Estás en mis pensamientos

por Lila Negra


Síntesis: En un mundo en el que la conexión con nuestra alma gemela es tan poderosa como para dominarlo todo, conocer a nuestro lazo puede tener aspectos positivos y aspectos negativos. Para Sasuke Uchiha, conocer a Naruto Uzumaki es… una absoluta maldición.

Advertencias: NarutoxSasuke (sin dinámicas seme/uke definidas). Universo alternativo tipo "soulmate". Angst y drama. Serán cinco capítulos en total.

Advertencias para quienes no quieren ningún tipo de sorpresa: se tratan temas sensibles como: la depresión, las autolesiones, la automedicación, el suicidio y la muerte de personaje. Segundas advertencias para quienes realmente no desean sorprenderse: es puro angst pero tiene final feliz.

Agradecimientos: a Anita Ilustraciones, por la portada y por la paciencia. A Silabaris Legi, por ser la primera lectora. A M. A., porque aunque ya no vaya a leer la versión final ciertamente le debo a él la mayoría de este fic.


Capítulo 1: Fortaleza

1165 palabras


¿Cuánto tiempo se puede soportar? Sasuke no estaba seguro de ello pero cuando, en la mañana, se reconocía despierto, su cuerpo se inundaba de una sensación de decepción.

"Todavía un día más".

Por supuesto, sabía que podría matarse. Aunque la vigilancia sobre él era aguda, le quedaba ese resquicio, si se lo proponía. Pero él era orgulloso. Nunca… ¡jamás! Jamás admitiría ante nadie que aquella vida… que realmente no podía con aquella vida.

Él era un Uchiha. Y el peso de su reconocido apellido lo doblegaba. Pertenecer al clan que ocupa los escalones más altos en una comunidad es una forma retorcida de esclavitud. Su hermano y él lo comprendían bien. Y destacaban entre la multitud por la perfección de sus movimientos mecánicos, ensayados. Hay que ser capaz de asumir este rol.

Solo se permitía unos segundos de aquel sentimiento tenebroso. Pronto lo ahuyentaba… comenzaba su entrenamiento mental. Apagaba el despertador antes de que sonara y se dirigía al baño para dar inicio a aquello mirándose a los ojos en el espejo.

"Soy Sasuke Uchiha, del clan Uchiha, y mi prioridad es mi familia. Mis pensamientos son secretos y mi intimidad está resguardada".

Mientras se lavaba los dientes, repetía la frase en su mente: siete veces, todo debía hacerse siete veces. Luego, daba inicio la descripción. Nada vacía tanto nuestro corazón como llenarlo de cosas insignificantes.

"Ahora me lavo la cara… me seco con la toalla roja… observo el azulejo de la esquina derecha; tiene una mancha de humedad, avisaré para que la limpien. Prendo la ducha…"

Despacio, fregó su cuerpo desnudo con la esponja enjabonada. Observaba cada músculo, cada gota escurriendo por su piel.

"Esto soy yo… este es el borde de mí. Tengo un límite. Estoy completo".

Se colocó el uniforme escolar. Eran las 7.59. Se sentó frente a su escritorio, en silencio. Aún tenía un minuto de descanso antes de que todo empezara. Debía aprovecharlo. Respiró profundo. Y entonces… las ocho.

Casi podía escuchar en su cabeza ese otro reloj despertador, quién sabe en qué lugar del mundo. Veía el techo de aquella casa ajena, mientras ese muchacho desconocido —demasiado conocido ya— pensaba en él.

"¿Te despiertas a esta hora también, mi lazo? Ah… nunca te escucho. Tal vez ni siquiera existas; incluso en ese aspecto… estoy solo".

Su particular voz le llegaba como si saliera de sí mismo y su reflejo en el espejo aparecía ante él con una claridad espeluznante; ocultaba casi por completo los papeles de su escritorio.

"Sakura-chan puede oír al suyo todos los días… ¿cuándo me tocará? Ya quiero saber cómo eres…"

Los cabellos rubios le caían desordenadamente sobre sus ojos azules. Aunque siempre se quejaba, no había ocasión en que faltara su sonrisa, en un gesto que desprendía una luz absurda.

"Pero si acaso existes y me estás escuchando… ¡te deseo muy buenos días!"

Por suerte para Sasuke, el chico luego se distrajo. Llegó a escuchar a una mujer llamándolo a comer antes de que la visión se cortara por completo.

Con el tiempo, había ido ordenando las piezas del rompecabezas y tenía una idea aproximada de todo aquello. Su lazo, su espíritu destinado, era aquel tonto y sentimental adolescente rubio, cuyo nombre era algo así como Naru o Naruto, y que vivía en una suerte de orfanato, aunque creía que en los últimos años estaba en algún tipo de hogar de acogida, con una familia reducida que lo cuidaba de forma temporal.

Sakura, la niña que mencionó, parecía ser la hija biológica de esa gente. Era muy romántica, sus padres le habían metido ideas muy ridículas en la cabeza. Y ella se las transmitía a su lazo, que estúpidamente le hacía caso en todo. Desde entonces, su conexión se había agudizado y podía verlo y escuchar sus pensamientos sobre él casi a diario. Antes, Naruto apenas imaginaba a su lazo… solo un par de veces al año podía sentirlo pensando en él. En la actualidad, en cambio, en verdad era insoportable.

Aunque siempre lo había sido un poco. Uno de sus recuerdos más patentes consistía en ver los brazos y piernas de Naruto magulladas. Alguien o más bien varios alguienes parecían haberle dado una cruel paliza a la salida de la escuela. El pensamiento que le dedicó fue intenso y doloroso.

"Oye… allí donde estés… ¿a ti también te pegan así? Sabes… aunque ahora parezca débil… te prometo que me haré fuerte. Me haré fuerte y, cuando te encuentre, te protegeré de lo que sea. Nunca dejaré que te hagan… esto".

Sasuke solo pudo sentir las heridas del otro en sus propias manos hasta que dejó de pensarlo. Lloraba en silencio cuando su hermano mayor, Itachi, lo encontró.

—Oh… ¿tu lazo ha estado pensándote otra vez? Ven acá. Los Uchiha no lloramos.

Le había limpiado las lágrimas con delicadeza, mientras le sonreía.

—Vamos… piensa en el clan. Piensa en mí. Solo piensa en mí, ¿sí? Debes ser fuerte. Tú eres mucho más fuerte que ese niño.

—No soy tan fuerte —había respondido en aquel entonces, frustrado.

—¿Cómo que no? ¿No has hecho tus ejercicios hoy?

—Sí, pero… no puedo… no puedo cuidar a otras personas. Si fuera fuerte, yo podría…

Itachi lo detuvo con un dedo en su boca.

—No… no lo nombres. No pienses en él. —Suspiró—. Sé que es difícil al principio, pero… olvídate de él. Sus emociones lo hacen débil, por eso le han hecho lo que sea que hayas visto. Es lo que les ocurre a las personas débiles. No tiene importancia para nosotros. Tú puedes mucho más que eso. No te dejes afectar, ¿está bien? —Como el pequeño Sasuke lo mirara confundido, el mayor se explayó—: No dejarnos afectar es nuestra fortaleza, tenlo presente. Nadie puede entrar en la cabeza de un Uchiha. Él nunca podrá saber de ti lo que tú sabes de él. Allí reside tu poder.

Y ahora, ¿por qué se perdía en estos tontos recuerdos? Recuerdos sobre su hermano. Sí. No podía recordar a Naruto, no debía, o él lo podría percibir. El recuerdo solo era… sobre su hermano. Sobre los Uchiha. Sobre la fortaleza.

"Guardo el cuaderno en la mochila… tomo el libro de química… acomodo los lápices", murmuró, para sí mismo, mientras se aprestaba para ir al colegio. No tenía ganas de desayunar, por lo que no pasó por el comedor. No quería, tampoco, saludar a su familia. Era suficiente con tenerlos en su mente, todo el tiempo. Llamó al chofer. Ya estaba listo para empezar el día.

En aquel maldito mundo, todo giraba en torno de las almas gemelas y su poderosa conexión mental. Las personas se consideraban incompletas y buscaban desesperadas su otra mitad, sin capacidad alguna para la autonomía, para los proyectos personales. No existía la verdadera intimidad, no podías esconderte de tu lazo, pues podía percibir cada pensamiento que le dedicaras, todo lo que hacías mientras anhelabas por él. En aquel maldito mundo, las personas eran débiles… porque se amaban. Y el clan Uchiha estaba por sobre eso.


Notas: el fic cuenta con cinco capítulos y está terminado. Actualizaré una vez por semana. ¿Qué les parece hasta aquí? ¿Habían leído algún Universo Soulmate con esta característica? Yo no y por eso necesité crearlo... ¡díganme qué esperan de los siguientes capítulos!