15 Una cita y un rebote
—Creo que podemos votar ahora —comentó Jeremy, con las manos en los bolsillos—. Si alguno ha traído papel y... boli —concluyó, al ver que Patrick ya estaba preparado para tal eventualidad. Obviamente tiene interés en la muchacha... pobre primo, pensó para sus adentros. Y es que conocía la obsesión que tenía ella con Carlos. Observó al chico cuando tomaba el papel y un bolígrafo en sus manos. No se miraba con Patrick.
—Esto funciona como la vez anterior, ¿no? —preguntó Sissi mientras garabateaba en la nota su votación.
—Sí. Los once debemos votar a favor —respondió William mientras doblaba el papel con su voto—. Yo ya.
—También —dijo Ulrich mientras le tendía el voto a Patrick. Este los fue recogiendo hasta que llegó la última papeleta, que resultó ser la de Yumi.
—A ver... "A favor" —leyó Patrick, mientras abría los votos—. "Sí". "Sí". "Ok". "Sí". "A favor" —de momento los seis votos eran favorables para su idea—. "Sí". "Sí". "A favor". "Sí"... Y "sí" —a nadie se le escapó el suspiro de alivio del chico, aunque había intentado disimularlo. Emily, por su parte, estaba ruborizada, y miraba los papeles con los votos abiertos que habían ido cayendo al suelo.
—¿De... de verdad me aceptáis? —preguntó, insegura.
—¡Pues claro! Y además, con mayoría absoluta —dijo Odd con su habitual buen humor—. Así que a partir de ahora eres una más de nosotros.
—Tiene que firmar —le recordó Yumi.
—Sí... Bueno, luego podemos ajustar la burocracia en el Kadic —dijo Patrick, quitándole importancia. Se le notaba nervioso—. Pues... gracias por venir a todos. Podemos continuar con nuestro domingo.
—Y si os apetece empezar, The Hermitage está equipada —bromeó Odd y les guiñó un ojo antes de volver a caminar hacia el Kadic.
Y así lo hicieron la mayoría, aunque Ulrich desvió su ruta y Sissi le siguió de cerca. Emily y Patrick se quedaron quietos viendo al resto marcharse. Pero no tenían intención de sexo en ese momento. Ambos tenían sentimientos encontrados. Por un lado, ahora Emily tenía ciertas libertades y privilegios con ellos. El problema era que sus corazones no ondeaban en la misma dirección, lo cual hacía la situación incómoda.
—Habla con él —le dijo el chico.
—¿Mm?
—Con Carlos. En serio, tienes que hablar con él —dijo. Le dolían sus propias palabras, pero era consciente de lo que Emily sentía en ese momento. Y sabía que, mientras no lo resolviera, sus opciones eran nulas.
—No he aceptado lo del Acuerdo para eso...
—Lo se. Pero te lo puede facilitar —propuso—. Sé que es lo que necesitáis.
—Gracias —murmuró ella. Le dio un beso en la mejilla y luego se encaminó al Kadic.
Patrick se quedó allí un momento. Abrió el móvil y vio las notificaciones de Fish. Tenía un par de chicas interesadas en él. El problema es que no sois Emily, pensó. Pero tampoco podía estar languideciendo por ella. Optó por responder el segundo mensaje. El del perfil de la chica que solo buscaba sexo. Igual era eso lo que necesitaba, algo físico y esporádico con alguien nuevo.
Era ya después de comer y Laura había regresado a su habitación. Estaba tendida en la cama, con el portátil sobre las piernas descubiertas viendo Grey's Anatomy, intentando no pensar en el día anterior. Bueno. En el principio de la noche, cuando Sissi la había rechazado. El sexo con Aelita había estado mejor. Había sido un desahogo, y un buen acercamiento para con la pelirrosa. Al fin y al cabo, no había notado que sus intentos por establecer una relación amistosa dieran sus frutos. Sintió un calor agradable al recordar la noche anterior. Había sido casi perfecta. Pero... Aelita no era Sissi.
Y en ese momento llamaron a su puerta.
—¿Sí?
—¡Nosotras!
La voz era la de Aelita, pero a puerta cerrada no podía saber a quién se refería con el plural. Lo bueno era que, al menos, no tendría que molestarse en taparse. Vendría con alguien de confianza. Y su corazón le dio un vuelco al verla entrar con Sissi. Como entró en primer lugar, no se pudo fijar en que la pelirrosa guiñaba un ojo a la rubia. Ella sintió una ola de gratitud hacia su amiga.
—¡Tarde de chicas! Bueno, de algunas —anunció Aelita—. Yumi quería entrenar pencak silat y Sam la ha acompañado.
Laura no quiso imaginar qué pasaría si Ulrich también le diera por entrenar. De hecho le extrañaba que Sissi no le estuviera acompañando, pero ella lo explicó.
—Y Emily decía que quería estudiar. Así que hemos enviado a todos los chicos al cine para que nos dejaran tranquilas —dijo, y se sentó en la cama de Laura. Ella podía sentir su delicado aroma.
—¿Y habéis pensado en algo? —preguntó Laura.
—Simplemente estar tranquilas —respondió Aelita, y ocupó el otro lado de Laura. Pero dejó un pequeño espacio, para no romper el momento de ella con Sissi, que había apoyado inocentemente la cabeza en su hombro.
—Falta nos hace. ¿Soy la única saturada por todo lo que tenemos que estudiar este último año?
—Desde luego que no. Y que no nos permitan tener el portátil en clase no ayuda —comentó Aelita.
—Menos mal que... —a Sissi se le escapó un bostezo—, os tengo a vosotras...
—Para lo que haga falta —respondió Laura, automáticamente. Miró a Sissi, pero tenía ya los ojos cerrados. Estaba dormida, o eso parecía—. ¿Sissi?
—¿Mmm? —respondió ella. Estaba preciosa.
—¿Os dejo a solas? —preguntó Aelita en un susurro. Laura negó con la cabeza y reclinó el cuerpo de su amiga. Ahora sí se había dormido.
—¿Cómo lo supiste?
—Ya te dije te observaba, cuando me daba miedo que... ya sabes. Y me di cuenta que ese interés...
—Shhhhhh —pidió Laura.
—¿No se lo vas a confesar? —preguntó la pelirrosa, vigilando que Sissi seguía dormida.
—Querría pero... anoche no pudo ser. Necesito volver a echarle valor —suspiró Laura—. La quiero. Y me da mucho miedo que eso me haga perderla.
—Espero que podáis estar juntas. Y creo que no te lo dije, pero... gracias por lo de anoche.
La rubia sonrió, halagada.
—Me está dando un poco de envidia verla así de dormida. ¿Te importa?
—Creo que podemos echarnos un rato, sí —aceptó Laura. Al fin y al cabo, eso le permitiría dormir con Sissi después de bastante tiempo. Se acomodó a su lado, y dejó que Aelita apoyara la cabeza en su hombro. Estaba muy cómoda. Cerró los ojos. Un descanso siempre venía bien. Miró a su amada. Ojalá pudiera estar contigo.
Si el lunes se considera el peor día de la semana, que estuviera sazonado por una clase doble de Ciencias se hacía insufrible para el grueso de los alumnos. Por eso en las mesas de varios de ellos humeaban vasos de café, una concesión que les habían hecho para evitar que se quedaran dormidos. Lo extraño era que la señora Hertz, que solía acudir a dar la clase con la puntualidad de un reloj de bolsillo suizo, no había llegado.
—¿Le habrá ocurrido algo? —preguntó Patrick. Había un murmullo por el aula, aprovechando la falta de figura de autoridad. Estaba sentado con Odd, detrás de Aelita que ocupaba la primera fila, como habitualmente. Laura, por su parte, había optado por ponerse tras ellos, para echar una mano a Emily.
—Pues una hora libre —dijo Odd—, qué lástima...
—Espero que solo lo digas porque eres un vago —comentó Laura, que aprovechaba para enseñar a Emily los apuntes.
—Pues claro. Yo no le desearía un mal a...
—Buenos días.
Toda la clase miró al frente. La mayoría de los alumnos solo la habían visto alguna vez. Anthea estaba allí, con una pila de folios cargados en el brazo. Los ojos de Odd, Laura, Emily y Patrick se dirigieron de inmediato a Aelita. ¿Cómo iba a reaccionar?
—La señora Hertz me ha pedido que la disculpéis. El viernes se encontraba mal y resulta que está con la gripe, así que voy a sustituirla estos días —anunció.
Se comportaba de modo verdaderamente profesional. No había dedicado ninguna mirada a Aelita, quien al contrario la contemplaba atónita. ¿Qué parte de "espacio" era la que su madre no había entendido? Bueno. Estaban en el aula. No eran madre e hija. Eran profesora y alumna. Así que a aprender durante aquel rato y luego a seguir con sus vidas.
—Os devuelvo el último trabajo que hicisteis. Las notas han sido bastante buenas en general —dijo mientras empezaba a repartir las carpetas con los trabajos—. Tenéis que mantener el nivel. Así os será más fácil estudiar para los finales —continuó. Había dado el rodeo, y entregaba los últimos trabajos—. Os voy a dar cinco minutos para que le echéis un vistazo —puso el trabajo de Aelita sobre la mesa—, y continuaremos con el temario. Si tenéis alguna pregunta...
Por lo general era raro que alguien reclamase su nota. La Hertz anotaba todo lo que había encontrado mal o insuficiente bien marcado en bolígrafo rojo para evitar equívocos. De modo que nadie entendió por qué Aelita levantaba la mano.
—Disculpe, profesora —no pudo evitar un tono de sarcasmo—, pero no entiendo mi nota.
—Un notable bajo —respondió Anthea. Lanzó una mirada enfadada al aula. Habían empezado los cuchicheos. ¿Aelita con una nota tan baja? Era imposible. Algo debía ocurrir.
—¿Y se puede saber por que? —preguntó la pelirrosa, irritada.
—Tercera página, al principio. La ecuación de la Ley de Faraday.
Aelita pasó las páginas y lo revisó.
—¡La ecuación es correcta! —protestó.
—No, me temo que no... La tensión inducida es igual a menos ene por la tasa de variación temporal del flujo magnético. Menos ene. Has calculado en más ene. Así que desde ahí, el resto de los cálculos, estaban mal... Bien planteados pero las cifras eran incorrectas.
—... ¿Y quién lo ha corregido? ¿Usted? —preguntó Aelita. Estaba furiosa. Consigo mismo por aquel error de novata, y con su madre, que era la causa por la cual se había distraído haciendo aquel trabajo.
—La corrección es de la señora Hertz. Pero los he revisado y tiene razón. Si tiene algún problema con la nota, deberá discutirlo con ella cuando regrese.
Anthea estaba intentando armarse de paciencia, pero el tono de voz en que le hablaba Aelita la estaba poniendo de los nervios. Y en ese momento ella era una figura de autoridad. Casi podía leer en las caras de los alumnos que estaban comprobando hasta qué punto se podía tensar la cuerda.
—Pues sí, prefiero tener esta conversación con mi profesora —la desafió Aelita.
Anthea se dio la vuelta y se sentó en el escritorio sin añadir una palabra. Abrió el cajón y sacó un folio en blanco. Redactó una nota a mano, bastante rápido, y luego buscó un sobre. Metió la nota, y lo cerró. Añadió algo en el sobre, y se lo dio a Aelita.
—Al despacho del director. Y esta tarde, después de clases, cuatro horas de biblioteca. Andando.
Intentando no levantarse muy bruscamente, Aelita se puso en pie, cogió el sobre y salió de allí. Casi lo agradecía. Le asfixiaba compartir el aula de manera impuesta con su madre. Pero según iba caminando hacia el despacho de Delmas, se arrepentía de su actitud. ¿Por qué no podía tener una relación más normal con ella?
Carlos estaba regresando a su dormitorio. Estaba leyendo los mensajes en el grupo, sorprendido por la actitud de Aelita que le había costado la expulsión de la clase. Lástima no haberlo visto, pensó para sus adentros. Sin duda hubiera sido más interesante que la película que fueron a ver todos la tarde anterior. Había sido la primera vez que se dormía en el cine. Y le molestaba mucho pagar para dormir.
—Carlos —le llamó alguien sin alzar la voz. Supo quién era sin necesidad de girar la cabeza.
—Hola, Emily.
—¿Podemos hablar? De buen rollo —aclaró, levantando las manos. Vengo en son de paz.
—Entra —ofreció el chico. Se puso un poco nervioso. Aunque realmente fuera tranquila, sus últimos encuentros a solas habían implicado discusiones, voces, gritos... y casi se llevó una bofetada.
—¿Puedo sentarme?
—Claro.
Emily se sentó en el extremo de la cama, y esperó a que el chico se pusiera a su lado. No dijeron nada por unos segundos, y a punto estuvo de empezar la conversación por la colección de libros que había ido almacenando su amigo en el dormitorio. Pero tenía temas más acuciantes.
—Tenía que darte las gracias. Por votar ayer que sí... No esperaba que nadie lo hiciera, pero tú... con lo que hemos pasado...
—No soy tan vengativo.
—Lo sé... Pero quiero saber algo. Y que me respondas con sinceridad. ¿Hay algo entre Sissi y tú?
—Es una amiga. Nada más.
—Con la que te acostaste... Y te invitó a entrar en el Acuerdo. ¿No sientes nada por ella?
—Es una amiga —repitió él—. Pero solo eso, de verdad. No se si a ella le gustará alguien, pero... te aseguro que yo no. Más allá de lo físico, me refiero.
—Entonces quiero una cita —soltó.
—¿Una cita?
—Sí. Tú y yo. Cenar en algún sitio... No tienes que excederte —aseguró—. Solo quiero pasar una velada contigo... Y terminar la noche aquí. O en mi cuarto —dijo mientras se ponía colorada.
Te da vergüenza decirlo y sin embargo aceptas entrar en un Acuerdo de sexo, pensó Carlos, pero no dijo nada. Al contrario, tenía que valorar la petición de Emily. En su opinión, la chica le estaba pidiendo el inicio de algo que no tenía claro que pudiera funcionar. La cita probablemente estaría abocada al fracaso desde antes de su inicio.
Y los ojos de Emily... Parecía tener algo de esperanza. Le dolería partirle el corazón.
—¿Quedamos el viernes?
—¿Por qué no hoy? Digo... para el viernes queda mucho...
—De acuerdo. Dame un par de horas, me doy una ducha y busco algún sitio bonito.
—Perfecto —dijo Emily con una sonrisa—. Te veo luego.
Y le dio un beso en los labios antes de irse.
No sabía qué iba a pasar aquella noche. Pero su relación con Carlos había sido bastante tormentosa desde que pensaba que no se verían más. Había que concluir el capítulo de alguna forma.
Poco antes de la cena, Laura estaba preparándose para la cena. Había apagado su teléfono hacía bastante, después de ser consciente de que había pasado unos largos minutos revisando las redes sociales de Sissi. Había recibido la notificación, pues últimamente subía fotos de la mesa de su cuarto llena de apuntes. Pero a lo tonto, revisando atrás en el tiempo, había llegado a sus fotos del verano... El problema no era solo que quería a Sissi, sino que también sentía un fuerte deseo hacia ella, y eso la estaba haciendo daño. Sus fotos en bikini habían sido un cruel recordatorio.
Se preguntaba dónde estaría en ese momento. Probablemente con... Ulrich. Le estaba empezando a odiar. Mucho. El muy cretino... ¡Pero si había pasado de Sissi hasta que Yumi le dio calabazas! No era nada justo con su amiga. Y se lo podía decir, claro, pero... Eso no iba a cambiar nada. Como mucho que Sissi estuviera un poco más sola. Pero no se fijaría en ella. El alemán no era su impedimento para nada. Simplemente, la falta de sentimientos de la morena.
Por lo menos Aelita había tenido la buena idea de hacer que los chicos se alejaran un rato la tarde anterior. Así no estaba tan acaparada. Poder pasar la tarde durmiendo con ella había estado bien. Casi podía sentir aún su aroma en el colchón... Deja de soñar despierta, se riñó. Esto empieza a ponerse enfermizo. A lo mejor debería ir a un profesional y que me...
El hilo de sus pensamientos se vio interrumpido a causa de unos golpes en su puerta. Invitó a entrar, y Odd pasó a la habitación. Esquivó un momento sus ojos, exasperada. Le caía bien, y le agradecía mucho, pero últimamente aparecía a verla con cualquier motivo tonto.
—Hola, Laura. ¿Ibas a bajar a cenar? —preguntó.
—Sí, ahora —respondió ella, mientras se abrochaba las zapatillas.
—Vale. Es que... te he llamado pero me aparecía tu teléfono apagado.
—Sí, me he quedado sin batería —mintió la rubia—. ¿Quieres los apuntes de Biología?
—Ah, sí, es verdad —recordó el chico.
Laura se giró a la mesa, y buscó una carpeta de apuntes. Y suspiró. Una mezcla de gusto... y hastío. Odd se había acercado a ella por la espalda y abrazaba su cintura. Normalmente se lo permitía, pero en aquella ocasión, necesitaba negarse. El problema era que Odd sabía cómo jugar.
—Oye... podrías darme una clase de repaso después de la cena —propuso el rubio—. Y hacemos una... sesión de biología intensa —le susurró al oído.
Laura quería resistirse. Pero... se sentía demasiado sola. Y a pesar de que Aelita le había dado mucho placer, ella no era quien amaba. Lo malo era que Odd tampoco. El sexo solo sería la excusa para tener unos buenos orgasmos, en una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía él te las proporciona muy bien, recordó. Antes de darse cuenta, se había dado la vuelta y se besuqueaba con Odd. El chico había bajado las manos a sus nalgas y las apretaba por encima del pantalón.
—Odd... —gimió ella. Correspondió tocando el culo de su amigo—. Yo...
—También podemos saltarnos la cena —propuso el rubio—, ahora mismo me apetece más esto...
Y empezó a besuquear el cuello de Laura. Ella se dejó hacer unos momentos, pero encontró un poco de fuerza de voluntad para resistirse. Puso las manos en los hombros de su amigo, y le apartó despacio. Odd se detuvo. Aquello era nuevo para él. Y desconcertante. Su amiga siempre respondía bien al juego previo. Y... además era verdad que estudiaban, así que no entendía qué pasaba.
—¿Laura?
—Oye, Odd... Preferiría que no, ¿vale?
—Er... claro... —balbuceó el chico, completamente descentrado—. ¿He hecho algo mal o...?
—Simplemente, no me apetece —dijo ella. Intentaba no sonar muy borde, pero quería dejar claro que no iba a ocurrir nada—. Espero que no te parezca mal.
—No, no, es que... Normalmente...
Laura sonrió.
—Sí, pero... No estoy en mi mejor momento. Necesito unos días, ¿vale? Si quieres estudiar de verdad, me parece bien. Puedes venir después de la cena y te echaré una mano. Pero solo eso.
Odd asintió.
—De acuerdo. Pues... Sí, me parece bien. Vamos a cenar, y luego si tienes ganas, te agradecería que me echaras una mano con la Biología. Sin juegos, solo hincar los codos.
—Genial. Voy a cambiarme de camiseta.
—Claro —dijo Odd. Normalmente, se quedaba delante cuando se cambiaba de ropa, con plena confianza, pero se dio cuenta de que en ese momento, estaba fuera de lugar—, te espero fuera.
—Gracias.
El rubio salió de allí. No entendía nada la reacción de Laura. ¿Tal vez Samantha le habría contado lo de su desliz en la cama? No, no era posible, ella no era vengativa. Pero a lo mejor su amiga algo sospechaba y estaba en guardia. Empezó a pensar. ¿Cómo podía convencerla sin llegar a acosarla?
Quien se saltaba la cena aquella noche era Aelita. Se había pasado cuatro horas en la biblioteca, cumpliendo con el castigo impuesto, de modo que le había dado tiempo a avanzar el temario y seguir preparando más apuntes, lo cual le permitiría acostarse un poco más pronto aquella noche. No se quedaba hasta las tantas, pero al final se enredaba entre páginas de apuntes.
Pero como tenía el estómago cerrado (en parte para no responder a las preguntas de los demás de ¿pero qué te ha pasado en clase?), había enviado un mensaje a Yumi para hablar. Con ella sí que le apetecía, no solía juzgarla muy duramente. Estaba esperando en la verja, por si en algún momento aparecía Jim para cerrarla. Yumi llegó dos minutos después.
—Mi pequeña rebelde —bromeó la japonesa a modo de saludo.
—No me digas eso... bastante mal me siento ya —dijo la pelirrosa.
—Pero, ¿qué ha pasado? —preguntó—. Solo me has escrito que te han castigado hoy.
—Pues... ¿nos vamos? —se extrañó Aelita, al ver que Yumi se ponía en movimiento.
—Vente a casa, ahí podremos hablar.
—¿Pero y si cierra Jim?
—Fiesta de pijamas —propuso Yumi—, mis padres han dicho que te podías quedar a cenar.
—Gracias. Pues... hoy la clase de Ciencias... La Hertz estaba enferma. Así que mi madre la ha sustituido. Y no me ha hecho gracia. Y encima he sacado mala nota en un trabajo, por culpa de estar pensando en ella, y... no sé qué hacer. He metido mucho la pata, me han enviado incluso a ver a Delmas...
—Ostras... ¿y qué te ha dicho?
Aelita llegó temblando al despacho del director. Esperó unos diez minutos hasta que el hombre le indicó que podía entrar. Por lo menos se había serenado un poco. Delmas la observaba muy serio.
—¿Qué ha ocurrido? —preguntó.
Por toda respuesta, Aelita le tendió el sobre con la nota de Anthea. Delmas lo abrió y leyó la nota, alzando la ceja. Cuando terminó, dobló de nuevo la hoja y la guardó en el cajón.
—¿Tiene algún problema con que su madre de clases en esta academia?
—No... es simplemente que no sé cómo interactuar con ella... y tenerla de profesora me es más complicado. No me he portado bien, lo sé.
—Desde luego que no —afirmó Delmas—. Pero cederé en la petición de Anthea... Me ha pedido que nada de esto conste en su expediente... siempre y cuando no se repita —Aelita estaba boquiabierta—. Sabe que su situación es difícil. Pero no puede volver a permitir que eso la altere. Desautorizarla delante de toda la clase es un problema muy grave.
—Lo sé...
—Regrese a clase. Y, por supuesto, el castigo se mantiene en pie. Cuatro horas de biblioteca después de la jornada.
—Descuide. Buenos días.
—Buenos días.
—Aelita... eres mi mejor amiga, así que te lo tengo que decir. Ten mucho cuidado con esas reacciones.
—¿Crees que lo he hecho adrede? Ha sido un impulso... No se por qué me cuesta estar con ella.
—Mira... —Yumi detuvo el paso—, creo que no estás enfocando bien el problema. Tú tienes miedo de que desaparezca, ¿verdad?
—Sí.
—¿Y qué crees que hará como la sigas despreciando?
Aelita intentaba no llorar, pero no lo conseguía. Sabía que Yumi tenía razón y ese pensamiento habría cruzado su mente varias veces, pero aún así...
—No quiero perderla, Yumi... Pero se ha ido de mi lado tantas veces...
—No se ha ido, princesa. Se la han llevado. Los hombres de negro se la llevaron. Tyron la mantuvo retenida durante años. Y cuando ha sido libre, ha venido a por ti.
La pelirrosa se derrumbó en el hombro de Yumi. Tenía toda la razón. Se había portado demasiado mal con Anthea. No. Con su madre. Su madre había sido otra víctima. Y tenía que remediarlo. La vida les daba una nueva oportunidad y ella lo estaba desperdiciando. Se calmó entre los brazos de Yumi. Era la mejor amiga que podía tener. Apreciaba a las demás chicas del grupo, pero... ella había sido la primera. Incondicionalmente.
—Gracias, Yumi... creo que necesitaba soltarlo... Estoy mal estos días... Jeremy pasa de mi prácticamente... Creo que me va a dejar...
—¿Jeremy? —preguntó extrañada. En su opinión, el rubio tenía un único amor real, y era la pelirrosa... aunque eso podría haber cambiado, no tenía tanto contacto con el grupo como antes de ir a la universidad.
—Sí... creo que se ha fijado en alguien más. Qué desastre todo...
—Escucha. Ve a ver a Anthea. Arréglate con ella. Y lo de Jeremy... deberías tener una conversación con él.
—No... Eso no suele funcionar... Perdón.
Yumi sabía que su amiga se refería a su última conversación con Ulrich a solas cuando habían roto. Ella quería evitar el tema del alemán, pero... ya que había salido, tenía que preguntar.
—¿Puedo saber... cómo le va?
—Oh... —a Aelita en realidad le aliviaba el cambio de tema—, bueno, no sale mucho últimamente.
—¿Se sigue viendo con Sissi?
—Sí. Es su amiga, ya sabes.
—Claro...
—Pero ella no...
—Bueno, vamos a cenar —atajó Yumi, esforzándose por sonreír—. Y luego nos ponemos una película.
—De acuerdo —aceptó Aelita. Pero no te vas a librar. Si tú me has dicho la verdad sobre mi madre, yo también te la tendré que decir sobre Ulrich.
Emily abría los ojos por la mañana. Tenía un poco de calor. Aunque eso era normal al despertar en los brazos de alguien. Carlos estaba con ella. Miró alrededor. Sí, la noche había sido completa. Y cuando de movió, sintió que el chico la atraía un poco más. Sí, era lo que ella había soñado...
Ninguno de los dos se había arreglado en exceso para la improvisada cita. Pero el chico había ido a buscarla a su dormitorio. Se habían ido juntos, al centro de la ciudad, donde habían encontrado un bar-cafetería donde podrían cenar. No estaba muy repleto, así que les atendieron con celeridad.
Habían tomado sendas hamburguesas de pollo, mientras mantenían una conversación personal. Jugaban a no conocerse, y se lo estaban pasando de maravilla. Se rio varias veces en la conversación. Y aunque era consciente de que el chico se esforzaba por hacerlo bien, valoraba más las ganas que le ponía que el saber que aquello le parecía fuera de lugar.
Pero tampoco puedes basar tu relación en eso, pensó.
Después volvieron a la academia, apurando la última hora, mientras tomaban un helado en su paseo. Casi estuvieron a punto de quedarse fuera por culpa de Jim, pero finalmente habían podido entrar. Carlos acompañó a Emily a la puerta de su cuarto, y se dieron un beso tierno. Mientras, ella había buscado el pomo de la puerta y entraron sin separar los labios.
—¿Estás segura? —había preguntado el chico.
Ella asintió. Tenía ganas. Y le agradaba ver que Carlos tomaba la iniciativa. Se había acercado a ella, y la besaba mientras quedaba encima en el colchón. Le había retirado el suéter con delicadeza mientras exploraba su vientre con los labios, y empezó a subir hasta sus senos. Los había besado mientras los liberaba del sujetador. Al tiempo ella también le había empezado a quitar la ropa.
—No te detengas —pidió ella mientras seguían desnudándose mutuamente.
—Emily... —suspiró él mientras le bajaba el pantalón—, yo...
—Por favor, Carlos... ¿tú quieres hacerlo? —preguntó mientras le dejaba desnudo.
—Claro que sí —respondió él, y la liberó de las bragas—. Ven aquí.
Se sentó en el colchón y Emily se puso encima a horcajadas. Suavemente se dejó caer sobre su hombría. Se movieron poco a poco, adaptándose al cuerpo del otro. Casi habían olvidado lo bien que se sentían juntos en la dulce agonía del sexo. Se besaron mientras se conducían mutuamente a un excelente clímax.
Habían terminado agotados y sudados. Se metieron por debajo de las sábanas, donde habían preseguido los besos y el manoseo hasta que se habían dormido.
—Buenos días —dijo Carlos—. ¿Qué tal?
—Bien. Muy bien —dijo Emily, y sonrió—. ¿Y tú?
—De maravilla —respondió.
—Oye, las demás están a punto de ir a las duchas... no deberían verte salir de aquí.
—Es verdad. Voy a vestirme...
El chico se puso en pie y empezó a ponerse la ropa.
—¿Vas a querer... vernos después de clase? —preguntó.
—No quiero acapararte —dijo Emily—. Pero podemos quedar, si te apetece.
—Lo hablamos en el desayuno. Hasta ahora —se despidió.
Estuvo a punto de salir, pero se dio media vuelta y le dio un beso a Emily antes de salir. Apenas estuvo sola, ella empezó también a vestirse. Tenía que hablar con alguien.
Apenas estuvo preparada salió. Muchas compañeras iban a las duchas, incluso vio a Sissi ir hacia allí. Pero ella tenía otra persona con quien hablar. Llegó al dormitorio de Samantha y llamó a la puerta.
—Buenos días —saludó Sam—. ¿Qué tal?
—Oye... tengo que hablar con alguien. Es sobre el grupo, y...
—Igual me ofendo. ¿Si tiene que ver con sexo me preguntáis a mi?
—No, no es sobre... No es por el sexo —dijo Emily.
—No te preocupes, soy toda oídos.
—Es que... bueno, estoy empezando con vosotros, pero... me he dado cuenta de que Carlos y tú parecéis bastante amigos.
—Sí, es amigo. ¿Ha pasado algo con él? No me digas que tienes celos.
—No... a ver. Tenía celos, pero de Sissi... él dice que no pasaba nada, pero... por eso no podia hablar con ella... El caso es que anoche tuvimos una cita.
Ahora tienes toda mi atención, pensó Sam. Algo le indicaba que habría salseo en lo que la chica le contase.
—¿Seguro que no me vas a hablar de sexo? —bromeó Sam.
—No exactamente. A ver. Sí, nos acostamos. Y ese es el problema.
—¿No usásteis protección?
—¡Yo tomo la píldora! —se defendió Emily—. Por favor, no me interrumpas.
—¡Si es que no me cuentas qué pasa!
—Pues... que no fue como me imaginaba.
—¿A qué te refieres?
—Fue todo bien. La cena, el paseo, el sexo... todo estuvo de maravilla, pero... hubo algo que esperaba sentir estando con él. Algo que no sentí al final. Y es muy confuso, porque llevo meses enfadada con él por no tener esta oportunidad.
—Ya veo —dijo Samantha. Conociendo a Carlos, le extrañana mucho que hubiera aceptado tener una cita con Emily. Si él no era capaz de corresponderla. Pero eso lo discutiría con él—. A ver. ¿Fue todo como esperabas?
—Absolutamente. Pero no sé qué faltó... pero faltó.
—Quizá es por tu... obsesión —dijo la morena con delicadeza—. Llevas meses pensando en que él era... ¿el indicado para ti? No sé. Pero ahora que habéis tenido ese momento, es posible que te hayas dado cuenta de que no es así.
—Pero... eso no puede ser. Él me gusta mucho —negó Emily con la cabeza.
—Pero tal vez pensabas que tenía algo, o que tú sentías algo que anoche no se manifestó... Eso también puede ocurrir.
—¿Eso significa que no me gusta?
—Es una posibilidad. Tal vez le tenías mitificado. O a lo mejor es que anoche no era el mejor momento para tener una cita apresurada.
Mientras ellas seguían hablando, alguien había estado escuchando la conversación.
Patrick quería hablar con Sam. Quería preguntarle sobre si era indicado volver a acercarse a Emily si ella estaba intentando construir algo con Carlos. Pero lo que estaba escuchando le había animado la mañana. No es que le cayera mal Carlos. Es que Emily llamaba demasiado su atención. Quería estar con ella. Y si la cita le había demostrado eso a la chica, era posible que tuviera una oportunidad de darle eso que no había tenido con su amigo.
¡Hola a todo el mundo! Como dije en el último one-shot que publiqué (en "Code: Lemon", disponible en mi perfil), hoy domingo tocaba actualizar capítulo. Y no solo eso, sino que el siguiente también está ya escrito, de modo que el próximo domingo habrá también actualización. Podría haber actualizado más estos días, pero... El Miitopia es un amante exigente (?)
Espero que el capítulo os haya gustado, he intentado mantener tanto el salseo como meter un poco de sexo... con justificación. También voy a publicar otro one-shot en los próximos días, de esos de puro lemmon ;)
Guest: Me alegra haberte animado la tarde :) Y espero que la dosis de drama del capítulo haya estado a la altura... ya que en el próximo también la habrá ;)
Nos vemos en el siguiente escrito. Lemmon rules!
