Capítulo 14: Racionalización de la muerte


—¿No estabas en Tateyama?

La pregunta lo deja con la boca abierta. De hecho, hace cinco minutos estaba en Tateyama, pero luego de recibir una llamada de un alterado Ito Noboyuki, decidió volver inmediatamente, abusando un poco de su técnica de teletransportación.

Kasumi se ha enfrentado sola a un usuario de maldiciones y no ha salido bien librada. Probablemente está viva de puro milagro, el milagro llámese Nanami Kento.

La sensación es incómoda, siempre lo ha sido. La idea de proteger, de cuidar a los demás, no es lo suyo… Aunque como sensei ya se ha medio-acostumbrado. Y por un instante se pregunta si Kasumi habrá usado sus palabras como detonante para asumir este reto que obviamente estaba por sobre sus habilidades.

—Volví temprano, ¿qué haces fumando?

Ieiri Shoko esboza una ligera sonrisa, con los ojos siempre cansados, y mira el cigarrillo que tiene encendido entre los dedos.

—Cierto… La verdad es que mientras más tiempo sin fumar, el siguiente sabe terrible. Pero tiene un efecto agradable.

Apaga el cigarrillo contra la puerta de metal y luego entra a la habitación y arroja la colilla dentro de un cesto. Satoru la sigue, mira dentro de la habitación con camas de hospital de lado a lado y no la encuentra.

—¿Querías hablar con la estudiante de Kioto? Se ha ido a dormir, estaba cansada. Deberías esperar a la mañana, aunque Nanami ya debe haber enviado un reporte. Es rápido con esas cosas.

—Claro…

—Oye, ¿estás preocupado, Satoru? —Ieiri se da cuenta, por la forma en la que la venda se mueve sobre su rostro, que ha levantado las cejas como si estuviera sorprendido por su pregunta—. Otro usuario de maldiciones… —completa cuando no recibe respuesta.

—Ah, eso, sí. Es… extraño. Shoko… tengo algo que hacer.

Por supuesto, Satoru no esperará hasta la mañana para ver a Kasumi. Aunque esté muerta de sueño, tiene que saber lo que ha pasado y camina al templo en el ala Este, donde generalmente se hospedan los invitados. Deambula por los alrededores, encorvado, con las manos en los bolsillos, mirando constantemente por encima de su hombro, meterse a su dormitorio en medio de la noche no es algo que se pueda explicar con facilidad.

—¿Kasumi? —susurra junto a una puerta debajo de la cual se cuela un halo de luz cálida. Desliza la puerta arrastrándola con sus dedos largos y ve el bulto que yace sobre la cama. Vuelve a revisar los alrededores y cierra la puerta detrás de sí.

Repite su nombre suavemente y ella se despierta sobre saltada. Pero el pavor de sus ojos azules desaparece tan rápido como su pupila se posa sobre él; sobre su cálida sonrisa. Satoru está sentado sobre la cama, a su lado.

—Satoru-san, ¿qué haces aquí?

—Acabo de llegar, Ito me contó lo que pasó. Bueno, algo parecido… ese chico habla demasiado rápido cuando está nervioso. ¿Cómo te encuentras?

—Bien, aunque creo que me quedará una cicatriz en la pierna… Satoru, creo que el usuario de maldiciones estaba buscando algo en la escuela, igual que la maldición…

Satoru se sonríe, Kasumi no tarda nada en comenzar a hablar sobre lo que sucedió a pesar de que parece estar tan cansada.

—Mamuru… No tengo idea de quién sea.

—Su técnica… creo que era la manipulación de cabellos —Kasumi levanta la vista hacia él—. Quería llevarse mi cabello, dijo que haría un arma con él… De hecho, también mencionó una escalera.

—¿Una escalera de brujas?

—Sí, eso mismo. ¿Sabes qué significa?

—Las escaleras de brujas son hechizos antiguos, en desuso, utilizaban el cabello para coser nudos mientras recitaban un encantamiento.

—¿Brujas?

—Brujos, hechiceros… Dios, Buda, Zeus, las personas les ponen diferentes nombres a las mismas cosas.

—¿Para qué era el conjuro?

—Para lo que la bruja quisiera. Maldecir personas, manipular, concentrar energía. Una vez que el encantamiento está hecho, cada eslabón encierra la energía maldita, mientras más poderosa la bruja, más poderoso el encantamiento. Es algo bastante antiguo… Ni siquiera es originario de Japón, no recuerdo si es escandinavo o…

—¿Crees que mi cabello pueda ser más efectivo… para hacer el encantamiento?

—Es una teoría, tu cabello es en apariencia normal —dice mientras toma un mechón—, se ve y se siente al tacto como cualquier otro… pero es diferente. Está teñido por la energía maldita, es del mismo color, vibrante... Es probable que, con todo este cabello, ese usuario fuera capaz de fabricar cientos de armas malditas, si la efectividad del hechizo sería mayor, no puedo afirmarlo —Lo suelta y hace una pausa mientras ve su rostro, tiene el ceño arrugado y parece estar pensando algo parecido a lo que él piensa—. He estado leyendo cosas al respecto, tal vez nadie haya documentado la existencia de otra persona como tú, con esta… particularidad. Pero hay muchas historias a través del tiempo… Se dice que Buda, por ejemplo, fue tentado ocho veces por Mara, la deidad que representa el mal y la muerte espiritual, durante una de las tentaciones Buda tocó el suelo para pedir la ayuda de la madre tierra y ella roció océanos con su cabellera y expulsó a Mara y a sus demonios. Existieron deidades en Egipto antiguo que recibían cabello como ofrenda, además de criaturas mitológicas con cualidades siniestras relacionadas con su cabello. Ah… ¿recuerdas las brujas que mencioné antes? Adivina qué hicieron con ellas.

—¿Qué?

—Les cortaron el cabello a todas. En algunas regiones es un símbolo de fuerza y virilidad, los pueblos navajos lo llevan largo, mientras más largo el cabello, más grande es la fuerza espiritual y sólo lo cortan cuando están de duelo. Además, sólo ciertas personas tienen permitido tocarlo y cuando lo cortan, tienen que desecharlo en una ceremonia, devolverlo a la tierra con respeto.

—Has estado leyendo mucho, Satoru-san —Kasumi sonríe, se siente importante y este no es un sentimiento de lo más familiar.

—Los viajes en avión suelen ser demasiado largos... —contesta mientras los arcos de su sonrisa se elevan sutilmente—. En fin, no puedo quedarme aquí por mucho tiempo por obvias razones… Vuelve a dormir, nos vemos mañana.

Él se da cuenta casi de inmediato del ligero avance de su torso sobre él mientras le dice 'buenas noches'. Sabe que está mal, sobre todo el sitio en el que está dispuesto a hacerlo, pero no puede resistirse. Acorta la distancia entre ambos y la besa suavemente hasta llegar al tope, hasta ese punto en el que sabe que el hambre se volverá insoportable y se detiene.

Mientras camina por los jardines, suspira, creía que había sido cauto con ese último beso, pero la sensación permanece sobre sus labios, un ligero hormigueo que se expande poco a poco por doquier. Se da una ducha antes de dormir y, antes de cerrar los ojos por última vez se vuelve a hacer preguntas que no tienen aún respuesta, pero que lo llenan de curiosidad. Le emociona, es de esas cosas interesantes que no puede sacarse de la cabeza.

Por la mañana se encuentra con Nanami, está sentado junto con Ito y Kasumi, bebiendo una taza de café.

—Llegas tarde —le dice apenas se sienta en el sofá a su lado.

—¿De qué me perdí?

—Anoche encontramos un talismán escondido en la escuela, creemos que es lo que buscaban la maldición y el usuario.

—Qué mala suerte para ustedes, chicos.

Hay una notable diferencia entre Kasumi y Satoru. Esta es la primera vez que se encuentran frente a otras personas de su entorno, y mientras Gojou se mueve como si no fuera nada del otro mundo, Miwa está totalmente congelada. Sigue un poco pálida, y gracias a eso no se puede sonrojar como lo hace de costumbre.

—¿Han averiguado algo sobre el usuario de maldiciones? —pregunta ella, intentando mantener la compostura.

—Aún estamos en eso, Ijichi está haciendo algunas averiguaciones. Ahora que estás mejor, Miwa… ¿Hay algo que puedas recordar que haya dicho mientras estaban solos? —pregunta Nanami.

—No… Sólo describía como iba…

—Está bien —Nanami no necesita recordarle a Miwa los detalles más escabrosos de la noche.

—¿Por qué había un objeto maldito en la escuela? —pregunta Ito.

—Nanami, ¿crees que tenga qué ver con las maldiciones de grado especial? —pregunta Satoru—. No es la primera vez, están repartiendo objetos malditos por Japón. Ni siquiera les importa deshacerse de ellos.

Ito se incorporó hace poco, pero Satoru aún no confía en que él no sea parte de esta organización, al menos no por el momento. Por lo que no comenta a sus anchas todo lo que está pensando. Se voltea a Nanami que parece estar pensando su respuesta y bebe un sorbo de café.

—Es una posibilidad.

La puerta a sus espaldas se abre, Nitta aparece y camina hasta ellos.

—¿Estás lista, Miwa-chan?

Ella asiente y se pone de pie, hace una reverencia y se detiene frente a Nanami.

—Gracias de nuevo, Nanami-sama. Ito —se voltea a él—, gracias a ti también—. Se voltea por último a Satoru—, Gojou-sensei —dice antes de retirarse, con la mayor naturalidad que le es posible.

Mientras ella se marcha, Gojou no puede sacar de sus ojos la forma en la que Ito sigue su andar hasta que la puerta se cierra. Se sonríe, el muchacho se sonríe y se sonroja.

—Miwa-sempai es muy valiente —dice repentinamente—. No es como Kugisaki-sempai… o Maki-sempai… Ella muy agradable.

—Ahá… —suelta Gojou y saca su celular de su bolsillo, revisa sus correos y luego vuelve a escuchar la voz de Ito irrumpir sobre el silencio.

—Gojou-sensei, ¿tienes el número de Miwa-sempai?

—¿Huh? —Lo mira durante un momento y luego responde—, ¿por qué lo tendría?

—¿Crees que alguno de los muchachos lo tenga?

—No lo sé… —Realmente no lo cree—. Pregúntales a ellos.

—Tal vez no se haya ido aún y puedas pedírselo tú mismo, Ito —dice Nanami en un tono desinteresado y él parece estar reuniendo el valor para salir detrás de ella.

—Oye, oye, ¿no es un poco mayor para ti?

Él, ciertamente no es nadie para salir con este tipo de comentarios. Considerando las circunstancias, Ito Noboyuki es mucho más adecuado para Kasumi que él mismo. Sus palabras parecen surtir efecto, ya que el muchacho se acobarda y permanece con el trasero pegado al sofá. Hunde su rostro con amargura y asiente.

—¿Crees que le gusten mayores?

—Y yo cómo voy a saberlo… —contesta y se rasca sobre la oreja, ligeramente incómodo. No está seguro de por qué ha intervenido de esta manera, Kasumi es libre de salir con quien ella quiera.

—¿Cuántos años tienes, Ito? —pregunta Nanami.

—Quince.

—Ella no parece muy mayor. Apresúrate.

El muchacho recupera el entusiasmo y sale corriendo a paso rápido por la misma puerta tras la que Miwa y Nitta desaparecieron.

—¿Por qué desanimas al muchacho, Satoru? —pregunta mientras toma el periódico de la mesa y el otro hace una expresión infantil mientras se hunde el sofá con su celular entre las manos.

—No creo que sea su tipo.

—¿Cómo sabes cuál es el tipo de Miwa-chan?

—¿No viste el vídeo del Intercambio de las escuelas? Le gustan guapos y graciosos.

—Me pareció una pérdida de tiempo que agregaras esa pregunta, además de muy poco profesional.

—Oye, oye, ese evento tiene como finalidad que los alumnos se relacionen entre ellos. Apenas tienen tiempo para divertirse, no me pareció mala idea.

—Tal vez ella es el tipo de Ito. Parece una muchacha responsable, puso la vida de Ito antes que la suya porque estaba agotado por usar su técnica tantas veces seguidas. Además, le está costando adaptarse… Le vendría bien hacer amistades.

—Mhm… Ella parece una buena persona —murmura Gojou.

Afortunadamente para la creciente irritación de Gojou, Ito Noboyuki no alcanza a Miwa antes de subirse al vehículo oficial del colegio antes de partir al aeropuerto. La parte más incómoda llegó en el almuerzo.

—¿Un usuario de maldiciones? ¿Cómo era? —pregunta Yuuji con entusiasmo mientras le pasa un cuenco de arroz a Ito. Todos los muchachos están bastante conmocionados por la misión del muchacho de primer año.

—Era… alto, más alto que Gojou-sensei. Medía al menos dos metros.

—¡Qué alto! —suelta Yuuji.

—Tenía un cinturón hecho de cabellos, supongo que eran cabellos humanos…

—¡Qué asco! ¿Por qué hablan de estas cosas mientras comemos? —interrumpe Nobara Kugisaki en voz alta.

Gojou lo presiente, ve la forma en la que Ito levanta la vista de su cuenco de momento a momento. Se debate si hacer la pregunta que ya le hizo a él y aprieta los labios, luego los relaja y los vuelve a apretar, como si se acobardara cada cinco segundos.

—Kugisaki-sempai… —dice finalmente.

—Oye, Ito, pásame la salsa de soja —interrumpe Gojou.

—Oh, sí —contesta y le alcanza un cuenco con salsa, pero esta efímera interrupción no lo disuade de la idea principal—. Kugisaki-sempai… —vuelve a repetir en un tono más bajo y ella gira su rostro a él—. ¿Tienes el número de… Miwa-sempai?

—¿Miwa-sempai? —pregunta, intentando recordar a la persona—. Oh… ¿de Kioto?

Repentinamente todos se quedan callados sobre la mesa. Todos piensan lo mismo y lentamente los rostros se voltean a Ito Noboyuki. El muchacho lo siente, todos los pares de ojos sobre él sin saber que hay otros seis ojos que lo tienen en la mira.

—¿No es la que peleó con Maki-sempai? —pregunta Fushiguro, quien a pesar de tener constantemente una expresión aprehensiva y muchas veces ha sido victima de este tipo de escrutinio sin razón aparente, no tarda en subirse al tren comienza a rondar sobre la mesa del almuerzo.

—Ah… sí —recuerda Maki—, es débil —comenta como primera apreciación—, pero es linda, ¿te gusta Miwa-san, Ito?

—Salmón —afirma Inumaki.

—¡Oh! ¡Le gusta! ¡A Ito le gusta Miwa-sempai! —agrega Yuuji con su clásico entusiasmo—. ¿Tienes su número, Kugisaki?

—No, no lo tengo. Pero Maki-sempai podría pedírselo a su hermana —Nobara no hace esfuerzo alguno de ocultar su desagrado al mencionarla.

—Preferiría no pedírselo…

—¡Pero es importante para nuestro compañero! —interrumpe Panda.

—¿No creen que Ito debería pedírselo por sí mismo? —pregunta Gojou entre toda la conmoción de los muchachos y los rostros se voltean en su dirección—. ¿No les gusta eso a las mujeres?

Este no es el mismo consejo que le ha dado por la mañana. Pero Gojou no tiene problema alguno sobre ser inconsistente. Simplemente habla del puro impulso que nace y no se cuestiona el por qué.

Los muchachos se voltean a las únicas mujeres sobre la mesa. Kugisaki se acaricia el mentón y piensa.

—Bueno, a mí no me gustan los cobardes. Si un muchacho quiere salir conmigo tiene que venir a pedírmelo a la cara.

—Por supuesto, ¿quién quería salir con un miedoso? —agrega Maki y Ito parece desinflarse al escucharlas.

—Pero ella no está en Tokio, la muchacha ya se marchó —dice Panda—, ¿no podrían hacer una excepción?

—Gojou-sensei puede pedírselo a Utahime-sensei —comenta Fushiguro.

—¿Yo? ¿No se vería raro que le pida el número de una de sus alumnas?

—Si yo fuera Utahime-sensei, no se lo daría —contesta Nobara, sin saber cuanta razón hay detrás de sus palabras.

—Okake —agrega Inumaki.

—Tranquilo, Ito. Siempre tendrás el Intercambio anual de las escuelas hermanas para intentarlo —le sonríe Gojou con cierta ironía.


Para cuando Kasumi pisa nuevamente el Colegio de Kioto, sus compañeros no han regresado. Pero debido a los últimos eventos, contrario a las recomendaciones de Ieiri-sama, decide dar un paseo por la biblioteca. No está segura de qué buscar, es tan amplia que se siente perdida de sólo ver los cientos de dorsos de los libros antiguos ordenados sobre las estanterías.

Desliza sus dígitos por una cubierta y lo saca de su lugar, lo hojea y, a grandes rasgos, no encuentra nada que le pueda servir. Al cabo de cuatro horas encuentra un libro que apenas describe unos cuantos encantamientos en los que se utilizan cabellos humanos y vuelve a leer esa palabra que le mencionó Mamuru: Escaleras de brujas.

Hay varias descripciones de los rituales que acompañan el proceso de la escalera. Kasumi no sabe suficiente del tema, sin embargo, sabe que cada arma maldita pasa por un proceso parecido antes de alojar la energía de una maldición. El hechizo no depende tanto del ritual, aunque es necesario, depende de la bruja, en este caso de la hechicera.

Tal vez Momo sepa cómo hacer un conjuro… se dice y continúa leyendo otro libro específico sobre encantamientos.

"Una vez hecho el encantamiento, el hechicero deberá trasladar toda su energía maldita sobre el talismán, el sello, o el objeto maldito. La correcta canalización de energía asegura la eficacia del conjuro. De lo contrario, si la energía es inestable, el conjuro será volátil, no tendrá efecto, o conseguirá el efecto contrario."

Kasumi debe decidir cuál será entonces el tipo de conjuro que debe realizar. No tiene una cantidad de energía maldita tan grande como la de Kamo-sempai o Toudou-sempai. Tampoco tiene una técnica innata como Mai. Su dominio incompleto y una técnica promedio en el uso de armas cortantes es todo lo que le queda.

En su pelea con Maki Zenin, se ha quedado sin su espada. En su pelea con la maldición del puente, su dominio no le sirvió contra dos oponentes y, contra Mamuru, la diferencia era demasiado grande como para poder hacerle frente. Pero una idea le cruza la mente, algo que quizás no sea demasiado descabellado como para ser imposible. Después de todo, la hechicería muchas veces resulta ser cuestión de creatividad.

Miwa piensa que, si ha de morir, será con su katana sobre la palma de su mano.

Después de hacerle una llamada a Momo en Nirasaki, recibe una corta lista de instrucciones de cómo realizar un encantamiento, o más bien, una maldición. Kasumi sale del colegio y compra un par de velas e incienso, para limpiar el área de las energías y las dispone sobre el suelo de su habitación. Su katana como el centro de esta disposición. Se sienta en el suelo, enciende las velas y el incienso y respira profundamente. Previo a la maldición, medita.

Es importante para ella remover de su mente todo motivo ulterior que empañe este conjuro. Este contrato que hará con su katana. Ni Sochi, ni Kamo, ni Gojou Satoru pueden ser parte de este contrato. Todo lo exterior no forma parte, y es muy difícil para Kasumi asumir esta responsabilidad por sí sola.

Siempre ha habido alguien más antes que ella, una necesidad ajena que se ve obligada a satisfacer. Pero, habiéndose enfrentado a la muerte ya un par de veces, ha comprendido ligeramente cuál es su obligación como chamán: sobrevivir.

Ella no es Gojou Satoru, nadie más que Gojou Satoru lo es. Para Kasumi, no es ganar o morir. Y probablemente esta diferencia fundamental de criterios no le permitirá nunca llegar al nivel en el que él está. Pero sí le asegurará la supervivencia. Kasumi sólo es egoísta en este sentido, ella sólo desea sobrevivir. Incluso sin cambiar paradigmas, ni tener grandes planes. Kasumi se conformaría con vivir un día más para disfrutar un poco de la vida que tiene, que probablemente será corta.

Toma una hebra larga de cabello maldito y la arranca del folículo capilar. Lo enhebra en una aguja y se repite mentalmente que esto funcionará. Tiene que repetirlo para creerlo, de lo contrario el conjuro no funcionará.

—La espada es por Miwa Kasumi, y Miwa Kasumi es por la espada —repite suavemente, una y otra vez, mientras cose el cabello sobre la empuñadura con cuidado—. La espada es por Miwa Kasumi, y Miwa Kasumi es por la espada.


Otro par de semanas transcurren. Gojou no ha dejado de viajar de un sitio al otro del país. Desde la reaparición de Ryomen Sukuna, la cosa se ha estado saliendo de control. Si tan sólo existiesen más como él, la situación estaría bajo control. Pero solo existe un Gojou Satoru y eso, aunque es agradable en un sentido, es particularmente pesado en otros.

Sus conversaciones con Kasumi son esporádicas. Cuando no está ocupado, ella lo está. Cuando la llama está en algún pequeño pueblo en el que apenas tiene cobertura y cuando ella le escribe está subiéndose a otro avión. Y lo peor es que la cosa no parece tener fin.

Logró hablar con ella en al menos dos ocasiones por menos de treinta minutos, antes de que tuviera que colgar por la llegada de alguno de sus compañeros o algún profesor. Y, estas ausencias le han hecho llegar a… ¿echarla de menos? Gojou se sonríe ante este predicamento, pocas veces se encuentra alguien que lo escuche y no crea que habla disparates o estupideces. Pocas veces alguien lo escucha con atención, además de Yuuji, pero incluso en él llega a reconocer algo de desconfianza de vez en cuando.

A menudo se encuentra a sí mismo, solo en su habitación de hotel, mirando la pantalla de su celular. Mira el fondo de pantalla predeterminado del móvil que compró y se pregunta cuándo fue la última vez que puso una foto ahí. ¿En qué momento dejó de poner fotos allí?

Al recordarlo, sonríe con amargura. Comprende perfectamente por qué no lo ha vuelto a hacer, porque le trae nostalgia.

No se detiene a pensarlo por demasiado tiempo. Mira la hora y se pregunta si estará despierta, si habrá recibido una nueva misión y estará saliendo de la prefectura. Si podrá hacerse un tiempo para verla esta semana o si la siguiente maldición será demasiado dura para ella. Kasumi es un caso complicado, no tiene un talento en particular… su único talento es la perseverancia…

Tal vez se equivocó, se dice mientras pone cinco terrones de azúcar en su taza de té. Tal vez incitar a Kasumi a unirse a él fue un completo error y termine encontrando su propia muerte por culpa de sus palabras. No sería la primera vez que alguien idealista encuentra una muerte prematura.

'¿Duermes?', decide preguntarle, son las 2 a.m.

'Estoy dejando mis cosas en una posada, tengo una misión en Aokigahara, el bosque del suicidio…'

Este sitio es un criadero de maldiciones, funciona durante todo el año. La tristeza y soledad de quienes terminan sus vidas en este monte es un festival para las maldiciones. Cada dos meses se realizan rondas en este bosque, sólo de forma rutinaria.

'¿Y tú cómo estás? ¿Por qué estás despierto tan tarde?'

Satoru lee la pregunta, medita por apenas un par de segundos y contesta.

'No duermo mucho.' Eso es todo, no hay mayor explicación.

'¿Por qué?'

¿Por qué?, se pregunta él.

'Simplemente soy así,' responde sabiendo que esto no siempre ha sido así. Satoru sabe que responder con sinceridad le traerá más preguntas que nunca ha querido contestarse a sí mismo. Prefiere patear todo ese bulto bajo la alfombra y continuar su rutina como si no hubiera un monte impidiéndole cada paso. Sólo porque tiene piernas largas no significa que pueda sortear esos obstáculos mejor que los demás.

'¿Y tú?, ¿por qué no duermes?', le pregunta a Kasumi y espera.

Ella no le ha contado sobre el hechizo que lanzó sobre su espada y la promesa que le hizo. Teme que tal vez quiebre alguna regla de la hechicería, que tal vez no cumpla su objetivo, ya que aún no ha tenido la oportunidad de ponerlo a prueba.

'No puedo dormir… ¿Quieres hablarme de algo?'

Satoru se sonríe.

'¿Quieres que te aburra hasta que te quedes dormida?'

Sobre su cama, en una pequeña posada a los pies del monte Fuji, Miwa tipea con desesperación sobre su celular para refutar las palabras de Gojou, cuando repentinamente la llama. Kasumi mira la pantalla y se aclara la garganta, luego atiende.

—Satoru-san —contesta en un susurro, sonriendo atolondradamente.

—Kasumi-chan —dice él a sus anchas dentro de su habitación de hotel—. Quieres que te diga cosas aburridas, ¿eh?

—No es lo que quise decir, jamás me podría aburrir contigo… Pensé que… como no nos hemos visto en bastante tiempo… podríamos simplemente conversar.

—¿Es un reproche?

—¡N-No! ¡Claro que no! —Kasumi escucha la risa suave del sensei del otro lado del teléfono.

—¿De qué quieres conversar? Oh, espera, ¿el sexo telefónico está fuera de los límites?

—No sé cómo se hace eso… —contesta afligida—. ¿Qué tal si me cuentas tu día?

—¿Mi día? Uhm… bueno, exorcicé una maldición de primer grado en un instituto psiquiatrico. Mató a diez civiles, una escena asquerosa… En fin, los peces gordos están preocupados. Esto se está poniendo algo divertido, tal vez se vean obligados a cambiar las reglas del juego si las maldiciones siguen apareciendo con tanta frecuencia. No les quedará más opción.

—Eso no suena muy bien… Satoru-san. Suena terrible. Si esto se pone peor, mucha gente inocente va a morir…

—Y sabrán finalmente que yo tenía razón. Las cosas tienen que cambiar —Gojou no encuentra más que silencio del otro lado de la línea—. Apuesto que desearías estar teniendo sexo telefónico ahora —Le reconforta el sonido suave de su risa.

—Eres muy apasionado sobre las cosas que realmente te importan, ¿cierto?

—Tal y como tú lo eres por tu familia, Kasumi-chan. Después de todo, el propósito de la vida es encontrar nuestro propósito, ¿no?

—Eres muy sabio, Satoru.

—Me gustaría decir que yo lo inventé, pero no fui yo, fue Buda.

—Lo sé.

—¿Sabías que Buda reencarnó—.

—¿Ciento ocho veces? —completa Kasumi—. Sí, alguien me lo dijo.

—Alguien culto.

—Sí —se ríe—, alguien culto y amable, y gracioso.

—Suena a que es atractivo también.

—Lo es… es muy atractivo. Creo que tiene el ego un poco por las nubes también, pero no me molesta. Aunque, le tengo un poco de envidia. Tal vez si tuviera un poco de todo ese ego podría hacerme más fuerte, ¿sabes? Leí por ahí que mientras más crea uno en los hechizos, más efectivos son. Tal vez pase lo mismo con las personas, mientras más uno crea en uno mismo, más capaz se hace.

—Eres sabia, Kasumi-chan.

—O tal vez estoy diciendo tonterías —se vuelve a reír.

—No, no hagas eso. No temas decir lo que piensas porque crees que eres una tonta, de hecho… me gusta escuchar las cosas que tienes para decir.

La mano delgada de Kasumi se posa sobre su mejilla. La mano está helada y el rostro arde en llamas. Miwa se sonroja notablemente al escucharlo y siente como el corazón comienza a latir más rápido, el calor se expande por todo su pecho y ella sonríe. Se siente feliz.

—G-Gracias, Satoru-san… —Se detiene con el móvil en la mano, se da un instante para disfrutar de este momento y luego mira la hora en un pequeño reloj junto a la cama—. Se ha hecho tarde, ¿puedo llamarte mañana?

—Claro, cariño —Es agradable escuchar la torpe risa de Miwa del otro lado.

—Buenas noches, Satoru. Que descanses.

Antes de dormir, Kasumi mira la primera foto que se tomó con Satoru, luego mira la otra, esa que se tomaron en el bar karaoke. Le gustaría tener muchas más fotografías con él, pero por el momento se conforma con esto.

Cierra los ojos, pero apenas puede conciliar el sueño por todos los sentimientos que afloran en ella cara vez que lo escucha. No lo ha visto desde esa tarde en la que regañó a los niños. No lo ha vuelto a besar desde ese beso casto en medio de la calle.

Por la mañana se prepara para sus rondas por el bosque, sale en un vehículo con vidrios tintados que la deja en un sendero que deberá seguir para no perderse dentro del bosque. El área turística está cerrada, como se hace cada vez que un chamán limpia el bosque de maldiciones. Es tan común que le da escalofríos.

Antes de salir se le advirtió que es posible encontrarse con el cuerpo abandonado de alguna persona, pero espera no correr con esa suerte. Kasumi nunca ha visto un cuerpo en vivo y en directo. Todo lo que ha llegado a ver no han sido más que fotografías adjuntas en informes. En ese sentido, ha tenido suerte.

La primera maldición es pequeña, de ojos grandes y piernas delgadas. Tan insignificante que incluso a Kasumi le da pena exorcizarlo. Se podría decir que incluso parece lindo. Tres maldiciones cabezas de mosca, una maldición de cuarto grado y para las cuatro de la tarde ya no hay nada en el bosque. Afortunadamente, sin suicidios de por medio.

Kasumi se detiene una vez que abandona el bosque y lee el letrero al pie del sendero. Aquel que han colocado con la idea de disuadir a las personas que vengan aquí a terminar con sus vidas.

"La vida es algo importante que nos dieron los padres. Pensemos en silencio en nuetros padres, hermanos e hijos nuevamente."

Vuelve a leer el letrero, una y otra vez. Y piensa, como no ha hecho ya en muchos años, en su propio padre. No está segura de lo que siente al recordarlo, y no tarda en pensar en su madre con más afecto y añoranza.

Envaina la katana, piensa en sus hermanos y luego alza la vista y piensa en él. Y al hacerlo una sonrisa se ensancha sobre su rostro.

No ha probado su conjuro, y los desafíos sólo se volverán más difíciles de sortear con el paso del tiempo. Kasumi ha estado respirando la muerte incluso antes de poner un pie sobre este bosque y sabe que lo único que puede hacer es llegar a ese día, habiendo cumplido al menos un deseo. Con uno solo se conforma.


Por lo general, siempre se da un tiempo de hacer turismo por las ciudades que visita. Compra algo para llevar, alguna golosina o postre. Si tiene tiempo compra ropa o simplemente mira una película. Todo depende de lo apretado de la agenda, o de las investigaciones que deba realizar.

Nagoya es una ciudad grande, repleta de personas, con un área comercial que no podría terminar de recorrer, aunque estuviera allí toda la semana. Y aunque tiene tiempo, lo único en lo que puede pensar es en la llamada de Kasumi. Ha tenido tanta mala suerte en sus últimas misiones que ha comenzado a preocuparse. Mira la hora de tanto en tanto, esperando también encontrarse con algún mensaje. Es aún más decepcionante encontrar su casilla llena de otros mensajes, ninguno de ella.

Qué desagradable es preocuparse por personas que no tiene manera alguna de proteger.

Mira la distancia entre Nagoya y Aokigahara en Google Maps, revisa la lista de vuelos disponible y los horarios. Revisa su billetera, se asegura de tener su tarjeta de crédito en mano y sigue esperando. Come una dona que ha comprado en un local a dos cuadras de su hotel y enciende el televisor para ver una película, a la cual no le presta atención.

Cuando el teléfono suena, su nombre aparece en su mente antes de verlo reflejado en la pantalla. Tiene que ser ella, pero se lleva la decepcionante sorpresa de que es Yaga.

Habla con él, por al menos veinte minutos. Lo pone al tanto de las últimas novedades y le deja saber que su estancia en Nogaya se prolongará por unos días más. Cuando cuelga, ve un mensaje que ha estado esperando su respuesta durante los últimos cinco minutos.

'¿Puedo llamarte?'

Gojou sonríe y la llama da inmediato.

—Satoru… —pronuncia ella en ese tono dulce que jamás llega a empalagarlo y él responde en un tono escalofriantemente similar. La escucha contarle sobre el Monte Fuji, sobre cómo esta es la primera vez que lo ve tan de cerca. Comenta sobre las insignificantes maldiciones que exorcizó y lo que comió hace una hora.

—Me alegra que todo haya salido bien —dice él con tremenda sinceridad.

—A mí también, ya estaba comenzando a asustarme. Pero, supongo que eventualmente tendré que enfrentar algo más fuerte. Así es como funcionan las cosas, ¿no?

—Idealmente, no. Pero no todo es ideal en nuestro mundo.

—He estado pensando… Lo que pasó con Mamuru… Otra vez creí que iba a morir.

—¿Pensaste en mí? —Kasumi vuelve a reír y a él se le arquean las comisuras de los labios involuntariamente.

—Pensé en que quiero disfrutar cada momento de mi vida, ¿sabes?

—"La muerte no se teme, si la vida se ha vivido sabiamente."

—Así es… Y es por eso que…

—¿Qué sucede, Kasumi?

—Satoru-san… —comienza tímidamente, con el móvil bien pegado sobre su oído—. Creo que estoy lista.

—¿Lista?

—Sí… Para… eso.

—¡Oh! ¡Eso!

—Sí, eso.

—¿Ahora?

—Uhm… bueno, estoy en Aoikigahara… así que supongo que—.

—Puedo conseguirte un vuelo a Nagoya en diez minutos. Está de camino a Kioto, ¿no?

—Pero, ¿no están allí con todos los sensei? ¡El director Yaga y Gakuganji!

—Tranquila, Kasumi… Puedo hacerte entrar y salir del hotel sin que nadie te vea. Eso no es problema. No te preocupes. Creo que estaremos aquí un par de días, aún estamos esperando algunos chamanes que vienen de otro lado del país. ¿Qué dices?

—Suena arriesgado.

—Lo sé… Pero a juzgar por la situación probablemente tenga que viajar mucho de ahora en adelante y será más difícil encontrar un punto medio.

—¿Tan grave se ha vuelto?

—Sí, pero no es nada que no pueda resolver —Satoru espera mientras ella se debate del otro lado de la línea—. No tiene que ser hoy, Kasumi… —comenta, cuando la verdad es que espera que acepte.

—Está bien…

—En un momento te envío el boleto de avión —contesta y Kasumi no puede ver la sonrisa depravada que le nace de inmediato—. Llámame cuando estés en el aeropuerto, enviaré un auto para ti. Espérame en la dirección que te enviaré e iré por ti. ¿De acuerdo?

—De acuerdo.

Ella prepara su ropa, revisa que los condones sigan ahí, guardados en el bolsillo en el que los ocultó. Luego, como fue prometido, llega el ticket de avión con su nombre, que sale en una hora hacia Nagoya. Kasumi decide salir al baño a toda prisa, tal y como sugirió Mai, aunque le avergüenza estarse preparando. Se llena de loción y toma un taxi lo antes posible para no perder su vuelo.

Tiembla todo el trayecto, Gojou logra hacerla estremecer con anticipación. Ni siquiera puede tomar un sorbo de café en todo el camino y por alguna razón reza para que los minutos no pasen tan rápido. ¿Por qué será que esto le causa tanto temor cuando es algo que desea con cada fibra de su cuerpo? La anticipación la mata por dentro.

Una vez en la capital, Kasumi teme que alguien reconozca su cabello. Está aterrada ya que sabe que en esta ciudad se están congregando un gran grupo de chamanes para discutir asuntos sobre los que ella no tiene la más mínima idea.

Compra una gorra en uno de los puestos de artículos turísticos del aeropuerto y esconde su cabello dentro de ella, pero no puede evitar que se le caigan algunos mechones sobre las orejas.

'Estoy en el aeropuerto', le dice en un mensaje y espera su respuesta.

'El auto está afuera,' contesta y envía el número de matrícula.

Kasumi sale y no tarda en encontrar su Uber. Se monta, indica la dirección y guarda silencio mientras mira la pantalla de su celular. Aún no ha sucedido nada y ya siente su corazón golpeándole el pecho. Un nudo se aprieta sobre su abdomen y tira con fuerza. Está aterrada.

El auto se detiene sobre el parque Tsuruma. Cuando el vehículo se va, Kasumi le envía otro mensaje a Satoru. Se sienta sobre una banca y espera. Aprieta las manos sobre sus piernas, sosteniendo con fuerza la correa de su bolso. Luego suspira, su entrecejo se ha fruncido demasiado y está sumamente preocupada. Pero no está segura de por qué.

Escucha unos pasos acercándose y levanta la vista. Lo ve acercarse tranquilamente por la vereda con esa sonrisa suave de él, repentinamente sus dudas se disipan y ensancha los labios en una sonrisa. Se ha vuelto a pintar los labios con ese tono cereza, incluso se ha arqueado las pestañas para él.

Satoru la observa, la ha estado mirando hace un tiempo, sola en aquella banca de madera mirando de un lado a otro, mordiéndose los labios. Acorta la distancia, ella se pone de pie frente a él y lo espera con esa expresión tan dulce de ella. Esa sonrisa y esa forma de verlo como si fuera lo mejor que le pasó en la vida. En la triste vida de Kasumi Miwa.

Sin decirle nada, le ofrece su mano y ella observa este gesto, algo extrañada. Observa la palma, los dedos largos extendidos en su dirección y sin pensárselo demasiado apoya su pequeña y delgada mano sobre ella.

En el transcurso de un parpadeo, Kasumi ya no está en el parque Tsuruma. Gojou toma la gorra y el cabello maldito cae sobre sus hombros. Le envuelve el rostro con ambas manos tibias y la besa.

Gojou la besa con una devoción que jamás había expresado antes en su vida. Con una ternura que de principio se siente ajena, como si se le hubiera pegado la dulzura de Kasumi, como si hubiera aprendido a replicarla.

Ella cierra los ojos y murmura su nombre, se ríe entre los besos y se aleja. Traga, se ríe, mira el suelo y se da cuenta de que aún lleva puestos los zapatos. Gojou también.

—Voy a… —balbucea, se agacha y deja los zapatos junto a la puerta. Satoru la imita, luego se quita la chaqueta y la cuelga sobre un perchero junto con el bolso de Kasumi.

La mira de reojo, ella se acomoda varias veces el mismo mechón tras la oreja y se sienta sobre el sofá sin decir mucho. Puede decir que está lista, pero no lo parece. Gojou camina tranquilamente y se sienta a su lado, pone una mano sobre su pierna y la mira a los ojos.

—No estés nerviosa —le dice y ella se sonroja tanto que le causa ternura. El mechón cian vuelve a caer y él extiende sus dedos para acomodarlo.

A esta altura, Kasumi se ha acostumbrado a la venda que lleva sobre el rostro y no le molesta no estar viendo ese penetrante cielo que tiene atrapado en la mirada. Al contrario, le hace sentir que su escrutinio no es tan amplio.

—Temo que… no sea tan agradable para ti… considerando mi falta de experiencia.

Una risa ligera muere dentro de los labios de Satoru. ¿Acaso esta muchacha piensa en sí misma en algún momento del día?

—No te preocupes por mí.

Él se acerca, acorta la distancia y espera hasta que ella esté lo suficientemente segura como para avanzar. La ve perfectamente a través de la banda, ve la forma en la que su entrecejo se frunce, sus cejas se arquean hacia arriba y lo observa. Mira su mentón, sus labios, el cabello grisáceo, la punta de la nariz. Cuando finalmente reúne valor, lo besa. Lo besa con un hambre que jamás había dejado salir con anterioridad. Lo besa con el anhelo que sólo el amor motiva.

Satoru siente los dedos de Kasumi sobre su cuello, aferrándose, suplicando suavemente que la haga de él.

La cubre por completo en pocos minutos, Kasumi se deja caer sobre el sofá y lo besa, abre la boca invitándolo a hundir su lengua en ella, a mezclar su saliva con la suya. Las manos de Satoru viajan por su cintura, su trasero, sus piernas aún vestidas y el calor comienza a consumirlo. Cada poro se enciende, la ropa le molesta.

Se traga cada uno de sus gemidos, cada vez que pronuncia su nombre entrecortadamente, como esos licores que evita beber porque no le agrada su yo fuera de control.

Con una mano desabotona los primeros botones de su camisa, mientras Kasumi le ayuda con los últimos. No puede dejar de besarla para hacer esto, es demasiado delicioso.

Ya sin su camisa, se ocupa de la de ella y Kasumi hunde sus dedos con urgencia sobre la piel blanca de la espalda de Satoru. Él siente las uñas clavándose, las piernas envolviéndolo mientras él empuja aún vestido sobre ella. Mientras él más empuja, Kasumi más suspira, sus gemidos tímidos poco a poco pierden esta cualidad, cada vez son más claros. Ella gime suavemente su nombre y él se siente a punto de estallar, muerde su labio inferior y la sostiene por el cuello.

—¿Lo quieres? —le pregunta, moviendo su cadera sobre la de ella.

—Sí…

—¿Qué es lo que quieres? —la sola pregunta lo hace salivar, tiene hambre de escucharlo.

—A ti.

—Dilo.

—Te quiero a ti, Satoru…

—¿Adentro?

—Sí…

Satoru desliza una mano a los botones de los pantalones de Kasumi. En el latido de un corazón se los quita y con la misma mano pasa los dedos sobre sus costillas y continúa su recorrido hasta su brasier. Lo desabrocha incluso más rápido de lo que ella lo hace en lo cotidiano. El elástico se suelta y ella gime, él la besa y la toca bajo la tela. Kasumi siente sus dedos acariciándole los pechos, envolviéndolos y apretándolos suavemente, atrapa su pezón entre los dedos y lo pellizca hasta que las uñas de Kasumi se clavan sobre su espalda y se traga sus gemidos.

—¡Gojou Satoru! —se oye del otro lado de la puerta junto con tres fuertes golpes—. ¡Abre la puerta Satoru!

Los miembros de la muchacha se congelan de inmediato. Ambos se incorporan sobre el sofá y miran en dirección a la puerta que vuelve a golpear.

—Tal vez, si no hacemos ruido… —susurra Gojou cuando vuelven a verse a la cara.

—¡Ya sé que estás ahí adentro! ¡Abre la maldita puerta!

—¡Utahime-sensei! —reconoce su voz y empuja a Gojou a un lado para tomar su ropa del suelo—. ¿Nos descubrió? —susurra completamente aterrada.

—Ve al baño un momento, yo me encargo.

Mientras Gojou toma aire para apaciguar su erección, Kasumi recoge su ropa del suelo, se agacha para recoger sus calcetines y una vez que escucha el pestillo dentro del baño, camina hacia la puerta. Utahime continúa golpeando con fuerza sobre la madera y cuando Satoru la abre, aún tiene un puño cerrado en el aire. Lo mira, ignorando que no trae puesta una camiseta y entra a su habitación como una tormenta.

—Te hemos estado llamando desde hace una hora —reclama escandalizada.

—¿Ah sí? —contesta y mira el móvil que tenía guardado en el bolsillo—. Oh, estaba silenciado.

—Tenemos una reunión, estamos esperándote y por dios santo, ¿no podías ponerte una camiseta? —Desvía la vista de él y se ruboriza, lo que la hace enojarse aún más. Al voltear su rostro se da cuenta de que hay un par de zapatos extra junto a la puerta, demasiado pequeños para ser de Satoru—. ¿Estás… estás con alguien?

—De hecho, sí —contesta él mientras se viste—. Y ahora la pobre está encerrada en el baño por tu culpa. Es tímida y la estás avergonzando, Utahime.

—O-Oh… disculpa, yo… Espera, ¡esto no es un viaje de placer, Satoru! ¡Hemos venido a trabajar!

—No todo en la vida puede ser trabajo, ¿sabes?

—En fin, baja de inmediato. Te estamos esperando, y si te demoras un minuto más te juro que—.

—Ya entendí, ya entendí.

Utahime aprieta la quijada de sólo escuchar el tono de fastidio que impregna la voz de Satoru. Ve una botella de agua sobre la mesa y está tentada a arrojársela, pero cierra los ojos e intenta controlar su frustración. Se da media vuelta, pero antes de irse decide decir algo más.

—¡Y tú! ¡La muchacha! No pierdas tu tiempo con este sujeto, al menos si te tienes un poco de respeto.

Al decir esto, se marcha, cierra la puerta de un portazo y Gojou espera en silencio por la salida de Kasumi del baño. Sin embargo, el pestillo no se abre.

Kasumi se ha vestido a toda prisa, aunque del apuro ha abrochado mal los botones de su camisa. Se ha sentado sobre el retrete y tiene los ojos pegados al suelo, llena de vergüenza y arrepentimiento. Le duele el pecho, se siente una desgracia.

—Kasumi… —susurra Gojou desde el otro lado de la puerta—, ¿estás bien?

—S-sí —contesta, aunque no suena muy convencida—. Por favor, ve a la reunión lo antes posible.

—¿Vas a esperarme? —pregunta ligeramente apenado—. No sé cuánto tarde…

—Claro, sí… estaré aquí cuando regreses —vuelve a decir en un tono que parece una mentira mientras acomoda los botones de su camisa.

—Bien…

Cuando oye la puerta de la habitación cerrarse, Kasumi hunde sus manos sobre su cabello. Las mentiras, el ocultamiento, no son algo que se tome a la ligera. Es un peso que en este momento se siente demasiado grande, sofocante incluso. Es difícil tolerar la vergüenza y maniobrarla con el anhelo que siente por Gojou Satoru. ¿Cómo podría balancear estas dos cuestiones al mismo tiempo? ¿Cómo lo hace él con tanta ligereza?

¿Acaso Gojou Satoru no conoce la culpa?

Kasumi se mira al espejo una última vez, suspira agotada por estos pensamientos que la acosan y se cuestiona hasta cuándo tendrá que mentir por mantener esta relación a flote. Más no se plantea terminarla, este concepto de disfrutar lo que la vida tiene para ofrecerle se le está pegando más de lo que le gustaría y finalmente se da cuenta de cuánto está en juego, justo ahora, cuando Utahime casi los descubre.

Sale del baño como si temiera que alguien la esperara del otro lado, pero está sola. Toma su bolso y se sonríe ligeramente, deja la bolsa que compró sobre la mesa y repentinamente escucha algo vibrar sobre ella.

Kasumi nota que Gojou ha olvidado su celular y, como su vista ha vagado hasta el móvil, ve por una fracción de segundo un mensaje sobre la pantalla y siente su corazón detenerse repentinamente.

Una mujer, y un corazón.


Por un incidente sobre las vías del tren, el suicidio de un muchacho sobre la línea principal del metro. Nanami llega tarde a su reunión en el Hotel Livemax de Nagoya, lo cual no lo tiene de buen humor. Joder su cronograma está en entre las diez primeras cosas que podrían arruinarle el día, a esto le sigue comprar un café de mala calidad.

Camina a paso rápido por la calle y se pregunta por qué han elegido un hotel en plena zona urbana y por qué han programado esta reunión extraordinaria en horario pico. Estas no son horas laborales.

Pero, aunque está muy concentrado en estas cuestiones, algo logra capturar su atención por un instante y voltea el rostro hacia un lado, justo antes de que la figura se pierda entre el mar de gente.

Un mechón azul cian se cae de su gorra y ella lo esconde apresuradamente, camina rápido y se esfuma.

Nanami mira la fachada del hotel del que acaba de salir. Aunque podría ser cualquiera, no es raro ver a jóvenes con el cabello pintado en diferentes partes de Japón, sobre todo en las zonas más urbanas. A pesar de ello, esto no le sienta bien.

Nanami Kento sabe que algo extraño está sucediendo.


Tres horas después, que se podrían haber reducido a treinta minutos si estos ancianos no divagaran tanto, Gojou regresa finalmente a su habitación de hotel con un hambre particular que sólo se puede satisfacer de una manera.

Abre la puerta con particular entusiasmo. Después de todo, no siempre una linda muchacha lo está esperando del otro lado. Ha estado pensándose durante todo el trayecto sobre lo que está a punto de pasar, pero al llegar se lleva la decepcionante sorpresa de que Kasumi se ha marchado.

Al principio no lo cree, se pasea por la habitación y luego el baño, pero Miwa no está. Sus zapatos, su chaqueta, no están. Y sólo encuentra una bolsa sobre la mesa con una pequeña nota.

'Lo siento, no puedo quedarme esta noche.'

Suena demasiado escueto para haberlo escrito ella, pero considerando las circunstancias que arruinaron esta noche puede comprenderlo. Kasumi debe estar manejando una cantidad de culpa sobrehumana y no la envidia en lo absoluto. Sin embargo, esto tiene un sabor amargo cuya procedencia no puede realmente descubrir.

Al abrir la bolsa, se encuentra con par de kikufukus de edamame, uno de sus favoritos.

Pero este detalle le trae nostalgia. Esto le trae un recuerdo de su época de estudiante, cuando era incluso más engreído y apático que ahora.

Gojou Satoru no recibe obsequios muy a menudo, son los gajes de tener una cuenta bancaria obesa. Todo el mundo espera que sea él quien invite, y generalmente lo es. Pero eso no significa que no le guste, de vez en cuando, ser engreído con obsequios, por muy simples que fueran.

Y sólo ha existido una persona en toda la historia de Gojou Satoru que tenía esto en cuenta, que recordaba, como si hubiera grabado una lista en los rincones de su mente, sus dulces favoritos. Cuando Gojou creía saber lo que se sentía ser amado, cuando Suguru Getou estaba vivo.

Gojou toma la bolita blanda de color verde se la mete a la boca sin esbozar ninguna expresión y mientras lo hace interviene sobre los terribles sentimientos que comienzan a inundarlo como un tsunami, lo detiene como si congelara el tiempo, el dolor y la ira. Toma su teléfono, contesta unos mensajes como si no estuviera ahogándose en traumas pasados y termina el primer kikufuku.

Por cosas como esta, Gojou detesta la nostalgia.


N/A: ¡Hola! Espero que este capítulo los encuentre muy bien, en mi ciudad estamos nuevamente con toque de queda por el crecimiento en los casos de covid-19, así que he tenido tiempo libre para estar en casa. Este capítulo ha sido el más largo (creo) de todo el fic hasta el momento. Pasaron muchas cosas, espero no encuentren muchos errores ya que para mí esto es mucho trabajo, no sólo por la longuitud del capítulo sino porque también tengo que traducirlo y revisar la versión en inglés. Por eso espero que sepan disculpar los dedazos que encuentren por ahí, a pesar de que lo leo una y otra vez, siempre hay cosas que se me pasan por delante, gracias de antemano. En fin, sé que nuevamente los dejé a medias con las cuestiones sexuales de la pareja, pero creo que ese no es el punto más importante de toda la historia, al menos para mí. Todos los lugares, como ya mencioné, existen y cada cosa que leen, como así también los datos de los que Gojou hablan, son reales, entonces a escribir sumenle el hecho de investigar. Por eso también aprecio mucho a los que se han quedado a comentar, gracias a Ina, como siempre, a Wandd, Nicole, Adkin, RebecaLH, Princesa Camison y natalysweety por quedarse unos minutos más para dejarme unas palabras de apoyo. ¡No sabes lo mucho que lo aprecio! Mil gracias por leer, espero que la historia les esté gustando tanto como a mi me gusta escribirla y ojalá sigan conmigo en el siguiente capítulo. No falta mucho para los momentos culminantes, así que preparen la playlist de canciones tristes porque el nombre del fic por fin tendrá sentido. ¡Besitos!