Capítulo 12

Las pruebas de Marco Díaz.

1

La habitación donde habían encerrado a Marco se encontraba sumida en una apacible oscuridad rota solamente por el tenue resplandor de la vela que le había dado el guardia antes de cerrar la puerta y que ahora se consumía lenta e implacablemente para darle vida a la pequeña llama que danzaba sobre ella; a pesar de llevar horas acostado en la mullida cama y tener los ojos cerrados en un intento por conciliar el sueño, el Arenero se negaba a proporcionarle al chico el descanso que tanto necesitaba, en la pantalla de su mente se repetía el momento en que Tom había desaparecido, una vez tras otra veía la confusión en el rostro de su amigo y cada vez este se transformaba en el del soldado que había matado en su arranque de furia, otro chico como ellos que ya nunca más regresaría a su hogar.

En un intento por relajarse respiró profundamente para luego soltar el aire con lentitud, y esa simple acción le produjo un escalofrío al recordar los últimos estertores de las personas a las que había visto morir, eso le llevó a pensar en como podrían haber sido sus últimos suspiros si Buff Frog y las criaturas no hubieran llegado cuando lo hicieron lo que a su vez llevó a su mente a los momentos en que Moon los había traicionado.

Sólo que no había sido una traición ¿verdad?, simplemente había asumido que la mamá de su mejor amiga le haría caso, hecho promesas vanas fundamentadas en una creencia errónea y ahora por su culpa todos los que habían arriesgado sus propias vidas para ayudarle se encontraban encerrados en las heladas mazmorras del castillo de Mewni.

En realidad no tenía idea de la temperatura a la que se encontraban los calabozos, ni siquiera sabía si el castillo los tenía pero le parecía algo probable y en ese caso también era casi un hecho que eran de lo mas lúgubres y húmedos, se imaginó a los monstruos amontonados dentro de las celdas y la comodidad de su propio lecho le pareció aún mas intolerable que antes, en un intento desespera por despejar su mente trató de contar ovejas pero tras el paso de unos cuantos animalitos algodonosos las imagenes de sus amigos comenzaron a desfilar frente a los ojos de su mente.

Y la peor parte era que a pesar de todo lo que le había sucedido, después de todos los sacrificios realizados no se encontraba más cerca de encontrar a su mejor amiga.

¿Cómo habían llegado las cosas hasta ese punto?

Aún no tenía idea de lo que le había sucedido a la princesa, se había limitado a seguir a la improbable luna roja a cada vuelta del camino y ni siquiera sabía si la chica se encontraba bien.

Pero eso tampoco era verdad del todo, de alguna manera estaba seguro, completamente seguro, de que su mejor amiga estaba a salvo, no tenía idea de porqué pero la certeza era absoluta.

Con esa idea en la cabeza dejó volar su imaginación y no pasó mucho tiempo antes de que Star llenara sus pensamientos, la imagen de la princesa feliz porque algo le había salido bien se sobrepuso a su cara enfurruñada por alguna contrariedad, la recordó aprendiendo a utilizar su bicicleta y sentada a su lado en el sofá viendo alguna película al azar y comiendo nachos, la recordó morada, con mas brazos de lo habitual, pero sobre todo la recordó emocionada luchado contra las fuerzas del mal.

Hacia cualquier lugar que girara en su imaginación podía ver a la princesa rubia, su mejor amiga, la persona que le era más importante que cualquier otra en todo el mundo.

Star.

Star.

-Star -susurró.

-No es bonito llamar a una chica por otro nombre -la juguetona voz femenina hizo que Marco abriera los ojos espantado, saltara de la cama y se pusiera en guardia, todo en un solo movimiento.

-Muy impresionante -concedió Hekapoo- aunque tal vez algo de ropa hubiera ayudado, ya sabes, por aquello de la imagen.

El chico se puso rojo como un tomate al darse cuenta de que, efectivamente, se encontraba vestido solamente con un camisón de dormir y un ridículo gorrito que en su opinión le hacía parecer un bufón pero que había sido demasiado educado para rechazar cuando se lo dieron y terminó poniéndose antes de acostarse.

-H-Poo, ¿que haces aquí? -preguntó y luego, eternamente el chico seguridad- ¿está todo bien?

-Sabes tan bien como yo que no, -repuso ella- nada está bien Marco.

-No, tienes razón -el chico no supo que más decir.

La mujer se le quedó viendo, no era común que su amigo se quedara sin hacer nada cuando las cosas se ponían difíciles así que decidió confiar en el talante aventurero del chico y darle un poco de tiempo para que calentara sus motores antes de entrar en acción.

-No -repitió Marco- esto no está bien, H-Poo, necesitamos ayudar a nuestros amigos.

-Je -la mujer sonrío- sabía que ibas a decir algo así.

-¿Cómo lo hacemos? -la mente de Marco ya comenzaba a trabajar- ¿crees que podamos hacer un par de portales?, tal vez uno que los lleve hacia los pantanos o…

-Marco -la mujer le puso una mano en el brazo- ya casi no me queda magia y me parece que tus tijeras ya se agotaron.

-Eso sin mencionar que me las quitaron antes de encerrarme aquí -el joven guardó silencio, pensativo- ¿pero entonces cómo entraste?

-Pfff -La sonrisa de su amiga mostraba tantos dientes que resultaba casi amenazadora- como si necesitara magia para eso.

-¿Entonces podemos salir de aquí?

-Los caballeros delante -bromeó ella.

-¿H-poo?

-¿Si?

-¿Podrías salir primero? -el tono avergonzado en la voz del chico la sorprendió.

-¿Qué sucede?

-Sigo en pijama.

-Ah, claro -la mujer no se movió ni un centímetro.

-H-Poo, por favor -ahora era casi una súplica.

-Está bien, está bien -la mujer le sacó la lengua pero concedió dándose la vuelta para concederle al chico cierta privacidad.

Marco aprovechó para vestirse lo más rápidamente que pudo y no pasó mucho tiempo antes de que le avisara a su amiga:

-Muy bien, estoy listo.

-Ya iba siendo hora, vamos.

A pesar de que la mujer le había prometido que era seguro salir de la habitación Marco no estaba dispuesto a correr ningún riesgo así que abrió la puerta un par de milímetros y, solamente tras comprobar con sus propios ojos que nadie pretendía emboscarlos del otro lado, se atrevió a abrirla completamente y poner un pie fuera, el soldado que había estado de guardia se encontraba derrumbado en el piso y el ojo atento del muchacho descubrió con rapidez una significativa abolladura en el casco que le dijo todo lo que necesitaba saber sobre la manera en la que su amiga había conseguido ingresar al cuarto, la patada extra que le propinó cuando pasaron a su lado fue completamente gratuita pero el joven prefirió no decir nada.

Avanzaron por los silenciosos corredores del castillo con cuidado y tratando de no hacer ruido pero todas sus precauciones probaron ser vanas pues no se toparon con nadie durante el trayecto, Hekapoo había tomado el liderazgo de la expedición después de que Marco le preguntara por la ubicación del calabozo y así habían continuado, con el chico un par de paso por detrás, siempre vigilante a pesar de todo.

Tras un rato la mujer redujo el ritmo permitiendo que el chico la alcanzara.

-Así que -le dio un codazo- estabas soñando con la princesita ¿eh?

-¿Eh?, ¿de que hablas? -Marco la miró patidifuso.

-No te hagas el loco -la mujer le dirigió su sonrisa más traviesa- no parabas de repetir su nombre.

Cómo era de esperar Marco se puso mas rojo que el cabello de su acompañante.

-¡Eso no es cierto! -se defendió el chico- sólo lo dije una vez.

-Sólo lo susurraste una vez -le corrigió la mujer triunfante- muy romántico y todo, ¿qué ideas tenías en esa bonita cabeza tuya?

-Ugh -Marco ya no sabía donde meterse -estoy preocupado por ella ¿si?, no sabemos donde está o si se encuentra en problemas...

-Definitivamente se encuentra en problemas -Hekapoo se puso un poco mas seria- pero al menos sabemos que está bien.

-¿Ah, si?

-Claro, mientras tú estés bien significa que ella también, ¿sabías que están unidos por magia muy antigua?

-Creo que ya lo sospechaba -el chico se permitió relajarse un poco- al menos tenía esa sensación.

-¿Era lo único que estabas sintiendo? -la sonrisa sardónica regresó con toda su fuerza- no seas tímido Marco, ya no eres un niño.

-Si -esta vez no se dejó distraer por la pullas de su amiga- es como un presentimiento o algo así, no se como explicarlo, pero creo que si algo malo le pasara yo lo sabría.

-Tienes razón -concedió Hekapoo- aunque es más que eso, si algo realmente horrible le pasara es muy probable que tú también terminaras afectado.

-¿O sea que si la hieren yo también sangraría?

-No puedo decirlo con seguridad, nadie había sido tan tonto como para someterse al hechizo de la luna roja antes, al menos no que yo sepa, pero creo que mas bien sería algo como que a ti te herirían también, sincronía universal y todo eso.

-O sea que cuando estábamos luchando…

-Si, ella también estaba en peligro.

-Rayos.

-No juegues con magia antigua, -Hekapoo se encogió de hombros- nunca sabes que puede suceder.

-Que buen consejo -refunfuñó él- hubiera sido bueno saberlo antes.

-Oye, mira el lado amable.

-Tienes razón -concedió Marco tras pensarlo un rato- si se hubiera unido a Tom… -se le hizo un nudo en la garganta y no pudo continuar.

-Oye -Hekapoo apoyó suavemente una mano en su hombro para reconfortarlo- no podías hacer nada.

-Hekapoo -el chico giró la cabeza para mirarla- ¿que está sucediendo?

-¿Honestamente? no lo se, pero estoy segura que cuando encontremos a la princesa todo se aclarará.

-Ojalá tengas razón.

-Ya verás que si, pero ahora te necesito aquí -la mujer desvió el tema- ¿cómo vamos a rescatar a nuestros amigos?

-Ummm -Marco se rascó la barbilla- dices que no te queda magia.

-Nada, cero, ni un poquito.

-Y no tenemos ni un par de tijeras.

-Las tuyas están acabadas y yo no traigo ningunas conmigo.

-¿Y el par que robó Pony Head?, a esas aún les quedaba jugo la última vez que las vi.

-¿Quién sabe?, hace décadas que no las veo -mintió la mujer, lo cierto es que las tenía a buen resguardo en su dimensión como un recuerdo de los años que habían pasado juntos.

-No parece que tengamos muchas opciones mas allá de cargar contra los guardias del calabozo y liberarlos ¿verdad?

-Eso parece.

-Sin embargo -continuó pensando el chico- si son demasiados no tendremos ninguna oportunidad.

-Marco, acabamos de enfrentarnos a un ejercito.

-Si y no tengo idea de como conseguimos siquiera sobrevivir, no creo que podamos pedirle a la suerte que nos saque de todos nuestros problemas.

-No, en eso tienes razón -concedió la mujer- ¿entonces huimos y esperamos un mejor momento para rescatarlos?

-No, no podemos abandonarlos, arriesgaron todo por nosotros, no podemos fallarles.

-Pensé que dirías eso -Hekapoo hizo crujir los nudillos- entonces un ataque directo será.

-Supongo que es nuestra única opción… a menos que…

Hekapoo que ya se dirigía briosamente en dirección a las mazmorras se detuvo.

-A menos que ¿qué?

-Bueno, estaba pensando que después de todo quizá si podamos conseguir un par de tijeras.

-¿Ah si?

-H-poo, se que puedes sentir todas tus creaciones en el multiverso, así que por favor no me digas que no sabes de lo que hablo.

-Está bien, está bien -la mujer sacudió la cabeza- es sólo que tengo algo de estrés acumulado ¿sabes?, me habría venido bien partir algunas cabezas.

-Velo de esta forma, ¿no te ayudaría el robarle sus tijeras a la reina?

-Bueno -la sonrisa que se extendió por el rostro de Hekapoo era de pura travesura- ya que lo pones de ese modo…

-Bien -Marco le sonrío a su vez con los ojos brillantes- entonces, ¿cómo lo hacemos?

-Creo que deberías adelantarte hacia el calabozo y dejar que yo me encargue de Moonie.

-H-poo eso literalmente no tiene ningún sentido, primero, no creo poder luchar con un solo guardia armado -la mujer estuvo a punto de protestar pero la detuvo con un gesto- segundo, si robamos las tijeras podemos entrar y salir con nuestros amigos sin causar ningún escándalo y tercero… -murmuró algo por lo bajo para luego guardar silencio.

-¿Si?

-La verdad es que no se me ocurre nada más -admitió- pero aún así tu plan no tiene sentido.

-Marco, si crees que enfrentar un par de guardias armados es peligroso es porqué nunca has visto a Moonie enojada, puede que ya no tenga la varita pero créeme cuando te digo que puede llegar a ser muy perjudicial para tu salud.

-Te creo H-poo, y por eso tengo que ir contigo.

-Marco, no me estás entendiendo, si llegamos a lo peor no voy a poder defenderte.

-No es lo que te estoy pidiendo, sólo opino que es más práctico, además no sabemos cuanta carga le quede a sus tijeras, mas vale que nos mantengamos juntos todo el tiempo posible sólo por si acaso.

-No te voy a poder convencer de lo contrario, ¿verdad?

-Nop -el humano negó con la cabeza.

-Entonces vamos -la mujer se encogió de hombros y comenzó a andar nuevamente, esta vez en dirección opuesta.

2

Cuando Marco dejó atrás el pequeño mundo envuelto en tinieblas las poderosas luces halógenas que inundaban los pasillos del hospital lo enceguecieron por un momento, tuvo que tallarse los ojos suavemente y parpadear un par de veces antes de poder ver con propiedad nuevamente y cuando finalmente consiguió hacerlo se encontró en una sala de recepción de lo mas normal excepto por el hecho de que estaba completamente vacía, sin pacientes ni personal que hicieran ruido el lugar estaba tan silencioso como una tumba, solamente el leve zumbido de las lamparas que hacía de fondo para los cientos de pitidos de maquinas desconocidas subrayados por el constante hummmm del sistema de aire acondicionado rompían el opresivo silencio que lo rodeaba.

Todo era tan blanco e inmaculado que daba la impresión de nunca haberse utilizado, las bancas parecían completamente nuevas como si ningún trasero enfermo e impaciente se hubiera sentado en ellas, el piso no parecía haber sido pisado por ningún zapato o recibido el bautismo de un trapeador, simplemente lucía cómo si nadie se hubiera parado antes sobre el y Marco fuera la primera persona en poner un pie dentro de unas instalaciones aún sin estrenar.

-¿Hola? -se atrevió a llamar débilmente y luego mas fuerte cuando no hubo respuesta- ¿hay alguien?

Se quedó donde estaba por un instante sin saber que hacer, por curiosidad se asomó tras el mostrador donde encontró un montón de papeles ordenados en pulcras pilas, todos completamente en blanco, había también una tabla para sujetar documentos que que claramente nunca se había utilizado y un juego de plumas a todas luces recién salidas del empaque, por supuesto nadie se escondía tras la estructura por lo que el chico abandonó la inútil pesquisa y se quedó parado mirando hacia las entrañas del lugar; la sala donde se encontraba derivaba en varios pasillos que parecían extenderse de manera indefinida hacia el horizonte, todos se veían idénticos con puertas y mas puertas una tras otra, Marco suspiró, iba a ser una búsqueda larga y tediosa, como no había nada que le ayudara a saber por donde ir para encontrar a Star finalmente tomó la decisión de empezar por el corredor mas a la izquierda e ir revisando uno por uno hacia la derecha, de esa manera se aseguraría de no pasar nada por alto.

Cerró los ojos, respiró hondo y apenas había dado un par de pasos cuando una desagradable voz femenina a su espalda lo obligó a detenerse.

-La verdad es que no te recomiendo ir por ahí, -el chico se giró y se encontró de frente con una mujer algo mayor que a juzgar por su atuendo consistente en pijama quirúrgica, bata y un inevitable estetoscopio colgado del cuello era parte del personal médico del hospital- hay cosas malas en este lugar.

-Eh -a pesar de que técnicamente no había nada extraño en la mujer, los sucesos de la noche hicieron que Marco se pusiera en guardia tras un momento de confusión- ¿quién es usted?

-Si de verdad necesitas saberlo, me llamo Henrietta y trabajo aquí -hizo un amplio gesto con la mano señalando al hospital, luego añadió con una sonrisa cuidadosamente diseñada para derretir un iceberg- ¿puedo ayudarte en algo?

-Estoy buscando a mi… amiga -balbuceó el chico dejándose llevar por la confianza que le inspiraba el uniforme de la mujer- la trajeron sus papás hace poco y quiero saber como está.

-¿A estas horas de la noche? -la mujer le dirigió una mirada cómplice- tu amiga debe ser muy importante para ti.

-Si -murmuró el joven.

-En fin -lo cortó la mujer- el hospital no recibe visitas a estas horas, deberías volver mañana.

-Lo se, lo se, es solo que…

Se quedó callado pues no tenía ninguna respuesta ni razón válida para estar ahí, ahora que lo pensaba había salido corriendo de su casa sin ningún motivo real en busca de Star, una acción tan irracional se podía esperar perfectamente de ella pero él era diferente, simplemente se había dejado influenciar por la angustia de perder a su amiga y ahora estaba haciendo el ridículo, racionalizo.

-Tiene razón -terminó por fin- por favor discúlpeme.

-No te preocupes cielo, son cosas del amor -su enorme sonrisa no flaqueó pero a Marco le pareció ver algo más en ella, algo casi depredador.

-Disculpe -repitió y ya se dirigía hacia la puerta tras la que no se veía nada mas que oscuridad cuando algo encajó en su mente- ¿qué quiso decir con que hay cosas malas?

-Quiso decir cosas como ella -la voz masculina sobresaltó a la mujer.

-¿Qué haces aquí? -no quedaba nada del tono meloso que había utilizado con el chico, su voz poseía ahora una cualidad viperina.

-Por favor Heinous, ¿o debería llamarte Henrietta?, ¿doctora Mohr? -el hombre se rió por lo bajo- No salgas Marco -le dijo al chico- no hay nada ahí fuera.

-¿Sargento? -el joven ya no tenía idea de lo que estaba sucediendo así que repitió la pregunta de la mujer- ¿qué hace aquí?

-¿Sargento? -repitió la mujer y el siseo en la ese sonó casi como un silbido- ¿así te haces llamar ahora?

-Aw -se quejó este- arruinas mi identidad secreta.

-¿Qué? -preguntó Marco confuso- ¿de qué hablan?

-No te preocupes por eso, chico -el hombre le guiñó el ojo.

-Que no te engañen, niño -había veneno en la voz de la mujer- o acabarás lamentándolo.

-Oh, por favor -el hombre se giró hacia ella- déjalo en paz, ¿no ves que me está ayudando a detenerte?

-Ja -se mofo ella- no lo lograste cuando tenías poder.

-Cierto, cierto -asintió el hombre- pero tengo algo mejor -señaló a Marco con el pulgar- lo tengo a él.

-¿Crees que este pequeño humano puede salvar el mundo?

-No, por supuesto que no, -el Sargento se rió ante la pregunta- creo que puede salvar a Star.

-¡Ja! -se burló la mujer- ¿ese es tu gran plan?, ¡pues ya es demasiado tarde!

-¿Tarde? -Marco miró al hombre- ¿tarde para qué?

-Nunca es tarde muchacho, -le respondió este- cómo dice el dicho: mientras hay vida hay esperanza.

-¿No te has fijado allá afuera? -la mujer extendió el brazo hacia la puerta- Ya no hay vida, ¡ya no tienes esperanza!

-Ah pero nosotros seguimos aquí ¿no?, eso significa que la princesa también.

-Apenas -escupió ella- pronto se habrá ido y con ella este mundo de porquería.

Marco no pudo resistir mas.

-¡¿Alguien me quiere explicar que está pasando aquí?!

-Nada me gustaría mas muchacho -el hombre se volvió hacia él- pero como ya te habrás dado cuenta el tiempo se te está acabando, así que ve y rescata a esa novia tuya -le sonrió- se el caballero que ella cree que eres.

-¡No tan rápido! -Heinous saltó frente al chico para impedirle avanzar- ¡no te he dado permiso para irte!

-Pero yo si -el hombre se movió tan rápido que pareció aparecer entre ellos- vete ya Marco.

Heinous siseó , trató de acercarse al chico nuevamente y de nuevo fracasó en su intento, el joven dio un par de pasos inseguros antes de volverse para preguntar tímidamente.

-¿Por donde?

El adulto suspiró.

-Elije el que más te guste, no hay forma de que te pierdas -lo pensó durante una fracción de segundo y añadió- recuerda, ella está en el centro de todo.

El chico asintió y salió corriendo una vez más por el primer pasillo a la izquierda.

3

El silencio que reinaba en el palacio no sólo era sorprendente para una estructura que debería haber creado ecos a partir de cada recoveco posible sino que además le estaba poniendo a Marco los nervios de punta, a pesar de que el sonido de sus pasos era absorbido de alguna forma por los helados y enormes bloques de concreto sólido que componían las paredes y el techo de la titánica estructura su instinto le obligaba a tratar de guardar el mayor silencio posible haciendo que su andar se pareciera al de un gato utilizando calcetines más que al de un ser humano común y corriente.

-¿Quieres parar eso? -le espetó Hekapoo en un susurro al hartarse por fin de las torpes maniobras del chico por permanecer sigiloso.

-Perdón -se disculpó mansamente el chico- es que no quiero que nos descubran.

-¿Exactamente quien va a descubrirnos? -le mujer hizo un amplio gesto con los brazos- no hay nadie por aquí.

-Ya lo se, ya lo se, ¿no te parece raro?

-¿Debería?

-Quiero decir, hay montones de prisioneros en el castillo y había un guardia fuera de mi habitación -el chico se detuvo cuando algo le cruzó por la mente- H-poo, ¿cómo saliste de tu habitación?

-¿Crees que me iban a poner guardias a mi? -Hekapoo se río ante la idea- Marco, soy miembro del alto consejo de magia, a nosotros no nos pueden poner guardias o encerrar.

-¿Son tan importantes?

-Amigo mío, ni te imaginas, pero para que te des una idea déjame decirte que hemos estado al lado de todas las reinas de Mewni desde que se fundó.

-Entonces eso significa que tienes…

-¡Marco! ¡a una dama no se le calcula la edad!

-¡Perdón, perdón! -el chico soltó una risilla.

-¿Ya estás mejor?

-Si, eso creo.

-Muy bien, más vale que sigamos, no tenemos toda la noche ¿sabes?

Era cierto, ya era mucho mas de la media noche y no tenían idea de lo que la reina planeaba hacer con los monstruos que yacían prisioneros en las mazmorras, debían apresurase y ayudar a sus improbables aliados a escapar antes de que tuvieran oportunidad de averiguarlo.

Conscientes de la urgencia de la misión que se habían auto impuesto los amigos guardaron silencio y continuaron avanzando, con el humano un poco menos enfocado en cuidar sus pasos, de esta manera se acercaron al pabellón real finalmente encontraron algo de resistencia armada.

Fue antes de doblar una esquina que la guardiana detuvo al chico poniéndole una mano en el hombro, cuando este se volvió para cuestionarla al respecto la mujer se llevó un dedo a los labios ordenándole silencio y Marco asintió guardándose las preguntas para mas tarde.

-Es aquí -le dijo ella en voz baja confirmando la sospecha del chico- déjame hablar a mi.

-¿Hablar? -susurró él.

-Ya verás -Hekapoo le guiñó el ojo antes de doblar la esquina y saludar a los guardias apostados ante las puertas del ala donde residía la realeza de Mewni- ¡buenas noches chicos! ¿como están?

-¡Dama Hekapoo! -ambos guardias se pusieron firmes antes de realizar un saludo marcial- ¿que desea?

-Tengo importantes asuntos que discutir con Mooni… con la reina -se corrigió velozmente- si fueran tan amables de dejarme pasar…

-Lo sentimos mucho Dama Hekapoo -la voz de guardia era de disculpa pero su postura no varió ni un ápice- tenemos ordenes de no dejar pasar a nadie.

-Ya veo, ya veo -la mujer se acercó al soldado hasta que su rostro estuvo a solo unos centímetros- pero yo no soy cualquier persona ¿sabes?

-Si señora -el guardia parecía incomodo ante la cercanía de la mujer- pero nuestras ordenes…

-Es muy loable que sean tan leales -el tono en la voz de la mujer descendió un par de decibelios y adquirió una textura sedosa- pero estoy segura de que puedes hacer una excepción ¿o no?

-N… no señora -de alguna manera la postura del guardia se volvió aún mas marcial que antes y con una nota de estridencia en la voz reafirmó- ¡no hay excepciones!

-¿Dama Hekapoo? -el otro hombre le habló tímidamente- perdóneme la insolencia pero ¿no puede usted, ya sabe, tele transportarse?

-Me gustan los hombres agudos -ronroneó ella- pero no, por el momento no me es posible.

-¡Pues por aquí no puede pasar! -chilló el primer hombre dirigiéndole una mirada casi enloquecida de miedo.

-Oh bueno -murmuró la mujer- que no se diga que no lo intenté por las buenas.

Menos de un segundo después ambos guardias yacían inconscientes en el helado piso mientras la guardiana encima de ellos se sacudía las manos y el vestido.

-Fiuu -silbó el chico asomándose tras la esquina- eso fue increíble H-poo, casi no pude verte cuando los golpeabas.

La mujer alzó una ceja, incrédula.

"Cómo que casi" pensó, bastante segura de que su velocidad estaba bastante mas allá de lo que el ojo humano podía percibir, la falta de magia debía estarla afectando en serio si se estaba volviendo tan lenta, eso sin mencionar que a ese nivel no podría competir con la reina de Mewni en caso de que tuvieran que llegar a los puños, figurativamente hablando.

-¿Verdad que soy asombrosa? -le presumió a su amigo, haciendo su mejor esfuerzo por ocultar su preocupación- No te lo esperabas, ¿verdad?

-La verdad es que no -Marco se acarició la coronilla de manera inconsciente- nunca luchaste en serio contra mi, ¿verdad?

-Claro que si -lo consoló ella- te tomó dieciséis años alcanzarme ¿no?

-Bueno… eso creo.

-Y de todos modos es algo que no muchos hubieran conseguido nunca en su vida, no te menosprecies Marco, eres bueno.

-Gracias H-poo -el chico parecía aliviado- ¿ahora qué sigue?

-Ahora continuamos por aquí, quedate cerca de mi por si hay problemas -al ver la cara de su amigo añadió- necesito que me cubras la espalda.

-Hecho -la sonrisa del joven hizo sonreír a la mujer ante lo voluble que podía llegar a ser.

Así que continuaron avanzando por esta zona del castillo desconocida para el humano, cada tanto tiempo se detenían para valorar sus alrededores y asegurarse de que no había nadie cerca.

-Esto es muy raro -murmuró ella al fin.

-Debería haber más guardias -completó el chico.

-Si -la mujer se cruzó de brazos- algo está mal Marco.

-Pero no podemos hacer nada al respecto ¿verdad?, tenemos que conseguir esas tijeras.

-Si, si -asintió ella- pero hazme un favor, ¿quieres?, no bajes la guardia.

-Claro que no -Marco no se pudo resistir- Dama Hekapoo.

-Ja ja ja, muy gracioso.

El chico se permitió una sonrisa, complacido con su pequeña broma y tras un momento su amiga le devolvió la sonrisa.

-¿Listo?

-Siempre.

-Vamos, pues.

4

Estaba perdido.

Lo cual no dejaba de tener su mérito dado que el pasillo por el que se había internado minutos antes era una línea recta, por desgracia era una línea recta que se extendía de manera infinita al menos hasta donde podía ver, se dio la vuelta con la idea de de intentarlo por el siguiente corredor pero como ya se imaginaba el paisaje era el mismo: una galería fluorescente eterna y completamente desierta.

¿Y cómo llego al centro? Se preguntó a si mismo el muchacho.

Hasta donde veía sus opciones se reducían a seguir caminado, tratar de regresar o bien abrir una de las múltiples puertas, todas iguales, que adornaban el pasaje.

Se decidió por esta última así que sin perder tiempo agarró el pestillo de la que tenía mas cerca, tomó una profunda bocanada de aire, la soltó despacio para tranquilizarse y giró la manija.

La puerta giró sobre sus goznes sin emitir sonido alguno, Marco se asomó cautelosamente y tras ella encontró una habitación perfectamente normal, justo a su izquierda había un pequeño baño, al fondo una cama hecha y a su lado un diminuto sofá, frente a estos suspendida en la pared una vieja televisión reflejaba la estancia en su pantalla apagada, una ventana cubierta por cortinas blancas completaba el mobiliario y tras una rápida inspección el chico decidió que no había nada de interés ahí dentro y se dio la vuelta para probar suerte en la siguiente puerta, sin embargo algo en la imagen estirada y distorsionada que reflejaba el televisor le instó a mirarlo mas de cerca, estaba todo ahí, invertido pero presente, podía ver la almohada solitaria en la cabecera de la cama y la piel falsa que cubría el sofá sin una sola arruga en ella y bajo este, sobresaliendo apenas había algo más, acercó el rostro a la pantalla para tratar de averiguar que era antes de darse cuenta de lo tonto que era, se dio la vuelta para verlo mejor y su corazón se saltó un latido cuando descubrió que no había nada, nuevamente miró el televisor y si, ahí estaba la cosa parecida a un papel, una vez se asomó bajo el sofá y comprobó que el suelo debajo estaba limpio.

-¿Que rayos?

Se rascó la cabeza confundido, sin embargo con todas las cosas que estaban sucediendo esa noche su capacidad para asombrarse se había visto considerablemente reducida y a estas alturas simplemente se estaba dejando llevar por los acontecimientos así que se plantó frente a la televisión y le dio un par de toques con el índice, tan pronto como lo hizo los parlantes comenzaron a emitir una fuerte estática que hizo al chico retroceder un paso y cubrirse los oídos.

Si no hubiera tenido las manos en los oídos quizá habría escuchado el sonido como de arañazos que salía desde debajo del sofá y si lo hubiera oído tal vez se habría volteado a tiempo de ver como una mano grisácea se desdoblaba lentamente seguida por una cabeza calva y un cuerpo pequeño y rechoncho.

Pero tal cómo estaba sólo se dio cuenta de que ya no estaba solo en la habitación cuando sintió un inesperado empujón en la parte baja de la espalda que le hizo dar un salto casi felino y girarse con el corazón a punto de salirse por la boca.

-Hola -el hombrecillo llevaba un parche en el ojo y saludaba amigablemente- eres Marco ¿verdad?

-¿Si? -el chico tembló involuntariamente antes de armarse de valor y contestar apropiadamente- si, soy yo.

-Entonces te ofrezco una disculpa.

-Este… ¿porqué se disculpa?

-Porque tengo que matarte -dijo el hombrecillo de manera pragmática y atacó.

Los instintos de combate de Marco refinados durante largos años de prácticas y combates en el dojo se tensaron y le hicieron deslizarse hacia un lado antes siquiera de que su consciencia registrara lo que estaba sucediendo, al mismo tiempo tomó el brazo extendido de su atacante con una mano mientras la otra, convertida en un puño se estrellaba contra la mandíbula del hombrecillo.

-Nada mal -lo felicitó este sobándose donde lo había golpeado el chico- esto va a ser divertido.

Acto seguido se lanzó nuevamente al ataque como si no hubiera recibido daño alguno, Marco trató de esquivarlo nuevamente pero su oponente cambió la dirección del movimiento esquivando la defensa del joven y asestándole un fuerte golpe en el estómago.

-¿Qué tal eso? -el hombrecillo dio un saltito hacia atrás, todo su pequeño cuerpo parecía estar a punto de estallar con energía contenida- vamos, vamos.

El humano boqueó un par de veces en busca del aire que había perdido por el golpe y luego una par de veces más tras haberse recuperado para ganar algo de tiempo y poder evaluar a su adversario.

Era mas bajo que él por al menos una cabeza y llevaba el ojo izquierdo parchado, el tamaño aunado a la complexión robusta le hacían pensar en un jabalí, impresión que se acentuaba con su manera de atacar lanzándose hacia delante con toda su fuerza.

Marco, la voz sonó en su cabeza, se te acaba el tiempo, ¡apresúrate!

Definitivamente era la voz del Sargento, el chico estuvo a punto de preguntarle cómo conseguía hacer eso pero no tuvo oportunidad, su oponente se había cansado de esperar y se acercaba entre saltitos, emocionado por continuar el combate.

-Eh, vamos, vamos -su ojo bueno brillaba con anticipación.

Marco supo que se había terminado el tiempo de recuperación así que se incorporó adoptando una pose de combate mientras acompasaba su respiración como le habían enseñado a hacerlo, ya completamente calmado se percató de que la habitación donde se encontraban había cambiado agrandándose hasta límites físicamente imposibles pero ese tipo de cosas habían dejado de sorprenderlo hacía ya un rato.

-Vamos pues -le dijo al hombre extendiendo la mano con la palma hacia arriba e invitándolo con un movimiento de los dedos.

El hombre saltó al ataque con su único ojo fijo en el chico, quien fintó hacia un lado e inmediatamente se detuvo aprovechando el impulso generado para recibir el rostro de su atacante con una patada giratoria que le hizo dar una vuelta como si de una peonza se tratara.

¡Excelente!, Tronó nuevamente la voz en su cabeza, ¡Ahora no lo dejes ir!

Marco obedeció mas por instinto que otra cosa y continuó atacando sin mostrar piedad, asestó un par de jabs que sirvieron para dejar al hombrecillo aturdido antes de conectarle un rodillazo en el estómago con el cual se dobló a la mitad.

¡Acabalo!

El joven alzó el puño listo para darle el golpe de gracia y lo dejó ahí, flotando.

-¿Porqué?

¿Porqué qué?

-¿Porqué acabarlo?, ya esta vencido.

Era verdad, el hombre se había vuelto un bulto grisáceo que apenas si podía moverse contentándose con emitir de vez en cuando pequeños gemidos de dolor.

¡Muy bien!, Tronó la voz con clara alegría, ¡pasaste!

-¿Pasé?, ¿qué pasé?

La prueba muchacho, ¡la primera prueba!

La habitación había vuelto a sus dimensiones normales así que Marcó tomó asiento en el sofá tratando de entender lo que la voz del Sargento trataba de comunicarle.

-¿De qué está hablando?

Muchacho, te mereces una explicación pero como no tienes mucho tiempo te diré lo que pueda mientras caminas así que muévete.

Marco obedeció, salió del cuarto dejando atrás al hombrecillo tembloroso que ahora se veía más pequeño que nunca y avanzó por el pasillo hacia la siguiente puerta, probó a abrirla pero se encontró con que estaba firmemente sellada y no se movía ni un milímetro por mas fuerza que aplicara así que tras un par de intentos la dejó para intentarlo con la siguiente.

-Bueno -le dijo a la voz- ¿qué era eso de unas pruebas?

La voz se quedó callada.

-¿Ajá?

Bueno… el chico trataba de abrir otra puerta sin éxito pero se detuvo para atender, el mundo se está encogiendo, desapareciendo ¿si?

Marco esperó.

Eso es porqué la princesa, Star, ya casi no está aquí.

-Pero dijiste…

Dije casi, aún queda algo de ella en el centro de todo, por eso es que sigues vivo.

-No entiendo nada de lo que está diciendo.

Es natural. Marco, la verdad es que tú, este mundo, nada de esto es real, son un sueño de Star, una fantasía creada traída a la vida por su poderosa magia.

El joven se detuvo, entendía las palabras de la voz pero se negaba a comprender su significado, ¿qué significaba eso de que él y toda su vida con ella eran falsas?, no podía aceptarlo, no podía ser verdad.

Sin pensarlo, perdido en sus pensamiento puso la mano sobre el pomo de la siguiente puerta y esta se abrió.

¡Marco! ¡esta es tu segunda prueba!

Pero el chico no escuchaba.

Él era real, su amor por Star era real y se los iba a demostrar. Aún no sabía como pero lo haría sin falta.

5

Todo el plan había salido mal.

Era obvio que la reina Moon sabía lo que iban a tratar de hacer y los había estado esperando pues nada mas ingresar a la cámara real se habían topado con docenas de guardias alertas y armados hasta los dientes comandados por la monarca quien, a pesar de todo y quizá en deferencia a la avanzada hora que era se encontraba ataviada con su camisón de dormir.

-¡Arréstenlos! -la orden fue inmediata.

Como un solo hombre todos los soldados se lanzaron contra la pareja, Marco adoptó su posición de combate pero fue detenido por Hekapoo antes de que pudiera responder al ataque.

-Es inútil -le dijo la mujer- son demasiados.

-Pero H-poo…

No pudo decir nada mas, un hombre con mas del doble de su tamaño le cayó encima ahogándolo e impidiéndole realizar cualquier movimiento, desde esa humillante posición fue testigo de como la misma reina se adelantaba hacia su amiga para ceñir sus muñecas con unos grilletes resplandecientes.

-Hekapoo -la voz de la soberana era fría y atona, oficial- por tus actos de traición a la corona se te despoja inmediatamente de todas tus atribuciones en el consejo mágico, compartirás el destino de las criaturas que trajiste hasta mi casa.

-Moon -no había rastro de temor en la voz de la guardiana- escúchame por favor…

La reina la ignoró volviéndose hacia Marco a quien ya habían incorporado y restringían con los brazos sujetos a la espalda sin darle oportunidad de moverse.

-Marco Díaz -su nombre sonó como un latigazo en boca de la mujer- has roto nuestra confianza y te has aliado con los enemigos de Mewni -el chico quiso protestar pero un fuerte tirón le obligó a guardar silencio- en vista de los servicios prestados no ordenaremos tu ejecución, pero a partir de este momento quedas exiliado del reino de Mewni.

Se volvió hacia el soldado mas cercano.

-Tráiganme mis tijeras -ordenó.

El hombre salió corriendo a cumplir la orden.

-Majestad -Marco por fin pudo hablar- tiene que escucharnos, por favor.

La mirada que le dirigió la madre de su mejor amiga lo atravesó causándole un dolor casi físico.

-Escúchame bien, niño -nunca había sentido tanto desprecio- no entiendes nada de nada, cállate y vete antes de que empeores todo de nuevo.

-Si no quieres hacerme caso a mi, al menos escúchalo a él Moon -Hekapoo hizo un último intento fútil por razonar con la reina.

-Majestad -el soldado regresó portando las tijeras de la soberana con extremo cuidado, al llegar frente a ella se arrodilló y se las ofreció.

Sin decir palabra Moon las tomó en sus manos y las contempló un momento con un brillo helado en los ojos, tras un momento las alzó con un movimiento lento y deliberado y empezó a rasgar la tela de las realidades poco a poco, por un instante pareció como si las hojas se hubieran quedado sin filo pero la mujer no cejó y empezó a aplicar mas fuerza, su rostro no tardó en tornarse rojo brillante mientras el sudor le corría por la frente.

-Mnghhh -pujó la reina en un esfuerzo final y repentinamente un sonoro crujido reverberó en el salón, las tijeras se partieron en dos y frente a ellos apareció un el portal, un agujero tan negro que parecía absorber toda la luz que había a su alrededor.

-Guardias -la monarca trató de utilizar un tono imponente pero el cansancio la obligaba a jadear entre palabras- retiren al humano de mi presencia.

-¡A la orden su majestad! -la exclamación fue unánime y Marco se vio arrastrado contra su voluntad antes las fauces del portal a pesar de oponer toda la resistencia de que era capaz.

-¡No! -el chico forcejaba con toda su fuerza- ¡no pueden hacer esto!

-¡Moon! -cuando la guardiana trató de moverse los grilletes que la aprisionaban brillaron con mas fuerza inmovilizándola y robándole la fuerza- No tienes.. idea -alcanzó a balbucear antes de que su cabeza golpeara el piso.

-¡Hekapoo! -el grito provenía de Marco quien al ver caer a su amiga sacó fuerza de su desesperación para lograr desasirse de su captor y correr hacia la mujer, en dos zancadas se encontró a su lado, se arrodilló junto a ella y le revisó el lugar donde se había golpeado apoyando la cabeza herida en su regazo.

-H-poo -le susurró con dulzura, ignorando a los hombres a su alrededor- ¿estás bien?

Inclusive Moon estaba consternada, había conocido a la guardiana durante toda su vida y, a pesar de que tenían una gran cantidad de diferencias y discusiones gracias al espíritu libre de la mujer, lo cierto era que también se había ganado su respeto no solo por sus grandes poderes sino también por su devoción al reino; al ver la situación le hizo un discreto gesto al guardia que estaba a punto de atacar al humano por la espalda para que lo dejara en paz mientras atendía a la mujer.

Hekapoo por su parte se encontraba bien, las esposas la habían aturdido más de lo que esperaba pero no tanto como para incapacitarla, sin embargo había aprovechado el momento para fingir tanto la caída como el golpe confiando en que su amigo humano iba a hacer lo necesario para acercarse a ella y no se había equivocado, desde su posición en los brazos de Marco le guiñó el ojo para hacerle indicarle que se no se preocupara y continuó con la pantomima pretendiendo seguir fuera de combate.

-¿Majestad? -el guardia que había capturado al chico seguía de pie tras él obedeciendo la orden de su reina, claramente incómodo al no poder hacer otra cosa que observar.

Moon paseó la mirada entre la pareja y el soldado brevemente antes de tomar una decisión.

-Revisa que la traidora esté bien -ordenó finalmente.

El hombre se acercó con cautela a cumplir la orden y solo se relajó un poco cuando estuvo prácticamente sobre el joven y la guardiana, para su desgracia eso era justo lo que la mujer estaba esperando, en un solo movimiento se liberó de los brazos de su amigo para dar un salto con toda la fuerza que había conseguido reunir durante su breve descanso mientras extendía los brazos frente a ella, los grilletes ya empezaban a brillar de nuevo haciendo que torciera el rostro por el dolor que le provocaban, sin embargo el gesto de agonía se convirtió en una sonrisa salvaje cuando consiguió impactar el rostro del hombre con ellos provocando una sobrecarga que la libró del dolor al tiempo que dejaba sin sentido a su enemigo.

-Ahora si me vas a escuchar -le escupió a la reina entre jadeos.

-¡Guardias! -la monarca estaba lívida, sabía bien lo poderosa que era Hekapoo pero aún así creía haberla dominado.

-¡No se acerquen! -gritó Marco cubriendo la espalda de su amiga.

-¡Traidores! -Moon estaba enloquecida por la furia- ¿cómo se atreven?

-¡Nos atrevemos porque es necesario Moon!, el reino, no -se corrigió- el universo está en peligro.

-¡Mentira!

-¿No lo sientes?, la magia está desapareciendo.

-Eso no es posible.

-Lo es y ya deberías haberte dado cuenta.

-Creemos que tiene que ver con la desaparición de Star -intervino Marco, aún dándole la espalda.

-¿Qué? -por un momento la mirada de la reina se volvió vidriosa pero el instante pasó y solamente quedó odio en su mirada- ¡¿Qué le hicieron a mi hija?!

-¡No le hicimos nada! -Marco no podía creer que la reina lo acusara de dañar a su mejor amiga- ¿cómo podríamos?

-¡Mentira! -el odio en la voz de la mujer aumentaba por momentos- ¡¿donde la tienes?!

-¡Yo no la tengo! -se detuvo al sentir la mano de Hekapoo apretarle el brazo.

-Moon, por última vez, Star se fue, la magia se fue con ella y la ciudad pronto estará sitiada por un ejercito extraño.

El rostro de la monarca estaba rojo por la ira, las venas en su cuello parecían a punto de estallar y en sus ojos ardía un fuego terrible, aún así el tono de sus siguientes palabras fue tranquilo.

-Ya entiendo.

Hizo un gesto con la mano y varios guardias se alejaron hacia la puerta.

-¿Qué sucede? -le preguntó Marco a su amiga quien sólo pudo encogerse de hombros.

-Pasen por favor -dijo Moon, aún utilizando su voz mas tranquila.

El humano y la guardiana se arriesgaron a mirar en dirección a la entrada donde un nuevo contingente se había unido a los guardias de palacio, sin embargo estos recién llegados llevaban ropajes completamente diferentes y entre ellos estaba…

-¡¿Qué rayos?! -exclamaron los amigos al mismo tiempo.

Parado justo en medio de la puerta y luciendo imponente con su armadura recién bruñida se encontraba un alto hombre rubio.

El hombre que había matado a Tom.

6

Marco entró a la nueva habitación esperando encontrar algo similar a la última donde había estado, en vez de eso hubo un destello blanco que lo obligó a cubrirse los ojos con el dorso de una mano, a pesar de su rápida reacción el resplandor lo cegó por un momento haciéndole parpadear desesperadamente para poder recuperar la visión antes de que cualquier cosa que le estuviera esperando tuviera la oportunidad de atacarlo, sin embargo nada sucedió y cuando sus maltratadas retinas consiguieron recuperarse se encontró a si mismo en medio de una casa completamente desconocida, para alguien que a lo largo de toda su vida solamente había disfrutado del limitado espacio que le podía brindar el diminuto apartamento que compartía con sus padres, la sala donde se encontraba ahora parecía algo descomunal, por un momento se preguntó como podían existir personas capaces de permitirse tales lujos, además de la espaciosa estancia decorada con cuadros, sofá e inclusive un enorme televisor, había al lado un comedor, una mejora enorme frente al desayunador de la diminuta cocina donde había disfrutado la mayoría de sus alimentos. Y por increíble que pareciera eso era sólo parte de la planta baja.

-¿Qué pasó mijo?, ¿estás bien?

El hombre que le había hablado mientras bajaba por las escaleras era idéntico a su papá, poseía la misma piel cobriza y el bigote que en sus pensamientos mas privados el chico siempre había considerado ridículo, pero claramente no era la misma persona, su padre siempre iba vestido de traje y corbata y mantenía una postura recta que le hacía lucir mucho mas alto de lo que en realidad era, en cambio este hombre, este impostor, vestía de manera tan desenfadada que le parecía casi ofensiva y eso se reflejaba también en su manera de andar, su padre se movía como si dominara el mundo mientras esta persona simplemente parecía flotar por ahí sin ninguna preocupación.

Eso último no era del todo cierto, había preocupación en su rostro cuando le preguntó nuevamente:

-Mijo, ¿qué le pasa?

Marco no supo cómo responder, estaba preparado para otra pelea pero esto era algo completamente diferente, sus padres, sus verdaderos padres nunca habían tenido demasiado tiempo libre para platicar con él, demasiado ocupados con sus trabajo y demasiado agotados cuando estaban en casa, Marco se había criado prácticamente sólo así que esas simples palabras que nunca había sabido que necesitaba hasta escucharlas lo llenaron de emociones extrañas y antes siquiera de saber lo que estaba diciendo se encontraba sentado en el sofá con su no-papá, contándole los extraños acontecimientos de las últimas horas.

Para su sorpresa el hombre no pareció poner en tela de duda ninguna de las estrafalarias afirmaciones, solamente se limitó a asentir con la cabeza mientras lo miraba con cariño y en las pocas ocasiones que pareció quedarse sin palabras le daba un ligero apretón en el hombro animándolo a que continuara.

Cuando por fin terminó de relatar la descabellada historia de cómo había llegado hasta ahí el hombre asintió tomándose su tiempo antes de hablar.

-La extrañas, ¿verdad?

El chico asintió, no había pasado ni un día desde que viera a la chica por última vez pero en su cabeza se sentía como si hubieran sido meses.

-Yo también -continuó su no-papá apretándole nuevamente el hombro- hasta los cachorros la extrañan.

Cómo si los hubieran llamado, una camada de perritos entró corriendo a la sala dando pequeños ladridos y mirando todo lo que había a su alrededor como si fuera la primera vez, Marco pensó que eran adorables así que extendió la mano para acariciarlos sólo para retirarla con toda la rapidez que le fue posible cuando uno de ellos clavó la mirada en un punto más allá de su hombro y disparó una ráfaga de rayos desde sus ojos.

Así que esta era la prueba, lo habían estado distrayendo para que bajara la guardia y luego atacarlo, estuvo a punto de contraatacar pero la risa sonora y sincera del hombre lo detuvo.

-Son unos diablillos ¿eh? -dijo mientras se secaba una lagrimilla que le habían sacado las carcajadas.

El cachorrillo que había lanzado los rayos mortales se dejó caer sobre su trasero y se dedicó a mirar al chico con la cabeza ligeramente ladeada mientras su colita no dejaba de golpetear el piso con un rítmico tap, tap, tap.

-Sabes mijo -suspiró su padre regresando al tema- la casa se siente vacía sin esa niña.

Marco asintió en silencio, no se podía quitar de encima la ominosa sensación de que si no hacía algo, si fracasaba en las pruebas de las que había hablado el Sargento tal vez no pudiera volver a verla nunca más.

-Así que la pregunta es: ¿qué vas a hacer?

-No lo se -admitió el chico- de verdad que no tengo ni idea de que se supone que debo hacer ahora.

Cómo si la indecisión de Marco le molestara, el cachorrito se separó de la camada con pasitos un tanto torpes y un andar ligeramente ladeado que lo llevó hasta las piernas del muchacho donde procedió a restregarse cariñosamente unos momentos antes de mordisquear la pernera de su pantalón tironeándolo para que lo siguiera.

-Parece que Barko Díaz quiere decirte algo mijo -señaló el hombre- mejor que le hagas caso.

-¿Barko Díaz? -el nombre le pareció extrañamente apropiado.

Al escuchar su nombre el perrito agitó la cola alegremente y redobló su empeño jalando con mas fuerza y emitiendo pequeños gruñidos para apremiar al chico.

-Está bien, está bien -accedió Marco- vamos, pues.

La velocidad a la que el cachorro meneaba la cola aumentó en varias revoluciones, dio dos agudos ladridos y comenzó a saltar alrededor del muchacho guiándolo escaleras arriba.

-Suerte mijo -el vozarrón del hombre hizo que pareciera un grito.

Marco asintió y se preparó mentalmente para enfrentarse con cualquier cosa que le estuviera esperando.

Lo cual fue completamente inútil pues lo que se encontró fue un pasillo pintado de azul, los cuadros en las paredes poseían un aire de aficionado que por alguna razón le hizo pensar en el hombre que se parecía a su padre, por otra parte los muebles y las pequeñas macetas llenas de diversas plantas le daban un toque de vida y color al lugar, le hacían sentirse cálido y acogedor, Marco no pudo evitar recordar su propio apartamento que en comparación, con sus paredes blancas y decoración mas bien espartana se le antojaba gris.

Había también varias puertas -un escenario con el que se estaba familiarizando rápidamente- pero a diferencia de la que lo había traído hasta este lugar estas parecían llenas de vida con su desgastado color caoba y el ligero aroma a madera vieja que emanaban.

Por extraño que pareciera se sentía como en casa.

Barko Díaz por su parte no iba a tolerar que el humano continuara divagando así que le llamó la atención con un poderoso ladrido, o al menos lo intentó pues el sonido que produjo se aproximaba más a un chillido con mucha autoridad.

-Ya voy -Marco se agachó para acariciar la cabeza del impaciente cachorro y recibir un mordisco juguetón en la mano- ¡oye!

El perrillo lo tironeó obligándolo a moverse un par de metros hasta que estuvo frente a una de las puertas donde finalmente liberó la presa de sus diminutos colmillos, se dejó caer con un sonoro plaf de su colita y se le quedó viendo.

-Supongo que debo entrar, ¿verdad?

-¡Guau!

El ladrido sonó como una afirmación así que Marco abrió la puerta y entró a la habitación con premura para no recibir otra mordida, juguetona o no, de los afilados dientecillos.

Tras la puerta se encontró con un típico cuarto de adolescente, o al menos lo que era una típica habitación en sus sueños mas enloquecidos; la recamara era tan grande como la sala, cocina y comedor de su departamento combinados y estaba llena de todas las cosas que le gustaban, de hecho fijándose con más atención se dio cuenta de que eras las mismas pertenencias que había en su propia habitación, sólo que aquí se encontraban acomodadas adornando cada espacio disponible mientras que en su caso la mayoría se encontraban apiladas en cajas bajo la cama o en lo mas alto de su armario, de esta manera se reencontró con antiguos trofeos casi olvidados y carteles que languidecían enrollados en alguna esquina por falta de espacio en sus paredes, en pocas palabras estaba en su habitación soñada.

Se tomó su tiempo para recorrer el lugar atreviéndose en ocasiones a acariciar algún objeto que le traía recuerdos especiales como los diversos cinturones de karate que se encontraban pulcramente colgados bajo una repisa con varios trofeos y un viejo muñeco de cartón que su abuela le había enviado como regalo algunos años antes.

Sin embargo no tardó en darse cuenta de que lo que fuera que estaba buscando no lo iba a encontrar en ese lugar, así que tras darle una última mirada anhelante salió de la habitación cerrando la puerta tras de si.

Barko Díaz seguramente había regresado con sus hermanos en busca de comida o cariños porque no se encontraba a la vista por ninguna parte y Marco no se tomó la molestia de llamarlo para continuar con la exploración, después de todo las marcas que sus afilados colmillos de cachorro le habían dejado aún le escocían un poco.

-Veamos que mas hay por aquí -se dijo a si mismo mientras abría la siguiente puerta.

Tras un rápido vistazo la cerró con un escalofrío, claramente era la habitación de sus no-padres y definitivamente no iba a ponerse a rebuscar entre sus pertenencias, no fuera a encontrar algo que le dejara un trauma para el resto de su vida.

Sólo le quedaban dos puertas por revisar, puso la mano sobré el pomo de la mas cercana y la retiró casi al tocarlo, no sabía como pero estaba seguro de que ese era el baño y realmente no creía que hubiera nada ahí que pudiera ayudarle, además tampoco quería revisarlo así que sin perder mas tiempo avanzó hasta la última habitación, cualquier respuesta que le estuviera guardando tenía que estar ahí.

Una, dos, tres respiraciones profundas y abrió la última puerta.

7

-¡Tú! -Marco temblaba de furia contenida y parecía tan listo a lanzarse en un ataque suicida que Hekapoo tuvo que contenerlo con una considerable cantidad de fuerza.

-¿Moon? -la guardiana miró a la reina con la interrogante en los ojos- ¿qué rayos sucede aquí?

La monarca no se dignó a responder, en vez de eso se volvió hacia sus guardias.

-Saquen a este traidor de aquí -ordenó, señalando al chico.

Los soldados obedecieron arrastrando al chico al extraño portal pero se detuvieron cuando el hombre en armadura les hizo un suave gesto con las manos.

-Vamos, su majestad, estoy seguro de que eso no es necesario -le dirigió a Marco una sonrisa que relucía casi tanto como su propia armadura- después de todo este chico es un guerrero que me enfrentó en batalla, sin duda merece algo mejor, ¿no le parece?

Acto seguido se volvió hacia la guardiana dedicándole una profunda reverencia.

-En cuanto a usted señorita Hekapoo, permítame ofrecerle mis más sinceras disculpas por el incidente del cual fue usted una lamentable víctima, le aseguro que los responsables de tan craso error ya han sido duramente castigados -hizo una pausa antes de añadir con una sonrisa torva- al menos los que sobrevivieron a nuestro encuentro anterior.

-¿De qué hablas? -Moon se mostró interesada por primera vez.

-Sólo un pequeño malentendido -el hombre soltó una risa estentórea- nada mas.

Esta vez no hubo manera de que la mujer pudiera detener a Marco, el chico se escabulló de entre sus brazos completamente enfurecido dispuesto a lo que fuera con tal de borrarle la odiosa sonrisa del rostro al desconocido, menos de un segundo después se encontraba frente a frente con el hombre.

-Eres valiente chico -la sonrisa burlona en su rostro enloquecía a Marco más que nada- y sabes luchar -continuó tras esquivar una patada- pero un verdadero guerrero sabe cuando es tiempo de retirarse.

Sin dejar de sonreír lanzó un cortó puñetazo directo al hígado del humano, considerando el peso del guantelete que portaba, el golpe le hubiera podido hacer mucho daño pero de alguna manera Marco logró esquivarlo girando sobre si mismo.

-Tch -escupió el hombre perdiendo por una vez el sardónico gesto- claro que también hay que saber cuando una retirada ya no es factible.

A pesar de la pesada armadura que portaba no parecía tener ninguna dificultad para esquivar los ataques del joven con movimiento tan gráciles que parecían casi una danza.

-¿Terminaste? -le preguntó al fin con una risilla cuando el chico se detuvo para tomar aliento.

Sin embargo su insufrible sonrisa eterna se congeló al ver un destello en los ojos del muchacho y aunque alcanzó a girarse a tiempo no logró evitar del todo el golpe que le propinó la guardiana.

¡CLONK!, el sonido metálico reverberó por toda la sala seguido por un grito de la reina.

-¡Hekapoo! -la angustia en la voz de la monarca le hizo dudar- ¿acaso no sabes quien es?

-¿Acaso debería? -respondió la guardiana adoptando una pose de combate.

El rostro del desconocido estaba lívido mientras se tocaba el pecho justo en el lugar donde el golpe de la mujer le había abollado la armadura, por un segundo sus facciones perfectas se distorsionaron en una mueca de odio que ocultó con rapidez aunque no la suficiente para evitar que el chico humano la viera.

-Por la espada de Solaria -maldijo Moon, exasperada- ¡deténganse!

El tono de mando en su voz provenía de toda una vida como reina y llevaba con ella el peso de la multitud de vidas de reinas anteriores anteriores, era imposible desoír una orden así por lo que todos incluido el arrogante hombre se detuvieron.

-Escúchenme bien traidores -su voz era un látigo inmisericorde- están frente a su alteza real Cyrus Libelle -al ver el rostro de confusión en sus interlocutores aclaró- príncipe del Reino de Anfang.

-Así que un principito -el tono mordaz de Hekapoo no varió ante la revelación- ¿qué hace aquí?

-Permítame su Majestad -intervino el príncipe antes de volverse hacia la mujer sin esperar respuesta- Estoy aquí para contraer matrimonio con Star Butterfly.

En ese momento el inestable portal que había en la sala estalló envolviéndolos a todos en su oscura onda expansiva.