Capítulo 8

Otros días han pasado.

Era de noche, y en un supermercado cualquiera, piensen en su nombre, Caroline estaba trabajando como repositor, colocando los productos en cada parte de los pasillos que corresponde… aunque hoy en día, tiene una cara muy… triste.

De hecho, creo que se puede decir que se sentía mal también. Estaba trabajando como de costumbre. Ella siempre tendría un rostro normal, pensando de la vida y pensando cómo es que ella ha sido una muy mala mujer como para que su esposo le pida el divorcio… aunque hoy es diferente, demasiado.

—¿Por qué acepté cubrir a un compañero?

Sí, Carol estaba trabajando, ahora, de más porque decidió de ayudar a un compañero. El mismo compañero no pudo quedarse más tiempo por un pequeño imprevisto que había sucedido con un familiar. Como tal, ella está haciendo este trabajillo extra.

Ahora mismo, se arrepiente de ello.

¿Razón?

—No puedo ver a Lincoln…

Eso es lo que murmuraba en estos momentos cuando colocaba algunas botanas en su lugar correspondiente.

Estaba deprimida y triste por eso mismo. El aceptar suplir a un compañero de trabajo hacía que su trabajo se extienda y que se extienda significaba que su hora habitual de visitar al albino.

No podría estar con él.

No podría pasar el tiempo con él.

No podía siquiera poder tenerlo cerca cuando él dice que quiere probar la comida antes de poder sentarse en la mesa.

Tampoco… podía estar embriagada por ese aroma de él cuando está a su alrededor, ese aroma que la hace sentirse tonta y que a veces le hace dudar enormemente si seguir con la comida o saltar a sus brazos.

—¿Eh? ¿Carol?

Carol se dio vuelta cuando escuchó esa bendita y hermosa voz

—¿Eh? —y al darse vuelta, le vio—. ¡¿Lincoln?!

Su susto fue tanto que su cara estaba totalmente roja y en una forma cómica, su lengua al salir y casi estar gritando por verle a él en su zona de trabajo tomó la forma de un corazón.

Esperó.

Lincoln esperó por una hora más o menos a Carol para que termine de trabajar. A pesar de que no debería de esperarle, Lincoln lo que hizo fue comprar algunas cosas más, para asegurarse por las dudas que nada le falte a pesar que su salario fue suspendido, y después de eso, la esperó. Siempre es lindo poder caminar junto a una mujer hermosa como Carol…

No, no dijo eso sino que lo ha pensado en todo momento.

Es obvio que Carol encontró esto muy hermoso y cada segundo que pasaba, no podía dejar de mirarle con sus ojos especiales que contenían la forma de un espiral, más ese color claro suyo que le hacía verse linda.

—Nunca pensé que trabajarías en un supermercado —decía el albino—. Siempre es bueno descubrir este tipo de cosas

—¿Sí?

—Sip… podré conseguir descuentos ¿no?

—Eh… —ver el brillo en sus ojos… Dios, estaba totalmente perdida—. ..p-puede ser…

—Genial —celebraba él—. De todas formas Carol, admito que fue una sorpresa.

—Hehe… ¿una linda sorpresa supongo?

Carol pensó detenidamente en que no vería hoy a Lincoln. Estaba muy deprimida por eso. Ahora, él vino hasta ella, sacando el hecho que seguro él no sabía que trabajaba allí, vino a verle. No solo eso, también estuvo esperando casi una hora para que saliera de trabajar. Le miraba y le miraba y no podía dejar de pensar que él ya era lo mejor que le ha pasado.

—¿Por qué has ido a comprar? —preguntó ella.

—B-bueno —se rascaba una mejilla nervioso—. Como veía que no venías, salí a comprar —Carola agachó su cabeza. Pidió disculpas—. Oye, no te disculpes. Seguro tienes cosas importantes que hacer en tu día a día. De todas formas, fui y compré esto

—¿Ramen instantáneo?

—Lo probé una vez y nunca más pude encontrarlo. Es de lo mejor que he probado en mi vida…

Eso espero que digas cuando me pruebes a mí…

—¿Qué?

—Mm, nada —ella actuaba como si nada—. Eso significa que no has comido ¿no?

—Para nada. No sé cocinar. Pero esto es tirar agua caliente y listo… ¿no?

Carol empezó a sonreír.

Sus ojos claros comenzaron a tomar un color extraño. Cabe decir que sus ojos claros pasaron de ser eso, justamente claros, a tomar un color algo morado, lila puede ser una descripción muy detallada de los mismos. Esos espirales que tenía como ojos… fueron más extraños todavía. Era como si se enredaran más y más. Era… tenso también.

—¿Sabes? —decía ella entonces—. Si quieres… podemos ir a tu casa y puedo cocinarte… como siempre… total, yo tampoco he cenado para nada…

—¿Podrías? —Lincoln estaba insanamente feliz—. Oh, genial —y luego, recordó algo. Sacó una caja de su bolsa de compras—. Ah, cierto. Escucha, que cuando vengas más temprano, tengo algo que seguro te puede gustar y mucho

—¡Mi té favorito!

En lo que decía esto, guardaba de nuevo la caja.

Lincoln se puso un poco rojo. Estaba apenado. La miraba a Carol y se ponía de esta manera en estos días. También, es por algo más.

—Te pido disculpas Carol

—¿Disculpas?

—Siempre… dependo de ti para este tipo de cosas…

—No pasa nada —ella, fuera de cualquier obsesión, respondió de buena manera—. Es lindo que alguien dependa de ti… muy lindo… —esa sonrisa suya con esos ojos lilas y muy distorsionados iban a aparecer pero Lincoln justo le miró. Ella solamente miró al frente, normal—. N-no iba a decir nada más

Pronto, estaban llegando a casa.

Ambos estaban por llegar. Lincoln se detuvo. Carol siguió hasta que de reojo no vio a Lincoln. Ya creyó que se le había escapado. Volteó a verlo. Suspiró aliviada cuando vio que estaba ahí parado, mirando al cielo. Caminó hasta su lado y miraba al cielo como él sin entender.

—En noches como estas… las estrellas se pueden ver muy bien… es hermoso…

Carol empezó a mirar como Lincoln.

—Oh… es verdad

Sí, las estrellas en una noche como esta es de lo más hermoso posible.

Como siempre va a casa directo después del trabajo, nunca ha tenido el tiempo como para detenerse y mirar a las mismas. Realmente eran muy hermosas.

—Si quieres Carol, puedo esperarte fuera de tu trabajo todas las tardes y noches que hagan falta para poder ver las estrellas juntos… —le miró—. ¿Qué te parece?

Carol estaba cada vez más y más feliz por todo esto que escuchaba.

—Sí… eso me parece genial…

Miraron las estrellas un rato más hasta que a Lincoln le rugió el estómago.

Fueron a casa porque tenía hambre y Carol, sonriente, no iba a dudar para nada en hacerle de comer como la buena mujer que es… como la buena esposa… que alguna vez fue.

Pero eso es cosa del pasado.

Veía a Lincoln cada vez más y no cabe duda alguna que sus pensamientos eran… certeros tal vez…

Si estoy con Lincoln yo… yo podré ser cuidada y podrá él sostenerme en todo momento…

¿Verdad?