Nueva Generación: Proyecto Cartago

Capítulo 9

Me gustaría dar las gracias a SnakeJeffar, en primer lugar por ser un gran amigo; en segundo lugar, por dejarme usar una idea suya para el fanfic; y en tercer lugar, por dedicarme un capítulo de una de las mejores historia que haya leído nunca, CODE: VIRUS, que recomiendo.

Este va por ti, amigo.

Abigail y Yao habían recogido material suficiente como para meter en la cárcel a media cúpula directiva del ejército estadounidense, suizo, británico, e incluso soviéticos y franceses. Porque la mayoría ya estaban muertos, pero de haber salido en su día, habría sido un gran escándalo. Había que remontarse en la Historia a la Guerra Fría, cuando Estados Unidos y la URSS pretendían dominar el mundo. Eso ya lo sabían, así como la participación del padre de Aelita en todo aquello, al ser el jefe del Proyecto, y que tenía el nombre en clave de Cartago.

Lo que desconocían era el destino de Anthea, la madre de Aelita. Ella acabó, efectivamente, encerrada en una prisión clandestina en Alaska, lejos de toda posibilidad de escapar o de que se filtrara de alguna forma al público. Allí, la mujer sufrió toda suerte de vejaciones y tratos humillantes, deseaban romperla para que dijera cual era el punto débil de Schaeffer y sus programas, dado que era la segunda del científico, y su amante.

-Dejarla sin comida ni agua, extracción de piezas dentales, quemaduras en el cuerpo, privar de horas de sueño, laceraciones… -murmuraba Abigail- Joder, y nos quejábamos de según quien…

-Lo peor no es eso -dijo Yao, teniéndole un documento-. Lee.

Era algo corto. Un informe de uno de los muchos intentos por parte de los militares de sonsacarle información a la mujer, y que por desgracia se les fue de las manos. Murió durante una de esas sesiones de interrogatorio, justo después de una fuerte descarga de energía, en la que quedó chamuscada, incluso humeaba.

-Al parecer la llevaron hasta un crematorio para no dejar rastros, y rebuscaron entre los archivos del súper ordenador, porque ella se escaneó varias veces para probar los programas -explicó él-, así que usaron una versión anterior de ella, una que no sabía nada de la traición de Hopper, y mucho más manejable que la que tuvo a Aelita.

-¿Sabes cómo lo hicieron?

El otro negó.

-Ni idea, tengo que seguir leyendo.

La chica puso mala cara.

-Bien podría seguir viva, si esto fue en los ochenta… tendría ahora…

-Si apenas tenía 20 años cuando inició el proyecto, en los 80, implica que es de los 60. Ahora tendría… pues… estamos en 2030… unos 70 años debe tener -calculó Yao-, pero eso si damos por hecho que no la mataron de nuevo después de sacarle la información, la verdad.

-Si se cargaron a la original por error, no me extrañaría demasiado que hicieran lo mismo con la versión escaneada -le dejó Abigail-, pero si esa mujer era tan valiosa, puede que la hayan encerrado, para que trabaje para ellos…

Yao suspiró, nervioso.

-Eso será turbio de cojones… -murmuró- ¿Qué propones? ¿Buscarla?

La otra asintió.

-Pero antes, seguiremos investigando estos papeles, seguro que hay mucho por ver -dijo ella, mientras señalaba las pilas de papeles-. Me interesa en especial el llamado Proyecto Lanza.

Yao asintió, pensativo.

-Los escanearé con mi equipo personal y los devolveré inmediatamente, no los vayan a echar de menos -dijo-, te los pasaré con un pen, no me fio de la red interna en absoluto.

Ella entonces dejó los papeles en su sitio, y suspiró.

-No tardes demasiado, de ser necesario me puedo llevar una parte… -comentó ella- Por no cargarte a ti todo el marrón.

El otro negó, sonriendo.

-No hace falta, de verdad -le respondió-. Gracias.

Ella le sonrió, y le guiñó un ojo.

-Me debes una cena en el sitio más caro de París, por cierto…

Salió de allí, dejando al chico solo, que se sonrojó. La verdad es que una cena con ella no le sonaba como una mala idea para nada, de hecho le llamaba bastante. Se dio unos golpes en las mejillas, para que se le pasara la ensoñación, y se puso a trabajar en hacer copia de todos los papeles, era verdad que tenía que devolverlos cuanto antes a su sitio, y por supuesto, con el tratamiento adecuado para evitar dejar sus huellas.

Tenían ahora unas gasas que quitaban aquellos restos biológicos, eran bastante útiles y le habían supuesto más de un quebradero de cabeza a la policía, pero para cuestiones así era de gran ayuda. Claro que no eran perfectas, siempre podía quedar algo, pero mucho menos que de no usar el producto. Viendo todo lo que tenía, calculó que tardaría media hora para lograr su objetivo, pero podría hacerlo. Se puso en seguida, preguntándose qué haría Laura en su lugar, ella siempre parecía saber qué estaba haciendo… cayó entonces en qué pensaría de todo aquello, con esa nueva información sobre la mesa. ¿Se lo tenía que decir, o mejor guardarlo? ¿Debía compartirlo también con los franceses? Dudaba mucho, puede que necesitara debatirlo con Abigail también.

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Por su parte, Laura tenía un quebradero de cabeza delante bastante importante. Sabía que Cartago era muy potente, y que podía hacer operaciones y cálculos a toda velocidad, en un instante podía hacer cientos, pero no se esperaba que fuera a hacerlo tan deprisa. De hecho, el proceso de creación del submarino digital había sufrido un acelerón bastante importante, estaba prácticamente terminado, de hecho. Eso podría ser un problema, en caso de conflicto, pues los otros tendrían que luchar contra el de Cartago, pero no iban a tener la finura de la IA para luchar en el mar digital.

-En teoría se iba a ensamblar todo, pero apenas sería funcional -murmuró Laura-, pero se ve que sí que lo es…

El programa apareció entonces ante la mujer, con su rostro virtual.

-Estaba previsto para estas fechas, Laura -le respondió-, piensa que estaba ya definido desde hace tiempo, ¿no te acuerdas?

La aludida suspiró algo, y asintió despacio.

-Es verdad, es verdad… -murmuró- Tenía otra cosas en la cabeza, disculpas.

La IA asintió, pensativa.

-Pronto terminará el proceso, y vuestro trabajo cambiará radicalmente -comentó Cartago-, cruzaréis la red con el submarino virtual, y atacaréis a nuestros enemigos, conmigo como vuestra arma definitiva, me recuerda un poco a cómo actuáis los seres humanos…

-Sí, sí… lo sé….

Laura no estaba nada convencida con aquello, y Cartago lo notó. Sin embargo, la IA tampoco podía comentar demasiado, dado que no podía entender las emociones humanas. Podía entender el proceso químico y fisiológico, pero no la emoción como tal.

-Pareces dudar de la misión -comentó-. ¿Necesitas algo?

Puede que no fuera una experta en relaciones interpersonales, pero sabía cómo lidiar con seres humanos.

-No, no es necesario, gracias… -murmuró la mujer, colocándose los cascos mejor- Sigamos.

Se puso a teclear en su consola, tenía que aparentar y, bajo ningún concepto, dar la sensación de que pretendía boicotear aquello. En todo caso, podía poner fallitos de programación, errores humanos que podían colar como eso, cosas de las que uno no se da cuenta, y que Cartago podía despachar rápido, pero perdería el bastante tiempo para poder conseguir que, para el Domingo, los adolescentes actuaran.

Estuvo trabajando un par de horas, cuando vio que llegaba Yao, con un pen en la mano. Ella ni se giró, sólo le miró de reojo, y le tendió un pen por encima del hombro, ella lo observó con interés.

-Es una película nueva, te gustará -dijo él-, cuando puedas la ves en tu ordenador, Abigail la tiene también, la comentaremos luego.

Ella asintió, creyendo entender por dónde iba. Le sonrió, y devolvió su vista hacia Cartago, que miraba aquello con una ligera sonrisa.

-¿Os gustan los largometrajes también?

-¿Cómo que también? -preguntó Laura, confusa- ¿A ti te van esas cosas?

Pero la IA negó.

-No, a mí no, bueno, nunca he visto ninguna -respondió-, pero uno de mis usuarios previos solía verlas, al parecer.

Laura se lo pensó antes de hablar, esa podía ser una oportunidad de conseguir información.

-¿Cómo se llamaba?

-Frank, aunque el apellido no te lo puedo decir -explicó-, tampoco de su aspecto, trabajo… Ya sabes, es confidencial.

La otra asintió, mientras jugueteaba con el pen en la mano.

-Gracias por responderme -Laura sonrió un poco-, ¿seguimos trabajando?

Procedió a seguir tecleando. Se decidió a poner esos pequeños errores humanos, programando detalles técnicos de la configuración del submarino, en realidad era algo necesario para poder pilotarlo bien, pero esperaba poder ganar los días suficientes para que, el Domingo, todo ocurriera. Mientras programaba, se preguntó qué contendría el pen que Yao le había dado, ¿qué habría encontrado?

Dudaba que fuera realmente una película, pues allí Internet poco, pero también tenía sus precauciones sobre si se la ha jugado para rebuscar entre la mierda de aquella base. Estaba algo nerviosa al respecto, podían buscarse un problema, y aunque ella vería bien saber algo más, tener demasiada información podía ser contraproducente. Entre esas cuestiones se le pasaron rápido las horas, y, tras terminar su jornada, se levantó de su sillón, se retiró los cascos, se despidió de Cartago, y fue hacia su cuarto. Siempre que tenían que verse ellos tres, lo hacían allí, era un lugar donde nadie les escucharía y podrían hablar cómodamente.

Abrió su cuarto, y ya vio a los otros dos con sus portátiles, parecían bastante serios. Abigail incluso tenía los ojos algo enrojecidos, mientras Yao estaba blanco como la pared. Eso preocupó a la mujer, que cerró inmediatamente, y se sentó al lado de la joven, que estaba aún temblando un poco.

-Hay mucho que contar, Laura… -murmuró Yao- Es… difícil de asimilar…

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Era ya Viernes, 11 de Octubre de 2030. Esa mañana hacía fresco, la noche anterior había llovido un poco y el rocío de la mañana aún cubría las hojas cuando, en la Ermita, ya comenzaba la actividad. En realidad era más acertado decir que no había terminado, pues Jeremy, junto a Herb, estuvo trabajando toda la noche, junto a Belona, en su programa.

-Bien, pues… poco más quedaría -comentaba el primero-. Sólo tenerlo preparado para su lanzamiento, en caso necesario.

Su compañero, con Saru en brazos, asintió.

-Sí, sin duda… -murmuró un poco-. ¿Estás seguro de que es buena idea?

-¿Reprogramar a Xana? No lo sé -dijo Jeremy, serio-, pero en su día fue la lanza de Franz, será la mía también.

Se veía la determinación en su mirada.

-Esta vez se ha hecho mejor -intervino Belona-, no se podrá poner en nuestra contra, Jeremy ya tiene la experiencia de aquel programa que creó, hace unos años.

-La marabunta, sí… -murmuró Jeremy, sonriendo- Se volvió en nuestra contra y Xana nos ayudó a pelear contra el enemigo común, sólo pasó una vez.

Herb asintió, mientras el animal se rascaba con el cuerpo de él.

-Tendremos que llamar al programa de otra manera, no creo que a los demás les siente bien que la llamemos así -comentó entonces-, había pensado en Marte, ¿os parece?

-Belona y Marte derrotando a Cartago… -Jeremy se rio- Bueno, no es mala combinación, la verdad. Así se llamará.

-Proyecto Lanza ha finalizado, pues -intervino Belona-, ahora sólo queda ejecutar el plan conforme a lo que habíamos dicho.

Jeremy asintió, echándose atrás, suspirando un poco.

-Tendrán que aceptar mi plan -comentó, tras un corto silencio-, Belona es lo único que nos podría defender de un ataque directo, pero no podíamos destruir un programa nosotros mismos si no se personaba ante nosotros, lo cual dudo que haga llegado el caso… así que lo necesitábamos.

-¿Y qué mejor que recrear aquello que fue creado específicamente para vencerle?

-Exacto -Jeremy tomó en brazos al gato, entonces-, hemos pulido su código fuente, pero aun así tendremos cuidado… se lo explicaré yo, y solo yo tendré la culpa, ¿queda claro?

-A Aelita creo que le dará un algo, la verdad…

-Encima con el embarazo, estará más delicada.

Herb le miró con sorpresa, y negó con cierta diversión.

-¿En serio? ¿Me lo tienes que contar así?

-No hay tiempo para tantas formalidades, supongo… -murmuró, rascándose la cabeza- Pero nos enteramos hace poco, ya tengo pensado cómo haremos para que se pueda virtualizar, tranquilo.

El otro asintió, pensativo.

-Bien, bien -respondió, sonriendo algo-. En fin, vamos a tomarnos algo a la cocina e ir a dormir, estoy que me caigo…

Levantándose, se dirigieron hacia la estancia, donde ya parecían estar Yumi y Ulrich, besándose suavemente. Ella estaba sobre él, que la sujetaba por las caderas, que ella movía suavemente en círculos. Sin embargo, aunque parecía que iban a continuar con aquel momento, ella le besó la punta de la nariz y se levantó, sonriendo, hasta que vio a los otros dos, momento en que suspiró algo. Ulrich, por su parte, rodó algo los ojos, pero les saludó.

-Disculpad por la interrupción -dijo Jeremy-. Podemos dejaros a solas y…

Pero ella le detuvo, con una sonrisa.

-Tranquilo, no íbamos a hacer nada, menos en tu cocina -le dijo, divertida-, sería un poco falta de respeto, ¿no crees?

El otro asintió, pensativo, y se limitó a suspirar. Saru apareció entonces, y saltó a los brazos de la mujer, que lo recibió, acariciando un poco su espalda.

-En fin, ¿con qué habéis estado? -preguntó Ulrich, levantándose-. Tenéis aspecto de cansados.

Herb respondió.

-Hemos estado ultimando los preparativos para nuestra misión -respondió, sonriendo-, ya solo queda entrenar hoy, mañana descanso, y que el Domingo lo llevemos a la práctica.

Los otros dos asintieron.

-Se me ha hecho corta, en verdad… -murmuró Yumi- Ojalá salga todo bien…

Habían intentado llevar una vida más o menos normal en ese tiempo, pero estaba claro que a partir de ahí estaban totalmente fuera de cualquier rutina que hubieran llevado hasta entonces. Pero era un precio a pagar, lo habían decidido entre todos, por sus hijos. Para salvarles a ellos, y evitar una catástrofe a escala global… de nuevo. Si de adolescentes pudieron, ahora sin duda lo lograrían.

-Seguro que sí -dijo Jeremy-, tengo preparado algo que nos dará la victoria.

-Espero que no sea un experimento raro -dijo divertido Ulrich-, aunque confío en ti, Jeremy.

Este asintió, y se acercó al otro, al que abrazó de pronto. Sorprendido, se dejó hacer, y le dio unas suaves palmadas en la espalda, le miró con curiosidad.

-Gracias por confiar tanto… -murmuró- Os guiaré lo mejor que pueda, con Aelita -le miró a los ojos-. Voy a necesitar vuestra entera confianza, ¿vale?

-Jeremy, ¿pasa algo?

Yumi parecía realmente preocupada, así como Ulrich. El aludido negó, pero antes de que pudiera decir nada, Herb intervino.

-No, pero es algo delicado el tema -comentó-, pensad que cualquier fallo podría ser peligroso, y bueno, que estaré yo a los mandos, y es por decisión de él, así que…

Los otros dos asintieron, y comprobó que Jeremy le miraba con cierto agradecimiento. No era el momento aún de revelar la verdad.

.En fin, tomaré algo rápido y me iré a dormir un poco -comentó él-. Aelita os llevará a Lyoko, yo ya me uniré más tarde, y…

-Y tú como siempre saltándote las horas de sueño.

La mujer apareció por la puerta, con los brazos en jarras. Tenía mala cara, pero la cambió deprisa.

-Es una mala manía de muchos años, cariño -le dijo Yumi-, pero durará poco, ¿verdad, Einstein?

Cuando este asintió, Aelita sonrió un poco, le abrazó un poco, y saludó afable a los demás.

-Bueno chicos, tengo una noticia que daros -dijo la mujer, sonriendo-, una muy importante, peeeero esperaré a que lleguen los demás.

Los demás se rieron, eso sí que era dar intriga a un asunto. Como Jeremy ya lo sabía, se limitó a tomarse un cacao con leche, unas galletas, y fue directo a la cama, al mismo tiempo que aparecían Sissi y Odd. Eventualmente fueron llegando los demás del grupo, incluidos los menores, momento en el que Herb también se fue a descansar un rato, asegurando que llevaría a Jeremy a la fábrica a la hora de comer, para que el segundo entrara también a Lyoko para pulir la técnica de combate.

Fueron hacia la Fábrica, mientras iban por el bosque charlaban entre ellos. William les fue contando que ya tenía todo listo para hacer la detonación, ya solo quedaba preparar el contador de tiempo para hacerlo de forma retardada. Por su parte, Sissi les explicó que ya tenían todo listo para cuando llegaran a París Laura, Yao y Abigail, Odd incluso comentó que podrían estar en sus cuartos de cuando eran jóvenes, aunque eso a Patrick le incomodó un poco.

-Por cierto, ¿Cuál era esa noticia tan importante que nos teníais que decir?

A esa pregunta de Sissi, Aelita sonrió.

-Maya, cariño -la aludida la miró, interesada-, en unos meses, tendrás un hermanito. Lo confirmé hace un par de días.

Esta se quedó quieta en el sitio, mientras las felicitaciones caían sobre la adulta como una densa cortina de lluvia, que se reía por los abrazos de los demás. No asimiló la información hasta unos segundos más tardes, tras los que abrazó a la mayor con ganas, que la recibió con una amplia sonrisa. La llevó hasta un lado, mientras los demás avanzaban dirección a su objetivo, pero necesitaba antes hablar con ella.

-Cariño, tengo que decirte algo importante -le dio-, si no te lo dije en privado, fue porque…

-No pasa nada, mamá -dijo ella, bajando el rostro-, te enteraste hace poco, ¿verdad?

Aelita asintió, despacio.

-Lo siento… -murmuró- Me he dado cuenta ahora, y no está bien… Simplemente me enteré hace poco, y con todo esto…

Maya suspiró y abrazó a su madre.

-Yo te oculté algo muy importante durante un mes entero… -comentó la menor- Creo que estamos en paz…

La mayor asintió, sonriendo un poco, y acarició a su hija en la cabeza. Luego su rostro se ensombreció un poco.

-Si algo me pasara, sé que harás bien de hermana mayor- le dijo-, cuida de la familia, ¿vale?

-Esto… ¿No se lo tendrías que decir a papá?

Ella negó, con cierta diversión.

-Él estaría demasiado centrado en vengarse -le dijo-, cuídale en ese caso, por favor.

Maya entonces tuvo una duda.

-Mamá… si tú mueres… Eso implicaría que…

Pero la otra negó.

-No pienses en eso, cielo -pidió-, sólo quiero que estés lista, por lo que pueda pasar… confío en ti, hija, de verdad lo hago.

Y entonces la abrazó con intensidad, la menor no pudo evitar suspirar un poco, con alguna lágrima amenazando con salir de sus ojos, pero se separaron al poco, tenían una misión que cumplir…

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Mientras, en la base americana, Laura había tenido serios problemas para conciliar el sueño. No podía creerse lo que había leído en aquellos informes, pero, el caso, es que era peligrosamente realista, y sobre todo creíble. Las atrocidades que había leído no se equiparaban a lo que había leído en sus novelas negras y de gore, ni de cerca. Era bastante terrible, tétrico, y en especial, daba bastante miedo y ansiedad ver hasta qué puntos habían llegado aquella gente.

Lo peor es que les daba la sensación que eso era sólo la punta del iceberg, y que, de hecho, aún quedaban muchas cosa por resolver. Pero uno de los grandes misterios ya estaban resueltos, y eran los orígenes de Cartago. Habían decidido, en consenso, que sólo se lo dirían a Aelita y Jeremy, y que fueran ellos los que decidieran qué harían al respecto. Aprovecharían la llamada que tendría Laura con él el Sábado para hacerlo, pues les afectaba de forma directa.

Desde luego, no sería capaz de guardárselo mucho más tiempo, y era algo que debían saberlo. Tenían que hacerlo, pues todo podría cambiar, en especial la perspectiva de ella con todo el asunto de Cartago. Estuvo dando vueltas en su cama toda la noche, incapaz de dormir, con las imágenes de todo lo leído en su cabeza girando y girando, imaginando toda la sangre y el sufrimiento de Anthea durante todo el proceso, y… bueno, su tan cruel destino. Eventualmente se tuvo que levantar, incapaz de descansar, y se sentó en la cama. Vio la foto del grupo en su escritorio, y la tomó entre sus manos, pensativa.

-Supongo… que puedo intentarlo -murmuró, mientras acariciaba la parte de Patrick-, fui tan estúpida de dejarte ir…

Bajó la vista, triste. Pensaba haber superado aquello, estaba bastante segura, pero… claramente no era así. En cuanto estuvo al lado de aquel hombre, se había sentido en la necesidad de estar de nuevo junto a él, de tenerle, de ser uno de nuevo. Como solían hacerlo. Pero su estúpido ego se interpuso en medio, y una decisión terrible la hizo separarse de él… aunque, por otro lado, ella ahora podía ayudarles gracias a estar allí. Puede que fuera el destino…

-Pero necesitaría tu perdón… y no creo que me lo des…

Aún se acordaba de las palabras de William. Estaba convencida, por su expresión, que el otro jamás accedería a intentar nada con ella… o no, a saber. Su relación siempre fue así, algo explosiva, más propia de adolescentes que de dos adultos, con periodos de peleas y reconciliaciones igual de intensas. Era hora de dar un paso adelante, y estabilizar aquella relación. Pero necesitaba que él accediera, así que tendrían que volver a hablar, y eso le daba bastante ansiedad, no quería cagarla… otro drama para su cabeza. Laura suspiró.

-Necesito un alcohol fuerte….

Se levantó, y fue andando hacia la neverita que tenía. Normalmente no podrían tener ningún tipo de bebida, pero de estraperlo les habían conseguido algunas botellas, por si lo necesitaban. Esa era una de esas veces, así que abrió el aparato, y sacó una botella de whisky. Estaba por la mitad, pero esa noche tenía pinta de darle un buen tiento, así que rebuscó por un vaso, y se echó la bebida tal cual.

-Mañana no me podré ni mover… -murmuró, y se metió el líquido para el cuerpo-. Pero lo necesito…

Sintió el alcohol arder a lo largo de su garganta, pero necesitaba más. Beber para olvidar, al menos temporalmente, sus dramas, como cuando tuvo que ir allí haría ya diez años antes. Lloró, pero se metió al cuerpo otro chupito. Así durante un minuto, con su estómago revolviéndose por la cantidad de bebida, pero al menos dormiría un poco, lo necesitaba para hacer frente a la incertidumbre que le iba a sobrevenir. Estaba harta de todo eso, en esos momentos sentía que quería acabar con todo, huir de ahí y saltar a los brazos de su Patrick, pero tenía que centrarse. Guardó, como pudo, la botella en la nevera, y se dejó caer en la cama, con la cabeza dándole más vueltas que una peonza, y la vista perdida.

Su cabeza era un cóctel de pensamientos, pero lo que tenía claro era que iba a renunciar. Bueno, según traicionara al Proyecto la pondrían en busca y captura, y tendrían que ganar sí o sí para salir medianamente indemnes, y aun así no habría total seguridad de que no hubiera ningún tipo de represalia. Cayó entonces en un asunto, y sonrió, con cierta diversión. Como pudo, se levantó de la cama, se miró al espejo, y suspiró un poco.

-Vaya… idea… uff, estoy… malísima… -gruñó, mientras parpadeaba, confusa-, pero seguro que a esa le encanta…

Dudó entonces en que pudiera mandar un correo electrónico fuera de la base, al menos desde su ordenador, y ante la imposibilidad de ir en sus condiciones a un sitio con conexión, decidió usar su móvil personal. Lo conectó a su ordenador, introdujo el pen, e hizo el trasbordo de datos e información de un objeto al otro… en cuanto tuviera señal, y el visto bueno de la pareja, haría el movimiento. Con aquello, la mayor pareja de la información le iba a deber el premio a la exclusiva del año, por lo menos…

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A la mañana siguiente la mujer estaba, efectivamente, algo desmejorada, pero hizo de tripas corazón, y se levantó de la cama, con la boca pastosa y algo de dolor de cabeza. Sabiendo que lo mejor que le iba a venir era darse una ducha fresca y tomarse varios cafés para despejarse, fue directa al baño, y, tras darse un buen remojón, fue directamente a la cafetería. Según sus cálculos previos de hora, el grupo de París haría la simulación de ataque en pocas horas, unas diez. Al ser las 8 de la mañana en Nevada, eran en Francia las seis de la tarde, por lo que, en ese tiempo, sería la mañana temprana del Domingo para ellos.

-Qué jaleo… -murmuró, mientras iba por los pasillos- Pero bueno, peor sería en otros sitios…

Según entraba, comprobó que allí estaban también Yao y Abigail, que la saludaron. Parecían algo mejor de cómo se los encontró la noche previa, tenían que disimular ante sus superiores, no podían mostrar debilidad mental.

-Buenos días, niños.

Estos la saludaron, mientras bebían un poco, ya casi habían terminado. Aun así, desayunaban juntos todos los días, ya luego se separarían para trabajar.

-¿Dormiste bien?

Yao desde luego tenía buen ojo para los detalles. Ella suspiró.

-Bueno, tuve que… ayudar a mi cuerpo con Daniels, ya sabes.

Abigail suspiró.

-Para bien o para mal, queda poco tiempo de estar aquí -musitó entonces-, pero… no sé, es jodido.

Los otros dos asintieron, estaban algo nerviosos también. Yao intervino entonces, antes de que Laura pudiera añadir nada.

-Destruí la película de ayer -explicó, con un tono un poco más alto que el empleado por ellas-, estaba en baja resolución, pero bueno, no pasa nada.

-No os preocupéis, hice copia -Laura sonrió por primera vez, se iba despejando poco a poco-, por si la necesitáramos.

Los otros dos asintieron.

-No sé… ¿es seguro? -Abigail se estaba poniendo nerviosa- No me gustaría… en fin, que nos metiéramos en demasiados líos a la vez.

Sin embargo, la mayor negó ligeramente.

-Ya nos van a echar y buscarán, no te preocupes -le afirmó-, pero debes reconocer que es algo que se debe saber, es una locura.

-Yo sólo sé que me voy a trabajar -Yao se levantó de golpe-, tenemos mucho que hacer, ¿no?

Abigail le siguió, mientras Laura suspiraba un poco, aún con cierto dolor de cabeza, pero se limitó a beber de golpe todo el contenido. Se sirvió un par más, y se dirigió hacia su puesto, esa sería la última vez que se sentara en el mismo, seguramente. En cuanto apareció Cartago en la pantalla, tuvo un ligero apretón el estómago.

-Pareces enferma, Laura -comentó el programa-, ¿pasa algo?

La aludida negó.

-Estoy bien, sólo algo mareada -dijo-, ¿seguimos con el submarino?

Cartago, a eso, asintió.

-¿Le pondréis un nombre? -preguntó la IA-, Yao Ikari me lo comentó hace unas semanas, que estaría bien nombrarlo de alguna forma.

La mujer suspiró, y miró de reojo al hombre, que estaba ya centrado en su escritorio, mirando a la pantalla. Aquello, sin duda, era de antes de estar con Jeremy y compañía, cuando aún creían en que Cartago haría cosas buenas. Pero, sin duda, la que más vueltas le daba a eso era la más joven, Abigail, que estaba tan nerviosa que ni capaz de sentarse cómodamente podía, se estaba cambiando siempre de posición, mientras Cartago programaba.

Le daba vueltas a si era buena idea seguir con aquello, si antes tenía miedo, ahora iba a peor esa sensación. Gruñendo, miró de reojo a los otros dos, y empezó a teclear en su interfaz, cosa que sorprendió a la IA, que la miró con cierta curiosidad, aunque no llegó a comentar nada.

-Tenemos que prepararnos, Cartago -le decía-, sólo por si acaso, ya sabes…

La IA asintió, mientras leía los párrafos de programación que iba haciendo. Parecía que eso la relajaba, pero curiosamente, todo giraba en torno a su avatar en el mundo virtual, no una defensa como tal. Sin más, se dedicó a observar cómo hacía la mujer, intentando saber por qué le había dado por ahí…

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Era ya la tarde del Sábado en París, y, cumpliendo con su palabra, Herb había llevado el día anterior a Jeremy hasta la fábrica. Durante esas jornadas, los demás habían estado entrenando el uso de los poderes en el mundo digital, aprendiendo el cómo se usaban y puliendo técnicas de combate, ultimando así preparativos. El único que no había entrado era William, y que se había dedicado a poner las cargas él sólo a lo largo de toda la fábrica en los puntos concretados, y dejándolo todo listo, sólo quedaban conectar los cables a la máquina para hacer la explosión, la tenía guardada en su coche, ya preparada y lista para la acción.

Sólo restaba, efectivamente, actuar. Decidirían la hora en cuanto Jeremy llamara a Laura, esa noche, o cuando esta lo hiciera, seguramente pasara lo segundo dada la situación en la que estaba. Precisamente el hombre estaba en la fábrica, ultimando pequeños detalles del Skid junto a Aelita, cuando su teléfono sonó. Tomándolo con una sonrisa, al ver que era Laura, Jeremy descolgó, poniendo el altavoz-

-Buenas noches, Laura -saludó-, ¿lo tenéis todo listo?

Mientras, los demás se encontraban en la Ermita. Se habían congregado en torno a la mesa mientras cenaban, en concreto, unas cuantas hamburguesas de un restaurante de comida rápida. Una comida rica, más o menos sana, y que servía para recuperar energías. Charlaban animadamente, tomando sus refrescos, habían juntado las patatas y salsas en un bol, y, entre risas, comentaban las últimas jugadas en grupo.

-¡Y estuvo genial cómo casi derribo a papa! -exclamaba Hiroky, sonriendo- No sé ni cómo lo hice, la verdad…

El aludido le miró, con cierta diversión.

-Espero que lo hagas con el mismo entusiasmo cuando llegue la hora de la verdad, chico.

Estaban bastante animados, a decir verdad, y querían hacerlo lo mejor posible, era una visión compartida por todos los menores. Se parecían en especial a sus padres en ser competitivos entre ellos, por eso, Maya había hecho un contador de golpes, técnicas, precisión… todos los datos en los que podía haber discrepancia en torno a los combates. Ella les estaba explicando los pormenores, con ayuda de Herb, cuando a la casa entraron Jeremy y Aelita.

-¡Bueno, chicos, pues ya estaría! -exclamaba la mujer- Me iré a duchar, y cenamos también, ¡que hambre!

Jeremy suspiró, y la vio subir al piso de arriba. Ulrich y Yumi se miraron, para luego posar su vista en Odd, que asintió. La japonesa se levantó, se estiró un poco, y subió al piso superior igualmente, junto a Sissi.

-¿A dónde van? -preguntó Maya, curiosa- ¿Pasa algo?

Su padre le restó importancia.

-No es nada, de verdad -respondió, sonriendo, tomando una de las hamburguesas-, ¿cómo os entró la cena, chicos?

Aelita, efectivamente, se había metido en la ducha. El agua ya la había remojado enteramente, y hacía que las lágrimas que salían de sus ojos se confundieran, mientras acariciaba su tripa, gimoteando un poco. Ya había llorado antes, en la Fábrica, pero ahora quería chillar. Había puesto música a todo volumen, y se dedicaba a gritar con fuerza, dejándose la garganta, mientras sus dos amigas, en el exterior del cuarto, se miraban con preocupación.

-¿Estará bien?

-Es una tía fuerte -comentó Yumi-, sea lo que sea… supongo que sólo tiene que soltarlo todo, ya nos contará qué pasa.

Sissi suspiró.

-Está gritando como una fiera…

Retumbaban sus chillidos de entre el agua y la música, hasta que se detuvo. Todo ruido desapareció, hasta que oyeron la puerta abrirse. Aelita apareció, solo con una toalla y algo de mala cara, pero la determinación se atisbaba en su mirada. La misma que puso, hace años, cuando derrotaron finalmente a Xana. Tenía el ceño fruncido, los ojos algo enrojecidos, y los puños apretados.

-Yumi… -gruñó- Sissi… Prometedme algo.

Estas se miraron.

-Dinos, Lita.

Ella suspiró, pesadamente, y fue andando a su cuarto.

-Si… veis que dudo, en algún momento, dejadme a un lado, por favor -pidió-, no quiero interferir negativamente en la misión, de verdad.

-¿Dudar en qué?

-En acabar con Cartago -aclaró-, si vacilo, quiero que lo hagáis igualmente… Es difícil de explicar.

-¿Por qué ibas a durar, tía? -preguntó Sissi, curiosa- Pensaba que estaba bastante claro…

Yumi intervino.

-Si no nos quieres contar, estás en tu derecho, pero me preocupa esta actitud -le espetó-, la última vez te pusiste muy mala psicológicamente, ¿tengo que recordártelo?

La otra frunció los labios, molesta, pero negó.

-Lo sabréis mientras vamos hasta Cartago -le dijo-, y… Yumi, no me trates como a una niña, por favor.

Pasó al lado de la otra, molesta, dándole un golpe en el hombro mientras pasaba, cabreada con su amiga. Esta se limitó a suspirar un poco, cuando estaba en ese plan, no se podía razonar con ella. Algo grave debía haber pasado, para que se pusiera así, pero no lo sabrían hasta dentro de unas horas, tenía toda la pinta.

-Déjala, está cabreada, ya se le pasará -Yumi sonrió un poco, aunque Sissi no parecía muy convencida-. Avisa a Ulrich que suba a nuestro cuarto, anda.

La otra asintió, y mientras bajaba hasta la parte inferior de la casa, la otra entraba a su cuarto, y se preparaba para descansar. Esa noche tendrían que descansar, y quería hablar con su marido antes. Se sentó en la cama, se fue quitando la ropa, y ya desnuda, se puso una camiseta y un pantalón largo, y se recostó, pensativa. Enredó con el móvil un rato, y vio cómo llegaba Ulrich, colocándose a su lado. La besó, cariñoso, y ella le sonrió.

-¿Qué tal, amor?

El hombre suspiró.

-Cansado, los demás se irán a la cama pronto, también -se desnudó, y se puso el pijama-. A ver, cuéntame.

Yumi suspiró, pesadamente, y se armó de valor.

-Algo le pasa a Aelita, debe saber algo que no nos quiere contar, por ahora -dijo ella, seria-. Desconozco qué puede ser, pero debe ser realmente jodido para ella… y me preocupa.

-¿Crees que volverá a pasar por su época gótica?

Ella rodó los ojos, molesta.

-Hablo en serio -le espetó-, Jeremy seguramente también sepa de qué se trata, pero no le sonsacaremos nada…

-¿Qué propones, entonces? -preguntó instantes después Ulrich- Comentaste que ella hablaría más adelante, ¿verdad?

Yumi asintió, y le miró a los ojos, mientras se recostaban juntos. Se apoyó en su pecho, y acarició sus músculos, pensativa.

-Sí, pero… no sé, es complicado -ella suspiró-, al menos tendrá otro hijo pronto, eso la tendrá entretenida, cuando todo se solucione.

El otro sonrió de medio lado.

-Das por hecho que vamos a ganar -dijo él-, no las tengo todas conmigo sobre eso.

Yumi le sonrió, y se apoyó en él, colocándose por encima, dejando su pelo caer sobre el rostro del otro, besándole con cariño.

-Seguro que lo haremos, cielo- le dijo ella-, igual que vencimos a Xana hace años, contra todo pronóstico.

El otro la levantó, fácilmente, y la colocó debajo suya, aprisionándola en la cama. Ella se rio mientras Ulrich la besaba por el cuello, dejándose amar por su marido, que de vez en cuando tenía arrebatos de pasión. Colocó sus piernas en torno a las caderas del otro, que se dedicó a besarla con mimo, acariciando las curvas de ella.

-¿Qué pasa, que quieres hacerles otro hermano a los niños? -le dijo, divertida- ¿Te pusiste celoso, o qué pasa?

-¿Tú querrías otro, amor? -preguntó, separándose y mirándola a los ojos- Yumi… te amo.

Ella le sonrió.

-Ni que fuéramos a la muerte segura… -murmuró- Eres lo más importante para mí, Ulrich.

Se fundieron de nuevo en un suave beso, acariciándose, tocando el cuerpo del otro. Se miraron a los ojos, y ella sonrió al notar como, bajo los pantalones de él, se iba notando un bulto, esas reacciones siempre le habían parecido dulces. Pero, si bien en ese cuarto se respiraban esas sensaciones, en el de Odd y Sissi el ambiente era bastante diferente. Estaban tumbados, mirándose a los ojos, charlando. Ella estaba llorando un poco, con el otro abrazándola con cariño, besándola con mimo.

-Para que ella… que es tan valiente… se ponga así… -murmuraba- ¿Qué habrá descubierto?

El otro la miraba, cariñoso.

-No le des más vueltas -pidió-, lo sabremos en breve seguro.

La colocó de tal forma que la abrazaba por detrás, con sus caderas pegadas, mientras el otro se limitaba a protegerla con sus brazos. Estaba temblando un poco, pero se sentía bastante más segura así, agradecía ese trato por parte del otro. Se dio la vuelta, para quedar su cara en el pecho del hombre, escondiendo su rostro ahí, cerrando los ojos. Odd se limitó a imitarla, mientras murmuraba suaves palabras de cariño, acariciando suavemente a la mujer, reconfortándola. Se sentía bien así, de vez en cuando ella necesitaba ratos de cariño como esos, en el fondo realmente los necesitaba. Cuando ella se calmó, alzó la cabeza, quería darle un beso al otro, pero se lo encontró ya dormido. Sonrió, y volvió a ocultar su rostro en el pecho del otro, acomodándose para dormir.

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Pasó la noche, y al día siguiente, los niños, junto a Herb. Fueron directos hacia la Fábrica, a primera hora de la mañana. Mientras los adultos aún dormían, ellos desayunaron en silencio, preparándose mentalmente para lo que iba a pasar. Iban a pilotar el Skid hasta Cartago, entrarían allí, llamarían la atención de la IA, volverían a Lyoko, recogerían al resto del grupo, y entonces estarían en manos de Jeremy. Este, sin embargo, había preparado, por si acaso, unas coordenadas en el mar digital, a las que tendrían que ir una vez recogieran a sus padres.

-¿Y qué hay en ese punto? -preguntaba JP, con interés- Porque entiendo que es una localización importante.

Herb asintió, sonriendo.

-Ya lo veréis -respondió-, si tiramos la fábrica abajo, ¿cómo crees que volveremos al mundo real, eh? ¿Por arte de magia?

Los menores asintieron, creyendo entender por dónde iba el otro. Como no tenían demasiado más de lo que charlar, siguieron adelante, hasta que llegaron a la fábrica, en la interfaz ya esperaba Belona, como siempre, atenta a todo movimiento de ellos. La IA observó cómo Herb se sentaba en la interfaz, y mandaba a los menores directamente al Sector 5, desde donde tomarían el submarino digital. Lo hizo con rapidez y soltura, para, entonces, lanzar definitivamente Proyecto Lanza. Junto a la primera, una segunda IA apareció ante el hombre.

Si Belona era una mujer, de pelo negro y ojos azulados, Marte era idéntica, pero sus ojos eran dorados, ambas con un tono de piel blanquecino, y facciones similares. Las de la primera eran redondeadas, mientras los rasgos de la segunda eran más afilados y duros, siendo los dos lados de una misma moneda.

-Un placer conocerte, Herb Pichón -saludó Marte, cortés-. A su disposición.

-Igualmente, Marte, esperemos que nos vaya bien -comentó él-, ¿tienes todo preparado en la Replika?

La IA asintió.

-El súper ordenador está ya operativo y listo para ser usado, señor.

Herb asintió, y miró hacia Belona.

-¿Tienes preparadas las defensas para Lyoko?

A eso, el programa asintió.

-Tendrán que esforzarse para hacerlo -respondió-, no les dará tiempo, para cuando destruyamos el de la fábrica ellos aún no habrán entrado.

Herb asintió, se colocó bien los cascos, y habló por el micrófono.

-¡Bueno, chicos! -les dijo- ¿Llegasteis bien?

Tenía el mapa holográfico a su derecha, y los chicos estaban ya corriendo dirección hacia la plataforma del submarino. Los había virtualizado mientras hablaba con los dos programas, ya lo hacía bastante bien, de estar durante días con eso.

-¡Sí, todo genial!

Esa fue Ariadna, que lideraba la expedición. No tardaron demasiado en llegar hasta el Skid, y los adolescentes no pudieron más que impresionarse con su nuevo aspecto. Era el doble de largo, con varios Navskids tanto individuales como dobles, con huecos en el casco desde donde se podrían disparar grandes torpedos y rayos de energía. Ahora tenía forma tubular, con los cristales de las naves menores a modo de entradas de luz, con la sala de mandos como parte superior, desde donde pilotarían el enorme navío. Era, sin duda alguna, impresionante, tenía dos grandes motores que lo propulsarían a través del mar digital sin problemas, aunque tenía pinta de ser algo más complicado de maniobrar por su mayor tamaño.

Se colocaron en la plataforma para entrar, y subieron al aparato. Por dentro, en esencia seguía siendo igual, aunque ahora podían pasar a la sección interna, antes inexistente, donde podrían estirar las piernas llegado el caso. Entró cada uno en uno de los Navskid, salvo Maya, que apareció en la sala de mandos, sentada en el asiento de pilotaje. Tomó los mandos, suspiró, y comenzó a mover el Skid, lentamente pero con bastante habilidad.

-Te he mandado las coordenadas a los instrumentos de navegación -le indicó Herb-, deberíais llegar en poco más de diez minutos de viaje.

-Solo tenemos que entrar, ¿verdad? -preguntó Hiroky- No hace falta que salgamos al mundo digital, basta con que nos vean y manden la señal de alarma.

Herb asintió.

-Sí, en cuanto veáis aparecer a Laura, salid de allí rápidamente, esto sólo sirve de gancho para nuestro plan.

Con eso en mente, se dirigieron hacia su objetivo, deseando que todo fuera bien. Mientras los menores iban de viaje, una reunión se desarrollaba en la Ermita. Los mayores estaban en torno a la mesa, Aelita les había pedido hablar, tras pensarlo toda la noche, y es que prefería dar la revelación antes de ir con los menores. Ella consideraba que era mejor que no lo supieran, era lo mejor, sería demasiado difícil de explicar, y prefería contar antes con el visto bueno de sus padres.

En cuanto se enteraron, sus dos amigas la reconfortaron, colocándole una manta por encima, con un cacao caliente en taza, que le tendieron. Ella lo recibió con una ligera sonrisa, y entonces, con los demás alrededor, comenzó a explicar.

-Hace años, cuando aún era una niña, mis padres vivían en Suiza, en una casa de montaña -explicó-, en mis sueños, les veía jugar conmigo, tocar el piano, ir a esquiar, montar en trineo, jugar, estudiar… lo típico.

Una sonrisa de añoranza apareció en su rostro. Jeremy pasó su mano por la espalda de ella.

-Un día, por culpa de la traición de mi padre al Proyecto, se llevaron a mi madre a modo de represalia -suspiró, temblando-, esto es lo que sabíamos hasta ahora, pero… Laura investigó, y… descubrió cual fue su… destino.

Lloró un poco, empezando a perder la compostura, tuvo que mirar al techo, mientras se abanicaba la cara con la mano y ponía mala cara, estaba realmente triste. Pero tenía que soltarlo.

-A ella… la torturaron durante semanas, quizá meses, para sacarle información -sólo siguió cuando se sintió preparada-. Ella era valiosa para ellos, al final había trabajado durante mucho tiempo con mi padre, desarrollando el programa, pero aún les quedaban ciertos aspectos que sus científicos no sabían cómo solucionar.

En ese momento, bajó la cabeza.

-Lita… no me digas…

Sissí se levantó y la abrazó, la otra mujer se dejó querer por la que ya consideraba una hermana. En todos se atisbaba la tristeza por su amiga. Pero aún no había terminado.

-El tema es que… en una ocasión se les fue de las manos -murmuró-, y ella acabó muerta. Pero aún la necesitaban, tenían que saber cómo terminar el programa, así que…

Se rompió de nuevo, y tuvo que ser Jeremy, que también lloraba por verla así, pero se encontraba en mejor situación.

-No podían resucitarla, pero contaban con los registros de ella en los escáneres de su base -explicó-, así que usaron su memoria digital para completar el programa que estaban creando.

William les miró, ceñudo.

-¿Estás diciendo que…?

Jeremy asintió.

-Anthea, la madre de Aelita, es Cartago.

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Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Este fanfic está conectado con Aelita's Nature, y que se encuentra en el pasado de la línea temporal de este. Habrá referencias en ambos de eventos del otro.

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.