Capítulo 11

En cualquier otro mundo.

1

La habitación estaba a oscuras, no una de esas oscuridades novatas en las que se puede apreciar el contorno de los muebles y que en ocasiones tienen incluso el descaro amateur de dejar entrar uno que otro rayito de luz.

No señor, esta era una oscuridad que se preciaba a si misma y se congratulaba en lo bien que hacía su trabajo, ¿cómo boca de lobo?, que no la hicieran reír, en la boca de un lobo se podían ver los dientes e incluso si uno se fijaba bien a veces hasta destellos de la última criatura cuya curiosidad la había impulsado a mirar ahí dentro.

Estaba oscuro de verdad.

Tunk.

-Auch -murmuró una voz desde las sombras.

-¿Qué tienes? -preguntó otro susurro.

-Me golpee el pie con algo -respondió lastimeramente la primera voz, luego añadió- ¡en el dedo chiquito!, ¿no podemos prender una luz o algo?

-El ritual exige que todo se realice a oscuras, y no te quejes ¿tienes idea de lo difícil que es dibujar todos esos pentagramas sin poder ver lo que se está haciendo?

-¿Tú tienes idea de lo que duele golpearse el dedo chiquito del pie?

Una de las figuras se encogió de hombros, un gesto bastante inútil pues ninguna podía ver absolutamente nada.

-Guarda silencio -dijo- es hora de iniciar el ritual.

Se escuchó un sonido como si alguien rebuscara dentro de una túnica que de hecho era exactamente lo que estaba sucediendo.

-Estoy segura de que estaba por aquí -a las palabras les siguieron más sonidos de búsqueda seguidos de un- ¡ajá!

-¿Qué pasa?

-¡Silencio!, es momento de iniciar.

Carraspeo. Carraspeo.

Tilín.

-¿Qué fue eso?

-El ritual.

-¿En serio? ¿una campanilla?

-¿Qué esperabas?, ¿cánticos místicos? ¿vírgenes sacrificadas?

-Si… ¡no!, no lo se -la primera voz sonaba confundida y ligeramente decepcionada- es solo que… ¿tilín?

-Así son las cosas.

-¿Qué se supone que pase ahora?

-En teoría debería estar funcionando

-¿Tal vez deberías hacer tilín otra vez?

-No lo se, supongo que no se pierde nada con probar.

La campanita no llegó a sonar por segunda ocasión pues ese fue el momento en que una potente luz blanca iluminó la habitación envolviendo a las dos figuras encapuchadas dentro de su resplandor.

-Oh mieeeer…

2

–Star –la voz de Heinous parecía llegarle de muy lejos, como si la oyera a través de un cristal– ¿Que es lo que ves?

Pero la princesa apenas si escuchaba ya a la mujer, su atención había sido robada por el majestuoso paisaje que se extendía frente a ella.

Los campos multicolor de su tierra natal se extendían infinitos frente a ella, la suave brisa que le arremolinaba el largo cabello acariciaba los tallos haciendo que se mecieran suavemente como olas en un mar tranquilo y las diminutas gotas de brisa resplandecían como piedras preciosas al reflejar la luz de los soles que se movían perezosos a través del firmamento rosado.

-Estoy en casa -repitió la chica- estoy en Mewni.

-Star, recuerda que nada... - la distante voz se perdía cada vez más entre las brumas del sueño hasta que despareció por completo.

La princesa apenas si se percató, el mundo la llamaba con los cientos de voces y chillidos de criaturas que sólo vivían allí, le parecía que había pasado una eternidad desde la última vez que había escuchado el canto de las aves insultadoras que se gritaban unas a otras en el mas extraño ritual de cortejo que nadie pudiera imaginar.

-Es tan hermoso -susurró para si misma sin notar la lágrima solitaria que le recorría la mejilla revelando una marca de corazón a su paso.

"¿Y ahora qué?"

Incluso antes de formularse la pregunta sus pies ya se encaminaban prácticamente por si mismos hacia la ciudad y el palacio donde había crecido, conforme la silueta del castillo se dibujaba con mayor nitidez en el horizonte sus pasos fueron volviéndose cada vez más ligeros pasando de una caminata tímida e insegura mientras admiraba el paisaje a una vertiginosa y voraz carrera a través de las colinas los maizales que señalizaban la periferia de sus primeros años.

Corrió como si huyera de su pasado, tan veloz que el mundo a su alrededor se convirtió en borrones de tiempo, pequeños recuerdos extraídos de aquí y allá durante distintos momentos de su vida, memorias tan fugaces que no terminaban de formarse cuando ya las había dejado atrás con los ojos siempre puestos en el castillo, el magnífico castillo que se alzaba frente a sus ojos tan cercano ya que dominaba toda el escenario.

Tras lo que le parecieron unos breves instantes se encontró frente a las enormes puertas que protegían a los habitantes de los múltiples peligros que, como todo el mundo sabía, rondaban en las afueras esperando cualquier oportunidad para atacar; junto a las enormes moles de madera y metal se apostaba sin falta una pareja de soldados encargados de mantener la entrada bajo vigilancia, Star los recordaba bien, siempre con sus lanzas apuntando al cielo y los rostros escondidos tras cascos que no permitían ver mas allá de los ojos, dado que era imposible distinguir a uno de otro les había llamado simplemente "Uno" y "Dos", Uno siempre estaba al lado izquierdo mientras Dos hacia su guardia al lado derecho, independientemente de quien se ocultara tras la armadura ella los saludaba sin falta al pasar y ellos le respondían con un leve asentimiento de cabeza sin dirigirle jamás la palabra a ella o ninguna otra persona.

Ahora, por primera vez desde que podía recordar no había nadie de pie haciendo guardia al lado de la puerta dándole al lugar un aura de irrealidad que le hizo sentir un breve escalofrío.

-¿Hola? -llamó tímidamente para luego repetir, en voz más alta- ¿hola?

Por supuesto, no hubo ninguna respuesta de los guardias que no estaban ahí, lo realmente extraño fue que al aguzar el oído se dio cuenta de que no podía escuchar ningún sonido proveniente desde el interior de las murallas.

A los lejos, en los campos no se había dado cuenta, la visión familiar de su mundo natal y el natural placer que sentía al recorrerlos la habían distraído lo suficiente como para evitar que el resto de sus sentidos pusieran atención, pero a su alrededor no se escuchaba nada que no fuera el suave susurro del viento y el canto de los pájaros, era casi como si en el mundo no existiera nadie mas que ella.

Pero aquí, en la entrada de la ciudad, siempre había reinado el barullo, los gritos y las pláticas de los montones de personas que atravesaban constantemente las puertas de ida y vuelta a sus labores en el campo, el ruido de los carruajes que traqueteaban por el camino de tierra y lodo sincopados por las pisadas y flatulencias de los animales que los acompañaban, pero ahora la sinfonía de la vida común se había callado suplantada por un silencio estridente que le ponía el cabello de punta.

-¡Ahí está! -el silenció se rompió tan repentinamente que la chica no pudo evitar un pequeño salto mientras se giraba en la dirección de donde había venido el grito.

Una pareja de guardias se acercaba corriendo hacia ella; desde la distancia que los separaba Star podía distinguir que uno de ellos -el que iba delante- no sólo era demasiado alto alto sino que además su complexión era más similar a la de un oso que a la de cualquier mewmano que hubiera visto antes por lo que la imagen que proyectaba era la de un armario acercándose a paso veloz, el segundo guardia era su opuesto total, pequeño y escuálido parecía que el casco se le iba a caer sobre la nariz a cada paso que daba, la pareja formaba un dúo tan estereotípico que la chica no pudo menos que sonreír.

"Parecen sacados de una película", alcanzó a pensar antes de tenerlos frente a ella.

-Buenos días -dijo alegremente alzando la mano a modo de saludo.

Hubo un rápido movimiento y lo siguiente que supo fue que se encontraba de cara al piso terregoso con el más pequeño de los guardias encima de ella sujetándole los brazos tras la espalda con tanta fuerza que sentía cómo si se le fueran a dislocar de la presión.

-No te muevas -le gritó casi directamente al oído y luego, aún mas alto, repitió- ¡no te muevas!

-Tranquilo -el vozarrón provenía desde muy arriba, del otro guardia que apenas llegaba- ya la tenemos.

-Y bien que la tenemos -le dio otro jalón a los brazos que se le entumecían con rapidez- tus días de robar se terminaron ¿oíste?

-¿Eh? -la princesa no pudo ni siquiera procesar lo que acababa de escuchar antes de que otro tirón, mas fuerte esta vez, la hiciera gemir de dolor.

-Veamos -el alto se sacó una pequeña y pulcra libretita de alguna parte y comenzó a recitar- robo de manzanaples en el puesto de Rosita Muñón, robo de platananas a la señorita Estraza, robo de estrafresas también a la señorita Estraza, robo de uvapes al señor Latricor, robo de... -avanzó varias páginas en su libreta antes de continuar- en fin, queda claro que a estado usted muy activa señorita dedos ligeros..

-Pero yo... ¡hnngggg! -un nuevo tirón en su brazos le hizo apretar los dientes mientras el mundo se enrojecía, al miedo que ya sentía se le unió una nueva emoción: una furia terrible que encontró salida a través del dolor y su garganta- ¡ya deje de hacer eso!

El pequeño guardia salió disparado un par de metros hasta caer de espaldas sobre un montículo de tierra oportunamente ubicado para evitar que se hiciera demasiado daño, casi al mismo tiempo su compañero lanzó una veloz patada a la cara de la chica quien sólo tuvo tiempo de cerrar fuertemente los ojos anticipando el dolor.

Un dolor que nunca llegó.

En su lugar escuchó un grito muy agudo proveniente de las alturas seguido por un sonoro ¡thud!, se atrevió a abrir un parpado y luego, con sorpresa, el otro.

Frente a ella, el gigante se encontraba tirado en el suelo encogido sobré si mismo, gruñendo y sujetándose una pierna, la misma con la que había intentado golpearla, tan claramente rota que el pie y la rodilla apuntaban en direcciones opuestas.

A pesar del impacto que le provocó ver el estado al que había quedado reducido, la chica no tuvo la oportunidad de ayudarlo, tal y como le dictaba su naturaleza amable, pues antes de que pudiera acercarse el grito del otro hombre le hizo girar la cabeza en su dirección justo a tiempo de descubrirlo acercándose con una velocidad zigzagueante que le recordó a la de una rata enfurecida a punto de atacar.

No pudo evitar voltear a ver al gigante caído una última vez y por un instante sus miradas se cruzaron, grandes lagrimones le corrían por el rostro de reptil sin duda causados por el dolor de la herida y la rabia fruto de la humillación al haberla recibido de lo que él percibía como una niñita corriente, lo único que la princesa pudo hacer fue murmurar un "perdón" antes de, sin saber siquiera si disculpa había sido escuchada o entendida, lanzarse en una loca huida.

Corrió con los ojos muy abiertos pero sin alcanzar a ver nada, a su alrededor las callejuelas y callejones da las partes mas perdidas y escondidas de la ciudad se mezclaban unas con otros hasta convertirse en un amasijo de direcciones sin sentido ni concierto, todo el tiempo le parecía escuchar los pasos irregulares de sus perseguidores a su espalda a pesar de que cada vez que se atrevía a voltear no veía nada mas que calles vacías así que seguía corriendo, huyendo de sus captores y de la imagen grabada a fuego en su mente del soldado caído, su pierna fracturada, las lágrimas que le llenaban los ojos y el profundo odio que emanaba de ellos.

Y como tenía los ojos cerrados mientras corría a toda velocidad a través de lugares desconocidos era inevitable que eventualmente tropezara con algo.

La caída no fue nada espectacular, pisó una piedra suelta que se deslizó bajó su pie y lo siguiente que supo es que se encontraba despatarrada junto a un puesto de verduras desvencijado cuyos productos habían salido volando por el impacto y que ahora se encontraban desperdigados a lo largo y ancho de la calleja, de cualquier manera y a juzgar por el olor que se percibía, su mejor momento había quedado ya muy atrás y ni siquiera se hubieran podido vender como saldos aunque era claro por los gritos de la vendedora que ella los consideraba producto de la mas alta calidad y esperaba que se le retribuyeran con un precio acorde; como pudo, la princesa se puso en pie entre gritos e insultos proferidos por la mujer, aturdida por la caída no le prestó mucha atención hasta que sintió como le tiraba del cabello con la clara intención de hacerla caer nuevamente al suelo, el primer jalón le hizo trastabillar hacia atrás y aunque evitó -por los pelos- caer de rabadilla sintió nuevamente la fría furia crecer en su interior, estaba cansada, golpeada, muy asustada y no pensaba seguir permitiendo que la trataran así, en especial no en su propio reino, se giró hacia la mujer quien al ver la furia concentrada en los ojos de la chica no pudo evitar dar un paso atrás mientras dejaba ir el largo cabello rubio que aún sujetaba en su arrugada garra derecha, Star se sorprendió al ver que bajó el chal se ocultaba un rostro definitivamente canino pero sin tiempo para meditar en ello aprovechó el espacio que se abría entre ellas y dio un paso hacia la mujer evitando que la distancia que las separaba creciera, podía sentir en su interior la fuerza necesaria para destruirla con un grito y se disponía a hacer precisamente eso cuando una voz femenina a su lado la detuvo.

-¿En serio piensas atacar a un ancianita?

La princesa se giró veloz, lista para atacar pero la sorpresa de ver una cara conocida la detuvo.

Frente a ella se encontraba una chica tan sucia que sus rasgos apenas si se podían distinguir por encima de la gruesa capa de mugre que la cubría hasta donde su ropa -un trozo de tela mal cortado que parecía provenir de un saco para patatas- permitía apreciar, sin embargo hubiera reconocido los ojos aguamarina en cualquier parte, aún sin el brillo de la locura en ellos no había forma de equivocarse y en caso de que eso no fuera suficiente el desmadejado cabello lavanda evaporaba cualquier duda.

Era Mina Loveberry.

-Tú -la princesa la señaló con un dedo tembloroso- ¿qué haces aquí?

Como única respuesta la otra chica se llevó un dedo a los labios en un gesto de silencio al tiempo que señalaba con la mirada un callejón cercano, Star estuvo a punto de gritarle algo cuando comprendió el gesto al escuchar el pesado ruido de personas en armadura en las cercanías así que con un rápido asentimiento siguió a su enemiga dejando tras ellas a la enfurecida, confundida y asustada vendedora para que recogiera sus malogrados productos.

Al adentrarse al callejón la princesa no pudo evitar notar las deplorables condiciones en que se encontraba, las paredes prácticamente se caían de lo agrietadas que se encontraban y parecía que lo único que las mantenía unidas era la ingente cantidad de desechos embarrada en ellas hasta alturas que le hacían sospechar premeditación y ventaja, eso sin contar el olor a desechos animales y mewmanos que se desprendían de cada centímetro cuadrado.

Mina resopló risueña al ver la nariz arrugada de la princesa pero no se detuvo demasiado tiempo.

-Sígueme -le susurró antes de emprender una caminata veloz que nuevamente las llevó a través de calles, callejones y esquinas cada una peor que la anterior.

-¿A donde vamos? -preguntó la princesa tras unos minutos.

-Aún no -la silenció su compañera- todavía están cerca.

-¿Cómo lo sabes?

Por toda respuesta Mina extendió la mano en un gesto que comandaba silencio, se encontraban en la bocacalle de una avenida y la guerrera analizba el espacio abierto en busca de algo, enemigos quizá o alguna trampa que les hubieran tendido.

-Cruzamos… -dijo- ¡Ahora!

La orden fue tan contundente que antes de poder pensarlo Star ya se encontraba corriendo en mitad de la calle hacia la relativa seguridad del siguiente callejón sombrío hasta que un rápido tirón en el brazo le hizo cambiar de dirección tan repentinamente que estuvo a punto de enredarse con sus propios pies y caer al piso por enésima vez en ese día; gracias a una afortunada combinación de suerte y destreza pudo evitar la vergüenza y unos momentos mas tarde se encontraba frente a un carromato detenido frente a la entrada de una panadería.

-¿Y ahora?

-Ahora entramos.

Con un suspiro de alivió la princesa dio dos pasos hacia la invitadora puerta del local pero un exasperado bufido de la otra chica le hizo detenerse.

-¿A donde entramos? -preguntó tras una corta vacilación, luego al darse cuenta de que le hablaba al vació continuó, dudosa- ¿Mina?

La respuesta le llegó desde debajo del carromato.

-Aquí -y tras un sonido chirriante de piedra contra piedra la voz le llegó mas apagada- no te preocupes, es seguro.

"Si claro, seguro" -pensó la princesa antes de introducirse resignadamente bajo el carro para luego continuar descendiendo hacia el sistema de alcantarillado de Mewni.

3

Las calles de la ciudad se encontraban inusualmente vacías inclusive para las altas horas de la noche en que la extraña pareja se desplazaba; el joven se movía furtivamente, como si estuviera haciendo algo malo mientras el adulto caminaba tras él como si el mundo le perteneciera, tarareando una cancioncilla por lo bajo y soltando de vez en cuando algún sonoro eructo que hacía saltar al nervioso muchacho lo cual a su vez hacía que el hombre se carcajeara alegremente.

-¿No puede guardar silencio? -el adolescente no tenía idea de porqué se encontraba tan nervioso pero sabía que las constantes pullas de su acompañante no le ayudaban en nada.

-¿Porqué? -repentinamente se puso serio- ¿crees que nos siguen?

-No lo se, es sólo que… -se detuvo al ver la sonrisa burlona en el rostro del hombre- …olvídelo -terminó la frase.

-Vamos muchacho -el Sargento trató de ponerle la mano en el hombro pero el chico se la sacudió, huraño- no tienes que estar tan tenso, ¿no has notado que estamos solos?

-Claro que estamos solos -Marco bufó exasperado- eso nos hace ver mas sospechosos.

-¿Sospechosos?, ¿nosotros? -ahí estaba de nuevo la odiosa sonrisilla llena de falsa inocencia- ¿porqué nos veríamos sospechosos?

-¡Porque vamos a escondidas a liberar a Star!

-¡Ajá! -el hombre le apuntó con el índice- ¡conque ese es tu plan!

-¡Claro que ese es el plan!, ¡¿qué creía?!

-No lo se, es tu plan -se encogió de hombros antes de añadir- no parece un gran plan.

-Hmph, no veo que haga alguna sugerencia.

-Eso es por que nunca preguntaste muchacho.

-¿Podría sugerir algo?

-Si me vas a hablar en ese tono, no.

Marco se apretó los ojos con la mano derecha al tiempo que aspiraba profundamente antes de repetir.

-¿Podría por favor sugerir algo?

-Pero es nada, supongo -el hombre se mesó la barba- para empezar deja de andar de puntillas, no hace ninguna falta.

-Pero la gente…

-Ya te lo dije, no hay más gente -antes de que el adolescente pudiera contradecirlo nuevamente estiró el brazo con la palma abierta hacia él indicándole que guardara silencio- sólo escucha.

Interrumpido antes de su protesta Marco hizo lo que le ordenaban.

-No oigo nada.

-¡Exacto!

-Eso es normal en la madrugada.

-¿Tienes algo entre las orejas además de cerilla muchacho?, ¡hazlo de nuevo!

Irritado, el chico cerró los ojos concentrándose es escuchar todo a su alrededor y de la misma manera que la vez anterior no logró oír nada.

Absolutamente nada.

-¿Qué rayos? -el murmullo salió de sus labios casi sin que se diera cuenta.

-¿Entiendes ahora?

Marco negó lentamente con la cabeza en un gesto automático mientras por su mente galopaban montones de ideas despavoridas.

-Muchacho -el hombre habló suavemente, con paciencia infinita en la voz- si vas a salir de esta necesito que utilices esa cabeza tuya.

-No escucho nada -la confusión luchaba con el miedo en la mirada ligeramente vidriosa del joven- ¿estoy sordo?

El Sargento tuvo que reprimir el repentino impulso de plantarle al chico un sopapo, en vez de eso se acuclilló frente a él.

-Marco -escuchar su nombre hizo que le prestara atención- a mi si me oyes, ¿verdad?

-Si.

-Bien, claramente no estás sordo -el hombre se encogió de hombros, sonriéndole.

-Entonces ¿qué está pasando aquí?

-Piensa por un momento muchacho, ¿qué es lo que está mal aquí? -sin esperar respuesta continuó- no hay ningún sonido además de los nuestros.

El joven asintió sin saber a donde quería llegar su compañero.

-Eso significa que no hay nada ni nadie además de nosotros por aquí.

-Pero…

-Por favor muchacho, no digas "es imposible", entiende que las cosas son cómo son.

-No, no, no -el chico se apretó las sienes- eso no tiene ningún sentido.

-Ah -el hombre suspiró, repentinamente se le veía mas viejo- en cualquier otro mundo tal vez tendrías razón.

-¿De qué habla?

-No es fácil ¿sabes? -el hombre ignoró la pregunta- toda esta responsabilidad y eso, a veces quisiera no ser yo -hizo una pausa, considerando lo que acababa de decir- aunque ¿quién más podría ser?

-No entiendo nada de lo que está diciendo y la verdad es que me está asustando.

Como para demostrarlo dio un paso atrás alejándose de su acompañante.

-Ay muchacho, no tengas miedo, quisiera poder explicártelo pero no hay tiempo.

-Claro que si -el chico no se acercó de nuevo pero tampoco continuó retrocediendo- el hospital aún está a diez minutos.

-¿Eso crees? -el viejo suspiró- en realidad está a la vuelta de la esquina.

-Claro que no, faltan cuatro o cinco cuadras para llegar.

-Muchacho, el mundo -hizo una breve pausa- tu mundo se está encogiendo.

-¿Qué quiere decir?

-Quiero decir lo que quiero decir y aunque me gustaría explicarte todo porque es muy importante ya no nos queda tiempo.

Marco lo miró sin entender ni una palabra, estuvo a punto de abrir la boca con la intención de lanzar una réplica aún sin saber muy bien que pretendía decir pero el viejo lo silenció con un gesto de la mano.

-Ya están aquí -el hombre alzó la barbilla señalando hacia la espalda de Marco- no te des la vuelta -le advirtió.

El adolescente tuvo que luchar contra la inercia del giro que ya había iniciado, no lo consiguió del todo así que terminó mirando hacia una dirección indeterminada entre su acompañante y los "ellos" que había mencionado.

-Escúchame bien muchacho -a pesar de ser casi un susurro el tono en la voz del hombre era perentorio- solamente vamos a tener una oportunidad, cuando te de la señal corre hacia tu chica ¿entiendes?

A pesar de no entender nada de lo que estaba sucediendo Marco asintió firmemente.

-Lo digo en serio, no dejes que te atrapen y no te detengas hasta que llegues con la princesa.

El chico solo tuvo tiempo de asentir apresuradamente una vez más antes de que una voz femenina los interrumpiera.

-Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí?

-No voltees muchacho -la orden lo detuvo justo antes de que iniciara el movimiento- ahora… ¡corre!

-Pero…

-¡Corre! ¡AHORA!

Las piernas del adolescente comenzaron a moverse sin necesidad de que su cerebro interviniera, las palabras del hombre parecían haberse comunicado directamente con sus sistema nervioso y antes de que pudiera darse cuenta ya corría a toda velocidad en dirección al hospital, un momento después el viento le trajo unas últimas, lejanas palabras del hombre que se hacía llamar Sargento:

-Buenas noches Heinous, que agradable verte aquí.

4

-¿Estás segura de que vamos por el camino correcto?

-¿Haz visto que algún desvío desde que bajamos?

Guardaron silencio durante unos momentos, concentrándose en pisar las zonas menos asquerosas de los túneles sin demasiado éxito, en los poco menos de diez minutos transcurridos desde que se sumergieran en el alcantarillado ya se habían encontrado con un roedor de aspecto gigantesco -al que habían espantado con grandes gritos y aspavientos-, montones de cucarachas con aspecto totalmente normal y lo que parecía un excremento especialmente sólido que había pasado flotando a su lado generando gritos y aspavientos aún mayores que la rata.

-¡Creo que me tocó la pierna! -el gritó de la princesa rebotó contra las paredes húmedas obligando a la otra chica a darse la vuelta y ofrecer la poca ayuda que podía.

-Espera -le dijo mientras trataba de alejar el montón flotante de estiércol con una ramita sacada de quién sabía donde- si te sigues moviendo no puedo quitarla.

Star por su parte trataba de hacer lo que su compañera le indicaba pero la sensación pastosa de las heces en su pierna le hacía retorcerse con disgusto.

-Quédate quieta -Mina empujó tan fuerte que su rama quedó atascada y tras un último impulso se alejó flotando pegada al estiércol.

-Gracias -la voz de la princesa sonó dócil.

-No te preocupes -la otra chica sacudió la mano para mostrar que no había sido la gran cosa- ahora, será mejor que sigua…

Un ruido como de viejas uñas rascando los muros la interrumpió a media palabra, se tensó visiblemente preparando su cuerpo para pelear puso un dedo indice sobre los labios para indicar silencio y se dio la vuelta muy lentamente, lista para lo peor.

No había nada tras ella, más relajada se giró nuevamente hacia la princesa sólo para verse reflejada en los ojos completamente abiertos de la chica que miraba hacia el techo con una expresión de asqueado terror.

-Por supuesto -murmuró.

Sin previo aviso dio un saltó mortal hacia atrás extendiendo la pierna derecha hacia el lugar donde había visto dirigirse los ojos de la princesa y fue recompensada por un húmedo squish que le provocó un escalofrío mental, aterrizó suavemente con la pierna aún extendida tras completar un giro de trescientos sesenta grados y le guiñó el ojo a Star con una sonrisa traviesa al tiempo que alzaba el pulgar en señal de victoria pero la expresión en el rostro de la princesa no había cambiado.

-Oh no.

Tras ella se escuchaba el ruido de cientos de patas rascar por todo lo ancho del túnel, con todos los vellos de la piel erizados se giró para averiguar que era lo que provocaba ese sonido tan enervante, por un momento no pudo distinguirlas gracias a la oscuridad del túnel que era casi por derecho propio un ser vivo del pero un segundo después reconoció las siluetas marrones que permitían adivinar la presencia de montones y montones de cucarachas gigantescas, cada una era tan larga como su brazo y mucho mas desagradables.

Cómo si hubieran estado esperando el golpe de efecto causado por su descubrimiento las criaturas iniciaron un veloz avance hacia las chicas, eran tantas que las paredes parecían tener vida propia con las ondulaciones que producía el movimiento, el rascar de sus patitas se convirtió en una cacofonía ensordecedora y como no podía ser de otra manera una de ellas alzó el vuelo en lo que parecía un ataque kamikaze.

Mina no se quedó a atestiguar nada mas.

-¡Corre! -gritó al tiempo que en un sólo movimiento fluido se daba la vuelta nuevamente para huir y jalaba a Star del vestido para que iniciara la carrera.

Pero la princesa no se movió.

Ni siquiera tras un segundo jalón aún mas fuerte cedió un centímetro de su posición, en vez de eso cerraba los puños con tanta fuerza que todo su delgado cuerpo temblaba y en sus ojos ya no existía rastro alguno del terror que antes los había inundado, cuando finalmente se movió fue para dar un paso al frente en contra de la avalancha de insectos, sin decir palabra abrió la mano derecha y lanzó luna bofetada al aire con el dorso, el túnel pareció inundarse con una ráfaga de aire que lanzó a la cucaracha voladora contra las que venían inmediatamente detrás, empujándolas contra las paredes y haciéndolas caer de espaldas sobre sus alas solo para ser aplastadas por montones de sus congéneres que las arrollaron en su afán por llegar hasta la princesa.

Star por su parte no pensaba retirarse, aún tenía la mano alzada y parecía reacia a bajarla, en vez de eso la extendió frente a si con los dedos completamente extendidos y murmuró algo que Mina no alcanzó a escuchar, lo que si escuchó fue el golpe que las alimañas recibieron, si su ataque anterior había parecido un ventarrón este podía compararse con un huracán, de la palma de la princesa emanaba tanto poder que un par de infortunados animales se vieron a si mismos completamente despachurrados por la presión y quedaron tendidos sobre las sucias cañerías rezumando toda una variedad de líquidos ocres a través de las heridas en sus cuerpos deshechos, por un momento la guerrera pensó que con eso bastaría para que las dejaran en paz pero no tuvo tanta suerte, las cucarachas no eran los animales mas inteligentes del mundo y hambrientas como aparentemente estaban -algunas de ellas ya habían comenzado a devorar a sus congéneres caídos- veían a las chicas como una deliciosa comida esperando a ser degustada y ya volvían a la carga.

-Tenemos que irnos -le dijo a la princesa entre las arcadas que le provocaba el fétido aroma que los animales muertos comenzaban a desprender- son demasiados.

-No -el tono de Star fue tajante- ya estoy harta de huir y correr y esconderme detrás de otros.

Cómo para demostrar que hablaba en serio volvió a empujar el aire con la palma abierta y nuevamente envió a sus numerosos atacantes dando tumbos contra las paredes, sólo para que volvieran a alzarse y corrieran hacia ellas con el amenazante sonido de sus patitas repiqueteántes rebotando por los incontables túneles.

-Cada vez son más -Mina no tenía duda al respecto- ¿no te das cuenta?

-¡No importa! -Star se giró hacia ella- ¡que vengan todos!

Al ver el rostro de la princesa contorsionado en una mueca furiosa la guerrera se quedó muda, estaba segura de que la chica que la acompañaba tenía unos preciosos ojos azul cielo pero ahora resplandecían con un verde esmeralda casi venenoso.

Quiso estirar el brazo para tocarle un hombro y tranquilizarla pero ya no había tiempo, las alimañas habían aprovechado el breve momento de distracción para reducir las distancias con ellas y ya las tenían prácticamente encima.

-¡Déjenme en paz! -el cabello de la princesa revoloteó a su alrededor envolviéndola en un halo áureo que le hubiera dado una apariencia angelical de no haber sido por el brillo esmeralda que irradiaba como faros desde sus pupilas.

Y mientras las ondas sonoras continuaban su camino parecían haber adquirido cuerpo aplastando y dispersando a las criaturas sin piedad hasta que todas estuvieron tiradas e inmóviles excepto por alguna convulsión agónica en sus patas y antenas.

Mientras los ecos del último grito se perdían en la distancia un pesado silencio se asentó en el túnel, ambas chicas temblaban aunque por razones muy diferentes; la princesa trataba de calmarse y entender de donde había salido el terrible poder que había utilizado sin querer, tenía los ojos cerrados y respiraba lentamente expulsando el aire en lentas bocanadas. Mina simplemente estaba aterrada, sus ojos iban y venían de la otra chica a la oleada de destrucción que había provocado con un simple grito.

Pasó un buen rato antes de que se atreviera a preguntar, con un hilo de voz.

-¿Qué fue eso?

Star tardó aún un momento en contestar.

-No lo se -dijo al fin, hizo una breve pausa tratando de poner en palabras lo que sólo era una sensación- fue como si toda mi frustración saliera de golpe y…

Se calló, confusa sin saber que más decir.

-Vaya -la guerrera tampoco tenía palabras, nunca antes había visto algo como aquello- pues fue como magia.

-Magia -los ojos de la princesa se iluminaron- si, se sintió un poco como magia, pero diferente.

Mina la miró sin comprender.

-Ummm -Star trató de explicarse- la magia, es como si estuviera alrededor ¿sabes? Y simplemente la tomara para utilizarla, pero esto fue otra cosa, vino desde dentro, era una gran bola de odio en mi estomago y cuando grité salió por mi boca e hizo -señaló el pasillo- pues… esto.

-La verdad es que no entiendo nada -mina negó lentamente con la cabeza- pero tal vez haya alguien entre los míos que si.

-¿Quienes son los tuyos? -Star apartó los problemáticos poderes de su mente por un momento, interesada en esta nueva información.

-Mmm -Mina dudó antes de responder- creo que será mejor que lo veas por ti misma -luego, al ver el gesto de duda en el rostro de la princesa se apresuró a añadir- no te preocupes, son amigos.

-Si tú lo dices.

-¿Acaso no confías en mi?

-Me trajiste a una coladera.

-Por tu bien.

-Ajá.

-Oye - no tenía porqué ayudarte allá arriba ¿sabes?.

-Tienes razón -contestó por fin- gracias por sacarme de ahí.

-No hay de qué -Mina se encogió de hombros antes de continuar caminado- con esos poderes no necesitabas la ayuda realmente.

-La verdad es que no sabía que podía hacer esas cosas.

-Pero sabes de magia, lo que dijiste de que está a nuestro alrededor.

-Si, bueno, normalmente tengo una varita que me ayuda a utilizarla.

-Pues no parece que la necesites.

-Al parecer no.

Star guardó silencio.

-Oye -le dijo a la guerrera tras unos momentos- quiero probar algo.

-¿Qué?

-Espera -la princesa se detuvo nuevamente y cerró los ojos.

-¿Qué sucede?

Star extendió la mano pidiendo silencio, apretó los parpados con fuerza y pujó.

-Ngh -el rostro de la chica se contorsionó- ¡nghhhhh!

-Oye, ¿estás bien?

-No tiene caso -respondió Star jadeando- no puedo hacerlo.

-¿La magia?

-Si, parece que no la puedo controlar.

-Bueno, tal vez cuando la necesites…

-Espero que no la necesitemos otra vez.

-No podría estar más de acuerdo.

Sonrieron y para su sorpresa ese simple gesto alivió gran parte de la tensión que habían sentido hasta entonces.

-Muy bien -accedió Star- vayamos a ver a esa gente tuya.

Así que continuaron por el camino subterraneo dejando atrás la pila de insectos muertos pretendiendo que no estaban ahí.

Con la guerrera por delante dieron vueltas y más vueltas a través de oscuros recovecos muchos de los cuales habrían pasado de largo de no ser por la constante atención de Mina quien en su papel de guía se aseguraba de revisar cada milímetro recorrido con exasperante cuidado.

-Espera -susurró Mina deteniéndose en seco a la mitad de un corredor que a Star le pareció lucía igual a todos los otros que llevaban recorridos- es por aquí.

-¿El qué?

-Shhhh -la silenció la guerrera extendiendo la palma de su mano en el universal gesto para que esperara- déjame ver.

Se acuclilló frente a uno de los muros y comenzó a dar suaves golpes con los nudillos a las diferentes rocas que lo componían, aparentemente al azar.

Star se vio tentada a preguntar algo como "¿qué estás haciendo?" pero la tenaz concentración que la otra chica exhibía le hizo contenerse, contentándose con observar el proceso.

-Ajá -exclamó Mina cuando una piedra prácticamente indistinguible de todas las otras hizo click y comenzó a hundirse en la pared con un sonido rasgado, un instante después el muro mismo siguió su ejemplo desplazándose hacia un lado con una lentitud exasperante.

La chica volteó a ver a la princesa con una mirada ufana que parecía decirle "¿qué tal?", Star le sonrío alzando ambos pulgares sólo para que el gesto de orgullo de la otra se congelara cuando la puerta, abierta apenas un par de centímetros empezara a gruñir y se detuviera.

-No, no, no -Mina le dio algunos golpes, suavemente primero y luego, entre mas se frustraba antes la inamovilidad del acceso con mas fuerza.

Star se le acercó y juntas trataron de obligar al muro corredizo a continuar su recorrido en base a empujones, gruñidos, y finalmente más golpes pero la puerta estaba atrancada y se negó a moverse en cualquier dirección, finalmente las chicas se dieron por vencidas y se derrumbaron agotadas con las espaldas contra la pared.

-Lo siento -dijo Mina entre jadeos.

-No es tu culpa -la tranquilizó Star- pero ¿qué hacemos ahora?

-Hay otro camino, pero no te va a gustar.

-Pues este me parece una coladera -bromeó la princesa.

-Espera y verás -contestó la otra con un suspiro.

5

La carrera de Marco duró apenas unos segundos, cuando se soltó a correr se había preparado para hacerlo durante algunos minutos hasta el lugar donde debería haber estado el hospital pero al final resultó que el Sargento tenía razón: estaba a la vuelta de la esquina.

Y ya no había nada más, a su espalda el mundo se había vuelto negro y el silenció era tan denso que podía sentirlo en la piel, su mundo se había encogido, desaparecido y lo único que quedada era la brillante y blanca mole del Asilo Santa Olga.

Las puertas se abrieron frente a él con un suave zumbido eléctrico mostrando los halógenos pasillos del nosocomio donde, tras una breve pausa para tomar aliento, el chico se adentró.

6

-¡Esto es una coladera! -el grito se Star se vio ahogado por el chapoteo de las turbias aguas en las que se movían ahora.

-Te advertí que no te iba a gustar.

Tras el fracaso con la puerta secreta, Mina había guiado a la princesa por un nuevo camino que las había llevado, siempre descendiendo, hasta el fondo del alcantarillado y ahora se movían lenta y penosamente a través de lo que en el mejor de los casos se podría llamar agua enfangada, tan oscura y maloliente que hasta el momento no se habían topado con ningún otro ser vivo en esa parte del trayecto.

-No se si ya te lo dije -le recriminó Star a su acompañante- pero soy una princesa, no debería estar aquí.

-Pues discúlpeme princesa -estiró la u en tono de mofa- pero este es el único camino, además ya no falta mucho.

-Eso espero -la chica rubia hizo un gesto de asco cuando algo, no quiso saber que, le toco la piel desnuda del brazo- sólo espero que no tengamos que nadar.

Mina esquivó su mirada.

-¡No puedes hablar en serio!

-Relájate princesa -nuevamente el tono de mofa y luego una risilla- era una broma -se detuvo en una encrucijada- de hecho ya estamos aquí.

Star se asomó hacia los dos pasillos que se encontraban frente a ellas y no pudo encontrar ninguna diferencia entre ellos y los incontables que llevaban recorridos.

-¿Estás segura? -preguntó dubitativamente- yo no veo nada.

-Eso es porque no miras en la dirección correcta -la enorme sonrisa de Mina mostraba todos sus dientes- voltea hacia arriba.

La princesa siguió con la mirada el dedo de la otra chica y ahí, sabiendo donde buscar, se apreciaba un parche gris ligeramente menos oscuro que el resto.

-Observa -la guerrera tomó un palo flotante de entre la basura y lo utilizó para golpear el lugar señalado tres veces en rápida suceción y luego dos mas, un poco mas lento; ni un segundo mas tarde el parche había desaparecido revelando en su lugar una trampilla por la que se asomaba un rostro que aunque no precisamente agraciado al menos era completamente mewmano.

-¿Si? -inquirió la cara mugrienta en las alturas antes de abrir mucho los ojos al reconocer a una de las dos muchachas- Mina ¿eres tú?

-¿Tú que crees Belvardo?

-Espera, espera, déjame bajar la escalera -el rostro desapareció en la oscuridad, se escuchó un sonido de arrastre y momentos después una escalera de cuerda cayó por la abertura, las chicas se apresuraron a subir por ella con Mina a la cabeza y una vez que estuvieron arriba Belvardo preguntó -¿cómo es que no utilizaste la entrada principal?

-No se abrió -fue toda la explicación que dio la chica.

Star observó al hombrecillo, su estatura apenas sobrepasaba el metro y medio y claramente había pasado mucho tiempo desde la última vez que había tenido algo decente para comer y aún más desde que había tomado un baño de cualquier clase, decente o no.

-Uff niñas -parecía que el desconocido le había leído la mente-apestan peor que un establo de warnicornios.

-Es lo malo de la puerta trasera -Mina se olisqueó a si misma e hizo un gesto de repugnancia- definitivamente necesito darme un baño.

-Pensé que nos acabábamos de dar uno -se mofó Star.

-¿Y quién es la señorita? -Belvardo le dirigió una mirada torva que le hizo sentirse incómoda.

-Viene conmigo -se apresuró a intervenir Mina colocándose de manera protectora entre la otra chica y el hombre- por favor déjala en paz.

Algo en el tono de voz de la guerrera hizo que el hombre olvidara cualquier pensamiento extraño con respecto a la rubia y diera un paso atrás.

-Ahora, si nos disculpas -Mina comenzó a caminar tomando a Star de la mano para jalarla tras de si- vamos a darnos ese baño.

-Hmph -refunfuñó el hombrecillo- a ver si Moon les da permiso.

-¿Moon? -Star se soltó de la otra chica- ¿mi mamá está aquí?

No pudo sino notar la extraña mirada que le dirigieron los otros dos.

-¿Moon es tu mamá? -Mina parecía perpleja- yo pensé que…

-¿Qué?, ¿qué pasa?

-No es nada, será mejor que vayamos con ella, el baño puede esperar.

La guerrera volvió a avanzar con la princesa siguiéndola un par de paso atrás, visiblemente confundida.

-Oye -hizo un intento fallido de detenerla- ¿dije algo malo?

-No, no lo se -hizo una pausa cómo si fuera a decir algo más pero se contuvo y en vez de eso le indicó- vamos, Moon debe estar por aquí.

Star se dejó guiar por su compañera mientras observaba el lugar donde se encontraban, a pesar de ser parte del sistema de alcantarillado parecía una pequeña villa llena de gente y vida, por todas partes se podían ver casitas hechas con palos y tela, algunas hogueras proveían de luz y calor lo que de otra manera hubiera sido un ambiente frío y húmedo, las personas que se reunían en grupos de tres o cuatro alrededor de los fuegos platicaban relajadamente y tan sólo unos pocos se les quedaron viendo mas allá de un par de segundos.

Mientras la princesa contemplaba lo que sólo podía describirse como un día normal en aquel lugar una niña pequeña se les acercó y empezó a caminar junto a ellas.

-Ven a jugar con nosotros -le dijo a Mina jalándola del brazo.

-Ahora no puedo Eli -la chica le acarició la cabeza con cariño- tal vez mas tarde.

-¿Porqué no? -la niña hizo un puchero- ella también puede venir -dijo señalando a Star con la cabeza.

-Necesitamos ver a Moon -respondió Mina con paciencia- ¿no sabes donde está?

El rostro de la niña se iluminó mientras una sonrisa pícara le cubría el rostro.

-¿Si te digo donde está puedes jugar conmigo?

Mina sonrío.

-Llévanos y ya veremos -dijo de manera juguetona.

Sin necesitar más respuesta la niña corrió un par de metros antes de detenerse y gritarles.

-¡Alcánzame si puedes!

Las chicas rieron y comenzaron a correr tras la pequeña asegurándose de siempre dejarla estar unos pasos frente a ellas y haciendo intentos fingidos de atraparla sólo para dejarla ir en el último momento lo que provocó las risas de la niña en cada ocasión.

Por desgracia el juego no pudo durar mucho pues antes de que se dieran cuenta se encontraron frente a la tienda mas apartada del lugar, la hoguera mas cercana estaba a unos buenos cinco metros por lo que la luz apenas la alcanzaba y parecía semi escondida entre las sombras, la tela también lucía diferente a la de las demás, en vez de parches sacados de aquí y allá era una sola pieza que a pesar de su obvia antigüedad aún dejaba ver la calidad de su hechura y materiales.

-Eli, ve a jugar con los demás -le ordenó Mina, repentinamente seria.

Para sorpresa de Star la niña no protestó y se alejó silenciosamente tras darle un rápido abrazo a la guerrera y dirigirle a ella una breve inclinación de cabeza.

Por alguna razón la princesa sintió nervios, sabía que la Moon que iba a encontrar ahí no era su madre así como la Mina a su lado no era la guerrera contra la que se había visto obligada a luchar en el pasado, pero la claustrofobia inherente al lugar donde se encontraban combinada con los sucesos de las últimas horas le hacían sentir cierto desasosiego que permaneció con ella mientras entraban, agachándose una detrás de la otra, a la tienda; dentro estaba tan oscuro que durante un instante solo vio negro, no fue sino hasta que sus ojos se ajustaron a las tinieblas que pudo distinguir la figura tan familiar como extrañamente desconocida que yacía sentada con la espalda increíblemente recta en un tosco trono de madera, a su lado Mina imitó a la mujer adoptando una posición firme casi militar.

-Mina -la voz de la mujer era tan fría que la temperatura en la habitación pareció descender varios grados- cumpliste tu misión -no era una pregunta.

-No Moon -hubo un ligero temblor en la voz de la guerrera al contestar- pasaron algunas cosas y todo se complicó.

-Cosas -contrario a lo que la princesa esperaba el tono de la mujer no varió- ¿qué cosas?

-Los guardias estaban demasiado alertas, no tuve mas opción que retirarme.

-Mina -la mujer se inclinó un poco hacia las chicas- sabes lo importante que era tu misión, ¿verdad?

-Claro que lo se -la guerrera estuvo a punto de dar un paso atrás pero se contuvo- mañana a primera hora saldré de nuevo, no fallaré.

-Eso espero Mina -la mujer volvió a su posición original- necesitamos esas provisiones.

-Lo entiendo, no fallaré nuevamen…

-¿Quién es tu amiga? -Moon la interrumpió a media frase con una pregunta exenta de toda curiosidad - no me parece haberla visto antes.

-Ella… mmm… ella fue la que puso a los guardias en alerta.

-Y aún así la trajiste aquí.

-La estaban persiguiendo Moon, necesitaba ayuda.

-Por supuesto, por supuesto -la muer agitó la mano indicándoles que se marcharan.

Las chicas obedecieron sin rechistar, avanzaron de espaldas hasta encontrarse nuevamente fuera de la tienda y se dirigieron juntas hasta la fogata mas cercana, por el rabillo del ojo Star vio que Eli las seguía curiosa pero sin osar acercarse.

-Y -Mina sonaba pensativa- ¿que opinas de tu mamá?

-No es mi mamá -Star se encogió de hombros- sólo se ve como ella.

-Vas a tener que explicarme muchas cosas amiga mía.

-No se si sea buena idea.

-No te lo estoy pidiendo, es lo menos que merezco por los problemas en los que nos metiste.

-Mmmm -la princesa estuvo a punto de decir que ella no le había pedido involucrarse pero ya había pasado por ahí- está bien, te diré lo que pueda pero antes de verdad necesitamos ese baño.

-En eso estoy de acuerdo, sígueme.

Y la siguió hasta un cuarto adaptado como baño, lo cual quería decir que contaba con un mínimo de privacidad y que contenía un gran total de un cubo lleno de agua que no olía a alcantarilla y un montón de recipientes pequeños con los cuales echarse dicha agua por el cuerpo.

-Toma -Star no supo de done había sacado su acompañante una diminuta pastilla de jabón y un estropajo pero los tomó agradecida y con ellos dio comienzo a sus abluciones.

-Procura no tirar mucha agua, no es fácil encontrarla aquí abajo.

La rubia asintió y tuvo mucho cuidado de usar la menor cantidad posible del líquido.

-Lo que no daría por una bañera -se lamentó.

-Escuchen a la ricachona -se mofó la otra chica- ¿tienes dinero entonces?

-Se podría decir que si -Star se sintió inmediatamente avergonzada por su frivolidad- lo tenía, al menos.

-Ya veo -asintió la otra- la vieja historia de la princesita caída en desgracia- hizo un gesto melodramático con el dorso de la mano sobre su frente- ¡el horror!, ¡el drama!

-No te burles -Star le arrojó el estropajo y se sorprendió cuando Mina no lo esquivó y le dio en toda la cara haciéndola toser.

-¡Eh!, ¡ten cuidado!

-Lo siento -una risilla de la princesa.

-Bueno -dijo la guerrera con una sonrisa a su vez- ahora que ya estás más tranquila platícame todo.

-Como dije -suspiró Star- te platicaré lo que pueda.

-Adelante pues.

-¿Por donde empiezo?

-El principio suele ser un buen lugar.

-Muy bien, muy bien -hizo una pausa para acomodar sus ideas y luego empezó- Me llamo Star Butterfly, mucho gusto por cierto, y soy la princesa de Mewni.

Se detuvo para valorar la reacción de la otra chica pero el rostro de Mina se había vuelto inescrutable así que prosiguió.

-Hubo un… accidente y me tuve que ir a vivir a la tierra, un mundo sin magia, tuve muchas aventuras ahí y la pasé muy bien pero el otro día desperté en otro lugar, un mundo parecido a la tierra y ahora estoy aquí por una sesión de hipnosis y ya no se que está sucediendo.

-Espera, espera -la guerrera empezó a caminar por toda la reducida estancia- dices que eres de Mewni.

-Si.

-Esto es Mewni.

-En el mío mi mamá es la reina.

-Entonces si que eres una princesa.

-Si.

-Vaya.

-Oye, ¿no te extraña nada de lo que te estoy diciendo?

-¿Después de verte utilizar magia?, estoy dispuesta a darte el beneficio de la duda.

-¿Qué tiene de raro?

-Dijiste que en la tierra no hay magia como si fuera algo extraño, aquí tampoco tenemos de eso.

-Pero es Mewni.

-Pues aún así, nada de magia, nadita.

-Pero hay monstruos.

-¿Qué pasa con ellos?

-¿No son mágicos?

-¿Porqué tendrían que serlo?

-Oye, no se vale responder una pregunta con otra.

-Primero, tú acababas de hacerlo y segundo: hasta donde yo se, no pueden hacer las cosas que tú hiciste.

-No, no, claro que no, pero si no son mágicos ¿cómo explicas al hombre lagarto?

-¿Cuál de todos?

-¿Hay más?

-¿Qué crees que sólo hay uno de cada uno?, eso es algo racista.

-Ugh, está bien -Star se pasó una mano por el rostro en señal de frustración- uno de los guardias que me perseguían era un lagarto enorme, por lo menos unos tres metros.

-Déjame adivinar, andaba con una pequeña rata, ¿verdad?

-Ahora que lo mencionas si que se movía como una rata.

-Esos son Ricardo y Turkle, normalmente están de guardia en la puerta o dando vueltas por el mercado, por suerte para ti no son demasiado listos.

-Pues bien que huimos de ellos.

-Oye, que no sean los mas brillantes no quiere decir que no sean peligrosos, Ricardo golpea como patada de warnicornio y Turkle es muy diestro con los cuchillos, especialmente si te agarra desprevenida.

-Los conoces bien, ¿verdad?

-Hemos tenido nuestros encuentros, si.

-Al menos es bueno ver que en este Mewni si se toma en cuenta a las criaturas.

-¿Que pasa con ellos en ese otro Mewni del que hablas?.

-Ugh, es horrible, siempre nos han enseñado que son malvadas, que luchamos contra ellas y las vencimos pero en realidad creo que les quitamos sus tierras y no es justo, hay gente muy buena entre ellos, mi amigo Buffrog por ejemplo adora a sus renacuajos que por cierto son los bebés mas lindos que te puedas imaginar, una vez Marco y yo los tuvimos que cuidar y a la pequeña Katrina le salieron sus patitas -Star suspiró- fue el mejor día.

-Je, algo así me pasa con Eli, siempre la tengo dando vueltas a mi alrededor -Mina sonrío- es una buena niña.

-Se nota que te admira.

-Es como una hermanita, a veces puede ser latosa pero…

Cómo si la hubiera invocado escucharon un agudo alarido infantil y de alguna manera ambas supieron que se trataba de Eli.

-¡¿Qué está pasando?! -gritó Star mientras se apresuraban a ponerse la ropa y salir de la habitación que hacía las veces de baño.

-¡No tengo idea! -Mina también gritó para hacerse oír pues el clamor se había extendido entre todos los habitantes de las alcantarilla- ¡pero voy a averiguarlo!

La escena que encontraron fuera sólo podía describirse como apocalíptica, toda la tranquilidad previa había desparecido de la gruta y ahora las personas corrían de un lado para otro, la mayoría de las hogueras habían sido apagadas y las que quedaban encendidas lo estaban de puro milagro pues la humedad omnipresente ya estaba dando buena cuenta de ellas, Mina detuvo a un hombre que pasaba apresuradamente a su lado armado con una lanza mal hecha tomándolo por el hombro.

-Troile ¿verdad? -el hombre asintió y Star no pudo evitar notar que estaba asustado- ¿qué está pasando aquí?

-¡Nos encontraron Mina!, ¡ya vienen!

Como para confirmar sus palabras el túnel de acceso retumbó dos veces antes de que se escuchara a lo lejos como un pared se venía abajo.

-¡La puerta ha caído! -el grito provenía de la misma dirección, su emisor salió corriendo del pasaje en dirección a la tienda de Moon- ¡tenemos que huir!

-Mina -Star no comprendía lo que sucedía a su alrededor- ¿qué está pasando?

-Ahora no Star, tenemos que evacuar, este sitio ya no es seguro.

-¿Que necesitas que haga? -la princesa dejó sus dudas de lado y se preparó para entrar a la acción.

-Ayúdame a reunir a los niños, hay que sacarlos de aquí cuanto antes.

Se separaron para buscar a los infantes, algunos de ellos ya se encontraban con sus padres y fue imposible separarlos pero la mayoría corrían por todas partes espantados por los eventos que no alcanzaban a comprender y llorando como único medio de defensa, cuando las chicas se reunieron de nuevo habían conseguido reunir entre las dos aproximadamente una docena de niños.

-Star -había ansiedad en la voz de la guerrera- no encuentro a Eli.

-Tal vez haya huido con sus papás -sugirió la princesa.

-No lo entiendes, sus papás murieron hace mucho.

-¿No tienes alguna idea de donde pueda estar?

-Ya busqué en todos sus escondites habituales, no está por ninguna parte.

-Rayos… ¿qué hacemos ahora?

-¡No puedo dejarla Star!

-No digo que lo hagas -la rubia señaló a los niños que las miraban expectantes- pero también tenemos que encargarnos de ellos.

-Lo se, lo se -Mina se masajeó las sienes tratando de pensar hasta que finalmente tomó una decisión- mira, tengo que encontrarla -le dijo- ¿puedes llevar a los niños por el lugar que usamos para entrar?

-Claro -asintió Star- te espero ahí.

-No, no se que hay ahí fuera, si ves la oportunidad de ponerlos a salvo no lo dudes.

-¿Y tú?

-No te preocupes, puedo defenderme sola -le guiñó el ojo- y se que tú también.

Se dio la vuelta para irse a buscar de nuevo pero antes de hacerlo giró la cabeza.

-Buena suerte Star, ojalá nos veamos de nuevo.

Y salió corriendo.