Capítulo 7
—¿Qué es lo que compraste?
—No es la gran cosa. Eso sí, ¿puedes darme una mano con ello? Necesitaré tu ayuda para hacerlo.
—Oh, okey.
Fue al cabo de un rato que Lincoln abrió el paquete que le habían entregado. Ignoró por completo la firma de Carol que puso no solo su nombre sino también su apellido a un costado. Él estaba más concentrado en lo que había adentro.
—¿Pedazos de madera?
—Sí, es para armar algo —sonreía él—. Si puedes tomar las instrucciones y guiarme para armarlo, te agradecería enormemente Carol…
—B-bueno… te ayudaré…
Carol de alguna manera se sentía muy útil. Que Lincoln le dijera que necesitaba su ayuda para hacer otra cosa que no sea cocinar o limpiar, porque ha ayudado a limpiar en su departamento, le hacía sentirse rara. No rara en mal sentido sino que le hacía sentirse rara, feliz, alegre. No había nada más lindo que él dependiera de ella. Era… hermoso, demasiado. Algo parecía florecer dentro de ella.
De reojo, el albino, cuando Carol tomaba las instrucciones para guiarle, vio el cuerpo de ella. Todavía está sin su blusa. Se nota esa camiseta suya que se marca más de la cuenta. Esos pechos que ella tiene le hacen temblar y temblar, cerrando sus ojos con esos pedazos de madera cortada, tratando de pensar en algo ajeno a todo esto. Es hermosa, nunca lo negará… pero no puede hacer o pensar cosas sucias con ella. Era una mujer… débil en estos momentos. Quiere abrazarle y hacer otras cosas, no sucias claro está, pero le costaba no pensar en ello.
Sí, Carol notaba esa mirada del albino.
No sabe cómo ponerse al sentir una mirada con deseo. Nunca sintió una mirada como tal. Le hace sonreír enormemente.
—C-creo que debes hacer esto…
Soltó al albino para que se concentre un poco. Quiere que le siga mirando como recién. Pero seguro quiere hacer esto cuanto antes. Ya sabe que él seguro le mirará con deseo. Tiene tiempo de sobra.
—Oh, okey.
—Son maderas pequeñas —soltó ella—. ¿Qué harás?
—Es una sorpresa
Al cabo de unos minutos, Carol sostenía lo que Lincoln había armado, mirándolo de todos los lados posibles para poder entender.
—Es… pequeño —decía—. ¿Pediste un pequeño estante para libros? —eso pensaba nada más—. No creo que exista libros pequeños Lincoln…
—Es que no son para libros —decía él. Tomó ese pequeño estante. Lo puso en una de las mesadas de la cocina. Estaba contra una pared. Entonces, puso las cosas que iban allí—. Es para poner todas los frascos con especias, ya sabes, lo que usas siempre —estaba haciendo como una presentación a eso, con una gran sonrisa y con brillos a sus alrededores—. ¿Qué te parece?
—Ahora que lo mencionas…
Carol pudo darse cuenta que era justamente para las especias que usa para hacerle de comer.
—Tú siempre… —estaba avergonzado. Es complicado explicar esto. Tenía que hacer o decir algo. Llevó su mano detrás de su cabeza, rascándose. Sí, le ganaba un poco los nervios pero sonreía ante todo en lo que Carol estaba mirando todavía ese pequeño estante—. …tú siempre me haces la cena todos los días ¿verdad? Mi cocina no es la mejor, no yo cocinando sino el espacio que tengo aquí, y por lo menos… quería hacerte las cosas fáciles cuando tengas que cocinar Carol —sus nervios se fueron. Estaba sonriente como si nada—. ¿Qué te parece?
—¡¿Qué?! —exclamó y preguntó alarmada—. ¡Tú salario fue suspendido! ¡¿Cómo puedes gastar dinero en algo así?! ¿Cómo puedes gastar dinero en mí…?
—Esto no es nada —él puso ambas manos en su cintura. Los brillos le rodeaban y no paraban de bailar encima de él—. No se compara a todo lo que una hermosa chica como tú ha hecho por mí en estos días que pasaron. Cena, limpiar y ayudarme un poco con algunas cosas de la casa —le tomó de la mano, inconscientemente—, no hay manera que pueda agradecer enormemente todo lo que has hecho por mí… en serio, gracias Carol por hacer mi vida mejor…
Entonces Carol se quedó petrificada
—¿Qué diablos es esto? —decía una voz ronca—. ¿Especias? ¿Para qué queremos tantas especias Carol? ¿Tienes idea de lo caro que son todo esto? Además, ¿no sería mejor no tener ninguna? ¿Para qué necesitas tanto?
—Y-yo… e-eh… yo creo que… si te hago muchos platos de comida… tal vez estarás muy feliz… ¿no?
—¿Qué? ¿De verdad crees eso? —dejó esas especias a uno costado. No, casi que tiró las mismas con una brusquedad enorme—. No solo hay demasiadas sino que además, ¿no has pensando en que no tenemos espacio alguno en este lugar? ¿Dónde los vas a meter? ¿Eh? ¡Claramente estás gastando dinero valioso…!
Iba a seguir pero de pronto, Carol comenzó a lagrimear y después de comenzar a soltar unas cuantas lágrimas, comenzó a llorar fuertemente, resaltando ese hermoso anillo en uno de sus dedos, la hermosa alianza que tenía.
Él, por supuesto, estaba furioso.
—¡¿Por qué mierda estás llorando ahora?! ¡¿Eh?! —alzó su voz—. ¡¿Me quieres hacer quedar como el malo de la historia?!
—N-no… ¡E-eso…!
Lo siguiente que pasó no es algo que se pueda relatar.
Estaba en shock.
Ese recuerdo llegó a su mente.
Fue un detonante. Fue un antes y un después. Todo fue en picada desde ese día. Pasaron más cosas que recordarla les hacía doler.
Ella siempre quiso, en su vida, poder tener una vida tranquila, casada, feliz con una persona que ama. Tener una familia. Tener hijos incluso, poder ser una muy buena madre y la mejor abuela que pueda existir… pero nada de eso ha sucedido. Nunca creyó que podría pasar ahora después de estar divorciada.
Solamente quería un lugar al cual podría llamar hogar.
"No sabes lo feliz que estoy de verte de nuevo, cariño"
"No sabes lo mucho que extrañe tu comida todo el día en el trabajo"
"¿Qué te parece salir a pasear un rato?"
"¿Te gusta la idea de tener hijos?"
"No importa que me digas que eres inútil. Para mí, eres la mujer más hermosa de todas"
"Te amo"
Eso eran cosas que ella siempre quería escuchar… pero nunca escuchó nada de eso.
—Sé que queda mal que te diga esto luego de todo eso pero… —ella volvió en sí. Su mano fue liberada. Al darse cuenta de esto, miró al albino que sonreía nerviosamente—. …la verdad es que estoy feliz de poder comer hoy la rica comida que haces. No sabes lo mucho que he extrañado comer otra vez la cena que haces —dijo—. ¿Podrías…?
—…
Hizo un momento de silencio.
Hizo todo lo posible, todo, para no llorar en estos momentos.
—Perdona pero, tengo que buscar algo en casa —decía ella—. Espera un momento.
—Oh, okey
Carol se fue.
Fue a su departamento.
Entró, cerró la puerta fuertemente y se sentó con la puerta en su espalda, apoyada, cayendo lentamente al suelo. Se abrazó a sí misma.
Lloró.
Lloró fuertemente al punto que todo el mundo le escuche.
Lloraba de felicidad.
Se abrazaba a sí misma mientras tenía en mente al albino.
No podía pensar ya en otra cosa que no sea él. No, no puede, para nada.
Él era mucho mejor que su ex esposo, por lejos.
Su sonrisa, que realmente alabe todo lo que él hace. Que ahora mismo haya comprado eso y que diga que no hay nada mejor que su comida… no, no puede evitarlo, no puede dejar de pensar en Lincoln, ya no puede. Lloraba por eso mismo.
Lloraba porque realmente, no quería nunca, nunca, alejarse del albino.
¿Estaba bien… si ella decidiera entonces quedarse para siempre con Lincoln?
¿Estaba bien… si realmente dejaba todo para poder estar con él?
¿Estaba bien… siquiera… vivir bajo el mismo techo, compartir aire, con él?
Entre lágrimas, sabía que si estaba junto a Lincoln, ella sería ya la mujer más feliz del mundo.
