Cumpleaños

Tamiya abrió los ojos. Y miró alrededor. Oh, mierda. Pensó. La mesa donde anoche habían botellas, pasteles y demás productos a evitar en una dieta sana ahora estaba llena de botellas vacías, pasteles a medio comer, ganchitos fuera de los cuencos, y manchas de bebida. Por lo menos se había dormido en uno de los sacos, en el sofá, al lado de Milly, que aún roncaba como una bendita. Por lo demás, podía ver las cabezas de algunos compañeros de Kadic, los que no se fueron a sus casas por la noche, que estaban aún perjudicados.

Verificó que llevaba toda su ropa puesta, y se aseguró de que Milly estaba igual antes de ponerse en marcha. El local estaba alquilado hasta la noche, así que podía ir a casa, desayunar bien, ducharse y ya cuando todos hubieran huido como cobardes, dejarlo adecentado para recuperar la fianza. No era un gran problema, contaba con ello de antemano. Aunque no recuerdo haber invitado tanta gente, pensó. Algunas sorpresas habían sido agradables, como Jeremy y Aelita, pero casi montó en cólera cuando vió a Hervé y Nicholas asomar la cabeza. Pero bueno, no estaban por allí. Mejor.

Envió un mensaje a Milly para que lo viera cuando se despertara y fue a su casa. Estratégicamente situada a dos calles de distancia: cerca pero no lo suficiente como para que sus padres escucharan el estruendo. Eso lo había pensado antes de saber que sus padres estarían fuera el fin de semana. Pero bueno, con su familia ya había celebrado la mayoría de edad.

Mayor de edad, pensó. Casi ni se lo creía. A punto de entrar en la universidad a estudiar periodismo… Si los finales de aquel año le eran prósperos. Pero bueno, contaba con una buena base y sus notas eran bastante buenas, así que no tendría muchos problemas. En ello reflexionaba mientras se servía un vaso de zumo y unas tostadas. Una vez había respuesto las fuerzas, se dirigió a la ducha.

Apenas estaba saliendo cuando, en ese momento, llamaron a la puerta. Qué inoportuno, rezongó mientras se envolvía en la toalla, y se asomaba a la mirilla. Qué demonios.

—¡Sí, un momento! —pidió y fue a su dormitorio. Pilló al vuelo un tanga y un pijama de verano que se echó por encima. Descalza caminó hasta la puerta y abrió finalmente—. ¡Buenos días! No os esperaba.

—Lo imaginamos —dijo Sam y entró ante el gesto de bienvenida de Tamiya, seguida de Odd—. Pero ayer había tanta gente en tu fiesta que decidimos pasarnos a felicitarte en condiciones.

—Así que, ¡feliz cumpleaños! —añadió Odd.

—¿Queréis algo? ¿Agua, zumo…?

—No había cosas tan sanas en la fiesta de anoche —bromeó el rubio—. Pero estoy bien, gracias.

—Yo tampoco quiero —añadió Sam—. ¿Qué tal se siente la mayoría de edad?

—Ni me lo creo aún. Es que no noto nada —se echó a reír Tamiya mientras tomaba asiento en el sillón de su padre para poder mirar a sus invitados por sorpresa—. ¿Lo pasásteis bien?

—Sí, aunque no nos quedamos mucho. De hecho nos sentíamos fuera de lugar con tanto jovencito.

—Oh, claro, que vosotros sois dos abuelos —se echó a reír Tamiya—. Ya sabéis que os quiero mucho. ¡Es con vosotros con quien cuesta quedar!

—No es personal. Incluso nuestro antiguo grupo… Yumi, Ulrich, Jeremy, Aelita… nos cuesta vernos últimamente. Tenemos que obligarnos a vernos una vez al mes en algún sitio para no perder el contacto —lamentó Odd.

—Lo siento —dijo Tamiya. En cierto modo se sentía orgullosa. Ella seguía viéndose con Milly, Johnny e Hiroki prácticamente a diario. Incluso habían planteado la posibilidad de buscar un piso de estudiantes los cuatro para el año siguiente.

—Pero bueno. La vida sigue —dijo Sam—. Y ahora… la razón por la que hemos venido —añadió, en vista de que no se le ocurría cómo dar un rodeo.

—No me digas que vais a darme un regalo —bromeó Tamiya.

—Pues… casi —dijo Odd.

—¿Casi?

—Bueno… has cumplido los dieciocho… y Sam y yo tenemos una relación permisiva…

—¿Permisiva?

—Queríamos proponerte, si te parece bien, que te estrenaras con Odd —dijo Sam sutilmente.

Se hizo el silencio por unos momentos. Odd y Sam se habían esperado alguna reacción semejante. Silencio incómodo, incredulidad… Tal vez incluso miedo. Pero con lo que no contaban era con que la chica, de pronto, se echara a reír.

—¡Estrenarme! ¡Jajajaja! —se carcajeó.

—Bueno… Tampoco es necesario ofender —dijo Odd—. Si no quieres…

—¡Jajaja! Aighs… No es eso, es que… ¡ay, jaja! —Tamiya hacía grandes esfuerzos por controlarse—. ¿Por quién me tomáis? ¡Yo ya me estrené hace mucho tiempo!

Aquello les dejó atónitos. Con aquello no habían contado.

—¿En serio? Es decir… —Sam estaba sin palabras. Por lo menos Tamiya ya se había repuesto del ataque de risa—. ¿Puedo preguntar cuándo?

—Hace… tres años —respondió—. Fue también por mi cumpleaños.

—Ostras… Pensamos que como Milly… —empezó Odd, pero Tamiya atajó la frase.

Ella decidió conservar la virginidad hasta los dieciocho. Pero yo no. Y… tampoco Hiroki.

—¡Y parecía un santo! —exclamó Sam.

—Ya… Johnny también lo parece —dejó caer Tamiya.

—Pfffffff… Pues enhorabuena —dijo Odd—. Esto nos pasa por bocazas.

—Sí. Y por pensar de una forma tan angitua —bromeó Tamiya.

—Espero que no te hayas ofendido —añadió Samantha.

—En absoluto. Pero… ¿lo único que quería hacer Odd era… desflorarme?

—¿Qué quieres decir?

—Bueno. Me has ofrecido sexo… ¿Solo te interesaba hacerlo con una jovencita virgen? ¿O consideras que estoy lo bastante buena como para hacerlo?

—Señorita Diop, me quito el sombrero ante usted —dijo Sam y le hizo una reverencia—. No me esperaba que te lo tomaras así.

—El sexo es algo normal, ¿no? Aunque eso no signifique que me vaya a pasar el día hablando del tema —respondió, encogiéndose de hombros—. Y… bueno, me conocía lo vuestro. Pero no pensaba que me lo fuérais a ofrecer.

—En ese caso —intervino Odd—, que seas o no virgen no es la razón por la que te lo he propuesto. Sí, estás muy buena. Y ahora tengo curiosidad por saber qué has practicado a hacer con Hiroki y con Johnny… ¿ha sido con ellos a la vez?

—Quién sabe —dijo Tamiya, juguetona—. Aunque… Sam, ¿tú qué harás?

—Si te parece bien, quiero mirar —dijo sin tapujos—. Si no… ¿tienes tele por cable?

—No… no me importa que mires —respondió Tamiya, aunque se la veía un poco cohibida por la situación—, pero ¿de verdad te parece bien? Es decir, vas a ver a tu novio en la cama con otra…

—Ni que fuera la primera vez —comentó Odd, como si fuera lo más normal del mundo—. Entonces, ¿aceptas?

Tamiya asintió. Miró a Sam, que se limitó a repetir su gesto y se echó a un lado, como diciendo "Adelante, feel free". Tamiya suspiró. Bueno, sí, había tenido sexo… Y había estado bien, pero no había sido con frecuencia. Pasaban meses entre encuentro y encuentro. Y seguro que Odd y Sam aprovechaban después de cada comida para hacerlo, por lo que se rumoreaba. Pero Odd siempre había sido un buen amigo, y no dudaba en que se portaría bien en aquella situación.

De modo que se levantó y avanzó hacia él. Se desabrochó la parte superior del pijama, y cuando se la quitó se dio cuenta de que había caído al suelo recordó que con las prisas no se había puesto sujetador… Pero eso parecía gustarle a Odd. Por supuesto, es un tío, recordó. Lanzó una mirada fugaz a Sam, sin girar la cabeza. ¿Sonreía? No importaba, Odd la reclamaba.

—¿Qué te parezco? —preguntó. Jamás confesaría el complejo que le provocaba el tamaño de sus pechos. Los consideraba pequeños para su edad. Pero Odd no parecía compartir esa opinión.

—Me encantas. Ven aquí —dijo, y le plantó las manos en el culo. La atrajo hacia él, y Tamiya se vio sentada a horcajadas encima del rubio. Este la besó con pasión, ella se dejaba hacer. Los labios de Odd eran muy buenos, y sus manos… se escurrían dentro del pantalón de su pijama y tocaban su piel desnuda.

—Odd… —suspiró ella.

—¿Voy muy rápido? —preguntó este y atacó su cuello con los labios.

—No… me gustaaaaah —el rubio succionaba uno de sus pezones mientras le estimulaba el otro con la mano. Tiró suavemente del montículo moreno y luego lo recorrió con la lengua, mientras su otro dedo ocupaba el pezón que había liberado.

Pero Tamiya quería más. Sí, había visto a Odd sin camiseta cuando estaban en la piscina del Kadic pero aquello había pasado hacía mucho tiempo. Intentó tirar de la prenda, y Odd se lo permitió quedando su torso desnudo. No era atlético. De hecho su cuerpo parecía hacer una línea recta perfecta hacia abajo. Y le gustaba. Intercambio con el rubio el intercambio de caricias y exploración mutua mientras se seguían besando.

—Tienes ganas, ¿eh? —bromeó Odd, y es que había notado el cuerpo de Tamiya hacer ligeros movimientos encima de él, hasta quedar encima de su miembro que ya notaba erguido.

—Muchas… —reconoció la joven—. Permite…

Y le empezó a desabrochar el pantalón. Si hubiera estado más atenta, había visto a Sam liberarse de sus tejanos y acariciarse levemente mientras observaba. No sabía cuándo había desarrollado la excitación por observar, pero en ese momento estaba deseando verlos continuar. Y algo le decía que Tamiya se estaba animando mucho.

La joven empezó a tirar del pantalón de Odd, hasta que lo dejó en el suelo. Y abrió los ojos sorprendida. Incluso con el boxer aún por encima, parecía grande. Más grande que el de Johnny o Hiroki. Pero no era ninguna novata. Tal vez tardó un poco más de la cuenta en reaccionar, pues la voz de Odd la sacó de su trance.

—No tienes que hacer nada que no quieras.

—Lo sé —afirmó ella, y agarró las gomas de la prenda. Él se limitó a dejarse hacer, y suspiró aliviado. Su erección le molestaba desde hacía varios minutos pero no quería hacer nada demasiado acelerado con la joven. Que no fuera virgen era una cosa pero a él le gustaba disfrutar y recrearse en la experiencia.

Como desconocía las experiencias que hubiera tenido previamente, se sorprendió al ver a la chica ponerse de rodillas ante él. Empezó a lamer sus testículos con cuidado. Separó las piernas por inercia para dejarla hacer. Era buena. Miró a Sam, que parecía hipnotizada mientras miraba. El calor de ver aquella escena la había hecho necesitar despojarse también de la blusa. Él sonrió satisfecho, no era la primera vez al fin y al cabo. Volvió a fijarse en Tamiya, que en ese momento recorría su pene con la lengua. Le miró a los ojos antes de introducírselo lentamente en la boca, y se sujetó al sofá. Sí, lo hacía muy bien.

Le costaba resistir la tentación de sujetar su cabello, pero lo más seguro es que la ofendiera, y no se quería llevar un mordisco. Tampoco hacía falta. Ella había cerrado los ojos, en parte por la vergüenza que le daba ver a Odd mirándola así… tan lleno de lujuria. Eso es que le gusta, se recordó, y sonrió tímidamente mientras le seguía dando placer con la lengua. A pesar del tamaño su erección era manejable para ella.

—¿Qué te parece? —preguntó Tamiya, tomándose un respiro y le estimuló con la mano.

—Me encanta —aseguró Odd.

—¿De verdad? ¿Y esto? —preguntó mientras aceleraba el ritmo de su mano.

—También… —suspiró el rubio.

—¿Y ahora? —preguntó. Nunca lo había hecho, pero iba a probar. Envolvió el pene de Odd entre sus pechos y empezó a masturbarlo así.

—Mucho —gimió el rubio—. Como sigas así, yo me…

—Te…

—Me correré… —protestó Odd.

Y eso quería Tamiya, de modo que continuó masajeándole con los senos hasta que logró que culminara. Le manchó el pecho, pero no pasaba nada. No quería hacerle terminar con su boca, no le gustaba el sabor. Así era más manejable.

—Vaya con la jovencita —comentó Sam.

—¿Demasiado atrevido? —preguntó la aludida.

—No existe un "demasiado" —bromeó la otra—. Espero que no te haya molestado que me ponga cómoda.

—Para nada —dijo Tamiya, ruborizada. Debía admitir que Sam tenía un cuerpo bonito, no era de extrañar que le volviera loco a Odd. Y este de pronto la volvió a atraer por sus nalgas, y la ayudó a limpiarse del estropicio que le había provocado entre sus pechos—. Gracias.

—De nada —respondió él, y de pronto, la hizo caer en el sofá y él se arrodilló.

—¡Odd! —gritó ella cuando vio su cabeza aparecer entre sus piernas y tirar de su ropa—. ¿Qué vas a hacer? —preguntó mientras su tanga resbalaba hacia abajo.

—¿No lo adivinas? —bromeó este. Se acercó al sexo de Tamiya, que podía ver bastante mojado. Estaba a punto para penetrarla, pero iba a hacerla esperar un poco más. Primero un poco de lengua. Separó sus labios inferiores y degustó el sabor de sus jugos. El cuerpo de la joven empezó a moverse por el placer directo que estaba recibiendo. Aquello era mucho para ella, llevaba todo el rato con una excitación más suave, lo que le provocaba ver a Odd sometido a sus encantos. Ahora podía notar su húmeda dando placer en su intimidad y le volvía loca.

—¿Qué te parece, amor? —preguntó Sam mientras gateaba para quedar a su altura—. ¿Te gusta?

—Sí —reconoció. Era parte de su arreglo, sinceridad absoluta cuando se permitían sexo con otras personas.

—Ya lo veo —dijo ella, al fijarse en que el pene de su novio volvía a estar duro. Pero Odd aún iba a estirar aquel momento, disfrutando del sabor del sexo de su amiguita—. ¿Y a ti? ¿Te gusta?

—Sí… Odd es el mejor —se le escapó a Tamiya, y se puso colorada.

—¿Verdad? ¿A que es mejor que Hiroki o Johnny? —le preguntó en un susurro.

—Sí… es mejor.

—¿Quieres que te lo haga?

—Sí… quiero…

—Ya la has oído… —dijo Sam mientras se quedaba de rodillas en el sofá, separando las piernas para poder darse placer mientras observaba como Odd se alineaba con el cuerpo de Tamiya. La joven estaba muy excitada, y con un lento y suave movimiento entró dentro de ella.

Empezó a moverse despacio al principio, sintiendo el interior de su amiga amoldarse mientras se abría paso dentro de ella. Esta parecía estar en una nube. Sujetó las manos de Odd y se las puso sobre sus tetas, quería que la tocase mientras lo hacían. Tamiya estaba en una nube de placer. Aquel sí que era un buen regalo de cumpleaños. Lo estaba pasando de maravilla. Y Odd se movía cada vez más rápido.

—¡Sí, Odd! —pidió—. ¡Más rápido!

—¿De verdad?

—No quiero… que te… contengash —pidió Tamiya, aunque notaba que su orgasmo estaba demasiado cerca. No, quería disfrutarlo más… pero su cuerpo le exigía a gritos que culminara por fin. Y unos segundos después sintió que su clímax se disparaba en el momento en que Odd eyaculaba dentro de ella. Eso no detuvo las embestidas de Odd de inmediato, sino que empezó a moverse más despacio hasta que salió de ella—. Ha sido maravilloso…

—Gracias —dijo Odd con orgullo, y le plantó un beso en los labios—. ¿Lo has disfrutado? —preguntó mientras acariciaba el cuerpo desnudo de la chica.

—Muchísimo. Gracias por… pensar en mi para hacerlo.

—Y tanto. Fue él quien me preguntó si me parecería bien —le contó Sam, quitándole importancia, pero aquello ruborizó a Tamiya.

—Y veo que acerté —rió Odd.

—Pero aún es temprano —dijo Sam—. Hemos quedado para comer, pero… creo que aún puedes darle un segundo regalo —bromeó.

—¿De verdad? —preguntó Tamiya, sonando más ansiosa de lo que quería aparentar. Pero era innegable que ansiaba poder repetir en ese momento.

—Por supuesto —dijo el rubio, y empezó a estimularse. Pero la mano de Tamiya reemplazó la suya—. Oh… gracias…

—A… ti… —suspiró ella cuando la mano de Odd empezó a masturbarla. Quería asegurarse de que estaba bien húmeda antes de empezar.

—¿Te gustaría llevar el ritmo, vaquera?

—Claro…

Una vez estuvieron preparados, Odd se sentó en el sofá. Tamiya subió sobre su cuerpo, pero en lugar de mirar hacia el chico, quedó de frente con Samantha. Acarició el pene de Odd mientras lo dirigía a su sexo y se dejó caer suavemente. Le gustaba. Empezó a moverse despacio, sintiendo las manos de Odd acariciándole el culo nuevamente.

—¿Te gusta… mi culo? —preguntó.

—Sí… me gusta —dijo el rubio, y lo apretó suavemente.

Tamiya empezó a moverlo a buen ritmo, un twerking que provocaba que su erección se deslizara dentro y fuera de ella. Miró a Sam, traviesa. En ese momento la ponía cachonda la idea de estar haciéndolo con el novio de otra persona. Pero había algo raro. Sam no parecía celosa… sino excitada también.

—Oye… ¿nunca has besado a una chica? —preguntó.

—¿Qué? —preguntó Tamiya, sin entender la pregunta.

Pero en lugar de responderla, Samantha se limitó a besarla. Sentía su cuerpo caliente contra el suyo. Tan inesperado fue que detuvo el movimiento de su cuerpo. Los labios de Samantha eran… buenos. Sabía besar. Y de pronto notó a Odd sujetando sus caderas de nuevo y moviéndose debajo de ella.

—Sam… —gimió Tamiya.

—No digas nada… —indicó la otra y empezó a manosearle los pechos. Y alguna extraña atracción le hizo devolverle las caricias por los senos. Estaba tocando el cuerpo de Sam mientras lo hacía con su novio. Aquello debía estar mal en alguna parte… Pero no en su sofá en ese momento en que lo estaba pasando de maravilla. Esto es mejor fiesta que la de anoche, pensó para sus adentros. Estaba muy cachonda. Y sentía las embestidas de Odd cada vez más feroces. Se dejó llevar. Sintió sus piernas flaquear, pero Samantha vio su momento entonces para sujetarla mientras Odd culminaba nuevamente dentro de ella.

—Feliz cumpleaños —dijo Odd, tendido en el sofá. Tamiya estaba tumbada de espaldas sobre él, recibiendo un agradable masaje por todo el cuerpo por parte del chico.

—Gracias —murmuró ella.

—¿Ha estado bien tu regalo? —preguntó Samantha. Ella misma había culminado. Sin que Tamiya lo hubiera notado en el momento: mientras la manoseaba con una mano se masturbaba con la otra.

—Sí… gracias, de verdad. A los dos —dijo mientras se incorporaba. Como Odd la siguiera tocando querría echar otro, pero tenía cosas que hacer.

—Me alegro que te gustara —dijo el rubio, y se incorporó también.

—¿Y esto lo… hacéis mucho? —preguntó Tamiya.

—Sobre todo por los cumpleaños —respondió Sam—. Aunque a Jeremy y Aelita no hemos conseguido convencerlos aún…

—Es una lástima —reconoció Odd—. Pero contamos con que en algún momento le echen valor…

—Comprendo… —comentó Tamiya—. Eso significa que… ¿Yumi, Ulrich…?

—Y William. Y Sissi —afirmó Sam—. Pero debes guardar el secreto, ¿vale?

—Por supuesto —prometió ella, y recibió un beso en los labios de Sam—. Basta… Que besas muy bien.

—Lo sé. Yumi no ha podido resistirse —le susurró al oído y empezó a vestirse.

—Sí, bueno. Nos vamos a tener que ir. Puede que… quedemos otro día —dijo el rubio.

—¿Otro día? ¿Por… por mi cumpleaños? —preguntó Tamiya.

—O tal vez antes… Quizá Ulrich venga un día por nuestra casa… —dejó caer el rubio.

—Y tal vez os deje a solas —añadió Samantha.

—No… No juguéis con las indirectas, por favor —pidió Tamiya—. Si es una propuesta en serio… decídmelo.

—Te avisaré —prometió Odd, que ya estaba preparado para irse. En ese momento Tamiya recibió una llamada.

—Hola, Milly —dijo cuando descolgó el teléfono—. Sí, he subido a casa… sí, ahora voy para allá… Vale, llevaré la escoba… Hasta ahora —y colgó—. Ahora tengo que vestirme. Pero… avisadme, por favor.

—Prometido —dijo Sam. Le plantó un beso en los labios, y Odd hizo lo mismo antes de dejarla a solas en su casa para vestirse.

Mientras bajaban las escaleras, Odd envió un SMS a Yumi y Ulrich. "Le gustaría. ¿Cuándo podríamos quedar?"


Bueno. Un limoncito para ir abriendo boca. Espero que os haya gustado.

"Jo, Felikis, qué típico. A Tamiya le cuadra más esa actitud. Debería haber sido ella la virgen en el capítulo anterior y que Milly sorprendiera siendo una master sex". Cuando escribí el de Milly, el de Tamiya no estaba ni planificado xD Así que es lo que hay ;)

¿Significa eso que vuelven los one-shot? No. Aún así espero tener uno más listo para la semana que viene, de esos largos y con dosis malsanas de sexo ;) Porque de vez en cuando también apetece escribirlo. Y "Una nueva evolución" regresa el domingo. Estoy terminando el capítulo, pero quiero dejar el siguiente empezado para que no me venza la pereza.

No hay reviews que comentar del anterior, así que nada. Hasta el siguiente capítulo. Lemmon rules!