Capítulo 15

Tanabata

1

Nadie sabía ya cuanto tiempo había pasado desde el comienzo de la batalla, algunos podían decir que apenas habían transcurrido unos pocos minutos mientras que otros hubieran podido jurar que llevaban toda la noche peleando y no podían explicarse que el sol aún no se hubiera asomado por el horizonte.

Lo que una vez había sido la hermosa habitación privada de la reina de Mewni se encontraba completamente destrozada, manchones de sangre y cuerpos inertes decoraban ahora los lugares donde antes los hermosos muebles y refinada tapicería heredados durante generaciones cubrían cada centímetro disponible de la habitación.

Donde quiera que un hipotético espectador mirara encontraría las huellas indelebles que marcaron la última jornada de incontables almas, un mudo testamento que sin importar quien ganara esa noche contaría una historia de violencia y muerte sin sentido a las futuras generaciones.

Sin lugar a dudas los defensores de Mewni iban perdiendo, no era sólo que la mayoría de los combatientes aún en pie lucieran en alguna parte de sus cuerpos la insignia de la libélula, sino que era obvio que los pocos guerreros del reino aún en pie no conseguirían mantenerse esa posición vertical por mucho tiempo más, el único rasgo común que la extraña alianza entre monstruos y mewmanos compartía era el hecho de que estaban exhaustos; peleaban con valentía pero era un hecho innegable que ya no podían más.

De hecho hacía ya mucho tiempo que no podían más y lo único que los mantenía luchando era el terror que el enemigo les inspiraba, algo en la sonrisa vacía y la mirada enloquecida del príncipe Cyrus les decía que en cuanto la pelea se detuviera también lo haría su futuro y el de todos los que alguna vez hubieran conocido.

Cómo para probar lo bien fundado de sus temores el príncipe tomó al mewmano mas cercano por el cuello, lo alzó frente a sus ojos y dándole un puñetazo en el rostro lo lanzó contra una pared donde quedó despatarrado, inmóvil, mientras Cyrus dejaba salir una risotada que resonó aún por encima del infernal escándalo del metal contra metal, de muerte contra vida.

-¡Maldito! -los tres ojos de Tom brillaban como carbones al rojo vivo mientras se lanzaba al ataque.

La sonrisa maniática del hombre se ensanchó mientras alzaba su arma, la misma con que había empalado al joven demonio, con la esperanza de hacerlo de nuevo y asegurarse de que esta vez no pudiera regresar de la muerte.

Dentro del armario y tras varios intentos infructuosos Marco se incorporó tan deprisa que estuvo a punto de dar un salto involuntario, de repente se sentía mas fuerte que nunca y más que eso, el vacío que parecía drenarlo ya no estaba, se había ido, reemplazado por una extraña sensación de plenitud, era casi como si le hubieran regresado lo que le faltaba y un poco más.

Pero no tenía tiempo para ponderar sus sentimientos, tenía que ayudar a sus amigos así que abrió la delgada puerta que de alguna manera milagrosa había sobrevivido a la hecatombe sólo para encontrarse con la última escena que hubiera deseado ver.

Su mejor amigo estaba a punto de trabarse en combate contra el hombre que lo había asesinado, ambos volaban uno contra el otro y sin importar lo que intentara no había nada que pudiera hacer para evitarlo, estaba a punto de perder al demonio nuevamente y el sólo pensarlo hizo que se le encogiera el corazón.

-¡Tom! -gritó.

O al menos lo intentó, en el momento en que abrió la boca para lanzar su angustiado grito el tiempo pareció estirarse como una planicie hasta el infinito, todo se ralentizó hasta quedar perfectamente inmóvil permitiéndole apreciar cada detalle de la escena que se desarrollaba frente a sus ojos, cada rostro sudoroso y agotado, cada gota de sangre y cada lágrima derramada mezclándose en un doloroso brebaje de desesperanza y dolor, en una esquina pudo ver a la reina Moon defendiendo como mejor podía a una caída Hekapoo o al menos a la sombra casi transparente que quedaba de la guardiana; Buff Frog se encontraba a unos metros de ellas, sangrando por incontables cortes en su enorme cuerpo y aún así al final de cada uno de los brazos alzaba a un soldado enemigo en el inconfundible acto de estrellar sus cabezas una contra otra, a su lado -y Marco tuvo que mirar dos veces antes de poder creer lo que le mostraban sus ojos- el diminuto Ludo estaba suspendido a horcajadas sobre el cuello de un enemigo tratando de darle un picotazo a través del casco con férrea determinación en la mirada. Donde quiera que posara la vista podía ver actos de heroísmo y esperanza, de terror y maldad, hombres que protegían a sus compañeros con su cuerpo y cobardes que utilizaban a otros como escudos humanos ante los emvites de sus rivales, algunos valientes que se lanzaban en una carga suicida por su reino y sus familias y otros que huían despavoridos dejando a sus compañeros morir con tal de salvar sus propias vidas.

Durante el instante eterno pudo ver todo esto y mucho más, contempló a héroes y traidores en ambos lados del combate y lloró por todos ellos, por la violencia sin sentido que el rencor y la ambición de un sólo hombre les había traído.

Era curioso que en el rostro de ese hombre, oculta tras la sonrisa que había aprendido a odiar, inclusive más allá de la locura que le relampagueaba en los ojos lograra encontrar rastros de tristeza por un amor perdido, una sensación tan familiar que no pudo sino, al menos por un momento, sino sentir empatía por él.

El momento pasó, el rencor y el miedo eran demasiado fuertes y a pesar de saber que si hubiera estado en la misma situación, si Star lo hubiera abandonado, si no compartieran el místico lazo que los unía por siempre y para siempre quizá él también hubiera destruido mundos con tal de estar nuevamente a su lado.

Pero no podía perdonarlo, sencillamente era algo que estaba mas allá de si mismo, lo que le había hecho a Tom, la manera en la que había enjaulado a Hekapoo y la forma en que había manipulado a la reina Moon eran demasiado incluso para él, en ese momento por encima de todas las cosas lo que mas deseaba era borrarle esa maldita sonrisa del rostro.

Ni bien lo hubo pensado notó como el momento infinito dejaba de serlo, si antes parecía estirase hacia la eternidad ahora se sentía como si se contrajera a una velocidad pasmosa comprimiéndolos a todos en el aquí y el ahora, como si la infinita cantidad de posibilidades se redujera de forma exponencial dejando una única certeza indiscutible.

Y de repente, en un estallido tecnicolor, Star se encontraba de pie entre el hombre y el demonio, su largo cabello revoloteando furiosamente como petalos de oro al viento, en la mano derecha una varita, no la reliquia de su familia con su estrella rota, algo completamente nuevo, un corazón con alas de mariposa refulgía en el centro rodeada de colores pastel, los ojos azules brillando como el cielo del mediodía y una sonrisa en el rostro que le hizo latir con fuerza el corazón.

-Ya basta -dijo, la voz diáfana- se acabó.

-¿Nébula? -Cyrus bajó el arma, olvidándose por completo del combate mientras extendía una mano temblorosa hacia la princesa- ¿eres tú?

-No tengo idea de quien hables -Star se tocó los labios con el índice- de hecho ni siquiera se quien eres tú, pero creo que ya es hora de que te vayas.

-¡No! -rugió el hombre.

Parecía que iba a gritar algo mas pero ya no estaba ahí, en la habitación sólo quedaban un puñado de mewmanos muy confundidos y un grupo de monstruos con cara de no saber que hacer, nadie parecía estar herido y hasta donde se podía apreciar todos los muebles habían vuelto a su sitio, los tapices colgaban pulcramente en sus lugares y era como si ahí nunca hubiera sucedido nada mas emocionante que la limpieza de primavera, mucho menos una batalla campal por el futuro del reino.

-¡Star! -el grito de Marco era uno de pura alegría.

-Hola Mar... -la princesa no pudo terminar pues el chico la estrechaba con fuerza entre sus brazos, alzándola y girando con ella entre risas.

Ella rio de buena gana también, apretando a su amigo en respuesta hasta que este la depositó nuevamente en piso mirándola con tanto cariño que la princesa no pudo evitar sonrojarse.

-¿Estás bien? -Marco temblaba, libre al fin de una tensión que ni siquiera había sido consciente de haber estado cargando.

-¿Acaso no me viste acabar con toda esa gente? -bromeó ella, pero algo en el rostro de su amigo le hizo continuar- estoy bien Marco, no me vas a creer lo que tengo que contarte.

-¿Lo que tú tienes que contarme?, esperas a que escuches lo que me pasó a mi.

-Marco, eres el chico seguridad, apuesto a que te escondiste en un armario o algo así.

-Ja, ja, ja, muy graciosa, pero en serio, estos días han sido de locos.

-Como Alicia en el país de las quesadillas.

-Maravillas, Star, maravillas.

-Lo se -la princesa le sacó la lengua- sólo bromeo,

Su conversación no tenía sentido y lo sabían, pero estaban tan felices de verse que lo único que les importaba en ese momento era escuchar la voz del otro y sentir el cálido contacto de sus cuerpo aún fundidos en un abrazo.

-Yo estoy bien, por si les preocupa -la voz de Tom cayó como cubitos de hielo sacando a los chicos del pequeño mundo privado en el que estaban y haciéndolos separarse de un salto avergonzados hasta que soltó una risotada y los abrazó a ambos.- Que bueno que están bien -dijo en voz tan baja que solamente ellos pudieron escucharlo.

-Que todos estamos bien -lo corrigió Marco- no se como lo hiciste, pero nos salvaste Star.

-Es un trabajo de tiempo completo -respondió ella.

Esta vez los tres rieron, tomados de las manos y esto pareció romper la tensión que comenzaba acumularse entre el resto de los presentes; poco a poco monstruos y mewmanos comenzaron a acercarse y hablar, primero con algo de la timidez y desconfianza que generaciones de antagonismo había dejado en todos ellos pero todo eso comenzó a derretirse rápidamente y antes de que pasara mucho tiempo reían y relataban las hazañas que habían visto realizar a los demás; un soldado le narraba a sus amigos como Buff Frog lo había protegido con su cuerpo de la lanza de un enemigo al que después había lanzado contra un grupo de invasores como si fuera una pelota de bolos.

-No ser nada -respondía el monstruo sonzulándose en un intenso tono cerúleo- uno de ustedes avisarme que estar a punto de ser golpeado por un enemigo.

-Ese fui yo -reconoció un joven apenas mayor que Marco, avergonzado- perdón por llamarte sapo, es que no se tu nombre.

-Buff Frog -respondió él- ser Buff Frog.

-Mucho gusto Buff Frog -el joven le tendió la mano,- yo me llamo Kip.

Así fue como, por primera vez en la historia de Mewni, un monstruo y un mewmano se miraron frente a frente, dándose la mano como iguales y casi todos los presentes aplaudieron, casi todos.

Por desgracia y a pesar de todo lo que había ocurrido siempre habría aquellos que nunca aceptarían una amistad con la otra especie, pero al menos por ese día permanecieron callados, apartados de la algarabía que inundaba el salón rumiando su odio en silencio.

Pero para el resto era un día de fiesta, un día de cruzar el brazo sobre los hombros de los compañeros sin importar la especie, un día de descubrir que después de todo no eran tan diferentes y que tal vez, sólo tal vez, habían estado equivocados todas sus vidas.

-Nada mal, ¿eh? -Hekapoo se acercó a los chicos con una enorme sonrisa en el rostro,- quiero decir, lo único que hizo falta fue una invasión al reino para que estos se dieran cuenta de que no son enemigos.

-¡H-poo! -Marco soltó la mano de Tom para girarse hacia la guardiana- ¿estás...?

-¿Bien? -la mujer giró sobre si misma con no poca coquetería- ¿porqué no juzgas por ti mismo?

-¡No! -el chico se sonrojo- quiero decir...

-Ya se lo que quieres decir- respondió la mujer entre risillas antes de mostrarle un brazo- ¿ves?, sólida como una roca.

-E igual de densa -Moon apareció tras ella- deja a los chicos en paz un rato, parece que tienen mucho de que hablar.

-Aguafiestas -Hekapoo le sacó la lengua y luego le sonrió,- está bien, deberíamos revisar si todos están bien.

-Oh, todos están bien -le aseguró la reina- no me cabe ninguna duda.

-Mamá -fue el turno de Star para soltar la mano de Tom,- yo...

-Star... -la voz de la mujer tembló y no pudo decir nada más.

La chica hizo el ademán de acercarse pero una mirada de Hekapoo la detuvo, "aquí no", parecía decir, "ahora no" y la princesa entendió, los súbditos no podían ver flaquear a su reina, ni ahora ni nunca.

Moon le hizo un gesto a Hekapoo para que la siguiera pero antes de ir a felicitar a sus soldados y hablar con los monstruos les dirigió a los jóvenes amigos una última mirada y, reparando en que su hija y el humano seguían tomados de la mano, se permitió que una pequeña sonrisa curvara el borde de sus labios.

-Gracias Marco -le dijo al chico- gracias en verdad. Y a ti también Tom, no puedo esperar a contarles a sus padres lo valientes que fueron el día de hoy.

Antes de que los chicos pudieran decir nada se retiró seguida por Hekapoo quien, antes de irse, giró la cabeza y les guiñó el ojo.

-Buen trabajo -les dijo antes de seguir a la reina.

-Pero si yo no hice nada -protestó Marco.

2

El día siguiente fue uno de festejos como no se había visto jamás en el reino de Mewni, monstruos y humanos paseaban por las calles mágicamente decoradas, la Alta Comisión de Magia había estado a cargo de los preparativos y no parecían haberse contenido pues no había un solo rincón que no contuviera alguna sorpresa diseñada para hacer reír a los niños y sonreír a los adultos.

No era perfecto, por supuesto, en su mayor parte las criaturas se movían en pequeños grupos ante la incrédula mirada de los mewmanos y solamente aquellos que habían participado en la batalla del día anterior parecían acercarse abiertamente para intercambiar saludos y quizá presentarse mutuamente a los miembros de sus familias.

Después de todo eran el enemigo ancestral, tomaría mucho tiempo antes de que la gente de Mewni los aceptara como parte de su comunidad y ni siquiera la orden real recién emitida al respecto podía acelerar el proceso de aceptación que ambas especies iban a tener que atravesar si querían que la naciente paz perdurara.

-Debiste proclamarlos ciudadanos de pleno derecho -le reclamó Star a su madre.

Estaba asomada de uno de los ventanales del castillo mirando hacia la ciudad mientras una sirvienta ayudaba a la reina a arreglarse para el discurso que debía dar mas tarde.

-Tu madre tiene razón, Star -el rey River le tomó la mano a su hija cariñosamente- demasiados cambios demasiado pronto podrían ser contraproducentes.

-Lo se -suspiró la chica- es sólo que después de todo lo que vi... no quiero que esas cosas pasen jamás.

-Y no dejaremos que sucedan -la consoló la reina yendo hacia ella lo que obligó a su sirvienta a seguirla por la habitación mientras trataba de que el vestido de la monarca se mantuviera en orden- te lo prometo.

-Te lo prometemos -asintió su padre- y ahora -le guiñó el ojo,- ¿no deberías ir a recoger a tu novio?

-¡Papá! -Star se sonrojó- ¡sabía que no debía haberles contado nada!

Los reyes rieron y la princesa no tardó en unirse a ellos, algo avergonzada pero feliz de estar con sus padres, sus verdaderos padres, una vez más.

-Pero tienen razón, -reconoció la chica- Marco ya debe estar esperándome.

-Saludalo de nuestra parte -pidió el rey.

-Claro que si -se despidió Star antes de dirigirse al cuarto donde su mejor amigo había pasado la noche.

Marco, como era natural en él, se encontraba hecho un manojo de nervios; una vez finalizada la aventura y tras una noche entera donde por fin había tenido la oportunidad de organizar sus ideas y sentimientos se había dado finalmente cuenta de que estaba en problemas e incluso eso era decir poco, en realidad se encontraba total y completamente jodido.

Lo peor es que debería haber sido obvio desde el principio, las señales siempre habían estado ahí pero por alguna razón nunca se había atrevido a confrontarlas, al menos no hasta que los sucesos de los últimos días le habían obligado a por fin enfrentar la realidad.

Estaba enamorado de Star Butterfly.

Era curioso como había sido capaz de engañarse a si mismo durante tanto tiempo, pero no podía decirse que fuera enteramente su culpa, las cosas habían sucedido tan naturalmente entre ellos que sencillamente no se había dado cuenta del momento en que había empezado a sentirse así por su mejor amiga.

Pero no podía hacer nada al respecto, después de todo ella era la princesa de un reino mágico y él nada mas que un humano normal y corriente que había tenido la suerte de conocerla y la tremenda fortuna de poderse considerar su amigo.

Además estaba Jackie, no podía creer que después de años de estar loco por ella, ahora que finalmente habían comenzado a salir juntos descubriera que al final amaba a alguien mas.

-Soy una basura -se dijo a si mismo.

-Eso no te lo voy a negar amigo, -dijo Tom desde la puerta- pero vas a tener que ser un poquito más específico.

-Ugh -para disgusto del demonio que esperaba asustar a su amigo, el humano se giró decaído- tengo un problema.

-¿Podría por casualidad ser el hecho de que estás enamorado de mi ex y te sientes mal porqué saliste corriendo tras ella en el momento en que estuvo en problemas dejando atrás a tu novia en plena noche después de que hubiera vivido una experiencia traumática?, ¿o es alguna otra cosa?

-¿Pero cómo...?

-Vamos amigo, no soy tonto, -el demonio se rió ante la cara de confusión en el rostro del chico- además es bastante obvio, creo que a estas alturas todos se habían dado cuenta menos tú.

-¿Qué quieres decir con todos? -ahora era terror lo que se reflejaba en el rostro del humano.

-Bueno, -Tom comenzaba a disfrutar un poquito demasiado- Star para empezar, aunque nunca entenderé porqué, sus padres por supuesto, Ludo, Bufrog y los demás monstruos van por descontado.

-Mejor mátame de una vez.

-Oh, yo sería incapaz amigo mío -le aseguró el demonio antes de continuar- luego están tus papás, Janna, toda tu escuela y Jackie, claro.

-¡¿Qué?!, ¡eso no es posible!

-Por favor Marco, en serio tienes que dejar de subestimar a la gente.

Pero el humano había dejado de escuchar pues por su mente pasaban mil y un escenarios en los que hubiera podido hacerle saber a su novia que estaba enamorado de alguien más sin darse cuenta.

-Estás pensando en como se pudo dar cuenta, ¿verdad?

Marco asintió.

-Amigo, ya te lo dije, te escapaste de su habitación en mitad de la noche para ir tras otra chica, no se puede ser mucho mas claro que eso.

-Pero era una emergencia, Jackie lo entendería.

-¿Sabes que es lo peor?, -Tom apoyó la mano en el hombro de su amigo- que tienes toda la razón, lo entendió perfectamente y no por eso le dolió menos.

-Tom... ¿cómo puedes saber eso?

-Ella me lo dijo, obviamente.

-¿Qué?, ¿cuando?

-Estos meses que estuve viviendo en la tierra.

-¿Que tu qué?, -Marco lo miró anonadado- espera... ¡¿Meses?!

El demonio asintió.

-Yo tampoco lo entiendo, lo que sea que Star haya estado haciendo de verdad que estuvo a punto de descomponer el espacio-tiempo.

-Tom -esta vez fue Marco quien puso la mano en el hombro de su amigo- concentrate, ¿que quieres decir con que pasaste meses viviendo en la tierra?, ¿cómo?, ¿con quién?

El demonio sonrío, aún disfrutando con la confusión de su amigo pero al ver la mezcla de desesperación e intriga reflejada en sus ojos se rindió.

-Está bien -dijo al fin- ¿recuerdas que estábamos peleando contra el gigante ese y su ejercito?

-¡Claro que lo recuerdo!, ¡creí que habías muerto!

-Si, claro, como si nunca me hubieras visto separar mis manos y todo eso.

-Eso... es verdad -repentinamente Marco se sintió un poco tonto de haber dado a su amigo por muerto tan deprisa.

-Bueno, pues resulta que para ese momento ya habían transcurrido semanas es tu mundo y Jackie estaba comprensiblemente desesperada al no haber sabido nada de ti en todo ese tiempo.

-Pero no llevábamos ni un día aquí.

-Espacio-tiempo roto y todo eso, de verdad que no tengo ninguna explicación mejor amigo -Tom hizo una pausa para organizar sus pensamientos- en fin -continuó- aparentemente Jackie le pidió ayuda a tu amiga Janna y a esa mujer -un escalofrío le sacudió el cuerpo- no se le ocurrió nada mejor que utilizar un hechizo para invocarme.

-Espera, ¿te pueden invocar?

-Normalmente no -Tom sacudió la mano- pero en ese momento tenía una espada atravesándome el pecho y estaba bastante debilitado así que no pude resistir el llamado.

-Por eso desapareciste -un recuerdo cruzó la mente del humano y con el se dio cuenta de algo que casi había olvidado.

-Si, lamento haberlos abandonado en plena batalla, por cierto.

-Ludo y Buff Frog llegaron al rescate -respondió Marco, ausente- justo a tiempo, además.

-El pajarraco no deja de contarle a todo el que lo quiera escuchar como salvó al reino -Tom soltó una risotada que murió al ver el rostro de su amigo- Marco, ¿que te pasa?

-Tom -el chico bajó la mirada- cuando creí que te habían asesinado me volví loco, no sabía lo que hacía.

-Bueno, -el demonio no supo que decir- supongo que a mi me habría pasado lo mismo.

-Maté a un hombre Tom, -confesó Marco- le clavé una daga en la garganta y...

El humano no pudo continuar, la tensión de los últimos días por fin lo alcanzó llegando en oleadas, llenándole el pecho con una opresión que parecía querer asfixiarlo, boqueó en busca de aire hasta que finalmente el sentimiento encontró una salida a través de sus pulmones, su garganta y finalmente su boca de donde escapó como un gemido desgarrador estremeciendo su cuerpo en cortos espasmos que pronto se convirtieron en llanto.

-Lo maté Tom -gemía el chico entre los brazos de su amigo que lo apretaba fuertemente sin saber que mas hacer- soy un asesino.

-Era un batalla Marco -lo consoló el demonio- no fue tu culpa.

-Pero quería hacerlo, quería matarlos a todos, y tú estabas bien.

-Marco, amigo, no podías saberlo, si yo te hubiera visto morir también habría querido vengarme.

-Lo disfruté Tom, soy un asesino -repitió el chico.

-Y yo soy un demonio -Tom se separó de su amigo sin soltarlo y lo miró a los ojos- escucha, esos hombres venían a matarnos a todos y nos defendimos, no eres un asesino Marco, eres un guerrero.

El humano negó con la cabeza.

-Si, si lo eres, ni siquiera es tu mundo pero luchaste por el, luchaste por Star y lo volverías a hacer.

-Yo...

-No digas nada amigo, sabes que es cierto.

Esta vez el gesto de Marco fue afirmativo.

-Si -dijo- tal vez tengas razón.

-Claro que la tengo -el demonio le lanzó una fiera sonrisa llena de dientes.

-Igual me siento como una basura.

-Es natural que te sientas así, eres un buen tipo Marco -el demonio desvió la mirada algo avergonzado antes de confesar- y mi mejor amigo.

-Tú también eres mi mejor amigo Tom.

Se sonrieron mutuamente, un poco apenados y con una calidez interior que opacaba aunque fuera un poco los sentimientos negativos.

-Por cierto -dijo Tom- estuve viviendo en tu casa.

-¡¿Qué?!

-Tus papás son muy amables.

-¡Tom!

-¿Que querías que hiciera, mejor amigo?, ¿dormir en la calle?

-No pero... ¿con mis papás?

-Ellos mismos me lo ofrecieron, Jackie les explicó todo y me dejaron quedarme en tu habitación.

-Oh dios... ¿que es todo?

-Ya sabes, que estabas de aventuras con Star, esas cosas.

-¿Y que dijeron?, ¿están bien?

-Se preocuparon mucho, claro, pero confían en ti, tienes suerte, ¿sabes?

-Si, lo se.

-YJackieyyocomenzamosasalirjuntos -dijo el demonio tan rápido como pudo.

-¿Qué fue eso? -preguntó Marco sin entender.

-Jackie y yo comenzamos a salir juntos -repitió Tom mas despacio.

-¿Qué?, -el humano sintió como si el mundo se abriera bajo sus pies- ¡¿qué?!

-Marco, -Tom tomó la cabeza del muchacho entre sus manos obligándolo a mantener contacto visual- no, escuchame Marco, para ti sólo pasaron un par de días pero para nosotros fuero meses.

-¡¿Eso que tiene que ver?!

-¡Todo Marco!, ¡tiene todo que ver!, ¿no lo entiendes?

-¡No Tom!, ¡no lo entiendo!, ¡se supone que eres mi amigo!

-Eso no ha cambiado -el demonio soltó a su amigo- pero tienes que entender, estaba atascado en tu mundo sin manera de volver al mío, no conocía a nadie excepto a Jackie.

-Dijiste que te habías quedado en mi casa.

-Sólo porque ella consiguió el permiso de tus papás.

-¿Y ellos no dijeron nada al respecto?

-La verdad parecían algo emocionados de vernos juntos, creo que mas o menos me adoptaron.

-Si, eso es muy de ellos.

-Quiero decir, obviamente al principio no estaban de acuerdo, rayos, nosotros mismos nos sentimos como unos traidores por lo que empezamos a sentir.

-Pero esas cosas pasan, ¿no?

-Se que estás siendo sarcástico, pero si Marco, esas cosas pasan, ¿no estabas dándote de topes contra la pared precisamente porque estás enamorado de Star?

-¡Pero yo no hubiera traicionado a mi novia!, ¡no te hubiera traicionado a ti!

-No, lo se, -Tom se sentó dejándose caer al suelo- soy un mal amigo.

-Si, lo eres, -Marco se dejó caer junto a su amigo- ¿qué vamos a hacer Tom?

-¿Honestamente?, no tengo idea, lo que tú quieras, supongo.

-¿Lo que yo quiera?, si te digo que termines con Jackie ¿lo harás?

-Se que no me vas a pedir eso, aquí yo soy el mal amigo, no tú.

-Ya recuerdo porque te odiaba.

-Soy un gusto adquirido.

-Y tanto, pero tienes razón, no te puedo pedir que termines con ella, no sería justo.

-No.

-Para ella Tom, no sería justo para ella.

-También lo pienso, mira Marco, la verdad es que no pretendíamos que las cosas pasaran así, de verdad que sencillamente sucedieron.

-Por favor Tom, no te pongas melodramático conmigo.

-Está bien, pero tengo que decirte esto: estoy enamorado de Jackie y por mucho que te quiera no puedo cambiar ese hecho.

-Es genial, ¿verdad? -le dijo Marco con tristeza.

-Es más que genial, -el rostro de Tom se iluminó como el humano nunca lo había visto- ¡es fantástica!, la verdad es que no se como conseguiste salir con ella.

-¡Oye!

-Lo siento, lo siento, era una broma.

-Demasiado pronto.

-Tienes razón, disculpa, pero si sirve de algo le va a dar mucho gusto saber que estás bien.

-Algo es algo, creo.

-A mi también me da mucho gusto que estés bien, aunque tengo que confesarte que me pasé toda la noche pensando en como te lo iba a decir.

-Pobrecito de ti, decirle a tu mejor amigo que le robaste a la novia, que difícil.

-Aunque no lo creas lo fue, -se detuvo al ver el gesto en el rostro de su amigo- te estás burlando, ¿verdad?

-Te voy a ser honesto Tom, -Marco inspiró profundamente antes de continuar- estoy muy enojado contigo, furioso inclusive, pero no puedo decir que no te entienda, cuando estuve en la dimensión de Hekapoo también comencé a sentir cosas por ella.

-¡Amigo!, -Tom puso cara de asco- pero ella es... antigua.

-Si te gusta mantener los brazos pegados a tu cuerpo nunca dejes que ella te escuche decir algo así, y recuerda que pasé años allí, como adulto aprendí a apreciar algunas de sus... cualidades.

-Tremendas cualidades, -Tom le dio un codazo cómplice- pero en serio... ¿Hekapoo?

-Es mucho mas tierna de lo que crees.

-¿Y que pasó? -Tom no podía negar que la historia lo tenía interesado.

-Regresé a la tierra, perdí mis años y con el tiempo perdí algo más.

-¿El qué?

-No se como explicarlo, recuerdo todo lo que me sucedió, todas las aventures que tuve pero...

-Los sentimientos no están ahí.

-Aún la quiero mucho, es una gran amiga, pero lo otro...

-Ya no está.

-No está -confirmó Marco- no se de que otra manera expresarlo.

-No soy ningún experto, pero creo que ella lo arregló para que fuera así.

-¿Eh?

-Piénsalo, todo lo que viviste allá fue una prueba, te tomó tanto tiempo que terminaste convertido en un adulto pero si hubieras vuelto a la tierra así habrías perdido tu vida.

-Entonces ella...

-Si, te devolvió los años que pasaste en su dimensión pero eso no era suficiente, si sólo te hubiera regresado a la edad que tenías cunado te fuiste habría sido un adulto en el cuerpo de un niño, tenía que tomar eso también.

-Pero recuerdo todo.

-La memoria no es lo mismo que la madurez, además creo que no quería perder su amistad.

-H-Poo, -susurró Marco.

-Aún no puedo creer que permita que la llames así.

-Eso tampoco lo hagas.

-Ni que estuviera loco, me gustan mis brazos donde están.

Marco no pudo evitar soltar una carcajada y pronto ambos aullaban de la risa.

-Sigo enojado contigo -dijo el chico tras un rato mientras se secaba las lágrimas de risa que aún le brotaban de los ojos.

-Lo se.

-Pero también me quitaste un gran peso de encima.

-Diabolus ex machina -el demonio le guiñó el ojo.

-Eso... no me lo esperaba -dijo Marco sorprendido- ¿exactamente que estuviste haciendo en la tierra?

-Algún día te lo contaré todo, -Tom lanzó una significativa mirada indicándole que volteara- pero creo que en este momento estás ocupado.

-¿Eh?

-Así que yo me retiro -el demonio se apresuró a hacerlo no sin antes darle un codazo al humano y susurrarle- suerte amigo.

Marco se giró con la intención de seguir a su amigo pero al ver lo que el demonio había visto se detuvo en seco con un nudo en la garganta.

3

-Star -susurró.

-Esa soy yo -respondió la princesa con una sonrisa enorme en el rostro.

Marco siempre había sabido que su amiga era una princesa, inclusive había asistido a varios eventos oficiales como su acompañante y hasta tenía una habitación asignada en el enorme palacio donde la chica se había criado pero por alguna razón nunca se había percatado realmente de que Star era una princesa de verdad, una de cuento de hadas, de las que podían iluminar una estancia con su mera presencia y atraer a toda clase de animalillos del bosque unicamente con su canto (aunque la clase de criaturas que podía atraer la chica era algo que Marco preferiría no saber).

No se había dado cuenta hasta el preciso momento en que la vio parada bajo el dintel de la puerta, la misma chica con quien había compartido miles de aventuras, la adolescente traviesa a la que llamaba su mejor amiga, la misma a quien había enseñado a montar en bicicleta y quien le había enseñado los confines del universo a su vez; era la misma chica y alguien completamente distinta a la vez.

Llevaba un vestido casi tan azul como sus ojos celestes con pequeños detalles en blanco aquí y allá que parecían a punto de emprender el vuelo con cada pequeño movimiento de la princesa, una mano enguantada jugueteaba con su cabello que parecía caer en cascadas de oro sobre los hombros enmarcando un rostro que le parecía ver por primera vez, un rubor cubría sus mejillas haciendo que los corazones en ellas resplandecieran en exactamente el mismo tono que sus labios, unos labios que se curvaban en una sonrisa traviesa.

-Wow Star, -se sintió un poco tonto al remarcar lo obvio- te ves muy bien.

-¿Verdad que si? -la chica giró sobre si misma dejando que su vestido se abriera formando un torbellino de tela a su alrededor, como una flor abriéndose ante el sol- lo hice yo misma.

-Es perfecto -borboteó Marco sintiendo como el color le subía por las mejillas.

-Gracias -fue el turno de Star para sonrojarse- pero no es para tanto.

Por primera vez desde que se conocían parecieron quedarse sin palabras, había mil cosas que se querían decir pero sus lenguas traidoras no mostraban signo alguno de querer cooperar, querían estar cerca pero sus cuerpos no se decidían a moverse, deseaban tomar las manos del otro pero la distancia que los separaba parecía extenderse entre ellos como un obstáculo infranqueable.

-Oh por favor -la voz de Tom les hizo respingar antes de que el demonio volviera a entrar a la habitación empujando a la princesa hasta que estuvo a un paso del humano- de nada -les dijo- y ahora si, me voy -y se fue tan rápido como había vuelto.

Los chicos se miraron, ahora si completamente rojos antes de que la risa cantarina de Star rompiera el silencio que amenazaba con atenazarlos nuevamente y Marco no tardó en unir su risa a la de ella dejando que los nervios abandonaran su cuerpo.

-¿Qué fue eso? -preguntó la chica aún entre risas.

-Diabolus ex machina -respondió él imitando a su amigo mientras se encogía de hombros y por alguna razón una nueva oleada de risas los envolvió llevándose definitivamente cualquier atisbo de incomodidad.

-Te extrañé mucho -confesó Marco finalmente.

-Y yo a ti, -el rostro de la princesa se iluminó- Marco tengo tanto que contarte, no te vas a creer todo lo que me pasó.

-Y tú no te imaginas todo lo que nos pasó a nosotros, esto fue un manicomio Star.

-Eso si te lo creo -la princesa no paraba de sonreír- nunca creí que vería a las criaturas pasear por Mewni... ¡Y la gente les habla y todo!

-No todos.

-Detalles Marco, detalles. -Star agitó una mano para quitarle hierro al asunto- Pero mas importante, ¿porqué no estás vestido para la fiesta?

Marco agachó la cabeza para mirarse a si mismo sin entender, llevaba puesto el atuendo que solía ponerse cada vez que lo invitaban a alguna celebración, un traje blanco que a él le parecía de lo mas elegante, claro que aún no se ponía las hombreras ni la capa pero no le parecía desentonar para nada con el ambiente festivo.

-No, no, no, -Star negó con la cabeza- esos harapos se tienen que ir, hoy es un día especial.

Antes de que el chico pudiera hacer o decir nada la princesa dio un sonoro aplauso y repentinamente Marco se encontró ataviado con un traje completamente diferente: el pantalón continuaba siendo blanco, pero la chaqueta era ahora de un color azul zafiro que contrastaba a la perfección con el vestido de la princesa, en cualquier otro momento los botones dorados le hubieran parecido de mal gusto pero en esta ocasión parecían combinar a la perfección con sus nuevas hombreras y los adornos bordados en las orillas de la capa que ondeaba gallardamente tras él a pesar de que no corría ninguna brisa por la habitación.

Star le dio una vuelta a su amigo comprobando los detalles de su nueva vestimenta antes de dar su veredicto.

-Perfecto -aprobó y luego, al darse cuenta de lo que había dicho se apresuró a corregir, colorada como un tomate- ¡el traje!, ¡me refiero al traje!

Pero Marco apenas si se deba cuenta.

-Hiciste magia sin tu varita -dijo, con la boca abierta.

-Nada mal, ¿eh? -respondió la princesa guiñándole el ojo.

-¿Pero cómo? -Marco había pasado a su modalidad de profesor- quiero decir, siempre la habías necesitado y por lo que me has contado es necesaria para lanzar hechizos y así.

-Bueno, -comenzó a responder ella, algo molesta de que su amigo no apreciara el traje que había pasado una buena parte de la noche anterior diseñando en su mente para él- es complicado, pero creo que nunca necesitamos la varita realmente.

-No te sigo.

-Como te dije, es complicado y justo ahora no tenemos tiempo, la fiesta ya comenzó.

-Pero...

-Nada de peros Marco, tenemos que estar ahí, y por cierto, creo que te ves muy bien con ese traje.

El chico se sonrojo y se dio la vuelta para mirarse en el espejo.

-Wow, -dijo- parezco un príncipe o algo así.

-Esa era la idea, -asintió la princesa jugueteando con su cabello- que bueno que te guste.

Al verla así el chico no se pudo contener.

-Star, -dijo- tengo que decirte algo.

-¿Qué pasa? -la chica se sorprendió ante la intensidad con que había hablado su amigo.

-Yo, esto, quiero decir... -ahora que finalmente tenía a la princesa frente a él, mirándolo con sus enormes ojos celestes las palabras que deseaba decirle parecían escaparse dejándolo con un montón de sinsentidos en la boca- dame un momento por favor.

-Marco, no tenemos un momento -Star río un poco nerviosa antes de tomar la mano de su amigo- vamos, -le dijo- tenemos que irnos.

Al sentir la mano de su amiga, la calidez que emanaba de la tersa piel, la apretó suavemente, con delicadeza, y finalmente encontró las palabras que le había querido decir desde hacía mucho, las mismas que lo habían eludido durante la mayor parte del tiempo que la había conocido, las que él mismo había evitado por ignorancia al principio y temor después; y se sintió algo tonto al pronunciarlas, un poco avergonzado y totalmente aterrado cuando por fin, con una facilidad que no se esperaba, permitió a la verdad que durante tanto tiempo había ocultado hasta de si mismo ver al fin la luz del día.

-Te amo, Star.

Tres palabras, tan sólo tres palabras que de ninguna manera podían hacerle justicia a los sentimientos que se agolpaban en su interior como un océano; hubiera querido decirle que amaba la manera en que ella podía encontrar lo bueno en cualquier situación, que amaba la forma en que se metía en problemas y amaba como siempre se las arreglaba para solucionarlos, contarle como amaba observarla en secreto mientras veían películas en la televisión y amaba que siempre se quedaba dormida como una niña antes de poder terminarlas, amaba sus pequeños bailes cuando las cosas le salían bien y sus pucheros cuando no, la amaba por haber llegado a su vida y haberla vuelto emocionante y divertida y perfecta.

Quería decirle todo eso pero al final lo único que pudo encontrar que abarcara aunque fuera una pequeña parte de lo que sentía fueron esas tres diminutas palabras que repitió mirándola a los ojos.

-Te amo Star.

Star se quedó completamente inmóvil, incapaz de procesar lo que sus oídos le decían que estaba escuchando, ¿era posible que Marco le hubiera dicho lo que creía que le había dicho?, desvió la mirada de los ojos mortalmente serios de su mejor amigo y los dirigió hacia sus manos aún unidas, sorprendida ante lo enorme que se veía la morena mano de él envolviendo la suya, pequeña y blanca, vio a su propia mano cubrirse de rubor y supo que ese tono rojizo inundaba ya todo su cuerpo, cuando alzo la vista de nuevo Marco aún la miraba con total seriedad aunque en sus mejillas también se podían apreciar sombras de un sonrojo que no podía ni quería ocultar.

La princesa también quiso decirle las mil maneras en que lo amaba, la multitud de detalles que amaba de él y los cientos de cosas pequeñas y grandes que hacían que lo amara con total y completa locura y al igual que él lo único que pudo susurrar para condensar la enormidad que crecía en ella cada vez que lo veía fueron tres pequeñas, simples palabras.

-Te amo, Marco.

Y luego.

-Yo también te amo, Marco Díaz.

Fue como si el haber pronunciado finalmente las palabras que mas querían decir, como si haber escuchado lo que mas deseaba oír abriera una puerta en su interior y a través de ella las oleadas de sentimientos que habían acumulado durante demasiado tiempo al fin salieran a la luz del día en estampida y sin control alguno; las manos aún unidas apretaban con fuerza y delicadeza a la vez mientras cada uno se veía reflejado en los ojos del otro permitiéndose contemplarse por primera vez de la forma que el otro lo hacía, descubriendo cada uno como las pequeñas imperfecciones que los avergonzaban eran detalles que bajo la mirada de su otra mitad solamente realzaban sus virtudes.

Sin dejar de mirarse, sin casi darse cuenta, se acercaron hasta que sus respiraciones se mezclaron en una sola, hasta que sintieron el dulce aliento del otro y sin pensarlo, sin lugar para la vergüenza y la timidez rozaron los labios suavemente, sintiendo pequeñas descargas electricas, magnéticas, que los obligaron inexorablemente a unirlos con mas fuerza sin saber siquiera lo que estaban haciendo, guiados solamente por el deseo de estar aún mas cerca, lo mas cerca que pudieran, finalmente soltaron las manos que pronto encontraron su camino hacia el otro atrayéndose mutuamente, uniendo sus cuerpos en un abrazo del que ninguno de los dos quería separarse nunca mas.

Y un destello escarlata iluminó el reino de Mewni por un momento antes de desaparecer, quizá para siempre.

Cuando finalmente se apartaron, sonrojados y con la respiración agitada, el vacío que les produjo la falta del otro fue tan insoportable que sus manos se buscaron de manera casi desesperada hasta que los dedos se entrelazaron y sólo entonces pudieron calmarse un poco.

-Wow, -dijeron ambos al unísono y eso pareció romper el hechizo.

Se miraron el uno al otro, hacia sus manos estrechamente unidas y de nuevo hacia sus rostros, sonrieron primero y después comenzaron a reír una risa de pura alegría que resonó por los pasillos del palacio y le dejó saber a todos los que la escucharon que las cosas, por una vez, estaban bien y en paz y que con un poco de suerte así seguirían durante mucho, mucho tiempo.