Fantasía secreta

Para desesperación de los vecinos, los gemidos se sucedían como cada sábado en el apartamento de Daisuke. En realidad, como norma general, él e Hikari no se privaban de una noche de sexo. Pero entre semana, las obligaciones respectivas entre sus estudios y trabajos a media jornada les llevaban a media horita de rigor practicando el misionero, de modo que el fin de semana se desataban como locos.

Sus encuentros, además, solían basarse en la dominación. Aquel día habían empezado en la cocina, con Daisuke disfrutando de sexo oral por parte de su novia, aprisionada entre él y la pared. Pero después de hacerle culminar, ella le había arrastrado hasta el sofá, plantándole su sexo sobre la cabeza, donde pudo disfrutar de su lengua haciendo maravillas en su intimidad. Después del orgasmo sus cuerpos se habían frotado entre si mientras iban hacia el dormitorio, donde él había ganado subiendo a la castaña sobre la cómoda, y tras separar sus piernas había empezado a penetrarla a buen ritmo.

—¡Sigue… sigue, mi amor…! —pidió ella mientras reprimía a duras penas los gritos. Daisuke había pasado una mano tras ella, y tiraba levemente de su cabello.

—¡Córrete, nena! —le instó Daisuke, y gruñó cuando sintió las uñas de su chica clavándose en su espalda—. ¡Acaba para mi!

—¡Tú también! ¡Quiero sentirte acabar! —suspiró Hiraki mientras jadeaba contra la boca de su chico, que aceleró aún más el ritmo. Iban a culminar, juntos—. ¡Aaaaah! ¡Te amo! —gimió, y en ese momento sintió a Daisuke eyacular—. ¡Taichi!

Y se quedó helada. ¿Qué acababa de decir? No… no era el nombre de Daisuke, que estaba agotado y ahora descansaba su cuerpo sobre el de ella. Había nombrado a su hermano. Como su novio se hubiera dado cuenta… Estaría en un buen lío.

Pero el castaño parecía no haberse dado cuenta. Jadeando, volvió a incorporarse, y sonrió a Hikari. Ella le devolvió la sonrisa, y se besaron, más lentamente.

—¿Te ha gustado? —preguntó Daisuke, mientras acariciaba la barbilla de Hikari.

—Mucho —respondió ella, y chupó el dedo de su novio gentilmente—. ¿Te apetece echar otro más calmado?

—Por supuesto —y ella se abrazó al cuello del chico, que la levantó por la cintura y la llevó hasta la cama.

Tendría que haberlo superado ya, pensó Hikari mientras se tumbaba sobre el torso desnudo de Daisuke. Hacía muchos años había tenido fantasías prohibidas con Taichi, pero ni se acordaba de aquello. Los meses con su novio habían sido muy buenos, y no entendía que de pronto aquellos viejos sueños se hubieran manifestado haciendo el amor con Daisuke, que en ese momento acariciaba todo su cuerpo gentilmente. Suspiró al sentirle jugar con sus pechos, tenía los pezones sensibles. Al menos él no te ha oído… es una suerte que sea tan fogoso.

Lo que ella no sabía era que Daisuke era un gran mentiroso. Había escuchado perfectamente a Hikari decir el nombre de Taichi en el momento en que culminaban a la vez. Por eso había enterrado la cabeza en el hombro de Hikari, para disimular. Y ahora, a su espalda mientras disfrutaba del tacto de su cuerpo, podía reflexionar al respecto.

Al fin y al cabo, su relación había empezado casi por accidente, en la fiesta de cumpleaños de Miyako. Habían bebido, solo un poco. No tanto como para perder la cabeza. O tal vez él un poco más, pues se había animado a darle un beso. Se había arrepentido casi en el acto, temeroso de que ella le odiara. Pero al contrario, ella se había vuelto a acercar a él y tras plantar sus labios sobre los de él, le había pedido ir a su casa. El aire les había ayudado a despejarse, y cuando llegaron al apartamento de Daisuke, ambos estaban seguros de que querían continuar lo que habían dejado a medias, así que habían subido y se había hecho la magia. Al día siguiente, ella amaneció cómodamente tumbada entre los brazos de Daisuke.

Empezó a jugar con el sexo de Hikari, que tembló levemente. Bueno, estaba claro que le gustaba el sexo con él. Pero con respecto a esa fantasía oculta… debía hacer algo.

—Hola, Daisuke —saludó Taichi. El aludido ya le estaba esperando con una cerveza en la mesa—. No esperaba tu mensaje. ¿Qué tal todo?

—Regular —confesó este. Aguardó a que Taichi pidiera una cerveza antes de continuar—. Ha ocurrido algo.

—¿Con mi hermana?

—Sí.

—¿Algo… grave? —preguntó. El camarero le sirvió la cerveza rápidamente.

—Tal vez deberías tomarte eso antes de que te lo cuente —sugirió Daisuke.

—Oye… Si ha pasado algo con Hikari… —Taichi empezó a hablar más despacio y hablando entre dientes.

—No es algo grave. Pero es algo que tienes que saber. Y creo que te vendrá mejor escucharlo después de un trago.

—¡Daisuke! —gritó Taichi, y en seguida tuvo que encogerse. Había llamado la atención de los demás. Decidió seguir el consejo de su amigo antes de beber. Pero el castaño esperó a que hubiera tragado antes de contarle el motivo de su llamada.

—Creo que Hikari quiere acostarse contigo —dijo. Se incorporó levemente, pues notó que el puño de Taichi se cerraba y no quería que terminase rompiéndole la nariz—. Relájate. El otro día, cuando lo hacíamos…

—No me provoques… —le recordó Taichi.

—Tío, madura. Sabes que ella y yo empezamos por un polvo —espetó Daisuke—. Y dijiste que mejor yo que algún gilipollas que no conocieras, ¿no?

—¡Eso no significa que quiera detalles! —gruñó Taichi—. ¿Y qué es eso de que Hikari quiere…? Argh —no era capaz de decirlo.

—Como te decía, el otro día mientras lo hacíamos… dijo tu nombre —explicó Daisuke—. Ella cree que no me di cuenta. Pero creo que ella misma no se ha dado cuenta de que no es la primera vez…

Taichi apartó la mirada. Aquella conversación no tenía nada de cómodo.

—Me equivoqué. No debía dejarte salir con ella. ¿Cómo puedes decir algo tan horrible?

—¿Quién dice que sea horrible? —preguntó Daisuke—. Mira, no soy el primero en pensar que… Hay amigos que piensan que ella siempre te ha visto con otros ojos.

—Dame nombres —exigió Taichi.

—Ni de coña. No he venido a delatar a nadie —dijo Daisuke—. Solo he venido a cumplir lo que te prometí.

—¿Qué me prometiste?

—Cuando empecé a salir con Hikari me dijiste, y cito: "Haz que sea feliz o te romperé las costillas". Y eso quería hablar contigo. Quiero hacerla feliz. Y si eso incluye una fantasía contigo… no me opondré a ello.

Antes de darse cuenta, Taichi había puesto un billete en la mesa y se había levantado hecho una furia, dejando su cerveza apenas sin tocar, saliendo a grandes zancadas de allí. Daisuke apuró la suya y salió corriendo detrás de su amigo. Afortunadamente, Taichi le había sometido a unos entrenamientos muy severos así que tenía agilidad para alcanzarlo.

—¡Vete antes de que te meta una hostia! —advirtió Taichi.

—Somos adultos. Vamos a hablar.

—¿Hablar? ¿Tú te das cuenta de lo que me estás proponiendo?

—Sí. Y no quería ofenderte. Oye, peor me tendría que sentar a mi que mi novia piense en otro mientras lo hacemos, ¿no?

—¡Es mi hermana!

—Lo sé. Sé lo que te he pedido. Llevo toda la semana pensando en ello y asimilando lo que iba a decirte. Somos mayores. Nada de lo que hagamos saldrá de la seguridad de mi piso. ¿Que está mal? Bueno. Eso es una opinión. Y no es la mía.

—Estás mal de la cabeza.

—Es extraño. Hace un buen rato que te lo he propuesto. Y aunque te has puesto de todas las formas posibles, no has dicho "no" —reflexionó Daisuke—. Taichi, ¿podemos hablarlo de verdad? ¿Me escucharás?

Hikari llegaba a casa el sábado. Se había retrasado un poco aquel día visitando a su madre. Solo esperaba que a Daisuke no le importase demasiado. Además, a ella también le apetecía sexo aquel día. Pero centra tu mente. Estás con Daisuke. Y vas a hacerlo con Daisuke, se recordó a si misma mientras subía las escaleras. Y te gusta porque os adaptáis genial. Se apresuró en sacar la llave y abrió la puerta.

—¡Hola, amor! —saludó—. Perdona el retraso, estaba con mi… madre. ¡Hola! —saludó—. No te esperaba por aquí.

Taichi acompañaba a Daisuke en el salón. Se puso un poco nerviosa. Sus ideas de aquella noche variaban ligeramente. Bueno. Sería el primer sábado desde que estaba con su novio que no tendrían sexo desatado. No era el fin del mundo. Sonrió con amabilidad y fue a saludar a su hermano.

—No te preocupes. Daisuke me estaba enseñando el apartamento. Supongo que tenéis espacio de sobra para ambos —comentó el mayor.

—Sí, aquí nos va muy bien —dijo la chica—. Daisuke, qué desconsiderado. Cuando vienen visitas se les ofrece algo de beber —le recordó.

—Creemos que es mejor no tomar nada —respondió este—. Ven. Hay algo que tienes que saber.

—No me asustes —pidió ella. Sintió un escalofrío cuando Daisuke tomó su mano e hizo que se sentara en el sofá, y otro aún más fuerte cuando su hermano se sentó a su lado.

—A ver… no se me ocurre una forma delicada de decir esto —empezó Daisuke—. Cariño, yo… el otro día, te oí gemir el nombre de Taichi cuando teníamos sexo.

A Hikari se le cayó el alma a los pies.

—Y no era la primera vez que…

—Esto es un poco violento —susurró la chica, que en ese momento no se atrevía a apartar la mirada del suelo. No quería mirar a Daisuke, y sentía demasiada vergüenza para mirar a Taichi.

—Tranquila, cielo. Lo he hablado con él. Y hemos llegado a un acuerdo.

—Un acuerdo… —susurró ella. Estaba a punto de echarse a llorar. Era una maldita pervertida, y ahora iban a odiarla, y Taichi no querría saber nada más de ella, y Daisuke se desharía de una chica sucia que tenía fantasías con su propio hermano, y los demás…

—Taichi quiere saber si fue algo involuntario o… una fantasía real —explicó Daisuke. Su voz sonaba cada vez más dulce, intentando calmar a la chica—. Ha prometido que si fue algo que no pensabas, actuaremos como si nada hubiera ocurrido. Pero, si es una fantasía real… Le he convencido para que puedas llevarla a cabo.

—Loco… estás loco… —susurró ella. Aún se iba a echar a llorar—. No te rías de mi, por favor…

—No me río. Hikari, yo te quiero de verdad. Si quieres cumplir esa fantasía… mira…

Suavemente, levantó la mirada de Hikari suavemente por la barbilla, y la giró suavemente hacia donde estaba Taichi, que miraba sereno la escena. Sintió un escalofrío cuando su hermano sujetó su mano con cuidado.

—Puedes hacerlo si quieres. Nada saldrá de aquí. Ocurra lo que ocurra, será un secreto.

—Taichi… lo siento… debes pensar muy mal de mi…

—Eres mi hermana. No voy a pensar mal de ti. Y Daisuke ha dicho la verdad. Si es algo que quieres hacer, podemos. Y nadie lo sabrá.

—No te merezco, Daisuke —murmuró la chica.

—¿Eso es que quieres? —preguntó él.

Y, lentamente, Hikari asintió.

En ese momento, Daisuke empezó a besar su cuello desde su espalda. Ella cerró los ojos cuando vio a Taichi aproximarse a ella. Sus labios se encontraron en un beso tímido. Sintió que se ponía colorada. Su hermano le acariciaba la mejilla mientras que Daisuke exploraba por debajo de su blusa, masajeando su vientre.

—Daisuke… —suspiró, echando la cabeza hacia atrás para besar a su novio, y en ese momento su hermano aprovechó para besar su escote—. Ta… Taichi…

—Disfrútalo… esto es para ti.

Sintió que dos pares de manos levantaban su prenda. Sonrió complacida. Por un momento, Taichi se había quedado embobado por sus pechos. Le gustan, pensó. Y Daisuke le alzó los brazos, para permitir a su amigo retirarle el sujetador. Taichi pareció a punto de hacerlo, pero se lo pensó mejor y se quitó primero el jersey. Así, al aproximarse a ella, sus cuerpos quedaron en contacto mientras le quitaba el sostén. Las manos de Daisuke resbalaron suavemente hacia abajo y acariciaron los senos de Hikari.

—Tu también le puedes tocar —le recordó Daisuke, e Hikari aprovechó para tocar el cuerpo musculado de su hermano. El otro aprovechó ese momento para deshacerse de su camiseta, y luego empezó a acariciar la espalda de Hikari. Bajó hasta su cintura y le bajó el pantalón. Sonrió, ese día la chica se había puesto un tanga de color negro. Le acarició las nalgas mientras ella seguía explorando el cuerpo de su hermano.

—¿Por qué no… terminas de desnudar a Daisuke? —propuso Taichi. Ella asintió. Se dio la vuelta y empezó a quitarle el pantalón a su novio, momento en el cual su hermano le bajó el tanga lentamente. Tragó saliva. Podía ver las zonas más prohibidas de Hikari expuestas para él mientras acariciaba su suave culo. Había hablado con Daisuke antes, él le había aconsejado no verla como a su hermana, sino como a una mujer con quien iba a hacer el amor. Pero no podía. Era su hermana, y en ese momento ese pensamiento le excitaba aún más para hacerle el amor.

—Daisuke… te quiero… —dijo la chica mientras despojaba a este de su boxer, liberando su pene erecto.

—Yo también te quiero. Por eso quiero que te lo pases bien hoy —dijo, y le susurró—, vamos, desnuda a Taichi.

Ella asintió, y se giró a su hermano, quien se dejó hacer mientras le bajaba el pantalón. Era su último momento, el punto de no retorno. Pero miró a Taichi a los ojos y cuando asintió procedió a quitarle la última prenda. Sin duda, a él también le gustaba la situación.

Con el corazón, agitado, estiró las manos, y empezó a estimular a ambos chicos al mismo tiempo. Estos se tomaron un momento para disfrutarlo. Hiraki se esmeraba para hacerlos sentir bien. Se sentía halagada, estaban así de excitados gracias a ella. Sonrió a ambos, que le devolvieron el gesto, y ella se relajó. Lo pasaba bien. Y ellos también. Así que todo estaba bien.

Pero ninguno de ellos era amigo de estar mucho tiempo quietos, de modo que separaron sus piernas con cuidado. El ritmo de Hikari se resintió un poco cuando un dedo travieso de Daisuke se escurrió en su intimidad. Conocía bien su cuerpo, sabía cómo estimularla. Y en ese momento su dedo fue sustituido por el de Taichi. Gimió. Le gustaba. Un escalofrío cuando le acarició el clítoris. Tragó saliva. No podía aguantar más. Necesitaba que Taichi la tomase en ese momento. Miró a Daisuke, preocupada, pero él asintió.

—Vamos, cielo. Para eso ha venido.

Hikari detuvo sus manos y pasó una pierna por encima de las de Taichi. Eso fue fácil. Lo dificil fue bajar. Si lo hacía, se unirían del modo prohibido. Pero Daisuke estaba dispuesto a que llevase a cabo su fantasía, de modo que se puso tras ella y sujetó sus caderas. La hizo descender, poco a poco. El pene de Taichi apuntaba directo a su sexo. Tragó saliva cuando sintió que entraban en contacto. Se dejó caer, un poco más bruscamente de lo que le hubiera gustado. Pero estaban unidos, por fin.

Su lengua peleó desesperada con la de Taichi mientras se movía encima de él. Lo estaban haciendo. Tenían sexo. Sintió una punzada de culpa por Daisuke, que en ese momento se limitaba a acariciar y estimular sus pezones mientras ella disfrutaba del momento. Taichi se dejaba llevar también, adaptando su cuerpo a los movimientos de la chica. Su propia hermana era una mujer, y una muy atractiva. No supo cuanto tiempo tardaron en culminar por fin.

—Esto… no puede ser bueno… —suspiró Hikari, mientras se recuperaba. Taichi había culminado dentro de ella. Por suerte tomaba la píldora, pero aún así…

—¿Acaso no te ha gustado? —preguntó Daisuke, extrañado.

—Mucho, sí, pero… no quiero que te sientas de lado. Apenas te he hecho caso…

—Tenías una novedad que atender. Lo asumí cuando le ofrecí hacer esto.

—Aún así deberíamos haber usado condones —dijo Taichi.

—Sí, es posible… Solo espero que la noche aún sea joven.

Por toda respuesta, Hikari se puso en cuatro para él. Este sonrió y apuntó con su pene al sexo de Hikari, penetrándola suavemente. Se sujetó con cuidado a su cintura y empezó a acometerla a buen ritmo. Taichi se quedó por unos segundos observando cómo Daisuke trataba a su hermana en la cama antes de unirse a ellos. Juntó sus labios con los de Hikari, y ella le rodeó el cuello con los brazos mientras disfrutaba de las acometidas de Daisuke. Sonrió complacido. Se dio cuenta de que disfrutaba de la vista, ver a su hermanita gozando con el sexo era estimulante. Ella se dio cuenta, y atrapó su pene con la mano para masturbarlo.

—Taichi… espero que… después de esto… sigamos siendo hermanos… —pidió la chica aunque estaba muy próxima al orgasmo.

—Siempre lo seremos —aseguró él y abrió mucho los ojos cuando los vio culminar al unísono.

—Te noto más animada —comentó Daisuke mientras recuperaban el aliento. Hikari se había puesto en pie y ahora exhibía su cuerpo para ambos. Se dio la vuelta y movió el culo de un lado a otro para ellos.

—Esto ha sido maravilloso, Daisuke. Muchas gracias —comentó ella.

—Esto no ha sido todo —dijo él.

De pronto Hikari se vio alzada por los brazos de Taichi, que siguió a Daisuke hasta el dormitorio. Ahí dejó caer a la chica sobre el colchón. Cuando levantó la cabeza, vio que Daisuke y Taichi separaban sus piernas y se tumbaban bocabajo, quedando muy próximos a su sexo. Volvieron a acariciarlo y estimular su punto G, y no pudo evitar un grito de placer cuando notó la lengua de Taichi lamer su sexo.

Entre los dos empezaron a darle sexo oral, muy despacio al principio. Para ella, sentir aquellas dos lenguas dándole placer simultáneamente le provocaba espasmos de placer. Se agarró a las sábanas, su respiración estaba agitada. Los chicos parecían perfectamente sincronizados para darle gusto. Acompañaron sus lenguas con la presencia de diferentes dedos que la penetraban suavemente, aumentando su excitación. Se agitó aún más. Iba a acabar. Intentó avisar, pero estaba en una nube de placer en ese momento y simplemente se dejó llevar.

—Sois geniales —suspiró mientras se recuperaba de aquel asalto.

—¿Daisuke te hace eso con frecuencia? —curioseó Taichi.

—¡Claro que sí! —respondió este indignado, pero la exclamación de Hikari lo ahogó.

—¡Hermano! —estaba escandalizada.

—¿Qué pasa? —preguntó Taichi, encogiéndose de hombros—. Con la noche que llevamos…

—Aún así… —murmuró ella—. Y que aún estéis así… no es decente —comentó, viendo que los penes de ambos chicos permanecían erectos—. Ni yo sé cómo puedo seguir excitada… —confesó.

—Eso tiene solución —bromeó Daisuke—. Taichi…

—En realidad —interrumpió este—, preferiría veros en acción. Si os parece bien.

Hikari estaba muerta de vergüenza cuando se vio tendida en la cama, con las piernas separadas para Daisuke. Taichi estaba bajo ella, que empleaba sus piernas como almohada mientras este le acariciaba los senos. Suspiró cuando su chico la penetró, suavemente. Sonrió. Posiblemente, delante de Taichi no osaba hacerlo tan duro como de costumbre, pero no pasaba nada. Se sentía de maravilla. Y en ese momento se dio cuenta de algo.

—Taichi… tu pene —murmuró, al notar la erección de su hermano cerca de ella.

—¿Qué pasa? —preguntó él, confuso.

Ella se llevó un dedo a los labios, indicándole "silencio". El chico abrió los ojos sorprendido cuando, de pronto, Hikari atrapó su erección con la boca y empezó a lamerlo con cuidado. Diablos. Tal vez deberían haber establecido algunos límites, pero… en ese momento ya no importaba mucho. Hikari disfrutó de la situación, con Daisuke penetrándola mientras ella probaba el sabor prohibido de su hermano. Por su parte, su novio estaba más excitado por verla también en aquella situación tabú y no tardó mucho en eyacular. Ella misma llegó al orgasmo, pero no detuvo su boca hasta que logró que Taichi también culminara.

—Hikari… lo siento —dijo su hermano—. Tenía que avisarte, pero…

—Nada… —empezó ella— de lo que pase hoy es culpa de nadie… ni nos podemos enfadar por ello. Por favor.

—Vale… —aceptó Taichi.

—¿Tienes alguna otra fantasía en mente, mi amor? —preguntó Daisuke mientras trepaba por el cuerpo de Hikari y le plantaba un beso en los labios.

—¿Sin censura?

—Sin censura.

Taichi no se lo podía creer cuando Hikari trepó por su cuerpo y volvía a dejarse caer sobre su erección suavemente. Y él separó con cuidado las nalgas de su hermana, de modo que Daisuke pudo penetrar suavemente su trasero. Muy despacio, suavemente. Hikari estaba encantada con aquello. Los dos chicos la estaban haciendo disfrutar como nunca. Sentía cómo se deslizaban dentro y fuera de ella. Al principio el ritmo era extraño, y un tanto molesto, pero poco a poco mejoraban. Jadeó y suspiró mientras se encaminaba al orgasmo más poderoso de la noche. Giró la cabeza, reclamando los besos de Daisuke, y sus lenguas batallaron ferozmente. Luego volvió a mirar al frente y se besó con Taichi hasta que sintió que ambos eyaculaban simultáneamente, provocando su propio clímax. Cayó derrotada hacia adelante, sobre el torso de Taichi, y Daisuke la liberó.

—¿Lo hemos hecho bien? —preguntó Daisuke.

—De maravilla. Sois geniales. Me costará pensar que esto no va a repetirse… —reconoció—. Ven aquí —y le dio un beso—. Y otro para ti —le dijo a Taichi.

—Sí. Otro para ti —dijo Daisuke.

Y en ese momento, plantó un beso en los labios de Taichi, para sorpresa de este y de Hikari.

—Ostras… Sí que tenemos confianza ahora —bromeó Taichi. Pero sintió un escalofrío—. Oye…

Daisuke tenía la mano sobre el pene de Taichi, y empezaba a masturbarlo lentamente. Qué demonios…

—Daisuke… —murmuró Hikari, asombrada.

—No me odies —pidió el joven, y bajó lentamente por el cuerpo de Taichi.

Antes de que este pudiera impedirlo, se llevó su erección a la boca. El mayor ahogó un grito de placer. Imposible. Daisuke le estaba dando sexo oral. Y encima, ante la atenta mirada de Hikari, que tenía los ojos muy abiertos por la sorpresa. De pronto ella empezó a bajar también. Taichi suspiró aliviado, ahora le haría detenerse y… Pero no. Se miraron a los ojos y empezaron a darse un beso alrededor de su pene. Se turnaron para darle placer con la boca. Demonios… qué estaban haciendo.

—¡Voy a acabar! —avisó.

Daisuke tomó la delantera en ese momento a Hikari, y se aseguró de hacer culminar a su amigo. Suspiró aliviado cuando lo consiguió.

—Daisuke… ¿qué has hecho? —preguntó el mayor, avergonzado. Daisuke siempre había sido un alumno para él, como jugador de fútbol, como Niño Elegido. De pronto, tener relaciones sexuales con él, se le antojaba casi tan extraño como haberlo hecho con Hikari.

—Nada que no hayas hecho antes con Yamato, ¿verdad? —bromeó la chica.

—¡Eso era secreto! —protestó Taichi.

—Todos sabemos lo que habéis hecho. Y cuántas veces... —soltó Daisuke. Lo siento, Taichi, pero… yo también he tenido fantasías contigo. No me atrevía a decírselo a Hikari, pero después de verte en acción con ella no podía resistirme… quería saber qué se siente al hacerlo contigo.

—Pues no quiero que mi chico se quede con la duda… —dejó caer Hikari.

—¡Esto no puede ser más raro! —protestó Taichi.

—Puede serlo… si te confieso que tengo muchas ganas de verlo —dijo la chica—. Vamos, hermano. Haz feliz a mi novio —dijo mientras le acariciaba la mejilla a Daisuke. Este le sonrió, agradecía aquel comportamiento.

Su respiración se agitó solo de estar en cuatro sobre su colchón, con Taichi a su espalda. Hikari se colocó sobre sus rodillas frente a él, ofreciéndole sus muslos como almohada. El mayor, por su parte, tenía su pene en contacto con el culo de Daisuke. Este tragó saliva. Iba a ocurrir. Taichi y él, por fin, juntos. Tuvo que ahogar un grito cuando le sintió penetrándole. Se sintió por un momento culpable por Hikari. ¿Le dolía así cuando le daba sexo anal? A ella le ha gustado antes, se recordó, lo ha disfrutado. Seguro que tú también puedes.

De modo que cerró los ojos mientras sentía la erección de Taichi alcanzar su punto G. Justo ahí. Sonrió. Hikari le vio con la sonrisa, y supo que le estaba gustando. Su hermano empezó a penetrar a Daisuke, muy despacio al principio, arrancándole gemidos. El chico ya tenía práctica previa en aquellas artes, pero debía reconocer que Daisuke era… estimulante. Cada embestida que le daba le dejaba con ganas de más. Y además, se amoldaba muy bien a su cuerpo…

—Hikari… —le oyó decir—, separa las piernas…

Vio a su hermanita abrir sus piernas como Daisuke le indicaba y en ese momento contempló a su amigo enterrando la cabeza entre medias para darle sexo oral. Se aferró con más ganas a las caderas de Daisuke y empezó a masturbarle mientras le penetraba con más ganas, hasta que eyacularon. El gemido de Hikari le indicó que ella también había culminado.

—Entonces… ¿Con quién te ha gustado más? ¿Con Yamato o conmigo? —preguntó Daisuke. Tanto Taichi como Hikari estaban con la cabeza apoyada en su torso.

—Eso no se pregunta —dijo Taichi—. Pero contigo —susurró.

—Hermano… muchas gracias por la noche de hoy. No sabía qué pensar cuando empezamos pero me ha gustado mucho.

—A mi también. Aunque estáis mal de la cabeza, los dos. No me extraña que estéis juntos —comentó el mayor, y la parejita sonrió.

—Pero hay algo que me preocupa. Hoy solo nos hemos ocupado de nuestras fantasías. Taichi… ¿hay algo que hayas querido hacer y que no haya sido posible?

—Pues cuando hemos empezado no, pero ahora mismo sí que tengo una fantasía en la cabeza —respondió este, y sonrió—, quiero repetir.


¡Hola a todos!

Sí, sé que este año estoy actualizando este fanfic con la misma frecuencia que Homero actualiza "La Odisea", pero tenía ganas de escribir esta pequeña locura. Espero que os haya gustado.

Sí, aún tengo pendiente escribir el final de la historia entre Taichi/Sora/Hikari/y las mamis. Quiero tenerlo listo esta semana, y espero cumplir con el plazo.

Knight Rider Zero: Me alegro que te gustara, aunque ahora mismo no tengo ideas para escribir la secuela. En cuanto a las ideas que me das me las anoto por si se me ocurre algo.

Nos leemos por estos lares. Lemmon rules!