17 Considerando la realidad

—Hola —saludó Laura, entrando al dormitorio de Sissi—. ¿Qué tal?

—Bien —respondió la morena—. De maravilla.

—Pues... ayer no lo parecía —dejó caer la rubia—. Te vi irte con Ulrich, pero... Estabas alterada. Como si no estuvieras bien. ¿Va todo bien con él?

Su tarde con Aelita no le había hecho olvidar lo que había visto. Y una de sus preocupaciones era que el chico hubiera empezado a comportarse de modo posesivo con su amiga. Eso no lo pensaba tolerar, en ninguno de los escenarios. Además, consideraba que no era bueno que pasaran tanto tiempo juntos. Casi agradecía haberla pillado a solas.

—Sí. Bueno, tuvimos un percance, pero... ya está todo bien —aseguró la morena.

—¿Percance? ¿Qué percance?

—Nada...

—Sissi. ¿Ulrich te ha hecho algo malo? —preguntó, muy seria.

No pasa nada. Una amiga preocupándose por otra. Es lo normal. Pero Sissi negó con la caebza. Suspiró, y le hizo un gesto para que se sentara en la cama. Luego ella misma ocupó una silla, y miró a su amiga. Bien pensado, merecía saberlo. Se había convertido en alguien importante para ella. Solo esperó que no se escandalizara demasiado.

—Ya sabes que paso mucho tiempo con Ulrich desde que está solo. Y que nos acostamos con frecuencia. El caso es que solemos tomar precauciones, pero... ese día no usamos preservativo. Lo cual no era un problema, porque yo tomo la píldora. Pero ese día... me di cuenta que me había olvidado de hacerlo. Al día siguiente tenía una de más, y empecé a pensar... "No tiene por qué pasar... Pero ¿y si pasa?". Y cuando me tenía que bajar la regla, no lo hizo.

Laura, en su papel de amiga comprensiva, no dijo nada mientras escuchaba. A Sissi le escurría una lagrimita por la mejilla.

—Así que al ver que seguía sin venirme, le pedí que me acompañara a comprar un test de embarazo. No podía ir sola. Y aceptó, y se portó de maravilla. No estoy encinta —dijo, sonriendo—. Es más... Después de hacerme la prueba y ver que todo estaba bien, me bajó por fin. Creo que me estresé por el miedo a quedar embarazada.

La rubia asintió. Los nervios podían ser un alterador del ciclo menstrual, incluso en los casos más regulares. Suspiró por dentro, y le puso una mano a Sissi sobre la pierna, con una sonrisa tímida.

—Entonces, ¿está todo bien con él?

—Sí. Aunque le he pedido que estemos una temporada sin sexo. Y bueno, ha reconocido que ha tirado mucho de mi últimamente. De hecho hoy me ha enviado un mensaje... —Sissi le enseñó la pantalla del móvil a Laura. Era el mensaje de Ulrich. «Hoy te libras de mi. Muchas gracias»—. Obviamente no me importa quedar con él, pero creo que hace bien en empezar a salir un poco más.

—Entonces... ¿tienes algo pensado? —preguntó Laura. Un rayo de esperanza—. ¿Quieres hacer algo? Podemos ir a algún sitio si quieres.

—La verdad, iba a ir a ver a Yumi. Nuestra relación está un poco fría desde... aquello —le dijo la morena—. Pensé en contarle lo que ha ocurrido.

—¿Cómo le vas a contar eso?

—Esto ha ido demasiado lejos —dijo Sissi, mientras se ponía en pie—. Estos dos tienen que arreglarse de una vez. No pueden seguir fingiendo que no se echan de menos. Lo de Ulrich no tendría que haber ocurrido. Ya lo hablé con él, sabe que actuó mal, pero... es un cabezota.

—Sissi... ¿por qué haces esto? —preguntó Laura.

—¿Por qué hago qué?

—¿Por qué te tomas tantas molestias por Ulrich? Él la cagó... esa relación no tiene nada que ver contigo. Y... si Yumi se entera de lo ocurrido, puede que reaccione mal. Te estás metiendo en un jardín.

—Quiero ayudar a mi amigo —respondió Sissi, encogiéndose de hombros—. Eso es todo. A mi... en el amor no me ha ido bien, pero quiero que al menos ellos lo consigan. Sé que tienen que estar juntos.

—Casi te embaraza... —le recordó Laura.

—Sí. Y estaba dispuesto a asumir las responsabilidades —dijo Sissi—. Es un buen amigo. No merece esta situación. Cometió un error, pero ¿quién no lo hace?

La rubia necesitó diez segundos para poder hablar con todo su autocontrol. Aquella conversación la estaba exasperando. Pero logró continuar con su tono de voz habitual.

—¿Tú le amas? —preguntó.

—¿Qué? ¡No! —rió Sissi—. Ya te dije que aquello pasó.

—¿De verdad? Es decir... todo lo que ha pasado, el tiempo que pasa contigo... Si le amas y consigues que vuelva con Yumi te vas a destrozar el corazón. Y... él no merecerá estar solo pero tú tampoco mereces pasarlo mal por su culpa.

—Agradezco tu preocupación —dijo Sissi—. Pero te aseguro que él no es más amigo mío que lo que eres tú. ¿De acuerdo?

Laura asintió. Se levantó, en vista de que su amiga se iba a marchar.

—¿Te veo para la cena? —preguntó la morena mientras cerraba la habitación.

—Sí... Por ahí estaré —respondió la otra, sin muchos ánimos.

Tenía que controlar sus pasos, no podía correr a su habitación. Debía llegar con calma, y cerrar la puerta antes de poder desahogarse a gusto.


—¡Compañero! —saludó Odd cuando vio entrar a Ulrich en la habitación—. ¡Tanto tiempo sin verte! ¿Qué te pasó ayer, que saliste corriendo casi? ¿Te has enterado de lo de William?

—¿La chica? Sí, me lo contó antes durante la clase de Historia —respondió el alemán—. Una pena. Pero bueno. Por lo menos no ha hecho algo de lo que se pueda arrepentir.

La reflexión de Ulrich pasó desapercibida por Odd, que lo único que había sacado en claro de la noche anterior era que cuando William era rechazado, hacía mejor el sexo. Pero tenía que saber qué había sido de su amigo, pues llevaban casi dos días sin tener una conversación. Ni el sexo matinal, pensó el rubio.

—¿Estuviste de nuevo con Sissi? Se me hace raro no verte hoy con ella.

—Sí, tuvimos un problema, y hubo que arreglarlo —respondió Ulrich, quitándole importancia. Estaba buscando en el armario su baju de penkai silat. Se dio cuenta en ese momento de que se había dejado un poco las últimas semanas, y empezó a colocar un poco.

—Ya empezaba a dudar de si ese armario era el tuyo o el mío —bromeó el rubio—. ¿Qué problema tuvisteis?

—Eres un cotilla —respondió Ulrich, que estaba doblando sus camisetas—. Una nadería, pero necesitaba mi ayuda.

—Una nadería podía pedírnoslo a cualquiera. Vamos, Ul. Hace días que no hablamos en serio.

—Es verdad... Solo nos acostamos antes de que empiecen las clases. Así es difícil tener conversaciones más profundas —le recordó el Ulrich. Luego se arrepintió de haber empleado la palabra "profundas", su amigo sería capaz de hacer un chiste salido de tono con ella. Pero no.

—Bueno, hoy estás libre, yo tampoco voy a hacer nada por la tarde. Te acompaño a entrenar si quieres. Y si te hace falta un sparring me ofrezco. Pero cuéntamelo. ¿Qué pasó ayer con Sissi?

Ulrich suspiró. Metió el lote de camisetas dobladas en el armario y luego se sentó en la cama, frente a su compañero. Era extraño verle tan serio. Era un buen amigo, pero las conversaciones serias no eran su fuerte. Y sin embargo, ahí estaba. Más preocupado por él que por el cotilleo real. Bueno, estaría bien poder comentarlo con alguien.

—Casi la dejo embarazada —soltó.

—¡Ulrich!

—Ya te dije que en nuestras quedadas, nos acostábamos. Me venía bien, me... relajaba un poco de la situación. He tenido un mes muy jodido, y ella ha sido una gran ayuda. Y no era la primera vez que lo hacíamos sin goma. Ella me dijo que no pasaba nada. Tomaba la píldora, y nos gustaba más así, pero... resulta que se le olvidó un día. La mañana que estuviste con Aelita ella vino llorando a contarme que no le bajaba la regla. Por eso me fui con ella, a comprar el test de embarazo y esperar a qué pasaba la prueba.

—Joder... ¿Y crees que... se le olvidó adrede? ¡Es decir! —se excusó ante la mirada asesina que le lanzó Ulrich—. Ella estuvo mucho tiempo pillada por ti. Lo mismo ahora que no estás con Yumi vio su momento...

—Ella no es así. Y me parece terrible que tengas un pensamiento como ese. Pensaba que aquellas tonterías habían pasado.

—Tú no sabes las tonterías que se pueden hacer cuando alguien te gusta... —murmuró Odd.

—La cagaste con Sam, tío. Pero aquello ya pasó hace tiempo. ¿O lo dices porque quieres volver con ella? —preguntó Ulrich.

—No, en absoluto. Aunque debo admitir que... Laura me es esquiva. Me está rechazando, y no sé si porque no le gusto, o porque se piensa que no quiero algo más con ella.

—¿Es que se pueden dudar de las intenciones de alguien? —preguntó Ulrich.

—Mucho. Ya te he dicho que no sabes las tonterías que se pueden hacer cuando alguien te gusta.

—¿A qué te refieres?

—A ti, Ulrich —soltó el rubio.

Se produjo el silencio por unos segundos. El alemán no se alteró. Aguardó por unos momentos antes de retomar la conversación. ¿Debía entender lo que él pensaba?

—¿A mi?

—Sí... Se pueden hacer tonterías... Como meterte todas las mañanas en la cama de tu compañero de habitación para tener sexo. En un intento de conseguir que se fije en ti.

—Odd...

—Porque sospechas que no le puedes ofrecer gran cosa, salvo un orgasmo por las mañanas. Pero confías en que esos encuentros os acerquen un poco más, y te pueda mirar con otros ojos —Odd seguía hablando como si no se refiriese a Ulrich. Por lo menos no le veía enfadarse, irritarse, o algo peor. Era liberador poder hablar a las claras con él—. Aunque tampoco te atreves a mover ficha porque él se ve con otra amiga. Y porque temes que te pueda rechazar no solo como pareja sino como amigo, y eso sería terrible.

—... ¿Desde cuándo te gusto? —preguntó el alemán.

—No lo sé... Me he sorprendido pensando en ti muchas veces las últimas semanas, pero creo que empezó cuando me dejaste ser el chico que... te iniciara —aludió a su primera experiencia sexual con otro hombre—. No he tenido claro qué hacer. Laura de gusta mucho, pero... tú también. Dos corazones, y no estoy seguro de que ninguno me acepte. Joder, qué triste... —comentó.

—Yo... lo siento, pero... no... no siento eso por ti. Y no se si algún día podría sentirlo, pero...

—Me lo imagino —dijo el rubio—. Solo tenía la duda de si era por Sissi. Pero ya veo que es solo una amiga, ¿verdad? Como yo.

—Lo siento...

—No tienes por qué sentirlo —dijo Odd. Sí, se sentía rechazado, pero la reacción del chico era lo mejor que podía obtener. No quería admitir en voz alta que se había imaginado alguna escena, a gritos, acusándole de montar el acuerdo solo para follar con él o algo semejante—. ¿Todo bien entre nosotros?

—Sí, pero... No sé. Es decir, con lo de Sissi hemos decidido no tener sexo una temporada. Creo que deberíamos hacer lo mismo tú y yo, no quiero hacerte daño.

—No podrías. Sigues siendo mi amigo, y eso para mi vale mucho —aseguró Odd—. Además... creo que saber que no tengo opciones me va a animar a lanzarme a por Laura —añadió.

—Te deseo suerte. Aunque no he podido pasar mucho tiempo con ella... es una buena chica.

—Deberías intentarlo —aseguró Odd—. En fin. ¿Vas a ir a entrenar?

—Sí. ¿Seguro que vas a hacerme de sparring? —preguntó el alemán—. Sabes que soy muy bueno.

—No te preocupes. A lo mejor la sesión me convence para hacer ejercicio con más frecuencia —bromeó el chico, y se levantó a sacar el chándal del armario.

Por lo menos contaba con su amigo. Y eso era muy valioso para él.


Emily estaba nerviosa. Los últimos acontecimientos habían cambiado muchas cosas. Demasiadas incluso. Y los cambios llevaban a tomar decisiones. Bueno, empezaban las consideraciones personales. El descubrirse más. Y el liberarse de ciertos fantasmas que la perseguían del pasado era algo que le vendría bien.

Por eso se había citado con él en The Hermitage. Podrían haber hablado en Kadic, pero le preocupaba que alguien pudiera escuchar algo. En realidad ese riesgo lo había cubierto más de una vez, pero si había evitado que Milly y Tamiya hicieran portada cuando tuvo su cita, también quería evitarlo en aquella ocasión.

Nunca entenderé que siempre tengamos la puerta abierta, pensó la chica, mirando la construcción. Y es que, a pesar de la limpieza interior, nunca habían tenido la oportunidad de cambiar la puerta, o poner una cerradura. Lo cual, a su vez, dejaba abierta la posibilidad de que alguien se colase dentro en su ausencia... o estando dentro, lo cual era más inquietante. Pero al fin y al cabo, parecía que nadie más pasaba por allí desde hacía años. Aún así, no se fiaba de entrar ella sola.

—Hola. ¿No tienes frío? —preguntó Carlos, apareciendo por su espalda. Lo cierto era que la nieve amenazaba con empezar a caer, si no esa tarde, cualquiera de las siguientes.

—Hola. No, estoy bien. Da un poco de miedo este sitio.

—¿Entramos? O podemos hablar aquí, si quieres.

—No, vamos dentro.

Pasaron a la casa, y se dirigieron al salón. La poca luz que aún entraba desde fuera sería suficiente. Y si no, el grupo solía tener varias velas por la estancia. No tenía caso iluminar la cocina o el baño, pues la luz y el agua estaban desconectadas desde hacía años.

—¿Ocurre algo? Un «Tenemos que hablar» no es un mensaje que alguien quiera recibir —bromeó.

—Quería hablar contigo sobre nuestra cita del otro día —dijo la chica, mientras ocupaba una de las sillas que había desperdigadas. Esperó a que él también se sentara antes de preguntar—. ¿Qué te pareció? ¿Estuvo... bien para ti?

—Sí. Me lo pasé bien, desde luego. Espero haber estado a la altura.

—Lo estuviste. Es decir, todo aquella noche. Y eso que fue de sopetón.

—«Los mejores planes son los improvisados», no recuerdo quién me lo dijo una vez.

—Supongo que sí. El caso es que he estado pensando en aquello. Y... esto es difícil.

Carlos no dijo nada. Emily podía ser impredecible, así que no quería pensar nada de antemano. Lo cuál aún dificultaba más a la chica lo que le quería decir.

—Hace meses me dijiste que podíamos ser amigos. Y creo que tienes razón. Es decir. Que debemos ser amigos —se explicó—. Me lo pasé genial en la cita también. Te portaste genial, pero me di cuenta de que había algo que no era como yo esperaba. No sé cómo explicarlo. Como que pensaba que algo iba a ocurrir, que no... Es raro.

—Bueno. Me esperaba algo así —confesó Carlos—. Yo ese día te noté algo. Como si te faltara eso que no sabemos definir.

—Pero... no es justo. Es decir. En la playa lo habíamos pasado tan bien... —reflexionó ella—, pero desde entonces... Me he enfadado contigo, no he soportado la idea de que solo pudiéramos ser amigos... Me molestó enterarme de lo de Sissi, me acosté con Patrick por despecho... Vamos, que me he portado fatal todo este tiempo. Estaba dolida, y... no sabía que hacer. Y de pronto te digo que no me veo saliendo contigo. Y lo peor es que no tienes la culpa de...

—Puede que un poco sí —dijo él—. Tampoco he sabido llevar muy bien lo que haya habido entre nosotros. Te pude decir que en teoría regresaría a España. Y te pude decir que al final me quedaba. He sido muy esquivo, ya que... Bueno, nunca me han gustado los enfrentamientos. Tampoco quería hacerte daño.

—Carlos... de verdad, siento mucho estos meses de...

—No hay nada que perdonar —aseguró él—. Está todo bien. En serio. No hace falta darle más vueltas.

—Dame un abrazo, anda.

Se pusieron de pie y se abrazaron. La chica se sentía mejor al saber que no habría rencor, aunque aún se sentía culpable por lo ocurrido. Pero era reconfortante poder estar así con él. Tranquilamente. Sin presiones. Sin pensar en citas, ni nada complejo. Solo eran amigos. Amigos con derechos, eso sí. Aunque aquella tarde-noche, ninguno de los dos parecía tener intención de aprovecharlo. No lo necesitaban.

—Fue Patrick quien te propuso que salieras conmigo, ¿verdad? —preguntó el español mientras empezaban a regresar a Kadic. Ya había oscurecido y la luz de la luna lo tenía difícil para pasar entre las hojas de los árboles.

—... ¿Cómo lo sabes?

—Bueno. Casi diría que es un secreto a voces que tú le gustas —comentó Carlos—. Además, se ha portado bien con los dos. No se ha aprovechado de la situación. Igual deberías darle una oportunidad.

—Se me hace raro que tú me digas eso —comentó la chica—. Incluso con lo que hemos pasado...

—Pero hemos dicho que somos amigos. Y él también es un buen amigo. ¿Él te gusta? —preguntó. Y, aunque estaba oscuro, algo le indicaba que su amiga se había puesto colorada. Quien calla, otorga—. Pues habla con él. Y sed felices. Lo merecéis.

—No estoy segura de que yo le guste en ese sentido —dijo la chica—. Es decir, él no me ha pedido salir. Me invitó a formar parte de un Acuerdo de sexo. Como diciendo "Quiero acostarme contigo pero no que nos atemos". No sé. También le doy vueltas a eso.

Carlos quiso hacer un alegato a favor, pero... las rupturas de Ulrich con Yumi y de Sam con Odd rompían la idea que quería transmitir de que podía existir una "atadura emocional" con otras personas que no te impidiera poder disfrutar del coito con alguien más. Mejor decir algo que no aludiera a los afectados.

—Nunca lo sabrás si no lo intentas. Y si se porta mal contigo... Tienes un amigo que le puede ahogar en las duchas —bromeó.

Emily se echó a reír. Pasara lo que pasara, había ganado (ahora sí) un amigo. Se sentía cómoda con la situación. Si así tienen que ser las cosas, me alegro, pensó.


Aelita había pasado una tarde agradable. Su madre le había enviado un mensaje para tomar un café después de las clases, y había ido con ella. Además, para su sorpresa, no habían contado con la presencia de Müller. Según le había explicado su madre, el hombre no era más que su chófer. Su extralimitación en sus funciones, como actuar como guardaespaldas o preparar el café, eran cosa suya. Aunque contaba con un buen estipendio económico por sus servicios también, por lo cual quedaba todo compensado.

—Pero no, no va a ser tu nuevo papá —había dicho la mayor, y Aelita se atragantó con la bebida.

Ahora regresaba a su habitación, y pensó en preguntar a sus amigas si estaban por ahí para bajar a la cena. Y pegó un brinco por el susto que se llevó cuando, al abrir la puerta de su dormitorio, escuchó un sollozo.

—¿Quién eres? —preguntó. Estaba a oscuras. Encendió la luz—. ¡Laura!

La rubia estaba tendida en la cama de Aelita. La pelirrosa se preguntó cuánto tiempo llevaba allí. Había empapado su almohada. Corrió a consolar a su amiga.

—¡Laura! ¡Oye! ¿Qué ha pasado?

Pero Laura no respondía. Simplemente, dejaba sus lágrimas correr. Apoyó la cabeza sobre las piernas de Aelita, que la consoló acariciando sus cabellos hasta que logró que se tranquilizase.

—¿Cuánto rato llevas aquí? —preguntó.

—No lo sé... quería hablar contigo, pero... me acordé de que habías quedado con tu madre. No quería interrumpir.

—Boba... —dijo la pelirrosa y le dio un beso en la mejilla—. Haberme llamado, no pasa nada. ¿Qué te ha puesto así?

—Sissi... Me ha hecho daño —lloró la rubia. Intentó contener las lágrimas.

Como pudo, le contó (más bien, balbuceó) la conversación de aquella tarde. Lo que había descubierto de su amiga. Lo ocurrido con Ulrich. Y... que les había comparado.

—«Él no es más amigo mío que lo que eres tú», Aelita... Solo me ve como una amiga. Eso me duele mucho... Pensaba que después de tanto... podría sentir algo más pero esa comparación me ha destrozado...

Aelita reflexionó antes de hablar. Había conocido mucho a Sissi desde que se había hecho amiga suya. Y la había visto cambiar. Tal vez, antiguamente, si hubiera sabido lo que Laura sentía por ella... probablemente lo hubiera usado para destruirla. Pero Sissi no sabía de los sentimientos de su amiga, y aunque lo supiera, la consideraba incapaz de hacerle daño adrede.

—Voy a irme, Aelita...

—¿Irte a dónde?

—De Kadic... —gimoteó—. No puedo seguir aquí sufriendo por ella. Viéndola todos los días y saber que no me aceptará...

Poco desarrollo de tolerancia a la frustración, pensó la otra. Y habló.

—Laura, creo que te equivocas. No deberías irte.

—Te escribiré —aseguró—. Y a los otros, y me asomaré a que nos tomemos algo, pero... tengo que alejarme una temporada. Puedo terminar los estudios en mi anterior colegio...

—Y volver a soportar al gilipollas de tu padre —le recordó Aelita—. El que considera que tener una hija con matrícula de honor no es suficiente. Que parece resentido contigo desde la muerte de tu madre. Que te controla como si fueras su propiedad... Laura, entiendo que lo estés pasando mal, pero aquí estarás mejor que con él.

—Pero Sissi...

—Ella no te ha rechazado.

—¿Cómo que no?

—No le has pedido salir. No le has confesado lo que sientes, la tratas como si fuera una amiga. Como si fuera yo. Si no le demuestras lo que quieres realmente... ¿cómo esperas que ella no cambie esa percepción de ti?

—Pero ¿y si me rechaza?

—Es un riesgo que tienes que correr. Pero no puedes seguir con la duda. Mira cómo estás por culpa de esto. Debes aclararlo con ella. Ábrele tu corazón.

—No es fácil —murmuró Laura—. Nunca he llevado bien el rechazo... mira lo que nos pasó hace unos años.

—Todos hemos evolucionado —le recordó la pelirrosa—. En aquella época, no tenías amigos. Ahora nos tienes a todos. Sissi tampoco es como antes, se ha vuelto más sensible. Ya no es solo apariencia.

Laura sabía que Aelita tenía razón. Y en el fondo, quería recuperar el valor para declararse. A lo mejor Sissi le decía que sentía lo mismo. Si la Tierra, Marte, Saturno y Urano se alineaban mientras ocurría un eclipse de luna. Pero se lo tenía que decir. Buscar esas fuerzas y decírselo. Y prepararse para... el peor de los escenarios. Se incorporó.

—Lo siento... Vaya desastre te he dejado en la cama —comentó con una risita, al ser consciente del desastre en las sábanas de Aelita.

—No te preocupes. Que todos los problemas sean ese —dijo la pelirrosa—. Y ahora no puedes salir así.

Se levantó y buscó en su mesilla los pañuelos. Se los tendió a Laura, que se limpió la cara. Se miró al espejo. Qué aspecto más malo. Como si se le hubiera muerto la abuela esa misma tarde. Pero consiguió adecentarse un poco. A veces me cansa tanta fachada, pensó la rubia, ¿por qué no podemos ser desgraciados públicamente? ¿Es que a todo el mundo le va bien menos a mi? No lo creo.

—¿Quieres que después de cenar me quede contigo? —se ofreció Aelita—. Podemos ver una película.

—Dime que no será una romántica —pidió Laura—. Es lo que menos necesito hoy.

—Pues Odd me ha recomendado la de The First Purge. ¿Te animas?

—Un poco violenta... Creo que será una buena elección para hoy. Algo que no me haga pensar mucho —aceptó la otra.

Aelita se miró un momento antes de salir del dormitorio. Pero Laura la retuvo por unos momentos.

—Gracias. Eres una buena amiga.

—Esto hacen las amigas. Tú también me quisiste ayudar cuando pensábamos que Tyron había regresado.

—Oye... ¿has hablado con Jeremy?

—Todas las noches.

—Sabes a qué me refiero...

—Lo sé. Pero no. Y le sigo notando ausente.

—No te preocupes por eso. Tendré unas palabras con él —aseguró Laura.

—No tienes que...

—Será lo primero que haga. Así me... envalentonaré para hablar con Sissi. Voy a ir dejando las cosas claras.

La pelirrosa no dijo nada más. Simplemente, asintió. Solo tenía una duda en ese momento. Cuando Jeremy supiera que no tenía nada que hacer con Laura... ¿le contaría que se había interesado por ella? ¿Y cuál sería su propia reacción cuando lo hiciera... o no?


«Ven a mi cuarto cuando terminemos», le había escrito William a Odd durante la cena.

El rubio no lo había visto en el acto, y de hecho, había pasado por las duchas antes de leer el mensaje. De modo que se secó rápidamente y fue a ver al escocés.

—Pensé que no vendrías —comentó el moreno cuando le dejó entrar.

—Ya, es que no lo vi. Vengo de la ducha directamente —comentó el rubio—, y ¡ay!

—¿Qué es lo que te ha pasado?

El chico ya había notado algo extraño en la forma de moverse de Odd a la hora de la cena. Y que, de pronto, se llevara la mano a las lumbares tras un quejido, algo debía indicar, sin duda.

—Ulrich. Se emociona demasiado en el penkat silat —explicó el rubio—. Le he ayudado en el entrenamiento, y al final me he hecho daño. Esto me pasa por presumido —bromeó.

—Ya te veo. Pero... ¿solo ha pasado eso entre vosotros? Te he visto un poco serio cuando os habéis sentado a cenar.

—Bueno... Qué demonios, si tú me has contado lo tuyo... Digamos que no eres el único al que han rechazado últimamente —explicó el rubio.

—¿Quién te ha rechazado? —preguntó William. Ante el silencio de Odd, el escocés tardó unos segundos en procesar la respuesta que no le había dado—. Espera. No será Ulrich, ¿no? Claro que no...

—Claro que sí —suspiró el rubio.

—¡Te gusta Ul...! Te gusta Ulrich —dijo William, bajando el tono de voz, que había elevado a causa de la sorpresa—. Pero... es decir, ¿a tí...?

—¿Qué tiene eso de raro? —preguntó el rubio, quitándole importancia—. Ayer mismo me acosté contigo. Es evidente que me gustan los chicos. Y Ulrich... me gustaba un poco más, eso es todo —le explicó—, pero no, no rompí con Sam por eso —se apresuró en aclarar. Tampoco le dio los detalles exactos—. El caso es que se lo he dicho, pero obviamente me ha dicho que no sentía lo mismo. Y aunque me ha dicho que seríamos amigos, y no me trata distinto... duele, claro que duele —reconoció.

—Joder... Te lo tenías bien callado, ¿eh? —comentó el escocés—. Jamás me hubiera imaginado que él te...

—No lo quería ir aireando por ahí, por si... bueno, por si se lo tomaba mal —respondió Odd—. Pero bueno, como digo, me imaginaba lo que me diría. Es bueno tener un amigo como él. Cualquier otro me habría rechazado con asco, seguramente.

William hubiera querido decir que no sería así, pero probablemente se equivocaba. En la escuela en que había estudiado previo a Kadic, había escuchado una vez unos gritos de «¡Maricón, aléjate de mi!» en el patio. Por lo que se había enterado, uno de los alumnos se había declarado a su amigo de toda la vida, y este le había respondido con todo el desprecio que tenía. Una lástima. Eso había ocurrido poco antes de su expulsión. Había reflexionado sobre el tema, y no encontraba ninguna razón para actuar de un modo semejante.

—Lo bueno es que tenemos un grupo de amigos más sólido que esas mierdas —dijo William—. Entonces, ¿has quedado bien con él?

—Sí. Lo único que, bueno... hemos acordado que por un tiempo nada de sexo... Él y yo... Bueno, yo le convencía por las mañanas para echar uno antes de las clases —rió el rubio—. Así que por unos días voy a estar a dos velas.

—No digas eso. Siempre puedes masturbarte —bromeó William, y Odd se rió—. Oye, ahora en serio. A mi me gustó lo que hicimos anoche —aseguró—. Así que si quieres... podemos vernos si Ulrich no quiere hacerlo contigo.

—Vaya. ¿William el macho quiere más sexo conmigo? —preguntó Odd. Se sentía halagado en realidad por su ofrecimiento. Su duda era si lo decía en serio.

—Si te parece bien, claro.

Como respuesta, Odd pasó una pierna por encima del cuerpo de William y le pasó las manos por encima de los hombros. Se miraron sin decir nada. El silencio no era tenso, simplemente se valoraban. Qué extraño. sus corazones se aceleraron un poco. Se sonrieron con complicidad, pero Odd quería comprobar algo.

—Anoche... me entregué a ti —le recordó el rubio, susurrando—. Y sí. Fue una experiencia genial —admitió—, pero quiero saber algo. Si lo hacemos más veces... ¿vamos a hacer lo mismo una y otra vez? O... ¿me permitirás enseñarte algunas cosas que he descubierto? —preguntó.

—Oh, así que me puedes enseñar cosas —respondió el escocés, en tono sugerente. Siguiendo el juego.

—Claro que sí. Siempre que estés dispuesto. Así que... ¿tenías algún otro plan de viernes noche? —preguntó el italiano.

—No... Y ahora mismo, los cancelaría por saber qué puedes mostrarme.

Giró hasta que logró que Odd cayera sobre el colchón y, desobedeciendo las normas, echó el pestillo. Pero antes de poder girarse, su amigo ya se le había acercado por la espalda y empezaba a acariciarle la entrepierna.

—¿Tan rápido? —preguntó William, complacido.

—Cada minuto cuenta —respondió Odd, dejándose llevar por el momento.


Sissi había pasado mucho tiempo fuera de Kadic aquella tarde. Su intención era simplemente ir a hablar con Yumi y luego regresar a la academia. Pero cuando llegó al barrio donde vivían los Ishiyama, vio que había alguien en la puerta de Yumi. Era un chico mayor. Extraño. Muy extraño. Pero no le dio vueltas al asunto. Localizó un banco en aquella calle, sacó los auriculares del bolsillo, y empezó a escuchar música mientras esperaba.

Si tarda mucho siempre puedo llamar al timbre, pensó, pero prefería esperar y no interrumpir nada. Puede que sea su nuevo novio. O simplemente un compañero de la universidad. En el primero de los casos, no tenía mucho sentido ir a contarle lo que le iba a decir. Pero como desconocía la circunstancia, mejor no darle vueltas.

A lo tonto, pasó casi una hora hasta que vio que aquel chico salía de casa de Yumi. Se puso en pie, y se fue acercando mientras se despedían. Tuvo que gritar cuando vio que su amiga volvía dentro de la casa.

—¡Yumi, espera! —dijo, y apretó el paso para llegar.

La japonesa se detuvo. Y a Sissi no se le escaóp una fugaz mirada de enfado.

—Hola, Sissi. No te esperaba —dijo Yumi—. Estoy ocupada...

—¿Y eso?

—Voy a salir esta noche con unos amigos de la universidad —respondió la otra—, así que si podemos hablar otro día...

—No tardaré mucho —aseguró Sissi—. Además, hace tiempo que no pasamos un rato juntas. Somos amigas, ¿verdad? —le recordó.

—Claro... Sube, voy a cambiarme mientras hablamos —admitió Yumi. Estaba dolida por ver allí a la morena, que parecía estar como si nada, así que se dio la vuelta y simplemente esperó a que la otra la siguiera.

—¿Quién era ese chico? ¿Tu novio? —tanteó Sissi, sin ningún tapujo, mientras subían las escaleras.

—No. Es solo un compañero de clase. Voy a ir con él, y Camille y algunos más a cenar por ahí.

—Hace tiempo que no cenas con nosotras.

—¿Crees que estoy de humor para acercarme por el Kadic? —preguntó Yumi. Estaba bastante enfadada y aquella conversación no mejoraba su humor.

—Me lo imagino. De hecho, a lo mejor te apetece matarme cuando hable contigo —dijo Sissi.

—¿Qué ha pasado?

—Que Ulrich casi me deja embarazada.

Yumi, que estaba sacando ropa del armario, se quedó paralizada. No había oído bien. Claro que no. Habría querido decir cualquier otra cosa.

—¿Que Ulrich qué? —preguntó.

—Se me olvidó tomar la píldora un día que lo hicimos... sin condón —respondió Sissi—. Se ha portado de maravilla, ¿sabes? Me acompañó a por el test de embarazo. Y dio negativo.

El corazón de Yumi volvió a latir al escuchar la palabra "negativo". Por un momento, había sentido un montón de cosas. Malas. Tristes. Se había enfadado, había maldito, quería gritar a Sissi, llorar por enterarse de aquello. Pero pudo recuperar su fachada de distante y continuar con la ropa.

—Bueno. Te has librado de una buena —comentó Yumi—. Hubiera sido una putada. Embarazada. A tu edad. Sin terminar los estudios... Deberías tener más cuidado —le recordó.

—Y encima, atada con tu novio.

Yumi se desnudó mientras respondía.

—¿Mi novio? De eso nada. Él rompió conmigo. Puede juntarse con quien le de la gana. ¿Acaso querías que te dejase embarazada?

—Él rompió contigo... ¿supondría eso un problema?

Sissi quería provocar la reacción de Yumi. Jugaba con fuego, al fin y al cabo. Ella era una luchadora excelente. Pero no se imaginaba una escena protagonizada en su habitación.

—Claro que no. Puedes tener su hijo, si quieres —mintió Yumi. Decir aquellas palabras era como clavarse una daga en el corazón—. O Sam. O Emily... votó a favor de meterla en el Acuerdo, ¿verdad?

—Al igual que tú —suspiró Sissi—. Vamos. Reconoce que no estás bien por esta situación.

—Aunque así fuera, y no lo es —volvió a mentir la japonesa—, él ya no es mi novio.

Por ahora —dijo la morena.

Yumi no quería saber más. No quería saber si Ulrich estaba arrepentido. No quería saber si quería volver con ella. No quería saber que se arrepentía de haber estado a punto de embarazar a otra chica. No quería saber. Claro que quieres. Pero eso no sirve de nada. Es un inmaduro, te volvería a montar una escena. Seguro que si estuviera aquí y supiera que ibas a quedar con unos amigos te diría «¡Pues por mi te los puedes follar a todos, uno a uno o en grupo!», como cuando se enteró de lo del Círculo 34.

—No voy a volver con él.

—¿Estás segura?

—Él no se ha arrepentido de lo que me hizo. Y, por cierto, no necesito que vengas a hacer de Celestina entre él y yo. Si de verdad quieres ser mi amiga, respeta mi espacio. Aún no he asimilado lo ocurrido.

—Yumi...

—Necesito un tiempo. De hecho es posible que en Navidades volvamos a Japón —le contó—, y eso es lo que necesito. Por favor.

—De acuerdo —admitió Sissi. Miró a Yumi. Debía reconocer que estaba preciosa—. Solo espero que de verdad sigas siendo nuestra amiga. Me costó acercarme a ti. No quiero que esto nos alejes. Ni conmigo, ni con los demás.

Yumi terminó de calzarse los zapatos. Y se acercó a Sissi para darle un abrazo.

—Solo dame un tiempo. Lo he pasado muy mal. Por favor.

—Claro. Y si necesitas hablarlo, sigo siendo tu amiga —susurró la morena—. ¿Vale?

—Lo tendré en cuenta —dijo Yumi—. Escucha. ¿Quedamos el domingo? Un café a solas y... hablamos. Prometido.

—Me parece bien.

Bajaron las escaleras de la casa, en silencio, y salieron a la calle. Había un coche ya esperando a Yumi. Sissi se despidió de ella, pero antes de irse, la japonesa añadió algo más.

—Por si sirve de algo... No me interesan estos chicos. Solo son amigos.

Y sin decir nada más, fue a reunirse con ellos.


Hola, gente.

La buena noticia es que he publicado. La mala, que no he podido escribir en toda la semana. ¿Habrá capítulo la próxima semana? Solo XANA lo sabe.

Sí, estoy torturando mucho a los personajes. Es una de mis cualidades, al lado de los lemmon :D Pero sé que en el fondo os gusta leerlo por eso :P

Sin reviews, pues nada que responder. Nos vemos en el próximo capítulo. Lemmon rules!