18 Dejar las cosas claras

Yumi estaba de camino al Kadic aquella tarde. Había quedado con las demás para verse un rato. Llevaba al hombro una mochila con los apuntes, ya que harían un repaso también. Aunque empezaba a cansarse de las clases. Bueno. De la situación en general. En la universidad había conocido buena gente, pero... en su fuero interno, su grupo de toda la vida estaba en Kadic. Y eso era especialmente doloroso, ya que Ulrich se encontraba allí. Casi se sentía como una extraña cuando cruzó la verja.

Sam le había enviado un mensaje, de modo que subió a verla. Con la misma sensación asquerosa de estar fuera de lugar. Cómo podían cambiar las cosas en cuestión de meses. Pero antes de llegar a la puerta de su amiga, la oyó llamarla por la espalda.

—¡Yumi!

—¡Hola! Casi te pillo fuera.

—Fui al servicio —la última palabra la gesticuló con la boca, sin decirla en voz alta—. ¿Me das un momento que recoja mi mochila y nos reunimos con las demás? Sissi ha dicho que podíamos ir a su habitación. Y Laura se iba a retrasar un poco.

—Claro —aceptó Yumi. Su última conversación con la morena las había vuelto a acercar, muy poco, pero lo suficiente. Tal vez una tarde como en los viejos tiempos las ayudara.

—Para que veas que cumplo mis promesas —Sam entró en el dormitorio seguida por Yumi.

—¿Promesas?

—Que quedaríamos todas otra vez. No es un planazo por culpa de los exámenes pero al menos podemos vernos un rato todas juntas.

—Eso es verdad —reconoció la japonesa.

—Así que ahora quiero pedirte otra cosa. Antes de que vayamos con las demás —Sam se puso seria, algo poco habitual en ella. Yumi intuyó qué iba a decirle, pero aún así aguardó—. Tu me gustas mucho, Yumi. No se si ha sido un flechazo o qué, pero... no sales de mi cabeza. Y no solo porque me lo pase genial en la cama contigo. Tu compañía... me hace feliz —reconoció.

Yumi intentó aguantar el tipo. Las palabras de Sam la halagaban. Pero eso confirmaba sus sospechas de que su amiga tenía pajaritos en la cabeza y pensaba que podía ocurrir algo que ella no consideraba conveniente.

—Creo que en nuestra última cita te lo pasaste bien —aventuró Sam.

—Sí. Fue muy bien, sí...

—Quiero repetir —Sam no quería dar pie a Yumi a andarse con evasivas. El corazón había hablado y necesitaba saber si había un billete con su nombre en el tren hacia los sentimientos de su amiga o no—. Otra noche, solas tú y yo.

—Sam...

—Solo te pido una oportunidad —aclaró la aludida—. Me gustaría ayudarte a... darte cuenta de que hay otras personas en el mundo. Y si esa otra persona pudiera ser yo, sería muy feliz.

—... ¿Y si no lo fueras? —tanteó Yumi. Le has dado demasiadas esperanzas todo este tiempo. Ahora es tarde para retroceder, se reprochó a si misma.

—Pues seguimos tan amigas. De verdad, no quiero echarlo todo a perder. Pero si tuviéramos esa posibilidad, ¿por qué negárnosla?

Se miraban muy serias. Sam contba con poder hacer que algo se moviera en el corazón de Yumi. Pero ella solo tenía dudas. Su amiga era demasiado precoz, no le había dado tiempo para cicatrizar unas heridas que tenía aún. Y sin embargo intentaba derribar los muros que las separaban. A ver, en el fondo le venía bien salir. Y no había mentido cuando dijo que lo había pasado bien. De ahí a pensar que era alguien adecuada para ella suponía un abismo de distancia.

—De acuerdo. Quedamos el sábado por la noche. Tú y yo a solas. ¿Alguna preferencia?

Solo tu compañía, pensó Sam.

—Te pasaré a recoger. Podemos ir a cenar a algún sitio, elige tú —ofreció Sam.

—Han abierto un tailandés hace poco, podríamos probar —propuso Yumi. Sam asintió—. Y supongo que... querrás sexo.

—Podemos hacerlo, si la cita va bien, y te apetece. No quiero presuponer nada —respondió al otra—. Solo te pido que... no cierres tu mente, ¿vale? Hay más gente en el mundo.

—Lo sé —dijo Yumi. En ese momento escuchó su teléfono vibrar—. Es Laura. Ya está en el dormitorio de Sissi.

—Perfecto. Pues vamos para allá. ¡Tarde de chicas!

Atravesaron el pasillo. Yumi no podía saberlo en ese momento, pero Sam lamentaba no haber nacido unos días antes. Hubiera sido en diciembre, no en enero. Habría nacido el mismo año que Yumi. Y en lugar de ir a Kadic, podría haber ido ya a la Universidad con ella. Eso hubiera facilitado mucho su relación. Pero no tenía caso recrearse en aquello. Con suerte, ese sábado por fin ella y su amiga podrían ser algo más oficial.


Laura había acudido a la quedada con las chicas después de una pequeña reunión. Su intención era no tardar mucho, y aparte un compromiso la ayudaría a terminar rápidamente con aquella situación. Tenía que atajarlo de raíz. Se sentía nerviosa. A lo mejor incluso había patinado en sus pensamientos, pero en cualquier caso era necesario finalizarlo. Las cosas no podían seguir retorciéndose tanto.

Oyó que llamaban a la puerta, y entró Jeremy.

—Hola, Laura. Vi tu mensaje —dijo el chico—. ¿Qué ha pasado?

—Ahora te cuento —respondió ella—. ¿Todo bien?

—Sí, como siempre. Hasta arriba con el estudio y...

La puerta sonó por segunda vez. Jeremy se quedó extrañado cuando vio a Odd entrar en el dormitorio de la chica. Y el recién llegado tampoco parecía entender la presencia de su amigo allí. Ambos miraron a Laura, quien les invitó a ocupar la cama para sentarse. Ella prefería estar de pie.

Miró a ambos, y suspiró. Aquello iba a ser complicado. Los dos le devolvían la mirada con desconcierto. El silencio era tan incómodo que podrían cortar el ambiente con un cuchillo. Y cuando habló, Jeremy y Odd se sobresaltaron, como si no se esperasen que iba a decirles algo.

—Chicos... esto tiene que acabar.

—¿El qué exactamente? —preguntó Jeremy, confuso.

—Vuestro... interés por mi.

Odd y Jeremy se miraron mutuamente. ¿Interés... de ambos?

—Hace tiempo que pienso que vas detrás de mi —dijo la rubia, mirando a Odd—. No creo que fuera tu intención la primera vez que me pediste acostarnos, pero... más veces, y excusas tontas para vernos... Y hace tiempo pienso que tu ruptura con Sam está relacionada —los intentos de Odd por controlar su expresión fueron infructuosos, lo cual confirmó las dudas de la rubia—. Empezaste a insistir más después de la ruptura. Sé atar cabos, ¿Sabes? Siempre serás mi amigo, pero... lo siento. No puedo corresponderte.

—Lo entiendo —dijo el aludido. Asintió lentamente. Y sintió una punzada de fastidio. No era solo que Ulrich le hubiera rechazado. Es que Laura también. Eran dos golpes en un espacio muy pequeño de tiempo. Pero... Un momento. Si había reunido a los dos en la habitación para hablar de eso... Miró a Jeremy. No. No era posible.

—Y tú, Jeremy...

—Espera, espera, espera —interrumpió este—. No se qué has pensado sobre mi, pero...

—Pues que hace tiempo que Aelita te nota ausente —respondió ella—. No es solo que haya estado llevando sola la reaparición de su madre... Ella sabe que gestionar esas situaciones no son tu fuerte. Pero no es solo eso. Lleváis un mes sin sexo, ¿verdad? Apenas la tocas... y en cambio, sí que has tenido relaciones conmigo después de las sesiones de estudio. Y las invitaciones a tomar un café a solas...

Jeremy no sabía dónde meterse. Siempre había pensado que su relación con Aelita era hermética. A ver, entendía que de vez en cuando ella hablara con sus amigas de cómo le iba, pero ¿con tanto detalle? Sintió una ola de enfado en su interior. Pero tardó unos segundos en darse cuenta de que no estaba molesto con su novia. Sino consigo mismo. Se había portado fatal con Aelita. Ella, que durante mucho tiempo había sido la única para sus ojos, había sido dada de lado por un infantil encaprichamiento.

—Tienes razón —reconoció—. Es solo que... Que soy gilipollas. Amo a Aelita. Eso no lo he dudado nunca. Pero... me he relajado. Fue difícil abrirle mi corazón, y cuando aceptó fui muy feliz. Desde entonces todo ha sido... rutina —pensó—. Parecía que nada iba a cambiar entre nosotros, así que me descuidé. No es que me aburra, es que las novedades... lo del sexo libre, me ha nublado el juicio, y he dado cosas por supuestas...

—Incluso que podías intentar ligar conmigo sin que ella se diera cuenta —comentó la rubia. Odd no decía nada, al fin y al cabo su comportamiento tampoco había sido ejemplar. Pero le sorprendía que su amigo se hubiera comportado así.

—Creo que la culpa fue tuya —respondió Jeremy.

—¿Disculpa?

—Tú y Aelita tenéis mucho en común. Sois guapas. E inteligentes. Es algo que me encanta. Cuando ella me correspondió fui muy feliz, y... que otra chica igual se hubiera fijado en mi me nubló el juicio. Me hice fantasías en la cabeza —explicó—. Definitivamente soy tonto.

—Deberías mirarte lo de la autoestima —le respondió Laura—. Tal vez, si no te encerrases tanto en tu mundo, no solo Aelita y yo nos hubiéramos fijado en ti. La diferencia entre ella y yo es que...

—Que tú no me amas —terminó el chico.

—Eso es. No es tarde para arreglar el daño, Jeremy. No quiero que rompáis, y menos por mi culpa. Quiero que seamos amigos, de verdad.

—¿Qué pasa, Odd?

El aludido se había quedado mirando al infinito mientras seguía escuchando. Todo aquello había empezado aquel día. Cuando había propuesto la idea del sexo libre. A lo mejor era verdad. Lo había jodido todo con aquella idea.

—Todo es culpa mía.

—¿Qué?

—Todo lo que está yendo mal en el grupo... No me pareció mala idea, no me imaginé que... Tú y Aelita... O lo de Ulrich y Yumi... Y lo mío ya...

—A ver. La idea fue una locura —reconoció Laura—. Pero creo que también nos ha traído cosas buenas.

—Sí. Las decisiones. Eso ha sido lo que lo ha echado a perder todo —reflexionó Jeremy.

—¿Y si me hubiera callado la boca?

—Quizá el sexo aún me daría miedo. Quizá Emily y Carlos no se hubieran aproximado. Quizá vosotros no tuviérais la mente un poco más abierta para probar a hacerlo con otros chicos —pensó la chica en voz alta—. Creo que ha sido una buena idea. Pero que tenemos que corregir nuestros errores antes de continuar.

Los dos amigos se miraron. Puede que Laura tuviera razón. Odd, por su parte, no tenía mucho que reparar en ese momento. Salvo tal vez disculparse sinceramente con Sam. Pero Jeremy sí debía arreglarse con Aelita. Laura miró el reloj, ya era hora de irse.

—Oye, ¿esto cambia algo? —preguntó Odd a Laura, con el pomo en la mano.

—No. De hecho, tal vez en unos días... me gustaría poder quedar con los dos.

Y le plantó un beso a cada uno en los labios antes de hacer el gesto para invitarlos a salir, e irse ella al dormitorio de Sissi y pasar una tarde con las chicas. Sissi... tú eres la siguiente, pensó.


Ulrich estaba en el gimnasio, para variar. Entrenaba su pencak silat. Le había pedido a Carlos que le echase una mano. Le agradaba su compañía, ya que nunca preguntaba más de la cuenta. Y se estaba dando cuenta de que parecía tener algunas bases. No era un rival a su nivel pero se defendía más o menos.

—Oye, ¿tú has entrenado antes? —preguntó el alemán.

—Sí, pero no era pencai silat —respondió el español.

Pencak —le corrigió Ulrich.

—Eso. Hacía kárate. Me gustaba, pero... no se me daba bien el combate —reconoció el otro.

—¿Y no lo retomas? —preguntó Ulrich, y atacó de nuevo.

—¡Ñg! Qué pereza —se había protegido del golpe, pero Ulrich atacaba con fuerza y le había dolido un poco.

—Vaya. Mira quién viene por ahí —comentó Ulrich.

Patrick se acercó mientras los otros dos continuaban en guardia. Para tener todo el gimnasio para ellos solos, se han arrinconado mucho, pensó el castaño, que tuvo que atravesar la enorme cancha hasta llegar a sus amigos. Estos optaron por tomarse un descanso y Carlos vació media botella de agua de un trago.

—¿Qué pasa? ¿Quieres practicar un poco? —ofreció Ulrich al recién llegado—. Oh, igual podría entrenaros a ambos.

—Ni de coña —respondió Carlos.

—¿Por qué no? ¡Dos caballeros combatiendo por el corazón de la misma dama! —bromeó el alemán.

—Ni de coña —respondió Patrick—. De hecho, de eso venía a hablar con Carlos.

—Tú dirás —dijo el aludido.

—Es sobre Emily...

Me lo imaginaba, pensaron simultáneamente Ulrich y Carlos. Y aunque la cosa no iba con él, Ulrich no les dejó a solas. Total, en el grupo al final todos se enteraban de todo. Y tampoco le habían pedido que se fuera. Le venía bien escuchar asuntos ajenos y olvidarse un rato de los suyos. El día anterior había visto a Yumi. Había pretendido hablar con ella, pero romper el momento en que ella estaba con las demás hubiera estado feo.

—¿Qué ocurre con ella?

—Nada. Solo he escuchado que... no estáis juntos.

—¿No has hablado con ella? —se extrañó el español.

—No. Por eso quería hablar contigo. ¿Qué pasó? Ella estaba ilusionada con la cita. Me dijo.

—O más bien, le diste la idea. No soy un tonto —dijo Carlos—. La cita, como yo suponía, fue bien. Pero no fue especial.

—Pero tú le gustas.

—Pero no de esa forma. Yo ya me lo imaginaba. Y es más, me alegra de haberlo aclarado con ella. Así podemos ser amigos sin los problemas de ese tira y afloja que teníamos.

—¿Seguro?

—Seguro.

Patrick no dijo nada más. Quería seguir la conversación, pero se sentía violento. No estaba haciendo otra cosa que aprovechar una oportunidad y se sentía rastrero por ello. Debería darle vergüenza... y de hecho se la daba. Pero los otros dos estaban expectantes por la continuación. Intentó leer el rostro de Carlos. Para variar, no lo conseguía. Siempre tan serio.

—El caso es que te quería preguntar... ¿Te molestaría que le pidiera salir a Emily?

—Ah, entiendo. Ahora que estoy descartado, quieres una oportunidad con ella —sentenció el español, muy serio. Pero no pudo aguantarse la risa cuando vio a los otros dos observarle con miedo—. ¡Adelante, hombre! Ya he dicho que no hay nada serio entre nosotros, y quiero que sea feliz. Espero que seas tú.

—Me habías asustado, capullo —protestó Patrick—. Pero gracias. No sabía ni cómo decírtelo.

—No te preocupes. Pero como le hagas daño... Ulrich me enseñará a darte una paliza.

Se echaron a reír. Por lo menos todo estaba bien.

—Oye, yo estoy un poco cansado. ¿Os parece si salimos a tomar algo? —propuso el alemán de pronto—. Creo que me vendría bien salir.

—¿Avisamos a los demás? —preguntó Carlos, sin disimular su entusiasmo por librarse de seguir con el entrenamiento. Última vez que me lía para hacer esto, pensó.

—Les escribimos dónde estamos y que se apunte quien quiera —comentó Patrick—. Me parece bien ese algo. Además, no se si os habéis dado cuenta, pero este gimnasio está helado. Un café caliente nos sentará bien.

—Deberíamos ducharnos primero —dijo Ulrich, no era consciente de lo mucho que había sudado en el entrenamiento. Seguro que por eso no notaba el mismo frío que Patrick, y Carlos tampoco.

—Creo que tienes razón. Te habías bajado la bolsa para cambiarte, ¿no? —preguntó el otro, que no le apetecía volver al edificio de las habitaciones para cambiarse.

—Sí, la tengo ahí. ¿Vamos?

—Vamos.

Patrick no pudo desaprovechar la ocasión para bromear

—A ver qué vais a hacer los dos solitos en la ducha.

—¿Quieres verlo? —bromeó Carlos.

—No se lo ofrezcas, no sea que Emily se ponga celosa cuando se entere —dijo el alemán, y se echaron los tres a reír.

Mientras Carlos y Ulrich se daban una ducha, Patrick enviaba mensajes a los demás, quedando en la puerta veinte minutos después. Finalmente, se rindió a la temperatura, y se metió en los vestuarios también. El vapor del agua caliente era reconfortante. Estaba ahí más cómodo. Y al ver a sus amigos salir de las duchas... pensó que podría invitarles a verse con Emily y que ella quedase encantada.

—Odd dice que viene —informó a los otros mientras salían a la calle—, pero William está estudiando con Jeremy. Dicen que si terminan se unen luego.

—Con lo pronto que oscurece, para cuando quiera unirse más que un café deberían pedirse un vasito de caldo —comentó Carlos. Le gustaba el frío pero la pronta oscuridad y la sensación de noche casi constante la encontraba penosa.

—Con lo que le gusta estudiar a Jeremy, no llegarán hasta mañana —bromeó Ulrich.

Patrick iba a decir algo por defender a su primo, pero lo cierto es que era verdad. Le había visto la noche anterior enfrascado en su portátil y juraría que no había dormido en absoluto. Ese ritmo al final le pasará factura, pensó.

Tras la bofetada de frío con que les recibió la calle, se dirigieron a la puerta principal, embutidos en sus abrigos. El invierno se podía palpar en los exteriores.


Precisamente, en una cafetería se encontraba Laura. Su móvil reposaba al lado de su taza de café, que había empezado a consumir a causa de los nervios. Volvió a mirar la pantalla. Debajo del mensaje que había enviado con su ubicación, estaba la respuesta de Sissi.

«Dame diez minutos»

Y cada uno de esos minutos le parecía un año. Había procurado no arreglarse más de lo normal. Pero al mirarse al espejo se había visto bonita. Se había sonreído y marchado a aquel lugar. Lo bueno de ir entre semana y con el frío, y por dónde estaba situado, era que no estaba muy lleno. Tres mesas ocupadas de las diez, incluyendo la suya. Perfecta para poder hablar. Aguardaba, nerviosa. Aquella tarde podía ser mal o directamente desastrosa.

Se fijó en el cristal de la puerta cuando apareció una melena morena. Allí estaba Sissi, quien entró al local. La encontraba guapísima. Y el corazón le dio un vuelco cuando si amiga sonrió al verla y se acercó, mientras se desabrochaba el abrigo.

—¡Qué frío! —protestó la recién llegada—. Aunque el café de aquí lo merece... ¡Uno con leche! —pidió al barista que había detrás de la barra.

—Lo sé, perdona. Pero últimamente apenas salimos de Kadic, y me apetecía tomar algo que no fuera el café de máquina. Que, bueno...

—Ya os dije que el contrato con el proveedor finaliza en enero, mi padre ha elegido uno mejor para...

—Sissi, Sissi, Sissi... Espera. No... no te he llamado para hablar del café de máquina que tenemos en la academia —interrumpió Laura. Se arrepintió. ¿Demasiado borde? No, Sissi no parecía ofendida. Bien—. Oye, yo quería hablar contigo a solas.

—¿Ha pasado algo?

—Sí, bueno. Ayer tuve que, a ver cómo te digo... "Romper" —hizo el gesto de comillas con las manos— con Odd y Jeremy. Llevaban un tiempo detrás de mi, decían que yo les gustaba, pero... no correspondo a ninguno de los dos.

—Ostras... Bueno, de Odd me lo podía esperar, pero ¿de Jeremy? —se sorprendió Sissi.

—Sí, hija, sí. Pero bueno, he logrado que no se haga falsas ilusiones. Tiene que arreglarse con Aelita. Bueno, no se si se arreglarán, creo que sí. Pero es cosa de ella perdonarle o no.

—Qué tontos son nuestros amigos. Deberíamos dejar el Acuerdo solo para nosotras, para que aprendan —bromeó Sissi.

Ay... a mi me bastaría contigo.

—Podemos reservarnos un fin de semana para todas —propuso Laura—, pero bueno. No era eso lo único que quería hablar contigo.

—Tú dirás —dijo Sissi mientras daba un sorbo a su café.

—Cuando volví a Kadic tenía mucho miedo. Iba a estar sola. Aunque eso era prácticamente mi día a día. Pero me aceptásteis. Y tú fuiste la primera. Me ha encantado conocerte. Eres mi mejor amiga, ¿sabes?

—Voy a ponerme colorada —comentó Sissi, y de hecho sus mejillas ya habían recuperado la calidez. Y no tenía nada que ver con su bebida.

—Me gusta mucho pasar tiempo contigo. Y... —miró alrededor. Cada mesa estaba a su conversación, y el barista estaba sirviendo a un recién llegado de abrigo raído—, mi primera experiencia con una chica fue contigo, y no podría haber sido mejor.

—Laura, ¿qué te pasa? Es que... ¿te vas a ir de Kadic? —aventuró la morena.

Nota mental: traer señales luminosas la próxima vez, pensó la rubia.

—Tú me gustas, Sissi —soltó—. Me gustas mucho. Y no me refiero sólo al plano físico. Hablo de algo más... más profundo. Hace tiempo que no sales de mi mente. Creo que estoy enamorada.

Sissi se había quedado inmóvil. Aquella confesión era inesperada. Bueno. Eso podría explicar ciertos aspectos del comportamiento de Laura, pero jamás lo había achacado a que pudieran ser ¿celos? Simplemente pensaba que era una amiga preocupada por ella.

—Me siento como una tonta... Cuando estos meses te veía irte con Ulrich se me llevaban los demonios, ¿sabes? Por eso quería saber si de verdad había algo entre vosotros. Tenía celos, quería estar contigo. Y aunque sea tu amigo solamente, me cuesta mucho aceptar que pases tanto tiempo con él.

Por fin lo había soltado todo. Y se sentía liberada. Y estúpida porque ya no había vuelta atrás.

—No espero que me correspondas —explicó la rubia—. No tengo las expectativas tan altas...

—Yo... Laura...

—No, no, de verdad. Solo quiero que no cambie nada. Seguir siendo tu amiga. No sé si amas a alguien, pero está bien. No voy a boicotearte.

La rubia hablaba cada vez más rápido.

—Pero Laura...

—Mira, estoy empezando a arrepentirme de habértelo contado. Tómate el café con calma, yo me voy. Tendré el móvil en silencio, ya hablaremos, ¿vale? Hasta luego.

Y sin que Sissi pudiera replicar, Laura se sacó un billete del bolsillo, lo plantó sobre la mesa y salió del local sin terminar de abrocharse el abrigo.


Tampoco le hubiera hecho falta. En ese momento no era capaz de sentir el frío de la calle. Había abierto su corazón. Lo que más miedo le daba. El valor acumulado se había evaporado rápidamente según le contaba su speech a su amiga. Tal vez la había cagado. A lo mejor no se quería acercar más a ella. ¿Y si... y si pensaba que se había aprovechado de la situación para tener sexo con ella? No, no era una malpensada. Pero una cosa estaba clara, y es que la morena no la amaba.

A punto estuvo de cruzarse con los chicos, que iban en dirección al mismo local donde había estado. Pero fue consciente de que varias lágrimas surcaban su rostro, así que giró hábilmente en la esquina para ir por otro camino. No le apetecía encontrarse con ellos y que le preguntaran por lo que había ocurrido.

Sissi se había quedado con las manos sobre la mesa, a ambos lados de su taza de café. Mirando el billete en la mesa, y reflexionandos sobre las palabras de Laura. Le gustaba a Laura. Bueno. La rubia había hablado de amor.

Suspiró. Qué complejo tenía que ser todo, demonios. Guardó el billete en su bolsillo y pagó con su dinero. No quería aquella invitación de Laura. Pero sabía lo que tenía que hablar con ella. Su amiga no había actuado correctamente soltándole el discurso para luego salir corriendo. Así que había que dejarle las cosas claras, esa misma noche.

—¿Otra copa?

—No debería.

Delmas estaba en casa de Anthea. Ambos habían estado hablando hasta bien entrada la tarde en la academia, y ella le había invitado a continuar la charla en su casa. Delmas había aceptado. Su rutina no variaba mucho, al fin y al cabo. Apenas salía del recinto de la Academia. Se le hacía raro, especialmente por ir en el coche de una empleada... que probablemente tenía más dinero de el que él juntaría en su vida.

—Deber y hacer son dos cosas diferentes —bromeó Anthea, y sirvió un poco más del alcohólico líquido en la copa de Delmas.

—Gracias —dijo él, y tomó un trago—. Buen vino, sin duda.

—Sí, no ha salido malo. La verdad, no soy ninguna experta. No se preocupe, su profesora adjunta no bebe en exceso —bromeó ella.

—Nunca me dio esa impresión. Por cierto, me alegra saber que Aelita ha mejorado su relación con usted. Veo que el castigo del otro día sirvió para algo.

—Sin duda —reconoció Anthea—. No me gusta tener que tratarla como a una niña pequeña, pero no me dejó opción.

En realidad, le partía el corazón que su pequeña ya no fuera una niña. Sí, el tiempo que estuvo congelado en Lyoko impidió su crecimiento por una década, lo que le había permitido encontrarse con una joven entrando en la mayoría de edad, en lugar de una treintañera como le hubiera correspondido. Pero aún así, se había perdido muchos años de la vida de Aelita. Al menos ahora podían reconstruir la relación.

—Hijos. Son tan complicados —suspiró Delmas. Se habían ido de la cocina y ahora ocupaban el sillón que tenía Anthea frente a la chimenea—. ¿Sabe? Me costó mucho que Sissi volviera a hablarme después de que su madre se fuera y nos abandonase.

—Oh, está usted divorciado —Anthea sabía que Delmas no vivía con su mujer, pero desconocía si se debía a una separación o a un final más trágico para ella.

—Sí. Chloé era profesora también en la academia. Ambos... nos volcamos mucho, yo quería hacer prosperar Kadic, y dedicamos al final más tiempo a nuestro trabajo que a nuestro matrimonio. Ella... reculó a tiempo y me exigió dejarlo todo para dedicarme a ella, pero no supe hacerlo. Así que al final nos dejó.

—Ostras...

—Sissi al principio se fue con ella —confesó Delmas—, pero Chloé... Era buena persona, pero como madre dejaba mucho que desear. De modo que arreglamos que yo me ocuparía de Sissi. Al menos aquí, como la academia era mía, podía tenerla cerca. Creo que he cometido errores con ella, pero al menos el grupo de Aelita la ha hecho cambiar el carácter. La malcrié mucho.

—Ya veo. ¿Y Sissi no ve ya a su madre?

—Cada año menos. Chloé vive en la costa. Al principio se pasaba los veranos con ella. Con el paso de los años, su relación empeoró, hasta que al final han decidido no verse. Chloé me pasa puntualmente la pensión de Sissi, pero al margen de eso no tenemos nada más que ver.

—Es una pena. Pero bueno, veo a Sissi feliz al fin y al cabo, así que pese a la triste historia diría que no ha ido tan mal.

—Eso quiero pensar.

—No sé si es peor eso, o haber crecido separadas por circunstancias como las mías.

—Su historia fue una crueldad —dijo Delmas—. Aunque ese... elemento de fantasía con las fechas me cuesta entenderlo, pero al margen de eso. Le arrebataron de brazos de su hija. Espero que puedan recuperar el tiempo perdido.

—Gracias. Está bien hablar con un adulto de vez en cuando.

—¿No habla con Müller? —se extrañó Delmas.

—No más de lo necesario. Siempre ha sido un hombre reservado. Su mejor tema de conversación son los hombres con los que queda. Probablemente con eso amenice el café de mañana.

—¿Y sólo se dedica a ser su guardaespaldas? ¿Qué hace mientras enseña si no está por Kadic?

—Le dije que era libre de buscarse otro empleo para entre horas. Está buscando para dar clases en un gimnasio, de defensa personal. Pero no tiene prisas. Prefiere esperar. No le culpo, él también tiene dinero, no necesita darse prisa en encontrar empleo. Podría retirarse si quisiera.

—Al igual que usted —señaló Delmas—. Anhea... perdona la confianza, pero me gustaría saber qué planes tienes para el año que viene. Suzanne ha reconocido tu buen hacer como profesora adjunta, pero es obvio que tu idea era pasar más tiempo con Aelita. ¿Debería buscarme otra profesora para el curso que viene?

—Es cierto que me quiero acercar a Aelita, pero me gusta poder enseñar también...

—Mi hermano Belmont es decano de la universidad. Tal vez sea más apropiado para alguien de tu nivel intelectual.

—Pero tampoco te quiero dejar en la estacada —respondió Anthea—. Hagamos un trato: si no encuentras a nadie para el curso que viene, seguiré en Kadic un año más. No quiero dejar tirado a la persona que me ha ayudado a estar más cerca de Aelita.

—Ha sido un placer. Como lo ha sido tener a alguien tan brillante estudiando en Kadic. Aprecio mucho a tu hija.

—Gracias. Me alegra ver que se lleva bien con Sissi. Ya que no ha tenido una familia con ella, me alegra que haya tenido buenos amigos.

—Digo lo mismo de mi hija. No le pude dar un hermano o hermana con quien pudiera crecer.

—Qué envidia me dan a veces los hijos. No saben todas las preocupaciones que tenemos por ellos —suspiró la mujer.

Las copas reposaban en la mesa. El crepitar de la chimenea era hipnótico. Anthea se volvió y miró a Delmas. Sentía una ola de gratitud por aquel hombre. Qué raro era verle tan solo.


Laura estaba tecleando en su ordenador. Por lo menos los trabajos sí se podían presentar impresos, ya le dolía la mano de los apuntes manuales en clase. Se había saltado la cena, y no sabía si alguien se había interesado por el motivo de su ausencia porque había apagado el móvil. Esa noche no iba a hablar con nadie, bastante había hecho ya. Continuó tecleando, y los primeros golpes en su puerta sonaron al mismo nivel que las teclas, por lo que no lo escuchó.

¡Pom, pom, pom, pom!

Cuatro golpes más fuertes llamaron su atención. Laura miró la puerta. Pero no escuchó la voz de Jim exigiendo que abriera ahora mismo, por lo que continuó con sus estudios. Alguien entendería que eso significaba un "déjame en paz" de manual. Pero parecía que no.

¡Pom, pom, pom, pom, pom, pom, pom, pom!

Ignorar, ignorar. Iba a seguir estudiando. Y dentro de unos minutos, pijama y a dormir, que al día siguiente había clase.

¡Pom, pom, pom, pom, pom, pom, pom, pom, pom, pom, pom, pom...!

Los golpes empezaron a sucederse en cadena. Qué ruido más irritante. Después de un minuto, a golpe por segundo, era demasiado insoportable. Se levantó por fin y quitó el pestillo. Apenas lo hizo la puerta se abrió, y la última persona que quería ver en el mundo entró en su habitación dando zancadas.

Sissi estaba allí, mirándola muy seria. Laura aguantó la respiración. Parecía que lo había conseguido. Su amiga ahora la odiaba. Solo esperaba en ese momento que la charleta no fuera muy dura. Seguro que terminaba llorando al final.

—Primero —fue como empezó Sissi su discurso—, Ulrich es únicamente mi amigo. Uno que lo está pasando mal por sus problemas con su novia, con la que va a volver —recalcó—, así que si necesita que me pase una tarde escuchándole, lo haré porque él lo ha hecho conmigo muchas veces. Y eso no va a cambiar.

Laura no dijo nada. Lo que la morena le estaba diciendo era verdad.

—Segundo, que sea la última vez que me sueltas algo como eso, y antes de poder responder te marchas de ahí. Toma —y sacó del bolsillo el billete que Laura había dejado en la mesa—. He invitado yo a los cafés, no iba a aceptar tu dinero después del numerito en la cafetería. Que además, se han quedado todos mirando.

No había tanta gente, pero vale, pensó la rubia.

—Tercero, que sepas que los chicos te han visto esquivarlos cuando iban a la cafetería. Me han encontrado allí y me han preguntado qué te pasaba. Obviamente me he hecho la tonta y les he dicho que no has estado conmigo, no saben nada de lo que me has contado esta tarde.

En su fuero interno, la chica suspiró aliviada. Por lo menos, nadie más sabría su secreto. No le apetecía mucho, después de haber dado calabazas a Jeremy y Odd, que se enterasen de que ella también había sido rechazada. Sonaría a haber desechado dos peces justo antes de que se le rompiera la caña.

—Y cuarto —dijo Sissi, alzando el dedo índice—... ven aquí.

—... ¿Qué?

Antes de darse cuenta, Laura estaba rodada por los brazos de Sissi contra su pared. Se alarmó. La puerta no estaba cerrada del todo. Pero eso no parecía afectar a la morena.

—Me has dicho unas cosas muy bonitas esta tarde. No sabía que pudieras sentir algo así por mi.

—Sissi... por favor, no juegues conmigo —suplicó Laura. Su corazón palpitaba fuerte como si se le fuera a salir del pecho. Su respiración estaba agitada por la mano de Sissi acariciando su mejilla. Podía sentir el aire suave saliendo por su nariz contra ella.

—No quiero jugar —respondió la otra—. Laura, tú... No sé cómo decirlo. Me atraes, sí. Nuestra primera vez me abrió los ojos a experiencias que no me había imaginado. Me gusta tu compañía. Y no te quiero mentir, pero... no había sentido algo tan puro por ti.

Laura contuvo un sollozo.

—Eso no significa que no lo quiera intentar.

—Pero... Si tú no...

—Quiero aprender a quererte —dijo Sissi—. Estoy segura de que podrías hacer feliz a alguien. Y me gustaría que lo intentáramos. Si de verdad quieres. Si no, podemos seguir como amigas...

No pudo terminar la frase. Laura besó sus labios con ternura. Ella le correspondió. Estuvieron ahí segundos, o tal vez años enteros ignorando la existencia del resto del planeta. Cuando el beso acabó, seguía, abrazadas.

—¿Quieres que te haga compañía esta noche? —se ofreció Sissi.

—Me encantará.


¡Hola a todo el mundo! Sí, la actualización ha tardado un poco pero la vuelta a la antigua rutina ha impedido mantener el ritmo. Pero bueno, sigo en activo que es lo importante. Espero que os haya gustado el capítulo en que, por fin, le pasa algo bueno a alguien.

Agoi Cafe: Sin problema, me encantan la reviews largas :) Lo de Aelita y Anthea había que arreglarlo de un modo más realista (no como en el original), y por supuesto Jeremy necesita su redención también al respecto. Sobre Odd y Sam me gustan como punto de partida pero Odd al final da más juego buscando otra pareja, y la idea de Sam fijándose en Yumi también me apetecía volver a escribirla. Yumi sí, a veces me arrepiento de haberla metido en la universidad al margen de los demás, pero para ideas como la del Círculo 34 y poder dar celos a Ulrich era necesario. Y la amistad de Ulrich con Sissi era un "must" en este reboot. Y el trío amoroso poco a poco se ha ido resolviendo (pero ya me conocéis, no va a ser todo sencillo para eso). William y Camille me tentó, pero Camille la veo como una persona demasiado rauda. Tengo que pensar en algo para ella. Y Sissi también debía mostrarse cuánto ha cambiado en estos años. Y no, no creo que Delmas pierda la academia... pero va a pasar algo también malo. Muchos saludos y espero leerte por aquí.

Nos vemos en el siguiente capítulo, y tengo un one-shot en mente que publicaré próximamente también, aśi que atentos ;) Lemmon rules!