Capítulo 5: Límite


2176 palabras


Sinopsis: un largo y complicado viaje en automóvil. ¿Qué tan lejos planeas llegar?


El movimiento lo despertó. Sus ojos tardaron en acostumbrarse a la luz. Estaba acostado… ¿en la parte de atrás de un auto? Por las ventanillas abiertas se colaba un viento ruidoso. ¿Era un sueño? ¿Estaba muerto? Miró a su alrededor. En el suelo se encontraba su bolso de karate. Sin embargo, sin dudas no contenía solo su traje blanco y su cinturón, porque parecía cerrado a presión, como si hubieran metido allí a los apurones la mitad de su ropa. En el asiento del copiloto no había nadie, pero reconoció una de las valijas más pequeñas de Itachi. ¿Qué estaba pasando?

—Ah… ¿te despertaste, hermanito?

Identificaría esa voz donde fuera. Pero, si no había muerto, ¿por qué no estaba en el hospital? ¿Cómo era que su padre no lo había encerrado ya en su habitación para castigarlo por su atrevimiento?

—S-sí… ¿dónde estamos?

—En Kumogakure.

—Eso… es fuera de nuestra ciudad.

—Así es.

—Y… ¿adónde vamos?

—A Kirigakure.

—Kirigakure es muy lejos…

—Sí.

—¿No estoy muerto?

—Solo tomaste diez pastillas, Sasuke. A tu cuerpo le llevará tiempo recuperar su fortaleza, pero eso no puede matarte.

—¿Cómo sabes cuántas pastillas tomé? –interrogó, sintiéndose humillado por su propia transparencia.

—Las tomaste de una tableta. Conté los huecos que habías dejado. Incluso puede que alguna la hubiera tomado nuestro padre. Me diste un buen susto, pero por suerte dejaste la evidencia a mano. Me alegra que no supieras mucho de somníferos y que hayas tomado la cantidad equivocada.

Sasuke apretó los puños. ¿Por qué le alegraba? A él no lo alegraba. Él preferiría estar muerto. Quiso incorporarse pero no lo consiguió, estaba demasiado débil.

—Entonces… si estoy bien… ¿por qué me llevas a Kirigakure?

—Allí tengo un amigo que puede ayudarnos.

—¿Ayudarnos? ¿Vas a… vas a encerrarme en algún manicomio alejado, para que nadie sepa que tienen esta vergüenza en el clan? —Tuvo que inspirar con fuerza para terminar de formular su idea—: Papá te ordenó hacerlo, ¿no es cierto?

Entonces, el rostro de Itachi apareció brevemente sobre el asiento, en una contorsión incómoda. Era un rostro sonriente.

—Papá no sabe dónde estamos. Y no volverá a saberlo. A menos que tú quieras.

Los ojos del chico se abrieron. Lo más cerca que había estado de escapar de la vigilancia de Fugaku eran las caminatas de regreso de la escuela, que tantos problemas le habían traído. El enorme alivio que experimentó fue pronto reemplazado por un espasmo de terror.

—¿Enloqueciste, hermano? Papá nos encontrará, nos encontrará y va a encerrarnos, va a matarnos, nunca más podremos hacer nada, Itachi, nunca, nos encontrará y…

—Tranquilo, Sasuke, tranquilo —lo interrumpió el mayor—. Papá ya nos tenía encerrados. No puede hacernos algo peor que lo que ya nos hizo. Además… confía en mí. Llevo años planeando esto. Estaremos bien.

—¿Q-qué…?

Despacio, pero sin bajar la velocidad del auto ni por un momento, Itachi le reveló la verdad. A los 13 años había descubierto, a través de los atisbos de la cotidianeidad de su destinado que intentaba reprimir, que había otras formas de vida muy superiores a la suya. Su lazo podía no ser rico ni poderoso, pero no le faltaba nada y se veía tranquilo y conforme con su día a día. Allí empezaron sus reflexiones. ¿Por qué los Uchiha realizaban tantos esfuerzos? ¿Valía la pena? Pronto comprendió que no podía siquiera sugerir algo así delante de sus padres, pero en cambio encontró un apoyo en su primo Shisui. Él se había cruzado a su destinado por accidente a los 10 y desde entonces casi no había pasado un día sin tomar supresores. Cuando tuvieron que hacerle su primer lavaje de estómago por exceso de supresores, admitió ante Itachi al fin que aquella vida le resultaba insoportable. Desde entonces, habían diseñado todo tipo de planes inverosímiles para huir de la vigilancia de sus padres. Shisui creía que la mejor excusa sería aplicar a una universidad extranjera apenas acabaran la secundaria. Una vez fuera del país, la influencia del clan mermaría y encontrarían la forma de empezar de cero. Sin embargo, en aquel entonces Itachi ya había observado el sufrimiento que le provocaban a Sasuke los pensamientos de su lazo y se prometió a sí mismo no abandonarlo. Le pidió a Shisui que aguardara solo cinco años más, hasta que también Sasuke fuera mayor y pudieran llevárselo con ellos. Shisui le aseguró que esperaría. Pero no pudo cumplir.

Una ola de angustia, parecida a las náuseas, inundó el cuerpo de Sasuke. Era demasiada información. Demasiado dolor.

—Entonces, él… —murmuró, comprendiendo de a poco—. Al igual que yo, él…

—Así es. Aunque es difícil que una bala no sea efectiva. Shisui siempre tuvo buena puntería.

—Dios…

Las fichas se acomodaban de a poco. Los malestares físicos, consecuencia del exceso de pastillas, eran ínfimos en comparación con las miles de agujas que atravesaban su corazón.

—En cuanto ocurrió, hice lo imposible por acelerar mis trámites. Ya había perdido a mi mejor amigo, no podía correr el riesgo de perderte a ti. Mi viaje, Sasuke, aprobado por nuestro padre, estaba programado para dentro de un mes, luego de tu ceremonia de graduación. Te había conseguido un pasaje a escondidas, con un nombre falso, pero consideré que si te lo ocultaba también a ti sería más difícil para Fugaku descubrirlo. Un mes… pero tampoco tú me esperaste.

Un temblor de culpa recorrió las débiles piernas del menor.

—Lo siento…

—Está bien, hermanito. Yo soy el que lo siente. Yo soy el que tardó demasiado.

Hubo un momento de silencio en el cual ambos sopesaron el significado de aquellas palabras.

—Entonces… ¿hiciste un plan nuevo sobre la marcha?

—Así es. En cuanto papá supiera que habías estado en su cuarto, iba a duplicar la vigilancia sobre nosotros. Debía actuar de inmediato o ya no tendría opción. Te saqué de la casa con la excusa de que te llevaría al hospital central y convencí a las mucamas y al chofer de llevar el bolso y las valijas por si debía quedarme a acompañarte varios días. Dudaron pero obedecieron, a fin de cuentas yo soy la autoridad cuando papá no está presente. En cuanto el chofer se alejó de la puerta del hospital, tomé un taxi hasta el sitio en el que solíamos vernos con Shisui. Antes de quitarse la vida, Shisui me hizo un último favor. Durante años, había reunido dinero a escondidas de su familia, para cuando escapáramos. Dado que ya no pensaba usarlo… me compró un automóvil con patente falsa en el mercado negro. Me dejó una carta: esperaba que su… muerte… me hiciera reaccionar. Y que mandara al diablo el viaje de estudios y me marchara de inmediato con esta chatarra. No sé cómo no vi entonces que su criterio era el correcto.

—Este es el auto de Shisui… y nadie sabe que estamos aquí… —una súbita claridad lo impulsó a decir lo siguiente—: es decir que ya no tenemos nada, ni casa, ni empresas, ni dinero, ni familia.

—Tenemos este auto, algunas mudas de ropa, mis ahorros del último año y a nosotros mismos.

—¿Y… mis supresores?

Itachi sacó un frasco de la guantera.

—Encontré esto en tu habitación. Sin embargo… no olvides la frase que debemos repetir cada vez que tomamos un baño. Tenla presente.

—Mmm… —Sasuke reflexionó—. "Esto soy yo… este es el borde de mí. Tengo un límite. Estoy completo".

—Exacto. Tienes un límite. El límite es tu voluntad. Ni papá ni yo ni nadie podemos decirte qué hacer, ¿entiendes? Sobre este tema y sobre cualquier hoy. Ya eres un adulto. Si deseas seguir tomando supresores, encontraremos el modo de conseguirlos. Si deseas que tu destinado te escuche, aunque estén lejos, estás en tu derecho. Si deseas salir a buscarlo, también puedes hacerlo. Yo no te detendré.

El muchacho asintió, tratando de procesar todo rápidamente.

—Si Shisui era tu único amigo… ¿quién es esta persona que va a ayudarnos?

—Se llama Kisame.

—No es eso lo que pregunte. ¿Quién es? ¿De dónde lo conoces?

—Esta es la primera vez que voy a verlo.

—Itachi… ¿estamos yendo a la casa de tu lazo?

—Así es. Vive en un pequeño pueblo pesquero, al oeste, en una isla. Ni siquiera tienen electricidad. Nuestro clan no tiene poder allí; solo podría descubrirnos alguien que nos encontrara personalmente y nos reconociera. Kisame nos permite quedarnos lo que haga falta, será un buen escondite.

—Entonces, después de todas las cosas que hablamos, sobre nuestra libertad, sobre estar completos… ¿caerás en esa trampa del amor romántico y huirás con tu alma gemela?

El rencor en su voz fue eclipsado por la límpida risa de Itachi.

—Disculpa por las ideas que te he metido en la cabeza, hermanito —respondió, cuando se repuso—. Darse la posibilidad de conocer a una persona no es creer que el romance o la pareja es lo único importante en la vida. Lo importante en la vida es estar bien con las decisiones que uno mismo toma. Desde niño he soñado con pasar el día en un bote, pescando, como lo veía hacerlo a él junto a su padre. No rechazaré una mano amiga en mi momento de mayor necesidad. Si luego nos enamoramos, o no, me tiene sin cuidado. Será algo sobre lo que el Itachi del futuro tendrá que decidir. Por ahora, no tengo mejores opciones.

—Es decir… —Sasuke se interrumpió, confundido.

—Las almas gemelas, Sasuke, son personas con las que tenemos una hermosa conexión. Nosotros elegimos qué hacer o qué no hacer con esa conexión. Eso es todo.

—Ya veo… papá te matará por darle todos los secretos del clan al tal Kisame.

—Dudo que Kisame esté interesado en contar esas cosas, que solo valen para los intrigantes políticos. Y, en todo caso, no será tan fácil para papá encontrarme, si quiere tomar represalias.

El joven sonrió, satisfecho al comprobar la libertad que se habían ganado.

—Eso es cierto.

Durante un rato, permanecieron callados. No obstante, no se necesitó mucho para que Itachi adivinara qué preocupaba a su hermano menor.

—Estás pensando en Naruto, ¿no es así?

—Sí… él vivía en Konoha. No creo que vuelva a verlo en mucho tiempo. No vale la pena dejarle ver mi mente, si igualmente no podremos encontrarnos.

—En realidad… Cerca de aquí hay una estación del tren bala que sale desde Konoha. Si quieres, dile que nos encuentre allí y lo sumamos a esta locura. Después de todo, él tampoco tiene tanto que perder, ¿verdad? Podemos esperarlo solo por una hora o se volverá muy peligroso que estemos en un lugar central. Pero si deseas intentarlo… no perdemos nada.

A Sasuke se le iluminaron los ojos. ¿Podría después de todo descubrir… cómo se sentía un abrazo de Naruto? ¿Era posible que él, tan solo… sí mereciera aquel calor tan largamente anhelado? Alcanzaron las dudas para que su lazo lo oyera.

"¿Eres tú? ¡Te escucho! ¡Te escucho! ¿Dónde estás?".

Sasuke apretó los puños. Los nervios lo devoraban. Nunca había hecho esto, no tenía idea de cómo era. Itachi lo intuyó y comentó:

—Tan solo piensa lo que le quieras decir. Imagina su rostro y háblale en tu mente.

Su rostro… podía visualizar claramente los ojos azules y el cabello rubio. La expresión luminosa. Sí…

"Naruto. Soy yo. Puedes llamarme Sasuke".

"¡Sasuke! ¡Sasuke! ¡Al fin sé tu nombre, Sasuke! ¿Ahora sí podremos hablar o solo estás despidiéndote?".

Se le encogió el corazón al comprobar nuevamente la predisposición al abandono que tenía el muchacho. Intentó transmitirle su emoción, pero antes de que continuara explicando Naruto agregó: "¿estás recostado? ¿Te duele algo?". Claro… se preocupaba por él antes que por sí mismo. Sasuke hizo una sonrisa de lado.

"Eso da igual… ahora escúchame, Naruto. Tienes que tomar una decisión rápida. No te juzgaré por lo que decidas, está en ti. Pero ahora mismo estoy junto a la estación central del tren bala en Kumogakure. Estaré aquí por una hora. Voy a irme para siempre, Naruto. No regresaré a mi vieja vida. Si quieres, puedes acompañarme. Aunque no tengo nada para ofrecerte. Y no te he dado motivos para confiar en mí. Pero, si llegas aquí antes de que terminen estos 60 minutos, podemos probar conocernos".

Naruto debía de tener muchas cosas que pensar a partir de semejante propuesta, porque su conexión se interrumpió por un momento. Durante la siguiente hora, le llegaron fragmentos sueltos y confusos de fantasías: ambos en los columpios, ambos de la mano en la vereda, ambos mirándose a los ojos. Sasuke estaba mareado. No sabía cómo recibir toda esa información ahora que no pretendía suprimirla. Su mirada estaba fija en el portal de la estación.

Pasó un tren y otro. Quiso volver a hablarle pero luego consideró que sería presionarlo. Si no había tomado el tren ya, no llegaría. Era mejor el silencio.

—Quedan cinco minutos, Sasuke —le avisó Itachi.

¿Qué iba a pasar ahora? ¿Quién era él si su identidad no era solo una prolongación obediente del clan? Se sorprendió al notar que una lágrima rodaba por su mejilla cuando reconoció, entre la multitud, una cabecita rubia.

* * * FIN * * *

Notas: Oh por dios… ¡hemos llegado al final! Diablos, esta historia es muy significativa para mí, lloraba mientras la escribía y seguí llorando en las correcciones, creo que recién dejé de hacerlo ahora, cuando lo releí por quinta o sexta vez antes de publicarlo. Les agradezco mucho a quienes me han acompañado en este proceso, sus comentarios valen oro. Lo gracioso es que este fic originalmente iba a ser una comedia, pero la persona para quien lo escribí prefería el angst y… bueno, salió así. Es improbable ahora que él vaya a leerlo pero ojalá que, si alguna vez llega a pasar, esté conforme con su desarrollo. Traté de trasladar los errores de Itachi en el canon a este AU, ¡aunque le di la oportunidad de redimirse al final! Esta vez sí ha podido salvar a su hermanito. En fin… solo queda un brevísimo epílogo (menos de 500 palabras), que llegará el próximo y último miércoles para cerrar definitivamente este fic. ¿Qué opinan? ¿Les ha gustado? ¿Les sorprendió al menos un poquito el final? Espero que se guarde en sus corazones así como está guardado en el mío.