Harry observa el papel sobre su mesa con pesadez. No se puede creer que con la edad que tiene aun le arrastren a hacer algo tan infantil como el amigo invisible. ¡Vamos!, que ya es un adulto hecho y derecho; y muy ocupado, además. Encima le ha tocado una persona a la que ni siquiera conoce, un tal Louis Ferlet. No tiene ni idea de quién demonios es. Pero ya ha puesto a su mejor agente a trabajar en averiguarlo, y de paso que invesitgue que podría gustarle como regalo. Por que encima tiene que esforzarse, está seguro de que todo el mundo estará pendiente de lo que él vaya a regalar, no descarta que su regalo aparezca en Corazón de Bruja y luego todo el mundo lo regale esa navidad y se agote. Como pasa siempre que aparece en esa maldita revista con algo.

Con su mejor agente, por cierto, no se refiere a ningún auror, sino a Hermione, por supuesto.

A las doce, recibe una lechuza suya citándolo a comer en una de las cafeterías muggles que hay fuera del ministerio donde ambos suelen comer cuando tienen cosas que hablar y no quieren que nadie pegue la oreja. Normalmente, suele ser Hermione la que utiliza ese lugar cuando tiene que despotricar de Ron o de los niños o de su trabajo, por lo que suelen comer allí más a menudo de lo que a él le gustaría, aunque tiene que decir que la comida no está nada mal.

Cuando llega, Hermione ya está allí comiéndose un trozo de tarta de zanahoria enorme.

—¿Ese es tu almuerzo? —le pregunta mirando la tarta con recelo.

—Sí, y cuando tú estés embarazado podrás juzgarme, mientras tanto siéntate y borra esa expresión de tu cara. También he pedido un sándwich de pavo y salsa de arándanos.

Harry toma asiento frente a ella y mira la carta. El sándwich que ha mencionado Hermione le ha sonado perfecto, así que no se entretiene mucho y cuando la camarera se acerca, pide uno igual que el de su amiga.

—¿Y bien? —comienza mientras se sirve agua en el vaso frente a él—, ¿qué has averiguado?

Su amiga deja escapar una carcajada corta que suena más como una pedorreta.

—Te vas a reir cuando te lo cuente.

—¿Por qué me da la sensación de que voy a hacer todo lo contrario? —pregunta suspirando.

—Voy a ir al grano. Ese tío está coladito por ti.

—Por las barbas de Merlín, ¿por qué me tienen que pasar estas cosas? —luego baja la voz hasta que está seguro de que solo Hermione puede oirle—, ¿cuanto tendría que pagarte para que me cambiaras el dichoso papelito?

—¡Harry! eso sería hacer trampas. Y además, me ha tocado alguien que me cae bien y a quién conozco, así que ni de coña voy a cambiartelo. Pero espera a oírlo todo —añade sonriendo ladinamente—, aún no he terminado.

—¿Qué puede ser peor que eso?

—Es el ex de Draco Malfoy.

Harry frunce el ceño.

—Pensé que Malfoy y Greengrass estaban prometidos —dice mucho más interesado de repente.

—Por favor Harry, ¿cuándo fue la última vez que leíste Corazón de Bruja? ¿en el año dos mil? Estuvieron prometidos unos años después de Hogwarts, pero hace eones que Malfoy está soltero.

—Lo estará ahora. Porque aparentemente estaba con Ferlet, ¿en qué departamento trabaja? —pregunta intentando mostrar un interés que no tiene.

—En el de Uso Incorrecto de Artefactos Muggles.

—¿Qué hace Malfoy saliendo con alguien que tiene una mínima relación con muggles?

—Lo sé, yo pensé lo mismo. Pero también ha salido con un sangre muggle que trabaja en el CMI (Departamento de Cooperación Mágica Internacional).

—¿Malfoy o Ferlet?

—Malfoy —remarca ella como si fuese obvio.

—Te pedí que investigaras a Ferlet, no a Malfoy —le responde con sorna.

—No eres el único que aparece en la prensa rosa.

—En fin —dice cambiando de tema antes de que Hermione le cuente todos los ligues de Malfoy—, si me das un par de ideas, le compraré algo de la tienda de Ron y asunto arreglado, tampoco es que pueda hacer mucho con el presupuesto de cinco galeones que nos han puesto.

Hermione le da varias opciones y Harry le promete que irá al Callejón Diagon ese fin de semana.

Y cuando llega, casi tiene que echarse un hechizo para que sus piernas se dignen a andar. Si pudiera medir las ganas que tiene de ir a comprar el dichoso regalo, saldría negativo. No le importa comprar regalos para sus amigos, pero comprar algo para alguien a quien no conoce le resulta incómodo. Y eso que ni siquiera se ha parado a pensar en quién le tendrá a él, porque esa es otra, los dos años anteriores ha habido brujas en el ministerio que han ofrecido un montón de galeones si alguien les cambiaba su papel para poder regalarle a él. Y en ambas ocasiones ha recibido algún tipo de regalo con algún hechizo de amor. ¿No pensaron que siendo auror revisaría el regalo con cuidado antes de abrirlo? Pero bueno, al menos no ha recibido nada verdaderamente avergonzante y espera que este año siga así.

Antes de ir a la tienda de Ron, decide pasarse por Flourish and Blotts para ver si encuentra un libro que regalarle a Hermione y algo para leer antes de dormir para él mismo.

Se mueve entre las estanterías hasta dar con la sección que busca, y cuando lo hace se da cuenta de que hay alguien hurgando entre los libros, y no es otro que Malfoy. O eso le parece, ya que está de espaldas.

—¿Malfoy? —pregunta en voz baja, por si al igual que en las bibliotecas allí no se puede hablar muy alto.

Este da un pequeño salto debido a la sorpresa y se gira, cuando se da cuenta de quién ha dicho su nombre sus ojos se abren de golpe. A Harry no le pasa desapercibido que ha ocultado en seguida lo que sea que tuviese entre las manos.

—Qué casualidad encontrarte aquí —dice Harry mirándole intrigado.

—¿Casualidad? ¿por qué?

De repente, se da cuenta de que ha metido la pata. No puede decirle que ha estado hablando de él con Hermione. Y de sus ligues.

—Porque necesitaba tu opinión sobre algo —dice intentando salir del paso.

Este frunce el ceño. No es que se odien, ahora tienen un trato cordial, se saludan en el ministerio, cruzan alguna palabra si coinciden en el ascensor… Pero no son amigos, así que entiende la mirada extrañada del rubio.

—¿Con qué? —pregunta desconfiado.

—Con mi regalo del amigo invisible. Me ha tocado Louis Ferlet. He intentando averiguar quién es y dónde trabaja; he oído que salís juntos —miente.

Malfoy pone los ojos en blanco.

—Te han dado información falsa, Potter, no salimos.

—Lo siento —se apresura a decir deseoso de salir de esa situación.

—Salimos hace un tiempo —aclara—, pero se acabó. Y no muy bien, así que igual deberías buscarte a otra persona para que te aconseje.

—Vaya, y yo que creía que igual podríamos intercambiarnos los papeles, y así podrías regalarle algo especial… —dice falsamente afligido—, no tengo ni idea de que comprarle.

Malfoy le mira raro. Como si se estuviera preguntando a qué viene tanta charla. La verdad es que él también se lo pregunta.

—Ya ves que no puedo ayudarte —responde el rubio dando un paso para alejarse de él. Pero luego parece arrepentirse y vuelve atrás—, aunque sé que cuando salíamos le gustaba mucho jugar a los Gobstones. Igual algo relacionado con eso estaría bien.

—Gracias Malfoy —dice verdaderamente agradecido.

Ambos se despiden sin más, y él se apresura a ir a la tienda de Ron a ver si puede encontrar algo de lo que ha mencionado Malfoy en la tienda de su amigo. Y para su suerte, tienen varios artículos para jugar a los Gobstones, así que termina bastante satisfecho.


La semana siguiente, cuando se lo cruza en el ministerio se apresura a informarle de lo que ha comprado.

—Me alegro, Potter —responde el rubio algo seco.

—Gracias, por cierto. Si no fuese por ti le habría comprado cualquier tontería.

—Calla —le dice rápidamente.

—No, es cierto, soy malísimo comprando regalos.

—No, Potter —Malfoy le da un codazo mientras que carraspea un poco y justo en ese momento el tal Ferlet aparece en el ascensor.

Los mira a ambos de arriba abajo y Harry tiene que decir que se siente un poco intimidado.

—Por mí no os cortéis —suelta Ferlet visiblemente molesto.

—Espero que no estés insinuando lo que creo estás insinuando —responde Malfoy mirándolo con severidad.

El auror mira a ambos hombres sin terminar de entender realmente qué quieren decir.

—Sólo digo que es muy extraño veros juntos cuando la última vez que hablamos dijiste que no soportabas a Potter.

Malfoy parece algo más que molesto ahora.

—Cierra la boca, Louis. Potter, nos bajamos aquí.

Por alguna razón que no entiende, le sigue. No le pasa desapercibida la mirada de Ferlet, entre indignada y enfadada.

Después de un par de minutos Malfoy se para y suspira. No se siente lo suficientemente valiente para decirle nada, así que simplemente espera en silencio a su lado hasta que este se digna a mirarle.

—Lo siento —dice por fin después de un silencio incómodo—, puedes irte, solo quería quitarme a ese idiota de encima. No quería involucrarte.

—No pasa nada.

—Es que no terminamos bien y cree que fue porque me gustaba alguien más…

Es curioso que la conversación más larga que ha tenido con Malfoy desde que terminó el colegio sea precisamente esta. Una situación extraña donde el rubio se confiesa con él y se muestra vulnerable.

—Típico —dice incómodo, sin saber realmente qué decir.

—Lo siento —repite—, voy a irme ahora —y sin más se va.

—Adios —se despide rápidamente.

Por alguna razón se queda mirando hacia el lugar por el que se ha ido unos minutos después de que haya desaparecido. Puede que sea una de las situaciones más surrealistas que ha vivido desde… no recuerda desde cuando. Se siente intrigado, pero sobre todo siente mucha curiosidad. Le cuesta ver a alguien como Malfoy, estirado, remilgado y pijo con un tío como Ferlet. Vamos, se le ve… se le ve igual de estirado que Malfoy, la verdad. Lo que le hace cuestionarse cómo se relacionarán entre ellos. Quiere decir, que no se los imagina juntos. Como que ambos son demasiado serios para que alguno de los dos dé el primer paso en algo, o sean cariñosos y cosas así. Aunque recordando sus últimas experiencias en cuanto a relaciones se refiere no le parece tan raro. Él es una persona cariñosa y físicamente afectuosa, pero últimamente parece que la gente solo quiere rollos rápidos y sin complicaciones. Y si juntas eso y que es… bueno, Harry Potter; se le hace difícil salir con alguien en serio.

Sin darse cuenta, mientras reflexionaba, ha terminado delante de la puerta de Hermione. Seguro que se va a enfadar porque no le gusta que la molesten mientras trabaja, pero necesita hablar con alguien, así que entra de todas formas.


Esa noche, cuando vuelve a casa se siente solo por alguna extraña razón. Se calienta algo rápido de cena, se da una ducha y juega un rato a la videoconsola antes de irse a dormir temprano.

A la mañana siguiente se levanta un poco antes para afeitarse, pero cuando se ve delante del espejo se siente un idiota por intentarlo. ¿Para qué?, piensa, así que sale del baño a su habitación después de lavarse los dientes y se pone la única camisa que tiene limpia. Hermione estará contenta, es la que le regaló la navidad pasada y que ni siquiera ha estrenado.

Una vez que llega al ministerio su desgana se disipa al darse cuenta de que todo el mundo parece mirarle. ¿Qué tan desarreglado va? ¿o es la camisa? sintiéndose observado y juzgado se dirige a su despacho lo más rápido posible intentando esquivar a todo el mundo que parece querer saludarlo hoy.

En cuanto llega cierra la puerta y se sienta para respirar hondo un poco. No se sentía tan escudriñado desde que terminó la guerra. Pero su paz no dura mucho y a los pocos segundos recibe un memorandum que abre con pesadumbre.

"Potter, necesito hablar contigo un momento, ¿estás libre?

Draco Malfoy"

Por un minuto tiene la sensación de que sus ojos le engañan. ¿Pero qué demonios pasa hoy?

Responde a Malfoy diciéndole que puede venir a verle cuando quiera y no más de diez minutos después el susodicho aparece por la puerta.

Al entrar se percata de que este le mira de una forma diferente.

—¿Todo bien? —le cuestiona.

Se supone que es él quien quería hablar pero ahora no parece muy hablador precisamente.

—Sí, Potter, solo que… bonita camisa.

A Harry el halago le pilla totalmente desprevenido y balbucea un poco.

—Gracias, es un regalo de Hermione —dice sin saber bien por qué.

—Verás —le corta antes de que siga la conversación—, ¿recuerdas el encontronazo con Louis ayer por la mañana? —Harry asiente—. Pues puede que… bueno, en realidad estoy seguro de que ha sido él... La cosa es que —no está acostumbrado a ver a Malfoy sin saber cómo decir algo, teniendo en cuenta que en el colegio no le temblaba la voz a la hora de insultar a sus padres. Tiene que ser algo delicado—, bueno, que ha ido contando por ahí que tú y yo… —Malfoy hace un gesto con los dedos, eso de señalarse a él y luego a Harry, quien para variar no entiende qué quiere decir con eso y el rubio parece un poco exasperado por ello—. Potter ha dicho a la gente que hay algo entre nosotros —suelta por fin.

—Vaya —dice el auror sin disimular su sorpresa—, pero bueno, no creo que nadie se crea esa locura —Malfoy alza una ceja y pone una mano en su cadera algo indignado, así que se apresura a aclarar a que se refiere—. No quiero decir que tú… de hecho mírate. Y mírame. Es decir, somos tú y yo. Cualquiera que nos conozca sabría que eso sería imposible. Nos odiamos.

Draco respira hondo antes de contestar.

—Lo primero es que no sé a qué te refieres con eso de "mírate y mírame" y lo segundo: yo no te odio, Potter. Tengo más de treinta, no odio a la gente. Y menos por cosas que pasaron en el colegio cuando era un crío.

Espera que no pueda notar el rubor en su cara. Pero se apresura a contestar a eso.

—No quería decirlo así, me refiero a que quien nos conozca a ambos sabe que no nos llevábamos bien en el pasado y sería raro… y con lo de mírate… pues que tenemos estilos diferentes, tú vistes bien, eres elegante y eso; y yo… pues eso, mírame.

Draco alza otra vez la ceja, esta vez como si pensase que solo dice que es elegante para que se calle y no porque lo piensa de verdad.

—Bueno, pienses lo que pienses, el noventa por ciento de la gente que trabaja en el ministerio no nos conoce. O al menos, no personalmente, claro. Y ese imbécil ha soltado ese estúpido rumor que obviamente todo el mundo ha creído. Porque cualquier cosa que el héroe del mundo mágico haga es noticia, por supuesto.

—¡Eh! —se queja Harry enseguida—, yo no tengo la culpa de que ese tío esté colado por mi.

Malfoy deja escapar una risita irónica.

—¿Eso crees? Lo ha hecho porque aún no ha superado que lo dejase.

—Si tú lo dices, Hermione estuvo averiguando sobre él para mi regalo del amigo invisible.

—Pensé que te habían dicho que seguíamos juntos —dice ahora cruzándose de brazos sintiendo que lo ha pillado en una mentira.

Harry abre la boca con indignación.

—Vale, te mentí en la librería. Solo tenía curiosidad. Pero es cierto que al parecer le gusto.

—Pues para tí, Potter. Si tanta ilusión te hace que gustarle, adelante, ponte un lazo para tu regalo del amigo invisible, así no necesitarás regalo.

—Es la discusión más ridícula que he tenido en mi vida —dice riéndose y desconcertando a Draco—, no me gusta. Es lo que me dijo Hermione. Y lo de que salíais. Y me dio curiosidad, no sé, no te imaginaba saliendo con un tío como él, eso es todo.

—Ya, yo también me pregunto en qué estaba pensando —dice tallandose las sienes con paciencia—, pero dejando eso a un lado. Hablaré con él para que te deje en paz, no eres el primero con el que lo hace, aunque antes nunca había tenido tanta repercusión.

—¿Te ha hecho esto antes? —pregunta Harry verdaderamente intrigado.

—Sí, me temo que sí. Es su método. Insiste e insiste. Así es como acabé dándole una oportunidad. Y en qué momento…

—Eso no está bien. Deberías hablar con él en serio.

—Créeme, Potter, he hablado con él en serio. Solo me falta maldecirlo… pero esto no es tu problema, lo solucionaré.

—No te preocupes, Malfoy —dice intentando sonar comprensivo—, no es como si Corazón de Bruja no se inventara que salgo con alguien cada mes… sobreviviré.

Malfoy le da una sonrisa antes de irse, pero por alguna razón no se siente bien. Le ha visto sonriendo de verdad antes, en la cafetería alguna vez. Le ha llamado la atención porque no es algo que le haya visto hacer a menudo. Y no es que se fije en él o algo, pero el rubio no es una persona que se diga muy risueña, cosa que no entiende, es mucho más guapo cuando sonríe.


Al día siguiente, mientras está en el ascensor contándole a Hermione toda la historia, aparece Ferlet. Le sonríe por compromiso, pero es consciente en seguida de que le mira con recelo.

Cuando abandonan el ascensor, su amiga le cuestiona con la mirada, así que en cuanto llegan a la cafetería termina de contarle toda la historia.

—Había oído lo de Malfoy, pero sinceramente, me había parecido tan absurdo que ni te lo dije —le dice su amiga—, me parece horrible que ese tío esté haciéndole eso. El chico que se sienta frente a él fue el que me dijo que estaba colado por ti. Me dijo que tenía como cinco revistas en las que salías en portada sobre su mesa.

Harry le mira con suspicacia.

—Espero que ese dichoso rumor se acabe pronto.


Después de esa conversación se queda con la mosca detrás de la oreja, por lo que los siguientes días se dedica a observarlo cuando se cruza con él por el ministerio; hasta que un día, ambos coinciden de camino al atrio.

—Potter sé lo que pretendes —le dice después de un par de minutos de incómodo silencio—, pero lo habíamos dejado antes y puede que Draco haya tonteado con otros, pero sé que va a volver conmigo.

Harry se para en seco y se gira para mirarlo.

—¿Perdona? creo que te estás equivocando —le responde encarándolo.

—Podrás engañarle a él con tu "soy el héroe del mundo mágico, adoradme" pero a mi no me la das.

Se queda totalmente asombrado, nadie le ha hablado así antes. No es que se sienta intimidado, pero cree que Ferlet está llegando demasiado lejos.

—¿Has oído hablar de mi pasado? —le pregunta acercándose a él y bajando el tono—, pues ya sabes de lo que soy capaz. Déjale en paz.

—¿Eso es una amenaza? pero, ¿quién te crees que eres para entrometerte entre nosotros? —responde sin achantarse lo más mínimo.

—Creo que no lo entiendes, eres tú el que se está entrometiendo.

Uno de los aurores de su escuadrón se acerca a preguntarle algo y Ferlet se va, no sin antes lanzarle algún tipo de advertencia con la mirada, algo que Harry ignora por completo.

Vuelve a su trabajo pero no puede pensar en otra cosa durante el resto del día, es como si no se hubiese quedado contento después de haber cruzado palabras con ese imbécil. Está enfadado, pero además siente una especie de cosquilleo, algo que le llama a volver a encontrarse con él, como si quisiera pelea. Hay algo que le molesta en sobremanera de ese tío y no entiende bien que es.


—¿Se puede saber qué demonios te pasa por la cabeza?

Harry se sobresalta al oírlo y se gira en su silla para averiguar quién le ha hablado así.

—Hola, Malfoy —le saluda mirándole un poco molesto.

—¿Has amenazado a Louis? —pregunta en un tono más bajo sentándose en la silla frente a él.

—¿Eso es lo que te ha dicho? porque creo que fue más bien al revés.

—¿Te ha amenazado? —dice ahora con confusión.

—¿Por qué te sorprende más que él me haya amenazado a mi que al contrario? es él el que está completamente pirado y el que piensa que estoy intentando robarle al amor de su vida.

Malfoy mueve la cabeza hacia atrás ligeramente debido al asombro con el que ha recibido esa información.

—No sé qué le has dicho, pero ahora está convencido de que estamos juntos. ¡Juntos! ¡tú y yo! ¡por el amor de Merlín!

—¡Eh! —se queja frunciendo el ceño sintiendo ese escepticismo como un insulto hacía él—. ¿Piensas que es peor que crea que estamos juntos a que te persiga y acose por todo el ministerio y a que invente rumores sobre ti?

Draco abre la boca, pero la cierra sin decir nada. Como si fuese a responder a esa pregunta pero pensase que era mejor no contestar.

—Preferiría que nadie hablase sobre mí, Potter. Que nadie me nombrase. Al menos antes, con Louis, a nadie le importaba el cotilleo, pero ahora todo el mundo está pendiente de mi porque tú estás involucrado.

Draco para de hablar cuando se da cuenta de que Harry se ha quedado en silencio y que tiene la vista clavada en algún lugar detrás de él; además, para su sorpresa se pone de pie rápidamente.

—¿Qué quieres? —pregunta a la defensiva parándose frente a él pero dándole la espalda.

Draco ladea la cabeza para alcanzar a ver quien es y para su disgusto no se sorprende de ver a Louis.

—No tengo nada que hablar contigo Potter. Draco, necesito que me des un minuto.

Pero lejos de alejarse, el auror se cruza de brazos e intenta bloquear a Louis con su cuerpo.

—No ves que estamos almorzando —miente descaradamente, pues aunque Harry si tiene un plato y una bebida frente a su asiento, Draco acaba de sentarse y no ha pedido nada.

Louis da un paso hacia delante para desconcierto de ambos.

—No quiero sonar repetitivo, pero no he venido a hablar contigo —dice acercándose peligrosamente a su cara al decir eso.

Pero para entonces Draco ya se ha levantado y su varita está sobre el pecho de LFerlet.

Harry mira la punta de la varita y luego hacia el rubio que tiene cara de pocos amigos.

—No te atrevas a ponerle una mano encima —responde lo más serio que Harry recuerda haberle visto desde la guerra.

El auror deja escapar una pequeña y corta carcajada. Como si ese idiota fuese lo suficientemente rapido para tocarlo.

Le pone una mano sobre el hombro al rubio para tranquilizarlo y este reacciona mirándolo sin entender bien qué pretende.

—No quieres problemas con un auror —dice despacio y tranquilo—, sobre todo si ese auror soy yo —hace énfasis en la última palabra y con su mirada dice el resto.

Draco abre los ojos asombrado ante la amenaza, no recuerda haber visto a Harry hablándole así a nadie.

—De nuevo amenazas vacías —se ríe Ferlet—, llevas siglos detrás de un escritorio, Potter ¿te crees que porque hace quince años tuvieses la suerte de matar a alguien con un expelliarmus me das miedo?

Harry sonríe, y Draco piensa que de un momento a otro ambos van a empezar a cruzar hechizos, pero el auror simplemente pone ambas manos sobre sus caderas y amplía aún más su sonrisa. El rubio nota el cambio en la expresión de Louis enseguida, pasa de vanidosa y altanera a sorprendida; y justo después a asustada.

—¿Qué demonios me estás haciendo? —pregunta en un tono ocho octavas más agudo de lo normal.

—¿Yo? —pregunta Harry mirándolo falsamente sorprendido—, si solo soy un funcionario del ministerio, ¿qué podría estar haciendo? —al decir esto alza sus manos en gesto inocente.

—Sé que estás haciendo algo, ¿dónde está tu varita?

El auror deja ver que su varita está descansando en su funda dentro de su chaqueta y Louis parece aún más sorprendido que antes.

—¿Algo más? ¿o podemos seguir comiendo tranquilos?

Termina yéndose y ambos se sientan para gusto de Harry, que realmente tenía hambre y quería seguir con su comida.

Draco acerca su cara mucho a la suya para preguntarle qué demonios ha hecho y Harry responde inocentemente que él mismo ha visto que no ha hecho nada. El rubio sonríe de lado.

—¿Sabes? Me gusta mucho más este Potter malicioso que el San Potter que nunca rompía un plato en Hogwarts, ¿está mal que lo diga?

—¿Qué te gustó? —repite llevándose el vaso a los labios, y antes de que el otro pueda responder nada, continúa—, puedes decirlo, pero luego no me eches la culpa de los rumores.

Y para asombro de Harry, por primera vez le ve y oye reírse a carcajadas.


Decir que se siente satisfecho después del episodio con Louis sería un poco feo, pero en su fuero interno no puede ocultar que le ha dado cierto placer poner a ese idiota en su sitio. Su mano aún le cosquillea al recordar su magia fluir por ella sin varita, Merlín, no recuerda la última vez que hizo magia sin varita, creía que había perdido la práctica… Siente que ha hecho una travesura y por alguna razón eso le hace sentir excitado. Quiere más de eso. Quiere volver a ver esa sonrisa maliciosa en Draco Malfoy. Es como si hubiese vuelto al colegio (sin guerra de por medio, por supuesto) y hubiese aceptado esa mano en primero y ahora formase parte del grupo de los que hacen travesuras. Nada malo; bueno, nada excesivamente malo, pero algo que, desde luego, no debería haber hecho. Por Santa Circe, es Auror… se supone que debe ayudar a la gente, no echarle hechizos a escondidas. Pero si lo piensa bien, ese imbécil esta molestando a Malfoy. Más que eso, lo está acosando. Así que intenta no sentirse mal por no sentirse mal con lo que ha hecho.

Por alguna razón le oculta a Hermione este último capítulo de la historia, sabe que su amiga va a juzgarle, ella no va entenderlo. Es difícil si no estabas en el momento concreto, así que se ahorra el sermón y cuando comen juntos un par de días más tarde simplemente hace como que no ha pasado nada desde que habló con ella la última vez y hablan de sus problemas de trabajo y sobre la cena de Navidad en la Madriguera de ese año.

—¿Vas a venir solo a la fiesta de navidad de aquí? —le pregunta su amiga.

—Mierda, se me había olvidado por completo. Compré el regalo del amigo invisible y lo borré de mi mente.

—Quiero saber quien te regala este año, estoy segura que es una de las chicas del departamento de Transportes, el otro día las cazé hablando sobre ti y cuando me vieron se callaron enseguida.

Harry pone los ojos en blanco y se estremece, le hace muy poca ilusión ese momento.

Pero cómo sabe que no puede evitar ese compromiso, hace caso a Hermione y se va al callejón Diagon a intentar buscar una túnica en condiciones para la ocasión. Entra en Madame Malkins pero está a rebosar. Así que aunque sabe que la otra tienda de túnicas es bastante más cara, prefiere pagar un poco más y evitarse tener que estar ahí dentro más tiempo del necesario.

Justo antes de poner su mano sobre el pomo de la puerta de Twilfit & Tattings, esta se abre sola y se encuentra de bruces con el mismísimo Draco Malfoy.

—Potter —dice con la misma expresión de sorpresa que la suya propia.

—Hola —responde él—, ¿estás comprando túnicas? —pregunta de forma estúpida, ¿qué más iba a hacer en una tienda de túnicas? le entran ganas de pegarse a sí mismo.

—Sí —afirma sin más—, bueno, estoy esperando que me hagan un par de arreglos en la que he comprado. Me iba a tomar un té para hacer tiempo.

—Yo iba a comprarme una ahora, aunque no sé si encontraré algo que vaya conmigo aquí. No porque no haya nada bonito, seguro que hay túnicas geniales. Probablemente la que tú has elegido lo es. Bueno, seguro, porque tú tienes buen gusto, no como yo. Por eso no sé si encontraré algo, no porque lo que haya aquí no sea apropiado… —en su cabeza, lo único que oye es: "¡cierra la boca, Harry, cállate de una vez!".

Draco hace esa cosa de reírse con su perfecta risa de actor de Hollywood.

—¿Necesitas ayuda? puedo echarte una mano si necesitas opinión sobre lo que te va o no te va.

—¿Harías eso? ¿no estás ocupado?

—Te acabo de decir que iba a tomarme un té para hacer tiempo.

Harry asiente y ambos pasan dentro de la tienda. Como es un cliente VIW (Very Important Wizard) les tratan con demasiada amabilidad y se toman muchas molestias. Les dan una pequeña sala privada con un probador donde Harry comienza a probarse túnicas, aunque a los diez minutos Draco decide que no solo necesita una túnica, si no algo que sea adecuado con la que elija, así que además tiene que probarse camisas y pantalones.

También se ha dado cuenta de la forma en la que Draco le mira cuando se prueba la ropa, podría decir que se ha sentido incómodo, pero para qué mentir, se ha sentido de muchas formas e incómodo no es una de ellas. Y cuando se acerca mucho a abotonar bien la túnica o colocar bien su camisa, ha tenido que dejar de respirar durante unos segundos. También se ha dado cuenta de que necesita comprarse un perfume porque ha sido consciente de lo importante que es oler bien, o al menos a él le ha parecido genial lo bien que huele Draco.

—¿Sabes algún hechizo para atar una corbata? —le pregunta desde dentro del probador.

Harry, de pie frente al espejo no espera ver la cortina hacerse a un lado para dejar pasar a Malfoy sosteniendo unas tres corbatas.

—A ver, déjame, porque los hechizos no las atan tan bien —se da la vuelta y deja que el rubio le ponga las tres corbatas cerca del cuello—, creo que está irá mejor —dice señalando una de un color rojo oscuro—, por supuesto que el rojo te favorece —comenta haciendo alusión a su casa en hogwarts y soltando una risa floja.

Le pasa la corbata alrededor del cuello y Harry baja un poco la cabeza para darle acceso sin ser consciente de que eso hace que sus narices se queden a escasos centímetros. Durante unos segundos ninguno se mueve mucho, pero en seguida el rubio comienza a atar la corbata como si no hubiese pasado nada.

Harry compra todo lo que Malfoy le ha recomendado, hasta la corbata. Se siente satisfecho aunque cuando se despiden al terminar las compras siente que no quiere dejarle ir. Se lo ha pasado bien. Cuando ha ido a comprar ropa con Hermione le ha parecido un muermazo. Pero Draco ha sido divertido, ha hecho bromas, han hablado del trabajo, le ha contado un poco sobre Louis, y él le ha hablado sobre su última relación también.

Al llegar a casa se ha probado todo lo que se ha comprado y se ha quedado delante del espejo durante un rato. Sí que tiene buen gusto el muy… hasta él se encuentra favorecido con esa túnica. Y también le ha recomendado que no se afeite hasta el día de la fiesta. Le ha dicho que le queda bien un poco de barba. No quiere darle muchas vueltas, pero ese comentario quiere decir que se ha fijado en él. Cuando ha llevado barba. Y que le ha gustado. O que le ha parecido que le queda bien al menos. Eso le hace sentir bien. Que un tío como Malfoy, refinado y…¡que demonios! atractivo, que un tío tan atractivo como Draco se fije en alguien con tan poco gusto como él le hace sentirse bien. Más que bien.


Los días siguientes, se encuentran de vez en cuando en la cafetería del ministerio para tomar café. Hablan de qué planes tienen para las fiestas, Harry por fin le confiesa que hechizo utilizó con Louis, e inmediatamente se arrepiente de no haberlo hecho antes al ver la mirada mitad granuja y mitad de admiración de Draco. Y puede ser que eso último sea lo que le anime a preguntarle.

—¿Vas con alguien a la fiesta de navidad?

No ver sorpresa en los ojos del hombre frente a él le da un poco de confianza.

—No, ¿y tú? —responde Draco mirándolo con lo que él cree que es anticipación y esperanza.

—No. Les dije a Ron y Hermione que iría con ellos para no pasar el rato solo, ya sabes.

—Claro.

Es como si ambos supieran lo que quieren pero ninguno se atreviese a decirlo en voz alta. Probablemente porque ambos saben la locura en la que están pensando.

Dejan la conversación ahí.

Pero cuando entra en el salón de celebraciones del ministerio la noche de la fiesta no puede evitar mirar para todas partes buscándolo. Hasta sus amigos se percatan de que hay algo que le inquieta.

Cuando por fin le encuentra, no puede evitar sentir cierta decepción al notar que él no está buscándolo. Lo observa hablar con un par de personas que sabe que pertenecen a su departamento, el de cooperación mágica internacional. Se pregunta si no se acerca porque no quiere o porque se siente incómodo porque no está solo. Sabe que no tiene una buena relación con Ron y Hermione, así que también puede ser eso.

Se disculpa con sus amigos durante un rato y se dedica a pasear solo observando a todo el mundo. Hasta que nota a alguien a su espalda.

—¿Escaqueándote, Potter? —le pregunta Draco con una sonrisa pícara—, no deberías, creo que Louis está deseando recibir su regalo del amigo invisible.

—Si no fuese porque sé que alguien también tiene que darme algo a mi, me iría de aquí… Pero la persona que me tenga no tiene la culpa de que quiera huir…

Draco le hace un gesto con el dedo para que se acerque y se pega a su oído para susurrarle:

—¿Y si te dijese que la persona que tiene tu nombre tiene las mismas ganas de largarse que tú?

Harry abre los ojos con asombro, no se lo puede creer. Pero no le da tiempo a pensar mucho antes de que Draco tire de la manga de su túnica y lo arrastre fuera de la sala de celebraciones. Durante unos minutos le sigue sin hacer ninguna pregunta, pero enseguida llegan a una sala circular con el techo de cúpula. Cuando el rubio apaga las luces, el techo se ilumina con las estrellas del cielo nocturno.

Draco saca dos botellas pequeñas de algo que cree es cava, aunque no está muy seguro y tampoco cree que importe. Le pasa una y le observa beber directamente de la botella.

—Me gusta venir aquí, porque me recuerda al techo del gran comedor. A un tiempo donde solo importaba sacar buenas notas y que me mandasen chocolate desde casa.

Los ojos de Draco parecen de plata con el reflejo de las estrellas. Harry se acerca y se para frente a él.

—Yo hago eso a veces, aunque prefiero imaginarme un universo alternativo. Uno donde no soy Harry Potter, porque no hace falta que haya uno —dice muy despacio—, y dónde me preocupan cosas estúpidas como si le gustaré al tío que me gusta.

Draco baja la mirada hasta que se encuentra con la suya y frunce las cejas ligeramente. "Sí" le responde Harry para sí mismo.

—Es tú universo Potter. Va a pasar lo que quieras que pase.

Es el último empujón que necesita, así que termina de acercar su cara a la del rubio y le besa.

Al principio el beso es lento y superficial, pero pronto lo intensifica. ¿Es normal sentir esa sensación en el estómago cuando ya no eres un adolescente?

Sube su mano hasta acunar su mejilla con miedo a que quiera separarse de él; bajo su mano, la piel de Draco no solo es suave y cálida, también es adictiva, quiere tocar otras partes de su cuerpo, y la anticipación le está matando. Por un segundo se asuste porque parece el único con esa sensación, pero para su alivio al instante siente las manos de Draco en su cintura, y luego en su espalda por dentro de la túnica.

Aun así llega el temido momento en que tienen que separarse para respirar.

—¿Te ha gustado tu regalo del amigo invisible? —le pregunta Draco con una sonrisa traviesa.

—Que yo sepa —responde él en el mismo tono—, he sido yo el que te ha besado. Así que técnicamente, no me has dado ningún regalo. Aún —rectifica.

La sonrisa se intensifica.

—Me refería a traerte aquí, Potter, a esta sala. El beso no forma parte del regalo, el presupuesto eran cinco galeones, no cuesto tan poco.

Harry niega sin remedio y atrae al rubio hacía él con la mano que aún tiene apoyada en su cuello. Este no parece quejarse del presupuesto ni del regalo esta vez, así que sigue besándolo.