Capítulo 2
Carol estaba mirando al techo, tapada casi hasta la cabeza, con sus ojos enormemente abiertos, pensando en una sola cosa.
—¡Esto de verdad es genial Caroline! ¡De verdad eres muy buena cocinando!
Lincoln, porque después de unos momentos se presentaron un poco tarde en esa noche, no paró de llenarle de alabanzas con respecto a su cocina.
Ella empezó a moverse en su cama, moviéndose de un lado a otro, abrazando con tanta fuerza su manta, llevando un pedazo de la misma a su boca para tapar su pequeño asombro que tenía en estos momentos tras una noche de cena con su vecino.
—Nunca me alabaron de esta manera… —murmuraba para ella misma—. Incluso desde que estaba casada, nunca fui alabada de esta manera… —hizo una pequeña pausa. Unas pequeñas lágrimas—. H-he olvidado… que podía ser feliz…
En eso, se colocó boca arriba de nuevo, mirando al techo nuevamente, tomando la manta con ambas manos mientras se iba haciendo hacia abajo poco a poco, como si estuviese temerosa.
—Él… me ha dicho de ir mañana también a su casa… estoy algo emocionada… pero…
Comenzó a ponerse un poco mal.
—¿Esto no va demasiado bien?
Se decía a sí misma.
—Tal vez él… simplemente es bueno conmigo para que me sienta bien ya que soy de llorar fácil…
Unas lágrimas caían nuevamente. Se giró a un costado. Estaba casi sin vida sus ojos por el simple hecho de tener que pensar en la pequeña invitación del albino. Se sentía demasiado mal de hecho de tan solo pensar en esto.
—N-no soy buena para nada… —de pronto, se envolvió en su manta, pareciendo una oruga—. P-pero… p-pero Lincoln es…
—Excelente trabajo el día de hoy, Carol.
Carol había terminado su jornada laboral del día de hoy pero todavía ella estaba muy preocupada por la simple invitación del albino de pasar otra vez la tarde y la noche en su casa para cenar.
—Soy muy patética… una maldita niña inservible…
Se decía a sí misma Carol mientras mordía con fuerza la ropa de su trabajo, trabajo de repositor en un supermercado de la zona, haciendo fuerzas necesarias para poder evitar llorar, más en público y frente a sus compañeros de trabajos que ya de por sí, en estos momentos, le están viendo con preocupación.
—E-esta es la razón por la cual mi ex esposo me terminó dejando para siempre —se decía una vez más a sí misma, evitando llorar como se ha mencionado antes—. Estoy segura que Lincoln piensa que soy muy molesta también…
No importa si Lincoln de verdad ha demostrado ser una persona muy honesta, muy amable, de corazón abierto. Ella realmente cree que esto terminará como su ex esposo que le dejará sin importar qué pueda hacer, sin importar nada de nada lo que haga, se quedará sola para siempre.
Ya en su casa, ella no fue a casa del albino directamente.
Se sentó en una esquina, junto a su cama, en el suelo, llorando un poco, mordiendo las uñas de sus dedos de la mano, porque hay gente que se come la de los pies, con un gran miedo.
Tenía miedo que sus pensamientos se hagan realidad.
Pero prometió, lamentablemente, ir a su casa esta tarde y cenar con él.
Aun así, dudó bastante en salir de su casa para ir a la de su vecino albino.
No quería pero tampoco le quedaba otra puesto que había prometido ir a su casa.
Salió lentamente, con miedo en su mente y en todo su cuerpo, temblando bastante. Se armó de valor entonces una vez fuera de la casa de Lincoln y con temblores y algo de determinación, tocó el timbre que, al mero instante que tocó timbre, escuchó una voz del otro lado diciendo que iba en camino.
—T-tengo que actuar como una mujer adulta —decía—. Soy mayor que él de todas formas…
—¡Ey! ¡Buenas tardes!
Lincoln abrió la puerta y apenas reconoció entonces que era Carol, le saludó con una enorme alegría que solo él podría dar a la gente.
Pero Carol al ver esa reacción, solamente pensó en una cosa.
Sí, soy una molestia, lo puedo ver. Será mejor que me vaya a casa, pensó tras ser saludada por Lincoln.
—B-bueno… vine hoy también pero… solamente estoy de paso así que…
Carol comenzó a sudar, no sabiendo cómo poder decir que no podía estar con él en el día de hoy, juntando las puntas de sus dedos de señalar (porque este furro no tiene puta idea de cómo mierda se llama, lo siento), tratando de evitar verle a los ojos también, nerviosa, tensa, inclinándose un poco y dejando ver cómo esos pechos colgaban perfectamente aunque, por supuesto, no sea un detalle que importe en esta historia.
—¿Cuál prefieres Carol?
De la nada, ante tal pregunta, Carol se asustó demasiado, sintiendo que su alma estaba por salir por repentina pregunta, poniéndose demasiado roja también por ello.
Lincoln entonces, con una enorme sonrisa, levantó dos paquetes.
—¿Café o Té? —preguntaba—. Los he comprado sabiendo que vendrías hoy también. Soy un hombre de café, como todo ser humano que se respeta pero… desconozco si a ti te gusta el café por lo que he comprado algo de té… y por lo que puedo ver de ti, pareces ser una mujer más de té que de café… ¿estoy en lo cierto? —él se reía un poco—. Ah, cierto. Tengo todavía algunos snacks que me has dado ayer para acompañar esto…
Carol se quedó congelada por unos momentos.
No sabía cómo responder por lo que quedó realmente congelada, como si la hubiesen pausado para luego reanudar como si fuera una película cualquiera. El tema es que ella, tras ver que no había forma de salirse de esta promesa que hizo, tendría que seguirle la corriente…
Aunque notar cómo él compró té para tomar con él, además de mostrar consideración de su parte, ella entrelazó sus manos, sonriendo de la nada.
Esta sonrisa, acompañada con un tuene color rojo en su cara, además de unas lágrimitas en las esquinas de sus ojos, le daban un toque… hermoso propiamente de ella sola nada más.
—Sí —dijo—. Soy una mujer de té, tienes razón
—¡Lo sabía! —exclamó el albino alzando sus brazos victorioso—. En ese caso… ¿quieres pasar? —preguntó—. Poco a poco el frío empieza a notarse, el viento sopla más fuerte de lo normal… no quiero que nada malo le suceda a Carol —levantó su pulgar muy seguro de sí mismo con lo que decía, tal vez no dándose cuenta de cómo lo había dicho.
Esto hizo que Carol se sonrojara un poco más mientras pasaba sin decir nada.
—Lincoln… es una muy buena persona —soltó Carol.
Lincoln alzó ambas cejas sorprendido.
—¿De verdad crees que lo soy?
—Sí… eres muy… bueno…
Continuará…
