13 Un mes después
La rutina se repetía para los Guerreros de Lyoko. En la clase de matemáticas, Jeremy estaba enfrascado tomando notas para los apuntes, acompañadas gentilmente de notas explicativas para William, quien copiaba de sus apuntes con ningún disimulo. Luego pasaría esas notas a los demás. Sí, para envidia de más de uno en la clase, que lamentaban no haber sido más sociables con el chico rubio cuando tuvieron la oportunidad.
Aunque lo que más llamaba la atención de mucha gente no era tanto aquello, sino el hecho de que desde hacía muchos días Ulrich se sentaba al lado de Sissi en todas las clases. Especialmente desde que se había sabido que él y Yumi habían cortado. La situación incluso había despertado los celos de Hervé, que había montado un escándalo en el patio acusando al alemán de "acercarse al árbol que más sombra le daba", a lo que este simplemente le había contestado que se guardase sus estúpidos celos donde le cupieran.
—Oye. ¿Qué crees que hay entre esos dos? —preguntó Sam a Carlos, con quien compartía mesa aquel día. Estaban sentados al lado de la ventana, y el chico se había distraído con una nube en forma de tocadiscos.
—Bueno, dicen que solo son amigos, ¿no? —respondió él—. Y además, estoy seguro de que Ulrich se arrepiente de lo que hizo.
—No sé que decirte... Confío en Sissi, pero ella siempre ha sentido cosas por Ulrich, y aunque al principio decía que no volvería a sentirlo, ahora que están tanto tiempo juntos, podría aflorar algo...
—¿Crees que pueden terminar juntos?
—Yo solo sé lo que Odd me ha dicho. Que Ulrich lleva dos noches durmiendo fuera del cuarto. No es muy difícil saber con quién pasa esas noches...
Carlos pensó en argumentar que esa noche él había dormido con Sam y eso no implicaba nada entre ambos, pero prefería evitar que se supieran ciertas cosas. Especialmente desde que Emily y Patrick se habían acostado no sabía a qué atenerse sobre su situación con nadie.
—Bueno, él rompió con Yumi. Si termina con Sissi, es asunto de ellos. Lo que no creo es que lo haya dejado con una para ir a por la otra —optó por decir.
Sam no respondió. Sus dudas sobre la situación eran en parte egoístas. Mientras Ulrich estuviera fuera de juego, quería decirse que Yumi estaba libre. Y tal vez (solo tal vez) ella tuviera una oportunidad con ella. No es que confiara en ello, ni mucho menos, pero en el fondo esperaba que pudiera ocurrir algo. Algo bonito entre ambas.
—Además, le falta el brillo.
—¿Eh?
—El brillo. Si le gustara Sissi, él tendría otra expresión, está demasiado serio. Y a ella no le brilla la mirada cuando le mira, ¿lo ves? —preguntó haciendo un disimulado gesto hacia ellos.
—Si Emily te oyera decir eso, te pegaría por ser incapaz de verlo con ella —bromeó Sam—. Oye, ¿me puedes pasar los apuntes esta noche? Tengo algo que hacer por la tarde.
—Claro —respondió él.
—Gracias.
Por su parte, los demás estaban en una interesante clase de Historia. Interesante como la caída de la hoja en otoño, llamativo como ver caer el agua de un grifo estropeado que no cierra bien. Aelita tomaba notas mientras Odd contorneaba algunos cuadrados de su cuaderno como si fueran piezas del Tetris.
—Podrías molestarte en atender al menos —comentó la pelirrosa.
—¿Me ves capaz de enterarme?
—No cuando bates tu propio récord en el Paper Tetris, y encima ni siquiera te lo pones difícil —ironizó ella.
—Esta tarde podrías echarme una mano con el estudio —pidió él.
Aelita negó con la cabeza y siguió atendiendo. Por su parte, Odd echó una mirada discreta hacia atrás, pero a quien pretendía mirar se encontraba enfrascada en sus apuntes también.
Laura atendía mientras susurraba a Patrick alguna nota aclaratoria. Le resultaba difícil, pues era más cómodo para ella centrarse en escribir a su ritmo sin distracciones. Y también ocurría que Patrick desviaba la mirada con cierta frecuencia.
—La vas a desgastar —dijo. Y se echó a reír cuando vio que Patrick había anotado "La vas a desgastar" entre sus notas—. Deberías decirle algo si tanto te gusta.
Por toda respuesta, Patrick soltó un suspiro. Si, la verdad era que Emily le gustaba, pero no le gustaba tanto la encrucijada constante en la que parecía estar. Era cierto que en la cama se habían entendido estupendamente (Y más de una vez, se recordó) pero no por ello debía lanzarse a la piscina sin más. Tampoco es que se atreviera a hablar con ella al respecto. Y en cierto modo, eso era cómodo. Una relación sin compromiso. Y aún así...
—Si no le vas a decir nada, sigue atendiendo. Luego siempre entran las dudas —le riñó la rubia.
—¿Tú no tienes dudas acaso?
Laura tardó un par de segundos en responder.
—¿Dudas? ¿A qué te refieres? —se preguntó si tanto se le notaba.
—Odd. Es evidente que desde que no está con Sam se ha interesado más por ti. Eso... y que mi primo también te escribe mucho por las noches.
—Eso no es verdad —mintió Laura. Lo cierto era que Jeremy se había acostumbrado a tertuliar con chat con ella por las noches. Pero solo hablaban de criptomonedas y blockchain, de ahí a decir que tenía algún interés... A quien sí se lo notaba era a Odd. Pero no era capaz de corresponder a aquellos sentimientos, si realmente los había—. Pero te aseguro que no tengo ninguna duda —volvió a mentir. Lo que pasaba era que ninguno de sus amigos marcaba esas dudas.
—¿Todo bien al fondo? —preguntó el profesor, que había escuchado algunos susurros al fondo del aula.
—Sí, señor —respondió Laura mientras garabateaba otra nota en el folio. Bien pensado, tendría que hacer alguna visita aquella tarde, después de estudiar.
Jamás hubiera pensado que volver a Kadic le haría palpitar el corazón como lo sentía a veces.
Cuando por fin se vieron liberados de las clases, Samantha subió a dejar la mochila en su dormitorio. Se miró al espejo. Modestia aparte, estaba buenísima. No se iba a molestar ni en arreglarse. Se tiró un beso a si misma y salió de allí a paso ligero.
Caminó a buen paso a casa de los Ishiyama. La conversación con Carlos le había abierto los ojos. O tal vez, atenazado sus miedos. Si lo de Yumi y Ulrich era solo un paréntesis... tenía que mover ficha antes de que volvieran a juntarse. No era que odiara a Ulrich, le tenía aprecio. Pero él había pasado su turno. Bueno, pues ahora otros jugadores se podían meter en la partida. No había tenido intención de hacer nada con la japonesa por respeto a su relación. Pero ahora ya no hay relación.
Y siempre estaba la posibilidad de que William ya la hubiera tirado ficha. Con ese pensamiento apretó un poco más el paso hasta que llegó a casa de su amiga, y llamó al timbre. Pero no fue ella quien abrió, sino el pequeño Hiroki.
—Hola, Sam —saludó—. ¿Vienes a ver a Yumi?
—Sí. ¿Está?
—En su cuarto —respondió este y se hizo a un lado para dejarla entrar.
Con la sensación de que el joven Ishiyama le miraba el culo mientras subía por las escaleras, se dirigió a la habitación de Yumi. Golpeó la madera con los nudillos y entró cuando una voz dentro le dijo "Pasa".
En un primer vistazo, era obvio que Yumi no estaba pasando por su mejor momento. Se hallaba en la cama, con las piernas encogidas y un libro reposando encima, y aspecto de haber dormido poco los últimos días. A pesar de aquello, Sam la encontraba preciosa. Se acercó a su cama cuando la japonesa le hizo un gesto para que se sentase sobre su colcha. La chica cerró el libro y lo dejó aparte.
—¿Qué tal? —preguntó la japonesa.
—Eso te lo debería preguntar yo. Hace días que apenas sabemos nada de ti, estás desaparecida.
—He tenido mucho que estudiar —dijo Yumi.
—¿Es solo por eso? —preguntó Sam en tono sosegado, pero era obvio a qué se refería.
—Bueno. Y también está él. Y después de las cosas que me dijo no me apetece mucho encontrármelo —admitió—. Creo que es normal, ¿no?
—Sí. Pero eres nuestra amiga también, y te echamos de menos. Si ya te veíamos poco cuando empezaste la Universidad, ahora tenemos que mirar tu foto del WhatsApp para recordar cómo eres —bromeó.
Bien, pensó. Su bromita la había hecho sonreír, animando aquella carita tan seria que la había recibido apenas unos momentos antes.
—Tendré que asomarme, sí. Sissi no me perdonaría que después de lo que nos ha costado ser amigas ahora me de por desaparecer... Y no te preocupes. Sé que pasa mucho tiempo con él.
Samantha había desviado la mirada cuando Yumi mencionó a Sissi, pero no se esperaba que estuviera enterada.
—Me lo contó ella misma. Me envió un mensaje, creo que le da vergüenza, pero... él cortó. Que haga lo que quiera —dijo con una voz tan fría que Samantha no se lo creyó. Pero a lo mejor que estuviera enfadada con él jugaba a su favor. Al fin y al cabo, había ido para tirar la caña y ver si el pez se dejaba pescar.
—No se sabe lo que hay —decidió admitir. Mentir estaba muy feo—. ¿Pero y tú? ¿Has hecho algo? Ya sabes, en ese club tan selecto que tenéis algunos universitarios —bromeó.
—En absoluto. Lo he pensado en algún momento, pero... no estoy anímica. Me arrepentiría en seguida.
—Eso es muy sensato por tu parte —dijo Sam—. Tal vez solo deberías dejarte querer por algún amigo. O amiga.
—¿Como tú? —rio Yumi.
—Por ejemplo.
Yumi sonrió y miró a Sam. Por un momento pensó que seguía bromeando. Pero algo en su expresión le revelaba que lo decía de verdad. Y era extraño, pero eso no la incomodaba. Se sostuvieron la mirada por unos momentos y poco a poco se acercaron mutuamente. Un beso que se cerró según cerraban los ojos. Sin moverse del sitio.
La japonesa no era la primera vez que se besaba con Sam. Pero aquellas ocasiones había sido muy distinto. Un juego completamente erótico, el desenfreno del sexo, de experimentar algo diferente. En aquel momento más bien le parecía algo casi tierno incluso, a pesar de que ambas estaban inmóviles, dejando todo el trabajo a sus labios. Hasta que su amiga lo rompió con exquisita delicadeza. Esa forma de terminar un beso que te dejaba con ganas de más.
—¿Entonces? —preguntó Sam.
—¿Entonces qué?
—¿Te dejarías querer por mi? —propuso.
—Sam... no se si es el mejor momento. No estoy bien, y no quiero hacerte daño con falsas ilusiones...
—Solo quiero que salgamos a tomar algo —susurró Sam. Intentó controlarse, pues empezaba a hablar cada vez más rápido por culpa de los nervios—. Una noche para pasárnoslo bien, solo eso. Dos amigas de fiesta.
—Dos amigas con derecho —dijo Yumi.
—Sí —admitió la otra—. Si te apetece. ¿Qué tendría de malo?
En la cabeza de Yumi había muchas cosas que le indicaban que aquello tenía poco de bueno. De luto en su relación reciente con aquel imbécil... Sam podía terminar muy mal. O también podía ser justo lo que ella necesitaba en ese momento, alguien que le hiciera superar a Ulrich. Quién sabía. Quizá Sam era la mejor alternativa.
—Tú también has roto con Odd hace poco —le dijo la japonesa—. Pero os lleváis bien.
—Ahora es solo un buen amigo —respondió Sam—. Tuvimos nuestras razones para romper, y por eso mismo no puedo volver con él —aseguró—. Él no es un impedimento.
—¿Te parece bien si quedamos el viernes? Después de las clases. Y nos vamos al cine.
—¿Cuál te apetece ver?
—¿Acaso importa? —preguntó Yumi. Sam negó con la cabeza, sonriendo—. Pues entonces está decidido.
—Perfecto —dijo Sam—. Bueno, supongo que vas a seguir estudiando...
—En realidad no tengo ninguna gana. No hace falta que te vayas tan pronto —inquirió la japonesa.
En ese momento se sentía necesitada de cariño. Por lo que sintió una punzada de culpa cuando Samantha se acurrucó con ella. Su compañía era reconfortante, pero no quería hacerla daño. Una relación liana era la peor decisión que podía tomar.
Laura terminó de preparar sus apuntes y los echó a la mochila. Iba a estudiar con Sissi aquella tarde. Pero se quedó paralizada en el pasillo. Vio a Ulrich salir de aquel dormitorio, a paso normal. Hacía unos días se le veía arrastrando los pies, como si fuera un zombi a medio convertir de una película mala. Observó a Sissi asomarse, pero como estaba de espaldas, no pudo ver la expresión de preocupación en su rostro. Sí se fijó, en cambio, en que Milly y Tamiya estaban también en el pasillo y que también habían observado a Ulrich.
Decidió mantener la distancia, estaba feo escuchar conversaciones ajenas y por eso no pudo escuchar a Tamiya diciéndole a Milly:
—No es el mejor momento... Además, seguro que está con Sissi —le había susurrado.
—A él nunca le ha gustado Sissi —respondió la pelirroja, pero la aludida sí que estaba escuchando los susurros.
—No te equivoques —dijo con calma, entrando en la conversación. Milly le puso mala cara en seguida.
—¿Tan pronto desaparece Yumi te le has echado al cuello? —preguntó con unos celos nada disimulados.
—Qué va. Él la sigue queriendo. Yo solo soy su amiga y le estoy dando mi apoyo.
—Sí, claro...
—Milly, Sissi ha cambiado —le recordó Tamiya. Aunque a la pelirroja le costaba olvidar los años en que la hija del dire se había metido con ella por la edad.
—Te lo digo de verdad, Milly... si tienes alguna esperanza con él, te vas a hacer daño.
—¡Sissi! —llamó en ese momento Laura, que se estaba poniendo nerviosa con tanta espera.
—¡Hola, Laura! Lo siento, chicas, pero voy a estudiar. No hagáis ruido, ¿vale? —pidió, y dejó allí a las reporteras del periódico escolar mientras entraba en su dormitorio tras dejar pasar a la rubia.
—¿Te puedo hacer una pregunta como amiga?
—Claro.
—¿Qué hay entre Ulrich y tú?
—Somos la comidilla al parecer, ¿no? —bromeó Sissi. Laura contaba con una carta a su favor. Su expresión de poker era muy natural. Era seria como regla general, por lo que podía disimular su nerviosismo—. Pero te aseguro que no pasa nada.
—¿No ha estado durmiendo aquí? —preguntó.
—Sí —respondió Sissi, extrañada—. ¿Pasa algo malo con eso?
Lo que Sissi no podía imaginarse es que Laura no la veía únicamente como una amiga. La noche que habían pasado juntas había marcado a la rubia. No únicamente porque hubiera sido su primera experiencia lésbica. Para ella esa noche había implicado más cosas. Había sido aceptada, a pesar de lo que había hecho en el pasado. Sissi le había tendido la mano, casi desde el principio, cuando Aelita estaba de morros por su presencia. Había sido la persona más cercana con ella, al margen de Odd... Pero ese solo quiere sexo, pensaba. Con Sissi había encontrado una extraña complicidad que veía amenazada por la reciente ruptura de sus amigos.
—No, es que... Sé que antes te gustaba. Si no queréis hacerlo público, lo entiendo, pero... somos amigas, me gustaría saberlo —improvisó.
Sissi sonrió.
—Y Ulrich es solo un amigo. Hemos estado hablando estos días. La verdad, se siente fatal con lo que hizo. Y ahora mismo, le falta valor para ir a decirle que fue un estúpido. Dicho por él mismo —aclaró—. ¿Qué iba a hacer? Pues ser su amiga. No le conviene estar solo ahora mismo.
—Pero... ¿eso no te hace daño?
—Qué va —dijo—. Lo de Ulrich lo superé hace mucho. Y cuando me acosté con él, lo tuve más claro incluso. Es un buen amigo. Y somos... sí, compatibles en la cama —añadió con un encogimiento de hombros—, pero no he pensado en... echarle el lazo. Solo quiero que no esté solo.
—Ya veo...
—Es más. Tampoco me ha pedido sexo —reconoció la morena— No anda de humor. Aunque me dijo que podía... jo, me da corte contártelo —dijo con una risita—, hacerme un trabajito oral lo llamó. Pero no. No estando él así.
Así que habrá otra situación en que sí que lo haga, pensó Laura, pero aquella charla le había quitado un peso de encima. Ulrich no era un rival en ese momento. Tampoco cantes victoria, Laura, que no tener a Ulrich de competencia no te garantiza nada con Sissi. Ella terminará con algún chico guapo, son los que le gustan. Era extraño, pues a ella misma nunca le habían atraído los "guapos". O no al menos los que la mayoría de la gente los consideraba como tales. De hecho, su extinta atracción por Jeremy no se basaba en su físico, pero su nivel de inteligencia le había hecho irresistible a sus ojos. No era feo, pero pasaba muy desapercibido.
—¿Laura? ¿Estás bien? —preguntó Sissi. La rubia no se había dado cuenta de que llevaba demasiado tiempo en silencio.
—Sí, perdona... Estaba pensando en el aburrimiento de los apuntes que te traigo —respondió ella.
—Serán un aburrimiento, pero tú eres una bendición —Laura sintió que el corazón le palpitaba un poco más rápido—. Qué haría sin ti.
Sé analítica, Laura. No te valora como su amor. Eres la amiga que la ayuda a estudiar, ese es tu rol. Aprovecha cuando estés con ella para disfrutar de su compañía.
¿Y si se lanzaba? Sinceramente, no le apetecía ser la amiga que escuchara los problemas de Sissi cuando tuviera problemas con su pareja mientras anhelaba poder estar con ella. No, quería ser la pareja con la que tuviera esos problemas y poder arreglarlos y avanzar juntas. Pero aquello le parecía tan inalcanzable como una matrícula de honor en Educación Física. Le tocaría, como en Educación Física, contentarse con el "aprobado raspado".
—Bueno, pues manos a la obra —dijo Laura, mientras sacaba los apuntes. Por lo menos aquella tarde la iban a pasar juntas. Aquello no se lo iba a quitar nadie.
Por su parte, Aeltia se había reunido con Patrick y Odd en The Hermitage para estudiar. El paseo entre la academia y aquella casa les ayudaba a oxigenar la sangre moviéndose, de modo y después de cada hora daban un par de vueltas alrededor de la finca para mantenerse activos.
—Patrick, ¿no has terminado aún? —preguntó la pelirrosa sin apartar mucho la mirada de sus propios apuntes.
—Me temo que no ha empezado —bromeó Odd, echando un vistazo a los folios del chico—. ¿Qué es lo que te pasa? Llevas días ausente incluso en clase.
—He estado pensando en Emily —se rindió el aludido—. Hace días, ella... vino a verme a mi cuarto, y me asaltó... se había enterado de que Carlos se lo montó con Sissi, estaba despechada... Y me necesitaba para despejar la mente —les contó.
—¡Pero bueno! ¿Y no nos cuentas esas cosas? —bromeó Odd.
—¡Lo estoy haciendo! Solo lo sabía Jeremy, pero le pedí que no dijera nada. Ella vino porque estaba destrozada, no quiero que piensen mal de ella. Me siento mal por lo que pasó...
—Te gusta —dijo Aelita.
—¿Qué?
—Que te gusta. Y no digo solo físicamente, sé que le pediste salir —continuó la pelirrosa—. No estarías así si ella te diera igual.
—Pues además debo ser un idiota, porque me preocupa el estado de su relación con Carlos... Bueno, yo no me he atrevido a contárselo, de hecho. Y eso también me preocupa. Dice que solo son amigos, pero la situación entre ellos es... rara. Y a mi me pilla en medio. ¡Y no me gusta! —estalló—. Solo he estado con ella porque le dolía lo otro... Me ha utilizado en realidad. Intenté no pensar en eso cuando nos acostamos, pero...
—Eso tiene fácil solución: pídele volver a acostaros. Pero esta vez porque queréis hacerlo —soltó Odd.
—¿Pero cómo voy a hacer eso?
—¿En serio crees que es lo más sensato? —preguntó Aelita.
—¿Por qué no? —dijo el rubio—. A ver, no digo que vayas a verla en plan fucker. "Oh, nena, ven a cabalgar sobre mi". No. Pero ella fue a verte para tener sexo. Se lo puedes plantear. Volver a repetir. Ella no tiene pareja, y el Acuerdo no te ata a tener sexo solo con el grupo, así que... ¿Qué tiene de malo?
—A veces me encantaría ver el mundo tan fácil como lo ves tú —reconoció Patrick.
—Y también le puedes decir que se una al Acuerdo.
Si Patrick y Odd no hubieran escuchado a Aelita decir aquella frase, probablemente no lo habrían creído.
—Sois los dos muy graciosos —dijo Patrick con tonito.
—Lo digo en serio. A ver, Emily es una buena chica, la conocemos hace años. No es una amiga íntima, pero me cae bien. Podrías comentarlo con los demás.
—Pero ¿qué sentido tendría? —preguntó Patrick—. Y además, no me parece que Emily aceptara un Acuerdo como el nuestro. Parece tan... no sé. Hay veces que tampoco sé cómo lo aceptamos nosotros.
—Porque os va el mambo —rió Odd—. Pero igual Aelita tiene razón. Aunque a lo mejor no necesitáis el Acuerdo. Solo un trío entre vosotros tres que os aclare las ideas.
—¡Bueno, venga, vale! —proclamó el castaño—. ¡Ya hemos hablado bastante de este tema! ¡A ver, el temario de historia! ¡Ah, no, tenemos que dar un par de vueltas!
Y se puso en pie. Odd y Aelita sabían que no tenían más remedio que seguirle. Y tenía razón, les tocaba caminar un poco para recuperar la movilidad.
—¿Y qué tal con tu madre? —preguntó Odd—. Hace días que se la ve poco por la academia.
—Pues está mucho rato metida en el despacho de la Hertz —respondió Aelita—. Pero bueno. El otro día nos tomamos un café después de clases. Es raro... hay poco de lo que me apetece hablar con ella, me pongo a la defensiva en seguida.
—Tienes que abrir tu corazón con ella un poco más —comentó Patrick mientras apretaban un poco el paso.
—Pero es que me da miedo. La tuve una vez, y se la llevaron. Estuvimos a punto de poder reencontrarnos, pero por culpa de ese... —un cuervo graznó, censurando la expresión de la pelirrosa—, no fue posible. Y después de pensar que en algún momento podría ir a rescatarla, viene y es todo tan normal que algo no me encaja... Como si pudiera volver a desvanecerse.
—¿Y no crees que se podría desvanecer si no le haces caso? —preguntó Odd.
Aelita guardó silencio. En el fondo sabía que Odd tenía razón. Ella podría provocar la ruptura. Su madre solo quería acercarse a ella. Pero le daba miedo recuperarla pero volver a perderla. Al fin y al cabo, ¿qué sabía? Que había pretendido dejar atrás la vida que Lowell Tyron le había impuesto. ¿Tenía plenas garantías de que ese pasado no volvería a arrastrarla?
—Aelita... —empezó Odd—, si algo os pudiera ocurrir a tí o a tu madre...
—¿Qué? —respondió ella—. Te agradezco lo que quieres decir, pero... no es realista. Somos un puñado de adolescentes pasando a la edad adulta. Y esto no es Lyoko, no lo podemos arreglar todo como si no pasara nada.
—No subestimes lo que podemos hacer los amigos —intervino Patrick—. Sí, no tenemos mucho que hacer, pero... en aquel momento era Waldo contra todos ellos. Ahora somos unos cuantos más.
—Y el superordenador solo está apagado, no destruido —le recordó el rubio—. Algo podríamos hacer con él, seguro. Dale una oportunidad.
Aelita asintió. Pero en su fuero interno, continuaba insegura. Para poder acercarse a Anthea, debía cerciorarse de que todo estaba realmente bien. Y algo, una intuición le decía que no era así. Que le ocultaba algo. ¿Cómo podría confiar en aquella mujer si pensaba constantemente en la mentira?
—Bueno, ya hemos estirado bastante las piernas —dijo Patrick—. ¿Continuamos?
—Sí, por favor —dijo Aelita. Solo le faltaba que aquella situación perjudicase sus notas. Quería estudiar y poder labrarse una buena carrera. Y, en parte —pensó—, ese era otro motivo por el cual no podía acercarse más a su madre en ese momento.
El humor de Laura había cambiado ligeramente a mejor después de la sesión de estudio con Sissi. No solo porque su amiga había estudiado bastante, lo cual mejoraba el ritmo en el cual avanzaban en el temario, sino porque pasaba tiempo con ella sabiendo que no pensaba en Ulrich. Y en ese momento pensó que no sería una mala idea ir a hacerle una visita al castaño. Por lo que sabía, era bueno en las artes amatorias... y a lo mejor si le desestresaba podía hacerle alejarse un poco de la morena.
Pero cuando estaba en su habitación ordenando los apuntes para el repaso (de dos horas) que haría por la noche, oyó que alguien llamaba a la puerta de su habitación.
Distinguió un destello rubio y pensó que se trataría de Odd. Pero no, el cabello estaba peinado hacia abajo. Se trataba de Jeremy. Iba cargado con una carpeta bastante gruesa de apuntes, y tenía aspecto de cansado.
—Hola —saludó—, pasa. ¿Qué tal ha ido el estudio?
—Agotador —respondió este. Entró y dejó la carpeta en la cama. Se hundió ligeramente—. Pero bueno. Creo que el esfuerzo valdrá la pena. Nuestros amigos van a mejorar su media... y nosotros vamos a ir con la nota máxima.
—¿Y acaso no la tendríamos incluso sin estas sesiones de estudios? —bromeó la rubia—. En realidad viene bien repasar con gente. Tener amigos. Es muy diferente a la primera vez.
—Me alegro de que pienses así —comentó el rubio—. Al final todo ha salido bien, ¿no? Te llevas bien con Aelita, el grupo te ha acogido...
—Sí, eso es verdad. Y me alegro un montón —aseguró la otra—. Es mejor cuando nos llevamos bien. ¿Te ocurre algo?
Desde que había entrado en la habitación había notado a Jeremy nervioso. Y una alerta que había empezado a desarrollar se despertó de su siesta. Algo ocurría. Algo que posiblemente no quería escuchar.
—No, nada. Es que estaba pensando, hace mucho que no tomamos algo por ahí. Podríamos aprovechar el sábado pro la mañana.
—Ah, ¿iríamos los tres?
—Bueno... pensaba en tú y yo.
Laura se había imaginado la respuesta antes de que el chico la dijera. Se temía algo. Especialmente desde que notaba los esfuerzos de Odd por que se fijara en él ir a más. Había preferido obviarlo, ya que no tenía interés en él. Y sus movimientos eran tan sutiles que todo podía ser una paranoia suya que no llegase a ningún puerto. Pero no, al final el Belpois rubio estaba dando un paso muy osado.
Uno por el cual, hacía mucho tiempo, lo hubiera dado posiblemente todo porque así fuera. Y sin embargo... Jeremy era un amigo. Podía mantener relaciones sexuales con él, era entregado y atento. Y le gustaba, de hecho. Pero de ahí a interesarse algo serio... eso quedaba muy atrás.
Y le preocupaba especialmente por alguien más. Aelita. Era su amiga, y no era justo que estando ella pasando un momento malo, su chico pensara que ese era el mejor momento para fijarse en otra persona. Su antigua mezquindad lo habría disfrutado. Pero si en ese momento ella sintiera algo más fuerte por Jeremy, tampoco le aceptaría. No estando mal la pelirrosa.
—Qué petición más rara —comentó, quitándole importancia.
—Bueno, no hay nada raro en que dos amigos vayan a tomar un café —razonó Jeremy.
No estaba nervioso especialmente por Laura. La chica... le gustaba. Y la veía de un modo diferente. Pero se sentía sucio y despreciable por dentro. Amaba a Aelita... o a lo mejor no la amaba y por eso le atraía su otra amiga.
Pero en opinión de Laura, si el chico tenía interés en ella se debía más a que había sido la segunda. Aelita era la primera chica en demostrar interés real en Jeremy. La primera que le había querido. Y cuando habían permitido el sexo en el grupo, ella había sido "su segunda chica" con la que había yacido. Estaba convencida de que no era más que un encaprichamiento.
—Tienes razón —dijo Laura—. Podemos fugarnos un rato a tomar el café. ¿Algún sitio bueno? Supongo que no te apetecerá que sea en la cafetería del Kadic.
—Claro que no, hay buenos sitios por ahí —dijo Jeremy—. ¿A qué hora quedamos?
—Pues mejor temprano, porque tendremos que seguir estudiando —le recordó Laura.
—Vale. El viernes decidimos —dijo ella.
—Perfecto.
Y le dio un beso a Laura que ella aceptó. Seguía sin tener intenciones con el chico. Solo quería que le confirmase cuáles eran sus pretensiones con ella. Y una vez se confirmaran sus sospechas, ella tendría que indicarle que iba en dirección equivocada. No iba a aceptar romper una relación.
E incluso si Jeremy optaba por desoírla y seguir intentándolo, se iba a dar contra un muro de hormigón. Su corazón palpitaba por alguien totalmente diferente a él. Y lamentablemente, no voy a poder contárselo, pensó. Odiaría estropear una buena amistad por la quimera del amor. Y odiaba estar ya estropeando una que no pretendía dañar.
Como hagas alguna estupidez voy a tener que hablar con Aelita, pensó mientras el chico salía de la habitación. Suspiró. El mundo estaba formado por unas variables incognoscibles. O tal vez simplemente no tenían sentido.
Por su parte, Emily estaba en su habitación. Se había enfrascado en la lectura del Drácula de Bram Stoker. Un pequeño descanso para el cerebro entre muchos datos, apuntes, información que debía memorizar para aprobar los exámenes. Puto último año, pensó para sus adentros. Consideraba el nivel de exigencia muy ridículo.
Oyó que alguien golpeaba la puerta, pero como no estaba bien cerrada se desplazó un poco. Patrick estaba con los nudillos en alto y se había quedado "golpeando" el aire.
—¿Quién es? —bromeó ella.
—"Pedido a domicilio" —siguió la broma—. ¿Podemos hablar?
—Claro —respondió ella. Recogió las piernas en la cama y dejó hueco para el muchacho—. Cuéntame.
—Le he dado más vueltas a lo que pasó entre nosotros. Ya sabes, cuando viniste a verme y...
—Y tuvimos sexo, sí —completó la chica, que temía el tono en que derivaba la conversación.
—Pues... la verdad, me siento incómodo porque recurriste a mi por tener el corazón roto —soltó—. Pensé que estaría bien, pero... es molesto.
En ese momento, Emily le pasó los brazos por encima.
—Lo siento, de verdad... no debería haberlo hecho, lo se. Pero estaba mal. Y tú... te habías portado bien conmigo, no me presionaste cuando quedamos... lo cual empeora lo que hice —se dio cuenta—. Si puedo hacer algo por ti...
—Sí —respondió el castaño—. Podríamos... repetir.
Emily no se esperaba aquella respuesta.
—Es decir. No quiero que lo hagamos porque te sientes mal. Sino porque... al menos en parte te gusto. Quiero hacerlo otra vez porque lo disfrutaras, yo sí me lo pasé bien aquella tarde contigo. Si quieres tener sexo, podemos hacerlo, porque nos apetece. No por... estar heridos.
—Claro que me gustas, Patrick, pero... sabes que es una situación difícil. Por tu amigo —reconoció.
—¿Y si también pudieras hacerlo con él? —tanteó el chico.
—Como si fuera tan fácil... Y como si te fuera a parecer bien —ironizó ella.
—Podría serlo. Si todos sabemos lo que ocurre —comentó Patrick—. Tú... ¿qué sabes de la vez que Carlos y Sissi se acostaron?
—Solo sé eso. Y al parecer no lo sabe nadie más o ya se habrían inventado algo en el periódico de la academia. Aquí no se puede tener un secreto.
—Bueno... Quizá mis amigos me maten por contártelo antes de hablar con ellos...
Aelita y Odd le habían propuesto que Emily formara parte del Acuerdo. Pero la norma no escrita al respecto era hacer consulta con los demás para saber si aceptarían invitar a alguien, previo a realizar dicha invitación. Pero su cabeza había estado tan ocupada pensando en Emily aquellos días que no podía esperar.
—... pero Carlos forma ahora parte de nuestro grupo... donde tenemos un trato un poco "especial".
—¿Qué clase de trato?
Y Patrick confesó aquello que habían firmado a principios de curso ante una boquiabierta Emily.
—¿Y... me cuentas todo eso sin más? ¿Sin que ellos lo sepan?
—Que no hayas contado por ahí lo de Sissi y Carlos me parece suficiente para darte un voto de confianza. Y me gustaría invitarte a que formaras parte de ese Acuerdo que tenemos. Si te parece bien.
—Joder... ¿no me estarás vacilando?
—Qué va —dijo él—. Todo lo digo en serio. Y he pensado que... si formas parte de nuestro grupo, sería más fácil... arreglar lo que haya que arreglar. Y saber si funciona o no.
—¿Y a ellos les va a parecer bien que me lo hayas propuesto sin consultarlo?
—También me parecería feo decidir invitarte o no antes de que tú lo supieras —Patrick se encogió de hombros—. No es necesario que me des una respuesta ahora de todas formas. Tú piénsalo, y cuando decidas... podemos hablarlo con calma.
Emily asintió. Aquella oferta era muy extraña, y debía hacer una valoración en condiciones. Todo lo que suponía... carta blanca no solo con Carlos sino con los demás... Aquello era una ventaja, pues no tenía esas "deudas pendientes" con ellos. Pero se temía que si la situación con el español se arreglara, en su vida Patrick quedara al margen de la ecuación. O peor. Solo como el "follamigo", un trato que no merecía por el interés que había demostrado por ella.
—Te diré algo —prometió—, pero tengo que pensar en todo esto.
—Por supuesto. Te dejo con tu lectura —dijo él con una sonrisa, no quería incordiarla.
Pero antes de poder salir de la habitación, al ponerse en pie, ella hizo lo mismo y atacó aquellos labios con los suyos.
—Esto ha sido porque me gusta como besas —susurró la chica, y le robó un segundo beso antes de dejarle salir de la habitación.
Patrick solo sabía una cosa con respecto al amor, y era que había que mover pieza. Lo que no tenía claro era si debía jugar al ajedrez cuando lo que se te daba bien era el parchís.
¡Hola a todos! Sí, nuevamente tardo mucho en volver a actualizar. La vida que a veces lo pone difícil entre cosas que hacer, cansancio... Me comprometería a terminar el siguiente capítulo en una semana pero sería como la canción de Los Piratas. "Promesas que no valen nada", así que me limito a publicar y a responder vuestras reviews.
Agoi Cafe: ¡Me alegro de que te guste! Sí, pensé que si Aelita se lo tomaba de maravilla sería cliché y poco realista. Y aparte, ¿a quién no gusta un buen drama? Lo de las parejas... Odd para mi es el picaflor por excelencia :D Pero creo que Ulrich tenía que volver a caer en el tema que nunca resolvió del todo, los malditos celos. Y bueno, en este capítulo sí que has tenido Sissi ;) (y opino que lo que pasó en el preludio de la serie fue bastante injusto para ella). Saludos, y no te preocupes, adoro las reviews largas ;)
CarlosJim04: ¡Gracias! Siempre intento meter algo sorprendente en los capítulos, aunque no siempre lo logre.
honter11: Aún quedan unos cuantos, no sufras ;) ¿Y a cuál te refieres de Digimon? ¿El lemmon inconcluso?
Backflip: ¡Gracias! Sí, puse en Nigel un poco ese "deseo no expresado en voz alta" de poder mantener relaciones sin ataduras. Y Ulrich se ha pasado, pero... bueno, no quiero desvelar lo que he pensado para ellos ;) Odd y Sam en realidad tardé demasiado en separarlos en la original cuando obviamente se estaban enamorando de otras personas. Aquí había que abreviar. Y da bastante juego que Jeremy sea el que tiene dudas, cuando él siempre ha sido tan recto. Pilares más duros han caído alguna vez, aunque está claro que lo tendrá difícil. Y Aelita... sufre mucho la pobre. Y también tengo intenciones para su trama. Saludos.
Nathel de Tw: Sí, yo se que tú siempre has sido más de Willumi. Aunque me temo que no habrá de eso en el siguiente capítulo... y hasta aquí puedo contar.
Espero que os haya gustado el capítulo y nos leemos en el siguiente. Lemmon rules!
