Un dulce refugio
~ para Angelicacuario, cuyo amor por esta ship
hace del fandom un lugar mejor ~
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Hajime Isayama. El texto y la imagen de portada (que pueden ver en mis redes y en las de Anita) son una creación original de Lila Negra y Anita Ilustraciones.
Advertencias: One-shot canonverse. La pareja principal está constituida por Levi e Historia. Ambos personajes son mayores de edad. No se alude al Retumbar ni al final del manga.
Levi miró por última vez los papeles del día y suspiró. Desde que Historia había asumido como reina y la Legión había tomado un lugar prominente entre los grupos de poder, sus tareas burocráticas se habían multiplicado exponencialmente. Odiaba, sobre todo, tener que codearse con los de la Policía Militar, que sin importar el cambio de contexto seguían siendo tan idiotas como siempre. Pero no le quedaba otra opción más que lidiar con eso, así se lo habían asignado y él no dejaba misión sin cumplir.
Tras comprobar que su horario había terminado, se puso de pie para salir. Fue cuestión de minutos que estuviera sobre su caballo, avanzando con el viento en la cara. No dudó al momento de elegir una dirección. Sabía exactamente lo que necesitaba para despejar su mente.
Hacía varios meses que había adquirido el hábito de visitar el orfanato dos o tres veces a la semana. Estaba al tanto de que no era indispensable allí —la reina se había asegurado de que nunca faltara personal en su proyecto más codiciado—, pero, de alguna manera que él mismo no acababa de comprender, dar una mano ocasional con el mantenimiento del lugar lo reconfortaba.
Los niños de la ciudad subterránea, a menudo desobedientes e impredecibles en sus reacciones, lo conectaban con su propia juventud. ¿Quién diría que habían pasado tantos años desde que viviera en aquel antro? Volvía a verse en estos rostros desarrapados que, siendo día tras día objeto del amor de la reina, recuperaban un gesto largamente perdido: la sonrisa.
Cuando llegó al edificio principal, no pudo evitar que la imagen de la mujer fuera la primera en llegarle a los ojos: arrodillada en el barro, Historia le limpiaba las lágrimas a un chicuelo que acababa de darse un buen golpe jugando a la pelota. A Levi se le escapó una media sonrisa. La coronación en verdad había hecho crecer a la muchacha. Ya no quedaban en ella rastros de la adolescente de 15 años que había entrado en la Legión cuatro años atrás. En cada uno de sus gestos podía leerse su fuerza, así como su enorme capacidad de amor.
En cuanto ella lo notó, él desvió la vista. ¿Desde cuándo se fijaba en ella de esta manera? Sin dudas, que hubiera dejado de ser su subordinada había cambiado mucho las cosas. Sin embargo, el verdadero punto de inflexión era más reciente. Fue encontrarla en el orfanato, semana tras semana, desplegando aquel inusitado afecto por la vida subterránea de Paradis lo que definitivamente la puso para él en otro nivel.
De todos modos, ¿qué hacer? ¿Qué espacio quedaban para los sentimientos en la vida que llevaban? Levi estaba acostumbrado a hacer a un lado intereses de este tipo. Confiaba en que, eventualmente, se disiparían. Aunque hubiera amainado la tormenta, la guerra continuaba a la vuelta de la esquina. Sin contar, claro, con que a la reina no debían de faltarle pretendientes más adecuados.
Pasó lo que quedaba de la tarde moviendo cajas y desinfectando los depósitos. Solo hacia la noche la reencontró, mientras servía la cena para los niños y los empleados estables del orfanato. Él se disponía a irse cuando ella, inesperadamente, se le acercó con un plato de sopa.
—¿No se queda a acompañarnos, capitán?
Él asintió, buscando donde sentarse. Ya estaban las mesas llenas, por lo que quedó junto a la muchacha en una esquina. Historia contemplaba absorta a los huérfanos cuando habló.
—¿Sabe? Usted es el único de la Legión que sigue visitando el orfanato.
—Hange tiene a los mocosos entretenidos con nuevas tareas cada semana y ya sabes que igualmente nunca fueron muy eficientes.
Ella soltó una risita.
—No me quejaba de ellos… más bien era una señal de agradecimiento. Hacia usted. Los niños lo conocen… es importante para ellos comprobar que el soldado más fuerte de la humanidad los tiene presentes.
—Si quieres agradecerme, empieza por dejar ese trato formal. Después de todo, eres la reina. Yo debería ser quien te tratara así.
—¡No, por favor! —a Historia se le escapó una exclamación, sin poder contenerse—. Quiero decir… es agotador que mis viejos amigos ahora me hablen con distancia. Me tranquiliza mantener la antigua dinámica, al menos con alguien.
—Hagamos un trato, entonces. Ni yo usaré el usted… ni tú lo usarás. Es una orden de tu capitán… en honor a las "antiguas dinámicas".
Mientras se acomodaba el cabello suelto detrás de la oreja, la mujer sonrió.
—Me parece justo.
Esa simple conversación abrió una nueva perspectiva para Levi. A medida que pasaba el tiempo y reconocía que la reina lo buscaba en algún periodo de descanso, comprendió que también él tenía algo que ofrecerle, algo que ella necesitaba. En sus breves charlas, e incluso en los silencios, ella podía quitarse por un momento sus múltiples máscaras y descansar en la confianza que le tenía. Poco a poco, lo que el hombre podría haber considerado nada más que una atracción —no podía negarse que le joven era bonita y que su carácter era amable— fue transformándose en algo más.
Los dos o tres días semanales en el orfanato dieron lugar a cuatro o cinco, hasta que de pronto se encontró andando por allí incluso cuando Historia no podía hacerlo, atrapada en alguna reunión de gobierno. Le gustaba oír cómo los niños hablaban de ella, "su hada blanca", "la mamá que siempre habían querido" y otras frases por el estilo. ¿Qué murmurarían sobre él a sus espaldas? Levi nunca se dejaba vencer por el sentimentalismo, no obstante tenía un corazón gentil al que no se le escapaban las emociones que circulaban en su entorno. Así como era capaz de darlo todo por el bienestar del escuadrón y de su comandante, experimentaba en su interior la urgencia de procurar alguna forma de felicidad para estos pequeños y para la mujer que los había devuelto a la superficie, donde pertenecían.
En cierta ocasión, se cruzó a Hange en las caballerizas, al salir de su oficina.
—¿Adónde vas cada tarde tan diligente, Levi?
—¿También tengo que reportar lo que hago en mi maldito tiempo libre, cuatro ojos?
La comandante negó con la cabeza.
—Encima de que me preocupo por tu salud, por tu inclinación hacia las horas extra, así me tratas. —Se encogió de hombros, como si fuera a decir algo evidente—. Bueno, si es realmente tan importante ese motivo secreto que tienes, no te retengo o llegarás tarde. Ve a disfrutar de tu tiempo libre, enano.
Él solo gruñó. ¿Era tan transparente? Se preguntó durante cuánto tiempo podría mantener esa relación cordial con Historia antes de que ella intuyera sus deseos. No planeaba, por supuesto, hacer nada para llevarlos a cabo, pero entendía que alcanzaría que sus sentimientos fueran descubiertos para que la extraña camaradería que habían desarrollado se rompiera. Debía ser cuidadoso. No obstante, ¿cómo disimular el ansia de verla cada vez más a menudo? Chasqueó la lengua, molesto consigo mismo.
Pero todo rastro de enfado se esfumó apenas arribó al orfanato y encontró que ella aguardaba por él, con expresión de preocupación.
—Te esperaba, Levi —dijo y él, aunque estoico por fuera como era habitual, tembló por dentro al escuchar su nombre de pila por primera vez en sus labios—. El pequeño John se resfrió e insiste en que solo el soldado más fuerte de la humanidad podrá curarlo.
—Tiene una idea poco acertada de qué sabe hacer un soldado…
—Tal vez los soldados pueden hacer más de lo que tú crees —lo interrumpió la muchacha, mientras le asomaba una sonrisa sugerente que él no supo cómo interpretar.
Unas horas después, cuando John se quedó dormido, Levi pudo abandonar la habitación principal de los niños y dirigirse al comedor. Todavía era temprano, por lo que aún no había nadie sentado para la mesa. Solo Historia estaba allí, revisando algunos papeles. Se aproximó. Ella alzó la cabeza de inmediato.
—¿John está mejor? Ven, acompáñame mientras firmo este documento.
—Dudo que John esté curado pero al menos está plácidamente dormido —respondió, ubicándose a su lado.
—Eso no es poca cosa, la tos lo mantuvo despierto gran parte de la última noche.
—Puedes anotar un punto a favor de los poderes curativos de este soldado, entonces.
Historia hizo un sonido peculiar al exhalar, como una breve risa para sí misma.
—Créeme que tienes muchos puntos a favor.
Aquel comentario lo tomó por sorpresa.
—¿Ah, sí? ¿Soy bueno para algo más que rebanar titanes?
En un impulso, apoyó una palma en la mesa, junto a la de ella. Durante una milésima de segundos, sus meñiques se rozaron y ninguno de los dos hizo nada para impedirlo. Con súbita decisión, Historia le tomó la mano.
—Sí. Eres bueno para mí.
Los dos contuvieron la respiración por un momento… hasta que fue evidente que no se trataba de una broma, que el otro no los rechazaría, que ambos habían ocultado por mucho tiempo el mismo anhelo. Entonces, conectaron sus miradas, de pronto comprendiéndolo todo. Levi alzó su mano, hasta que el dorso de la muchacha quedó al alcance de sus labios.
—Somos buenos juntos —afirmó, sintiendo todo su cuerpo relajarse, como quien al fin llega al hogar.
La burocracia, las complejas decisiones políticas, las responsabilidades y la próxima guerra los rodeaban y oscurecían el panorama. Sin embargo, despacio y con pocas palabras, ellos habían sabido construirse un refugio donde reunir fuerzas para lo que vendría.
Antes de que llegaran los primeros niños a la cena, Historia se estiró un poco para robarle un beso breve. Le sonrió como quien acaba de cometer una travesura. Él se atrevió a devolverle el gesto.
¡Qué dulce y hermoso era el refugio que les había tocado en suerte!
* * * FIN * * *
