Capítulo 3

Día de lluvia.

Carol había decidido salir a hacer unas compras y por las dudas, había llevado su paraguas en caso de lluvia y diablos que estuvo en lo cierto en llevarse el mismo. Obvio, el pronóstico que había leído en su teléfono decía que iba a llover a cántaros y aunque no llovía de tal manera, todavía llovía.

En su caminata de compras, antes de llegar a un pequeño negocio, miró hacia arriba para ver su paraguas.

—Este paraguas se está haciendo pedazos… como yo…

Fue lo que dijo al notar que había unos pequeños agujeros en el mismo y que la lluvia llegaba a traspasar casi hasta el punto de mojarle.

Algo de nostalgia tenía este paraguas porque su madre se lo había comprado como algo así como un regalo por haberse casado con un, según ella, hombre ideal que al final, mucho de hombre ideal, ambos terminaron divorciándose lo que generaba una amarga experiencia de vida que nunca va a olvidar.

Era de plástico encima. Ella, su madre, decía que no había nada de malo en usar uno de plástico.

Carol brevemente, tras recordar eso, sentía que hasta en su casa la despreciaban por obtener tal regalo.

Tras un rato de compras, Carol ya estaba lista para irse a su casa.

—Okey, es hora de…

Con su bolsa de compras a mano, iba a tomar su paraguas pero la desgracia decidió aparecer en estos momentos.

Una chica aleatoria tomó su paraguas y se iba caminando como si nada, alejándose de una Carol que se sorprendió demasiado y estiraba su brazo.

—O-oye… es-espera…

Pero su voz no fue suficiente como para poder llamar a esa chica.

Se quedó congelada al ver eso.

Tembló un poco al presenciar cómo fue robada, el cómo le robaban encima un regalo, que si bien es cuestionable que te den un paraguas de plástico como regalo, que su propia madre le había dado.

—… n-no dije nada… —decía entonces. En estos momentos, ella realmente afirma el hecho de que en serio no sirve para nada y además, que en serio estaba bien que le haya dejado su ex esposo—. …l-lo siento mamá… —las lágrimas de a poco empezaban a aparecer—. …Lincoln… —pero en eso, ella, estando mal, no pudo dejar de pensar en el albino—. …en estos momentos… desearía que Lincoln estuviese a mi lado…

—¿Eh? ¿Carol? Oye, buenas tardes

—¡¿LINCOLN?!

Que justamente Lincoln haya aparecido atrás de ella y le haya reconocido, además de que le haya saludo, le hizo asustarse y sobresaltarse. Casi que en serio saltaba encima de él por el susto que le había dado, elevando su voz por tal sorpresa y estando muy roja, esperando que no haya escuchado eso.

Aunque por dentro, algo le hacía sentir diferente con el albino cerca.

Una explicación después…

—Oh —Lincoln ya estaba fuera con el paragua abierto. Estaba abajo del pequeño techo que daba algo de protección de la lluvia en la entrada de la tienda. Él asentía en todo momento mientras escuchaba la historia de Carol—. ¿Te robaron el paraguas? Dios, eso es muy horrible… y deprimente también… tener que robar un paraguas… —lo pensó por unos momentos. Cerró su paraguas—. Bueno. Ten, usa el mío —dijo—, no lo necesito

—¿Eh? —se sorprendió. Empezó a negar tanto con su cabeza como con sus brazos—. No, no puedo aceptar eso.

—No te preocupes. Puedo ir corriendo hasta mi casa —se señaló a sí mismo con una gran sonrisa—. Muchos dicen que soy rápido como un conejo

Carol repentinamente no pudo dejar de ver a Lincoln como un conejo. Ese pelo blanco y esos dientes… daban toda la pinta de ser un conejo.

—N-no hace falta —decía con una sonrisa de confianza, mostrando preocupación y nervios en su rostro aun así, mirando hacia atrás—. La tienda vende paraguas así que…

—De hecho, ya no nos quedan más

Fue lo que dijo el dependiente de allí lo que hizo que Carol se ponga tensa y abra la boca al ver que su plan para NO aceptar el paraguas de Lincoln se fuera por la corriente del agua.

¿Entienden? Corriente de agua… porque llueve… y porque van al drenaje…

Necesito amigos, sí.

—Ten —y Lincoln le dio su paraguas. Ella lo tuvo que aceptar sin más—. Recordé que tengo que terminar de hacer algunas cosas más, comprar de hecho. Olvidé comprar lo que todo hombre necesita, crema de afeitar.

—…

—La última vez me afeité sin la crema… parecía emo por las cortaduras —Carol en secreto no pudo evitar sentirse rara ante ese comentario—. ¡Bueno! ¡Espero que llegues a salvo a casa! —le dijo—. Terminaré de hacer mis compras. Nos vemos.

Lincoln se adentró una vez más en la tienda.

Carol se quedó con el paraguas de él en silencio.

Ella pensaba que debería de tener un poco más de coraje, al menos un poquito más.

—Nunca bueno ha pasado… en dejarse llevar de las situaciones…

Eso es lo que creía en estos momentos.

Unos minutos después, Lincoln ya estaba saliendo de nuevo aunque había un detalle aquí.

—¿Carol? —preguntó sorprendido—. ¿Todavía estás aquí?

—Umm… —se armó de valor. Esperó a que él estuviera a punto de salir para esto—. …¿qué te parece si mejor compartimos el paraguas y volvemos a casa juntos? —preguntó—. De esa manera, ninguno de los dos nos empaparíamos…

—… —Lincoln abrió sus ojos y luego sonreía de oreja a oreja—. ¡Vaya! ¡Es una buena idea! —decía—. ¡Eres una genia Carol!

—Y-yo… no c-creo que lo sea…

Unos segundos después, ambos ya se dirigían entonces a sus respectivos hogares, ambos debajo de un paraguas compartido que hacía ver, al menos la gente que pasaba en sus respectivos coches o con sus paraguas, como una linda pareja.

—Es una tarde hermosa pese a la lluvia… —decía Carol—. ¿No te gustaría tomar algo caliente? Hace frío y es ideal para chocolate caliente si te parece…

—Oh, sí, ¿vas a venir hoy a casa también?

—E-eh… lo s-siento… creí que… podía…

—¡Claro que puedes! ¡Siempre eres bienvenida en venir a casa!

Carol se quedó en silencio mientras, tímidamente, se apegaba un poco más al albino en lo que sonreía un poco.

Hubo un momento de silencio entonces

Lincoln sostenía el paraguas. Lo sostenía porque era más alto pero además, lo colocaba más del lado de ella que en el suyo. Se estaba mojando un poco pero no le importaba mucho.

—¿Lincoln?

—¿Sí?

—¿Por… por qué no pones en el medio…?

—No quiero que te mojes —fue su inmediata respuesta—. No quiero que te enfermes…

Con ese comentario, Carol sintió enorme calidez entonces en su corazón lo que hizo que ella se apene más que antes.

¿La chica que le robó el paraguas a Carol?

La atropellaron y se murió.

Por eso es malo robar.