Cannes

—¿Dónde podríamos ir?

—No lo sé… Algún sitio bonito.

Lo peor para Yumi y Ulrich de buscar un destino de vacaciones… Era buscar un sitio donde ir. No eran muy exquisitos, de modo que intentaban siempre que el otro eligiera destino. Y entraban en un bucle de "elige tú, no, elige tú, me apaño donde tú digas". Y así se podían pasar las horas muertas. Y en ese momento, alguien llamó al teléfono de Yumi. esta se levantó para responder.

—¡Tío! ¡Hola! ¿Qué tal? —dijo mientras se iba a la cocina para hablar con él.

Ulrich se incorporó. Como siguieran tumbados en el sofá al final se quedarían dormidos. Y debían hacer algo un poco más productivo. Además la nevera empezaba a solicitar una compra. Qué pereza, pensó el alemán. Y Yumi volvió en ese momento.

—Muchas gracias, de verdad. Un beso, adiós —miró a Ulrich sonriendo—. Buenas noticias.

—¿Qué ocurre?

—Mi tío me ha llamado. Tiene que volver a Japón por temas de trabajo. Algo importante.

—Oh… ¿lo siento por tu tío? —preguntó Ulrich, confuso.

Baka. Mi tío tiene una casa en la playa de Cannes. Me ha pedido que vaya allí estas vacaciones para cuidarla y evitar problemas.

—¿En Cannes?

—Sí —dijo sonriendo la chica—. ¿Qué te parece? ¿Nos pasamos el verano en la costa?

—Pues es un buen plan —dijo Ulrich—. Oye, ¿a dónde vas? —preguntó sin entender. Yumi estaba guardándose el móvil en el bolsillo y se estaba calzando las zapatillas.

—A por un bikini para poderlo estrenar —dijo guiñándole el ojo—. Podemos irnos el viernes. Así que mañana iremos a por lo necesario para pasar allí una larga temporada.

—De acuerdo. Pásalo bien —dijo el alemán.

Tenían el acuerdo no escrito de no ir juntos de compras. Yumi no era presumida, pero cuando iba a por algo de ropa le gustaba tomarse su tiempo. Y Ulrich odiaba tanto ir de tiendas que estaba tentado de ceder a su novia el control completo de su armario con tal de no tener que volver a pisar un probador en su vida.

La japonesa se plantó en el centro comercial en cinco minutos en el coche. Hacía tiempo que no se compraba un bikini, pero… tenía ya el ojo echado a uno. Claro que no se quería dar el capricho a menos que la ocasión lo mereciera (tenía varios que le quedaban bien; esto era solo por ir a Cannes a disfrutar de aquello). Andó directamente a la tienda que le interesaba, pero antes de llegar…

—¡Samantha! —llamó.

—¡Oh, hola! —respondió la otra cuando se giró e identificó a su amiga—. ¿Qué tal? ¿Dónde te has dejado a Ulrich?

—En casa. ¿Y tú a Odd?

—También. Ha sido una tarde un poco… en fin.

—¿Ha pasado algo?

—Sí, bueno… hemos discutido. Una tontería. Ninguno de los dos se ha movido mucho para encontrar dónde ir de vacaciones, así que al final no tenemos dónde ir… yo he venido a ver si se me pasaba el cabreo.

—Así que… no tenéis sitio de veraneo —dijo Yumi.

—No.

—¿Y si te dijera que podéis venir con nosotros? —le dijo.

Y le contó lo que había hablado con su tío por teléfono. A Sam le encantó la idea. Una casa en la playa de Cannes que no tuvieran que pagar… más allá del tema comidas y eso, pero no era un problema. Pero…

—¿Y a Ulrich le parecerá bien que vayamos?

—¿Y por qué no? ¿Te imaginas si solo nos viéramos el uno al otro esos días? ¡Acabaríamos locos! ¡Es mejor con amigos, que son muchas semanas!

—Pues… Deja que llame a Odd y se lo digo. ¿A dónde ibas?

—A por un bikini.

—Te acompaño —dijo Sam mientras sacaba el móvil, y marcaba el teléfono de su chico—. ¿Odd? Oye, no te enfades. Tengo grandes noticias…

Cuando Yumi volvió a casa, Ulrich ya había hablado también con Odd y le parecía buena idea ir con sus amigos a la playa aquellas semanas.

Al día siguiente, quedaron con Odd y Sam para llevar todo lo imprescindible a la casa. Samantha acompañó a Ulrich a por los víveres (todo aquello que no requiriese mantenimiento en frío para que no se estropeara en el viaje) mientras Yumi y Odd hacían las maletas.

Luego, volvieron a reunirse para planificar el viaje. Era largo, pero llevaban demasiadas cosas, así que aclararon: salida a las cinco de la mañana; paradas en estaciones de servicio de media hora cada dos horas con relevos. Y sin pisar mucho el acelerador hasta que llegaran a su destino.

Llegó por fin el viernes. Era ya muy avanzado el día cuando llegaron por fin a Cannes. El viaje era largo, pero sin duda merecía la pena solo por la playa de Cannes. La casa del tío de Yumi estaba a cinco minutos de la arena, así que condujeron hasta allí. Dentro de la casa cabía un coche, pero el otro podía quedarse estacionado fuera.

—¡Por fin! —suspiró Samantha, bajándose del asiento del conductor—. Madre mía, esto está lejísimos.

—No protestes tanto —dijo Yumi. Iba más descansada, pues el último tramo del trayecto lo había llevado Ulrich—. Ya verás como este sitio merece la pena.

—¿Y cómo es que tu tío tiene una casa como esta? —preguntó Odd, admirando el edificio. Era una construcción de dos plantas, bastante grande, con garaje delantero, y por lo que la japonesa les había comentado, jardón en la parte trasera.

—Es el director de Finanzas en Eversole —respondió Yumi—. Dinero no le falta. Tiempo para disfrutarlo… sí.

—Mejor para nosotros —bromeó Sam—. ¿Te ayudo? —preguntó a Ulrich, que había empezado a sacar maletas del coche.

—Gracias —respondió este.

—Podías haber esperado —dijo Yumi mientras abría la puerta principal—, ¿no quieres ver la casa primero?

Pasaron al interior. La verdad, la casa era excelente. Casi toda la planta baja la dominaba un amplio salón, en cuyo fondo una cristalera permitía ver el jardín. Al lado de la escalera que conducía a la planta superior se encontraba el aseo. Disimulada al lado de la entrada, una puerta llevaba a la cocina, y al otro lado, había una salita aparte, que hacía las veces de recepción.

En la planta superior estaba la habitación más grande al fondo a la derecha, con su propio servicio, y otros dos dormitorios que compartían un cuarto de baño situado entre medias de ambas. El jardín era de césped artificial ("Cuando no tienes tiempo de cuidarlo…", comentó Yumi), con una piscina construida y una barbacoa de ladrillo.

—Lo siento, Odd, pero creo que me voy a ligar al tío de Yumi —bromeó Sam. Ya habían metido las maletas en los dormitorios, y habían salido a disfrutar del jardín mientras el sol empezaba a ocultarse.

—Y como te rechace lo intentaré yo —respondió este, provocando una carcajada general—. Bueno, es un poco tarde, pero ¿podríamos dar una vuelta por el paseo marítimo? —propuso.

—Yo estoy un poco cansada —dijo Yumi—. Además hemos conducido todo el día… Mañana sería una mejor oportunidad para verlo.

—Vale —aceptó el rubio—, era por no amodorrarnos.

—Mejor deshacemos las maletas y pedimos algo de cena —dijo Ulrich—. ¿Qué os apetece?

—Sushi —fue la respuesta unánime.

—Pues que sea sushi. Que nos lo vayan trayendo.

Subieron las escaleras y se separaron hacia los dormitorios. El alemán casi lamentó su idea de ir a poner la ropa en orden ya que subir las escaleras le estaba matando. Pero bueno, merecía la pena. El sitio era genial. Y tenían espacio de sobra para todos ellos. Demasiado de sobra.

—Has tenido una buena idea —le dijo a Yumi mientras colocaba los pantalones cortos en varias perchas.

—Gracias. Creo que lo pasaremos mejor así —respondió ella mientras vaciaba la bolsa en la que iba su ropa interior en uno de los cajones.

—¿Seguro que tu tío no se presentará?

—A ver, es su casa. Pero desde Japón… le pilla un poco apartado esto —rió—. Disculpa…

Y se metió en el servicio. En ese momento Ulrich se dio cuenta de que también tenía ganas de ir. Pues nada, salió al pasillo y se metió en el servicio. Y se quedó paralizado por un momento.

Había pillado a Sam saliendo de la ducha. Estaba completamente desnuda, como era natural. Cuando se dio cuenta, salió de inmediato y se apoyó en la pared para evitar mirar.

—¡Perdón! —dijo—. ¡No sabía que estabas ahí!

—Es que me sentía un poco sucia después del viaje, perdona —respondió ella con naturalidad—. Puedes entrar, ya me he tapado.

—No, si es que yo… bueno, que salgas sin prisa —dijo, y volvió al dormitorio. Al pasar por delante del espejo se dio cuenta de que se le habían subido los colores. Intentó relajarse, pues en ese momento salió Yumi del servicio. Pero no hizo ningún comentario sobre la cara de Ulrich, que parecía un anuncio de tomate frito en ese momento.

Cuando por fin terminaron, aprovecharon para ponerse ropa cómoda. Prácticamente iban conjuntados con sendos pantalones de deporte y camisetas de manga corta. Así que se quedaron embobados cuando, al salir al pasillo y encontrarse con Odd y Sam, ellos fueran un poco más… laxos. Odd únicamente llevaba un bañador azul, mientras que Sam lucía un bikini blanco. Los cuatro se quedaron sin saber qué decir.

—Sam… igual nos hemos tomado muchas confianzas —dijo Odd.

—Es posible…

—No pensaba que vosotros… bueno —balbuceó Yumi.

—Contábamos con ir un poco más tapados… —comentó Ulrich.

—Si es por pudor podemos cambiarnos —comentó el rubio.

—Pudor… que somos amigos —dijo Ulrich.

—Por eso, y hemos sido compañeros de cuarto. Pensaba que iríamos más frescos por la casa…

—¿Por qué no os cambiáis? —propuso Sam.

—¿Nosotros? —dijeron Ulrich y Yumi.

—Claro. Es verano, vacaciones…

—Mejor si nos cambiamos nosotros —dijo Odd.

—¡No! Digo… no pasa nada. Si hay confianza… —comentó Yumi, no muy convencida.

—¿De verdad? —se sorprendió Ulrich.

—Dadnos cinco minutos —pidió la japonesa, y volvió al dormitorio seguida por su novio, mientras los otros bajaban al salón.

—¿De verdad vamos a ir por la casa en bañador? —se sorprendió el alemán.

—Bueno. Si estuviéramos solos… te hubiera propuesto algo más atrevido —dijo, un poco sonrojada—. Pero bueno, hemos ido ya con ellos a la piscina en otras ocasiones, así que no pasa nada si lucimos cuerpo de playa, ¿no?

—Supongo —respondió el alemán, y en ese momento llamaron al timbre.

—¡Abro yo! —oyeron a Odd decir.

Cuando bajaron, ya en ropa de baño, la cena les esperaba en el jardín con Sam y Odd.

Fue una noche agradable para los cuatro. Se estaba muy bien con esa temperatura. Y Yumi tuvo que reconocer que sus amigos tenían razón: se soportaba mejor aquel calor en bikini. Aprovecharon la velada para hablar y pasar un buen rato, rematado por un pequeño asalto al mini-bar del tío de Yumi. "Esto habrá que reponérselo", pensó mientras servía cuatro copas.

—Bueno. Hoy ha sido un gran día —dijo Odd, mientras se levantaba de la hamaca—, pero ahora sí… estoy reventado.

—Mañana será otro aún mejor —añadió Sam, incorporándose también—. Buenas noches, y… gracias por dejarnos venir.

—De nada. Hasta mañana —dijo Yumi, y vio a sus invitados subir por las escaleras—. Un buen primer día, ¿no? Bueno, velada —rió.

—Desde luego… A mi me duele todo del puto coche —suspiró Ulrich—. ¿Subimos a dormir?

—Espera… Ven aquí, bobo.

—¿En serio? —dijo el alemán con una sonrisa traviesa.

Ella asintió. Ulrich se tendió sobre su novia y empezaron a besarse bajo el cielo estrellado. Se estaba de maravilla en aquel lugar. Se dejaron llevar un poco por el momento, pero pensaron que sería mejor continuarlo en el dormitorio, de modo que subieron allí.

Era temprano cuando Ulrich se despertó. Las cinco de la mañana. Podría darse la vuelta pero tenía sed. Miró a Yumi. Era tan hermosa durmiendo. Se levantó sin hacer ruido, y reparó en que había dejado el bañador en la puerta en el fragor de la batalla, así que se lo puso antes de salir. No quería una escenita.

Su sorpresa era que Odd, dormilón por excelencia, estaba en la cocina, echándose un vaso de agua.

—Buenos días. ¿O debería decir buenas noches? —bromeó el rubio al verle entrar.

—Buenos sueños. Qué madrugador.

—Tenía sed.

—Como yo —dijo Ulrich mientras se servía un vaso de agua.

—Es importante hidratarse después del sexo.

Ulrich se atragantó con el agua.

—Tío.

—¿Qué pasa?

—¿Nos has oído?

—No, pero gracias por confirmarlo —rió Odd—. Si te interesa Sam y yo también lo hemos hecho —continuó. Ulrich pensó No recuerdo haber preguntado—, por eso dejamos la habitación de en medio vacía, para no interrumpirnos.

—Muy considerado —comentó Ulrich.

—¿Sabes? Sam me contó el incidente de la ducha.

—Joder… Perdona, no quería…

—¿Qué te pareció?

—¿Qué me pareció qué?

—Sam desnuda —respondió Odd, como si fuera lo más normal.

—¿Crees que me fijé? ¡Ella es tu novia!

—Bueno, y es una mujer atractiva. ¿No te lo parece? ¡Que no te de corte! ¡Somos colegas!

—¡Por eso mismo! —se desesperó Ulrich—. ¿Cómo voy a opinar sobre el cuerpo de tu novia?

—No tiene nada de malo. Ella también tiene curiosidad, pero se imaginó que no le dirías nada si te preguntaba, así que decidí preguntarte yo.

—Estás mal de la cabeza —negó Ulrich con la cabeza—. ¿En serio no te ofende?

—Mi novia está cañón. Lo que estoy es orgulloso —se rió el rubio.

—Vale. Tiene muy buen cuerpo, sí. ¿De acuerdo? Y ahora, cambiemos de tema —concluyó Ulrich, muerto de vergüenza.

—Gracias. Yumi también está muy buena —dijo Odd, y le dio un trago al vaso. Ulrich le lanzó una mirada asesina—. ¿Qué pasa? Esto es una conversación normal, no hay que avergonzarse del cuerpo de nadie. Aunque yo a Yumi no la he visto desnuda.

—Me voy a la cama —dijo Ulrich, zanjando la conversación.

Sabía que Odd tenía una mente muy abierta con respecto a esas cosas, pero a él le resultaba incómodo. Volvió a la cama y se tumbó al lado de Yumi. Su amor. Maldito Odd, pensó. La imagen de Sam desnuda cruzó su mente en ese momento, y no quería. Menos mal que no había prestado mucha atención. Pero lo suficiente como para que su cuerpo reaccionase. Justo cuando Yumi abría los ojos.

—Buenos días, amor —saludó y le dio un beso—. Uy. Cómo te despiertas —bromeó al darse cuenta de la erección de su novio.

—Ho-Hola…

—Tranquilo… Voy a ayudarte… —susurró la japonesa.

Por su parte, Odd volvía a estar en el dormitorio con Sam. Su chica estaba despierta, y había aprovechado la ausencia de su novio para ver la tele a través del móvil. Pero cuando llegó cerró la aplicación y le aguardó.

—Qué tapadito —bromeó.

—No iba a salir desnudo por la casa.

—Porque te falta valor —desafió la chica.

—¿Quieres que les dé un infarto? Casi les dio algo cuando nos vieron en bañador.

—¿Y bien? ¿Sabes si a Ulriich le gustó verme?

—Dice que sí —respondió Odd—. Pero una cosa, ¿lo hiciste adrede?

—Fue una coincidencia —aseguró Sam—. Pero creo que si lo hacemos bien… estas vacaciones pueden ser más interesantes.

Odd sonrió.

Pocas horas después, cuando todos hubieron desayunado y limpiaron la piscina, empezaron a llenarla mientras pasaban el día en la playa. Según el tío de Yumi tardaría unas ocho horas en llenarse, así que no tenía sentido contar con poder usarla ese mismo día. Fueron a la arena, donde había bastante gente.

—¡Odd! ¡La crema! —dijo Ulrich al ver que su amigo salía corriendo al agua.

—¡Me la puse antes de venir! ¡Al agua patos! —gritó este y continuó al trote.

—Qué chico este… —comentó el alemán mientras se ponía la crema—. Gracias, amor —dijo a Yumi mientras esta le echaba un poco de protector solar por la espalda—. ¿Te pongo yo a ti?

Mucho —susurró ella, y se rieron—. Sí, gracias.

—Yumi… ¿te parecería mal que Ulrich también me echara crema en la espalda? —preguntó Sam.

La pareja se miró. Aquello era raro. Aunque en realidad sabían que sus amigos eran raros per se. Pero Yumi no sabía del encuentro entre Ulrich y Sam en la bañera.

—En absoluto —respondió la japonesa.

Así que Ulrich se sentó en la toalla y empezó a echarle crema solar a Sam. Intentó disimular, después de cómo se había puesto por la mañana al acordarse de ella.

—Gracias —dijo la chica y se puso en pie—. ¿Vamos a nadar?

—No me fío de dejar aquí los móviles —dijo Yumi—, deberíamos turnarnos para…

—¡Tachán! —Sam sacó una funda de plástico hermética—. Sumergible. Para los móviles y las llaves. Nos podemos turnar para llevarla y así no se queda aquí nadie.

—Estáis en todo —comentó Ulrich.

—Es que nos gusta mucho la playa y solemos venir solos. Así que o buscábamos algo o nos arriesgábamos al robo o nos turnábamos para bañarnos —dijo Sam mientras guardaba los teléfonos en la bolsa—. ¡Vamos!

Se metieron al agua. Estaba a buena temperatura. Nadaron a la zona donde se hacía poco pie, donde Odd se limitaba a flotar mirando hacia arriba. Se incorporó al verlos.

—¿Qué tal? Este sitio es una maravilla —comentó el rubio.

—La verdad es que sí. Les debemos mucho a nuestros anfitriones —dijo Sam.

—Tendríamos que hacer algo para darle las gracias —dijo Odd—. Por ejemplo… ¡ahogadilla!

Y de pronto, hundió la cabeza de Yumi en el agua. Esta emergió rápidamente.

—¡Serás capullo! —exclamó la japonesa, y le devolvió la ahogadilla al rubio. Pero este se defendió—. ¡Te vas a enterar! —dijo, y tras sujetarse con firmeza a Odd, asegurándose de que no podía moverse, se hundió hacia abajo. Nadó hacia arriba y el chico reapareció poco después.

—¡Buah! ¡No hay que ponerse así! —dijo Odd, escupiendo agua.

—No me gustan esos juegos.

—Disculpa.

—Parece mentira que no lo sepas —comentó Ulrich , que aún así miraba divertido.

—Me vuelvo a la toalla. Dame la funda, Sam —pidió Yumi.

—¿Te has enfadado?

—Solo quiero volver a la toalla —insistió.

Sam le dio la funda. Ulrich estuvo tentado de seguirla, pero Odd intervino.

—Se ha enfadado por mi culpa, yo voy.

—Pero…

—Deja que arregle mi error —pidió el rubio, y nadó detrás de Yumi.

Ella llegó a la arena y caminó a las toallas. Se tumbó en la suya, y se planteó moverla bajo el sol cuando apareció Odd. Hizo un mohín de enfado.

—Yumi, disculpa, no me acordaba de que no te gustaban los juegos del agua.

—Sabes que lo paso mal con eso… —le recordó Yumi. Unos años antes, Hiroki había sufrido un percance en la piscina y estuvo a punto de ahogarse.

—Lo siento, de verdad. Solo me apetecía jugar un rato.

—Lo sé. Pero me ha sentado mal.

—Es que… —miró hacia el agua. Apenas se distinguían las figuras de Ulrich y Sam en el agua—, no se me ocurría otra forma de tener un poco más de contacto contigo.

—Odd…

—Como aquel día…

—Para. Dijimos que lo de aquel día no ocurrió —le recordó Yumi—. Y fue antes de estar con Ulrich y con Sam.

Odd no dijo nada más. Vio que los aludidos se estaban acercando. Optó por desviar la conversación al último disco de los Subdigitals y cuando llegaron los otros acordaron pasar por un local a recoger la comida.

—Parece que no tenemos ganas de cocinar —comentó Ulrich después de llamar para hacer la reserva.

—¿Cocinar? ¿En vacaciones? —preguntó Odd.

—No sabía que tú estuvieras todo el año de vacaciones —bromeó Sam, y hubo una carcajada general.

—Bueno, pues nos secamos y vamos a por ello.

—Iremos Odd y yo —ofreció Sam—. Os veremos en la casa.

Se separaron para ir a la casa y al local. Aprovechando el momento a solas, Ulrich pudo hablar con Yumi.

—¿Estás mejor? —quiso saber.

—Sí. Se ha disculpado. Ya está, no pasa nada.

—Podríamos irnos por la tarde. Solos, y…

—Estoy bien —aseguró Yumi con una sonrisa—. Y no se va a repetir, lo ha prometido. No te preocupes.

Cuando llegaron a casa miraron la piscina. Aún le faltaba llenado. Y esa noche tendrían que echar los productos. Pero bueno, no importaba. Subieron a cambiarse de bañador, y tras lavar rápidamente los usados con agua y jabón, los tendieron fuera, cuando llegaron Odd y Sam.

Les esperaron mientras también se cambiaban y luego aprovecharon para comer, a la sombra del árbol del jardín que proyectaba sobre la mesa. Estaba muy bien situado.

—Yo voy a echarme un rato —dijo Yumi mientras extendía una toalla, aprovechando la sombra.

—Creo que voy a hacer lo mismo —dijo Ulrich, y fue a tumbarse a su lado.

Sam y Odd se miraron.

—¿Queréis algo de beber? —preguntó Sam.

—No, gracias. Servíos vosotros —dijo Yumi sin abrir los ojos.

Durante varios momentos, no se oyó nada. No se movió nada. Y de pronto, Yumi sonrió. Sentía a Ulrich encima de ella. Sería un poco arriesgado hacer algo ahí fuera, cuando sus amigos les podían ver. Pero no importaba mucho.

—Ulrich…

Lo que ella no sabía era que él también estaba tumbado, y pensaba que su novia se había subido sobre él. Ambos abrieron los ojos cuando ya era tarde. Ulrich recibió un beso de Sam, mientras que Odd besaba a Yumi. Estaban paralizados, tanto que no se movieron. Finalmente, la parejita se detuvo. Ulrich y yumi continuaban inmóviles.

—¿Os ha gustado la sorpresa? —bromeó Sam.

—¿Qué… estáis haciendo? —preguntó Yumi.

—Solo estamos jugando —dijo Odd en tono inocente.

—¿Jugando? Me has besado…

—Y Sam, tú…

—Si no os ha gustado el beso… —empezó Odd.

—Nos lo devolvéis —concluyó su novia mientras volvían a besarlos. Se tumbaron sobre ellos con cuidado mientras les daban el beso.

—¿Habéis… bebido? —preguntó Ulrich, al detectar un deje de alcohol en el sabor de los labios de Sam.

—Solo un trago… para envalentonarnos —respondió ella.

—¿Qué dices? —preguntó Yumi, que no era capaz de reaccionar. Odd besuqueaba su cuello.

—Solo queríamos liberar tensiones con vosotros —dijo este, muy calmado—. Somos amigos… Y estáis buenísimos —añadió.

—No… no debéis… —murmuró Yumi, y en ese momento Odd retrocedió. Sam se puso en pie también.

—No os queremos obligar —dijo ella—. Pero si abrís un poco la mente… los cuatro lo podríamos pasar muy bien.

—Esto es de locos… —dijo Ulrich.

—Pues esa locura te ha gustado —comentó Odd, y se fijó en que su pene ya estaba erecto.

—¡Ulrich! —exclamó Yumi—. Te ha gustado…

—¡No! Es que…

—¿Cómo que no? —preguntó Sam, ofendida—. ¿Quién crees que eres para decir que no?

—Yo…

—Tranquilo… —dijo Yumi—. No pasa nada si te ha gustado.

—¿Qué dices?

—A mi me estaba gustando… lo que hacía Odd —confesó, muerta de la vergüenza. El aludido sonrió complacido—. Un tiempo antes de estar juntos, él y yo… nos enrollamos. No llegamos a nada. Pero a ambos nos gustó. Y… el beso me ha recordado aquello.

—Odd… —murmuró Ulrich entre dientes, pero Sam intervino.

—Tú me has visto desnuda —le recordó Sam—. Fue sin querer, pero… dices que te gustó. Si los cuatro tenemos esos… pensamientos, ¿qué pasa si hoy me enrollo contigo y Yumi con Odd? Solo tenemos que darnos permiso.

Ulrich y Yumi se miraron.

—¿Pero a vosotros os parece bien?

—Lo estamos deseando —aseguró Odd.

Los otros dos se miraron y se pusieron de pie. Yumi tomó a Odd de la mano y Ulrich a Sam.

—¿Esto es un sí?

—Esto es un cada uno en una habitación —respondió Ulrich, que se moría de vergüenza ante la posibilidad de ver a Yumi con otro… o de que ella le viera a él.

—Trátala con cariño —dijo Sam a su novio antes de ir escaleras arriba con Ulrich.

—Odd, yo… —murmuró Yumi, habían subido al dormitorio principal.

—Ven aquí —dijo el chico—. Antes íbamos por aquí…

La hizo caer al colchón y volvió a subir sobre ella. Volvieron a besarse. Al principio los labios de Yumi apenas se movían, pero empezaron a adaptarse a los labios de Odd. La verdad es que era buen besador. Pasó las manos tras la nuca del chico y este empezó a situarse entre las piernas de la japonesa. Gimió suavemente. Odd estaba excitado, lo notaba en su erección.

—¿De verdad te gusto? —preguntó la chica.

—Claro —respondió él—. Mira…

Tomó su mano y la puso sobre su erección cubierta. Sonrió. Yumi empezó a sonreír también. A veces se planteaba cómo sería sexo con alguien… distinto. Y no se lo había planteado con el rubio, pero lo cierto era que estaba muy cómoda. Optó por hacer algo que seguro que le gustaba. Se llevó las manos a la espalda y deshizo el lazo del bikini.

—Son bonitas —dijo Odd—. Permite…

Empezó a manosear sus pechos. Le gustaba su forma, le gustaba su tacto… y cuando empezó a chuparlos le gustó su sabor. Yumi echó la cabeza hacia atrás, disfrutando de aquella experiencia. El chico sabía lo que hacía… y este aprovechó para deshacer el lazo de las bragas del bikini.

—Esto es raro… —murmuró Yumi. Estaba completamente desnuda sobre la cama. La misma donde unas horas antes lo había hecho con Ulrich. Acompañada del mejor amigo de este. Desnudo sobre ella, y bajándose el bañador. Liberando su pene.

—Puedes echarte atrás en cualquier momento —le recordó este, situándose entre sus piernas.

—No… Quiero hacerlo… Sé bueno —pidió la japonesa.

Odd asintió. Le dio un tierno beso mientras apoyaba su erección en su sexo, y empujó muy suavemente. Yumi gimió. El joven estaba bien dotado. Se miraron y se sonrieron. La chica cerró las piernas a la espalda de Odd, instándole a continuar. Este se sujetó en el colchón y empezó a penetrarla repetidas veces. Yumi sentía que su mente iba y venía… no había concebido antes una idea así y ahora la estaba cumpliendo. Sexo con otro hombre… que sabía cómo hacerlo… que sabía donde tocarla… que estimulaba sus pezones mientras la acometía. Adoraba hacerlo con Ulrich, pero aquella novedad la excitaba muchísimo.

—Voy a acabar —le dijo el chico al oído—. Yumi… ¿Quieres que me detenga?

—¡No! ¡Sigue! —pidió ella—. ¡No me puedes… dejar… así!

—Muy bien, preciosa… —Odd aumentó el ritmo de las acometidas—. ¿Así que te gusta?

—¡Sí! ¡Me gusta! —reconoció ella—. ¡Yo también… voy a acabar!

—¿Acabamos juntos? —preguntó con una sonrisa.

—¡Sí! ¡Sí, Odd! ¡Aaaaaah!

Yumi sintió las acometidas de Odd estimulando su sexo hasta que culminó. El orgasmo de Odd también se desató. Ella abrió mucho los ojos. Lo habían hecho. Era… Hemos follado, pensó mientras sus cuerpos se reponían de lo que habían hecho. Agradeció en ese momento que Odd la cubriera con un brazo. Se sentía un poco vulnerable.

—¿En qué piensas? —preguntó el rubio.

—Me pregunto si… los otros estarán bien —reflexionó ella.

—Seguro que sí. Tu novio está en buenas manos —aseguró Odd—. Y tú también.

Yumi se acomodó un poco más. La experiencia le había gustado. Se había sentido.. sexy. Deseada. Había sido como un chute de autoestima.

A unos metros de allí, Ulrich se había visto de pronto empujado a una pared. Samantha dominaba la situación, y le estaba besando desatada. Él, por su parte, estaba inmóvil. Aquella situación era muy extraña. Era la novia de su mejor amigo. Eso estaba mal, ¿verdad? Pero ella parecía conocer sus pensamientos.

—Ulrich… ¿cómo puedo estar tan caliente si tú estás tan frío? —bromeó—. ¿Qué te pasa?

—Esto es raro, Sam…

—Oye, todos hemos aceptado. Lo que hagamos, estará bien. Si quieres hacerlo —aclaró.

—Pero Yumi…

—Ella también va a disfrutarlo. Déjate llevar por la situación. ¿Yo te gusto?

—Sí, tú…

Eso era todo lo que Sam necesitaba oír. Se desató el bikini y volvió a besarlo. Ulrich notó el cálido tacto de los senos de la chica contra su pecho. Correspondió a sus besos, pero estaba claro quién mandaba en ese momento. Antes de darse cuenta se vio sentado en el colchón, pudiendo ver el cuerpo de su amiga, expuesto para él.

—Ahora puedes verlo con detalle —dijo ella, mientras empezaba a darse la vuelta—, ¿qué te parece? —preguntó en tono juguetón. De espaldas a él se desabrochó el tanga del bañador, mostrándole el culo, y terminó de girarse.

—Me encanta —reconoció él.

Pero Samantha quería también saber qué ocultaba el alemán. Se agachó para tirar del bañador, con suavidad. Y sonrió al verle completamente desnudo, preparado para ella con su pene apuntando al cielo. Empezó a pasar las piernas por encima de él, sujetándose a sus hombros, y le dio un beso antes de dejarse caer.

La cabeza de Ulrich daba vueltas. Estaba teniendo sexo con otra mujer. Podía sentir los movimientos de Sam arriba y abajo por su erección. Era genial. Probó a tocar el cuerpo de su amiga. Odd, suertudo, pensó. Sam le besó también por el cuello y palpó su torso con ganas. Aceleró un poco su movimiento de caderas, y sonrió cuando él se movió bajo ella.

—Es mejor cuando colaboras —gimió Sam—. Oh, Ulrich… Qué bien…

—Sam… yo…

—Dilo…

—Voy a acabar…

—Hazlo… —gimoteó—. Yo quiero…

—¿Vas a…?

—Síííí… —el ritmo de sus cuerpos aumentaba de ritmo de forma constante—. ¡Ulrich!

El chico eyaculó, pero no detenía su cuerpo. Ella suspiró en ese momento, llegando al orgasmo también. Dejó caer su cuerpo sobre el de él. Ulrich se echó hacia atrás, con la chica tendida sobre su torso.

—Gracias —dijo ella.

—¿Gracias?

—Por dejarme comprobar lo buen amante que eres.

—Pero… si lo has hecho tú todo… —acertó a decir, muerto de vergüenza.

—Eso es verdad. Tendremos que arreglar eso —bromeó Sam—. Pero, ¿te ha gustado? Dime la verdad.

—Claro que me ha gustado. Es una locura, pero me ha gustado.

Complacida, decidieron tomarse un rato de relajación.

Cuando salieron del dormitorio, lo hicieron sin ropa. Ulrich estaba un poco nervioso, pero Sam le había asegurado que los otros también estarían desnudos. Y así era, se encontraron a Odd y Yumi en el pasillo con los bañadores olvidados en el dormitorio. Yumi y Ulrich no se atrevían a mirarse. Aquello era un poco violento. Pero Odd y Sam les empujaron suavemente para que se acercaran y se dieran un beso.

—¿Todo bien? —preguntó Yumi.

—De maravilla. ¿Y tú?

—Genial —respondió.

—Son dos amores —dijo Sam. Bajaron las escaleras despacio.

—Ahora que ya nos hemos estrenado, ¿por qué no permitirlo con más frecuencia? —propuso Odd cuando llegaron a la planta de abajo.

—¿Quieres… hacerlo más veces? —preguntó Ulrich.

—Si os parece bien —aclaró—. Solo digo que una casa tan grande… en la que vamos a estar los cuatro… solos… —dejó caer—, sería un buen modo de aprovecharlo.

—Ulrich… ¿podemos hablar en la cocina? —dijo Yumi.

No tuvo que responder. Los dos se encaminaron hacia allí. Sam y Odd se movieron al sofá, y ella le dijo:

—No te preocupes. Van a aceptar. Seguro —rió—. ¿Qué tal con ella?

—Genial. ¿Y Ulrich?

—Un poco parado. Cuando acepten ya le cambiaré eso —dijo guiñando un ojo.

—¿Crees que deberíamos aceptar la idea? —preguntó Yumi. Ella y Ulrich se habían sentado en unas banquetas de la cocina. Y tomó las manos de su novio para mantener la conversación.

—No lo sé… ¿A tí te ha gustado hacerlo con Odd?

—Sí. Es increíble, pero sí. Es decir, no concebía la idea de hacerlo con alguien que no fueras tú, pero ha estado bien. ¿Y con Sam?

—Ha ido muy bien. Me sentía un poco culpable, pero… si también te ha gustado, me alegro.

Cuando volvieron al salón, habló Yumi:

—De acuerdo. Podemos… dejarnos llevar si queréis. Pero si en algún momento no estamos de acuerdo con lo que hacemos… o nos da celos lo que hace el otro… queremos parar.

—Por supuesto —dijo Odd. Aunque nos aseguraremos de que se os vaya eso de los celos, pensó—. Ulrich, ¿de verdad te parece bien?

Este asintió.

—¡Genial! —dijo Sam—. La casa del sexo abre su veda —se echó a reír.

—Bueno. Espero que también sea la casa de la piscina. Voy a echar un vistazo —dijo Yumi.

—Te acompaño —se ofreció Odd.

Ulrich les miró alejarse, y luego se sentó en el sofá al lado de Sam. Ella sonrió y apoyó la cabeza en su hombro.

—Estoy muy contenta de que hayáis aceptado —susurró.

—¿De verdad?

—Claro. Hay muchas cosas que no hemos probado aún.

—¿Cosas?

Y sin moverse de posición, Sam llevó la mano al pene de Ulrich y empezó a estimularlo. Este intentó detenerla, pero ella le sujetó la muñeca con cuidado. No pensaba detenerse.

—¿Qué haces? —preguntó, alarmado, y miró al jardín. Odd y Yumi podían volver en cualquier momento.

—¿Te lo tengo que explicar? —bromeó.

—Pero aquí… nos pueden ver… —protestó Ulrich, pero estaba cerrando los ojos. Su pene estaba completamente endurecido y le estaba gustando.

—Eso es —dijo Sam—. ¿No te parece excitante? Pueden vernos… y nosotros a ellos —añadió sugerente—. Compartir lo bien que lo pasamos.

—Pero…

No pudo añadir otra palabra. Yumi había regresado al interior. Y les estaba mirando. Sam continuaba masturbando a Ulrich, que intentaba evitar la mirada de su novia. Pero ella no estaba enfadada. Parecía… interesada. Se sentó en el sofá de rodillas y continuó mirando. Sentía su corazón palpitar fuerte. Era excitante mirar. Sus ojos se cruzaron no con los de Ulrich, sino con los de Sam, quien sonrió traviesa, con ganas de pasar al siguiente nivel.

Cambió de posición, y ante la atónita mirada de la pareja, empezó a lamer el pene de Ulrich. Este sentía la sangre repartida entre su miembro y su cabeza, pues le daba mucha vergüenza que su novia les mirase así. Pero… le gustaba mirar. También estaba un poco colorada, pero observaba a Sam con admiración. Se dio cuenta de que se lamía el labio. Y la chica sintió un escalofrío cuando, se pronto, alguien le hizo levantar el culo.

Era Odd, que les había dejado unos momentos de confianza antes de unirse. Inclinó la cabeza entre las piernas de Yumi, alcanzando su sexo con la lengua. Ella gimoteó. No se esperaba algo así, pero se sentía bien. Se miró con Ulrich a los ojos. Estaban expuestos, y… les gustaba. Se dieron un beso, disfrutando del placer oral que les daban sus amigos.

Odd empezó a estimular a Yumi también con sus dedos, alcanzando su clítoris, mientras Sam se ocupaba de los testículos de Ulrich. En ese momento tenía un desafío mental con Odd: conseguir hacer eyacular al alemán antes de que él consiguiera hacer acabar a Yumi.

Pero sus técnicas eran tan novedosas para la pareja que llegaron al orgasmo al mismo tiempo. Tanto Sam como Odd quedaron satisfechos con el resultado. Yumi y Ulrich se quedaron reponiéndose en el sofá.

—Gracias… —suspiró Ulrich—, ha sido estupendo…

—Ahora empezáis a entender los beneficios de hacerlo con nosotros —bromeó Samantha—. Pero bueno. No os daremos más… Tendréis que buscarlo, ¿no crees? —preguntó a su novio.

—Toda la razón —afirmó Odd—. En fin… Es temprano. Yo me voy a subir a dormir un rato. Es una pena que a la piscina aún le queden varias horas para llenarse, si no me daría un chapuzón.

—Descansa —dijo Sam mientras encendía el televisor.

Odd subió las escaleras y se tendió en el colchón. El sexo había estado bien, pero… una cama amplia para descansar era una tentación. Se echó completamente extendido sobre el colchón, pero había un problema: Yumi le había excitado, y ahora sentía su pene dolorido por una erección no atendida. Así que cerró los ojos y empezó a masturbarse. En su mente estaban tanto la japonesa como su novia, desnudas. Estaban muy buenas.

—¿Sam? —preguntó cuando una mano empezó a estimularlo—. Y eso que he subido a descansar…

—Pero no puedes descansar con una erección así…

Odd abrió los ojos. La voz no era de Sam. Yumi le había seguido escaleras arriba. Y cuando la miró, ella empezó a lamer su pene. El chico ya no podía cerrar los ojos, tenía que mirar a Yumi mientras le daba placer de aquella manera. Ella se sonrojó un poco pero mantuvo su ritmo lento y placentero ocupándose de la erección de Odd. Le estimuló también con la mano, y no se detuvo hasta que le hizo eyacular.

—Guau… me ha gustado —suspiró el rubio—. No te ofendas…

—No lo hago —rió ella—. Es… divertido esto que hacemos.

—Pues a mi se me ha ocurrido otra cosa…

—¿El qué?

Entretanto, Sam se había tumbado por completo en el sofá. Estaba haciendo zapping en la tele, sin pensar en nada. Pero Ulrich se había fijado en ella. Con las piernas separadas. Tal vez… podía deslizarse entre medias, y alcanzar su sexo con la lengua. La chica sintió un placentero escalofrío.

—¡Ulrich! —gimió.

—Vamos, te lo debo —dijo él—. Relájate…

Ella se limitó a dejarse hacer. Relajó el cuerpo mientras disfrutaba de la lengua de Ulrich haciéndole maravillas. Y suspiró cuando sus manos subieron a sus pechos y empezaron a estimular sus pezones. Sí, sabía darle placer. Sonrió. Podían ser unas vacaciones muy interesantes si empezaban a animarse así. Dejó su orgasmo libre y Ulrich se quedó donde estaba, mientras volvían a mirar la televisión.

Pero en ese momento volvieron Odd y Yumi. Y la japonesa miró a su novio.

—¿Ocurre algo? —preguntó, alarmado.

—Siéntate —dijo con amabilidad.

Ulrich se incorporó y en ese momento Yumi se sentó a horcajadas sobre él. Le dio un beso mientras empezaba a estimular su pene. Y le acercó los pechos a la cara para que los probase.

—Yumi…

—Odd tiene razón. Deberíamos hacerlo también con nuestra pareja… delante de los otros —comentó mientras Odd tomaba también posición en el sofá, y Sam se apresuraba en ponerse encima de él—. Así que hazme el amor ahora y…

Su frase fue interrumpida por su teléfono. Lo miró, y se sorprendió.

—Es Aelita… —dijo.

—Responde ahora, y termina pronto —sugirió Sam—, tenemos algo pendiente de empezar… —ella también estimulaba a Odd con la mano.

—A ver… ¡Aelita, hola! —dijo, y echándole valor continuó masturbando a Ulrich mientras hablaba con ella—. Sí, en Cannes… ¡Qué!... ¡Ah, pues…! ¡Sí, no llames al timbre! ¡Están todos en la siesta, ahora te abro… —y colgó.

—¿Qué ocurre?

—¡Jeremy y Aelita! ¡Están fuera! —dijo Yumi, poniéndose de pie de un brinco.

A ella y a Ulrich les pasó desapercibida la mirada cómplice que Odd y Sam cruzaron.

—¡Subid, he dicho que estábais dormidos! Y poneros algo antes de bajar.

—¿Y tú? —preguntó Ulrich.

—Usaré el bikini de la playa, ¡vamos!

Corrió al jardín y se puso la prenda. Por suerte se había secado bien. Luego corrió a la puerta mientras Ulrich y los demás aprovechaban para taparse un poco.

—¡Hola! ¿Qué tal? —saludó, como si nada hubiera ocurrido.

—¡Hola! —saludó la pelirrosa y le dio un beso en la mejilla—. Perdona por aparecer sin avisar, pero estábamos visitando el sur y Jeremy pensó que sería buena idea pasar a veros.

—No os robaremos mucho tiempo —aseguró el rubio—, pero igual podríamos cenar antes de irnos…

—¿Cómo que iros? —preguntó Odd mientras bajaba. La mirada de Yumi se dirigió a su entrepierna, pero por suerte su erección se había relajado. Sin restos de lo que estaban a punto de hacer.

—No queremos molestar, pero queríamos veros —dijo Aelita—. Además, la caravana aún tiene kilómetros por hacer…

—Pero no contábamos con pillaros dormidos —comentó Jeremy. Pero en ese momento llegaron Ulrich y Sam del piso superior—. Madre mía, os habéis relajado con el vestuario, ¿eh? —bromeó al ver que todos lucían bañador o bikini.

—Se está mejor así —afirmó Ulrich—. Lo malo es que la piscina no está aún llena y… —vio que Sam le susurraba algo a Yumi al oído—, nos toca ir a la playa para refrescarnos.

—Si… si os quedáis hasta mañana, podríais probarla —ofreció Yumi. Ulrich abrió mucho los ojos, pero JEremy y Aelita no lo vieron pues se habían girado a su amiga.

—No queremos molestar…

—¡No es molestia! Es más, tenemos un cuarto libre. Si os apetece, claro.

Jeremy y Aelita se miraron. En el fondo…

—Estaría bien no conducir por un día —dijo Jeremy.

—O por dos —dijo Sam—. Voy a ponerme algo por encima y a por algo de cena… Yumi, ¿se puede usar la barbacoa? —preguntó.

—Claro.

—Pues ya sabemos qué preparar esta noche. Te acompaño —dijo Odd, y subieron.

Jeremy salió un momento de la casa y volvió rápidamente con una bolsa de viaje.

—¿Donde nos podemos cambiar?

—En la habitación de en medio, arriba —indicó Yumi mientras Odd y Sam bajaban.

—¡Ahora venimos! —dijeron, y Ulrich se acercó a su novia.

—Yumi… si ellos están aquí no podemos hacerlo delante de ellos —le recordó.

—O puede que sí… ¿no te gusta Aelita? —preguntó Yumi.

—¡¿Lo di…?! ¿Lo dices en serio? —preguntó, bajando la voz.

—¿Por qué no? Si ellos quieren. Y tú.

Ulrich sospechaba que aquello estallaría por algún lado, pero no hizo ningún comentario. Jeremy y Aelita bajaron. Y tuvo que reconocer que la pelirrosa estaba espectacular con aquel bikini del mismo color que su cabellera. Jeremy por su parte lucía un bañador verde. Luego miró a Yumi y los cuatro salieron al jardín.

Sam y Odd llegaron apenas media hora después a la casa. Metieron la comida en la nevera y salieron fuera.

—Empieza a ocultarse el sol… —comentó Jeremy, mirando hacia arriba.

—¡Pues habrá que irse poniendo moreno! —comentó Sam.

Odd empezó a echarle crema en la espalda, y Ulrich pensó que no llevarían el juego más allá, de modo que ayudó también a Yumi con el bronceador. Jeremy les imitó. y le puso crema a Aelita en la espalda. Con lo que ellos no contaban era con Sam, que al ponerse en la toalla, se quitó la parte de arriba del bikini.

—¡Sam! —se escandalizó Jeremy, y se apresuró a mirar a otro lado.

—¿Qué pasa? No quiero tener marca —respondió en tono inocente, y se tumbó—. ¿Yumi?

—Creo que tiene razón —dijo la japonesa, y se despojó de la parte superior, tumbándose al lado de su amiga.

Aelita parecía un poco cohibida. Miró a Jeremy… que no sabía donde meterse. Y aparte, estaban Odd y Ulrich también. Pero no había nada malo en el top-less, ¿no?

—Me apunto —dijo la chica, y expuso sus pechos.

Odd y Ulrich procuraron no parecer demasiado asombrados mientras, exhibiendo sus pechos, Aelita se tumbaba en una toalla al lado de sus amigas.

—Yo voy a por algo de beber —dijo Odd.

—Te acompaño.

Y los dos fueron seguidos por Jeremy.

—¿Qué pasa? ¿Están mal de la cabeza? —preguntó, escandalizado.

—¿Qué tiene de malo?

—¡Están… están…!

—Enseñando las tetas, sí. ¿Y qué? —dijo Odd, restándole importancia—. Somos amigos.

—¡Son vuestras novias! Y la mia…

—Y no me ofenderá que mires a Yumi —intervino Ulrich, tratando de aparentar normalidad—. Estamos en un recinto cerrado, nadie más va a poder verlas.

—Ya, pero… —Jeremy intentó protestar, pero Odd le puso una lata en la mano y salió de allí, sellando la conversación.

Los tres salieron y se pusieron a la sombra, observando a las chicas en silencio. De vez en cuando, se giraban a la piscina. Aún le quedaba un poco. No cubría, y además tenían que echar los productos antes de dormir.

—Media vuelta —dijo Sam, y las tres se giraron para recibir su ración de sol en la espalda.

—Se acabó la diversión —rió Odd.

De noche, encendieron las luces exteriores y echaron la cena en la barbacoa. Entre Ulrich y Odd lo preparaban, y aunque Jeremy se había ofrecido en ayudar, habían insistido en que era su invitado y no iba a hacerlo.

—¿Qué plan tenéis? —preguntó Ulrich mientras vigilaba unos choricillos.

—Queremos proponerlo después de la cena —explicó el rubio—. Vosotros tenéis preferencia.

—¿Preferencia?

—Si lo quieres hacer primero con Aelita, o Yumi con Jeremy, nosotros os dejamos.

—… Puedes hacerlo con Aelita primero —dijo Ulrich, recordando que su amigo siempre había tenido cierta debilidad por ella—. Pero saber cómo es Jeremy. ¿Crees que él va a ceder? —preguntó, mirando a la mesa. Él, Sam y Yumi escuchaban al rubio hablar.

—No lo creía de tí y mírate. Este cae —aseguró Odd, y sacó la carne—. ¡Vamos, a la mesa, niños!

—Pero… ¿vais a cenar así? —preguntó Jeremy. Y es que las chicas seguían sin taparse los pechos.

—¿Tiene algo de malo? —preguntó Sam.

—Es… incómodo —dijo Jeremy.

—No seas tan remilgado —dijo Aelita—. No pasa nada. A mi… me las ves siempre —comentó, sonrojada.

—Ya… —él también estaba colorado—. Pero somos novios…

—No vais a hacerlo delante de nosotros —dijo Odd. De momento, añadió en su mente—. ¿A que me quito el bañador yo?

—Odd…

—Nah, no merecer verlo —bromeó.

La cena transcurrió sin más incidentes. Apagaron fuera y pasaron al salón, donde podían pasar el resto de la velada. Después de cerrar la puerta, Yumi y Sam intercambiaron una mirada cómplice. Luego miró a Ulrich, y este asintió. Odd sonrió, y Jeremy y Aelita no sabían que algo se estaba cociendo.

—¿Así que… conduces mucho? —preguntó Yumi a Jeremy, sentándose a su lado en el sofá.

—Sí… Aelita no se ha querido sacar el carné —dijo, dándole la mano a su novia—, pero no pasa nada. Creo que tenéis razón, un par de días aquí me permitirán recuperarme… Yumi…

La japonesa había empezado a acariciarle una pierna. Y Odd, en ese momento, ocupó el sitio al lado de Aelita y le pasó un brazo por encima. Ella tembló ligeramente. Pero era demasiado pasiva para resistirse.

—Odd… —dijo Jeremy, pero Yumi le sujetó la barbilla y se la giró hacia ella.

—Tú atento a mi —susurró. Era la primera vez que haría aquello, pero… estaba hablado. Y le dio un beso en los labios. Él abrió mucho los ojos, colorado. Aelita se quedó boquiabierta, pero entonces, Odd la hizo volverse y también la besó. Despacio, solo un primer contacto.

—¿Qué estáis haciendo? —preguntó la pelirrosa, confusa.

—Ulrich… y Sam… nos están mirando… —susurró Jeremy.

—Pero no están enfadados —susurró Odd—. Queremos que forméis parte de algo…

—¿De algo? —preguntó Aelita.

—Odd y yo lo hemos hecho… Y también Ulrich con Sam… —explicó Yumi, dejando a los nuevos aparecidos sorprendidos—. Y pensábamos seguir probando estas vacaciones…

—Pero vuestra llegada nos ha interrumpido —dijo Sam, acercándose un poco a ellos—, así que hemos pensado que podríais dejaros llevar por el momento.

—Yumi, yo… —intentó protestar Jeremy, pero ella volvió a besarle. Si él se apartaba, aceptaría su decisión y no insistiría. Pero el rubio parecía perdido en el sabor de sus labios. Sonrió. Y en ese momento, Jeremy se apartó. Ntch…

—Aelita, perdóname… —dijo él—. Me he dejado llevar, pero…

—No pasa nada…

—¿Qué? —un poco de esperanza para el grupo.

—Si te estaba gustando… lo acepto —dijo la chica—. ¿Estás bien con eso?

Aelita asintió. Y Jeremy tuvo ocasión de ver cómo Odd atacaba los labios de la chica antes de volver a ser acaparado por Yumi.

Satisfecha por el resultado, Sam se acercó a Ulrich, y le susurró al oído:

—¿Te conformarás con repetir conmigo? —preguntó, melosa, y le envolvió el cuello con los brazos.

—No digas eso. Me encanta lo que hemos dicho —aseguró el alemán.

—Solo por decir eso, mereces llevar nuestra… relación un nivel más allá —le tomó las manos y las llevó a su trasero—. ¿Te gusta?

—Sí, pero, ¿estás segura?

—Claro que sí. Hazme sentir bien, Ulrich…

Mientras tanto, Yumi había continuado besando a Jeremy. Con mucho cuidado, le había quitado el bañador, y se había subido a sus piernas. Usaba ambas manos para masturbarle, despacio al principio. El rubio no podía disimular lo mucho que le gustaba, y la vergüenza que sentía en ese momento. Yumi en top-less encima de él… Podía tocar, ¿verdad? Empezó a masajear sus pechos, y la japonesa sonrió complacida.

—Eso es, Jeremy… Puedes tocar tanto como quieras —le invitó.

—¿Puedo quitarte… esto? —preguntó refiriéndose a la parte inferior del bikini.

Yumi asintió y el rubio deshizo el nudo que lo ataba. Sin duda, la chica era una diosa. Una que se incorporaba despacio, se situaba sobre su miembro erguido, lo guiaba a su sexo y se dejaba caer con suavidad. Estaban unidos, y se sentía tan bien… Yumi empezó a subir y bajar por su cuerpo lentamente.

Entretanto, Odd besuqueaba a Aelita, mientras presionaba con su entrepierna en el sexo de la chica. Su lengua dominaba sobre la de la pelirrosa, y sus gemidos se perdían en su boca. Se sentía muy bien. Y ver a Jeremy así con Yumi la estaba excitando por alguna razón. Quería más, quería continuar. Si de verdad iba en serio…

—Eres preciosa —dijo Odd mientras le quitaba la braguita del bikini.

—A mi también me gustas —respondió Aelita, un poco colorada. Sentía impulsos de taparse, pero ver a Odd maravillado por su cuerpo era un chute de autoestima en ese momento.

—¿De verdad? ¿Y ahora? —preguntó él, travieso, mientras se despojaba del bañador. Su erección apuntaba a ella.

La pelirrosa asintió, y se dejó hacer por él. Odd quedó encima de ella mientras deslizaba su pene en su sexo. Ella se aferró a él mientras disfrutaba de aquello. Las embestidas de Odd eran rápidas, una experiencia nueva para ella. Jeremy… hacía el amor, aquello era sexo como en las películas. Reclamó de nuevo los labios de su amigo mientras la penetraba repetidas veces.

Samantha se había puesto en cuatro en el suelo, con Ulrich arrodillado detrás de ella, de modo que no se perdían ni un detalle del espectáculo. El alemán la había preparado con mucho cuidado y ahora deslizaba su pene dentro de su trasero, a un ritmo que a ambos les gustaba, mientras la sujetaba por las caderas.

—Esto es lo que yo… quería —gimió Sam—. Mira a Yumi, Ulrich, lo está gozando con Jeremy… ¿qué te parece?

—Me encanta… —admitió este y empezó a mover sus caderas con más ritmo, excitado al ver así a su novia—. ¿Y tú? ¿Ves a Odd?

—Sí… Vamos, amor, demuestra a Aelita lo que vales —continuó gimiendo Sam disfrutando de las vistas.

Ulrich terminó eyaculando por fin, para satisfacción de Sam. Unos momentos después, Odd culminaba dentro de Aelita, y Jeremy acababa también en Yumi. Los seis estaban agotados. Jeremy se tomó unos segundos para reflexionar.

—Esto que hemos hecho… está bien, ¿verdad? —preguntó, mirando de nuevo el punto en que su miembro se unía con el sexo de Yumi.

—Por supuesto —respondió Sam—. Y mañana podremos hacer mucho más si os apetece.

—Genial… —dijo Aelita, satisfecha por lo que había hecho con Odd.

Pero ya era tarde, y todos convinieron que si no se iban a dormir, al día siguiente no podrían mantener el ritmo. Subieron despacio a la planta superior y se despidieron hasta el día siguiente, cada pareja en una habitación.

—Buenos días, Yumi —saludó Ulrich, mientras amanecían.

—Hola, mi amor —dijo ella, y se dieron un beso—. ¿Listo para… otro día? —preguntó con una sonrisa.

—Claro que sí. Pero primero debería darme una ducha.

—Vale. Yo voy a preparar café —respondió la japonesa—. Pero no lo olvides: te amo.

—Y yo a ti.

Se dieron un beso y Ulrich se metió en el baño anexo al dormitorio. Abrió la llave de la ducha y se metió debajo del agua. Se estaba aclarando el pelo cuando, de pronto, una mano se coló por la cortina de la ducha. Y esta palpó, llegó a su pierna y empezó a subir hasta que encontró su erección.

—Ooooh… qué bueno —suspiró Ulrich—. ¿Quién… eres…?

Por respuesta, Aelita entró dentro de la bañera con él, sonriendo.

—Buenos días —dijo—. Yumi me dijo que estabas aquí —sonrió, mientras seguía estimulando el pene de Ulrich.

—¿Y has venido a… saludar? —suspiró Ulrich, que ya estaba erecto.

—Sí… Anoche pude probar con Odd… Y ahora tengo curiosidad por ti. De eso iba esto, ¿verdad?

—Pues sí… —Ulrich gimió. Aelita había empezado a practicarle una felación—. Siempre que estemos de acuerdo…

Se dejó hacer por unos momentos, mientras su amiga le preparaba. Luego, ella se apoyó en la pared, y dejó que Ulrich tomara la iniciativa. Disfrutó de la sensación de su erección dentro de ella, pero pronto tuvo ganas de más. El alemán pasó los brazos bajo ella, sujetando sus pechos mientras aumentaba el ritmo de sus embestidas. La pelirrosa giró la cabeza hacia atrás, reclamando los labios de Ulrich. Este la besó, eyaculando unos momentos después. Tuvo que sujetar a Aelita, que estuvo a punto de caerse.

—¿Estás bien?

—Sí, es que… también he acabado —dijo ella con una sonrisa—. Ha sido genial.

—Me alegro que te haya gustado. ¿Nos limpiamos antes de salir?

—Claro. Pero… ¿con quién te ha gustado más? ¿Con Sam o conmigo? —preguntó, muy seria. Ulrich se puso blanco, y en ese momento su amiga se echó a reír—. Es broma. No quiero que compares. Prefiero que sigamos así. Pasándolo bien todos.

Cuando terminaron en la ducha bajaron al salón. Tenían hambre. Pero cuando llegaron al salón, estaba ocupado. En el sofá estaba Jeremy completamente tumbado, mientras Sam subía y bajaba a buen ritmo sobre él. Este parecía hipnotizado por su amiga, y se limitaba a tener las manos en el culo de la morena.

—¿Estás bien? —preguntó Ulrich a Aelita, que se había quedado paralizada al verlos.

—Sí. Es que… no pensé que me gustaría tanto verlo —confesó ella, avergonzada.

—¿Te puedo hacer una pregunta? —Ulrich no bajó el tono de voz, y no hacía falta pues los otros dos continuaban sin escucharles—. ¿Contigo también es así?

—Las primeras veces sí —confesó Aelita mientras entraban en la cocina—. Me costó un poco que se confiara y pudiera moverse más…

Volvieron a guardar silencio al entrar en la cocina. Yumi estaba en una silla, con los ojos cerrados y claramente intentando evitar gemir sonoramente, aunque no podía acallar todos sus suspiros. Ulrich y Aelita se asomaron debajo de la mesa, donde pudieron ver a Odd, arrodillado, practicándole un cunnilingus a la japonesa. En ese momento, Ulrich miró a Aelita, y bajó la mirada a su sexo. Quizá debería… pero ella negó con la cabeza. No compitas, le susurró al oído y se movieron a la cafetera. Aprovecharon el momento en que Yumi llegó al orgasmo para sentarse también.

—No es muy higiénico hacer esas cosas en la cocina —dijo Aelita, tranquilamente, disfrutando de la cara de orgasmo de Yumi—. Deberíamos poner la norma de que aquí solo se puede comer.

—Se lo… he dicho… —protestó Yumi mientras intentaba recuperar el aliento—, pero no me… ha hecho… caso…

—Un día es un día —dijo Odd, saliendo de debajo de la mesa—. Además, me lo has puesto fácil. Seguro que te ha gustado más que con Ul- ¡Ay! —protestó, pues Aelita le había dado una colleja.

—No compitas tu tampoco —le regañó—. Hola, amor —saludó cuando Jeremy entraba en la cocina seguido de Sam. Este se agachó a darle un beso—. ¿Todo bien?

—De maravilla —reconoció este.

—Por cierto, esta mañana tenía un mensaje de Sissi —comentó Sam mientras tomaba asiento—. Dice que mañana podría estar por aquí para vernos. ¿Os parece bien que le diga que sí?

—Empezamos a necesitar una casa más grande —bromeó Yumi—. Pero… ¿si viene… seguiríamos jugando?

—Si surge… —comentó Odd—. A no ser que te parezca mal.

Yumi negó con la cabeza.

—Lo decía porque ella no tiene pareja… Si no os parece mal que ella lo pueda hacer con Odd y Jeremy, me parece bien si lo hace con Ulrich —afirmó.

—Decidido entonces —dijo Sam—. Y ahora… un tema que tengo pendiente. Sé que a todos nos gusta poder tener sexo con… la novedad —eligió esa palabra—, pero me gustaría vernos también haciéndolo con nuestras parejas formales.

Aceptando la idea de su amiga, terminaron el desayuno y volvieron al comedor. Esperaron un poco antes de empezar, sentados en el amplio sofá, disfrutando de sus desnudos y el calor que emanaba de sus cuerpos.

—Es tan fácil ver cuando están cachondos… —bromeó Sam, cuando al cabo de unos minutos, se fijó en las erecciones de los chicos.

—No sabes lo incómodo que es esto —protestó Ulrich.

—Demasiado… —dijo Jeremy—. ¿Os parece si… vamos empezando?

—¡Así me gusta, que te vayas animando! —exclamó Odd.

De modo que las chicas se pusieron las tres de rodillas en el sofá, apoyándose en el respaldo, y separando las piernas para sus novios. Estos se situaron entre medias. Pero antes de que Odd tomase la iniciativa, Jeremy hundió la cabeza entre las piernas de Aelita y empezó a lamer su sexo. Su agudo gemido alertó a los demás. Jeremy se había puesto colorado pero aún así no cesaba en el empleo de su lengua en la intimidad de su novia.

Odd y Ulrich se miraron y optaron por imitarle. Pronto, el ambiente se llenó de los suspiros de Yumi, Sam y Aelita, disfrutando de la lengua de sus parejas dándoles placer. El alemán aprovechó para introducir un dedo travieso en el sexo de Yumi. Odd sonrió al verle, pero recordó que aquello no era una competición: él lo iba a conseguir únicamente con su lengua. Por su parte, Jeremy se sentía orgulloso de ver a sus amigos haciendo lo mismo que él. Siempre que lo hacía con Aelita se sentía un poco egoísta, como si no le diera el placer que merecía, y lo procuraba compensar con aquellos actos improvisados.

Cuando las tres chicas estuvieron satisfechas y se recuperaron de aquel orgasmo, llegó el momento de continuar. Se acomodaron un poco más en el respaldo, y gimieron en el momento en que los chicos las penetraron. Yumi, que estaba situada en medio de Aelita y Sam, giraba despacio la cabeza, mientras disfrutaba de las embestidas de Ulrich, para ver las reacciones de sus amigas. Sí, era cierto… daba morbo verlos. Jeremy era lento y dulce en sus movimientos, pero la pelirrosa estaba satisfecha con aquello. Se sonrieron al mirarse. También miró a Sam, que jadeaba al ritmo rápido en que Odd la embestía una y otra vez. Por su parte, Ulrich sabía bien cómo complacerla, y ella misma movía su cuerpo levemente hacia adelante y atrás.

Sintió algo acariciando sus dedos. Era la mano de Sam. Entrecruzaron los dedos, y la japonesa le tendió su otra mano a Aelita. Iban a llegar muy pronto. Solo un poco más… Sam fue la primera en alcanzar el orgasmo, en el momento en que Odd culminaba a su vez. Jeremy también eyaculó, provocando el orgasmo de su novia. El ver a sus amigos sucumbidos al placr fue el detonante para que Yumi y Ulrich llegaran al orgasmo.

—Guau… tenemos que hacer esto con más frecuencia —dijo Odd.

—Salido —respondió Ulrich.

—Ha estado de maravilla —reconoció Aelita—, pero… yo tengo mucho calor ahora. ¿Se supone que la piscina ya está lista? —preguntó.

—Si, la he revisado esta mañana. Podéis bañaros si queréis —dijo Yumi.

—¿Tú no vienes? —preguntó Sam.

—No… Voy a hacer la comida. Si alguien me echa una mano… —pidió la japonesa.

—Voy contigo —se ofreció Jeremy.

—Pero recordad que en la cocina no se hacen guarradas —les recordó Odd alzando la voz. Yumi le dedicó su dedo medio antes de entrar en la cocina.

—Pues yo me voy al agua —dijo Aelita.

—Te acompaño —dijo Sam—. ¿Os venís? —preguntó a Odd y Ulrich.

—¿Bromeas? Nos habéis dejado todo el trabajo, tenemos que descansar —bromeó Odd.

—Tranquilo, que como el sexo es un trabajo para tí, te acabas de quedar en paro —le dijo Sam—. Vámonos, Aelita.

Ambas salieron de allí, dejando solos a Odd y Ulrich en el salón. Ulrich se estiró para adelante y tomó el mando de la tele. Pensaba que estaría bien ir a ayudar a Yumi, pero podían turnarse en la cocina. Decidió que se ocuparía de hacer la cena. Se dio cuenta de que Odd no hacía más que echarle miradas indiscretas.

—¿Tengo monitos en la cara?

—No, es que… Estaba pensando. Te he visto hacerlo con Sam y con Yumi… Y estoy seguro de que Aelita también ha disfrutado en la ducha contigo.

—Hago lo que puedo —dijo Ulrich, quitándole importancia.

—Y sé que Sam te dejó hacerle sexo anal anoche.

—Oh. ¿Eso supone un problema? En realidad no hemos hablado de límites…

—Eso es. No hemos hablado de límites —respondió Odd.

Y en ese momento, pasó una pierna por encima de Ulrich. Este se quedó inmóvil. Sintió que su cuerpo y el de Odd se juntaban. El rubio le levantó suavemente la cabeza, por la barbilla, y le dio un beso en los labios.

—Odd… —gimió el alemán cuando pudo hablar—, ¿qué…?

—No hemos dicho que tuvieramos que hacerlo siempre chico-chica —le recordó el rubio—. Si tenemos curiosidad, podemos hacer… algo entre nosotros. Probar algo en confianza… —le susurró al oído.

—¿Tienes… curiosidad? —preguntó el castaño. ¿Por qué no podía resistirse?

—Y algo me dice que tú también —Odd pasó la mano entre medias de sus torsos, y se dio cuenta de que su miembro ya estaba erguido—. ¿Quieres que tu viejo amigo te haga sentir bien?

—… Sí —reconoció Ulrich.

¿En serio es su primera vez haciendo esto?, pensó Ulrich cuando Odd empezó a bajar por su cuerpo, besando su cuello y lentamente descendiendo. Se detuvo en sus pezones, que por alguna razón le estimulaban. Continuó explorando hacia abajo el cuerpo de su amigo, y llegó a su vientre. Como continuase bajando… Tenía que detenerle. Pero sentir su lengua en la cabeza de su pene era placentero.

Odd parecía darse cuenta de lo mucho que le estaba gustando, pues continuó lamiendo su pene. Poco a poco, no había ninguna prisa. Lo importante era que lo disfrutara. Y a él… Sí, también le estaba gustando hacerlo. El pene de Ulrich estaba bien. Probó a estimularle los testículos, y sintió el escalof´rio de su amigo. Buena señal. Un poco más. Sí…

—¡Odd, yo me…! —pero Ulrich no pudo terminar su advertencia, y eyaculó. Horrorizado, se disculpó—. ¡Lo siento! ¡Lo siento, no quería, yo…!

—Ulrich… no pasa nada —respondió el rubio, con calma.

—¿Que no pasa…?

—No… Solo… Date cuenta… Has acabado gracias a mi. A tu amigo —sonrió Odd—. ¿Eso te parece bien?

—… Sí… Ha sido genial…

—Me alegro, porque yo sigo teniendo curiosidad —Odd volvió a trepar sobre el cuerpo de Ulrich—. Es increíble, aún estás así —comentó al notar la erección de su amigo—. Eso facilita las cosas, pero…

—¿Pero? —la cabeza de Ulrich daba vueltas.

—Ya sabes que no puede ser tan directo… deberías prepararme —le recordó.

Y Odd no se contuvo de gemir cuando sintió los dedos de Ulrich preparándole. Al principio simplemente hacía círculos alrededor de su ano. Este intentó relajar su cuerpo. Era la primera vez que le exploraban. Pero se sentía bien. Sonrió cuando notó que Ulrich empezaba a abrirse paso. Era extraño, pero… se sentía bien. Suspiró al sentir su dedo deslizando por completo en su interior. Y salía, y entraba… y Odd disfrutaba. Se sintió listo.

—¿Estás… seguro? —preguntó Ulrich, al verle incorporarse y situarse.

—Sí… deja que me ocupe —pidió Odd. Prefería llevar el ritmo en aquella situación tan nueva para él. Guió el pene de Ulrich a su entrada, y suavemente se dejó caer hacia abajo. Oh, Dios… Si así se siente Sam no me extraña que le permitiera hacerlo, pensó complacido por aquella sensación. Pero quien estaba más avergonzado que él era Ulrich, que no concebía lo que ocurría en aquel momento. Pero se sentía bien. Te gusta… te gusta hacerlo con tu amigo, le recordó su cerebro. Sí, le gustaba ver a Odd subiendo y bajando cada vez a un ritmo mayor sobre él… Contempló su pene y obedeciendo un impulso empezó a masturbarle. El rubio gemía. Le gustaba, esa doble sensación de placer. Aumentó como pudo el ritmo de su movimiento y logró que su amigo culminase, al mismo tiempo que él estallaba en el clímax, manchando el torso de Ulrich… que no pareció importarle.

—Esto ha sido el cielo —sonrió Odd, satisfecho con la experiencia.

—¿De… verdad? —preguntó Ulrich, incrédulo. Él también lo había pasado de maravilla.

—¿Quieres comprobarlo?

En la mente de Ulrich ya no cabían muchas más dudas. Estaba tumbado de costado, estimulando el pene de Odd con la lengua mientras este le dilataba con cuidado. El rubio estaba contento, su amigo cada vez se animaba a probar cosas nuevas. Y ahora… lo tenía para él.

—Ten cuidado —pidió Ulrich. Incapaz de mirar a Odd a la cara, había optado por ponerse en cuatro para él.

—Claro que sí —aseguró el rubio.

Los primeros momentos para Ulrich fueron dolorosos. ¿Cómo podía haberle gustado aquello? Pero su cuerpo empezó a acostumbrarse a tan extraña sensación. La erección de Odd se estaba deslizando sin dificultad dentro de él. Oh… ¿qué era ese punto tan placentero? No lo sabía, pero quería más. Se sinceró con Odd gimiendo y jadeando, lo cual provocó que este fuera un poco más rápido, y esto a su vez repercutió en un mayor placer para él.

—Ulrich… —dijo entonces una voz.

El chico se fijó. Era Yumi. Pero no estaba escandalizada. Le miraba con atención. Y luego con ternura. Este sonrió. Si le parecía bien… Y no solo eso, sino que a su lado, Jeremy era incapaz de disimular su erección mientras miraba. Se dejó llevar por el momento, permitiendo a Odd eyacular. Si la sensación inicial había sido extraña, que la erección de su amigo saliera de su cuerpo en ese momento se le hizo aún más raro.

—¿Aelita y Sam están fuera? —preguntó Yumi.

Y un pálpito les indicó a los cuatro qué se encontrarían en el jardín.

Aelita y Sam habían empezado a bañarse. La piscina no era lo bastante grande como para hacer unos largos, pero el agua les llegaba hasta los hombros y por lo menos podían estar fresquitas en el agua. Y estar liberadas de los bikinis mejoraba la sensación del agua contra sus cuerpos.

—¿Qué tal te lo pasas? —preguntó Sam.

—Bien. Estas vacaciones… son mejores de lo que esperaba —admitió la pelirrosa.

—Me alegro. ¿Te ha gustado hacerlo con Odd? —Aelita asintió avergonzada—. ¿Y qué tal con Ulrich?

—Muy bien con los dos —reconoció.

—Me alegro. Y aún hay algo más que puedes probar.

Sam nadó hasta su amiga y quedó en pie frente a ella. La pelirrosa se vio empujada al borde de la piscina por Sam, quien le sonrió y tras ponerle una mano en la mejilla, le robó un beso. No reaccionó apenas hasta que su amiga empezó a tocarle el cuepo, suavemente… Y Aelita le correspondió. Bien, eso iba bien.

—¿Por qué? —preguntó Aelita—. Es decir… besas bien, pero…

—Porque no nos vamos a privar de nada —le contó Sam—. Podemos hacer de todo estas vacaciones. Incluido… esto.

Y volvió a besarla. Y Aelita empezó a excitarse por culpa de las manos de Sam, que empezaban a masajear sus pechos. Se vio levantada en el agua por su amiga, y se sujetó al borde mientras la morena besaba sus senos. Su lengua jugó con sus pezones por turnos, mientras con la mano estimulaba el pecho que le quedaba libre. Aelita se sentía tan bien. Había algo distinto de cuando lo hacía con Jeremy, pero no sabía decir qué. Simplemente se sentía muy bien.

—Sam… me gusta —gimió Aelita—, pero… ¡ah!

—¿Pero? —bromeó Sam. Un dedo travieso había bajado y exploraba el sexo de Aelita.

—No deberíamos hacer esto… —le dijo. Sam se detuvo, un tanto decepcionada—, en el agua… aquí nos bañamos todos —terminó, con una sonrisa.

Sintiéndose traviesas, salieron de la piscina y Aelita no tuvo tiempo de llegar a la toalla antes de que Sam la atrapase y volviera a estimular su intimidad. Suave, despacio. Escuchando los gemidos de su amiga que la estaban excitando mucho. Volvió a besar su cuerpo mientras se ponía de rodillas frente a ella. Con cuidado, separó sus labios y empezó a lamer su sexo. Aelita pensó que se iba a caer del placer. Sam era delicada con ella. Su lengua parecía saber en qué puntos tocar. Claro… ella también conoce lo que es tener vegina, pensó. Y era cierto. Sam probaba a estimular como sabía que Odd lo había hecho con ella muchas veces, y el resultado parecía bueno. Y su sabor era completamente nuevo para ella pero estaba bien. Se sujetó a la cintura de Aelita mientras la seguía llevando al orgasmo. Y fue cuestión de minutos conseguirlo.

—¿Qué tal? —preguntó Sam, se habían echado sobre la toalla para reponerse—. ¿He sido…?

—¿Buena? Muchísimo —admitió Aelita, un poco azorada.

—Gracias, pero… quería saber si he dicho tu primera chica —dijo avergonzada. La pelirrosa asintió—. Espero no ser la última entonces.

—¿Yumi? —preguntó la chica.

—Por ejemplo.

—Eso que dices es… tentador. Pero primero… te debo algo…

Sam se dejó separar las piernas por Aelita. Verla en cuatro encima de ella era tentador. Aelita se reclinó y lamió el sexo de Sam. Ella jadeó. Aunque su técnica era algo tosca, parecía buscar esos puntos de placer que tanto le gustaban… Oh, y ahora estimulación manual en sus pechos. ¡Aaaah! Pero si era una niña mala… Aelita pellizcaba sus pezones, no le hacía daño, aplicaba la presión exacta para excitarla. No protestó por aquellos cuidados, pidió más entre sonoros gemidos y Aelita se lo concedió, sonriendo cuando logró que Sam llegara al final.

—¿Qué tal lo he hecho? —preguntó Aelita.

—Fantástico.

—¿Mejor… que Odd? —se atrevió a decir, intentaba jugar aunque le daba vergüenza.

Estás al nivel —respondió Sam en su oído, provocándole un escalofrío.

—Oye… Nunca lo había hecho. Pero una vez… —la pelirrosa empezaba a ponerse colorada—, vi un video… de adultos… de dos chicas.

—Oh —Samantha se sorprendió pero no dijo nada—. Y ¿qué viste? —preguntó en tono sugerente.

Aelita se lo contó, y Sam decidió que era momento de ponerlo en práctica. Cruzó una pierna con la de su amiga, y aproximó sus sexos. Cuando estuvieron unidos comenzó un suave movimiento, provocando el roce entre ambas. Aelita suspiró. Movió sus caderas también, mejorando las sensaciones. Poco a poco sus cuerpos aprendieron a adaptarse al ritmo de la otra. Se miraron con una sonrisa tímida. Algo tan bueno no puede ser malo, pensó la pelirrosa para sus adentros.

En ese momento Samantha estiró una mano y empezó a acariciar uno de los pechos de Aelita. Esta sonrió complacida. Probó a devolverle el gesto. Le gustaba el tacto del cuerpo de su amiga. En aquella posición continuaron moviéndose, al calor y el placer aumentaban. Se dejaron llevar por el momento hasta que lograron llegar al orgasmo, cayendo hacia atrás derrotadas por el placer.

—Gracias… —susurró Aelita.

—No tienes que dármelas… —respondió Sam, recuperándose.

—Claro que sí. Por animarme a probar esto. Me lo he pasado genial —dijo la pelirrosa—. Oh… no sabía que estaba el palco lleno.

Yumi, Jeremy, Odd y Ulrich habían salido al jardín y habían contemplado el espectáculo. El cual se notaba en los tres chicos lo mucho que les había gustado. Los seis sonrieron, y volvieron a meterse en el salón rápidamente. El sol empezaba a pegar fuerte fuera, y en el interior tenían aire acondicionado. Necesario para continuar con sus juegos.

Cuando Aelita fue a echarse al sofá, alguien tiró de su cintura suavemente. Era Ulrich, quien la abrazó suavemente desde la espalda, y de pronto se vio también rodeada de frente. Odd la miraba sonriente. El pulso de la chica se aceleró. Dos chicos a la vez. Podía sentir sus erecciones preparadas para la acción. Sí, eso estaba bien. Besó a Odd antes de girar a darle otro beso a Ulrich, y movió sus caderas, de modo que su trasero jugaba con el pene del rubio.

Jeremy no tuvo tiempo de reaccionar pues Sam y Yumi le flanquearon, y notó sus manos estimulando su erección. Eso no era justo. Pero no podía hacer nada, estaba derrotado. Sintió que su boca era invadida por la lengua de la japonesa, y no tuvo un momento para recuperarse cuando Sam también le besó. Qué maravilla. Se dejó llevar por el momento.

La pelirrosa disfrutaba nuevamente de la sensación de Ulrich dentro de ella. Estaba tendida sobre el alemán, con su cuerpo adaptándose a su erección, mientras Odd dilataba su trasero. Lo hacía de un modo exquisitamente bueno. Cuando estuvo preparada gimió pidiendo que continuase. El rubio la penetró con suavidad, y empezó a moverse a un ritmo casi sincronizado con el de Ulrich. Aelita jamás se había visto en una situación así y le encantaba.

Por su parte, Jeremy estaba de rodillas en el suelo, penetrando a Yumi repetidamente. Sus manos bien firmes en sus caderas, y aunque para la japonesa se móvia un poco despacio, lo disfrutaba. Ya era hora de que se dejase llevar, pensó. Justo encima de ella, con las piernas separadas, estaba Samantha, dándole acceso completo a Jeremy para hacerla disfrutar con su lengua. Le acariciaba la cabeza, enredando la mano con sus cabellos. Sí, lo había bien. Seguro que por eso Aelita siempre está sonriendo, pensó.

Aquello dinamitó el orgasmo del grupo en diferentes tiempos. Pero estaban desatados. Odd le susurró algo al oído a Aelita, quien sonrió y corrió a juntarse con las chicas.

—Lo siento, Jeremy… pero ahora me toca a mi con ellas —dijo dulcemente.

De modo que su novio fue a por la compañía de Ulrich y Odd. Estaba un poco nervioso, pero le había excitado verlos jugar antes. Y aunque le daba miedo esas vacaciones estaban rompiendo todas sus barreras.

Odd le recibió con un beso en la boca, lento, acariciándole el torso. Ulrich se sumó rápidamente, mientras acariciaba la espalda de Jeremy. Su otra mano se encontró con la de Odd en el pene del chico, y le estimularon hasta que su erección estuvo preparada. Esforzándose por corresponder, Jeremy buscó los miembros de sus amigos y los estimuló con la mano. Luego, Ulrich bajó por el torso de Jeremy y empezó a lamer su pene. Jeremy jadeó. Y cuando vio a Odd incorporarse, con su pene endurecido apuntando hacia él, no dudó en empezar a lamerlo. Continuando el juego, volvieron a cambiarse, de modo que Odd le hacía la felación a Jeremy mientras este se la devolvía a Ulrich.

En su lado del salón, Yumi se turnaba con los besos con Sam y Aelita. Cuando se besaba con una, la otra atacaba sus senos sin piedad, y al mismo tiempo, los dedos de sus amigas exploraban su sexo dulcemente. La japonesa estaba en una nube. No entendía qué les pasaba pero no se podían detener. Empleó sus manos también para estimular a sus amigas, y sus gemidos de placer la excitaron aún más. Aquello era maravilloso. Sentía que iba a estallar en cualquier momento.

Miró hacia el grupo de los chicos, pero se dio cuenta de que Ulrich estaba demasiado ocupado en ese momento. Habían detenido el juego cuando estaban a punto de eyacular, solo apenas unos momentos, lo suficiente como para poder mantener el juego. El italiano se había quedado ofrecido para Jeremy, y este empujaba su pene con cuidado dentro de él. A su espalda, Ulrich deslizaba su erección con cuidado dentro de Jeremy, y se movía a un ritmo lento, permitiendo que los tres se adaptasen a aquel juego.

Yumi de pronto sintió que algo irrumpía entre sus piernas. Era la cabeza de Aelita, que había empezado a darle sexo oral. Samantha hizo lo mismo con la pelirrosa, y Yumi se dejó llevar. Enterró la cabeza entre las piernas de Sam y empezó a lamer su sexo. El sabor era extraño. Pero… estaba bien. Entre las tres continuaron dándose placer hasta que llegó el momento más delicioso.

—Así que lo estamos pasando de maravilla —comentó Sam, que se había tumbado en el sofá, con Jeremy apoyando la cabeza sobre ella.

—Ha sido la mejor idea en años —reconoció Ulrich, que mantenía a Aelita entre sus brazos.

—Por algo ha sido nuestra —presumió Odd, que estaba acurrucado con Yumi en un cómodo sillón reclinable.

En ese momento se tuvo que levantar, pues alguien le llamó al teléfono. Y cuando vio quién era, puso el manos libres.

—¡William! ¿Qué pasa, qué es de tu vida? —preguntó.

—Hola, Odd, ¿qué tal? —respondió el escocés—. Oye, ¿me dijisteis que estábais en Cannes?

—Así es. ¿Por?

—Estoy de ruta por el Siagne. Por si querías comentárselo a los demás y nos vemos mañana por aquí.

—¿Qué estás, de acampada?

—De ruteo. ¿Os parece si quedamos? Os paso mis coordenadas.

—Sin problema. Jeremy y Aelita están también con nosotros —le dijo Odd.

—¡Cuantos más mejor!

—Y Sissi iba a venir mañana… la recogemos y vamos contigo —propuso.

—Estupendo. Os veo mañana. Da recuerdos.

—De tu parte —y colgó—. Bueno. Parece que mañana Ulrich no será el único en añadir a alguien a nuestro juego particular —bromeó mirando a Yumi.

—Al paso que vamos… espérate que no estrene yo a Sissi y Ulrich a William —bromeó la japonea, y hubo una carcajada general.

Odd envió un mensaje a Sissi, quedando con ella de camino al Siagne, y luego se fueron a comer. Necesitaban reponer fuerzas… para seguir jugando toda la tarde.

Al día siguiente, Ulrich y Yumi recogieron a Sissi en su vehículo mientras eran seguidos por el de Odd, donde también iban Sam, Jeremy y Aelita. Se habían vestido, por supuesto. Pero la morena ignoraba que a lo mejor no terminaban así el día. Ulrich condujo de acuerdo a la ubicación que les había enviado el escocés, y encontró un pequeño saliente del camino donde podía dejar el coche: justo donde su amigo tenía aparcado el suyo. Odd aparcó a su lado. Era un buen sitio: muy verde por la hierba y los árboles, y fresquito por el aire que venía del río. William apareció un minuto después.

—¡Hola, chicos! ¿Qué tal todo? —preguntó.

—De maravilla —dijo Ulrich y le estrechó la mano—. ¿Y tú?

—También. Venid, mirad donde estoy.

Siguieron al escocés entre unos pocos árboles, y no tardaron en llegar a un claro donde había instalado una tienda, y sobre un puñado de rocas había encendido un fuego. Además había puesto algunas sillas para poder disfrutar de aquel sitio cómodamente.

—¿Y has ido cargado con todo eso? —preguntó Ulrich, sorprendido.

—Bueno. He estado viéndome con otros ex-compañeros de Kadic durante el viaje —comentó el escocés—, así que me hice con unas cuantas por si acaso.

—Bonito sitio —comentó Sissi.

Y ante la sorpresa de todos, se quitó la camiseta, y el pantalón, dejando ver un bonito bikini, y se fue al agua. Poco a poco, se fue tumbando hasta flotar en el agua. De modo que los demás hicieron lo propio, y bajaron a refrescarse al río. Pasaron un rato agradable chapoteando y hablando, y cerca de la hora de comer, salieron para secarse.

—¿Habéis traído comida? —preguntó William.

—Lo tenemos en el coche —dijo Yumi—. ¿Me acompañas?

El escocés fue con Yumi a la zona de los coches. Yumi abrió el maletero del suyo, donde estaba una nevera de viaje para conservar la comida.

—Con esto habrá de sobra —comentó William echando un vistazo al interior—. Esto… ¿Yumi?

—¿Sí?

—¿Hay alguna razón por la que… me estés tocando el culo? —preguntó el escocés, nervioso.

—Sí —respondió ella, y obligó a William a girar para quedar frente a ella. Sus rostros, separados por al menos unos milímetros—. Estos días, Ulrich y yo… hemos flexibilizado nuestra relación con nuestros amigos —le explicó—. Y tú eres nuestro amigo —añadió con una sonrisa.

—Eso significa…

—Ven.

Yumi cerró el maletero y tiró de su amigo al interior del coche. Allí le atrapó entre sus brazos, y le besó con fuerza. William no se lo creía. ¿De verdad Yumi…? Tenía que estar soñando… era imposible que su amiga se hubiera quitado la parte de arriba del bikini. Pero ella le miraba sonriente.

—¿De verdad… puedo? —preguntó.

—Claro.

—¿Y Ulrich?

—Espero que haciendo lo mismo con Sissi… Vamos, William, tócame —pidió la japonesa.

Las manos de William eran cálidas y agradables. Disfrutó del masaje que le hizo en los senos. Y gimió cuando empezó a emplear su boca para lamerlos. Le acarició los cabellos, invitándole a no detenerse, disfrutando de la sensación. El chico era bueno, sin duda. Disfrutó de la sensación, hasta que decidió que era el momento. Tiró suavemente de su bañador, liberando su erección.

—Yumi… yo… —dijo él, avergonzado, viendo cómo la chica desataba su braguita.

—Vamos… quiero sentirte dentro —respondió ella, en tono sugerente—. Demuestra cómo te gusto.

William no se lo pensó dos veces, e introdujo su miembro erguido en el sexo de Yumi. Sus bocas corrieron al encuentro mientras sus cuerpos empezaban a moverse, buscando el ritmo del otro. Yumi se sorprendió a si misma cerrando las piernas alrededor de la cintura del escocés. Era bueno, sí. Y por fin podía disfrutarlo. Solo esperó que su novio lo estuviera pasando igual de bien que ella.

—No me creo esto… —comentó William sin dejar de mover sus caderas.

—Pues es verdad… sigue, sigue… aaaah —gimió Yumi—. Me gusta…

El chico se movió más velozmente. Iba a acabar muy pronto. Sí, si Yumi era lo que quería. Se dejó llevar por el momento, disfrutando de la experiencia hasta que al fin eyaculó. Cayó derrotado encima de Yumi, quien le abrazó.

—Muy bien, muy bien… me ha gustado mucho —aseguró.

—¿De verdad?

—Sí… y si prefieres venir con nosotros, podremos hacer esto más veces. A no ser… que ahora que me has probado ya no te interese —dejó caer.

—No digas eso. Me encantaría volver a probar.

—¿Vamos a ver qué están haciendo los demás? —propuso la japonesa.

Mientras Yumi se había llevado a William, Ulrich propuso a Sissi nadar un poco más abajo. Fue seguido por la morena, y no corrió mucho hasta que encontró un pequeño claro al lado de la orilla. Salieron del agua, y se secaron al sol, de pie de cara al astro rey.

—Buen día, ¿verdad? —dijo Ulrich.

—Maravilloso. Os echaba de menos —respondió Sissi.

—Y aún podría mejorar.

Sissi no lo entendió. Y todo su cuerpo se tensó cuando de pronto su amigo le abrazó por la espalda y acariciaba su vientre.

—Ulrich… ¿Qué haces?

—Intimar… —dijo él.

—¿Qué…? Yumi y tú…

—Ella y yo ya hemos "intimado" con todos los demás —le dijo—. Así que pensé que podría apetecerte… un poco de sexo.

—No juegues conmigo —pidíó la morena.

—No lo hagó.

Y Sissi se vio girar sobre si misma hasta quedar frente a Ulrich, que le daba un beso en los labios. Se dejó llevar por el momento. Se sentía tan bien. Sintió las manos de Ulrich tocarle el trasero y se quitó la prenda que lo cubría. Suspiró. Su cuerpo junto al de Ulrich… podía sentir su erección apretando contra ella. Pero primero le quitó el sujetador, antes de quitarse el bañador.

—Desnudos y en el río… —comentó Sissi.

—Sí... qué morbo —dijo Ulrich.

—Mucho.

Y Sissi volvió a besar a Ulrich mientras probaba a tocar su pene erguido con la mano. Suspiró. Quería hacerlo con él. Tal vez en ese momento el alemán le dijese que todo aquello era una broma pactada… Pero se vio llevaba al suelo, quedando a horajadas encima de él. Y se dejó caer sobre su erección.

Gimió cuando por sin estuvieron unidos. Aquello era mejor de lo que había pensado nunca. Empezó a moverse a buen ritmo srriba y abajo, disfrutando de la sensación del chico penetrándola. Gimoteó más fuerte cuando le notó jugando con sus pechos. Sentía cada vez más cerca su orgasmo. Solo quería una cosa, acabar al mismo tiempo que Ulrich. Y sonrió satisfecha cuando se cumplió su deseo. Cayó derrotada encima del castaño.

—¿Te ha gustado? —preguntó Ulrich.

—Claro que sí… ¿De verdad está bien lo que hemos hecho?

—Lo está —aseguró Ulrich—. Vente con nosotros a la casa de vacaciones. Podemos pasarlo tan bien como queramos.

Sissi asintió. Quería formar parte de la experiencia. Llevando los bañadores en las manos, pues no les apetecía taparse, volvieron con el resto del grupo. Y vieron a Yumi y William, desnudos, contemplando una escena. A Ulrich ya le parecía muy típico, pero a Sissi se le cayó la mandíbula cuando vio que, en su ausencia, los otros también estaban teniendo sexo.

Odd tenía las manos en la cadera de Aelita mientras la penetraba a buen ritmo. Ella estaba tendida bocarriba, disfrutando de las acometidas, y de los labios de Sam, que estaba en cuatro encima de ella, robándole besos y lamiendo sus pechos, mientras recibía a Jeremy dentro de ella. Las manos de las chicas se acariciaban mutuamente, mientras llegaban al orgasmo. Aquello era una maravilla para los cuatro, y cuando por fin terminaron, se fijaron en sus amigos que les contemplaban.

—¿Os gusta lo que veis? —preguntó Odd.

—Mucho —respondió Yumi—, ya veo que no os hacemos falta —bromeó.

—No digas eso —dijo Sam—. Yo repetiría encantada, pero… ¿comemos? —preguntó.

Optaron por preparar la barbacoa con los bañadores puestos, y así evitar las tentaciones. Comieron con ganas, y descansaron un rato.

—Entonces… ¿podemos tener sexo… libremente? —preguntó William.

—Sí. Tanto como queramos —dijo Aelita—. Es decir, salvo que alguno no tenga ganas, aunque… Eso de momento no ha pasado —rió.

—Ya veo.

—¿Y lo habéis hecho todos con todos? —preguntó Sissi.

—Sí. Y no solo como crees —respondió Jeremy.

—¿A qué te refieres?

—Te lo mostraremos —dijo Odd.

No será verdad, pensó Sissi cuando vio que con Odd se levantaba Ulrich. Pero de pronto les vio darse un beso. Sorprendida por la situación, contempló como el alemán bajaba al pene de Odd y lo erguía empleando la boca, antes de ofrecerle su trasero. El rubio le penetró con cuidado. Y en ese momento, Sam se puso en pie y sesituó con cuidado debajo de Ulrich. Este tiró de ella y empezó a embestirla.

Como atraída por un embrujo, Yumi se acercó al grupo y empezó a besarse con Odd, separando sus piernas. En ese momento, Jeremy tomó la mano de Sissi y la llevó a la acción. La chica admiró el sexo expuesto de Yumi, y se animó a probarlo con la lengua. Era extraño, pero… no iba a protestar pues en ese momento Jeremy empezó a lamerle el suyo, tendido bocarriba. William miró a Aelita, y ella asintió. Con cuidado, el escocés se sentó sobre la erección de Jeremy, y se sorprendió de las sensaciones tan buenas que sentía. Probablemente, mejoradas por la boca de Aelita, que le practicaba una felación al mismo tiempo.

Aquello resoltó orgásmico para todos ellos, en el sentido literal de la palabra. Pero apenas estaba empezando la tarde. Aquel claro del río era todo para ellos. Sam buscó a Jeremy en aquel momento, y le hizo tumbarse en el suelo para poder montar sobre él a horcajadas y disfrutar de sus movimientos. Aelita gateó a por su novio entonces y le besó, permitiendo que alguien pudiera darle sexo otal. Fue Yumi quien se acercó a ella, lamiendo su sexo con cuidado. Por su parte, William se había acercado a Sam por la espalda, y ahora penetraba su trasero. Sissi se acercó a Yumi, llevada por la curiosidad y empezaron a turnarse para lamer el sexo de Aelita. Yumi sintió que Ulrich empezaba a embestirla con cuidado, mientras que Odd hacía lo mismo con Sissi, que se encontraba desatada por la situación. Con cierto, cansancio, consiguieron llegar al orgasmo.

Ulrich empezó a lamer la erección de Jeremy, y entre sus piernas apareció William. Tumbado bocarriba, empezó a darle sexo oral, permitiendo a Sissi subir encima de él y a su vez, ella se besaba con Sam, que recibía la erección de Odd dentro de su sexo. Jeremy, a su vez, masturbaba a Yumi y Aelita, que estaban aferradas a él, disfrutando de su mano dándoles placer.

El tercer orgasmo fue decisivo para que el grupo quedase sin fuerzas por varios minutos.

—Esto es… una deliciosa locura —dijo Sissi.

—Pues… empieza a caer la noche —dijo Aelita—. Podemos volver a la casa… y dejarnos llevar.

Hubo un asentimiento general. Aquellas iban a ser las mejores vacaciones para todos.


¡Hola a todos! Felikis cumpliendo promesas y publicando un nuevo one-shot. Y no solo eso, ¡el domingo habrá otro de "Una nueva evolución".

Bueno, cerramos con este one-shot el verano. Como siempre, si se me ocurre alguna idea, o alguien propone algo que me inspire, pues... habrá one-shot. Pero de momento, me conformo con mantener el ritmo del drama-lemon del long-fic. Espero que esta historia larguita os haya gustado. ¡Animo, solo queda un tercio de año! ;)

Nath0722: Pues sí. Y este vale por unos cuantos, que ha salido larguito ;)

CarlosJim04: Ha sido orgía, sí ;) Ya que este último año he tenido abandonada la escritura, había que compensar.

Lo dicho, nos vemos en domingo en la update de CLUNE. Lemmon rules!