14 Propuestas y corazones heridos

«Si quieres podemos ir a cenar el sábado».

Ese había sido el mensaje que había recibido William en su teléfono. Y quien se lo había enviado había sido Camile, aquella chica tan inquieta que iba a la universidad. Le había sorprendido, ya que apenas se habían visto algún rato durante aquellos días. Lo tenían complicado, además, teniendo en cuenta que ambos debían estudiar, y no solían pasar del intercambio de mensajes. Pero en aquella ocasión parecía tener un rato largo para salir con él.

Aún así el plan tenía un pequeño fallo. Las normas de Kadic eran bastante estrictas con las salidas de los alumnos, incluso de los mayores. Y aunque en su caso había alcanzado la mayoría de edad, rules are rules, por lo que podía... hablar con Sissi. Que excepcionalmente le había entregado una llave por si tenía que volver ante una mala experiencia nocturna. Se la había prestado con una sonrisa y la frase: «Como la pierdas tendré que matarte».

De modo que se aseguraba con frecuencia que su llavero continuaba en el bolsillo mientras se abrochaba la camisa. Iba bien arreglado. Sin excesos, pero... formal. Revisó de nuevo en su teléfono que la reserva que había hecho para cenar seguía siendo correcta, ese mismo día, por la noche, a la hora que habían estimado llegar. Perfecto. Tras una última mirada, salió de la habitación. No se le escapó que alguno de sus compañeros se aguantó las ganas de reírse al verle. Jovenzuelos. Qué más le daba. Con suerte él iba a mojar y los otros no.

Aún así, de camino a la placita donde había quedado con Camile, desactivó las notificaciones. Solo le faltaba recibir algún mensaje gracioso (probablemente de Odd) preguntándole si le había metido mano ya a la chica. Solo recibiría aviso en caso de alguna llamada, por si era algo realmente grave.

Al igual que la vez anterior, Camile había llegado antes de la hora. Se preguntó si llevaba mucho esperando. La verdad, la chica vestía bien. Se había puesto un vestido en color azul grisáceo. Con mangas. Y llevaba los tobillos descubiertos. Tacón no muy exagerado. Sonrió levemente. No se consideraba alguien bajito, pero si la altura de Camile superase la suya... Le hubiera sido incómodo.

—Hola, Will —dijo la chica con una deslumbrante sonrisa. Se acercó y se saludaron con dos besos en la mejilla—. ¿Qué tal?

—Ha sido una semana dura, pero ha valido la pena.

—¿Y eso?

—Porque he podido quedar contigo —añadió con picardía. A Camile pareció gustarle—. ¿Vamos?

—Claro —respondió ella, mientras se ponían en camino.

Y en ese momento, mientras empezaban a caminar, William cayó en la cuenta. ¡El coche! ¿Cómo podía haber sido tan estúpido? Seguro que Camile esperaba alguien con vehículo. Él había aprobado el carné, pero... no tenía pasta para comprar uno. Sus padres le habían prometido adquirir uno (de segunda mano) si aprobaba el año anterior, pero dado que repitió curso, le tocaba esperar. Y tampoco tenía pasta como para alquilarlo. Mierda, iba a quedar como un cutre...

—Gracias —dijo Camile.

—¿Gracias? ¿Qué gracias? —preguntó el escocés, confuso.

—Por no intentar presumir conmigo con un descapotable —explicó ella—. En serio, estoy muy cansada de los quiero y no puedo. Que me puedo valer por mi misma y sin coche —rió—. Oh... espero que no tengas el coche aparcado lejos y estemos yendo allí...

—¡No! No, en absoluto.

Pese a que la iba conociendo, aquella espontaneidad de Camile le seguía sorprendiendo. Y tenía la impresión de que su amiga estaba un poco hastiada de todo. O que solo había conocido a unos impresentables. Pero bien pensado, él había pensado en hacer lo mismo que ella no quería que hiciera. Quizá somos más simples que el mecanismo de un chupete, pensó para sus adentros. Pero Camile estaba bien. Se lo pasaba bien con ella, y con aquellos momentos en los que se daba cuenta de que podía estar hablando de más.

—¿Y dónde has pensado que vayamos? —preguntó ella, intentando reconducir la conversación.

—Pues he reservado en un restaurante. Pero empiezo a pensar que eso puede ser incluso demasiado típico —confesó.

—Vas con todo —comentó Camile, como si fuera lo más normal.

—Para la próxima vez te llevo a un burguer o a por unas pizzas.

—Por mi, encantada.

William sonrió. Había aceptado la "próxima vez", sin llamarle presuntuoso. Tenía buen feeling con ella, a pesar de que era la primera vez que pasaban tanto rato juntos. Las conversaciones por la app habían sido en diferido en su mayoría, respondiendo cada uno cuando buenamente podía. En aquella ocasión, en cambio, se podían conocer un poco más.

—Es allí —dijo William, mostrando un restaurante de buen aspecto que hacía esquina, y se extendía con una cristalera a cada lado que permitía ver el interior, pero cuyo vinilo protegía la intimidad de los comensales.

—Guay —respondió ella—. ¿Puedo hacerte una pregunta?

—Claro.

—Ahora mismo no somos nada, así que... ¿te estás viendo con alguien más?

Si no hubieran terminado de cruzar la calle, probablemente a William le hubiera atropellado un coche por quedarse parado. Definitivamente, Camile no tenía filtro. Y lo que por un lado le había parecido adorable y original... En ese momento se le hacía incómodo. ¿De verdad quería escucharle hablar de otras? No era la típica conversación para una cena.

—No... No, ahora mismo no.

—Ya veo —dijo Camile. Y viendo la pregunta en los ojos del escocés, se sinceró—. Hay un chico de la uni que me ha pedido salir alguna vez. Y cuando salimos una noche, empezó a decir que si íbamos en serio... Demasiada presión cuando solo habíamos quedado así formalmente. Así que... Prométeme una cosa.

—¿Cual? —preguntó, nervioso, a la puerta del restaurante.

—Hemos venido a pasárnoslo bien y a charlar. No le quieras poner aún etiquetas —pidió Camile.

William valoró aquella propuesta. Tal vez podía ser la última oportunidad para echarse atrás con su decisión. Pero él no era era clase de personas.

—Prometido —dijo, y no pudo abrir la puerta porque uno de los camareros les había visto y se había apresurado a abrirles.


Laura también tenía un plan para aquel sábado, pero no se había visto capaz de proponerlo. De modo que contaba con poder animarse aquella noche. Nada del otro mundo, ir a tomar algo, conocía un sitio donde podrían tomar un par de bebidas y picotear algo. Y tal vez, estudiar si merecía la pena confesar lo que sentía. Una noche de amigas... y ojalá que algo más. Confesarse en realidad no le hacía mucha gracia. Lo que menos le apetecía esa noche era terminar con el corazón roto, y era el escenario más probable, pero sentía que o se lo decía de una vez o lo pasaría mal.

Inspiró antes de salir de su dormitorio, iba a necesitar fuerzas. Giró el picaporte y atravesó el pasillo, intentando no ir muy rápido, no muy lento. ¿Por qué tan nerviosa? Se cruzó con alguna alumna de otro curso, pero ninguna parecía prestarle atención. Bueno, al menos era temprano. Podrían ir a algún sitio y volver a Kadic. Sí. Llamó a la puerta de Sissi, por donde sonaba un poco de música.

Escuchó que bajaba el volumen antes de abrir. Sissi abrió la puerta, asomando el torso tras la madera. Sonrió al ver a su amiga, y la invitó a pasar. Laura entró, y entendió rápido por qué no se había mostrado de cuerpo entero. No llevaba el pantalón puesto, al parecer la había pillado cambiándose de ropa.

—¿Eligiendo modelito? —preguntó Laura.

—Casi —respondió Sissi—. He pensado en empezar a correr antes de cenar —comentó mientras volvía a sumirse en el armario. Laura tuvo que apartar la mirada cuando su amiga se agachó. No quería mirar... como si fuera una voyeur—. Pero no encontraba el chándal. El de ir a clase no, otro que tengo. Así que empecé a buscar en el armario... y tengo cosas que no me pongo desde hace mucho.

—Ya veo —comentó Laura, viendo la sarta de ropa que había desperdigada por la habitación.

—Teníamos la misma talla, ¿no? —preguntó la morena—. ¿Te gusta este pantalón? —añadió, tendiendo un vaquero a su amiga.

—Es bonito.

—Para ti —concluyó Sissi y continuó hurgando—. Soy un desastre... ¿en qué pensaba para comprarme todo esto?

—Desde luego, tienes ropa como para montar unos grandes almacenes —bromeó Laura, que en ese momento solo pensaba en darle un beso y dejarse caer sobre la ropa con ella entre más muestras de amor. Pero no podía hacerlo, no si no se confesaba primero.

—Debería montar un mercadillo o algo —reflexionó la morena viendo toda la ropa que había sacado. Por lo menos, ahora en la mano asía el chándal que había estado buscando. Podía salir a correr—. Aunque no hoy —comentó, y optó por meter la ropa al armario de cualquier manera. Todas las prendas que había sacado no se ponían sobre su cuerpo desde hacía al menos un año.

—¿Vas a salir entonces? —preguntó Laura. Quizá...

—Pues sí, voy a salir un rato —dijo, metiendo las piernas por las perneras—. ¿Por qué no te animas? Te la pasas estudiando, deberías moverte un poco más.

—Puede que tengas razón —comentó Laura. Bueno, no era el plan bonito con el que había soñado, pero podían ir a correr por ahí juntas. Tal vez podían hablar, cuando estuvieran reponiendo el aliento. Pero el rato en compañía nadie se lo podría quitar.

—¿Te vienes entonces? Vamos a tu cuarto, te cambias, y...

La frase quedó en el aire cuando empezó a sonar su teléfono móvil. Laura se imaginó la foto de quién la llamaba antes de mirar. Era Ulrich. Sissi descolgó la llamada.

—¿Ulrich? ¿Va todo bien? ... Oh... Claro, claro. Sí ... No te preocupes. ¿Estás en tu habitación? Voy ahora ... Tranquilo ... Un beso.

Y colgó.

—Lo siento, Laura...

—¿Está mal?

—Sí... Tengo que ir a verle. Parece que lo está pasando aún peor de lo que pensaba —comentó la morena—. Lo siento... ¿quedamos otra noche?

Siempre que Ulrich no vuelva a interrumpir, pensó para sus adentros, pero se limitó a lanzarle una sonrisa tímida a su amiga. Era demasiado buena. Ulrich no la merecía. Y tú tampoco, se dijo para sus adentros.

La declaración tenía que esperar. Sissi pareció pensarse si debía ponerse algo diferente, pero mejor si no le hacía esperar mucho. Laura se puso en pie, sabiendo que la visita había terminado. Sissi abrió la puerta, y la rubia salió la primera.

—¿Hablamos por la mañana? —preguntó Laura, tal vez en un tono más esperanzado del que le gustaría haber admitido.

—Claro. Te debo un café por lo de hoy —dijo Sissi—. Que tengas buena noche.

—Igualmente... —dijo Laura, que esperaba algún gesto, como un abrazo. Pero no fue así. Vio a Sissi alejarse. Contuvo un suspiro, y se dio la vuelta.

Bueno, tal vez no podía hablar con Sissi. Pero aparte de ella, tenía otra conversación pendiente. Se dirigió al dormitorio de Aelita, tenía que advertirla.


Sam había ido a casa de Yumi. Estaba feliz, su amiga había aceptado una cita. Y había estado de acuerdo con su idea de dejarse querer. Se lo había propuesto y le había parecido bien. Sonreía de camino a verla. Quizá aquella noche la situación entre ambas cambiaría. Su corazón se aceleraba ligeramente, no quería hacerse ilusiones pero no podía prevenir la reacción.

Cuando llegó, no tuvo ni siquiera que llamar, Yumi estaba saliendo en ese momento. La encontró preciosa, más de lo habitual. Extraño si tenía en cuenta que iba vestida con su habitual atuendo de tonos oscuros, pero no había problema con eso. Apretó un poco el paso y llegó a su altura.

—Hola, Yumi.

—Hola —respondió ella. Le fue a dar un beso en la mejilla, pero en el último momento, se lo pensó mejor y le dio un fugaz beso en los labios. Sam me sonrojó. Qué atrevimiento... y más al lado de la casa de sus padres—. ¿Nos vamos?

—Claro —respondió la otra. Por un momento había desconectado de la realidad.

—Me sorprendió la película que me propusiste ver —comentó la japonesa mientras se encaminaban a la parte más afluente de la ciudad, donde estaba la gente y los comercios.

—Bueno. Ni a ti ni a mi nos gustan las pelis románticas, ¿verdad? —rio Sam—. Por eso pensé que una de artes marciales estaría mejor.

—Es original. Y la verdad, no me apetecía ver una pastelada —admitió Yumi—. ¿Y qué tal? Apenas hemos podido hablar esta semana.

—La Hertz nos puso un examen de control ayer —dijo Sam con fastidio—. Hemos estado hincando codos como idiotas. ¡Deberías habernos advertido lo mal que se pasaba el último año! —añadió, fingiendo un mohín—. Ahora me tienes que compensar.

—¿Compensarte? —comentó Yumi. Empezaban a caminar por la zona del centro, y no estaban lejos del centro comercial.

—Me debes un beso —bromeó Sam.

—¿Así?

Yumi se detuvo y atrapó a Sam por la cadera. Antes de que se diera cuenta, estaba apresada por la cintura y la japonesa le plantaba un beso. Ella lo aceptó y se lo devolvió. Intentó controlarse, le gustaba mucho. Sonrió tontamente cuando se separaron.

La japonesa también sonreía. Pero estaba estudiando. Sí, la reacción había sido correcta... o no. Había sentido el morbo de la primera vez que había practicado sexo con su amiga, pero no notaba... ese algo especial. Había química, pero no del tipo romántica que sentía con el imbécil. Maldito. Tenía que esforzarse un poco aquella noche. Si Sam se había atrevido a pedirle aquello, debía intentar corresponder al menos.

—Deuda saldada —bromeó Sam, que se sentía de maravilla entre los brazos de la japonesa.

Yumi sonrió y continuaron andando. No tardarían mucho en llegar al cine. Sam tanteó para sujetar la mano de su amiga, y para su alivio, ella no la apartó. Poco a poco. No esperaba ni mucho menos conquistarla en un día, pero iba poco a poco. No contaba con una reacción tan impetuosa como la del beso. Aunque si iba sumando los puntos, no iba por mal camino.

—¿Vamos a pillar palomitas? —preguntó Yumi cuando pasaron la taquilla.

—¿Un cine sin palomitas? —dijo la otra.

—Lo digo por si quieres que luego cenemos algo. Cuando me hincho a palomitas luego no me apetece cenar.

—Pues... —Sam consultó la hora, aún quedaban diez minutos para que empezase la película—, yo voy a pillar un combo pequeño.

Probablemente no lo sospechaba, pero si quería comer algo era en parte por el nerviosismo que sentía. Siempre le agradaba el clásico película-palomitas-refresco, pero esa noche su mente estaba muy lejos de disfrutar de la experiencia del cine. Estaba más pendiente de la compañía. A lo mejor Yumi le robaba alguna palomita y sus manos se rozaban en el cuenco. Razón de más para pillar el combo.

Por suerte, había otras parejas aquella noche, amén de algún grupo de amigos. Y Yumi no parecía incómoda por la situación en ningún momento. Solo esperaba una cosa, y era que Ulrich no se asomara por allí. Pero bueno, no tenía mucha pinta. Había una preocupación menor, que se toparan con algún estudiante de Kadic, pero tampoco parecía haber compañeros por allí. Estaban a su bola.

Por fin entraron en la sala. Sam había elegido unos asientos estratégicos, no tanto porque se viera bien la película sino por tener algo de intimidad. Ocuparon las butacas y la luz no tardó en apagarse. Sam le dedicó una última mirada a Yumi antes de que empezase la película.


William y Camile habían disfrutado de una buena cena. Había sido una buena elección aquel sitio. Además, les había permitido hablar y conocerse un poco más. William se había esforzado por disimular cuando habían hablado del tema de parejas y sexo. Tanto por el Acuerdo del que formaba parte como por su conocimiento del Círculo 34 del que ella formaba parte (pero aún no se lo había contado, como era obvio), pero al margen de aquello, le gustaba la persona que estaba conociendo. La única "pega" que le veía en ese momento era que la chica parecía ir siempre de un lado para otro sin descanso y no parecía poder dedicar mucho tiempo a las relaciones en ese momento.

¿Y para qué pensará meterse en una?, pensaba el chico para sus adentros, pero no encontraba respuesta. Y tal vez no era asunto suyo. A él solo le tocaba valorar si le merecía la pena arriesgarse con una chica que le pillaba tan inaccesible. Mira a Ulrich y a Yumi. Apenas se veían y al final los celos hicieron el resto, se recordó.

—Tú estabas en el Kadic, ¿verdad? —comentó la chica.

—¿Eh? Sí.

—Podemos ir para allá si tienes que volver pronto —comentó. Debió ver algo en la cara de William porque continuó hablando—. Oye, no pasa nada. Yo vivo también en el campus de la uni. Vale que no es lo mismo, pero voy a pensar que seas un crío por...

A la mierda, pensó William, y plantó un beso a Camile. Era estupenda y le gustaba. Y en ese momento se dio cuenta de que no debería haber hecho eso. Pero ella pareció valorar la situación... y optó por devolvérselo. Puso las manos sobre la cintura de la chica suavemente, y ella empezó a envolverle con los brazos. No estaba nada mal.

—¡Camile!

Aquella voz había llamado la atención de ambos, y por un momento pensaban que se lo habían imaginado. Pero no, dos personas no tenían la misma alucinación sin venir a cuento. Otearon y no tardaron en ver que alguien se acercaba. A William le resultaba familiar, pero indudablemente, ella le había reconocido.

—¿Qué haces, Nigel?

El amigo de Yumi, recordó en ese momento William.

—¡¿Qué haces tú?! —exclamó este—. ¡¿Para esto me dijiste que no te apetecía algo serio?! ¡¿Para ir dándote el lote con cualquiera?!

—¡Eh, no te pases! —respondieron ambos, pero Camile se impuso.

—¡No me defiendas! —saltó Camile, antes de encararse con Nigel—. ¿Se puede saber de qué vas montando el espectáculo en medio de la calle? ¿O es que acaso nos has estado siguiendo toda la noche?

—Yo... ¿qué? ¡No! ¡Estaba dando una vuelta y os he visto! —se defendió el otro—. A ti te conozco, eres amigo de Yumi. ¿No has intentado ligar con ella ahora que está sola?

—Yo no, ¿y tú? —respondió el escocés, un tanto molesto con la actitud de aquel tipo—. ¿Por qué no dejas de molestar y te vas?

Nigel estaba furioso, y parecía estar valorando la opción de una confrontación física, pero se dio cuenta en ese momento de que no estaba en la mejor posición. Aunque ese lugar no estaba congestionado, había la suficiente gente como para quedar en evidencia, y encima les estaban mirando, curiosos. Gruñó y se alejó de allí, a grandes zancadas. Camile, por su parte, parecía alterada.

—William... ¿te importa si lo dejamos aquí por hoy? —pidió. Claramente, no estaba en su mejor momento.

—Claro... ¿quieres que te acompañe? —preguntó.

—... Vale.

El encontronazo la había afectado. Eso llamaba la atención de William, ya que ella no le parecía precisamente una persona que pudiera verse alterada. Pero al final, todo el mundo tenía unos límites, y aquel imbécil los había sobrepasado. Caminaron un rato en silencio. No de esos silencios ligeros, sino uno pesado, incómodo. Aquella no era la noche con la que había contado.

—Oye... voy a seguir sola —suspiró ella, cuando estaban a medio camino.

—¿Estás segura?

—Sí... lo siento, pero no soy ahora mismo la persona más receptiva —dijo—. Me lo he pasado muy bien, pero... Nigel ha estropeado esta noche.

—Lo entiendo —asintió el escocés.

Tenía ganas de preguntarle si volverían a quedar, pero no parecía el mejor momento. Maldito Nigel, pensó para sus adentros. Pero bueno, no podía hacer nada por arreglarlo. Le reconfortó un poco que la chicha le diera un beso en la mejilla antes de alejarse, engullida en la negrura de la noche. Con aquel planteamiento, se encaminó de nuevo hacia el Kadic. Mirando la hora, probablemente la puerta externa ya estaría cerrada. Suspiró aliviado al notar el contacto de la llave en su bolsillo.

Tuvo el impulso de llamar a Yumi y contarle la aventura con su compañero de claro, pero pensándolo mejor, no era el momento. Al fin y al cabo, sabía que había quedado para olvidarse un rato del imbécil de Ulrich. Otro que tal..., pensó con amargura. Seguía sin entender qué mosca le había picado para comportarse de aquella manera con la japonesa. Tal vez debía tener un par de palabras con él. Pero otra noche. Al final, la suya iba a ser de películas, y... tal vez un poco de alivio por su cuenta.

Fue cuando estaba llegando a Kadic cuando reparó en una de las frases de Camile cuando les habían interrumpido. No me defiendas. ¿Tal vez ese había sido el motivo? Desde luego la chica se veía del tipo que se desenvolvía por su cuenta. Pero él no lo había hecho con la intención de ofenderla, más bien lo contrario... Contradiciendo sus pensamientos, optó por enviarle un mensaje. Si había sido esa la razón, quería saberlo. Aunque no le respondiera aquella noche.

Estás desentrenado, William. Las mujeres siguen siendo tan complicadas como siempre, pensó mientras se deslizaba en silencio por los pasillos de la academia. Agradeció no encontrarse a Jim antes de entrar en su habitación y poder despojarse de la ropa. La próxima vez tiro de camiseta y tejanos, se dijo mientras se dejaba caer en el colchón. Y mañana sería otro día.º


Un tímido rayo de sol atravesó la ventana, y antes de que una nube lo ocultara de nuevo, acertó en los ojos cerrados de Sam. Esta los abrió con timidez. Tardó unos segundos en procesar la noche anterior. Y sonrió. Volvió a cerrarlos, y se acurrucó como estaba, de espaldas entre los brazos de Yumi, que seguía dormida. Estaba feliz.

La tarde anterior se lo habían pasado de maravilla. La película había sido mejor de lo que pensaba, pero se había tomado la libertad, en cierto momento, de apoyar la cabeza en el hombro de la japonesa y esta no se había apartado. Luego habían picoteado algo en un local donde servían montaditos, y habían rematado la noche en... tres maravillosos orgasmos entre aquellas sábanas.

Ojalá aquello funcionara de veras. Sentía que podía ser muy feliz con ella, y que también era capaz de hacer que Yumi lo fuera. Y no le importaba que estuviera en la uni, porque podían verse igualmente, o que se viera con otras personas. Era una persona muy especial para ella, y no la iba a dejar marchar por tonterías.

Situada como estaba, no podía darse cuenta de que Yumi también se había despertado, pero había permanecido inmóvil. Se limitaba a reflexionar sobre los hechos de la tarde anterior. Samantha había demostrado ser muy cariñosa. Y lo más sorprendente era que no se había sentido agobiada por ello. No la había presionado en ningún momento, todo había surgido de forma natural.

Era cierto que durante la película apenas habían interactuado, pero durante la cena de picoteo se habían conocido un poco más. La chica le caía bien, pero había cosas de ella que no conocía y que le había ido contando mientras cenaban. Y habían vuelto a casa dando un paseo. Incluso se habían atrevido a darse la mano, no había nada de malo en ello, ¿verdad? Y el sexo... no era la primera vez que se acostaban. Pero sí era la primera vez que no había otra persona más implicada. Y había demostrado ser una amante excepcional y generosa. Casi se sentía culpable, pensaba que no había cumplido lo suficiente. A pesar de la carita tan tierna que le había dedicado la chica después del orgasmo.

¿Y esto en qué sitio nos deja, Sam?, preguntó para sus adentros. La diversión había sido indudable, pero... ella no era el capullo. A pesar de todo lo que había llorado por él, y del daño que aún sentía por la ruptura, no podía olvidarle. Tal vez no era el mejor momento para plantearse algo serio con Sam. Sabía que las "relaciones liana" eran una idea terrible. Y ella había experimentado lo que era un corazón roto. No le apetecía hacer algo así de cruel con ella, no lo merecía.

—Hola —saludó Sam, de pronto. Se había girado y sonreía mirando a los ojos a Yumi—. ¿Qué tal has dormido?

—De maravilla —reconoció Yumi—. ¿Qué tal tú?

—Estupendamente.

Y le dio un beso a Yumi. Pretendía ser uno breve, pero la tentación fue mayor y dedicó unos momentos a disfrutar de los labios de su amiga. Y ella no se apartó. Le venía bien un poco de cariño. Y sintió la punzada de culpa. Y detuvo el beso.

—¿Te... te pasa algo? —preguntó Samantha, alarmada.

—... Perdona, aún estoy un poco dormida —mintió la japonesa—. Espero que lo pasaras... bien anoche, ya veo que sí —mientras hablaba, su amiga había pasado una pierna sobre ella y ahora se encontraba encima, dominando la situación—. ¿En serio? ¿Polvete mañanero?

—Solo si te apetece. Yo estoy receptiva... pero si no quieres, podríamos desayunar. ¿Tienes algún plan para hoy?

—La verdad, querría estudiar antes de la hora de comer —respondió Yumi—. Se me ocurre —añadió, viendo la mirada de decepción de Sam—, que podemos bajar a desayunar algo, y luego nos vamos a Kadic y estudiamos en tu cuarto, si te apetece.

—Me parece un buen plan —aceptó la otra, y se inclinó para darle, esta vez sí, un beso suave y rápido—. Y me alegro que lo pasaras bien ayer.

—Claro que sí. Eres estupenda —tuvo que reconocer Yumi. Y no entiendo por qué no puedes gustarme más... cualquier persona estaría encantada.

—Pues... espero que me llames para quedar otro día. Para pasarlo igual de bien.

Y le guiñó el ojo antes de liberarla. Casi toda su ropa se había ido al suelo en la puerta del dormitorio, y agradeció que Hiroki aquella noche hubiera dormido fuera. Empezó a vestirse mientras Yumi buscaba algo limpio en el armario.

—Te puedo prestar algo —ofreció mientras se enfundaba en su característica ropa negra.

—No es necesario. Gracias —respondió mientras se abrochaba el sujetador—. Esto es tuyo —señaló la ropa de Yumi, que había caído al lado de la suya.

La japonesa terminó de vestirse y luego trotó para recuperar su ropa y echarla al cesto de la ropa sucia. Pensándolo bien, debería poner la lavadora antes de que volvieran sus padres. Pero bueno, eso también lo podía hacer después de comer. Ahora iba a disfrutar de una taza de café con Sam, y luego, por la tarde, ya vería.


Pero Sam no era la única chica que amanecía en brazos de otra mujer. Laura abrió los ojos por la mañana, e identificó una cabecita rosa que descansaba sobre ella. Se había quedado a dormir en la habitación de su amiga. Después de... empezó a reconstruir la noche en su mente.

Después de haber sido... aplazada, se había dirigido al dormitorio de Aelita. Tenía que hablar con ella, sentía que estaba traicionando su confianza si no le contaba sus sospechas de que Jeremy le estaba tirando los trastos. Claro que lo mismo era todo una paranoia suya, pero prefería dejarlo aclarado antes de que se le volviera en contra.

Llamó a la puerta de Aelita, y por un momento pensó que no había nadie al no recibir respuesta. Pero se dio cuenta de que había luz, que se filtraba por la rendija bajo la madera. Extrañada, intentó abrir, y para su sorpresa el picaporte cedió. Entró al dormitorio, y se topó a Aelita, tumbada bocarriba en la cama. No estaba dormida, pero contemplarla mientras miraba el techo era preocupante.

—¿Aelita? —la llamó—. ¿Estás bien?

No obtuvo respuesta.

—... ¿Aelita? —preguntó mientras se acercaba—. ¡Oye! —exclamó poniéndose delante de ella. Eso pareció producir una reacción en la chica.

—Oh. Hola —fue todo lo que respondió—. Perdona... ¿llevas mucho ahí?

—Acabo de venir. ¿Llevas toda la tarde ahí tirada?

—He estado estudiando. Intentándolo —respondió la pelirrosa.

Laura echó un vistazo a la mesa de su amiga. O mucho se equivocaba, o la chica había puesto los libros encima de la mesa y no los había abierto. Los apuntes continuaban en la carpeta, y parecía que no había repasado. Seguramente ni siquiera le hiciera falta, pero le extrañaba aquella actitud por su parte.

—¿Qué te pasa?

—Es por el tema de mi madre... y no sé qué le pasa a Jeremy, que lleva días también muy raro conmigo...

Laura se echó a temblar.

—Joder... no se si debería decirte esto, pero... te quería comentar lo de Jeremy...

Aelita se incorporó.

—¿Sabes qué le pasa? —preguntó, mirándola inexpresiva.

—A ver... —le tentó sentarse. Pero si a Aelita le surgía el instinto asesino, prefería estar lejos de su alcance. Por si acaso—. Creo que, desde que Odd no disimula que tiene algún interés en mi... Jeremy se ha puesto celoso, y también ha intentado llamar mi atención... El otro día me dijo de ir a tomar algo los dos solos... ¡Le dije que no! —Laura no entendía por qué Aelita continuaba sin mostrar ninguna emoción—. Ya te dije, no tengo intenciones con él, es un amigo, pero creo que se ha pensado otra cosa y...

Retrocedió cuando Aelita se puso en pie. La verdad, le daba miedo verla tan seria. Una expresión de enfado, de odio, al menos le diría a qué atenerse. Pero esa falta de expresión le aterrorizaba. Igual no había sido buena idea decírselo. Tan asustada estaba que tardó unos minutos en darse cuenta de que la estaba abrazando.

—Aelita... —murmuró, y le devolvió el abrazo.

Y a continuación, recordaba... fragmentos. No sabía cómo, los labios de Aelita habían buscado los suyos. Se habían besado, lentamente. Por unos minutos, o unos segundos, tal vez horas. No sintió el impulso de apartarse. Habían aterrizado también en la cama de la pelirrosa. Y Aelita se dejaba hacer. Suspiraba suavemente con los besos que Laura le daba por el cuello, por la cara, y volvía contra sus labios.

—Tengo calor —había dicho, y Laura solo sabía una forma para arreglar eso. Empezó a quitarle la camiseta, deliberadamente despacio, doblándola hacia arriba poco a poco. su amiga se incorporó para facilitarle el trabajo. La rubia admiró los senos de Aelita. Eran bonitos... nunca había reparado en ello en las duchas. Pero ese ambiente era muy distinto.

No podía aguantar más, y se quitó su propia blusa. Se tendió sobre Aelita y volvieron a besarse, mientras sus manos se dedicaban a explorarse mutuamente. Se sentían tan suaves... Pero los sujetadores empezaban a ser un estorbo, uno que Laura empezó a retirar. Empezó por el suyo, y no se dio cuenta de dónde aterrizó. A continuación liberó a Aelita. No se había dado cuenta de que había empezado a sonreír. Disfrutaba con aquello. Disfrutaba con ella y eso le hacía sentir poderosa. Se atrevió a ir un paso más allá, su falda ya no se interponía entre ellas, y tampoco el pantalón de Aelita.

—Lauraaaah —gimió la pelirrosa mientras ella le daba besos por el vientre, y alcanzaba sus bragas. Sintió sus labios jugueteando por encima de la tela. Y el roce de sus dientes cuando atrapó la tela y tiró gentilmente hacia abajo—. Aaaaaah... sííííh —suspiró. La rubia había vuelto a escalar por entre sus piernas hasta llegar al su sexo, y se dedicaba a darle placer. Se sentía como en una nube. Por instinto se llevó las manos a los pechos para estimularse un poco más. No, era imposible. No podía terminar tan rápido, no... o sí, porque era estupendo. No se contuvo en gemir cuando culminó.

—¿Te sientes... bien? —preguntó Laura, que seguía llevada por sus impulsos. Acariciaba el cuerpo de Aelita y besuqueaba su cuello.

—De maravilla —respondió ella, y haciendo un esfuerzo, intercambió las tornas con ella. Se logró poner encima y pudo devolverle el favor, enterrando la cabeza entre las piernas de Laura. Aquel sabor era extraño, pero el morbo la excitaba. Empezó a aumentar el ritmo disfrutando de los gemidos de la rubia diciendo su nombre. Era genial poder perderse así una noche, era justo lo que necesitaba. Se dejó llevar hasta que sintió el orgasmo de Laura. Se miraron y sonrieron, cómplices aquella noche de cariño mutuo.

—¿Eso es todo? —la había desafiado Laura. Aelita no había respondido, sino que se había puesto sobre ella, a la altura de su intimidad, y permitiendo a su vez acceso a la suya a la rubia. Aquel intercambio de besos en los labios inferiores culminó con un delicioso orgasmo, antes de que Aelita trepase sobre Laura y se quedase dormida encima de ella.

Y ahí estaban. Amaneciendo. Aelita abrió los ojos también, y sonrió al ver que laura continuaba ahí con ella.

—Buenos días —susurró.

—Buenos días —respondió Laura—. Aelita, lo de anoche fue... estupendo. Pero no lo entiendo. Con lo que te dije... ¿por qué?

—Porque me siento sola. Mi madre va y viene. Y Jeremy, efectivamente, va por ti... Que me lo contaras fue... un alivio. Me confirmaba que no ibas a por él. Así que... necesitaba el cariño de una amiga anoche. Fue maravilloso, de verdad.

—Me alegro —dijo Laura, ruborizada—. Pero eso no arregla...

—Con Jeremy me arreglaré yo, no te preocupes. Si le quieres dejar claro que no te interesa, hazlo —aseguró Aelita—. Y... espero que sea capaz de fijarse en ti.

—¿Quién? ¿Jeremy?

—No. Sissi.


Carlos estaba aquella mañana de domingo haciendo una videollamada con su familia. No era lo que más le apetecía del mundo, pero tenía apalabrado con ellos cierto contacto. Aún no les había perdonado la mudanza a traición. No del todo. Había hecho un buen grupo de... conocidos se quedaría corto para unas personas que habían aceptado tener sexo con él, pero amigos... se iban ganando mutuamente la confianza.

Fue cuando colgó cuando alguien llamó a su puerta. No le apetecía levantarse, así que dijo "Adelante". Y no se sorprendió mucho al ver entrar a Sam, aunque sí le llamó la atención la sonrisa con la que entraba.

—Bueeeeeenos días —saludó la recién llegada.

—Hola. Veo que anoche se dio bien —comentó Carlos.

—De maravilla —aseguró ella—. Al contrario que tú.

—He estado hablando con mi familia...

—Oh...

En aquellas semanas, Sam había aprendido que al chico era mejor no preguntarle mucho al respecto. En su lugar optó por preguntar por lo que había ido a buscar.

—¿Tienes los apuntes? Ha venido Yumi, y he quedado en estudiar con ella en mi habitación.

Carlos se levantó y buscó en la estantería, el único mueble adicional que había traído. Mientras rebuscaba los que había preparado la noche anterior, continuó la conversación.

—Así que lo de anoche salió muy bien, ¿no?

—Estupendamente. Creo que la cosa puede ir muy bien —dijo con una sonrisa nerviosa—. Pero bueno, de momento vamos a seguir como hasta ahora. ¡Gracias! —exclamó cuando el chico le tendió una carpeta con varios folios dentro.

—Están a ordenador, que es mejor que descifrar mi letra —bromeó este—. Pero... Bueno, no se si debería decirlo.

—¿El qué?

—Que no deberías ilusionarte...

La sonrisa de Sam se congeló un poco.

—No estoy ilusionada... —mintió.

—Yo creo que sí... Y ya te lo dije. Esa ruptura que han tenido... No creo que sea definitiva. Y te vas a hacer daño... —tanteó—. Y no quiero que eso pase... me caéis muy bien.

—Te lo agradezco. Pero... solo sé que ella está herida, y necesita alguien. Al igual que Ulrich tiene a Sissi para pasar el luto. No hay nada malo en ello —dijo.

—No insistiré. Que lo paséis bien...

La frase quedó en el aire, pues ambos habían recibido un mensaje al mismo tiempo en sus teléfonos. Por probabilidad, tenía que ser alguien del grupo contactando con todos a la vez. Y así parecía. Abrieron el mensaje. Era de Patrick.

«¿Podemos venos en The Hermitage en media hora? Hay algo que tenemos que hablar».

—Parece algo serio... —comentó Carlos, mientras enviaba un «ok» como respuesta y se empezaba a poner las zapatillas.

—¿Recojo a Yumi y vamos los tres? No sé dónde estarán los demás —comentó la chica mientras respondía también.

—Claro —respondió el chico, que ya estaba listo para salir—. Aunque siendo domingo por la mañana... quien más quien menos estará en su dormitorio.

Y así parecía. Según salían del dormitorio de Carlos, vieron a Ulrich salir de su habitación. Y estaba en compañía de Sissi. No dieron nada, pero Sam les dijo que les alcanzaría. Era mejor que Ulrich y Yumi no se vieran en ese momento. Al margen de lo que sintiera por ella, prefería que se encontraran con todo el grupo presente por si protagonizaban alguna escena.


A pesar de que Patrick les había dado margen para ir hasta The Hermitage, el grupo se encontró a medio camino en apenas diez minutos, y en cinco más habían llegado a la construcción. Samantha y Yumi llegaron apenas un minuto después. La japonesa había ralentizado su paso adrede al saber que Ulrich iba por delante.

Pero nadie había entrado en la casa, pues Patrick les estaba esperando fuera. Aunque todos iban con chaqueta de abrigo, no hacía el suficiente frío como para resultar incómodo estar a la intemperie. Y este se movía de un lado a otro, pero no parecía que la temperatura tuviera algo que ver con ello. Más bien, se le veía nervioso.

—¿Qué ocurre? —preguntó Jeremy. Se había puesto al lado de Aelita. Pero a ella no se le escapó que Laura se había puesto a su lado, el chico había "roto", de modo que tenía una a cada lado. No me engañas, pensó la pelirrosa—. Hoy has salido muy pronto.

—Tenía que ver a alguien —dijo este—. A ver... hay alguien más que se ha enterado de lo que hacemos —una cara de miedo recorrió al grupo—. En parte, porque... yo le aclaré los detalles.

—¿Estás loco? —preguntó Sissi.

—Sabía parte, al menos. Cuando se enteró de que tú y Carlos... —les señaló alternativamente., no necesitaba terminar la frase para que todos empezaran a entender—. El caso es que ahora entiende lo ocurrido.

—¿Emily te ha pedido entrar en el Acuerdo? —se sorprendió Odd.

—No exactamente... Se lo he ofrecido yo.

Y cuando dijo esto, se abrió la puerta de The Hermitage, de cuyo interior salió Emily. Parecía un poco azorada por la situación, y ni siquiera se atrevía a mirarlos directamente. Hubo un silencio y varios suspiros alrededor. Qué situación más incómoda para todos.

—Así que se lo contaste a ella antes de decirnos a nosotros lo que pensabas hacer —comentó William—. ¿Y qué ha decidido? —preguntó.

Patrick no habló de inmediato. Miró a Emily, por si le apetecía hablar a ella y no interrumpirla. Pero estaba azorada, y le sorprendía que no saliera corriendo.

—No quiere ser un estorbo. Es decir. Si la aceptamos, ella acepta. Si no, ha prometido de todos modos guardar el secreto. Así que creo que deberíamos votar.

—¿No es un poco precipitado? —preguntó Yumi. Evitaba en todo momento mirar a Ulrich. De hecho, en su mente, solo había una idea envenenada sobre la chica. Otra de las que te interesaban, Ulrich... aprovecha y olvídame.

—Bueno... a ella la conocemos hace más tiempo. Es decir... que no es una completa desconocida. Y ha guardado el secreto todos estos días. Así que... creo que sería justo con ella darle al menos el beneficio de la duda. Podemos votar ahora, o esperar unos días si lo tenéis que pensar, no pasa nada. Pero al menos quería dejarlo planteado. Sé que la decisión es de todos. Así que... ¿qué opináis?


Muy buenas a todos.

He revisado el capítulo anterior. Y menos mal que no me comprometí con la fecha de publicación, porque ha pasado bastante. El calor amuerma. Y la falta de tiempo, de inspiración, de tiempo, de ganas, de inspiración, de tiempo... Pero bueno, si seguís mi perfil habréis visto que he publicado DOS actualizaciones. Sí, también he actualizado "Digital Lemmon", que lo tenía abandonado desde enero. Cosas de la vida.

honter11: Me alegro que te gustara el capítulo. Y Digital Lemmon... Pues he actualizado hace cinco minutos, aunque a lo mejor no es lo que la gente espera ¯\_(ツ)_/¯

Agoi Cafe: Efectivamente, Laura tiene otras tendencias... Porque soy un maldito liante y me lo paso bien haciéndolos sufrir así :D Y Emily... ella ya ha hablado. Falta el grupo ;)

Nos leemos cuando nos tengamos que leer. Yo espero que sea pronto ;) Lemmon rules!