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Luna PlataZ: yo tengo un par de teorías respecto a eso, o el tipo se quedó sin dinero o sin paciencia... personalmente yo le apuesto a lo segundo.


Recostado en su cama, el pecho de Lincoln subía y bajaba siguiendo el ritmo calmo de su respiración. El niño aún estaba inmerso en un sueño profundo y reparador. No solía dormir hasta tarde, sin embargo, su joven cuerpo estaba disfrutando del merecido descanso de sus recientes tensiones. Sus labios eran una línea recta, pero los bordes de los mismos comenzaron a curvarse hacia arriba conforme empezó a sentir el calor acariciante de los rayos del sol acariciar su cuerpo.

¿O quizá lo que sentía no se tratara de las caricias características de la luz del sol?

Un ligero gemido se escapó de sus labios, y un sonido húmedo surgió de alguna parte cercana a sus piernas. Un sonido de piel chocando con piel, sonidos de alguien chupando y sorbiendo. El corazón de Lincoln comenzó a acelerarse, su respiración le siguió el paso y su nariz comenzó a temblar como la de un conejito oliendo su alrededor.

De repente los ojos de Lincoln se abrieron, sus músculos se tensaron abruptamente y una vez despierto, su cuello se dobló al borde de su capacidad para permitirle ver directamente hacia sus piernas, donde algo grande estaba levantando sus cobijas. Sin embargo, era obvio para el albino qué o, mejor dicho, quién estaba debajo de sus sabanas. Justo al borde del cobertor levantado se alcanzaba a ver el trasero levantado de su niñera. La rubia se había metido bajo sus colchas y parecía estar muy ocupada haciendo algo con el pene y su boca.

—Aahhhnn ¡C-C-Carol! ¡Hmmph! —El niño tuvo que cerrar su boca con ambas manos para acallar un grito enfebrecido. Sus ojos azules comenzaron a ocultarse tras sus parpados conforme los sonidos de succión de Carol crecieron en intensidad.

Las caderas de Lincoln comenzaron a moverse solas, los músculos de su vientre a tensarse, sus muslos a levantarse y justo cuando el placer que sentía en sus genitales llegaba a un punto crítico… ella simplemente se detuvo.

Viéndose libre de aquella sensación tan intensa, Lincoln comenzó a respirar pesadamente antes de que sus sabanas fuesen quitadas de en medio por una sonriente Carol. Estaba usando lo que él había llegado a aprender era su atuendo normal… para convivir con él. En pocas palabras estaba usando una falda corta que se ajustaba casi como una segunda piel a su trasero y muslos, una blusa blanca cuasi transparente que lucía un gran escote y una diadema que mantenía su cabello debidamente peinado.

Completamente relajada, la rubia se sentó entre las piernas abiertas de Lincoln y usando su pulgar se limpió lentamente un poco de saliva que le estaba escurriendo de las comisuras de sus labios. Su lápiz labial rojo estaba embarrado, parecía que más de su maquillaje estaba en el pene erecto frente a ella que en su rostro mismo.

—Eso… tú estabas… —aturdido por acabarse de despertar y por su pene deseoso de que aquel placer se reanudara, Lincoln sólo pudo mover su mano señalando en la dirección general de sus piernas.

—Ese fue un ejemplo de algo llamado felación, Linky —dijo Carol con su tono monótono de vendedor de puerta en puerta sólo momentos antes de que sus ojos brillaran con malicia y sus labios formaran una sonrisa juguetona—, una acción que suelen realizar las féminas para complacer a su novio coloquialmente llama como mamada… o también conocida como una buena chupada de verga.

—Ya veo… —al oír aquellas últimas palabras, el pene de Lincoln se estremeció y una gota enorme de un líquido transparente se escurrió por el glande.

Carol le guiñó un ojo antes de salir de entre las piernas de Lincoln y acostarse a su lado —Lamento haberte despertado de forma tan brusca, Linky, pero aquí tengo algo que quería mostrarte —Extendiendo una de sus elegantes manos hacia el costado de la cama, una mano que tenía una mancha roja de lápiz labial y liquido preseminal entre el pulgar y el dedo índice, y señaló a una bandeja repleta de comida sobre el buró. Desayuno en la cama… esta vez comida suficiente para que ambos desayunaran juntos.

—Gracias Carol —La rubia se sonrió satisfecha antes de acercar la bandeja con su desayuno, los ojos de Lincoln abandonaron a la hermosa rubia para centrarse en uno de los vasos—. ¿crees que pueda tomar un poco de agua antes que otra cosa?

—Oh ¡Por supuesto! —Carol tomó el vaso de la charola y se lo dio para que bebiera, era leche fría. Lincoln casi inhaló la mitad del líquido antes de soltar un suspiro satisfecho. Sin preguntar, Carol tomó el vaso de sus manos y no pudo evitar maravillarse por el adorable bigote de leche de su muy adorable amante—. Vaya que sí que estabas sediento, Linky.

Lincoln sonrió apenado y ya estaba por disculparse cuando algo atrajo su atención. No podía evitarlo, el escote que dejaba ver la blusa de Carol resaltaba enormemente sus pechos, un par de bultitos casi tan pálidos como la leche ¿y de dónde viene la leche después de todo? La respiración de Lincoln comenzó a aselarse y su pene, que nunca había perdido la erección, comenzó a gotear liquido preseminal con fuerza renovaba.

Ver aquella reacción sólo le sirvió a Carol como una señal de "¡arranque!" pues preparó una cuchara llena de granola y yogurt y comenzó a alimentar en la boca al albino. Lincoln se sonrojó, pero después de ser alimentado de la misma forma por una semana no dijo nada… sin embargo algo si comenzó a incomodarlo a nivel subconsciente tras el tercer bocado de desayuno.

Él podía hacer cualquier cosa que deseara con Carol. Ella era suya, así como él de ella, eso había quedado claro tras tantos días compartiendo momentos maravillosos juntos, así que él se tragó el bocado que ya tenía en la boca y la detuvo antes de que le diera otro.

—Carol… —la niñera parpadeó coquetamente al oír su nombre y le regaló al niño toda su atención, dejando ella de comer— quisiera… quisiera ver tus pechos mientras desayunamos…

Por su parte, Carol estuvo a punto de ahogarse con sus tostadas de aguacate y huevo, y tuvo que toser por otros cinco minutos antes de poder hacer más nada.

Con un rubor para nada discreto adornando su rostro, la rubia respondió a la petición de su adorado soltando los botones restantes de su blusa, desajustando los tirantes de su sostén negro y jalando la tela con encajes de su sujetador hacia abajo… hasta que sus pezones lograron escapar de su prisión de algodón. Carol ni siquiera tuvo que quitarse alguna prenda para complacer al albino.

—Bueno… aquí están mis niñas… pero no dejemos que ellas nos distraigan de nuestro bien merecido desayuno —y así, con las tetas al aire para el placer de él, la niñera siguió desayunando al lado de un muy feliz niño. Un apetito comenzó a saciarse mientras que otro sólo aumentaba.

Cuando la comida baja en grasas y azucares, la misma comida que habían comido durante su semana juntos, de la bandeja se terminó Carol se concentró en la verga de su adorado. Su tronco, un regalo de la genética y casi una señal divina que indicaba que ese niño crecería para conquistar mujeres al por mayor, descansaba completamente erecto contra uno de sus muslos.

—¿No quisieras que atendiera alguna de tus necesidades antes de que empecemos con la lección… Linky?

"Linky" estaba muy cerca de aceptar la propuesta asintiendo por diez minutos como un idiota, pero otra idea que no se hubiera atrevido a proponer bajo ninguna otra circunstancia se posó en su mente.

—De hecho… quisiera hacer algo diferente en nuestro último día juntos —una sonrisa pícara se posó en su rostro momentos antes de que volteara a ver a su mujer, Carol sintió como su corazón se detenía justo cuando los ojos azules de su amado se posaron en los suyos—, Carol ¿no tendrás algún atuendo con el que quieras… er… divertirte un poco?

La rubia apartó la vista un segundo, el rosa de sus mejillas fue reemplazado por un tono rojizo.

—Quizá tenga algo como eso… sí… —dijo finalmente, una ligera curva trasformó sus labios en una sonrisa apenada. No quería decir nada más para no revelar todos sus secretos, sin embargo, tras una semana juntos, Lincoln ya conocía sus gestos a la perfección por lo que no necesitó palabras para saber la verdad.

—Pues quiero que escojas uno de ellos… tú atuendo favorito… y quiero verte con él puesto.

Ahora era el pecho de Carol el que se movía apresuradamente siguiendo el ritmo de su nerviosa respiración.

—Claro que sí, Linky —sin decir nada más, ella se levantó de la cama, volteó hacia la puerta, sus tacones resonaron como un eco en el pasillo tan pronto como ella abandonó la habitación… excitada.

Lincoln sonrió como un diablillo tan pronto como estuvo solo. Este iba a ser el mejor día jamás…

Después de ponerse su trusa de la victoria, pues aún después de una semana teniendo intimidad con Carol se sentía extraño andar desnudo por la casa de la bisabuela Harriet, Lincoln se dirigió al recibidor de la cabaña. En realidad, se trataba más de una sala de estar inmensa con vista a la entrada y a las escaleras a la segunda planta que de un recibidor. Carol tendría que descender por esas escaleras y Lincoln planeaba contemplarla desde una posición privilegiada… de sólo imaginar sus deliciosas piernas bajando escalón tras escalón, el corazón del albino comenzó a acelerarse y su miembro a palpitar tras la carpa instalada por sus calzoncillos.

No habían pasado ni treinta minutos cuando desde la segunda planta se escuchó una puerta cerrarse y el eco de pisadas acercarse ¡Se acercaba! Luchando contra su nerviosismo por no apresurarse, Lincoln se posicionó en el nuevo punto dulce, el lugar desde el cual tendría la mejor vista hacia arriba de las escaleras, y alcanzó a admirar a Carol justo cuando ella comenzaba a bajar.

El pobre niño ahogó un grito, sus ojos cas tan abiertos y nerviosos como los de ella.

Cada paso que ella daba hacia que su cadera se contoneara sensualmente de lado a lado. Su cuerpo, sin embargo, no lucía especialmente lascivo como imaginó Lincoln en un inicio pues su amada sólo estaba usando lo que parecía ser ropa de a diario; un short café ceñido que terminaba muy arriba de las rodillas y una camiseta azul sin mangas que no alcanzaba a cubrir completamente su ombligo por lo que cada pocos pasos su vientre plano quedaba a la vista.

No le costó nada a Lincoln reconocer que esa ropa sencilla y que le resultaba tan familiar no le pertenecía a Carol… ¡SINO A LORI!

El cabello rubio de la hermosa niñera estaba suelto, la diadema rosa había desaparecido, y ahora le caía libremente sobre sus hombros y brazos desnudos. Carol también había reaplicado tanto su lápiz labial como el resto del maquillaje y ahora sus ojos estaban cubiertos por sombra azul… el rubor de sus mejillas, sin embargo, se debía únicamente a la expectativa de lo que Lincoln fuese a decir.

El pequeño no dijo nada, pero si había un mensaje oculto en su silencio sorprendido… así como en la forma en la que su verga crecía aún más dentro de sus calzoncillos.

La escalera, con sus dieciséis escalones, era bastante larga, pero eso no le importó a Carol, quien la descendió en un segundo. Lincoln se tensó un poco cuando vio a su amada acercársele corriendo y… ¿pasar atrás de él? El pobre no tuvo ni que girarse completamente para descubrir que la rubia se había detenido justo a su espalda, pues Carol lo tomó firmemente por los hombros y lo mantuvo firmemente en esa posición antes de acercarse un poco más para poder susurrar en su oído.

—Muy bien, torpe… —se aventuró Carol con el apodo, sabía que Lori llamaba así al niño cuando ambos estaban solos—. Dijiste que querías divertirte un rato antes de mi última lección ¿cierto?

—¡Carol! —a pesar de hablar más nervioso que nunca, las palabras de Lincoln salieron como un grito susurrado—. ¡Creo que esto ya es llegar muy…!

Pero la chica Pingrey fue rápida en silenciar al albino.

—No, mi nombre no es Carol… —Carol recorrió sus dientes con la lengua tan pronto como Lincoln reunió la presencia de voluntad suficiente para voltear sobre su hombro—, mi nombre es Lori… ¿recuerdas, torpe…?

—Oh mi dios… —un escalofrío que por poco hizo que Carol se preocupara por su adorado, recorrió la espalda de Lincoln—. ¿Entonces quieres que… que lo hagamos con esta ropa… hermanita?

La nerviosidad podía notarse en la voz del niño. Los hombros de Carol se agitaron con la risa que se escapó de su garganta, tuvo que esforzarse un poco, pero al final logró tranquilizarse.

—Claro, rarito… si eso es lo que quieres, hoy puedes… hoy puedes cogerte a tu hermana mayor. —lo último lo había dicho en ese mismo extraño tono meloso que tanto había usado durante sus últimos días juntos, pero el brillo en sus ojos le dijo la verdad a Lincoln. Ella también lo quería… y lo quería ya.

Un sonrojo que podría iluminar toda la cabaña sin ayuda y una sonrisa enorme se posaron en su rostro pecoso. Él nunca había pensado en tener un juego de roll con Carol respecto a algo tan morboso, pero de repente parecía como la mejor idea jamás.

—Muy bien, yo no tengo nada en contra con darte lo que quieras… después de todo… siempre me gustó complacer a mis hermanas —dijo Lincoln siguiéndole el juego a Carol, el rostro de la rubia se sonrojó igualando al de Lincoln y otro ataque de risa nerviosa agitó sus hombros.

Tomando las manos de la rubia entre las suyas, Lincoln guio a Carol de regreso a la base de las escaleras y sin decir nada más subió un par de escalones, quedando sus ojos, aunque él aún era más chaparro, casi a la misma altura que los de ella… una de esas sonrisas que lograban derretir hasta el corazón más frio volvió a aparecer en el rostro del albino.

—A decir verdad… hermanita… si quisiera que me enseñaras algo hoy —Lincoln se mordió los labios para evitar soltar una carcajada nerviosa y desvió la vista… Carol nunca había visto algo más tierno en toda su vida—. Quisiera que me enseñaras la mejor forma de complacer a una hermosa mujer rubia que se parece bastante a ti… ¿quizá puedas empezar por enseñarme a besar? Quisiera aprender a hacer eso realmente bien…

Ella se acercó un poco más antes de inclinarse hacia él, la diferencia de altura finalmente igualada gracias a los escalones, y le susurró al oído en su tono meloso—. Entonces creo que tendré que reestructurar el temario de nuestra última lección juntos, Linky —sus labios se unieron, y no por primera vez, Carol se preguntó si acaso su joven amante tenía una especie de talento secreto para complacer mujeres.

De forma tímida al inicio, pero conforme pasaba cada segundo con un poco más de audacia, la lengua de Carol comenzó a explorar el interior de la boca del albino. Lincoln, al sentir aquel objeto húmedo y cálido acariciar su lengua, sujetó con una de sus manos la cintura de su amada y con la otra se aferró a uno de los pechos que tanto le fascinaban. La rubia respondió a las caricias apoyándose con toda su fuerza en el cuerpo del niño… tras un pellizco juguetón en uno de sus pezones terminó por empujar con demasiada fuerza.

—¡MHHG! —gritó Lincoln, pero sin romper el apasionado beso francés, tan pronto como empezó a caer hacia atrás hasta quedar completamente acostado sobre los escalones, la niñera, igual intentando no dejar de besarlo, terminó por caer junto con él, quedando ella encima. Sus piernas se abrieron para permitirle sentarse a horcajadas sobre él mientras el beso se hacía más apasionado.

Las manos bien manicuradas de Carol comenzaron a explorar el pequeño cuerpo debajo de ella, sus dedos coronados por uñas negras y azules se movieron hábiles para aferrarse al elástico de los calzoncillos de Lincoln antes de bajárselos. Sólo momentos después el pene erecto del albino, aún cubierto por algunas manchas de lápiz labial, fue liberado de la prisión de algodón.

Al poder contemplar finalmente su meta, Carol gruñó de forma casi animal antes de colocarse justamente sobre la pelvis del chico, cada uno de sus pies firmemente posicionado en los costados de Lincoln, e hizo a un lado los shorts cafés que Lori le había prestado en su última pijamada juntas para revelar su vagina excitada. Al notar que la rubia no llevaba ropa interior alguna, Lincoln volvió a sonreír un momento antes de que ella bajara un poco y envolviera su pene dentro de sí.

Un gemido intenso escapó de la boca de ambos.

Su niñera bajó aún más sus caderas, gimiendo y volviendo la penetración más profunda aún… ya tenía casi la mitad de la verga dentro cuando notó que una de las manos de Lincoln se apoyaba firmemente en el barandal y ambos pies en los escalones inferiores… y sin darle oportunidad de hacer más nada el niño levantó su pelvis con toda su fuerza. El gemido de placer que aquello provocó en Carol abandonó la garganta de la rubia convertido en un gemido mudo, pero ni aun así rompieron su sesión de besos.

Sin embargo, sus labios si tuvieron que separarse tan pronto como las caderas de ella comenzaron a moverse en círculos y las de él en un bombeo constante de arriba-abajo. Aquella fricción deliciosa entre sus sexos pronto provocó que la verga de Lincoln alcanzara una firmeza increíble y que la vulva de ella estallara en líquidos con cada nueva penetración. Carol sentía como si en su interior hubiera una especie de botoncillo mágico que enviaba una descarga nerviosa a todo su cuerpo cada vez que era oprimido, y el pene de su principito era muy capaz de encontrarlo una vez, y otra vez, y otra vez…

—¡MIERDAAAA! —Un líquido espeso y blanquecino brotó de la gruta de ella y cubrió completamente el falo de él, lubricándolo aún más. Aquello sólo hizo entrar a Carol en un frenesí, no sólo comenzó a montar el rabo de Lincoln con aún más rapidez y abandono, sino que sus paredes vaginales también se cerraron con mucha más fuerza… ordeñando casi literalmente al travieso conejito que invadía su gruta de forma insistente.

Lincoln reaccionó al aumento del placer no sólo bombeando con mayor fuerza hacia arriba sino también aferrando sus manos y su boca a los pechos bamboleantes que colgaban sobre su cabeza, sin preocuparse siquiera por liberarlos de la playera sin mangas que aún los protegía de su vista. Así, chupando por sobre la tela, él alcanzó a capturar con su boca uno de los pezones de Carol y como si buscara obtener leche succionó y mordió con fuerza. Carol sólo pudo sentir impotente como un nuevo orgasmo la alcanzaba ni siquiera diez minutos después del primero.

—¡Oh dios! Carol esto se siente… tú te sientes tan bie… —la niñera tuvo que encorvar un poco la espalda para encontrar los labios de su amante una vez más, su lengua no tardó nada en entrar a aquella otra boca que ya le resultaba tan familiar y estrujarse contra la de él. Lincoln estaba abrumado por tantas sensaciones placenteras invadiéndolo al mismo tiempo. Sin poderlo evitar y casi sin resistirse, el pobre terminó por ceder al placer y, sufriendo de espasmos casi tan intensos como los de ella, terminó por inundar la vagina de su adorada con chorros inmensos de su lefa caliente.

Carol finalmente rompió el beso, un grueso y largo hilillo de saliva conectaba sus bocas abiertas mientras ambos luchaban por recuperar el aliento. La sensación del pequeño semental violando sus adentros con semen era algo inolvidable. Ella finalmente dejó de cabalgar la verga de Lincoln tan pronto como sintió el flujo de esperma detenerse completamente en su interior y cuando el falo, aún cubierto en el lápiz labial restante de aquella mamada mañanera, comenzó a encogerse a su tamaño normal, un torrente constante de leche de hombre comenzó a escurrir de la entrepierna húmeda de la rubia.

Lincoln se quedó inmóvil sobre los escalones de madera jadeando por aire un momento más, los bordes afilados de cada escalón comenzaban a lastimarle la espalda. Carol abandonó su pose de jinete y acurrucándose al lado de Lincoln, poniendo especial cuidado en que sus pechos se restregaran contra el torso desnudo del niño, comenzó a cubrir su carita con besos cariñosos. Los húmedos chasquidos de la succión de sus labios llenaron completamente el recibidor mientras ella alegremente dejaba marcas de besos con su labial rojo sobre las mejillas de su adorable amante. La respiración de Lincoln finalmente se normalizó al tiempo que una sonrisa amplia comenzaba a aparecer nuevamente en su semblante.

—Te moviste tan bien y tan apasionadamente que hasta podría decir que me dolió… —Carol no pudo evitar soltar una risita coqueta y feliz—, no, en serio, si dolió cuando casi comenzaste a saltar sobre mi pene… creí que me lo arrancarías.

—Lo siento mucho Linky —con un dedo, Carol recorrió el contorno del estómago y las costillas de Lincoln—, no quiero hacer nada que pueda inquietarte o distraerte…

Ahora fue el turno de Lincoln de reírse.

—¡Eso es mentira! Te encanta volverme loco, mujer —Ambos se sonrieron completamente felices y casi completamente satisfechos… porque tan pronto como las piernas de Carol volvieron a rosarse contra las de Lincoln, la muchacha descubrió que él seguía semi-erecto. Al igual que su primera vez juntos, y todas las veces que lo hicieron después de esa, el joven albino no estaba satisfecho con correrse sólo una vez.

—Mmmm, Linky, parece que sigues con ganas para más —la sonrisa tranquila de Lincoln se transformó en otra mueca traviesa.

—Uh huh. Es que estar contigo se siente muuuuuy bien —para enfatizar sus palabras, le dio un ligero pellizco a los pezones de los pechos sobre él—. ¿Te animas a probar algo más?

Tras pensarlo brevemente, ella simplemente asintió feliz.

—Entonces híncate por allá —usando mucho tacto, el niño dirigió a su niñera hasta la base de las escaleras, dónde le indicó que se hincara encarando la puerta de entrada. El trasero de la rubia apuntaba directamente al albino, un poco de semen se escurría por las piernas del short de Lori y comenzaba a mancharle los muslos a Carol. Nerviosa como pocas veces antes, la niñera miró por sobre su hombro… los ojos de Lincoln refulgían con el deseo más intenso que ella recordara haber visto.

Levantando una de sus manos por sobre su cabeza sólo para hacerla descender con fuerza un instante después, Lincoln le dio una nalgada a su amada que hizo que sus nalgas se agitaran con la fuerza del golpe ¿acaso planeaba tomarla por detrás? ¡Pero si sólo los animales cogían así…!

Esa revelación provocó que un escalofrío recorriera su espalda ¡SE LA IBA A COGER COMO UNA PERRA!

—Oh. Por. Dios. —suspiró Carol antes de girarse una vez más para contemplar a su pareja. Lincoln recorrió sus labios con su lengua antes de sonreír como un verdadero diablo.

Esperando a que él la tomara con toda la pasión y la violencia que su mirada febril prometía, ella sólo pudo aferrarse con uñas y dientes a las duelas del piso… sin embargo él nunca se movió de su lugar.

—Sé que dicen que no hay tiempo como el ahora… pero ¿es mucho pedir que hagas los honores? —aquellas palabras que reflejaban una asertividad días antes desconocida para el muchachito, seguidas de una nueva nalgada, le indicaron a Carol qué era lo que él esperaba de ella.

Más mojada que nunca, y casi hiperventilándose, Carol usó una de sus manos para apartar una vez más el short de en medio y presentarle finalmente su vagina a Lincoln para que el la tomara.

Toda su vulva se encontraba en plena vista, un desastre húmedo y rebosante de semen y fluido vaginal. Todo aquello funcionaría como lubricante natural. Ella incluso seguía humedeciéndose más con cada segundo que pasaba esperando a que él se la cogiera como la perra que era en realidad. Sin decir nada, Lincoln presionó la punta de su verga contra su gruta, Carol inhaló tanto aire como era capaz antes de que él entrara en ella finalmente.

Carol sabía que nunca había experimentado algo como aquello. Su aventura más osada habían sido esas sesiones de besos en la parte trasera de la sala de cine con Bradley, su novio de la escuela… ¡Mierda, se había olvidado por completo de Bradley! ¿Qué pensaría el pobre si supiera lo que su novia había estado haciendo durante la última semana? Seguramente nada agradable después de que se haya pasado los últimos meses inscrito a un gimnasio por ella… también porque ella se había estado acostando con un niño.

Era cierto… ¡Había pasado la última semana teniendo sexo con un niño! ¡UN MONTÓN DE GENTE IBA A PRISIÓN TODOS LOS AÑOS POR ABERRACIONES SIMILARES!

¿Qué pensarían sus padres de ella cuando se enteraran? ¡Porque sus padres se enterarían de lo que había entre ella y el hermanito de Lori! por muy inmoral que su relación con Lincoln fuera, Carol no planeaba convertirla en un secreto vergonzoso, sin embargo dudaba aun así ¿podría acaso volver a ver a su hermanito pequeño a la cara? ¿Cómo reaccionaría Lori y sus otras hermanas?

Lincoln, por su parte, no estaba al tanto de todas las dudas que comenzaban a acosar a su amada tras una semana de encuentros pasionales absolutamente reprobables, pero si notó la forma en la que el cuerpo de Carol comenzó a tensarse casi de repente, por lo que intentó relajarla de la mejor forma que conocía.

Se inclinó hacia delante e intentando comunicarle todo su apoyo y amor, le dio un beso en la espalda, en el área entre los omóplatos, antes de abrazarla por detrás y deslizar ambas manos por sus suaves y sudorosos costados; una mano se afianzó sobre su pecho izquierdo y la otra bajó rosando su abdomen hacia su ingle. No fue difícil encontrar su clítoris abultado y húmedo asomando por entre sus bellos púbicos. En cuanto empezó a jugar con el sensible bultillo, todo el cuerpo de Carol se estremeció y la pobre lanzó un grito ahogado de éxtasis, Lincoln respondió dándole algunos besos más en la espalda… el único lugar que alcanzaba a besar debido a su corta estatura.

La táctica de Lincoln funcionó a la perfección; tan pronto como sintió las caricias de su amante, Carol se olvidó de todas sus dudas y remordimientos. ¿Cómo había podido ser tan tonta como para dudar? ¡Si su Linky permanecía a su lado no había nada de lo que temer!

El sonido metálico de una cerradura abriéndose detuvo el tren de pensamiento de la rubia, la pobre ya iba a avisarle al muchachito follándola por detrás, pero la puerta de entrada se abrió antes de que pudiera hacer nada.

Un grito aterrado se atoró en la garganta de Carol con el tropel de groserías que también querían salir, dejándola muda. Lincoln intentó salir de la gruta de su amada y aparentar que no estaban haciendo nada indebido… pero sus músculos se negaron a escuchar a su cerebro. Ambos amantes estaban paralizados en la pose del perrito, la verga del albino enterrada hasta la base en la vulva de la rubia.

El viejo Albert había abierto la puerta para que entrara primero su familia, y la gran mayoría ya habían logrado entrar sólo para encontrarse con esa escena surreal, por suerte tanto Leni como la tía Ruth fueron rápidas en reaccionar y se apresuraron en sacar de la cabaña a las menores que habían alcanzado a entrar y en mantener afuera a las que no… lamentablemente ni la nerviosa rubia ni la anciana se preocuparon mucho del resto de la familia.

Rita y su esposo simplemente observaban la escena atónitos, Luan y Lynn lucían mortalmente pálidas y también parecían estar paralizadas por la sorpresa, Lori, a un lado de sus padres, era la única del grupo que lucía absolutamente furiosa. El rostro de la primogénita se había transformado en un color rojo infernal que combinaba perfectamente con la forma en la que rechinaban sus dientes… al verla así, Lincoln realmente la creyó capaz de transfórmalos, a él y a su amada, en pretzels humanos.

Por suerte, cuando la rubia pareció vencer su indecisión entre matar a Carol y conseguirle ayuda psicológica a su hermanito o matarlos a ambos, Lynn padre se desmayó en los brazos de su hija, Lori luchó un momento con el peso muerto de su padre antes de que Rita también se desmayara sobre ella; el peso combinado de ambos adultos resultó ser demasiado para la joven casi-adulta quien simplemente se derrumbó frente a la puerta aún abierta, enterrada bajo los cuerpos inconscientes de sus padres.

Albert fue el único que, al menos en apariencia, se había mantenido tranquilo… sin embargo, sus ojos delataban el infierno que se arremolinaba en su interior.

Carol notó casi al instante la forma tan violenta en la que el hombre que la había contratado para cuidar a su nieto la miraba, y cuando él comenzó a caminar hacia ella, depositando en cada paso toda una promesa de amenazas y dolor, sólo se le ocurrió a la pobre cubrir con sus manos su deshonra. Nadie la ayudaría, ella no merecía ayuda. Pero para su sorpresa, la suya y del viejo soldado, Lincoln se movió casi tan rápido como su abuelo y se paró delante del anciano… como si su delgado y pequeño cuerpo pudiera realmente proteger a Carol del castigo que sin duda se merecía.

Sin embargo, Albert si se detuvo ante el gesto de Lincoln, el muchacho delgado y ojeroso al que finalmente podía enorgullecerse en llamar nieto. El niño le sostuvo la mirada al viejo soldado frente a él, ninguno de los dos cedió ni un ápice.

El viejo ya le iba a decir a su nieto que se pusiera algo de ropa, y a la rubia que se largara de su vista cuando una voz ronca tronó a su espalda, sorprendiéndolo tanto a él como al niño albino.

—¡Ese es mi hermano! —exclamó una muy sonrojada Luna tras fotografiar con su celular el lamentable estado de Carol Pingrey… la hermosa mujer que hasta hace unos segundos había sido sólo una fantasía romántica inalcanzable... de ella y de su amiguita Sam.


No creo que sea necesario que les aclare que no apoyo ni apruebo lo mostrado en este fanfic.

Recuerden shavots, la pedofilia (como cualquier otra parafilia) no es ilegal pero si reprobable moralmente, el estupro y la pederastia si son ilegales ¡y son delitos muy graves! así que les pido que no repitan nada de lo que acaben de leer.

GRACIAS POR LEER, POR LOS FOLOWS Y LOS FAVS... MUCHAS GRACIAS