Capítulo 14

El deseo de la magia.

1

Moon fue la primera en recuperarse del trance en que el pulso del portal muerto había sumido a todos los presentes, se sentía extraña, como si todo lo que acababa de presenciar fuera el sueño de alguien más y de alguna forma la hubieran obligado a participar como espectadora.

Pero ahora todo tenía sentido, o al menos comenzaba a tomar forma en su mente.

Como todas las reinas de Mewni conocía la historia de Nébula Butterfly, la primera de todas ellas, era un relato que había pasado de madre a hija durante incontables generaciones, una fabula para animarlas a ser valientes y decididas como su antepasada pero también una advertencia sobre los enemigos que quizá volvieran un día a recuperar el poder que habían despreciado.

Por supuesto a lo largo de los años la historia había sido embellecida con innumerables detalles, personajes y aventuras, cada niña había recibido una versión ligeramente alterada de la que había sido contada a su madre y así el relato que había llegado a sus oídos hablaba de un reino tiránico al que la primera reina de Mewni había tenido que combatir como una heroína solitaria mientras reunía a los disidentes y se hacía con un variado grupo de compañeros de armas junto a quienes finalmente lucharía una batalla final que por desgracia perderían y tendrían que huir al mundo en el que habían fundado su propio reino.

Pero ahora veía que la mayor parte de esas historias eran falsas, el único detalle real que parecía haber sobrevivido a los siglos de modificaciones era que Nébula se había visto obligada a huir dejando atrás la única vida que conocía, el resto de la historia era un pequeño drama personal que nada tenía que ver con la épica saga que su propia madre le había relatado antes de su ascenso al trono.

Había sin embargo otra verdad que ahora se hacía evidente: la gente de Anfang había vuelto en busca de lo que habían perdido y lo que para la monarca de Mewni se había convertido en una antigua fabula, una historia que enaltecía a la primera de su sangre y justificaba todo lo que habían tenido que hacer durante generaciones para asegurar la prosperidad del reino, para los invasores era una herida aún reciente, un insulto que se les había hecho personalmente, uno que se habían entrenado para castigar durante buena parte de sus vidas.

Se sintió avergonzada de si misma, la primera vez que el príncipe Cyrus se había presentado ante ella lo había hecho con todo el respeto y dignidad que cabría esperar de una reunión entre la nobleza de dos reinos y a pesar de que su deseo de contraer matrimonio con Star no le había agradado tampoco era extraño que una princesa se casara con fines políticos, sin embargo lo que la había hecho tomar la decisión de confiar en él había sido la promesa de recuperar a su hija desparecida, algo a lo que no hubiera hecho caso si el joven Marco no le hubiera confirmado de su desaparición una horas antes.

La vergüenza dio paso a la culpa de haberse dejado engañar, era obvio que el príncipe de Anfang sólo buscaba venganza y ella, en el peor momento posible, le había servido todos los ingredientes que necesitaba para llevarla a cabo en una preciosa bandeja de plata, al darse cuenta de esto la culpa cedió hasta convertirse en una furia hirviente, no sólo quería dañarla a ella y a Mewni, pretendía llevarse a su hija y obligarla a tomar el papel del que Nébula había huido tanto años atrás.

Y ella se lo había permitido.

Que tonta había sido, el humano siempre había demostrado ser leal a su reino, leal a Star y aún así, asustada y desesperada, había preferido creer en la palabra de un extraño y ahora estaban todos metidos en esto por su culpa.

Pero no más, si sobrevivían le ofrecería sus mas sinceras disculpas al chico pero por ahora tenía que salvar a su reino, tan sólo esperaba que el humano y Hekapoo estuvieran aún dispuestos a luchar a su lado.

2

Marco sacudió la cabeza tratando en vano de quitarse la confusión que el último latido del inestable portal le había causado, trató de enfocar la vista e ignorar el montón de imágenes sin sentido que danzaban frente a sus ojos pero el mundo a su alrededor parecía querer mantenerse difuso e indescifrable sin importar cuantas veces parpadeara ni los lagrimones que comenzaban escurrirle por las mejillas.

El zumbido en los oídos tampoco le ayudaba precisamente.

-¿Qué fue eso? -preguntó al aire.

-¿Tú también lo viste? -la voz de Hekapoo a su lado le devolvió un poco de calma, la suficiente para que comenzara procesar los eventos que se acababan de desarrollar frente a él.

-Ese era Cyrus, ¿verdad?

Ahora podía ver mejor la escena a su alrededor y por el aspecto que tenía era bastante obvio que todos los presentes habían sido afectados por el pulso de una forma u otra, algunos soldados pestañeaban furiosamente tratando aún de recuperar la visión mientras otros se tallaban los ojos con presumiblemente el mismo objetivo.

No así el gigante rubio, él ni siquiera parecía haber sido afectado por lo que fuera que acababa de suceder, si acaso su sonrisa se había vuelto un poco mas cruel y el brillo en sus ojos mas parecido al de un depredador a punto de saltar sobre una presa desprevenida.

-¿Por eso me abandonaste? -murmuró el príncipe- traidora.

-¿Príncipe Cyrus? -lo que se escuchaba en la voz de Moon no era miedo exactamente aunque se le parecía.

-Traidora -repitió este, luego una vez mas- ¡Traidora!

-¿Príncipe Cyrus? -la reina extendió la mano en su dirección, pero en su voz había aparecido una nota acerada.

-Mátenla -susurró el hombre- Maten a Nébula Butterfly.

El rictus en la boca del príncipe hubiera podido pasar por una sonrisa de no haber sido por los ojos enloquecidos con que miraba sin ver a su alrededor, era como si reflejaran retazos de las visiones que todos habían tenido una y otra vez.

-¡Cyrus! -exclamó la reina en un tono mucho más severo- ¡esto es indigno!, ¡mantenga su palabra!

-¡Mátenla! -rugió él.

Algunos de sus hombres inclusive consiguieron comenzar el avance mostrando una gran disciplina militar pues la mayoría de los presentes seguía demasiado aturullada para poder hacer nada que no fuera mantenerse trabajosamente en pie, sin embargo la paciencia de su líder hacía ya rato que se había agotado, con un grito incoherente se lazó hacia delante en busca de un objetivo que no estaba ahí.

Sus soldados hicieron amago de seguirlo, avanzando lentamente y utilizando espadas y picas como muletas improvisadas, algunos no consiguieron mantener la vertical y cayeron como fardos tras uno o dos pasos tambaleantes, otros -los mas aguerridos- lograron tomar posiciones al lado de su líder pero era claro que no podían hacer mucho mas.

Cyrus sin embargo no parecía darse cuenta de que se encontraba prácticamente solo, cualquiera que hubiera sido su plan se había esfumado como un espejismo al chocar contra los recuerdos que por alguna razón el portal palpitante les había arrojado a la cara y ahora solo quedaba un odio antiguo, alimentado a lo largo de los años y las décadas que separaban al joven príncipe enamorado del soldado lleno de rencor que se erguía con toda su imponente estatura en el centro de la habitación.

-Marco -susurró Hekapoo- ¿te puedes mover?

El chico comprobó para su sorpresa que, a pesar del mareo y las nauseas provocados por las visiones, podía en efecto moverse bastante mejor de lo que esperaba así que asintió discretamente para dejárselo saber a su amiga.

-Bien -la guardiana hizo un gesto con la mano para mostrarle que ella también se encontraba en buen estado- sígueme.

Avanzaron al mismo tiempo y, sin necesidad de pronunciar otra palabra se separaron, Hekapoo se lanzó contra los soldados enemigos mientras Marco hacía lo propio con su líder, los hombres que apenas si podían moverse cayeron uno tras otro bajo las garras de la mujer sin poder emitir sonido alguno, la única fanfarria que adornó sus derrotas fue el repiqueteo del metal cuando sus cascos y armaduras chocaron contra el suelo.

El príncipe sin embargo era otra historia, Marco se movía como un torbellino lanzando golpes y patadas alrededor de la mole acorazada que era su rival pero cada vez que parecía que iba a conseguir alcanzar a su objetivo este cambiaba de sitio o lo bloqueaba sin ningún esfuerzo aparente; cada vez que fallaba el rostro del joven se ensombrecía más y más producto de la frustración que le ocasionaba tener frente a él al hombre que había asesinado a su amigo y no poder hacerle pagar por ello.

Golpe - parada, patada - finta, el hombre y el adolescente parecían danzar uno frente al otro en una complicada coreografía donde ninguno cedía terreno pero eran sólo apariencias, en realidad el humano se encontraba cada vez más cansado mientras su oponente continuaba fresco como una mazorca recién cultivada.

Hekapoo por su parte hacía rato que había terminado de aniquilar a sus objetivos y ahora contemplaba la pelea de su amigo humano buscando el mejor momento para ayudarle, esperaba que Cyrus mostrara una abertura en su impecable defensa para saltar y -con suerte- acabarlo de un solo golpe pero el príncipe no mostraba ninguna, en determinado momento atisbó un paso en falso del hombre y estuvo a punto de saltar en su contra pero una firme mano en su hombro la detuvo.

Giró la cabeza para ver quien se atrevía a interponerse entre ella y su presa, los ojos convertidos en ascuas ardientes y se topó con la adusta mirada de la reina de Mewni quien, sin decir palabra, negó con la cabeza.

-¿Y me llamas traidora? -le siseó la guardiana.

-Es una trampa -contestó la reina, ignorando la pulla- fíjate bien.

Hekapoo regresó su mirada al combate y tuvo que aceptar que Moon tenía razón, al ver que su finta había fracasado Cyrus deslizó el pie con el que pretendía engañarla y utilizó el impulso para completar un golpe giratorio que Marco apenas consiguió esquivar.

-Muy bien niño -le aplaudió- pero hasta aquí llegamos.

El humano ni siquiera vio venir el puñetazo que impactó en su estomago obligándolo a caer de rodillas mientras boqueaba tratando de encontrar el aire que repentinamente se le había perdido, concentrado como estaba intentando respirar tampoco vio que Hekappo, con sus llamas ardiendo a máxima potencia, se quitaba la mano de la reina de encima y saltaba contra el hombre como una bestia enfurecida.

-Te recordaba mas veloz -se burló el hombre esquivando sin dificultad los brazos como zarpas- pero claro -continuó entres risas- sin su magia no son nada.

La guardiana tuvo que interrumpir el ataque y dar un salto atrás para evitar la patada con que el príncipe pretendía dejarla fuera de combate.

-¿Sabes? -continuó mofándose este- hasta el niño me dio mas pelea.

-Si serás… -gruñó ella haciendo amago de lanzarse nuevamente en su contra pero se detuvo al ver al príncipe alzar la mano.

-Ya basta -dijo este- ¿no ves que no tienen oportunidad?

-Lo que veo -Hekapoo sonrió al ver a Marco posicionándose a espaldas del enemigo aparentemente recuperado- es que somos dos contra uno.

-Tres, somos tres -la voz de Moon le llegó desde la izquierda y aunque no se atrevió a quitar los ojos del príncipe su sonrisa se ensanchó.

-Ay -suspiró el hombre con teatralidad- traicionado por una Butterfly -la sonrisa socarrona no se reflejaba en la mirada asesina- que sorpresa.

-Nébula no te traicionó Cyrus, y yo tampoco, -respondió la reina con hielo en la voz- la verdad es que das un poco de lástima, pero aquí ya no eres bienvenido.

-No necesito la compasión de una Butterfly -gruñó Cyrus.

Sin decir mas lanzó un silbido penetrante y casi como por arte de magia la habitación se llenó de soldados que portaban su emblema.

-Me doy cuenta de que tal vez sea demasiado -continuó- pero ya me cansé de ustedes -esta vez se dirigió a sus tropas- enciérrenlos.

El movimiento de los hombres fue tan ordenado y preciso que a Marco le vino a la mente la imagen de hormigas defendiendo su hormiguero; los enemigos fueron precisos e implacables y en unos instantes Marco, Hekapoo, Moon y los soldados de Mewni -que ni siquiera se encontraban en posición de defenderse- se vieron rodeados por la fuerza enemiga en un circulo que cada vez se estrechaba más, las puntas de las espadas y lanzas le apuntaban y obligaban a ceder terreno reduciendo aún mas el cerco.

-Bueno Su Majestad -se burló Cyrus- parece que aquí termina nuestro pequeño acuerdo, Su Majestad.

-¿Moonie? -la guardiana seguí sin mirarla pero la decepción en su voz era patente.

La reina sin embargo la ignoró.

-Así parece príncipe Cyrus, sólo quisiera nunca haber creído sus mentiras.

-Nunca le dije que yo tenía a su hija, yo nunca miento -luego gruñó por lo bajo- no soy un Butterfly.

-Me queda claro, nosotros tenemos honor.

-¿Qué vamos a hacer? -preguntó Marco por lo bajo.

-Caer luchando -le respondió la guardiana.

Marco volteó a verla y no le sorprendió ver una extraña alegría casi salvaje en el rostro de su amiga, así era ella.

-No -repuso la reina con firmeza- hoy no es el día en que morimos.

-Pues alguien va a morir hoy.

-Quizá, pero asegurémonos de no ser nosotros.

-Esa es la Moonie que conozco -sonrío la guardiana.

-Perdóname Marco -se disculpó Moon mientras un par de soldados enemigos se acercaban- esto es mi culpa.

-Siempre supe que algo raro sucedía -el chico se encogió de hombros- usted no es así.

-Gracias -dijo, esquivando un primer ataque- ¿Entonces no sabes que le pasó a mi hija?

-No sabemos donde se encuentra, Moonie, pero si que está a salvo -trató de consolarla Hekapoo.

-Claro, bailaron el vals de la Luna Roja.

-Fue sin querer -se sonrojó el humano.

-No -negó Moon- Star sabía lo que significaba.

-¡Silencio! -ladró frustrado uno de los soldados cuyos ataques parecían evitar de forma casi inconsciente- ya tendrán tiempo de platicar cuando estén encerrados.

Dos hombres se adelantaron con la intención de abrir las puertas de la habitación para dejar pasar a más refuerzos, pero justo en el momento en que estiraban las manos para hacerlo estás explotaron hacia dentro aplastando a los pobres desdichados.

Todas las miradas se dirigieron al espacio vació donde antes se encontraban las planchas de madera y en su lugar, muy abajo, vieron a un pequeño monstruo con forma de ave vestido con una bolsa de papas fritas.

-¡Al ataque! -graznó Ludo con toda la potencia de su diminuta voz- ¡salven a la reina!

Y todo el infierno se desató.

3

Marco apoyó la mano en el picaporte de la puerta, quería abrirla inmediatamente pero se contuvo, de alguna manera se daba cuenta de que viaje se aproximaba inexorablemente a su final y, precavido como era, quería estar seguro de lo que estaba haciendo. No se había detenido a pensarlo pero desde el momento en que había rescatado a Star en la playa las cosas se habían vuelto caóticas, había descubierto que los delirios de su novia no eran tal cosa: de verdad era una princesa mágica de otra dimensión y por motivos que no alcanzaba a comprender había terminado enamorándose de él.

Cada vez que le había dicho que era su caballero había sido en serio, cada una de las cosas que le había contado y que le le habían sonado a locura eran -hasta donde podía entenderlo a la luz de los acontecimientos de los últimos días- reales.

Y como si esa revelación no hubiera sido suficiente ahora su propio mundo había desaparecido, consumido por alguna clase de oscuridad mística.

La verdad era que no entendía nada, le dolía la cabeza tan solo con tratar de encontrarle lógica y sentido a la situación.

Pero Star, su Star estaba en problemas y al final de todo eso era lo único que importaba.

Cerró los ojos, inhaló profundamente, giró el picaporte, empujó suavemente la puerta y con los ojos aún cerrados la escuchó abrirse frente a él.

Luego, silencio.

Soltó el aire que había estado conteniendo, dio un paso al frente y abrió los ojos.

Lo cierto es que no sabía que había esperado ver, quizá un cuarto como en el que había estado un poco antes pero mas femenino, tal vez las paredes pintadas de color pastel y pequeños adornos que revelaran detalles de la jovencita que vivía ahí y efectivamente esas cosas se encontraban ahí a plena vista, pero había más, mucho más, tanto que el adolescente tuvo que tomarse un momento para apreciarlo todo y luego un momento mas para apreciarlo de verdad:

La habitación era gigantesca, no en el sentido figurado de la palabra sino real y verdaderamente enorme, tanto que era imposible que una casa común y corriente (aún una tan grande como le había parecido esta) pudiera contenerla en su interior; para empezar constaba de tres pisos conectados entre si por una escalera que rodeaba el perímetro de la estancia, hasta donde alcanzaba a ver además de la ventana relativamente normal que había a un lado de la cama de dosel había un espejo de cuerpo completo, un cofre con pinta de auténtica antigüedad lleno hasta los bordes con una mezcla de juguetes y joyas y un poco mas allá una de las paredes se encontraba tapizada por un surtido de armas que iban desde espadas y lanzas hasta mazas y hachas de combate todas las cuales parecían muy afiladas y listas para utilizarse en cualquier momento; el segundo piso contaba con su propio balcón al que se podía acceder a través de una puerta lo que le hizo pensar en una vieja cinta animada acerca de ladronzuelos con corazón de oro y genios que concedían tres deseos pero la cosa no acababa ahí, un acuario repleto de peces exóticos y otra fauna marina a la que, por su salud mental decidió no prestar demasiada atención, adornaba una considerable parte del piso, el resto estaba acentuado por extrañas estatuas y viejos estandartes cuyos emblemas no lograba reconocer pero que sin duda pertenecían a la nobleza del extraño mundo del que su amiga aseguraba proceder.

El tercer piso era en realidad un barandal que llevaba a una salida extra en el tejado, pero por el momento decidió explorar el resto de la habitación y dejar esa puerta para el final.

No sabía porqué pero su instinto le decía que lo que fuera que estaba buscando -y no podía dejar de pensar en que no tenía ni idea de que era aquello que buscaba- se encontraba ahí dentro, escondido en alguna parte y que si alguien podía encontrarlo y ayudar a la chica esa persona era él.

Sabía que era presuntuoso pero también estaba seguro de que estaba en lo correcto.

No tengo pruebas, pero tampoco tengo dudas. Se dijo a si mismo y para su sorpresa dejó salir una pequeña risilla.

Al menos en esta prueba aún no había tenido que luchar contra nadie.

-Veamos -dijo entre dientes- ¿por donde empiezo?

Se quedó parado un momento mas, sin tener ninguna idea de por donde hacerlo hasta que encogiéndose de hombros se plantó frente al arcón y sumergió medio brazo en busca de algo, tras tantear unos momento cerró la mano sobre un objeto al azar, estuvo a punto de sacarlo pero lo que estaba haciendo no se sentía correcto, aún con todo lo que extraño que había estado sucediendo a su alrededor el rebuscar entre las pertenencias de una chica -incluso para ayudarla- no le parecía bien, abrió la mano y sintió como el objeto que sujetaba se hundía en la profundidades del cofre para probablemente no volver a ver jamás la luz del día e inmediatamente se sintió mejor.

Tenía que pensar las cosas así que tomó asiento en la cama y sintió la agradable suavidad que cedía ante su peso con una tentadora invitación para recostarse, cerrar los ojos y relajarse en ella, casi sin darse cuenta fue recostándose poco a poco dejando que su agotado cuerpo se relajara, la almohada sobre la que posó la cabeza parecía estar rellena de alguna clase de plumón y daba la impresión de querer abrazarlo, parpadeó un par de veces sintiendo los ojos cada vez más pesados y, sin querer, fue dejando que su conciencia se dispersara.

Sintió que lo invadía un sentimiento de paz que no había tenido desde lo que le parecía una eternidad, acostado ahí todos sus problemas sonaban como tonterías sin sentido, era como si de repente se hubiera dado cuenta de lo absurdas que eran todas las cosas que sucedían a su alrededor y una parte de su mente le estuviera diciendo que ya estaba bien de tantas preocupaciones tontas.

Al fin y al cabo esto en realidad no podía ser nada mas que un sueño. ¿Verdad?

Seguramente se despertaría en su propia cama de un momento a otro, cobijado por la certeza que sólo la rutina podía darle, tal vez hasta recordaría esta loca pesadilla y pudiera contársela a Star para hacerla reír.

Eso estaría muy bien.

Aunque no podía verlo, en sus labios se dibujó una sonrisa pacífica.

Imaginó las reacciones de su amiga conforme avanzaba la historia, la manera en que sus ojos se abrían de par en par al escuchar los momentos mas extraños, la expresión de asco cuando le hablara de Heinous y las cariñosas burlas de las que sería objeto cuando le hablara del mundo que se encogía.

Se preguntó que opinaría la chica acerca de la enorme casa, sus padres y el hecho de que vivieran bajo el mismo techo, seguramente se avergonzaría un poco pero casi podía ver una tímida sonrisa cómplice aflorando en sus labios, reafirmándole que con el tiempo esa parte de su sueño se volvería realidad.

Quería ver a su amiga, no había nada en el mundo que deseara mas que volver a ver a la mujer que había amado desde el momento en que se habían conocido.

Ojalá volviera pronto a casa.

Ojalá despierte pronto.

Ojalá.

4

-Parece que perdiste -la rasposa voz de la mujer hizo que el Sargento, torciera el rostro.-Así termina todo.

-Aún no -respondió el hombre, inclinándose sobre el espejo donde observaban al joven, las manos en los bolsillos- aún hay esperanza.

-¿Esperanza? -rió Heinous- admítelo antiguo, tu campeón ha fallado sus pruebas, perdiste.

-Sólo cállate y observa, ¿quieres? -espetó él, sonriendo mientras su índice derecho realizaba complicados dibujos dentro de la tela y lejos de los ojos de su rival- Por la copa de Festivia, eres casi tan insoportable como la Heinous de verdad.

5

El pecho de Marco subía y bajaba lentamente al ritmo de su respiración, de vez en cuando se le podía escuchar murmurar palabras ininteligibles y sus ojos bajo los parpados plácidamente cerrados comenzaban a moverse en persecución de las fugaces imágenes que su agotada mente conjuraba.

Se había quedado profundamente dormido y los sueños empezaban a llegar.

Estaba en el apartamento de Star, lo supo al instante pues se encontraba dentro del "castillo de Mewni" hecho de sabanas y sillas donde había pasado buena parte de su infancia jugando con su amiga a la princesa y el caballero, la niña frente a él agitaba una varita hecha de cartón y fomi mientras vociferaba hechizos sin sentido, sonriendo tanto que se podía ver el lugar donde le faltaba una muela.

-¡Sir Marco! -gritó la niña- ¡Los mutantes nos atacan!

Y se puso a brincar como loca, presumiblemente enfrascada en una lucha a muerte con los atacantes.

-¡Los veo! -se escuchó responder Marco con una voz chillona.

Y efectivamente, a los pies de su amiga podía ver un montón de juguetes, rotos en su mayoría, simulando las fuerzas invasoras.

Se vio a si mismo alzar una espada de plástico en una mano regordeta y pinchar con ella a las figuras lanzando carcajadas llenas de ingenuidad mientras lo hacía.

-Oh mi caballero -dijo Star en su voz más melodramática- nos has salvado.

-Lo que sea por usted, princesa -el tono galante quedó un poco opacado por la agudeza de la voz infantil, pero a la chica no pareció importarle pues la mirada que le dirigió era radiante.

-¿Todo bien niños? -la voz de la señora Moon interrumpió el juego.

-¡Si, mamá!

-Muy bien Star, es hora de comer. -Luego se dirigió al niño- ¿Nos acompañas Marco?

-Creo que hay comida en casa -respondió él.

-¿Comida de microondas? -la mujer sonaba genuinamente horrorizada- nada de eso, querido, comerás aquí.

-¡Huele a pastel de carne! -Star daba saltitos de emoción y Marco no pudo evitar que se le hiciera agua la boca ante la idea de una comida casera.

-Tienes que probarlos, -la potente voz del padre de su amiga se unió a la conversación- es lo más delicioso que esta mujer ha preparado desde el desayuno.

-Se los agradezco -aceptó al fin con una sonrisa apenada.

-No es nada, -contestó el hombre correspondiendo la sonrisa,- sabes que eres de la familia.

Apenado como estaba Marco ayudó en todo lo que pudo, lo que a su corta edad se limitaba a poner los cubiertos y llevar una gran botella de refresco a la mesa, Star por su parte se apresuró a tomar asiento y balanceó los pies que colgaban desde una silla demasiado alta para ella, su padre la imitó tras poner el platón con la comida en el centro de la mesa y antes de que hubiera paso mucho tiempo todos se encontraban sirviéndose generosas porciones, conversando y riendo de sus mutuas ocurrencias.

-¡Miren! -exclamó River con un par de cubiertos sobresaliendo por debajo del labio superior- ¡Soy una morsa!

Al verlo, Star no pudo evitar soltar una risotada, por desgracia en ese momento también estaba tomando un trago de agua que inevitablemente salió a chorro por su nariz lo que a su vez provocó las carcajadas de todos, ella misma incluida.

Entre las risas, la conversación y el calor que la familia de su mejor amiga desprendía Marco se sintió, por un momento al menos, pleno y feliz.

La alegre expresión en su rostro quedó congelada cuando giró los ojos hacia su mejor amiga y vio las marcas con forma de corazón en sus mejillas subiendo y bajando al compás de la risa, desconcertado volteó la mirada hacia los padres esperando ver alguna reacción en sus rostros, lo que encontró sin embargo fue la majestuosa imagen de una pareja real, con todo y sus coronas, devolviéndole severamente la mirada.

-¿Qué estás haciendo Marco? -le preguntó la reina.

-Mira detrás de ti -ordenó el rey.

El joven -pues ya no era un niño- lo hizo y…

Abrió los ojos.

Estaba en la cama de la habitación de Star sonde se había quedado dormido, trató de incorporarse, parpadeando para quitarse de los ojos la imagen residual que el potente resplandor rojizo había dejado en ellos solo para descubrir con horror que no podía hacerlo, era como si el lecho se hubiera propuesto impedirle moverse y cuando finalmente logró zafarse un poco del abrazo constrictor que las sábanas ejercían sobre él descubrió porqué.

La oscuridad lo había seguido y ya se había llevado consigo casi toda la habitación, alrededor del lecho aún existía un diminuto círculo de realidad que se reducía a una velocidad alarmante y la única vía de escape que alcanzaba a distinguir era un angosto pasillo de existencia que llevaba directamente al armario.

Marco se levantó de un salto sintió un tirón en las piernas y se dio de bruces contra el piso, el tirón se intensificó y para su horror descubrió que las sabanas se habían enredado alrededor de sus piernas y trataban de jalarlo de vuelta a la cama con una fuerza y determinación que ninguna clase de cobertor debería poseer, trató infructuosamente de liberarse del abrazo de boa al que la tela lo estaba sometiendo mientras veía con el rabillo del ojo como la oscuridad se acercaba cada vez más hasta él y el ya de por si angosto paso seguro hasta el armario se reducía a una velocidad alarmante, desesperado buscó algo que le permitiera liberarse de la trampa en que se encontraba pero no había nada cerca que pudiera ayudarle, lo único que se encontraba a su alcance era el arcón en el que había rebuscado un rato antes y al verlo una idea iluminó su mente.

Luchando contra la fuerza del tentáculo de tela se arrastró poniendo toda la fuerza de sus brazos en la tarea, tanteando en busca de las más diminutas imperfecciones en el suelo de donde poder sujetarse y así conseguir avanzar un poco mas, centímetro a centímetro se acercó a su objetivo hasta que finalmente consiguió sujetarse de la vieja madera y con un último esfuerzo supremo abrir la tapa, no supo como lo consiguió pero unos momento después esta se había cerrado sobre el tentáculo de tela en una mordedura de la que no tenía ninguna oportunidad de escapar.

Mientras se agitaba lastimeramente comenzó a emitir sonidos, primero un suave chillido de dolor seguido por amenazadores rugidos que parecían exigir su liberación, pero para entonces Marco ya corría por la angosta línea de luz que aún resistía a duras penas el inexorable embate de la nada, su carrera pronto se convirtió en un angustioso andar de cangrejo al reducirse el espacio por el que podía huir hasta que finalmente dio un improbable salto que le hizo chocar contra la puerta del armario, derribarla y entrar dando tumbos hasta terminar en una posición anatómicamente de lo más improbable con la planta de un pie justo frente a sus ojos y la mano derecha en el lugar justo para permitirle rascarse un picor que empezaba a sentir entre los omóplatos.

Pero estaba a salvo, al menos de momento; por alguna razón la nada parecía no poder seguirlo al interior del armario así que lo esperaba fuera, o al menos lo haría si aún hubiera existido algo además del claustrofóbico espacio en el que se encontraba atrapado.

Así que se encontraba solo en un mundo que apenas medía mas de un metro cuadrado, no parecía que Star estuviera por ninguna parte y además tenía otro pequeño problema.

La nada lo había tocado.

A primera vista no parecía gran cosa, apenas una diminuta manchita negra en la punta del pie, casi como si se hubiera derramado algo de mayonesa particularmente obscura sobre el calzado, por supuesto la ilusión quedaba destruida al ver que, poco a poco, la manchita aumentaba su tamaño y que su obscuridad particular era mas bien la ausencia de, bueno... todo.

Aterrorizado, Marco se quitó el tenis y lo lanzó hacia la densa pared de inexistencia que aguardaba fuera del armario donde fue prontamente engullido por el vacío sin hacer ningún sonido, por un momento se permitió tener esperanza pero la perdió del todo cuando, al revisar su pie, vio que la mancha seguía ahí, y además parecía un poco mas grande que antes.

Esa era la razón por la que la nada no intentaba entrar al armario, lo había hecho junto a él y sólo tenía que esperar antes de consumirlo todo.

El chico se sintió derrotado, tras todo lo que había pasado, todas las pruebas, todos los extraños fenómenos que no alcanzaba a comprender y sobre todo tras las promesas que le había hecho a Star, al final no había sido lo bastante listo para evitar la trampa ni lo suficientemente rápido para lograr huir de ella.

Había fracasado, total y completamente, y ya no había nada que pudiera hacer para corregirlo.

Pasó los siguiente minutos sentado en el suelo, con la espalda apoyada contra la pared mientras miraba con apatía como su pie era consumido por el vacío, puede que fueran minutos o quizá horas viendo la pequeña mancha de nada crecer poco a poco, casi imperceptiblemente hasta haber devorado todos los dedos; era una sensación extraña, si se concentraba casi podía sentirlos, casi, cerró los ojos y trató de moverlos, fue como si aún estuviera ahí, pero al abrir los ojos y no verlos la ilusión se desvanecía.

Se le empañaron los ojos, y aún antes de que pudiera llevarse las manos a la cara para tallárselos pudo sentir como las lagrimas comenzaban a rodarle por el rostro seguidas por un sollozo gutural desde lo mas profundo de su su pecho, no pudo contenerse más y comenzó a llorar a moco tendido, por su amiga, por su amor y por el absoluto terror que le provocaba el pie que prácticamente había desaparecido ya del todo.

Tan concentrado estaba en su llanto que le tomó un momento darse cuenta del otro sonido que estaba llenando el diminuto espacio y aún tras percatarse tardó un instante o dos mas para que su agotado cerebro consiguiera identificar el ruido y el lugar del que provenía.

La respuesta a la segunda cuestión era el bolsillo de su pantalón, el de la primera el tono de su celular; la alegre tonada acerca de un unicornio espacial estaba tan absurdamente fuera de lugar en su situación que el llanto se convirtió en una risa hipeante mientras estiraba la mano para contestar la llamada.

-¡¿Pero qué estás haciendo muchacho?! -tronó la voz del Sargento en el auricular, obligándolo a alejarlo un poco de su oreja, aún así podía escuchar al hombre con claridad- ¡¿No ves que casi nos estamos quedando sin tiempo?!

-Yo ya no tengo tiempo -se quejó el chico lastimeramente mientras veía lo que quedaba de su pie.

-Tonterías -rechazó la voz en el teléfono- pero tienes que ponerte a trabajar ya.

-Es que usted no sabe…

-¿Que estás desapareciendo? -el hombre sonaba casi divertido- claro que los se muchacho, pero aún hay algo que debes hacer.

-¿Qué no entiende? -Marco se exasperó- ¡No hay nada que pueda hacer!, ¡estoy encerrado en un armario, no hay ningún lugar al que pueda ir!, ¡se acabó!

-Muchacho… -la voz del Sargento cambió hasta ser casi amable- Marco, hay cosas que me gustaría contarte…

-Pues hágalo.

-...Pero de verdad que no hay tiempo, -continuó el hombre, ignorando la interrupción- esto está sucediendo en todas partes y solamente tu amiga Star puede detenerlo, pero necesita tu ayuda, ella no lo sabe pero necesita desesperadamente que hagas lo que viniste a hacer.

-Entonces dígame lo que es, -al escuchar el nombre de Star, Marco recuperó un poco de ánimo- porque de verdad que no tengo idea.

-Se supone que tienes que descubrirlo tú mismo.

-No es parece que haya demasiado que pueda lograr desde aquí.

-Pero eso es bueno muchacho -la voz del hombre se iluminó- lo que sea que necesites está sin duda alguna ahí contigo, sólo necesitas encontrarlo.

-Está bien, -asintió Marco- lo intentaré.

-No, -replicó la voz en el teléfono- lo lograrás, lo se.

Tras eso la llamada se cortó con un sonoro click y como si eso hubiera sido el detonante un pequeño libro cayó desde una repisa rebotando en su cabeza para terminar finalmente en el suelo frente a él, abierto de par en par.

-¡Auch! -se quejó el chico antes de levantar el libro y comenzar a leer en voz alta- Star avanzaba al frente del grupo de niños...

6

...Poniendo gran cuidado en no hacer ruido, era una medida inútil dado que los pequeños no dejaban de lloriquear y tropezarse con absolutamente cualquier cosa que se encontraran en el camino sin hacer caso de los continuos susurros y siseos para pedirles que guardaran silencio, sin embargo aún no se habían topado con nadie -amigo o enemigo- y al menos eso ya podía considerarse una pequeña victoria.

-Señorita.. -uno de los niños mayores tiró de la falda de la chica, tratando de llamar su atención- ¿qué está pasando?, ¿Dónde está Mina?

-No tengo idea, -respondió ella en un susurro- pero me pidió que los cuidara y eso pienso hacer.

El pequeño asintió, aún sujetando el sucio vestido de la princesa y estuvo a punto de decir algo más pero la chica lo silenció con un gesto.

-Esperen, -les ordenó por lo bajo- creo que escucho algo.

Los niños hicieron su mejor esfuerzo en obedecer, pero siendo de natural curiosos no pasó mucho tiempo antes de que una niña más pequeña con la cara llena de tizne hablara.

-¿A donde vamos? -preguntó con una voz chillona que, quizá en otras circunstancias podría haber sido adorable.

Star reprimió un gruñido exasperado, consciente de la ansiedad que los pequeños debían estar sintiendo y aunque sabía que no era el momento adecuado se puso en cuclillas para mirar a todos sus diminutos protegidos a los ojos.

-Miren, -les dijo en su tono mas tranquilizador- se que están asustados, lo se porque yo también lo estoy, pero todos ustedes conocen a Mina, -los niños asintieron con vehemencia- ella es mi amiga y le prometí que los iba a mantener a salvo pero para hacer eso necesito que todos estén muy calladitos, ¿está bien?

Los niños volvieron a asentir mientras se sorbían los mocos y ponían sus mejores caras de valentía, al verlos así la princesa no pudo menos que sentir un ramalazo de orgullo por los pequeños.

-Ahora síganme -le pidió con una sonrisa fingida- salgamos de aquí.

Sin embargo no avanzaron demasiado, apenas habían comenzado a moverse cuando escucharon el chapoteo de varias personas que avanzaban maldiciendo por lo bajo y lo que a la princesa le pareció el golpe de una cabeza contra el techo seguido por una sarta de palabrotas que en cualquier otra situación la hubieran hecho reír, en esta ocasión sin embargo lo único que sintió fue una fuerte opresión en el pecho, como si una mano gigante la apretara por dentro empeorando la vaga necesidad de ir al baño que sufría desde hacía ya un buen rato convirtiéndola en una molestia algo más acuciante.

Pero estaban bien, a juzgar por los ecos que les llegaban repetido y multiplicados por la intrincada red de túneles, las criaturas se alejaban poco a poco del lugar donde ella y los niños trataban de mimetizarse con las paredes por el método de apretarse lo mas fuerte que podían contra ellas con la aparente esperanza de atravesar la roca, Star se permitió un silencioso suspiro de alivio que para los niños que la acompañaban fue la señal de que podían relajarse al menos un poco.

-¡Achú! -estornudó uno de ellos, quizá demasiado relajado y las paredes de los túneles repitieron su exabrupto de manera casi cruel.

¡Achú!, ¡achú!, ¡achú!

Era casi como si el sonido se alejara de ellos a la carrera con la malévola intención de avisar a sus perseguidores del sitio exacto donde se encontraban, Star y los niños se voltearon a ver unos a otros en medio de un silencio tan aterrado que ni siquiera se les pasó por la cabeza culpar de nada al desafortunado estornudador, por un instante pareció que no iba a suceder nada y que el eco delator había fallado en su misión pero como no podía ser de otra forma en el momento exacto en que comenzaron a relajarse nuevamente el sonido de pisadas hizo saltar cada uno de los nervios que colectivamente poseían.

¡Tump! ¡tump! ¡tump!

Sonaban imposiblemente cerca, casi como si se hubieran tele transportado por arte de magia hasta quedar a unos pasos del inútil escondite y quizá por eso o tal vez porqué ya no consiguieron dominar el pánico varios niños salieron huyendo despavoridos en la única dirección que sus aterrorizadas mentes conseguían comprender en ese momento: cualquier sitio lejos del ominoso sonido.

-¡Esperen! -gritó Star, abandonando desesperadamente toda esperanza de continuar escondiéndose- ¡regresen!

Pero ya era demasiado tarde, los niños no sólo corrían como pollos sin cabeza sino que además algunos de ellos habían conseguido llegar a una bifurcación y ahora se dispersaban sin tener idea de hacia donde iban lo cual quedó dolorosamente ejemplificado cuando uno de ellos chocó de lleno contra el muro, cayó de espaldas cuan largo era para inmediatamente levantarse y continuar huyendo con un lento tambaleo que parecía indicar alguna clase de contusión.

No había mucho que pudiera hacer por los que habían huido así que decidió concentrarse en los poco que aún seguían con ella, inclusive trató de dirigirles una mirada valerosa o cualquier cosa que pudiera levantarles el ánimo pero inclusive eso le salió mal pues apenas estaba girando la cabeza cuando por el rabillo del ojo alcanzó a ver una enorme mole que daba vuelta a la esquina apenas unos pasos por delante de ella.

Star suspiró, sabía que debería estar aterrada, desesperada y tal vez un poco enojada con los niños, los monstruos y ella misma por permitir que las cosas llegaran hasta este punto pero todo lo que sentía era cansancio; tras los eventos inexplicables de los últimos días y la manera en que los recuerdos de lo que había sucedido parecían desvanecerse cada vez que trataba de enfocar su atención en ellos, después de la montaña rusa emocional que había sido lidiar con ese nuevo y extraño Marco que parecía adorar el suelo que ella pisaba (lo que de hecho no estaba nada mal, sólo era un poco extraño) y la triste manera en que se habían despedido, estaba exhausta, de mal humor y acababa de recordar algo que nunca tendría que haber olvidado.

-Nada de esto es real -se dijo a si misma en un susurro sorprendido- Todo está en mi cabeza.

Con una confianza renovada clavó los ojos en los de la criatura y se sorprendió al ver como todo a su alrededor titilaba por un instante antes de volver a la normalidad, se permitió una sonrisa mientras se erguía cuan alta era para enfrentarse a la monstruosidad bicéfala que se alzaba frente a ella.

-Vamos pues -dijo, aún con la presuntuosa sonrisa en los labios.

Lo siguiente que supo fue que veía el techo del alcantarillado con un solo ojo, estaba mojada y le dolía todo el cuerpo. Podía escuchar vagamente el llanto de los niños pero le llegaba como si el interior de sus oídos estuviera recubierto de hule espuma, trató de moverse pero en cuanto lo intentó un ramalazo de dolor la inmovilizo y el mundo a su alrededor comenzó a a dar vueltas obligándola a cerrar el único ojo con el que aún podía ver en un intento de que el mundo dejara de girar pero no sirvió de nada, por el contrario en la oscuridad tras los parpados el universo pareció doblarse sobre si mismo en extraños patrones como una especie de origami plegado por un dios enloquecido.

-Esto no es real -se repetía a si misma una y otra vez a pesar de que el dolor que se extendía desde su costado y hacia el resto del cuerpo le informaba sin piedad de lo contrario.

Los gruñidos de las criaturas se mezclaban con los chillidos casi ultra sónicos de los niños en un caleidoscopio auditivo que tras unos momentos se vio interrumpido por una voz extrañamente conocida justo sobre su cabeza.

-¿Qué hacer con esta? -el cerrado acento era inconfundible.

-¿Buff Frog? -la chica abrió el ojo luchando contra las nauseas que esta simple acción le provocaba.

-¿Conocernos? -el hombre rana sonaba contrariado- no recordar.

-Soy yo, Star -a la princesa comenzaba costarle trabajo hilar las ideas- por favor…

-Lo siento -la criatura se encogió de hombros antes de tomarla por la cintura y cargarla como un saco de patatas sin esfuerzo alguno- no conocerte.

El brusco movimiento hizo que el mundo diera un último vuelco y la chica sintió como su consciencia comenzaba a alejarse en busca de nuevos horizontes, con un último, supremo esfuerzo logró articular unas pocas palabras antes de caer en una bienvenida oscuridad.

-Katrina... -alcanzó a decir.

El monstruo se detuvo, aseguró el agarre que tenía sobre la chica y tras darse cuenta de que se había desvanecido volvió a avanzar a a través de los túneles, lenta y pensativamente, permitiendo que sus compañeros se adelantaran, tras poner una distancia prudente con ellos tomó una desviación con toda la discreción que su enorme tamaño le permitía y se perdió entre las húmedas sombras del alcantarillado con la inerte niña bajo el brazo.

7

Marco alzó la vista del diario, algo aturullado, y tuvo que parpadear un par de veces antes de darse cuenta de que la ligera neblina que le cubría la vista era en realidad la humedad de las lágrimas que le corrían por el rostro desde quien sabía cuando, ni siquiera tenía idea del tiempo que había pasado leyendo los textos dejados por su mejor amiga pues se había perdido entre las ideas e imágenes que la chica había pintado de manera algo torpe pero completamente honesta (y a fin de cuentas, ¿porqué hubiera tenido que ser de otra manera?, no es que estuviera escribiendo para nadie más) en su diario.

Una vez que hubo superado el inicial sentimiento de vergüenza que le producía espiar en los mas privados rincones mentales de la chica que amaba -en parte gracias a los entusiastas ánimos del Sargento quien ya ni siquiera se molestaba en llamarle al celular y de alguna manera parecía hablarle directamente al cerebro- no había podido detenerse en una glotona degustación del texto desde la primera página en que relataba su llegada a la tierra -otra tierra diferente, mas feliz- hasta el momento en que había caído herida en combate presa de su propia confianza y la malograda creencia de que por alguna razón era invencible, pasando por episodios cada vez mas extraños y en ocasiones rayanos con lo bizarro.

Al final lo único que a duras penas había logrado comprender era que en alguna otra parte, en otro universo o quizá en otra realidad, vivía otro Marco Díaz, uno más afortunado, mas despreocupado y al menos en su opinión bastante más estúpido; uno que de alguna manera no se percataba de los sentimientos de la chica y que no los correspondía.

Inconcebible.

El joven miró con tristeza en dirección a su pie faltante, durante el tiempo que se había perdido en la lectura había conseguido olvidar momentáneamente el amargo destino que le aguardaba y recordarlo así, súbitamente, le causó una punzada de dolor en el alma o al menos donde imaginaba que tenía una; el vacío había avanzado bastante y ahora le quedaba menos de media pierna, hizo un esfuerzo para flexionar la rodilla que ya no tenía y no le sorprendió demasiado sentirla aún ahí como si nunca la hubiera perdido.

Si tan sólo tuviera tiempo.

Si tan sólo pudiera ser ese otro Marco...

Pero eran únicamente quimeras, deseos imposibles y quizá le valiera más dedicar sus últimos momentos en algo más útil aunque no se le ocurriera que.

"Paciencia muchacho", canturreó la voz del Sargento en su mente, "paciencia".

-¿Paciencia para qué? -contestó el chico con una nota de amargura en la voz- hice todo lo que me pediste, acabé el maldito diario -se arrepintió de llamarlo así al instante pero lo dicho, dicho estaba- espero que haya servido de algo, pero no veo para que.

"No comas ansias," pudo jurar que había una risita entre dientes escondida entre las palabras, "el final se acerca, si, pero aún falta un poco".

-Sargento -sollozó el chico- tengo miedo.

"Claro que tienes miedo", por una vez escuchó seriedad en la voz del hombre, "estarías loco de no tenerlo muchacho, pero tienes que superarlo, Star aún te necesita."

-¿Qué más puedo hacer?, ¡ni siquiera puedo moverme, ya casi no existo!

"Pero aún existes, aún nos queda algo de tiempo y debes aprovecharlo".

-¿Tiempo para qué? -Marco no pudo contenerse más, la frustración y el miedo patentes en las lágrimas que le barrían el rostro se apoderaron de su voz que terminó saliendo en chillidos y exabruptos- ¿Para leer de esa vida que no es mía?, ¿eh?, ¿tiempo para ver como ese otro imbécil sale con otras chicas?, ¡¿tiempo para qué?! -repitió en un grito amargo.

"¡Tiempo para salvar a Star!" tronó la voz del hombre "¡Tu papel en todo esto no ha terminado!"

-¿Mi papel?, ¿qué soy un maldito personaje en una historia?

Un prolongado suspiro llenó el armario.

"Si," contestó finalmente la voz, "eso es exactamente lo que eres muchacho."

-¿Qué?

"¿Qué?"

-¿Qué quiere decir?

"No se, tú dime."

-Por favor no hagas eso justo ahora.

"Ay muchacho," la voz del sargento se volvió un murmullo confuso por un momento antes de volver, "¿estás seguro de que quieres saberlo?, tras esto ya no hay vuelta atrás."

-¡Claro que si!

El suspiro que siguió fue tan enorme que Marco prácticamente pudo ver al hombre apretándose las sienes con la mano tratando de encontrar las palabras correctas y por un momento sintió la necesidad de detenerlo, como si las palabras que estaba apunto de ser pronunciadas pudieran dañar más al Sargento que a si mismo pero se mordió la lengua antes de decir nada.

"Muy bien," concedió la voz finalmente, "pero te lo advierto, esto no te va a gustar."

-A diferencia de mi situación actual, ¿no?

El sargento hizo una nueva pausa antes de soltar una estentórea carcajada.

"De verdad que eres otra cosa muchacho."

Marco no pudo evitar una pequeña y triste sonrisa.

"Muy bien pues, básicamente tú y tu mundo existen desde hace mas o menos tres días."

Un silencio expectante cayó sobre el armario hasta que Marco se atrevió a preguntar.

-Eso no puedes ser -al chico le temblaba la voz- o sea, recuerdo cosas de mi infancia, ¿nada de eso es real tampoco?

"No es que no sean reales, es que… no se muy bien como explicarlo para que lo entiendas, mira, tu mundo nació cuando Star entró en el, ¿me sigues?"

-No muy bien, la verdad.

"Quiero decir, antes no había nada, Star imaginó tu mundo y este comenzó a existir."

-¿Y mi vida?, ¿mis padres?, ¿mis recuerdos con ella?

"Aquí es donde se pone complicado, cuando tu realidad comenzó a existir no es como si hubiera empezado desde cero, más bien fue como si siempre hubiera estado ahí."

-Eso no tiene ningún sentido.

"Quizá para ti no, pero así es como sucedió."

-Entonces quiere decir que mi vida de alguna manera si sucedió.

"No, si, ¿tal vez?, lo importante es que justo aquí y ahora existes, ¿no lo crees?

-La verdad es que no se que creer, ni siquiera se lo que soy.

"Eres Marco Díaz, de eso no tengas duda."

-Pero no soy el verdadero Marco Díaz, ¿verdad?

"Supongo que eso depende de lo que consideres como verdadero; es cierto que ella los creo a ti y tu vida, pero eso no quita que tú seas tú, ¿entiendes?"

-No, la verdad es que no.

"Mira muchacho, no puedo estar seguro pero creo que Star no te creo a propósito, simplemente necesitaba de ti, de esta versión tuya completamente devota y leal."

-¿O sea que mi existencia no es mas que una especie de confort para ella?

"Pues si, eso creo."

-¿Porqué lo hizo?, ¿solo porque no puede tener al verdadero?, ¿para que conformarse con un mundo de mentiras?

"No era un mundo de mentiras, era un lugar donde ella hubiera podido ser feliz."

-No lo entiendo, si podía crear cualquier clase de sitio, ¿porqué un mundo donde pensaran que estaba loca?, ¿porqué no un lugar donde pudiera tenerlo todo?

"No puedo estar seguro, pero no creo que haya hecho esto a propósito."

-¿Cómo diablos creas una realidad por accidente?

"Es mas común de lo que piensas, pero no es el punto, lo que creo es que sus sentimientos se salieron de control, su magia ya de por si era inestable desde que perdió la mitad de su varita y el resultado fue esta realidad."

-Honestamente sigo sin entender nada.

"Eso explicaría el hecho de que esta realidad sea tan gris," el hombre lo ignoró mientras seguía el hilo de sus propios pensamientos, "y también el hecho de que esos dos estén dando problemas por aquí."

-¿Esos dos?

"Los conociste, la doctora y su asistente, el que existan y estén tratando de destruir el mundo de Star sólo se explica si todo esto no es mas que un gran accidente."

-O sea que sin ellos todos hubiera estado bien.

"No, al menos no lo creo. Mira, digamos que mi teoría es correcta y Star creo todo esto sin querer, si lo hubiera hecho a propósito entonces este mundo hubiera sido diferente, quizá mas como Mewni o tal vez como la tierra del otro Marco, pero en vez de eso tenemos esta ciudad sin magia, donde es una paciente psiquiátrica, su doctora es en realidad una antigua enemiga y la única cosa buena que tiene es a ti, ¿no te dice algo?"

-Tal vez... ¿tal vez se siente culpable?

"¡Exacto!, no es consciente de ello pero una parte de su mente sabe lo que hizo y como resultado no le permite crear su paraíso, sin embargo necesita un ancla, algo de lo que agarrarse..."

-Y esa ancla soy yo.

"Veo que ya vas entendiendo."

-La verdad es que no, pero después de esta noche supongo que puedo creer cualquier cosa.

"Con eso debería ser suficiente, además eso explica porqué cuando la princesa abandonó este mundo tú te convertiste en el punto cero."

-¿Eh?

"Claro, claro, no podías verlo pero cuando todo desapareció tu siempre fuiste el centro hacia el que todo se encogía."

-Que honor...

"Aunque no lo creas si lo es, eras el punto focal de este mundo."

-Eso sería muy lindo y todo si mi mundo aún existiera, ¿sabe? -el chico pensó por un momento dándose cuenta de que entre toda la información que le faltaba había una pieza crucial- y a todo esto -dijo al fin- ¿quién o que es usted?

Pudo escuchar inequívocamente la sonrisa al otro lado.

"Tienes razón, no me he presentado, mi nombre es Glossaryck, Sir Glossaryck de los Términos, para ser precisos."

-Que nombre tan raro.

"¿Tú crees?, a mi me gusta,"y añadió con cierto orgullo, "me lo puse yo mismo."

Marco guardó silenció en espera de que su interlocutor continuara.

"En cuanto a lo que soy," dijo por fin el hombre, "eso es otra cosa, digamos que soy muy viejo y por lo tanto muy sabio, ¿te parece?"

-No, la verdad es que no.

"Mira muchacho, te podría decir que soy la fuente de toda la magia en el universo, en todos los universos, podría decirte que estuve aquí desde el principio y que muy probablemente aquí siga hasta el final de todo, contarte historias de mundos que no creerías y enumerar los nombres por los que se me ha conocido a lo largo del tiempo y el espacio, pero simplemente no tenemos tanto tiempo."

-¿Y si es tan poderoso porqué no resuelve este asunto y ya?

"No funciona así," suspiró la voz, "aunque quisiera, no puedo escribir sus historias por ustedes, imagina que aburrido sería el mundo si todos los problemas se resolvieran con tan sólo agitar una varita y ya, ¿donde estaría la gracia en eso?"

-Ya, eso es lo que somos para usted, ¿no?, historias y nada mas.

"El mundo está hecho de historias muchacho, buenas y malas, aburridas y apasionantes, cada uno de ustedes puede ser el protagonista de su propio cuento, vivir sus propias aventuras y alcanzar el mejor final que les sea posible, eso es la esencia de la realidad, de todas las realidades posibles."

- ¿Y entonces que hace usted?

"Digamos que soy un supervisor."

-¿Entonces porqué nos ayuda?, ¿porqué me trajo hasta aquí?, ¿que pretende?

"¿Qué te puedo decir?, me gustan los finales felices.

-No veo como pueda tener yo uno -Marco miró a donde ya no estaba, quedaba un poco menos de la mitad de su cuerpo.

"Entonces sigue leyendo muchacho, en todas las buenas historias lo mejor viene tras la parte mas oscura."

El chico dejó escapar un suspiro y alzó el diario una vez mas, esta vez con cierta dificultad y se concentró en la femenina caligrafía de su amor perdido.

8

El caos reinaba en la habitación de Moon con luchadores de ambos bandos que yacían golpeados y malheridos encima de todas las superficies imaginables incluidas (pero no limitadas) a la amplia cama que dominaba el fondo de la alcoba, la chimenea que afortunadamente se encontraba apagada en esos momentos y de alguna manera que nadie hubiera podido explicar un par de soldados enemigos habían terminado en el fondo del armario con algo de la ropa interior de la reina desparramada sobre sus cabezas, escandalizándola de tal manera que abandonando cualquier pretensión de dignidad se había unido a la refriega repartiendo bastantes mas golpes de los que lograban acertarle.

Tom y Marco se encontraban espalda contra espalda en un intento por repeler a cuantos agresores pudieran, la desventaja en que luchaban era patente en la multitud de heridas y magulladuras que los cubrían y la exhausta cadencia de sus movimientos pero sus rostros brillaban con un par de fieras sonrisas que no dejaban lugar a dudas sobre la alegría que les producía haberse reencontrado a pesar de las circunstancias.

-¿Pero cómo? -era lo único que había logrado preguntar el humano al ver a su amigo presuntamente muerto llegar al rescate.

-No quiero hablar de eso -la respuesta del demonio había venido acompañada de un estremecimiento.

Luego no habían tenido tiempo para nada que no fuera el combate y ahora apenas si conseguían jadear por el esfuerzo.

-¡Ataquen! -se se dejaba escuchar la voz chillona de Ludo una y otra vez, nunca desde el mismo sitio y jamás a la vista de nadie, era casi como un molesto fantasma gritando ordenes que de manera tácita todos habían decidido ignorar concienzudamente.

Hekapoo por su parte volaba de un sitio a otro intercambiando golpes, paradas y contragolpes con cualquier enemigo lo suficientemente tonto como para cruzarse en su camino, las garras en sus manos extendidas nuevamente haciendo trizas todo lo que tocaban.

El resto de sus aliados, monstruos y mewmanos por igual luchaban lo mejor que podían en las caóticas circunstancias que les permitía la alcoba real, por ahí se podía ver a Buff Frog alzando en vilo a un soldado enemigo para luego lanzarlo contra un par de sus compañeros y mas allá una quimera con cuerpo de toro y cabeza de ratón protegiendo a los soldados de la reina con unas suaves zarpas de gatito mientras Boo Fly lanzaba escupitajos a los ojos de los enemigos cegándolos momentáneamente dándoles así oportunidad a los mewmanos de contraatacar.

Marco no pudo evitar conmoverse ante estas escenas, sabedor de que Star hubiera estado orgullosa de ver a su gente (pues la chica los consideraba su gente a todos por igual) luchando hombro con hombro ante el invasor.

Sólo había un problema y era que a pesar de todos sus esfuerzos no estaban ganando la batalla, más bien al contrario, sin importar a cuantos enemigos derrotaran sus números no parecían disminuir, era como luchar contra una hidra: por cada soldado que caía dos más tomaban su lugar.

-No creo que pueda seguir así por mucho tiempo -le confesó Marco a su amigo demonio entre jadeos.

-Hmph -respondió Tom en tono de mofa al tiempo que detenía a un agresor- te he visto luchar contra dinosaurios así que no salgas con eso.

Pero vio que el humano no mentía, al moverse arrastraba la pierna derecha y era obvio que le estaba costando mucho trabajo mantener los brazos en alto, inclusive la sonrisa desafiante que seguía dibujada en su rostro se parecía cada vez mas a una mueca.

Y aún así no se rendía, el demonio lo vio vencer a un par de soldados más haciendo gala de una parquedad de movimientos dignos de un maestro en su arte marcial, a pesar de la preocupación que le causaba no pudo evitar llenarse de orgullo al combatir una vez más junto a su mejor amigo.

Por supuesto que ese fue el momento preciso en que las piernas dejaron de sostener a Marco haciéndolo caer de rodillas, exhausto. Tom se apresuró a interponerse entre él y una espada que ya zumbaba en dirección a su cabeza, logró detenerla pero una de sus manos completamente cercenada salió volando en dirección a la pared lo cual no evitó que con una certera patada enviara volando al atacante en dirección contraria.

-¿Estás bien? -le preguntó al humano quién asintió pesadamente sin siquiera percatarse del apéndice que le faltaba a su amigo.

-Tenemos que sacarlo de aquí -Hekapoo aterrizó al lado de los chicos, era obvio que nunca les había quitado el ojo de encima.

-Estoy bien -jadeó el chico que claramente no estaba ni un poco bien.

-No Marco -le dijo la mujer- recuerda que si algo te sucede le sucederá también a Star.

-¿Eh?, ¿de que hablan?

-Ahora no, sólo ayúdame a poner a Marco a salvo.

Alzando al humano por la axilas se abrieron paso a través del zafarrancho en busca de algún escondite para su amigo mutuo, con su fuerza combinada no les fue demasiado difícil moverse entre el caos de golpes y alaridos ni esquivar o castigar a los imprudentes que trataron de atravesarse en el camino, tras analizar el cuarto no tardaron que el único sitio medianamente seguro al que podían acceder en ese momento era el armario de la reina así que hacia allá se dirigieron.

-¡¿Qué creen que están haciendo?! -escucharon el lejano grito de la monarca pero lo ignoraron concienzudamente.

-Aquí debería estar bien -dijo Hekapoo tras sacar los cuerpos que habían aterrizado ahí antes y (con un inesperado sentido del decoro) guardado las prendas íntimas de Moon en un cajón.

-Me quedo con él -afirmó Tom, plantándose junto a su amigo.

-No, te necesitamos aquí afuera.

-Marco me necesita más, tú puedes encargarte de esos soldados debiluchos sin mi ayuda.

-La verdad es que no -respondió la guardiana- mira.

Lentamente, casi con timidez le mostró una de sus zarpas.

-¿Qué tiene?, ¿cual es el pro…?

Se detuvo a media frase al darse cuenta de cual era el problema, por un momento consiguió ver a través de la garra de la mujer como si esta fuera de cristal y ahora que se fijaba con atención en realidad era toda ella la que parecía desvanecerse por momentos, como si su existencia parpadeara insegura de si misma.

-Ya casi no me queda magia -confesó ella.

-Oh.

9

Star despertó ante un impactante primer plano del rostro de Buff Frog a aproximadamente diez centímetros de la suya y en su honor hay que reconocer que además de uno o dos parpadeos extra logró conservar la mayor parte de su dignidad y no dejó salir el grito de terror o al menos el gemido de agonía anticipada que la mayoría de las personas hubieran emitido en su lugar.

-¿Estar bien? -preguntó el monstruo y había tanta preocupación en su voz que la chica estuvo a punto de darle un abrazo.

-Creo que si -dijo ella- ¿qué me sucedió?

-Intentaste detener un mazo con la cara -intervino Mina unos pasos detrás de la criatura- eso sucedió.

-No salirte bien -agregó Buff Frog, siempre cooperativo.

-Eso veo -la chica trató de incorporarse y se detuvo inmediatamente al sentir un ramalazo de dolor por todo su cuerpo.

-No haber sido la cara -le dijo el monstruo en tono de confidencia- en realidad parar mazo con el hombro.

-Gracias Buff Frog -la princesa sonrío.

-Pero en serio, ¿cómo estás?

-Bastante bien, dadas las circunstancias -la chica giró los ojos (y sólo los ojos) para poder ver donde se encontraban.

Ya no estaban en el alcantarillado, en vez del lúgubre y húmedo sitio donde había perdido la consciencia a su alrededor se podía apreciar la también húmeda pero por el contrario bastante acogedora cabaña de su monstruoso amigo, retratos mostrando un montón de renacuajos tapizaban las paredes y encima de una chimenea increíblemente poco funcional una enorme pintura del propio Buff Frog llevando sobre sus anchos hombros a una renacuajita de enormes piernas y ojos brillantes por la curiosidad.

-Tú conocer a Katrina -el monstruo siguió la mirada de Star- ¿porqué?

-La verdad es que es una historia muy larga…

-Ser de otro mundo, si, ¿como conocer a Katrina ahí?

-Le platiqué la historia que me contaste -aclaró Mina ante la visible confusión de Star- tardaste un poco en despertar.

-Muy bien, muy bien -Star suspiró antes de dirigirse a la criatura- en mi mundo somo amigos y un día nos pediste que cuidáramos a tus bebés y… creo que no era una historia tan larga después de todo.

-No, la verdad es que no.

-Pero lo hubiera sido si no le hubieras contado todo lo demás.

-Odiar interrumpir pero, -el monstruo se inclinó hacia la princesa- ¿donde estar mi bebé?

-¿Qué quieres decir?

-Katrina y Buff Frog nos han ayudado desde que las criaturas invadieron Mewni.

-Nosotros no invadir, ustedes mewmanos quitarnos nuestra tierra.

-Si, si, lo se -asintió Mina- pero eso fue hace generaciones, ni siquiera deberíamos estar peleando por eso.

-Por eso Katrina decidir ayudarlos, ella pensar que paz ser mejor.

-¿Y tú? -intervino Star- ¿qué piensas tú?

-Yo apoyar a mi pequeña, ella enseñarme que no todos ustedes ser malos -dirigió un cabeceo a Mina- ella por ejemplo ser amiga de mi Katrina desde hace mucho.

-Claro que en ese entonces nos veíamos en secreto hasta de ti -río ella- o me hubieras matado.

-Ser verdad -sonrío el monstruo a su vez.

-Un momento -los interrumpió Star- entonces los mewmanos invadieron a los monstruos, ¿cierto?

Los otros dos asintieron.

-Luego los monstruos se rebelaron, recuperaron sus tierras y ahora los mewmanos viven en las alcantarillas.

-Los sobrevivientes viven en las alcantarillas -puntualizó Mina- no quedamos muchos.

-Y tras última redada quedar aún menos.

-¿Qué?

-Mewmanos no ser amables con nosotros, siempre atacar y robarnos comida.

-No les dejamos opción, al final eran ellos o nosotros…

-Y nosotros ganar.

-Si quieres un consejo, deberías volver de donde sea que hayas venido, por lo que me contaste al menos suena como un sitio pacífico.

-Para empezar no tengo idea de como llegué aquí y hasta el momento en que su amigo -hizo un gesto con la cabeza en dirección al monstruo- me golpeó pensaba que este sitio era una alucinación o algo así.

-No ser mi amigo y por lo que Mina contarme tu creer que estar en una silla de sicológico, ¿verdad?

- "Psicólogo" -corrigió Star- y si, pensé que era alguna clase de terapia rara o algo así.

-¿Y ahora?

-No tengo idea, recuerdo sentarme en el diván y su voz diciéndome cosas, recuerdo abrir los ojos en este Mewni y todo eso, pero no tengo idea de como regresar allá.

-Con tu Marco -Mina le guiñó un ojo travieso.

-No es mi Marco -negó la princesa con tristeza.

-Pero te encantaría que lo fuera.

Star se sonrojo al asentir con la cabeza, no podía negar que le hubiera encantado que su Marco la viera de esa forma.

-No vale la pena hablar de eso, lo importante es: que vamos a hacer ahora.

-¿Qué quieres decir?

-¿Cómo vamos a rescatar a la gente que capturaron?

-Star -la enorme garra del monstruo se apoyó en el hombro de la chica- no haber manera de rescatarlos.

-¡Claro que si! -por un momento la princesa recuperó su brillo particular- ¡solamente tenemos que hacer un plan!

-No Star, no entiendes.

-Haber pasado casi medio día dormida.

-¿Y?

-A estas alturas la mayoría de ellos…

Mina se detuvo a media frase, volteando el rostro para que la princesa no pudiera ver como se le humedecían los ojos.

-Mina, ¿ellos qué?

Al no recibir respuesta dirigió su atención al monstruo que solamente negó con la cabeza.

-Ser comida -dijo con tristeza- los suertudos.

-¿Cómo que los suertudos?

-Parece que los niños saben mejor, -dijo Mina entre dientes- así que al menos a ellos los matan rápido para comerlos.

-Hombres pelear en torneos, hasta morir.

-Y a las mujeres… -no pudo continuar.

-Pero… pero… Eso no puede ser verdad.

-Así son las cosas aquí princesa.

-No está bien -Star negó con la cabeza, ignorando a la guerrera-se suponía que este fuera un lugar mejor.

-Es culpa nuestra -Mina la tomó de las manos- pudimos ser mejores pero no lo hicimos.

-Ser culpa de todos -intervino Buffrog- demasiado odio.

-No puedo hacer las cosas bien de donde vengo -Star apretó las manos de la guerrera tan fuerte que esta tuvo que retirarlas con esfuerzo- no puedo hacer las cosas bien ni siquiera en mi propia imaginación…

-Star…

-¡Nada puede salir nunca bien! -un estallido de poder los sacudió a todos lanzando al monstruo y la mewmana contra las paredes- ¡No puedo estar con Marco!, ¡no puedo crear un sitio donde haya paz!

La princesa flotaba en medio de la habitación, su largo cabello erizado entre chispazos de electricidad, los ojos que normalmente lucían como el cielo en un día de verano brillaban con un venenoso tono verde y a su alrededor el espacio parecía distorsionarse, hinchándose un momento para perder toda sustancia al siguiente.

Mina se cubrió la boca con las manos, aterrada al ver frente a ella cientos de realidades, cada una de sus posibles vidas representada en fugaces estallidos de irrealidad, por un momento fue todas las versiones de si misa que hubiera podido llegar a ser y lloró mientra sentía como su propia identidad se disolvía entre todas las Minas que nunca habían sido.

Buff Frog ni siquiera podía moverse, simplemente yacía con los ojos nublados y la lengua de fuera, la única señal de que seguía con vida era su pecho que subía y bajaba con rapidez hasta que los labios se le curvaron en una pequeña sonrisa y trató de alzar una mano con la palma extendida hacia la princesa.

-Katrina… mis niños -dijo, y la dejó caer.

-¡Star!, -se escuchó un grito desde ninguna parte, desde todas direcciones- ¡No!

El verde en los ojos de la princesa parpadeó en azul dos veces antes de que el color cielo se extendiera mas allá de sus pupilas abarcándolo todo y a todos para finalmente contraerse en un diminuto punto de luz que tras un instante de expectante inmovilidad se expandió de nuevo hasta el infinito llevándose al mundo con él.

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-¡Star!, ¡No!

Agotado como estaba marco nunca supo con total certeza si él había lanzado el grito o este había venido de alguna otra parte, apenas si podía mantenerse en una posición vagamente vertical sin que el universo pareciera girar a su alrededor, hizo su mejor intento para concentrarse pero lo único que podía escuchar era el ruido de la batalla tras las puertas de madera donde sus amigos lo habían resguardado.

Volvió a tratar de incorporarse poniendo toda la fuerza que pudo reunir en sus anquilosadas extremidades y por un momento pareció que iba a conseguirlo, se alzó apoyando la espalda contra la pared mientras les exigía a sus piernas lo que por momentos parecía el esfuerzo sobre humano de impulsarlo hacia arriba hasta que durante un glorioso momento se encontró completamente erguido.

Luego se inclinó hacia el frente y vomitó antes de que la energía lo abandonara y se desplomara como un muñeco de peluche sin relleno.

Se quedó tirado en el piso durante lo que le pareció una eternidad o dos esperando al que el mundo dejara de dar vueltas a su alrededor o al menos a que decidiera dejar de ser una espiral de colores nebulosos y volviera a enfocarse en algo coherente que fuera capaz de reconocer.

Nada de esto tenía ningún sentido, pensó el humano, tan sólo un par de días antes había podido luchar junto a Tom y Hekapoo contra estos mismos enemigos, claro que ahora parecía haber más de ellos pero aún así no parecía lógico que hubiera alcanzado ya su límite y sin embargo así era, se sentía como si le faltara parte de si mismo y no tenía ni idea de porque, era casi como si algo en su interior se hubiera desvanecido y el vacío resultante estuviera consumiéndolo desde adentro.

Pero tenía que hacer algo, no podía simplemente esconderse mientras sus amigos luchaban aun si era por el bien de Star, la conocía mejor que nadie y estaba completamente seguro, totalmente convencido de que su mejor amiga en todo el mundo, en todos los mundos posibles hubiera estado de acuerdo con él.

-Star -dijo- espérame un poco más.

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-¡Star!, ¡No!

El libro cayó de las manos del chico, o mejor dicho del lugar donde un instante antes habían estado sus manos, trató de moverse y descubrió que ya no podía hacerlo, no podía verlo pero lo único que quedaba de él era un rostro que parecía flotar en medio del armario e incluso eso comenzaba a parpadear hacia la inexistencia.

-Oh muchacho -la voz de Glossaryck se escuchó como si lo tuviera al lado- lamento que haya tenido que ser así.

-¿Qué sucede después?, ¿Star está bien? -al final eso era lo único que le importaba.

-No te preocupes por eso -no podía verlo pero estaba seguro de que el hombre agitaba la mano para dar a entender que no tenía importancia- la magia está con ella.

-Eso es bueno, supongo -dijo el chico con calma- entonces supongo que eso es todo.

-Si, creo que tienes razón. Gracias Marco, por todo.

Marco trató de sonreír pero para entonces ya era poco más que un par de ojos.

Luego desapareció.

-Ojalá pudiera hacer algo por ti -se escuchó el murmullo de Glossaryck en medio del espacio que parecía consumirse a si mismo ahora que el último vestigio de existencia había desaparecido- pero no es como si tuviera el poder para hacerlo, ¿verdad?

Y si alguien lo hubiera podido escuchar hubiera jurado que la voz tenía una sonrisa puesta.