marcas que se expanden sobre su piel.

El olor de Kasumi es algo que le resulta particularmente agradable. De hecho, es la primera vez que divaga sobre ello, de entre todas sus compañeras sexuales, esta es la primera vez que un pensamiento así se le pasa por la mente.

Y tal vez, esto se deba a que ya se ha habituado a él. Ya la ha respirado tantas veces que la esencia se ha hecho familiar. La podría reconocer entre cien perfumes. El olor de Kasumi es especial.

Se levanta de la cama, en medio de la noche, y sale al baño a lavarse el rostro. Se mira al espejo, al depravado profesor que prácticamente se ha acostado con una alumna. Bueno, no es su alumna. Lo ha repetido sin cesar desde que la conoció. Sobre todo, desde el momento en el que la escuchó suspirar su nombre.

De alguna forma, desea incluirla en sus grandes planes, ese panorama tan extenso que se abre paso por todo el mundo y desea con cada fibra de su ser cambiar. Destruir el paradigma, establecer un nuevo orden… Aunque, si Miwa no logra descubrir su propio potencial, no tardará en caer ante una maldición. Y morirá.

Miwa Kasumi eventualmente morirá.

La idea le mortifica. Deambula por el baño mientras ella duerme y piensa, piensa una y otra vez en alguna forma, una herramienta, debe haber algo que pueda hacer para que ella no sea tan inútil. Una manera de hacerla más fuerte, más hábil, más diestra. Pero nada se le viene a la mente, esto no depende de él, y el poco control que tiene sobre esta situación y los sentimientos que se despiertan cuando está a su alrededor le perturban.

Al salir del baño, vuelve a verla. Decide distraer su mente agobiada y toma su móvil. Ignora la mayoría de mensajes y escucha repentinamente una campana. Se gira, el celular de Kasumi no deja de sonar y no tarda en sacarlo del bolso que ha traído. El timbre no logra despertarla. Ella continúa profundamente dormida mientras Gojo toma el celular de Miwa y mira la pantalla esperando encontrar el nombre de Kano o el de Sochi. En cambio, encuentra el de Mechamaru. Observa la pantalla hasta que deja de sonar, Kasumi no tiene contraseña y luego de echarle un vistazo para asegurarse de que sigue dormida, decide saciar su curiosidad y mira los mensajes que le han llegado, o al menos los que se alcanzan a ver sin tener que abrirlos directamente.

'Miwa, ¿cómo salió todo?'

'¿Estás bien?'

'Miwa, estoy esperando tu llamada.'

'Hablaré con Utahime si no contestas.'

'Miwa…'

Vaya, Mechamaru ha demostrado ser un sujeto insistente, piensa Gojo al tiempo que ojea sus mensajes. Esta demostración sólo ha servido para cimentar ideas que nacieron hace un tiempo, cuando Kasumi le comentó que habían pasado la noche con él. Sin embargo, no siente nada. Lo único que llama su atención es la amenaza que le ha dejado.

Si Utahime se entera que Kasumi está en su hotel, en su cama, no hay manera de que pueda explicarlo sin hundirse a sí mismo. Y aunque no es un sujeto que suele sentir vergüenza o remordimiento, sabe perfectamente distinguir lo que está bien de lo que está mal.

Y esto está sumamente mal.

Medita por un instante la idea de despertar a Kasumi para que llame a Utahime y sacarse esta molestia de encima. Pero ella está tan cansada, tan demolida por la pelea que ha tenido hace unas horas, que no tiene el corazón para levantarla de la cama y salvarle el trasero.

Decide entonces, escaso de opciones, contestar los mensajes de Mechamaru.

'Estoy bien, no te preocupes, te llamo mañana.'

Se le hace algo escueto. En otra ocasión probablemente hubiera tenido el ánimo de pretender ser Kasumi-chan. Agregar algunos emojis sonrientes, unos cuantos signos de exclamación y elongar el mensaje, parafraseándolo con su forma tan atenta y dulce de decir las cosas.

Mechamaru no tarda en contestar.

'Estaré esperando tu llamada, Miwa.'

Lo ignora y se sirve un vaso de jugo de naranja, necesita llenarse las papilas con algo dulce para estimular su cerebro. Quién sabe, quizás milagrosamente le ayude a encontrar una solución a este problema que ha dejado crecer durante tanto tiempo.

Se deja caer sobre el sofá y mira el techo. ¿Qué mierda está haciendo?

Esta especie de relación clandestina ha demostrado ser muy estimulante, embriagadora incluso, tanto así que pierde el control cuando está a su lado. Por esto mismo evita beber, cosas terribles surgen cuando no está en sus cabales.

Por ahora debe preocuparse de algo más importante, la seguridad de los muchachos Miwa. Una vez que resuelva ese problema, sin que nadie se entere, tendrá la mente libre para lidiar con lo que está pasando ahora.

Gojo vuelve a la cama luego de un par de horas de perderse en redes sociales. La sensación de estas sábanas, de más hilos de los que tiene idea, no se compara con la seda de la piel de Kasumi. La abraza dormida, se amolda a su figura y cierra los ojos. Siente el palpitar intenso de su corazón y trata de ignorarlo, lo logra al cabo de pocos minutos y se queda dormido.

Cuando el sol se cola entre las cortinas traslucidas de la habitación de hotel, Kasumi abre los ojos. Siente el brazo que descansa sobre su regazo y comienza a recordar lentamente los sucesos de la noche anterior. Su rostro se tuerce embebido de un tono rojizo, como el de un tomate. El corazón le late con fuerza y lo escucha, palpitando sobre su garganta, gira su rostro escasos centímetros para verlo. Gojo duerme a su lado.

Le cuesta moverse, se queda totalmente quieta, estática. Recuerda todo, desde la pelea, el camino al hotel y las palabras que Satoru le susurró al oído. Traga y siente el ardor de su garganta. Tiene que tomar un vaso con agua con suma urgencia, así que lucha con la inclinación que siente de quedarse allí, atrapada por los largos brazos de Gojo Satoru.

Kasumi se desliza cuidadosamente debajo de las sábanas, una vez libre de su abrazo se detiene a ver el rostro de Satoru dormido. Su cabello casi le cubre las pestañas blancas, completamente desordenado.

Camina de puntillas, se dirige hacia el sofá y revuelve su bolso.

—Te olvidas algo.

La voz suave de Gojo la toma por sorpresa y se endereza de un salto para verlo. Está sentado sobre la cama y sostiene sobre sus dedos las bragas que le quitó durante la noche. Se sonríe, ve el rostro conmocionado de Kasumi y la observa jalar de los bordes de su camiseta, ocultando algo que él ni siquiera llega a ver desde donde está sentado.

—Oh… y usé tu teléfono anoche.

—¿Cómo?

—Un muchacho estaba llamándote —se explica mientras se levanta de la cama, con las bragas en mano—, estaba preocupado.

¿Un muchacho?, se pregunta Kasumi mientras revisa los últimos mensajes.

—¡Mechamaru! Lo olvidé por completo… Voy… voy a llamarlo —Gojo le extiende la prenda entre los dedos y ella la toma, baja la mirada completamente avergonzada y sale disparada al baño.

—Oye —le dice desde el otro lado de la puerta—, tenemos veinte minutos para el desayuno.

—¡Está bien! —contesta, poniéndose las bragas. Se sienta sobre el retrete y llama de inmediato.

Se aclara la garganta con un sorbo de agua del grifo, el dolor sigue muy presente. El timbre suena sólo dos veces hasta que Mechamaru finalmente atiende el teléfono. Kokichi, desde la tina en la que se postra, ha estado esperando esto durante las últimas dos horas, desde que se despertó. El último mensaje que recibió de ella le pareció extraño y afectó su sueño incluso más que las úlceras que abundan sobre su piel.

—Miwa —contesta con un dejo exaltado sobre su voz.

—Mechamaru… Lo siento, debí llamarte anoche. En verdad, lo siento. Estaba tan cansada que…

—No te preocupes, supongo que todo salió bien.

—Bueno, algo así. Fue un poco más complicado de lo que esperaba.

—¿Era una maldición de tercer grado?

—¡Sí! Afortunadamente lo era. Pero se dividió en dos… Pude lidiar con ellos, pero estuve muy cerca de… En fin, estoy bien. Gracias por preocuparte por mí, supongo que esto me servirá de experiencia. Creo que tendré que aprender nuevas técnicas si quiero subir de grado.

—Si quieres… —comienza él algo inseguro—. Puedo acompañarte la próxima vez.

—No… No quiero que me protejas… No me gusta sentirme una carga para nadie. Este es el camino que elegí y no sería justo pretender que el resto cuide mis espaldas todo el tiempo —del otro lado del tono, no se oye nada más que silencio—. Sin mencionar que todos nuestros compañeros están jugándose la vida, no sería justo que cargues conmigo mientras los demás están solos, ¿no es cierto?

—Claro…

—Bueno, tengo que colgar… Tampoco he llamado a Utahime, debe estar en Corea, ¿verdad?

—Sí, su vuelo salió anoche… en la madrugada.

—Gracias de nuevo… por preocuparte. Pero no lo hagas, voy a volverme más fuerte y no tendrás que hacerlo.

El aire optimista de Kasumi llega como una mentira a los oídos de Kokichi. Sin embargo, no la contradice. Teme amargamente que este ímpetu la lleve a enfrentarse a algo fuera de su liga. Hay palabras que duelen sobre su garganta y no se atreve a decir, una confesión evidente que queda atrapada dentro de su emisor.

—Está bien, Miwa —termina contestando—. Cuídate —dice antes de colgar.

Ella observa el móvil, la pantalla aún brilla con su número de teléfono y ella suspira. Ahora le espera la llamada más difícil. Esta será la tercera vez que le miente descaradamente a Utahime y no es algo que se le de muy fácil. Piensa en varias excusas, formas de justificar su ausencia en Aso.

Llama una vez y Utahime no atiende el teléfono, supone que estará cumpliendo con su misión. Por lo que desiste y opta por escribir un mensaje en el cual le será más fácil mentir.

'Utahime-sensei… Lamento mucho no haber llamado anoche. Las cosas con la maldición se complicaron un poco. Estaba muy cansada y decidí a casa de unos parientes lejanos a pasar la noche. Espero no le moleste. Tomaré el vuelo de regreso durante la tarde.'

Es simple, suena creíble y ella espera que no indague demasiado sobre estos parientes ficticios. Esta mentira le sienta fatal, se observa deprimida en el espejo y se encuentra irreconocible. Y sabe que no es la influencia de Gojo Satoru la que la obliga a mentir, sino más bien la vergüenza de estarse involucrando con un superior tan descaradamente.

Le cuesta salir del baño ya que sabe que tendrá que verlo a la cara. Los recuerdos y sensaciones aún yacen sobre su piel y algo arde dentro de ella. Una llama que lentamente ha ido creciendo, sabe que eventualmente la incinerará.

Cuando finalmente reúne la fuerza para enfrentarlo y sale del baño, lo encuentra sentado mirando su celular, aún sin camiseta.

Gojo se da cuenta casi de inmediato que no puede mirarlo. Evade el tramo de su torso y lo ve a los ojos efímeramente, luego al suelo, una y otra vez hasta que finalmente se sienta frente él. Aprieta las rodillas una contra la otra hasta que la piel palidece. Él percibe por aquellos gestos exactamente lo que está pensando y le atrae la idea de juguetear sobre esa idea.

—¿Dormiste bien? —pregunta con una ligera risita escapándosele de los labios.

—Ah… —suelta y se ríe, intenta calmar su gesto con los ojos clavados en el suelo—. S-sí, la cama es muy cómoda —dice, evadiendo evidentemente el texto subyacente de su pregunta.

Kasumi no es tan ingenua como para no saber exactamente a qué se refiere. Su mente no es tan casta como podría parecerle al espectador. Detrás de su inocente apariencia yace un mundo de hormonas despertándose, contenidas por pudor y vergüenza.

—¿Desayunamos?

—¿Podemos hacerlo aquí?

—¿Hacer qué? ¿Comer? —se sonríe otra vez.

—Sí —contesta y traga, lo ve un segundo a los ojos—. No estoy vestida apropiadamente para salir al vestíbulo.

—Oh… Claro, supongo que no quieres que te vean con mi camiseta. Podrían hacerse ideas…

Ella asiente y él decide acercarse. Toma asiento a su lado y acerca su rostro peligrosamente al suyo. Kasumi retrocede instintivamente y lucha por contener su expresión.

—Me gustaría que podemos hablar de ciertas cosas con más libertad. No me gusta que te reprimas así. No tienes que avergonzarte de tu sexualidad, Kasumi. Es normal, no has hecho nada de lo que tengas que avergonzarte. Me gustaría que fueras tan sincera como anoche, cuando te pregunté si te has masturbado pensando en mí —antes de que pueda volver a ver el suelo, Satoru le acaricia el mentón con la punta de sus tibios dedos, enfrentando la mirada que busca evitarlo tan infructuosamente—. Oye, me gustó.

—Lo siento… —contesta en un diminuto susurro. Tiene el rostro casi completamente congestionado, lo cual se hace más notorio por el contraste de su cabello cian.

—No, no, Kasumi. No te disculpes, no me gusta que lo hagas tan a menudo. Dime, ¿te gustó lo que pasó anoche?

—S-Sí… Me gustó… Satoru.

—Bien —contesta y extiende su sonrisa. Se pone de pie y sale a la otra habitación para volver con una pequeña bolsa—. Ten, es tu traje de baño.

Apenas logra recordar que Satoru le había preguntado por su talle de sujetador. Espía dentro de la bolsa de papel madera y encuentra un par de bañadores, uno color rosa y otro azul.

—¿Realmente vamos a ir a las aguas termales?

—Claro, no pensaste que íbamos a estar en Beppu y nos íbamos a perder de las aguas termales, ¿o sí? Ya hice la reserva, pero claro, puedes volver a Kioto cuando quieras… De hecho, ¿a qué hora sale tu vuelo?

—Uhm… Lo olvidé por completo, mi vuelo sale desde Kamumoto a las diez… Tengo que regresar.

—Nada de eso, dame tu ticket. Vamos a cambiarlo y saldrás desde Beppu.

Gojo es hábil con su celular, parece que lo tuviera todo el día entre las manos. Busca un vuelo para Kasumi luego de que ella le extiende su boleto y programa otro vuelo a la misma hora. Sin embargo, a pesar de haber aceptado, se siente sumamente culpable. Ella no ha dejado de mentirle a todo el mundo con el mero objetivo de permanecer junto a Gojo. Siente que su personalidad se dobla, acomodándose a las necesidades que surgen sobre el camino. Sabe que debe marcharse, que debe cumplir con las reglas y, de hecho, le duele no hacerlo. Siempre ha sido estructurada, es parte de su naturaleza vivir bajo una organización determinada, pero algo en ella le ruega romper las reglas, hacer las cosas mal.

Una llamada a la administración y Gojo logra hacer que les traigan el desayuno. Él pide toda clase de platillos dulces y, mientras come, Kasumi lo mira saboreando con la más graciosa expresión de placer.

—¿Cómo va ese informe? —pregunta luego de tragar una porción de pastel de chocolate. Kasumi escribe un documento sobre su móvil.

—Bien, no hay mucho qué decir. Sólo fue una maldición de tercera clase… Debí haberlo atacado antes de que se dividiera.

—Aún no he empezado con el mío… Yaga lo quería a primera hora, pero…

—Oh, eso no está bien.

—¿Ah no?

—Bueno… no. No quiero sermonear, pero tienes una gran responsabilidad. Eres el chamán más fuerte del mundo y supongo que las misiones que te son asignadas no son nada fáciles. Lo que hacemos es importante, mucha gente depende de nosotros.

—No me gustan los horarios ajustados… lo haré más tarde.

—Los informes son importantes, si no los hiciéramos entonces no tendríamos los registros de maldiciones que tenemos hoy. Es decir, si hace cientos de años nadie hubiera documentado la existencia de Sukuna, hoy no sabríamos todo lo que sabemos de él. Hay mucho que desconocemos, pero con todos los reportes quizás eventualmente sepamos más, tal vez hay detalles que pasamos por alto, pero analizado sobre un panorama más extenso quizás encontremos similitudes, todo puede servir para una clasificación más extensa de maldiciones.

—Para alguien que no quiere sermonear, lo haces muy bien —se ríe y ella vuelve a sonrojarse, esta vez de forma más discreta—. Bueno, supongo que tienes razón. Pero esas cosas son muy aburridas…

—Si quieres puedo hacerlo por ti, soy muy buena escribiendo informes.

—¡Oh, oh! ¡Eso! ¡Eso es perfecto! ¿Podría ofrecerte un empleo? Ah… me quitaría una carga de encima, simplemente me dedicaría a hacer la parte entretenida del trabajo y tú puedes…

—¿Hacer la parte aburrida?

—Huh… No lo digas así, suena abusivo de mi parte.

—Sólo lo haré por hoy. En forma de agradecimiento por…

—¿Masturbarte?

—¡No! ¡Claro que no! Por no dejarme sola anoche… Eso es más importante para mí que… que otras cosas.

—¿Eso significa que no serás mi secretaria?

—Tienes que hacer tus propios informes, es tu trabajo.

—Lo sé, lo sé. Ah… —suspira—, pero es tan aburrido.

La risa de Kasumi resuena sobre sus oídos. Él ya se ha vestido su uniforme, se dio una ducha mientras esperaba la comida y ahora tiene nuevamente la venda sobre los ojos. Ella reusó su propuesta de acompañarlo a darse un baño, era de esperarse, pero no perdía nada con intentar. Se vistió los pantalones de su uniforme y envió la camisa manchada de sangre el servicio de tintorería del hotel, y mientras tanto continúa usando la camiseta de Gojo.

Al terminar ambos vuelven al sofá. Él se sienta como el dueño del hotel, de piernas cruzadas y brazos extendidos a lo largo del sofá. Y mientras él describe los sucesos de su misión, Kasumi escribe y ordena las ideas de Satoru.

Esta tarea es particularmente satisfactoria para ella. Es rara la vez en la que se siente realmente útil, se ha acostumbrado tristemente a ser la persona menos importante para la institución. Y ahora, siendo el complemento de Satoru para algo que evidentemente le irrita, logra apreciar su minúsculo aporte.

—Está listo —dice cuando termina y le extiende el celular.

—Veamos… —comenta mientras lee y su sonrisa se alza más y más al avanzar—. Vaya, está muy bien, parece que hubieras estado ahí. Bien hecho, Kasumi. Me harás lamentar no tenerte cerca para el próximo informe.

El alza una mano, deja sus dedos largos caer sobre la melena ligeramente desordenada de Kasumi y la acaricia. La ve cerrar los ojos y el calor se extiende sobre su pecho al ver la forma agradecida en la que sonríe, como si él fuese quien le hiciera un favor, y no al revés.

Tocan a la puerta y el servicio de tintorería se anuncia. La camisa limpia de Kasumi ya ha llegado.

Gojo la ve nuevamente encerrándose en el baño para vestirse y permanece sentado sobre el sofá esperando para partir a las aguas termales. Medita sobre los sermones de Kasumi y se sonríe, su gesto es voraz, se acaricia el mentón con sus largos dedos pálidos y saborea una idea que le entusiasma. Kasumi es como él, al menos una pequeña porción de ella lo es. Ella tiene la capacidad de ver la gran imagen, la idea en su mayor extensión. Si bien prefiere concentrarse en la parte más minúscula del trabajo, en este caso… un simple reporte, logra posicionarse en un sitio más alto y llega a ver como él lo hace. Esto es más grande que él y ella, una fotografía gigantesca que se extiende por lo ancho y alto del globo. Es el tipo de persona que este mundo necesita, aunque tal vez tenga que sacudir un poco su ideología sobre las instituciones para estar a bordo con sus propios planes.

Se aplaca su expresión tímida al tener la camisa puesta. Se ha abotonado hasta el último botón de su camisa y se para recta junto a la puerta. Ese uniforme indudablemente le trae tranquilidad y logra recordarle por un momento a Nanami. Tal vez ambos son oficinistas atrapados en el mundo de la hechicería.

"Ser adulto es la suma de pequeñas desesperanzas."

A Gojo le resulta extraño escuchar las palabras de Nanami Kento en esta situación, mientras ve a Kasumi tomando sus cosas, vestida en ese pantalón de gabardina y su camisa blanca perfectamente planchada.

La infancia desgarradora, la responsabilidad de dos hermanos menores, el padre abusivo, la pobreza, la debilidad, ella no es ninguna extraña a las desesperanzas. Y quizás por eso Miwa Kasumi ha sonado como la adulta entre ellos dos. Kasumi está llena de desesperanzas camufladas por un gesto amable, cortes, de apariencia sincero. No se ha dejado aplacar, a pesar de que las circunstancias podrían haberla vuelto extremadamente sombría.

Kasumi es fuerte, o es una reprimida. O tal vez ambas, requiere mucha fuerza de voluntad reprimir emociones tan fuertes.

Gojo se sonríe, sus teorías tienen que ser ciertas.

La toma por sorpresa cuando la toma desde ambos hombros y la ve a los ojos, a través de su venda. Tiene una sonrisa muy amplia sobre la boca, una que denota emoción pura.

—Debes estar llena de energía maldita, Kasumi. Me muero por verte soltarla.

—¿Qué dices? —contesta inquieta. Completamente ignorante de los pensamientos de Satoru.

—Nada, nada —dice y se ríe—. Vamos, las aguas termales te harán bien, estás llena de contracturas —comenta y le acaricia los brazos hasta los codos.

Ella asiente, toma sus cosas y decide caminar a su lado, a una distancia apropiada mientras salen de la habitación del hotel. Él camina con la paz de alguien que no puede equivocarse, ella se encorva de vergüenza y mira los rostros de los huéspedes que deambulan por el lobby mientras se retiran. Pero nadie parece prestarle la atención que ella cree que deberían.

Al bajar del taxi, Kasumi observa la estructura que parece haberse quedado en el tiempo dentro del paisaje urbano de Oita. Takewara Onsen tiene el aspecto de un templo antiguo en medio de la ciudad.

—¿Sabías que en Beppu se encuentra el 8% de todas las aguas termales de Japón? —dice levantando el dedo índice y ella escucha con atención mientras camina a su lado—. Hay 2.300 fuentes en esta prefectura solamente, desde las cuales se descargan 80 mil litros de agua diariamente.

Kasumi se sonríe. Gojo Satoru parece tener facilidad para recordar este tipo de información y se pregunta qué más habrá guardado sobre ese cerebro sobrenatural.

Siempre le han dicho que no dice más que tonterías, que hablar con Gojo Satoru es una pérdida de tiempo, pero ella llega a la conclusión de que simplemente no se han tomado el tiempo de escuchar con atención lo que tiene para decir.

Se separan para entrar a los vestidores, y a Kasumi le llama la atención el hecho de que está completamente sola. No hay nadie más en todo el complejo, lo cual es extraño tratándose de uno de los sitios turísticos más importantes de toda la prefectura. Sin embargo, es un alivio en cierta forma ya que nadie verá todos los moretones y las marcas en su cuello que le harían creer a cualquiera que intentó cometer suicidio. Se debate entre los dos trajes de baño dentro de la bolsa que Satoru le entregó. Toma una tira rosa y se da cuenta de que es casi del mismo color de su piel, lo cual le hace pensar que se vería prácticamente desnuda si lo usa, en cambio, termina eligiendo el azul y se lo viste apenada. No hay espejos cerca y, aunque nunca ha sido una muchacha que tenga tiempo o espacio en la mente para preocuparse por sus curvas, saber que Gojo debe estar esperándola del otro lado de la puerta con aquel cuerpo escultural, le provoca un intenso nudo sobre la boca del estómago. Se mira hasta los pies, se siente inadecuada, desnuda.

La culpa la golpea, ya que mientras ella se debate si su cuerpo será suficientemente atractivo para Gojo-sensei, personas como Mechamaru están del otro lado del país preocupados por su bienestar. ¿Acaso se ha vuelto una mala persona? ¿Esto es egoísta?

Suspira, ya están aquí. El daño ya está hecho y quizás estas preocupaciones superfluas que tiene no son nada en comparación con lo que está en juego, en el gran esquema de las cosas. Todo es simplemente superficial.

Kasumi sale, aún luchando con el pudor. Al menos Gojo no ha sido tan descarado como para comprarle una tanga. El bañador cubre bien, simplemente cumple su propósito.

Dentro del estanque que se llena de vapor, dentro de las instalaciones de Takegawara Onsen, Miwa se para sobre un deck de madera pulida que rodea las aguas humeantes. Y no hay nadie más que ellos dos.

No tarda en encontrar la mirada atenta de Satoru, se ha dejado la banda puesta por alguna razón que desconoce y se sienta sobre el deck con los pies sumergidos en el agua caliente. Le sonríe y levanta una mano para saludarla como si no se hubiera dado cuenta que él está ahí.

Él ve como Kasumi cierra los puños sobre el pecho, cubriendo pudorosamente sus pechos, y él no hace el esfuerzo de mirar lo que tan infructuosamente intenta cubrir. La observa caminar hacia él, él menea las piernas sobre el agua y espera hasta que ella se sienta a su lado y se ve obligada a exponer lo que tanto se empeñaba en esconder. Tiene el cabello envuelto en un recogido que sólo deja un par de mechones libres las orejas y la espalda completamente descubierta.

—¿Por qué…? ¿Por qué no hay nadie más?

—Porque pagué extra para que nadie más entrara —contesta casualmente y se mete de lleno dentro del estanque.

—¿¡Pagaste extra?! ¿Cuánto? ¿Por qué hiciste eso? ¡Es un desperdicio de dinero!

Satoru se queda completamente petrificado. ¿Kasumi lo está regañando?

—No pensé que te gustaría que vieran todo esto —dice señalando las marcas oscuras sobre sus rodillas.

Al escucharlo, ella sale de su primera impresión. Se le ha notado el apego que tiene por no gastar demás en cosas que podría ahorrarse. Olvidando por completo que Gojo Satoru podría comprar su vida con el cambio que lleva dentro del bolsillo.

—Solo porque tengas dinero no significa que debas despilfarrarlo de esta forma. Hay cosas mucho más importantes que podrías hacer con él.

—Huh… ¿Quieres ser mi contadora? —se burla él.

—Lo siento, agradezco el gesto, pero no tienes que llegar a tales extremos por mí.

—Kasumi —dice estirando las letras de su nombre—. Relájate, ven, tus músculos necesitan esto más que nadie más en toda la ciudad.

Le cuesta salir de la sorpresa inicial que le ha causado este gasto extremo. Más luego se sonríe y se da el gusto de sentir el agua cálida bañándole los pies. Sonríe y baja del deck con cuidado. Se sumerge lentamente y se ríe al ver a Satoru deambulando sobre el agua, adentrándose hasta llegar al centro.

—¿Se siente bien?

—Sí, se siente muy bien.

—¿Mejor que anoche? —La respuesta que recibe es simplemente un gesto de desaprobación cubierto apenas por un manto de rubor—. Ya, ya, no te molestaré más al respecto —contesta sonriendo y nada hasta ella.

La expresión desaprobatoria se borra por completo, vuelve a su estado natural de timidez, rígida, expectante de lo que él hará. Pero Satoru simplemente se posiciona frente a ella, incapaz de darse cuenta lo mucho que está violando su espacio personal.

—No seas tan tímida. Está bien, no está pasando nada.

—Es que… la verdad me siento algo culpable por estar aquí.

—¿Huh? ¿Culpable? ¿Por qué?

—Bueno… —contesta y retrocede instintivamente—. ¿No te parece algo cruel? Es decir… estamos aquí, en aguas termales… Mientras mucha gente está sufriendo las apariciones de las maldiciones y nuestros colegas están ahora mismo… luchando.

—Uhm… ¿por qué te pondrías a pensar en eso ahora? Las apariciones existen antes que tú y yo lo hiciéramos. Cada vez que estas disfrutando de algo, lo más probable es que alguien más esté muriendo. No sólo por las maldiciones, sino por muchas otras cosas. Es la forma en la que ha funcionado el mundo y mientras los seres humanos tengan emociones negativas, seguirá ocurriendo por el fin de los tiempos. ¿Eso quiere decir que no debes disfrutar de la vida? No lo creo, al contrario… Deberías disfrutar de cada momento, quién sabe si moriremos en nuestra próxima misión. Debes vivir sin arrepentimientos —dice mientras se acerca, acortando la distancia que ella marca.

—¿Qué tal si me arrepiento de estar aquí y no haber ayudado a alguien en su lugar?

—Huh, supongo que esa es otra forma de verlo. Creo que lo que tenga que pasar simplemente pasará. No hay forma de evitar ciertas cosas. Además, no vas a ayudar a nadie en las condiciones en las que estás, ¿o sí?

—Creo que no… De todas formas, me siento culpable. Utahime-sensei y el director cuentan conmigo.

—Bah… Kasumi —La espalda de ella ha llegado a toparse con el deck de madera. Satoru extiende sus brazos y se apoya sobre él, enjaulando a Kasumi—. No le prestes tanta atención… ¿Te importa mucho lo que personas como el viejo decrépito ese piense?

—E-Es el director, le tengo mucho respeto.

—No lo suficiente, creo. Ignoraste la orden de matar a Yuuji en el Intercambio —los dientes perlados, parejos y perfectos de Satoru se dejan ver en una perversa sonrisa.

—¿El recipiente de Sukuna? Bueno, no me pareció bien… No era el objetivo del encuentro…

—Me gusta que puedas desafiar la autoridad —dice tocando la punta de su nariz con el dedo índice y ella cierra los ojos por un segundo—. No eres sólo una muchacha aplicada.

—Aún así, respeto mucho al director Gakuganji.

—¿Aún después de haberles pedido que maten a otro estudiante?

—Tiene sus motivos, Sukuna es muy peligroso.

—Entonces crees que cometo un error al dejarlo con vida.

—¡N-No! Si hay alguien en el mundo que puede matar a Sukuna, ese eres tú.

—No puedes estar de acuerdo con los dos al mismo tiempo, Kasumi. No entiendo cómo puedes darle tu respeto a alguien como él, que baja la cabeza ante las órdenes de los peces gordos. Eso es ridículo.

—Bueno… Necesitamos algún orden… No podemos vivir en anarquía.

—No, no, no hablo de anarquía. Tenemos que establecer un nuevo orden… Pero, para hacer algo así necesito gente capaz de darles la espalda en el momento adecuado. ¿Tu serías capaz de unirte a mí en el caso de que esto pudiera hacerse realidad?

—¿Y-Yo? —sale de su boca como si escupiera la palabra, estupefacta.

—Sí, necesito que te hagas más fuerte primero. Tienes que esforzarte y no quedarte atrás.

Kasumi sale del agua, se sienta sobre el deck. Su cuerpo escurre el agua y empapa la madera. Pero, lejos de poder alejarse de él, Satoru extiende sus manos sobre sus muslos marcados por la pelea que sostuvo con dos maldiciones, y alza su mentón justo encima de su pecho.

—¿Serías capaz?

Su corazón es ingenuo y explota dentro de ella. Las manos húmedas sobre su cuerpo la sostienen y aprietan ligeramente sobre su piel. La respiración de Gojo le roza el cuello y lo mira a través de la venda y se atreve a levantar una mano y levanta la tela sobre uno de sus ojos.

Le da la impresión de que, detrás del cristal de su mirada, se conde un universo entero desde el cual sólo puede ver un par de nubes viajando en el cielo atrapado en su iris. Al tocarlo, se sumerge en su presencia, invadida por el anhelo de su corazón y las palabras radicales de Satoru.

—Sí, Satoru. Me haré más fuerte para permanecer a tu lado.

—Buena chica.

Se estira más hacia ella y Kasumi se vuelve débil y frágil, lo envuelve entre sus brazos por el cuello y lo besa. Siente el pecho húmedo de Gojo apretarse contra el suyo y sus grandes manos recorriéndole la espalda.

Kasumi muere por estar entre los grandes planes de Gojo Satoru.


N/A: Este ha sido otro capítulo de transición, si bien tengo toda la trama planeada siempre termino extendiéndome en los POV de los personajes y no puedo hacerme una idea de cuántos capítulos faltan aproximadamente, pero creo que vamos por la mitad del fic. Quizás menos. Espero que lo hayan disfrutado y muchísimas gracias a todos por los kudos y los comentarios que me han dejado. ¡Gracias por leer!

Y sobre todo gracias a Adkin, Nicole, Moooooon, Wannd, natalysweety, leslaut e Ina por siempre tomarse unos segundos de dejar un comentario. ¡Profundamente agradecida!