¡Hola personas! Otro one-shot para la lista. Y que no paro, "hoygan".

Moon-9215: Me alegro que te gustara ^^ Me gusta cambiar de ambiente.


Viernes

La derrota de Xana había causado cambios en los hábitos del grupo. Jeremy por fin había dado el paso con Aelita, y habían empezado a salir. Aquello había inspirado a Odd para pedirle una cita a Sissi, se la cual había salido una relación. Y finalmente Yumi también se había sincerado con Ulrich.

A su vez, aquel acercamiento había supuesto el inicio del declive de su relación con William. El escocés había encajado como había podido la elección de su amiga, pero inevitablemente, habían empezado a no había querido aquello cuando empezó su relación, pero respetó la decisión del chico. Pasó el tiempo...

—¿Vas a salir hoy? —preguntó Aelita a Yumi. Estaban hablando por teléfono tranquilamente.

—Sí. Ulrich está ocupado… pero no me apetece quedarme en casa un viernes por la noche —respondió la japonesa. Continuaba vistiendo su estilo habitual: pantalón y sudadera oscuros, aunque a veces se permitía que estas sudaderas lucieran algún eslogan.

—Una pena. Si estuviera allí, podría quedar contigo.

—No te preocupes. Pasadlo bien en vuestro viaje —dijo Yumi. Se despidieron, y colgaron.

Yumi terminó de vestirse y salí caída la noche. Hacía buen tiempo, y había ambiente por la calle. El tipo de ambiente que debe ganas de salir porque tampoco agobiaba la cantidad de gente que te encontrabas. Entró a un lugar con buena pinta, y pidió un gin-tonic en la barra.

—Pero bueno, quién tenemos aquí —dijo una voz.

A pesar del tiempo transcurrido, la japonesa reconoció a la primera aquella voz. Se giró y sonrió al ver a su antiguo compañero de clase, William Dunbar. Se saludaron, y el chico se sentó a su lado.

—Cuánto tiempo. No te he visto nunca por aquí —respondió el escocés.

—Lo sé, no suelo venir por esta zona. Pero hoy estaba sola y me apetecía cambiar —respondió ella, y dio un trago a su vaso. Se fijó en que William debía estar bebiendo un cubata.

—¿Sóla?

—Sí… Ulrich lleva una temporada trabajando toooooodos los viernes por la noche. Normalmente salgo a tomar algo con Jeremy, Aelita y los demás, pero hoy no había nadie disponible. Y me apetecía quedarme en casa tanto como volver a pelear en Lyoko —declaró la chica.

—Si quieres, puedo acompañarte —ofreció William, y le guiñó un ojo.

Yumi, sonrojada, soltó una risita tonta ante el gesto del chico, y sonrió.

—Claro, ¿por qué no? —dijo ella muy animada. —. ¿Qué es de tu vida?

— Pues… he estado ocupado con mis estudios. Pasé un tiempo en Escocia, y creo que volveré para terminarlos.

— Oh vaya… ¿Y no te tendremos por aquí? - comentó Yumi con una fingida mueca apenada.

—Depende... —William sonrió pícaro— de lo que me quede aquí —Yumi se mordió el labio y noto como sus latidos se aceleraban. Una parte de su mente la reprendía porque no era posible que esos sentimientos volvieran a salir a la luz.

—Quizás…. ¿Las viejas amistades? —comentó atrevida la japonesa. Inmediatamente, se dió cuenta de por donde estaban fluyendo las cosas y torció el gesto. Will soltó una risa divertida.

—Venga, Yumi —la acarició el brazo para animarla. La piel de la chica se erizó al contacto—. Siempre fuiste un poco reservada, pero te recordaba más animada. ¿Qué hay de esa Yumi tan dicharachera que luchaba en el Kadik?

—Lo sé, lo siento —se disculpó. Debido a los nervios, comenzó a parlotear—. Llevo semanas que apenas veo a Ulrich. Cuando le veo, está muy cansado y prácticamente tengo que tirar de él para que salga de casa y …

—Alto, alto, alto —interrumpió William—. Tranquila. Estamos aquí para relajarnos.

Algo en el rostro del chico hizo tranquilizarse a la japonesa, la cual relajó la tensión en sus hombros. A pesar de parecer más tranquila, sus pensamientos seguían brotando tan dispares como confusos.

—Somos aún jóvenes, y sin embargo, noto que se me está escapando la vida. Yo también tengo mis estudios, los compagino con un trabajo a media jornada, y aún así, consigo sacar tiempo para….otras cosas… —miró de reojo a William.

—Bueno… —el chico notó cómo le miraba—, no todo será tan malo, ¿no? —una sonrisa tan divertida como pícara se extendió por sus facciones—. Ay Yumi… estamos dejando atrás los comportamientos típicos de nuestra edad. ¡Divirtámonos! ¿Verdad o chupito? —propuso. Yumi rió y asintió.

William levantó la mano y pidió al camarero dos chupitos de tequila. Este, se los sirvió ipso facto.

—Vale, empiezo yo —se aventuró Yumi. Paseó su mirada por todo el local, intentando buscar la pregunta adecuada. Se moría de ganas por resolver dudas del pasado que a veces, debía admitir, habían vuelto a su mente. Aunque decidió no ser tan directa—. ¿Echas de menos el Kadic?

—No —admitió Will con una sonrisa de suficiencia. Yumi advirtió que el chico también estaba dubitativo—. ¿Echas de menos el Kadik? —Yumi rió

—¡Qué poco original!, pero diré que sí —toqueteó el vaso nerviosa—. ¿Echas de menos estar con alguien del Kadik? —se atrevió. Se sonrojó al comprobar que William sonrió pero tomó su primer chupito.

—¿Te caí bien cuando nos conocimos? —preguntó el chico y ambos rieron. Aunque, debido a su timidez, Yumi prefirió animar la situación tomando un chupito—. ¡Osea que no! —fingió Will hacerse el ofendido.

—Sabes que sí —sonrió. Esta vez pidió ella los chupitos. Al no estar acostumbrada a beber, se notaba ligeramente animada—. Vale, ¿qué pensaste cuando me conociste?

—Que eras ligeramente misteriosa —William se contuvo y se mordió el labio reprimiendo la sonrisa que se le expandía. Sólo él mismo sabía lo muy enamorado que estuvo de la japonesa y lo mucho que le dolió cuando esta comenzó una relación con Ulrich. Yumi, al escuchar eso, pareció incompleta. Al ver la expresión en el rostro de la japonesa, decidió aventurarse—. ¿Es Ulrich el primer chico en el que te fijaste? —Yumi se sonrojó y tomó un chupito. William sonrió más ampliamente.

—Nos va a salir cara la noche —Yumi, algo azorada. Tras llegar dos chupitos más, se aventuró—. ¿Alguna vez tuviste algo o deseaste tener algo con una chica del Kadik?

William, se tomó el chupito, y la miró fijamente. Aquel valor que el alcohol proporciona estaba empezando a hacer mella.

—Yumi, lo sabes de sobra… —se acercó a ella para hablarle al oído—. Sabes que siempre sentí algo por tí —la japonesa sintió un escalofrio y giró la cara levemente para mirarle. Sus caras estaban verdaderamente cerca, como nunca estuvieron y como siempre quisieron que estuvieran. No había tiempo de lamentaciones, era ahora o nunca.

William aprovechó esa proximidad - por intentarlo no perdía nada - y rozó levemente los labios de la chica. Al ver que esta no opuso resistencia, la tomo de la cara y la aproximo hacia sí. Yumi comenzó a devolverle el beso.

El deseo, ardiente e imparable, se extendió por el cuerpo de ambos. El beso tomó mas intensidad, aunque se vió interrumpido por William.

—Vivo aquí al lado, ¿quieres que vayamos a mi casa y estamos más tranquilos? —propuso mientras deslizaba la mano por la espalda de la chica hasta casi los glúteos, dejándola con ganas de más.

—Cla...claro —respondió con voz entrecortada.

Pagaron (o más bien, dejaron el dinero sobre la mesa) y se apresuraron en irse de allí. La lujuria de su adolescencia se había despertado, y ambos sabían que sólo había una forma de que volviera a dormir. Caminaron a buen paso por las calles de la ciudad. William la había tomado de la mano, y ella no quiso soltarle.

En el portal, y sin querer esperar más, Yumi se aferró a él y le besó, completamente desatada, mientras el chico abría la puerta a tientas. , y él caminó por el portal, que se lo conocía, hasta que llegó a la puerta de su piso.

Cuando la puerta de madera se cerró tras él, no tenía ninguna gana de seguir conteniéndose, se abalanzó a por ella. Sus labios se cruzaron en un ardiente beso, cargado de lujuria, de aquello que no se habían atrevido a hacer tiempo atrás. En aquel momento sólo existían ellos, e iban a llegar hasta el final.

Las manos de Yumi se apresuraron en quitarle la camisa al chico, con tal ansiedad que estuvo a punto de arrancarsela por completo. Admiró y sonrió al contemplar el espectacular aspecto físico de William, perfectamente formado, y muy tentador como para resistirse. Lo besó y manoseó como quiso, sin contenerse. Lo quería sólo para ella, y saber que lo iba a tener la excitaba todavía más.

Levantó los brazos para dejar que el chico le quitase la sudadera, que empezaba a estorbarle, y William aprovechó para empezar a besarle por el canalillo, en lo que se ocupaba de abrir el cierre de su sujetador. Dejó que la prenda cayera al suelo, y se deleitó. Yumi estaba muy bien desarrollada, y su imaginación se había quedado corta ante la belleza que suponía. Ella le invitó a que la explorase, y el chico se lanzó a recorrer sus voluptuosos pechos con la lengua, y por supuesto, a masajearlos. Le pellizcó sutilmente los pezones, arrancándole unos gemidos muy eróticos.

Pero Yumi no estaba dispuesta a dejarse ganar en aquel juego. No había llegado hasta allí simplemente para dejarse hacer. Aprovechó que el chico estaba entretenido, y con cierto esfuerzo, logró desabrocharle el pantalón. Tiró hacia abajo de la prenda, y se agachó. Sonrió al darse cuenta del bulto que se escondía tras la última prenda del escocés. Le lanzó una mirada traviesa, pícara, y liberó su miembro de la tela que lo oprimía.

Se llevó una buena sorpresa. Era innegable que el chico estaba muy bien dotado. Pero aquello no era un impedimento. Empezó a masturbarlo, presionando sin llegar a hacerle daño, asegurándose de que le excitaba. Recorrió el glande del chico suavemente con el pulgar, y comprobó que una gota de líquido preseminal emanaba. Satisfecha con el resultado, lamió su erección desde la base hasta la punta, y engulló toda su virilidad.

William se tuvo que apoyar en la pared para no caerse. Aquello había sido bastante repentino, y no podía negar que la chica tenía buena técnica. Verla ahí, devorando su miembro con aquella lujuria, era muy excitante. Joder, apenas había empezado, y ya tenía el impulso de correrse. Aquella diosa estaba cayendo donde siempre la había intentado llevar. Procuró evitar ponerle las manos sobre la cabeza, y se limitó a disfrutar de la lengua de la chica dando placer en su miembro, la calidez de sus labios, la pasión que estaba poniendo a aquel momento en que no existía nadie más.

—Yumi… me voy a… —pero no logró acabar la frase, liberando su clímax en la boca de la chica. A ella no pareció importarle, y continuó lamiendo su miembro unos momentos más, estirando su orgasmo.

Pero la noche apenas había empezado, y William no se iba a quedar atrás. Alzó a Yumi en brazos y la tendió sobre el sofá. Luego se deshizo del pantalón de la chica, ansioso por encontrar su húmeda cavidad, aquel sitio hasta ahora prohibido para él. Le quitó el tanga, y ahí se lo encontró, esperándole, lo que tanto tiempo ansiaba. Permitió que sus dedos se escurrieran en su interior, antes de que su lengua lo recorriese.

Yumi estaba en una nube aquella noche. El sexo con William estaba siendo genial. Sintió cómo un calor la envolvía mientras la lengua del chico hacía maravillas en su sexo. Era genial, era fogoso, era lo que necesitaba en aquellos días. Se sentía perdida en el placer al que le sometía el escocés. Cuando sintió que ya no sólo su lengua, sino también los dedos del chico volvían a estimularla, gimió.

Intentó contenerse un poco más porque quería gozarlo, pero era imposible resistirse. Tuvo su orgasmo, uno de los más deliciosos que había tenido nunca.

Se miraron y sonrieron. Sabían que aún quedaba una cosa. No podían acabar la noche sin hacerlo. William estiró la mano hacia su pantalón, y sacó un preservativo de uno de los bolsillos. Lo abrió, y cubrió su erección con él. Llevaba excitado de nuevo un buen rato. Yumi separó las piernas, invitándole a entrar.

El pene de William se deslizó por el sexo de Yumi, suavemente gracias a la lubricación del condón. Yumi gimió al sentirle dentro de ella. Aquello era maravilloso. William se aferró a sus caderas y empezó a acometerla rápidamente. Aquello no era para nada amoroso. Era pura lujuria, el deseo en su expresión más plena. Ambos habían tenido muchas ganas de pasar una noche así, y no se habían atrevido hasta aquel momento en que se habían desmelenado.

Los gritos de placer inundaron el ambiente. Yumi gemía por el placer, mientras William jadeaba. No les quedaba mucho para culminar nuevamente. Ella sintió que las embestidas de William aumentaban de ritmo, y ella estaba a punto de perder la cabeza. Sintió que estallaba en placer mientras William llenaba con su semen el preservativo.

Cuando se hubieron repuesto, el chico se quitó la goma, le hizo un nudo, y a continuación se echaron a dormir en aquel sofá. Estaban agotados, pero satisfechos por aquella noche de lujuria.

William notó como la luz empezaba a meterse en sus ojos. Tanteó, aun con estos cerrados, por el sofá y los abrió de sopetón al darse cuenta de que faltaba algo...

—¿Yumi? —inquirió en alto, esperanzado de que quizás esta hubiera ido al baño. No obtuvo respuesta. Suspiró, abatido y se levanto.

Se enfundó en sus vaqueros y se dio cuenta de que, encima de la mesa que estaba junto al sofá había una nota. La cogió y, mientras leía, una mezcolanza de alegría tristeza le invadió.

La japonesa, con rostro inexpresivo, abrió la puerta con cuidado, deseando que Ulrich no la escuchase, aunque no sirvió de mucho.

—¿Yumi? ¿Dónde estabas? Te he estado esperando toda la noch... —se interrumpió al ver la expresión de la chica.
—Tenemos que hablar...


¡Chan chan chaaaaaan! ¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Espero que si ^^.

Y ahora, dos pequeños comunicados.

En primer lugar, gracias a una amiga con este fic, que me ha echado una mano para escribirlo.

Y en segundo lugar, que cierro las peticiones de parejas para este fic. Tengo ya una lista escrita, y esos serán los últimos, cerrando Code:Lemmon en el capítulo 72. Ha sido un largo viaje, y hay que ir pensando en ponerle fin.

Aunque hasta entonces, seguiré escribiendo, y todavía me queda cerrar Code:Not more lemmon, así que nos seguimos leyendo por aquí. Lemmon rules!