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Capítulo 2: Debilidad
1560 palabras
En el colegio, se aburría. Todos los años, volvían a destacarlo por sus buenas notas… semejante repetición había perdido significado para él. Su hermano le había asegurado que las cosas cambiarían cuando entrara a la universidad pero él no estaba tan seguro. El mundo, simplemente, era un lugar con pocos atractivos. Lo que era desafiante para sus compañeros, era casi tonto para él. No podía más que burlarse de ellos y de sus torpes aspiraciones, lo cual contribuía a aislarlo. Mejor así. No tenía nada de qué hablar con ellos.
Había solo dos actividades que al menos absorbían su atención: el karate y el dibujo. Tenían a su favor que le permitían salir de su mente. Todo él estaba, mientras practicaba, en su cuerpo. Así, era más fácil mantener a raya sus pensamientos. Eran su lugar de descanso.
Porque el entrenamiento mental era lo más arduo de ser un Uchiha. Había aprendido rápido a ser frío, distante, disciplinado, pero, ¿ni siquiera pensar? ¿No sentir? Eso le daba trabajo. Era agotador, en verdad. Y todo, ¿para qué? ¿Para contentar a su padre? ¿A su hermano? No lo sabía. Tampoco se le ocurría otro camino posible. ¿Qué podía anhelar que no tuviera ya? Dinero, comodidades, salud… y el enorme poder de su clan. Cuando fuera mayor, se le otorgaría un cargo de importancia en una de las empresas familiares, o tal vez se le encargara hacer carrera política… como fuera, siempre estaría arriba de todo. No habría nada por sobre él. No tendría con qué soñar. No lo tenía ya.
Si bien aceptaba su destino, en ocasiones se permitía pequeñas rebeldías. Le gustaba en particular despedir a su chofer y regresar caminando a casa. Su padre se enfadaba, decía que era exponerse sin necesidad. No obstante, aunque el chofer estuviera al tanto de ello, no era capaz de negarse a la petición del pequeño Uchiha. Así que, al menos una vez por mes, Sasuke daba un rodeo por algún barrio desconocido antes de retornar al hogar.
Finalmente, su padre había tenido razón, porque fue uno de esos paseos el que lo condenó. Al doblar en una esquina, se topó de frente con un muchacho como de su edad, rubio y de grandes ojos azules. Lo tomó tan por sorpresa que no llegó a reprimir su pensamiento, que en una mezcla de júbilo y terror gritaba "¡es él!" en el fondo de su cabeza. Pudo comprender por la expresión del otro que lo estaba escuchando y que ya era muy tarde: lo había reconocido.
—Tú… tú eres… —y ya se dibujaba en el rostro de Naruto una enorme sonrisa, una satisfacción infinita.
Sasuke entró en pánico. Hasta ahora, había guardado la esperanza de que su lazo viviera muy lejos, tal vez en otro país. Su nombre era un poco extraño y era demasiado rubio… sin embargo aquí estaba, por la razón que fuera. Una cosa era evitar a tu lazo cuando no se conocían personalmente, pero una vez ocurrido el encuentro las cosas se complicaban muchísimo más. El simple hecho de comprobar el entusiasmo que su mera presencia generaba en el otro ya le era perturbador. ¿Cómo podía alguien estar tan feliz solo por verlo?
Con el espanto atravesando su rostro, se dio media vuelta y empezó a correr. Naruto, aunque impactado por su reacción, lo siguió de inmediato. Debía pensar en otra cosa, pensar en Itachi, sí, recordar sus lecciones, describir el paisaje… en aquella casa había cuatro ventanas… ese árbol era un tilo… en la distancia, se escuchaba un perro…
—¡Espera! ¡No te haré daño, espera, por favor! ¡Eres mi lazo, te escuché! ¡Solo quiero conocerte!
Los gritos del rubio eran cada vez más lejanos pero, aunque ya había recorrido varias cuadras, aún los escuchaba. ¿Hasta cuándo lo perseguiría? ¿Por qué no se rendía? Ojalá pudiera volver el tiempo atrás, borrar de alguna manera ese único momento de debilidad, ese pensamiento inesperado que no llegó a evitar… era una vergüenza como Uchiha, ¿qué diría su padre de él? ¿Cómo se había permitido semejante torpeza? Él debería estar en control, siempre.
Harto de correr, tomó su teléfono celular y se comunicó con su chofer. Le indicó una dirección cercana.
—¿Puedes estar ahí en 10 minutos?
—Por supuesto, señor, como usted ordene.
Siguió avanzando a grandes zancadas, reconociendo al otro por el rabillo del ojo, varios metros más atrás. Ahora, casi no le llegaba su voz pero persistía en llamarlo, en buscarlo… ¡qué tipo testarudo!
En una esquina, giró abruptamente. Antes de que Naruto doblara también, se metió en el auto.
—Aléjanos de aquí cuanto puedas, de inmediato.
—Sí, señor.
Eso lograría que perdiera su rastro… ¡diablos, había estado cerca! Al menos no sabía su nombre, no podría buscarlo… sin embargo, eso no era lo más preocupante. Mientras estuvo en el auto, solo ocurrió lo de siempre: Naruto le hablaba con sus pensamientos y él lo oía mientras intentaba borrar las visiones concentrándose en los edificios del otro lado de la ventanilla.
"Me escuchas, ¿no es así? Lo vi en tu cara, me reconociste… es decir que tú sí me escuchas. Yo soy el que no puede percibirte. ¿Por qué será? Tal vez estoy fallado… tendré alguna enfermedad… ¿quizás lo sabes y por eso te escapaste? ¿No quieres juntarte con alguien defectuoso como yo? Debe de ser eso… pero no soy malo, ¡lo juro! Sería un buen compañero, de verdad… solo déjame demostrártelo".
Una vez en su casa, los pensamientos que le dirigía habían cambiado. Tal vez se había cansado de intentar dialogar con él y solo hablaba para sí mismo. Con dolor de cabeza, Sasuke se sentó en su cama, tratando de desarmar las imágenes cada vez más intensas.
"Ah… es tan hermoso… estoy seguro de que era él… no parecía feliz de verme pero aun así, ¡no pude evitar notar lo bello que es! Ay, quisiera volver a verlo… ¿me odiará? ¿Cómo puedo evitar molestarlo de nuevo?".
Y entonces, vino la peor parte. Lo grave de haberse encontrado era que ahora Naruto podía imaginarlo. Y no era lo mismo un simple pensamiento que una fantasía. Cuando el muchacho revivió en su mente la escena de más temprano, cuando empezó a jugar con la idea de llegar a tomarle la mano antes de que él lograra escapar, llegar a hablarle… Sasuke sentía todo aquello como si realmente estuviera viviéndolo. El esfuerzo que hacía su voluntad para resistirse tenía un efecto nefasto en su cuerpo. Las rodillas le temblaban y no pudo mantenerse sentado: se resbaló del borde de la cama, hasta quedar desparramado en el suelo. Reuniendo sus últimas energías, gritó el nombre de su hermano.
—Por favor, no huyas, no sé qué te han dicho de mí pero no soy malo, no te haré nada, solo déjame contemplarte un momento… —murmuraba Naruto en su fantasía.
Sasuke percibía claramente la calidez de su mano en la suya. Se escuchó a sí mismo decir, en la imaginación del otro, alguna tontería, algo como "tú no entiendes, déjame solo". Naruto continuó su diálogo ficticio, acercándose. Sasuke casi sentía su respiración. "Las baldosas", trató de pensar, "hay seis baldosas de ese lado y tres tienen un diseño en azul… luego las otras tres tienen un diseño rojo… y…".
—Tienes una expresión tan triste… —la voz del otro lo llenaba todo, lo interrumpía, lo invadía—. No sé quién te ha hecho daño, pero yo te protegeré de ahora en más. No haré nada que no quieras, no te molestaré, ¡de verdad! Pero es que puedo verlo en tu rostro, tú… necesitas un abrazo, ¿verdad? ¿Me dejarías abrazarte?
Sasuke hallaba dificultad en moverse. Tenía la boca abierta y empezaba a babear. Todas sus facultades se concentraban en negar a Naruto, en no dejarse llevar por ninguna emoción. Él estaba bien por su cuenta, no necesitaba a nadie, no sentía nada…
—¡Sasuke! —exclamó Itachi al arribar al fin a su habitación—. ¡Aguanta un poco más! ¿Te ha visto? ¿Es eso, no es así? Lo siento tanto… no creí que este día llegaría tan pronto, iré por los supresores.
Lo alzó con facilidad y lo recostó en la cama, tras lo que se metió en el baño y revisó los botiquines. Pronto regresó con una pastilla verdosa, que él mismo le ayudó a tragar, abriéndole y cerrándole la mandíbula. Sasuke permanecía inmóvil, incapaz de nada. Podía ver con precisión la expresión conciliadora de Naruto, el modo en que se le arrimaba con los brazos extendidos, listos para el afecto, cuando…
Se hizo un silencio súbito. Estaba en su habitación, con Itachi. No había nadie más. Estaba lejos de esa maldita esquina. Los supresores habían hecho efecto. Notó que las lágrimas caían por sus mejillas. Itachi se las secó con un pañuelo y luego le acomodó el cabello.
—Tranquilo, hermanito, es duro cuando nos meten en sus fantasías, lo sé… pero no llores, debes aguantar. Los supresores pierden efectividad si los usas seguido, debes guardarlos para ocasiones especiales, para cuando sea en verdad insoportable. Así que tendrás que aprender a resistir, la mayoría de las veces solo es un momento, no hay que dejarse llevar…
Sasuke se quedó callado, serio. Sentía una vergüenza pesada, que no podía manejar. ¿Cómo explicarle a Itachi que no lloraba de la bronca, que no lloraba por el dolor físico que le implicaba resistirse? Sino que, simplemente, lloraba por… haberse perdido de ese abrazo.
Notas: si les ha gustado, por favor, déjenme sus comentarios. ¿Se imaginan en un mundo donde una persona que aún no conocen pudiera escuchar sus pensamientos? ¿Cómo creen que sería su vida allí? ¡Me gustaría escuchar sus ideas!
