Epílogo
588 palabras
Sasuke tironeó de las sogas, tratando de aguantar el ardor que le generaban en las manos. ¿Cuándo desarrollaría los callos que necesitaba? A pesar de su entrenamiento y de su fuerza de voluntad, no podía evitar tener la piel tersa de un niño rico, poco preparada para el sol y los trabajos manuales. Su bote apenas tocaba la arena cuando Naruto apareció de pronto, metiéndose en el agua para empujarlo desde atrás y acelerar el proceso.
—¡Te dije que me avisaras cuando llegaras a la playa, Sasuke! ¿Por qué nunca me pides ayuda?
—Porque puedo hacerlo solo.
—Pff…
Naruto recogió un poco de agua en sus palmas y se la echó directo a la cara, riéndose. Sasuke escupió y amagó con golpearlo.
—¡Qué haces, tarado!
La reacción espontánea de Naruto fue escapar hacia el mar, por lo que por fin terminaron ambos saltando entre el pequeño oleaje, salpicándose mutuamente y riéndose, enfrascados en una de sus tantas peleas diarias. Aunque Sasuke, tal vez por un mal hábito heredado de sus padres, fingía fruncir el ceño con enfado, en la expresión auténtica del otro podía reconocerse con claridad la alegría que ambos experimentaban en aquellos juegos.
Kisame, que fumaba un cigarrillo bajo una palmera cercana, caminó hacia ellos, hasta que la presencia de su cuerpo imponente los trajo de nuevo a la realidad.
—¿Y? ¿Pescaste algo o no, mocoso? ¿Vas a dejar el balde pudriéndose al sol como si estuviera vacío?
—¡Ah-ah, no, ya voy! Es que… ¡es que este tonto me distrajo!
—Sí, sí, lo que digas… ¿cuánto pescaste?
—Nueve… de los pequeños blancos.
—Mmm… debe de ser bacaladilla. Bueno, ya les he enseñado a limpiar la bacaladilla, así que, ¿qué están esperando?
—¡Sí, señor, ahora mismo lo haremos! –respondió Naruto, llevándose una mano a la frente como en un saludo militar.
—Qué haremos ni haremos, tú estabas barnizando el bote nuevo, ¿o no? Ve a hacer tu trabajo, vamos.
—¡Eh, tiene razón! ¡Disculpe!
—Y no me trates de usted, niño, no soy tu abuelo.
—¡Es verdad, disculpe, señor!
—Volviste a tratarme de usted…
Contempló a los dos muchachos correr hacia la cabaña, Sasuke llevando su balde de bacaladilla y Naruto no sabiendo cómo darle una mano. Sus brazos se rozaban casi sin querer, en busca de un contacto que todavía estaban aprendiendo a prodigarse. Kisame sonrió. ¿Cómo había dejado que toda esa gente se metiera en su vida? No estaba muy seguro, pero tampoco iba a quejarse. Los chicos, a pesar de lo que pudiera parecer, eran obedientes y trabajadores, sin contar que eran una fuente de entusiasmo infinito, sobre todo cuando estaban juntos. Le arrancaban más de una carcajada, ciertamente. Y por otro lado… sintió los brazos de Itachi alrededor de la cintura y su suave frente apoyándose en el hueco entre sus omóplatos. Ese hombre siempre aparecía de la nada…
No sabía cuánto duraría aquello. Ninguno de los tres estaba acostumbrado a vivir de esa manera y solo Naruto tenía un oficio —aprendido a medias— que realmente pudiera serles de utilidad. ¿Tal vez aguantarían un año o dos, antes de buscar suerte en otro sitio más confortable, más fácil? ¿O quizás aprenderían realmente a llevar las cosas allí? ¿Quizás… podrían llegar a considerarse felices alguna vez?
Los labios de Itachi marcaron su áspera piel, silenciosos.
¡Qué va! Casi podía ver la luz que emanaba de los pensamientos de esos chicos. Kisame iba a disfrutar de aquello el tiempo que se pudiera, sin importar cuánto fuera. Se volteó, para corresponder al beso con su boca.
Notas: ¡Charán! Este sí que es el cierre definitivo. Me he demorado porque estoy enferma de covid, hace más de diez días que paso la mitad de mi tiempo o más en cama… les agradezco su paciencia. Sé que probablemente esperaban más, que muchas personas querían saber más sobre Naruto o ver un beso… pero este es el relato que estaba en mi cabeza, una historia sobre aprender a construir una vida que nos haga bien, aunque requiera muchos sacrificios y aunque para ello debamos perder todo lo conocido. Abandonar no solo las tradiciones y demás, sino sobre todo nuestras habilidades y nuestros éxitos, como tuvo que hacerlo Sasuke, es algo realmente muy, muy desafiante, hasta el extremo de que muchas personas, como él, piensan en hacerse daño antes que en afrontar un cambio semejante. Yo aún no sé si sería capaz… pero este fic me ayuda a pensarlo, al menos. Es la función que tiene escribir, para mí. Creo que ahora, en la medida en que Sasuke aprenda a sentirse bien consigo mismo, estará, poco a poco, preparado para también sentirse bien con Naruto. ¡Quedo aguardando sus impresiones! Les agradezco que me acompañaran en este proyecto. Espero nos reencontremos en mis próximos fics.
