Nueva Generación: Proyecto Cartago

Capítulo 8

Era Martes por la mañana, los adolescentes se supone que tenían que ir a las clases de Kadic, pero Sissi había hecho papeles para que no tuvieran que ir, por la situación especial que estaban viviendo con el súper ordenador, Cartago, y su batalla contra la inteligencia americana. Claro que eso no impediría que tuvieran que continuar con sus obligaciones estudiando, eso al menos dijo Aelita, que les mandó a estudiar a casa de Ulrich y Yumi, con William vigilándoles. En cuanto acabaran, se pondrían a entrenar, pero ese par de horas no se las quitarían nadie.

Y de paso, el adulto estaría gestionando todo lo relacionado con las cargas explosivas para tirar abajo la fábrica, en una semana. Mientras ellos subrayaban los apuntes, el otro se dedicaba a estudiar los planos de la Fábrica, usando las fotos que Sissi y Odd les mandó, había dibujado ya la planta baja, apoyándose en los planos originales que había en el súper ordenador, y estaba ya calculando dónde poner las cargas, y qué potencia tendrían las mismas.

-Vale, esta viga es de carga… -murmuraba- Si tiro esta, estas otras deberían ceder fácil -miró las fotos, mientras movía el bolígrafo, rodeando varios puntos-. Y aquí deberían ir otras dos, para que cediera todo…

Tenía claro que, antes de decidir definitivamente, harían simulaciones por ordenador para saber qué pasaría en ciertos escenarios en los que tenía dudas, de paso podrían cambiar según qué datos, para tener claro el pedido y hacerlo de una sola vez. Así su tío haría pocas preguntas, bastante que no quería hacer él mismo los cálculos. Porque, y esto era importante, tenía que estar lo más intacto posible la parte inferior, donde descansaba el súper ordenador.

-Tío William -escuchó entonces-, ¿me ayudas con esto, por favor?

Esa era Ariadna, así que el otro asintió, y se levantó. Maya, al lado de su amiga, se limitó a mirar de reojo a JP, que estaba concentrado mirando el papel, escribiendo en el mismo de vez en cuando. Hiroky, por su parte, atendía a la explicación de William, pues tampoco se estaba enterando especialmente, pensaba demasiado en el momento de entrenar sus habilidades en Lyoko.

-Venga, que ya sé que estudiar es un asco a veces -les animó-, pero si no lo hacéis, vuestras madres me matan.

Los chicos le miraron con cierta diversión.

-¿Y tú no has pensado en tener niños? -preguntó Maya- ¡Yo podría ayudar a cuidarle!

William negó entonces, con un deje de diversión.

-¿Y con quién lo tendría, si no tengo a nadie?

A eso, Ariadna sonrió.

-Está esa chica -respondió- ¿Cómo se llamaba? ¿Gabrielle?

-Abigail, creo -la corrigió Hiroky-, está buena, la verdad…

El adulto suspiró.

-No digas esas cosas, chaval -le dijo-, como te oiga tu madre te mata, y tu padre peor aún.

Pero su hermana le defendió.

-Pues tío Odd dice cosas iguales o peores…

-Pero él es un adulto, vosotros no -les reprendió-, además, os saca siete años, si no más.

Los menores se limitaron a seguir con su tarea, sin más. William volvió con el plano, pero le dio un par de vueltas a lo dicho por los menores. Realmente estaba cómodo con su vida hasta ahora, y no se había planteado tener un crío, ya sea propio o adoptado… puede que fuera el momento, de pensarlo. Pero después de terminar con la misión, si es que lo hacían, dada la peligrosidad de la misma. Mientras observaba por encima los planos, se dio cuenta de un detalle.

-Lo tenía todo pensado, el arquitecto…

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Por su parte, Herb trabajaba junto a la IA del súper ordenador en la Fábrica, con su gato en el regazo dormitando. Saru había estado con él casi todo el rato, salvo cuando se duchó, y porque no le gustaba el agua en especial. De vez en cuando ronroneaba cuando su amo acariciaba su cuello, satisfecho, acomodándose más aún en el otro. Por su parte, el hombre estaba tecleando suavemente en la interfaz, leyendo por segunda vez las líneas de código.

-Bueno, el nuevo Skid ya estaría prácticamente terminado -comentó-, ya sólo quedaría lanzarlo, y que se ejecute.

Ante él, apareció el rostro de Belona. La entidad le sonrió ligeramente.

-Hola, Herb Pichón- saludó-, el programa Skidbladnir II ya se está ejecutando, he programado una alarma para dentro de quince horas, veintisiete minutos, para llevar a cabo la segunda parte.

Él asintió, satisfecho.

-¿Cómo va el Protocolo Hopper?

Belona asintió, ligeramente.

-En proceso, Jeremy me ha dado las indicaciones para continuar, vamos aproximadamente por el treinta por ciento -explicó-, esta versión será mucho más eficiente que la original, que fue creada con ciertos errores de base.

-Sinceramente, me sorprende que haya tomado semejante decisión -murmuró-, desde luego, no va a escatimar en medios para este conflicto, la verdad…

-Es lo mejor, señor -le respondió Belona-. Cartago es un enemigo poderoso, no podemos permitirnos no ir con todas nuestras opciones, aunque eso suponga tomar decisiones duras.

El aludido suspiró. Saru, entonces, se estiró algo, y se dejó caer al suelo, donde anduvo unos pocos metros, moviendo la cola.

-Los programas lo tenéis todo más sencillo… -comentó- Hacéis lo que os han indicado en vuestros códigos, y no os planteáis si eso está bien o mal…

-A veces me pregunto cómo funciona la moral humana -reconoció Belona-,Waldo era muy dado a ser utilitarista, no le importó demasiado lanzar a Xana contra el mundo -comentó-, Jeremy, en cambio, aunque está dispuesto a mucho, no tiene esa sed de venganza que sí vi en Schaeffer.

Herb suspiró.

-Y pese a eso, está haciendo más o menos lo mismo que el padre de Aelita.

Belona le miró unos segundos, antes de responder.

-Hay una diferencia, Jeremy no está sólo -explicó-, Waldo luchó en solitario, y en un punto, perdió la cordura. Eso no le pasará a Jeremy, es un mejor líder, por eso le apoyo.

Herb asintió, pensativo. Tecleó un poco en la interfaz, y accedió al programa de Proyecto Hopper. Suspiró un poco, mientras se rascaba algo la barbilla.

-Espero que os salga bien… -murmuró-, por cierto, sería hora de preparar también los entrenamientos para los chicos, ¿verdad?

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Mientras, al otro lado del mundo, Laura escuchaba atenta las palabras de Jeremy. De vez en cuando miraba al otro lado del aparcamiento, para no ser pillada por nadie. Esperaba que la distracción que le puso a Yao funcionara, esa reunión debía ser secreta.

-Tenemos que hablar, ¿verdad? -preguntó- Aquí me tienes.

-Así es -respondió Jeremy, se escuchaba algo de cansancio en su voz-, ¿tú estás a salvo

-Sí, ¿por? -preguntó ella, algo nerviosa- ¿Qué sucedió?

-Nos llegó un monstruo de Cartago a las inmediaciones de Lyoko.

Ella gruñó, entonces.

-A nosotros no nos ha notificado nada, vuestro programa debió enviar una señal de todo correcto.

Oyó cómo el otro suspiró algo.

-En todo caso, quiero pedirte un favor.

Ella posó su vista un segundo en la salida, y respondió con un suave murmullo, invitándole a hablar.

-Voy a necesitar un medio para poder quitar de en medio a Yao y a Abigail, en caso de posible traición, rápidamente.

Laura chasqueó la lengua.

-Juraron ayudar, Jeremy.

-Ya, me fio de ti, no de ellos -respondió el otro-, y le pasa lo mismo a los demás.

La mujer suspiró pesadamente, mientras fruncía algo el ceño.

-Vamos en cupo, o lo tomas, o lo dejas -le espetó-, bastante nos la estamos jugando nosotros también.

-Precisamente por eso -a esa respuesta de Jeremy, la otra se quedó en silencio-. Tú ayudas a viejos amigos, Yao parece ir detrás de ti así que actúa por emociones, ¿pero y ella? Es la que más me preocupa.

-¿Y qué propones?

-Nuestro sistema operativo tiene preparado un programa de ataque múltiple -explicó Jeremy-, ya lo usó contra aquello que hubiera lanzado Cartago, así que es funcional.

-¿Y cómo puedo saber que eso no les matará?

-Están en un mundo virtual -le recordó Jeremy-, salvo que cayeran al mar digital, volverían a un escáner de vuestras instalaciones.

Ella recordó un detalle entonces.

-¿Y vosotros? ¿Qué pasaría si os desvirtualizan? -preguntó-, ¿tenéis escáner al que volver?

-De hecho tenemos varios, ya viste la fábrica -explicó-, estoy trabajando para tener un colchón, de todas formas.

Ella suspiró.

-Te veo muy seguro de todo… -murmuró-, me gustaría estar en una situación similar.

-No estoy seguro, precisamente -respondió él-, simplemente, me esfuerzo en aquello que considero mejor.

Ella sonrió ligeramente, mirando de nuevo hacia la salida.

-En fin, tendré que irme, no sea que me vayan a pillar -suspiró algo-, ¿cuándo volveremos a hablar?

-El Sábado, más o menos a estas horas -respondió-, aunque, si no hay incidencias reseñables, podríamos evitarlo, solo por si acaso.

-Jeremy…

-¿Sí?

-Yo… espero que te esté yendo bien, en la vida -comentó-, dile a Patrick… que… bueno, ya sabes. Adiós.

En ese instante, ella colgó, nerviosa, y decidió volver hasta su cuarto. Salió rápidamente de los aparcamientos, y, siguiendo las mismas precauciones de cuando llegó, se dirigió de vuelta hasta su cuarto. Por su parte, Jeremy miró su móvil en silencio, preguntándose ciertas cosas. A su lado, Aelita estaba tumbada, con una ligera sonrisa en el rostro, mientras le miraba con cariño. Su pelo caía sobre la cama y espalda, cubriendo sus pechos, estando lo demás tapado por las sábanas. El chico también estaba tapado por la cintura.

-¿Qué te ha dicho?

-Está algo molesta por comentarle nuestros reparos con los otros dos -oyó a la otra chasquear la lengua-, es normal, diría, habrá hecho amistad con ellos.

-Ya, la entiendo… -comentó la mujer- ¿Le ocultarás lo del sistema operativo, y tus planes con Herb?

Jeremy asintió.

-Sólo lo sabremos él, y yo -respondió-, cuanto menos estéis involucrados vosotros, mejor.

Ella le recostó suavemente, y se colocó sobre él.

-No soy una princesa que necesite protección, amor… -murmuró ella, mirándole a los ojos, con un cierto ronroneo-, puedo defenderme…

El otro tragó saliva, y suspiró.

-Sabes perfectamente por qué lo hago…

Ella le sonrió.

Lo sé, y estás muy guapo así -le dijo-, por cierto, ¿qué era esa lanza de la que hablabas?

Jeremy la miró divertido.

-Se divide en dos partes: Protocolo Hopper, y Plan Lanza -empezó-, el primero sirve como la base del segundo, y que nos dará, como su nombre indica, un arma para luchar contra Cartago -explicó.

-¿Y será una poderosa?

-Por supuesto -Jeremy suspiró-, pero no te puedo contar demasiado. Sólo que usaremos medios ya existentes, remanentes de nuestra batalla anterior.

Ella le miró con cierta suspicacia. Pero se limitó a apoyar su cabeza en el pecho de él.

-Después me gustaría pasar por la farmacia -comentó-, necesitaría compresas, para mí y para la niña.

El otro la miró.

-¿Y no se venden en un súper normal, esas cosas?

Aelita negó.

-De paso, también quiero comprar unas cosas allí, ya sabes, dentífrico, unas pastillas para los dolores…

Jeremy asintió, besó su frente, y se levantó, mientras se preparaba para sus labores. Ella le imitó, y, ya vestidos, salieron por la puerta del cuarto. Mientras su marido llevaba a la niña a casa de Ulrich, para luego ir a la fábrica; ella iría, efectivamente, a la farmacia. Pero quería comprobar sus intuiciones con respecto a su embarazo. Por ello, fue hasta la más cercana, adquirió varios, y volvió hasta la Ermita, donde esperó a quedarse a solas para poder llevar a cabo el proceso.

Patrick fue el último en salir, y al ver la bolsa de la farmacia, se limitó a salir, junto a los demás, con los que iban a entrenar combate cuerpo a cuerpo. Suspirando, entró al baño, abrió uno, y siguió el proceso que venía en las instrucciones.

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Ya pasada la mañana, y una vez que comieron sendas hamburguesas pedidas a domicilio, el grupo se dispuso a dar el último entrenamiento en la Tierra. A partir del día siguiente, Miércoles, estarían de constante en Lyoko hasta el Domingo, día en que iniciaría su misión. El único que no participaría sería Herb, y que iría hasta la fábrica, pues incluso Jeremy estaría presente, que deseaba aprender, aunque no porque le hiciera especial ilusión, simplemente lo necesitaba.

Se colocaron de tal forma que Aelita, Odd, Ulrich, Yumi y William tendría un grupito de alumnos. Estarían, en concreto, Jeremy y Maya; Sissi y JP; Hiroky y Ariadna; y Patrick, de tal forma que estarían cómodos con el reparto, y podrían aprender mejor.

En el primer grupo, Aelita les ayudaba a aprender a esquivar golpes, y a agarrar a alguien para tenerles inmovilizados. Sabía que ninguno de los dos era especialmente hábiles en cuanto a físico, pero tenían que saber cómo quitarse de encima a alguien.

-Y cuando le tengas bien agarrado así, será casi imposible que logre escapar -la mujer había tomado a su marido por detrás, pasó sus brazos por debajo de las axilas de él, y le había pegado a ella -, sería un rival fácil de quitarse de encima.

El hombre, entonces, intentó agarrarla por la cintura, cosa que sorprendió a la otra, que se vio en un momento por el aire, mientras Maya se reía al ver a su padre inclinado hacia adelante, con su mujer tumbada sobre él, y que pataleaba para bajarse, desternillándose.

En cuanto a Odd, se limitó a dar consejos a su mujer, que asentía ante sus explicaciones, mientras les contaba trucos suyos en Lyoko.

-¡Todo os será mucho más sencillo, os lo aseguro! -decía- ¡De hecho, lo más probable es que os salgan solos, los trucos!

-¿Eso te pasó a ti, Odd? -preguntó Sissi-, porque, sinceramente, dudo poder hacer nada yo…

El hombre asintió.

-Eso nos pasó a todos, lo garantizo -dijo- ¿Qué te crees, que éramos agentes especiales el primer día? Y aun así nos las manejamos para luchar sin problemas.

-Papá lleva razón, en el mundo virtual te sientes mucho más ágil y ligero -explicó, entonces, JP-, no te cansas, eres más veloz, fuerte… y podremos luchar fácilmente, mucho más que aquí.

-Ojalá llevéis razón…

Mientras, la familia Stern practicaba pencak-silat, como siempre. No cabía la menor duda de que era una familia de grandes luchadores, pues después de una sola demostración de los padres, los hijos la seguían fácilmente, lo llevaban en la sangre. Patadas, puñetazos y golpes se sucedían, en un aprendizaje silencioso, pero que, sin duda, les serviría mucho en batalla. Podrían estar así por horas, de hecho, y sin darse cuenta siquiera.

Practicaban en un ceremonial silencio, solo roto por los gruñidos de uno u otro cuando acababan en el suelo, levantándose rápidamente, dispuestos a recuperar el honor perdido por la reciente derrota. Estaba Ulrich con Ariadna, y Yumi con Hiroky, aunque lo más seguro es que, a lo largo de la tarde, se fueran intercambiando, ya que era el grupo más grande.

Por último, William forcejeaba con Patrick constantemente, la idea era llevar al suelo al otro como fuera, teniendo así que aprender a lidiar con un enemigo sin poder usar armas. Era parecido al entrenamiento de los otros, pero sin técnica alguna, junto con algún bofetón y puñetazo al aire, de una forma más sucia que la depurada técnica de los Stern. Pero en aquel conflicto verían de todo, seguro, lo que les vendría bien igualmente. Patrick no sabía que arma tendría en Lyoko, pero, sea cual sea, su compañero había insistido que necesitaba poder usar sus brazos y piernas igualmente.

Al parecer, durante su esclavitud con Xana, aquello fue lo que más veces le dio la victoria, y no el uso de su espada. O de sus poderes, por eso le daba tanta relevancia. Además, no contrarían con demasiado apoyo, más allá del de Herb, así que era mejor contar con ellos mismos solo, y no tener que depender del otro en exceso.

-Has aprendido bastante, Patrick, y mañana fliparás más aún -comentó Will, estaban agarrados el uno al otro-, en Lyoko podrás hacer mucho más que aquí.

Resistió el barrido de pies del otro, que gruñó.

-¿Y se sabe algo de los otros?

-No, sólo Jeremy habla con ellos -intentó tirar al otro, pero este aguantó bien-, ¿echas de menos a Laura ya, o qué?

Por esas palabras, el otro le derribó de un tirón al suelo, y hasta le amenazó con un puñetazo, pero se contuvo. El otro le miró, con cierta diversión.

-Esta rabia… úsala con cabeza -le indicó William-, podrá darte la fuerza necesaria, en el momento adecuado.

Patrick gruñó.

-¿Ahora eres el profesor Miyagi, o qué?

William se rio, mientras el otro le ayudaba a levantarse. Los entrenamientos, aunque arduos, eran algo rutinarios. Agarrar, tirar, defenderse, así continuamente. Y aunque habían pulido la técnica en cierta medida, lo principal vendría cuando estuvieran en Lyoko.

-Yo creo que tendríamos que ponernos ya, y no esperar a mañana -comentaba Maya, en un descanso-, porque lo que estamos haciendo aquí, y la nada, es lo mismo…

En ese momento, su madre la enganchó, con cierta fuerza. La adolescente, casi de forma inconsciente, la enganchó por las caderas, y la inclinó con todo su peso, logrando que la adulta tuviera que sujetarla a pulso. Eso le permitió revolverse, liberándose del agarre de la mujer, y colocándose justo en frente de la otra.

-¿Ves como sí que es útil? -le espetó la adulta, divertida- Todo lo que estamos haciendo aquí tiene su sentido, chicos, os lo aseguro.

Miró entonces a su marido.

-Pero, es posible que ellos lleven cierta razón, ¿no crees?

El otro, empapado en sudor, se limpió la cara con la manga de la camisa, y asintió un poco. Le ayudaron a levantarse, y comprobó que los demás iban recogiendo sus cosas. Eran las seis de la tarde, aún les daría algo de tiempo a ir hasta la fábrica, estar un par de horas, y volver a la Ermita para ducharse, cenar, y a la cama.

-Bueno, iremos, ya que os apetece tanto…

Los que más lo celebraron fueron los adolescentes. Se fueron corriendo hacia el súper ordenador, mientras sus padres recogían las cosas, las llevaban de vuelta a la Ermita, e iban andando hacia la misma dirección. Mientras los demás se limitaron a dejar las cosas en el salón más o menos colocadas, Aelita insistió a Jeremy para que se quedaran a recoger un poco más, alegando que luego les daría pereza, así que se quedaron atrás, mientras los demás iban hacia la fábrica.

-¿Realmente quieres colocar todo esto, Lita?

Ella estaba en una de las ventanas, comprobando que los demás ya se alejaban. Cuando se hubo cerciorado, se giró, y le sonrió un poco.

-En realidad, quería mostrarte una cosa -aseguró ella, entonces- ¿Vienes?

Le tomó de la mano, le gustaba ver las expectativas en su mirada. Le guio hasta el baño de la planta superior, buscó bajo unas toallas, y le mostró el test de embarazo. Este tenía dos líneas rojas, y sonrió cuando su rostro se quedó ligeramente blanco, para después sonreír un poco.

Se dieron un fuerte abrazo entonces, mientras él besaba el cuello de ella, cariñoso, que se rio un poco, mientras acariciaba la espalda de él, contenta. Cuando se separaron, Aelita miró a Jeremy a los ojos, sonriendo con fuerza.

-Debió bajarme hace unos días, y nada -explicó-, así que, por curiosidad, decidí hacerme un test, ya sabes, por la última vez… y parece que has marcado gol.

Se rio de su propia broma, y Jeremy pasó entonces a un rostro preocupado, aunque, conociéndole, ella posó un dedo en sus labios.

-No digas nada, por favor -el otro asintió-, Patrick sólo sabe que me hice la prueba, si pregunta, dio negativo. No quiero ser la princesa en apuros, incapaz de defenderse.

-No lo eres -respondió, mientras salían del baño, de la mano-, de hecho, te recuerdo que eres la que más monstruos ha derrotado.

Ella sonrió, entonces, recordando el ranking que montaron. Odd pensaba que era el primero, pero, sorprendentemente, era ella, luego venían Yumi, Ulrich y finalmente el rubio. Se quedó de piedra al saber que había quedado el último por uno sólo.

-Cierto, pero ya me entiendes -comentó-, lo que quiero evitar es que el súper ordenador salte cuando me escanee, porque seguro detecta los dos ADN.

Su marido asintió, entendiendo por dónde iba.

-No habrá problemas con eso -explicó-, piensa en las millones de bacterias que hay en nuestra piel, pelo, intestinos, y, en general, en todo nuestro cuerpo -siguió-, solo toma aquel que sea el principal, en tu caso, el tuyo.

-Pero habría un segundo ser humano, por eso -dijo-, en esos casos que me cuentas no tendrían nada que ver, en el caso de un embarazo no creo que sea tan sencillo.

El otro asintió, pensativo.

-¿Te acuerdas lo que hicimos, con tu hebra de pelo?

Ella le sonrió.

-Me he casado con un genio -le dio un profundo beso, entonces, dejándose colgar del cuello del otro-. Cuando todo pase, tendremos que celebrarlo…

Ese ronroneo de ella hizo que su piel se erizara.

-Pero estás embarazada, Lita…

-Ya, pero eres alguien imaginativo -le guiñó un ojo-, algo se nos ocurrirá.

Y, entre risas, salieron de la casa. Mientras ellos estaban con aquello, los otros adultos ya estaban pasando por las alcantarillas. Con cara de concentración, se preparaban mentalmente para su primer viaje, o retorno, al mundo virtual.

-Los poderes se activan fácilmente -comentaba Ulrich-, Herb os explicará en qué consiste cada uno, son realmente útiles en combate.

-¿Y las armas? -preguntó Sissi-, ¿se ven fácil, o algo?

-Lyoko es muy intuitivo -intervino Odd-, el primer día lancé mi primera flecha láser simplemente moviendo la muñeca con algo de intensidad.

Patrick asentía, con interés.

-¿Se sabe de alguna manera qué poderes podríamos tener, o solo cuando lleguemos allí?

-Qué va, es totalmente aleatorio -comentó Yumi- ¿Tu dirías que mi poder sería la telekinesis?

A esa pregunta de la mujer, el otro simplemente se hundió de hombros, entendiendo sus palabras. Se preguntaba cuáles serían los suyos, y los de Sissi.

-Y seguramente el enemigo también tendrá -William iba el primero, con las manos en los bolsillos-, aunque a saber, creo recordar que iban todos con un mismo uniforme…

-Eso dijeron los niños, que no había forma de saber quién era cada uno -comentó Sissi-, tendremos un problema de ser así, para diferenciarles del enemigo.

-Eso se lo deberíamos decir a mi primo, sí -Patrick ayudó a William a quitar la tapadera de las alcantarillas, mientras charlaban ya las habían cruzado hasta el final.

Una vez estuvieron arriba todos, fueron hacia el interior de la fábrica, donde seguro ya estarían esperando los menores, o eso o se habían virtualizado directamente. Bajaron por las rampas laterales, tomaron el ascensor, y llegaron hasta la sala de mandos, donde Herb les esperaba, con su gato en el regazo.

-¡Pareces el villano de una peli, así!

Herb imitó la risa de un loco, mientras rascaba la espalda de Saru, sacándole una carcajada a los demás, que, a decir verdad, necesitaban para aliviar tensiones.

-Bueno, ¿listos para vuestro primer viaje? -preguntó, y los demás asintieron, limitándose a volver a accionar el elevador, que les llevó hasta la parte inferior, donde estaban los escáneres.

-Odd… - Sissi estaba frente a uno de los escáneres, su marido, a su lado, la tomó de la mano -No me dejes sola…

-No tienes que entrar, si no quieres…

A esas palabras de él, ella negó.

-No es eso, sólo… me impresiona un poco, es todo -aseguró, le sonrió entonces-, vamos allá.

Entró la primera ronda: Sissi, Odd, y Patrick. Luego irían los demás. Según entraron, se cerraron los escáneres, una luz les rodeó, un fuerte viento les rodeó, moviendo su pelo y ropa; y un fuerte fogonazo blanco hizo que no vieran nada en unos instantes.

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El escenario escogido fue el sector del hielo. Sus grandes planicies y zonas de agua eran ideales para poder entrenar y usar los poderes del grupo fácilmente y sin peligros de caer al mar digital, y, junto con el del desierto, era la zona ideal para ello. Los adolescentes, tal y como habían pensado, hacia rato que estaban allí, solo dejando de charlar entre ello cuando vieron a sus padres aparecer en los cielos, generándose desde los pies hasta la cabeza, y cayendo en cuanto terminó el proceso.

-Bueno, no está nada mal… -comentó Sissi, mirándose-, ¿estoy guapa?

Odd asintió, divertido. Sissi tenía unas mallas color crema, con los brazos y parte baja de las piernas en un tono marrón, con un corazón negro en el pecho, teniendo en su cara unas líneas del mismo color que muslos y pecho. Tenía en su espalda una especie de palo extensible que, cuando ella lo tomó, creció hasta los dos metros.

-¡Cuidado, cuidado!

Patrick puso sus brazos en cruz, y una ráfaga de aire impidió que la espada de ella saliera volando. En su caso, tenía ropa de un tono color tierra, con un hacha en la espalda, y que ni tuvo tiempo de revisar. Sissi salió despedida un par de metros, sorprendida, y miró al otro.

-Está claro que Patrick puede generar corrientes de aire -comentó Odd, acercándose a ayudarla-, y que tú, Sissi, tienes un arma cambiante.

Le tendió el bastón, que, cuando ella lo tomó, pasó a ser una maza. Se concentró, y pasó a ser un abanico, para luego ser de nuevo una espada.

-¿Y tú por qué pareces un gato? -Odd miró mal a Patrick-, a JP le pasa parecido, veo…

-¡Y yo qué sé! -exclamó- ¡¿Te crees que no se lo he pedido cientos de veces a Jeremy?! ¡Y él siempre pasaba de mí!

Los demás soltaron una carcajada. En el caso del chico, sus decoraciones eran líneas doradas en el fondo tierra, con unos guanteletes negros, desde los cuales debía lanzar esas ráfagas. Contaba con botas, al igual que Sissi, en el primer caso negras, y en el segundo, pardas.

-Pues mola mucho, tu ropa -comentó Maya, mirando a Sissi-, estoy deseando ver a los demás…

Durante la charla, vieron que los demás llegaban. Los otros tres adultos tenían las mismas prendas que cuando eran jóvenes, siendo Yumi una geisha; William con su traje gris y azul y su enorme espada, y con Ulrich con su traje amarillo y negro con dos katanas.

-¿Y cómo es Jeremy? -preguntaba la japonesa- Tengo ganas de verle, sólo ellos saben qué ropa lleva.

Ulrich y Odd se miraron con cierta complicidad.

-Te sorprendería, la verdad -comentó el segundo, divertido- ¡Bueno, no perdamos tiempo, vamos allá!

Disparó de pronto contra Sissi, que esquivó como pudo su flecha láser. Ella le miró, algo molesta, tomó su bastón, y se lo lanzó. En el aire, pasó a ser una jabalina, que cayó a los pies de él, que lo esquivó de un salto. Los demás se dispersaron, para darles hueco, expectantes.

El arma volvió a la mano derecha de su dueña, que se limitó a extenderla, llegando a la misma al instante. Pasó a ser una espada, con la que comenzó a atacar al otro, que evitaba los sablazos de ella, que comenzó a reírse al cuarto movimiento, pues el otro le hacía carantoñas.

-¡Lo haces muy bien!

Patrick, por su parte, tenía en frente a Yumi. Ella le lanzaba sus abanicos, el hombre se limitaba a intentar esquivarlos como podía, aunque con su hacha poco podía hacer, dado que se encontraba ella demasiado lejos. Cuando lograba darle a uno de los abanicos y derribarlo al suelo, ella lo recuperaba con su telekinesis, hasta que él se hartó. De sus antebrazos salieron unas ráfagas de aire, y lanzó su hacha contra ella, que voló a toda velocidad contra el pecho de Yumi.

Dio un salto a un lado, y usó sus poderes para intentar atrapar el arma del otro, pero esta voló directa a la mano de él, que la recibió, la enarboló, y siguió atacando. Los adolescentes lo veían con sorpresa, realmente en Lyoko todos eran mucho más ágiles y fuertes, como si la edad no hubiera pasado por ellos. Eso hubiera sido imposible de hacer en la Tierra, desde luego.

William se limitó a pasar a ser una bolita de humo, y voló contra el pecho de Ariadna, teniendo JP que ir a ayudarla, mientras Maya a duras penas podía detener las espadas de Ulrich, estando Hiroky con ella. Empezaba el entrenamiento de verdad.

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Herb observaba todo el proceso desde la comodidad de su sillón, Saru estaba recorriendo la sala en la que estaban ellos con interés, olisqueando el aire y suelo, mientras su amo se entretenía con la visión de los combates. Sólo se giró cuando escuchó, minutos después, moverse el ascensor hacia arriba, y sonrió. Activó las cámaras, y observó a Jeremy y Aelita llegar, iban de la mano, seguro que se habían permitido el lujo de venir paseando hasta allí, pensó.

-¿Bajáis ya? -preguntó, con interés- Los demás ya están dentro.

Ambos asintieron, pero antes de ir hasta el ascensor, Jeremy le indicó a la mujer que bajara, cosa que así hizo. Miró a Herb entonces, y este se levantó, quitándose los cascos.

-Todo va en orden, por ahora -explicaba, mientras le tendía al otro los auriculares-. El Plan Lanza estará listo para el Viernes, diría, y las nuevas partes del Skid están ya ensamblándose.

Jeremy asintió, satisfecho, y abrazó de pronto al otro.

-Gracias… -murmuró- No sé cómo te lo pagaré…

Herb sonrió un poco.

-Volviendo a casa, sanos -respondió, simplemente-. Los demás te esperan, Jeremy. No te hagas de rogar.

Asintiendo, Jeremy se giró, y fue hacia los escáneres. Había llegado el momento, pensó, de volver a Lyoko, esa vez, como guerrero a pie de píxel, y no dirigiendo desde la fábrica. Su corazón palpitaba con fuerza, su respiración se agitaba, y la boca se le secaba con los pasos que daba, pero, por otro lado, la determinación de llevar a cabo su misión pesaba más que el miedo o la incertidumbre de lo que pasaría en sus vidas. La adrenalina empezó a recorrer su cuerpo, y esa misma sensación de ingravidez que experimentaba con cada ataque de Xana le golpeó de nuevo, sacándola una sonrisilla de diversión.

-Es hora del rock…

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Dos nuevos cuerpos aparecieron sobre el sector del hielo. Aunque uno de ellos ni llegó a caer al suelo, pues, según apareció, Aelita extendió sus alas rosas, que aún conservaba, y voló grácilmente por los cielos de aquel lugar, soltando una carcajada de felicidad. Jeremy la observó desde el suelo, sentado pues había caído de culo, siendo ayudado por William a incorporarse.

-¡COMO MOLA, MAMÁ PUEDE VOLAR! -chilló Maya, dando saltos- ¡YO TAMBIÉN QUIERO VOLAR, PAPÁ!

-Fue un regalo, de hecho, no sabéis la calda que dio Lita aquella tarde… -comentó Yumi- Estaba encantada, hasta entonces apenas podía hacer nada fuera de crear cosas, y entre esas cosas, y las bolas de energía, era imparable.

Patrick la miró volar grácilmente, y posarse unos metros más allá. Si Aelita era un elfo, él era una especie de motorista. Tenía un traje ajustado de un suave tono celeste, con detalles en amarillo en los muslos y en los antebrazos. Su estómago era blanco, y en sus ojos tenía unas gafa azules claro que le tapaban toda esa parte, mientras que sus manos estaban protegidas hasta el inicio de las falanges por unos guantes sin dedos. Estos eran de un azul oscuro, tenía el símbolo de una pistola en los mismos.

-Interesante -comentó Ulrich-, lo recordaba peor, la verdad.

El aludido le miró con diversión, y extendió sus brazos hacia un lado, donde no había nadie. Se concentró, y segundos más tarde, en sus manos aparecieron dos pistolas, con las que lanzó rápidas ráfagas de disparos, para después, cargar y lanzar un solo disparo, pero visiblemente más potente.

-Creo que es el primer arma de fuego que veo por aquí -dijo entonces JP, para entonces todos se habían congregado alrededor de los dos recién llegados-, Hiro tiene una espada y un escudo, Ari una jabalina, Maya a saber, y en mi caso lanzo bolas de fuego.

Maya observó sus anillos. Puede que tuvieran una función similar a lo que hacía su madre, así que extendió sus brazos, y se centró. Se le ocurrió que estaría bien que pudiera lanzar algo con él, y entonces, dardos de agua salieron de su mano derecha. Se asustó un poco, y de la izquierda emanó un chispazo de electricidad, que casi golpea a los demás.

-¡Guau, mola mucho, May! -exclamó JP, entonces, a lo que ella sonrió- ¿Puedes hacerlo con algo más?

Ella se miró las manos, y entonces comprobó que tenía unas gotas dibujadas en uno de los anillos, y un rayo en el otro. Se palpó el cuerpo, en busca de algún arma, pero no encontró nada, así que aquello debería de valerle, por ahora.

-Será mejor que entrenes en especial el del rayo -comentó de pronto William-, intenta hacer una esfera, en lugar de dejarlo salir, pues no sabes en qué dirección iría así.

Ella iba a protestar, pero recordó que aquel mundo tenía una física diferente. Así que se puso a practicar aquello, mientras los demás seguían adelante con sus entrenamientos, buscando perfeccionar los movimientos, y hacerlos más dinámicos y rápidos. Jeremy, de hecho, estaba en plena persecución de Aelita.

Ella volaba en una de las plataformas, mientras el otro practicaba su puntería con ella, aunque con disparos tan suaves que le quitaban tan solo un punto de vida. Además, competían por quien llegaba antes a una torre algo lejana, entre ciertas risas. Algo alejados, William usaba su espada para atacar a Patrick, que se defendía con su hacha, esquivaba un corte del otro en vertical, y le atacaba con su filo, aunque el otro se defendía, bien con su hoja, bien con unos guanteletes de plata. De vez en cuando, el primero usaba sus poderes para colarse entre las piernas del otro y sorprenderle, pero entonces Patrick le lanzaba unas ráfagas para lanzarle unos metros, lo bastante para que pudiera interponer su hacha y defenderse del ataque.

Sissi no dejaba que Odd se acercara en especial, aunque a este eso no le importaba, con su flecha láser podía darle desde la otra punta de la plataforma, hasta que a ella se le iluminó la bombilla. Deseo estar al lado de él, y en un parpadeo ahí estaba. Él la miró con sorpresa, pero no llegó a poder decir nada, pues ella le dio un golpe en la tripa, y luego le lanzó unos metros. Odd cayó sobre sus cuatro patas, y sonrió, divertido.

Por su parte, Ulrich se defendía de los espadazos de Hiroky, mientras Ariadna usaba su jabalina contra su madre, que interponía sus abanicos, en una defensa cerrada, con la que en varias ocasiones le había intentado arrebatar el arma a la otra, pero esta la retenía con fuerza, impidiendo a la mayor su objetivo. A decir verdad, era un combate bastante intenso por dos lados, más cuando el padre usó su súper sprint para atacar al hijo, que se limitó a interponer su brazo para defenderse, aunque apenas pudo detener al otro, hasta que se impulsó con las piernas hacia adelante, momento en que se rodeó de un aura amarilla, yendo a toda velocidad hacia adelante con el placaje, impactando contra su padre.

Maya se enfrentaba a JP, ella procuraba crear esas esferas de electricidad que le comentaron, mientras él se defendía con su fuego. Sus puños eran muy potentes, así como sus piernas, con los que podía levantar bloques del suelo con los que protegerse, llegando un momento en el que saltaba sobre los peñascos, y le lanzó unas esferas de fuego. Ella, para defenderse, creó unos muros de agua, pero el fuego de JP era más potente, de hecho logró hacer desaparecer el agua de ella en una pequeña nube.

Sin embargo, cuando la atravesó, no la vio. La chica apareció por detrás de pronto, y entonces saltó sobre él, sonriendo y dándole golpecitos en el pecho. JP se giró divertido, e intentó llevarla contra el suelo, hasta que la pudo enganchar por detrás, tirándola al suelo con cuidado, sujetándola en todo momento, colocándose sobre ella, con una sonrisa de diversión.

-Gané.

Ella le miró entonces, aún con una sonrisa.

-Eso parece, sí… -observó los ojos del otro, y una idea fugaz pasó por su cabeza- JP…

Antes de que él pudiera decir nada, la chica le besó suavemente en los labios. El otro la miró por unos segundos, sonrió, y la ayudó a levantarse.

-¿Podremos… hablarlo luego? -al ver su cara de susto, insistió- Tranquila, todo está bien.

-Vale, cla-claro… -miró al otro- ¿Puedo pensar bien?

JP asintió, y entonces, siguieron entrenando, aunque la sonrisa de Maya no desaparecería de su rostro en un buen rato. Nadie más que Ariadna se dio cuenta de ese detalle, y porque les vio de reojo… no pudo evitar alegrarse por su hermana.

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Abigail se encontraba tecleando en su terminal, con Cartago supervisando los códigos que iba escribiendo en todo momento, con un chicle en la boca, y unos cascos puestos. Pero, aunque parecía concentrada, en realidad no dejaba de darle vueltas a su conversación con Yao. Este había llegado horas antes a su cuarto, y le había tendido una nota escrita a mano, con su letra, pero ella no recordaba haberla escrito, y no había probado el alcohol desde navidades.

-¿Esto es tuyo de verdad?

Ella leía con interés, lo que ponía ahí… Suspiró, a ver, el chico le parecía mono, pero sin más.

-No, no lo es -comentó, entonces-. Tú… a ver, como tal me gustas, pero no es momento de empezar nada, ¿sabes? Yo…

Se estaba volviendo realmente incómodo. El otro bajó un segundo el rostro, suspiró pesadamente, y alzó la vista.

-Esto debió ser Laura, no hay otra opción.

Abi le miró, con interés.

-¿Y para qué haría eso?

El otro se hundió de hombros.

-No lo sé, pero alguna razón debe haber -razonó-, diría que… no quiere que estemos centrados en algo, la verdad, aunque esta sería una jugada algo estúpida, no iba a colar…

-Puede que quisiera descentrarnos el rato suficiente, nada más -comentó ella-, algo nos etá ocultando casi seguro.

-Teniendo en cuenta lo que quiere hacer…. -Yao respiró pesadamente- ¿Qué piensas hacer?

Ella le miró, pensativa.

-¿Sobre esos niños que no conozco de nada? -pensó que responder cuando él asintió- Esto no es ningún juego, no… no creo que debamos impedir nada.

-Deberíamos, antes, aprender lo más posible de en qué nos estamos metiendo -dijo el chico-, leernos los archivos secretos, saber qué pasó… No sé a ti, pero las explicaciones de ese tipo… me supieron a poco.

-¿Nos vamos a colar en archivos ultrasecretos?

-Yo al menos -Yao sonrió, nervioso-, ya estamos en un lío, quiero saber si merece la pena….

Ella se rascó la nuca.

-No… no sé si quiero eso…

Se levantó, abrió la puerta, e invitó al otro a marcharse. Avergonzándose por su actuación, el otro salió de allí, pero tenía la intención de llevar a cabo su investigación. Ella también compartía sus preocupaciones, pero quería cerciorarse antes de tener, junto a Cartago, algo con lo que defenderse. Había programado un arma parar ella, un guante, con el que podría lanzar un solo ataque que le quitaría toda la vida a aquel contra el que lanzara un ataque, pero era de un solo uso. De tener que acabar con varios, tendría que apuntar bien para dar a todo el grupo de una sola vez.

Pero, por otro lado, también quería saber, y a la vez, no involucrarse más de lo necesario. Pero estaba también que se sentía mal por el desplante, todo sumado la empezaba a agobiar poco a poco, así que eventualmente apagó todo de golpe, se quitó los cascos, y se puso a buscar al otro.

-Maldito gilipollas integral… -murmuraba- Me debe una cena en el mejor sitio que haya de París…

No se podía creer lo que iba a hacer, pero el caso es que estaba haciendo. Avanzó por los pasillos de las instalaciones, buscándole con la mirada, yendo directa hacia la zona de archivos. Ellos podían ir, pero solo a la parte de programas, para revisar notas previas, esa era la excusa perfecta. Se esperaba que el otro hubiera noqueado, de alguna forma, al guardia, y estuviera ya con las manos en la masa. Su corazón se embaló según llegaba, tras cruzar un par de pasillos y no ver a nadie, eso era… raro.

-No me gusta nada, esto…

O había una reunión de urgencia, lo que tampoco era bueno, o habían sido pillados y estaban a punto de caer sobre ellos con toda la fuerza de la ley. Ninguna de ambas opciones le molaba, hasta que, tras una puerta, oyó jaleo. Risas, sobre todo, venían de detrás de la misma, tanto de mujeres como de hombres, que parecían estar cantando algo. Ella se limitó a seguir adelante, debían estar con una fiesta, y que a ella le daba exactamente igual.

No tardó demasiado en llegar hasta donde, suponía, estaba el otro. La puerta de la sala de archivos estaba abierta, vaya error de principiante. Entró, abriendo de golpe, y le vio, ya con una mochila al hombro, dispuesto a salir de allí. Cerró tras de sí, y se le acercó, seria, mientras el otro se pensaba cómo actuar.

-¿Cogiste todo lo necesario? -preguntó ella- Te veo bastante cargado…

-Al final… viniste.

-Que suspicaz eres, chico -le espetó ella, bajando el rostro-. Perdón por lo de antes…

El otro se limitó a abrazarla un poco, y entonces salieron de allí, rápidamente, no querían ser vistos. Él había desactivado las cámaras, poniendo un vídeo de la sala vacía en bucle, esperaba que colara el bastante tiempo para ellos poder aprender lo bastante.

En cuanto estuvieron en zona segura, se permitieron andar algo más despacio, y fue entonces que entraron al cuarto de Yao. Como fue el de la idea, sería él el que guardara todo, así se comería el marrón en solitario, no involucrando a la otra. Había arramplado con todo lo relacionado con el súper ordenador de París, accediendo con la ayuda de Cartago, y que guardaría el secreto. No por nada, él fue uno de los que lo crearon, y mejoraron, en base a lo hecho previamente por Hopper.

Empezaron a sacar archivos de todo tipo, en especial papeles con grapas y canutillos de plástico negro, todo bien ordenado y calificado, lleno de todo lujos de detalles. Por qué estaba tan accesible, era algo que ellos preferían no saber. Puede que, simplemente, pensaran que nadie sería tan loco de meterse en la boca del lobo, bajo el peligro de ser pillado, poniendo en juego su futuro. Claramente, no contaron con ellos.

-Proyecto Lanza I, II, III… llega hasta el VII -comentó, tomando varios tomos-, también hay algunos llamados Proyecto Rojo, algo relacionado con una clonación por lo que veo en la entradilla…

-Madre mía… -murmuró Abigail- Dónde nos hemos metido…

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(1)

Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Este fanfic está conectado con Aelita's Nature, y que se encuentra en el pasado de la línea temporal de este. Habrá referencias en ambos de eventos del otro.

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.