Nueva Generación: Proyecto Cartago

Capítulo 10

El silencio se hizo en el salón de la Ermita. Aún resonaban en el aire las últimas palabras dichas por Jeremy: Anthea, la madre de Aelita, es Cartago. Su enemigo directo resultaba ser la progenitora de su esposa, y ahora acababan de mandar a sus hijos a hacer de señuelo para que sus aliados al otro lado del mar tengan una excusa de ir hasta allí. La mujer había roto a llorar en brazos de Sissi, que se la llevó de allí junto a Yumi, mientras los hombres se quedaban sin saber demasiado bien qué hacer, pues aunque Jeremy quisiera ir con ella, aún tenía que contar un segundo dato relevante.

-Ya que estamos, hay algo más -se aclaró la garganta-, esta vez, sobre cómo pretendo derrotar a Cartago. Sólo he encontrado una forma de derrotarla, y es recreando el arma con el que se pretendía destruirla en un inicio.

Los demás le miraron. William se lanzó el primero contra el rubio, pretendiendo engancharle por la camisa, pero fue detenido por Patrick y Ulrich, que a duras penas pudieron evitar que el mayor llevara contra el suelo a su compañero.

-¡¿Estás loco o qué, eh!? -le chilló- ¡No pienso participar en esta mierda con Xana delante!

-¡NO ES XANA! -Jeremy tuvo que alzar la voz para hacerse escuchar- ¡NO TIENE NADA QUE VER, OS LO JURO!

Pretendiendo darle una oportunidad de explicarse, el hombre comenzó a contarles.

-¿Recordáis charlas anteriores, que usaría el sistema operativo del súper ordenador? -cuando los demás asintieron, Jeremy continuó- Le conocí hace décadas, cuando aún ni habíamos cumplido el primer año de lucha contra Xana, se llama Belona.

-Como la diosa…- murmuró Patrick- ¿Y qué tiene que ver esto?

-En que me ayudó en recrear un programa parecido al que, en su día, fue Xana -pidió con un gesto que mantuvieran la calma-. Nos basamos en el programa original, pero perfilamos los errores de base del programa, y que hicieron que Xana actuara como actuara- se levantó entonces-, por eso renombré el programa. Lo renombré como Marte, y será la lanza con la que atraviese el corazón de Cartago, con Belona como mi escudo.

-Qué romántico todo… -murmuró William, seguía cabreado- ¿Cómo podemos saber que esta vez no se irá a la mierda?

-Hopper cometió un error en los cálculos, y estaba sólo -Jeremy se dirigió directo a la puerta, y recogió sus cosas- Yo conté con Belona y Herb para que me ayudaran, y cambiamos los datos erróneos de Xana que había guardados en el súper ordenador. Siempre tuve a mi disposición sus datos, podría haber creado un antivirus muy eficaz en pocos días, pero… no lo sabía, y por eso tardé tanto tiempo, pero ya es indiferente.

Abrió la puerta, y sintió una mano en su hombro. Era Odd, que le invitó a detenerse por un instante.

-Gracias por contarlo -comentó el otro-, pero… ¿por qué ahora? ¿No hubiera sido mejor mantenerlo en secreto?

Jeremy se mordió el labio unos instantes antes de responder.

-Yo ya sabía que os lo diría- reconoció-, la idea fue enteramente mía, y les di orden a ambos de no decir nada, y que sólo me ayudaran. En caso de joderla, sólo yo seré el responsable, pues ellos sólo corrigieron mis datos.

-Como siempre, cargándote el muerto tú sólo -ese fue Ulrich-, odio esa actitud, tío, y lo sabes. Cuenta con nosotros, Einstein.

Una suave sonrisa apareció en el rostro del aludido, que abrazó al otro cuando llegó a su altura. Patrick estaba a su altura también, sólo quedando William. Este estaba mirando al suelo, con cara de circunstancia, pero eventualmente alzó el rostro. Jugaba con una de las pelotitas que usaban para hacer que Saru hiciera deporte, la apretaba con fuerza mientras pensaba un poco, preocupado por lo que acababa de escuchar.

-Dices que son programas diferentes, ¿no?

-Así es -dijo-, he creado un programa nuevo en base a Xana, pero es diferente, ni sabe nada de su predecesor -Jeremy le miró, nervioso-. ¿Te… unirás a nosotros? Puedes irte, aún estarías a tiempo.

Sin embargo, un pesado suspiro salió del otro, y se levantó. Miró a su amigo a los ojos, y se limitó a asentir, despacio. Le tendió la derecha, que el otro recibió con una suave sonrisa. Sin embargo, le colocó el índice de la izquierda en el pecho.

-¿Puedo confiar en tu buen criterio, Jeremy?

El otro asintió, despacio.

-Jamás jugaría con vuestras vidas, mucho menos con la de los niños -respondió, sin dudarlo-, no pasará nada, y, en el muy hipotético caso de que algo pasara, Belona destruirá a Marte.

-¿Y si es Belona la que nos traiciona? -preguntó Odd- ¿Has contado con eso?

El otro negó un poco.

-Es imposible que lo haga -afirmó, y les invitó a salir con un gesto-, sirvió a Hopper durante mucho tiempo, y protegió a Aelita durante toda nuestra aventura, sin nunca revelarse a nadie, salvo a mí.

Iban andando por los caminos ya dirección a la fábrica. Mientras las chicas se relajaban un poco, ellos harían tiempo e irían hacia allí. Claro que sabían que Aelita era una mujer fuerte, se recuperaría en poco tiempo, pero sus hijos habían entrado ya en acción, no podían perder tiempo.

De hecho, la mujer ya estaba más serena, tras darle varios lingotazos a una botella de ron que tenían por casa, y después de darle un buen par de puñetazos en las manos a Yumi, que aguantó los porrazos con su habitual estoicismo. Tardaron en torno a media hora en que Aelita se calmara un poco y dejara de maldecir de todas las formas que ella conocía contra el Proyecto, demasiado enervada como para pensar con claridad.

-¡Me cago en sus putos muertos, ojalá se mueran todos de puto sida!- dio un último golpe en la mesa, tenía las manos enrojecidas e hiperventilaba- ¡Les voy a matar a todos!

Se dejó caer al suelo, y lloró con amargura, se llevó las manos a la cabeza, apretó su cabello, y ahogó un grito, momento en que alzó la vista. Miró al techo, parpadeó un poco, y un quejido lúgubre salió de su garganta cuando se levantó. Las otras dos la miraron con cierta lástima, pero se la ahorrarían, a la otra no le gustaba ese tipo de trato.

-¿Mejor?

Yumi había logrado, momentos antes, que prometiera que aquella fuera la última vez que perdiera la calma, pasara lo que pasara, respecto a ese tema. Por eso había hecho esa última rabieta, tras haber soltado lágrimas y chillidos de rabia a destajo durante los últimos diez minutos. Se descontroló tanto que Sissi le dio un sonoro bofetón en la mejilla, que hizo entrar a la mujer en sus cabales de nuevo.

-Sí… -el alcohol que hubiera tomado había dejado de hacer efecto hacía un buen rato, pero tenía que desinhibirse -Siento… el espectáculo…

Las otras sólo la abrazaron en silencio, y, esa vez sí, procedieron a salir. Los demás ya habían ido dirección a la fábrica, así que tendrían que darse prisa para alcanzarles, o ya directamente verles en la fábrica, en ese caso ya debían estar dentro de Lyoko. Mientras andaban, se detuvieron un instante en la intersección que las llevaría hasta la fábrica, dentro de la red de túneles del subsuelo. Lo habían recorrido cerca de una veintena de veces en esos días, justo como cuando eran jóvenes.

-Esta puede ser la última vez… -murmuró Aelita- Disfrutad del viento, de los olores de la mañana, del tacto de su piel… hacedlo.

Sissi la miró, sin comprender demasiado, pero Yumi pudo entender perfectamente.

-No quedaremos encerrados, nunca -le aseguró la mujer, sonriendo- Tu marido es demasiado listo para eso.

-Eso pensaba de mi padre, y estuve encerrada una década completa…

Sissi intervino entonces.

-Tu padre no tenía amigos, él sí -le recordó-, además… nos tendría que aguantar, y ya sabes lo pesada que puedo llegar a ser, guapa.

Esa broma, aunque estúpida, hizo reír a la otra. Demasiada tensión en el cuerpo que tenía que salir de alguna forma, y esa vez, sería a través de la risa. Rieron hasta que el estómago les empezó a doler, con el fuerte eco de sus voces resonando por todas partes, hasta que, minutos después, llegaron, aún con lágrimas de risa, a la boca que llevaba hasta el puente de la fábrica. Primero Sissi, luego Yumi, y finalmente Aelita, subieron por las escaleras de mano, mirando una última vez al río Sena. Una larga bocanada de aire precedió a que caminaran, en calma, hasta el enorme edificio, ya preparadas para lo que quisiera que viniera.

Bajaron por las escaleras de la fábrica, una vez cruzaron el puente por última vez, y comprobaron que ya habían colocado las cargas, así como los cables que, más adelante, serviría para que las detonaran. Aquello, en pocas horas, sería todo ruinas y escombros, con el súper ordenador totalmente enterrado entre cascotes y hierros rotos. Esperaban, o eso decía la ciencia, que la parte inferior del edificio, y por tanto la parte más delicada, se mantuviera relativamente intacta, pero sólo cuando sucediera lo sabrían.

-¿Estáis listas para lo que viene?

A esa pregunta de Sissi, ambas asintieron, y accedieron al ascensor cuando este llegó hasta donde estaban. Entraron, Yumi le dio al botón del piso de la interfaz, y escucharon el ligero chirriar de la maquinaria trabajar para que descendieran hasta la estancia. Efectivamente, allí estaban todos los hombres, con Jeremy y Herb ante el ordenador, con los cascos y micrófonos operativos, mientras los demás miraban sin entender demasiado, pero confiando en el ingenio de los otros dos.

-Bien, ahora que habéis entrado a Cartago, dejaos ver por la IA, que avisen a Laura y los demás -decía Herb-. En cuanto eso pase, como la primera vez, salid de ahí a toda prisa y volved a Lyoko.

Sólo se giró entonces y saludó a las mujeres, que se acercaron y abrazaron a sus respectivas parejas.

-Ya estaría… -murmuró Jeremy- La misión ha empezado.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

En el mundo virtual, efectivamente, los menores se habían dedicado a viajar por el mar digital con el Skid, pilotado con maestría por Maya, mientras permanecían en un ligeramente tenso silencio. Habían salido con puntualidad de Lyoko, de hecho incluso más rápido de lo esperado, pero cuanto antes pasara todo, mejor. No hicieron ni una sola mención en todo el trayecto, concentrándose en la misión, y preguntándose cómo iría todo de ahí en adelante, cuando se expusieran ante las autoridades. Y todo por su culpa, en realidad, pero lo habían hablado entre ellos: se harían cargo de lo sucedido. Y en esas estaban, responsabilizándose de lo que habían provocado.

-Aproximándose a Cartago -señaló Maya, cuando vieron la gran esfera virtual-, entraremos en contacto en breve.

-Buena suerte.

La chica sonrió al oír a su padre, debían haber llegado ya a la fábrica. Despacio, acercó el aparato al polo sur de la esfera, y el programa del Skid hizo el resto, abriendo el mundo virtual, y permitiéndoles entrar. La primera vez encontraron el caparazón de un segundo submarino virtual, pero seguramente ahora lo vieran algo más desarrollado. Sin duda, el suyo había cambiado bastante en esa semana, seguramente el del enemigo lo haya hecho también, pero no en tanta medida.

-Llave digital activada.

Maya colocó su mano en la pantalla digital, y un tubo de luz emanó desde el Skid hasta la puerta de Cartago, que se abrió, permitiéndoles entrar sin mayores problemas. En cuanto se colaron, se encontraron de nuevo con el agua digital de aquel mundo, y ascendieron sin demasiados problemas hasta su parte superior, entrando nuevamente a los cielos de aquel mundo digital. Vieron, de nuevo, la gran plataforma donde estaban construyendo, y el armazón que servía como submarino, algo más completado, efectivamente, pero sin avances especialmente notables, a primera vista.

-Bien, ahora que habéis entrado a Cartago, dejaos ver por la IA, que avisen a Laura y los demás -decía Herb-. En cuanto eso pase, como la primera vez, salid de ahí a toda prisa y volved a Lyoko.

-Oído.

Maya conducía el Skid directamente hacia el cielo, cuando vieron aparecer una figura blanca ante ellos. Eso, la última vez, no sucedió, por eso les sorprendió ver cómo aquella entidad cargaba contra ellos. Se trataba de una figura humanoide, con una especie de ojo con círculos concéntricos y cuatro barras, una en su parte superior y tres en la inferior formando una especie de cola semicircular. Su piel era, efectivamente, del color de la leche, tenía ojos marrones con aquel símbolo en su frente, pelo color rojo como el fuego, tenía un cuerpo atlético que no escondía las evidentes curvas de una mujer, amplias pero no excesivas. Parecía una especie de súper heroína.

-¡¿Qué leches?!

Maya dio un fuerte bandazo para esquivar el envite, mientras aquella cosa, que debía ser Cartago, volaba por el aire como si fuera un pájaro. Efectivamente, la IA había hecho acto de presencia en físico en su hogar ante la llegada, de nuevo, de aquellos extraños. Pero esa vez parecían más preparados que la anterior, y eso le pareció reseñable. Había lanzado la señal de alerta en cuanto volvió a notar que pretendían entrar, y les abrió sin mayores dificultades, todo para que pudieran penetrar a su mundo virtual sin pensar en la posibilidad de que ya estaban a la espera de ellos.

Maya había acelerado el Skid, atravesando como una bala al submarino enemigo, y giró el aparato en el cielo, perseguida por Cartago, y que no dejaba de mirar al cielo virtual. Sin embargo, y siguiendo con el plan, atracó en el mismo sitio que anteriormente estaba la versión rival de su submarino, abandonándolo todos y cada uno de ellos. Tenían que ser vistos sí o sí, era un requisito imprescindible.

-Ojalá vengan pronto… -murmuró Hiroky, mientras aparecía en la plataforma- Porque estamos jodidos…

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

En Nevada, efectivamente, había sonado la voz de alarma según los menores entraron a Cartago, tal y como estaba previsto. Se encontraban en la cafetería, justo como la vez anterior, y, como entonces, fue uno de los oficiales los que avisaron de ataque informático. Se miraron entre ellos, y se dirigieron corriendo como liebres por los pasillos hasta la sala de las interfaces, sentándose sólo Laura, mientras Yao y Abigail se quedaba por detrás de ella, listos para bajar directamente a los escáneres.

-¿Qué sucede, Cartago?

El programa le mostró unas imágenes, y ella vio a los cuatro adolescentes, de nuevo, pero frunció algo el ceño al ver al propio programa delante de ellos, que ni se movían de su posición. Parecía estar reteniéndolos de alguna forma.

-Hay que ir tras ellos antes de que den una vuelta al pasado -explicó la IA-, saber de dónde vienen y atacar nosotros antes.

Laura tragó saliva y empezó a sudar en frío.

-Ahora bajamos a Cartago, dame un minuto.

Antes de que la IA pudiera responder, la mujer se separó de la interfaz, dejó su micrófono, y miró a los otros dos.

-Pareces preocupada… -murmuró Abigail- No me gusta cuando lo haces.

-Estamos jodidos, Cartago se acuerda de lo que sucedió -explicó-, si no nos lo ha dicho supongo que sería para no preocuparnos, pero eso explicaría que se diera tanta prisa esta semana…

Yao asintió, pensativo.

-Bajemos a los escáneres, a ver con qué nos encontramos.

Tras programar tres virtualizaciones, descendieron rápidamente hasta la salita inferior, y se introdujeron en los mismos. Tras unos pocos flashes y el fuerte sonido de los motores de los aparatos, aparecieron en los cielos del mundo virtual, donde vieron a los tres adolescentes, que ni se movieron un ápice. Cartago vio como sus tres líderes llegaban, tal y como pasó la vez anterior, pero habría diferencias seguro, por su intervención previa. Pronto sabría en qué sentido.

-Será mejor que os marchéis, niños -les espetó Laura, directamente- ¡Vamos, idos, esto no es asunto vuestro!

Cartago dudó unos instantes, antes de dejar de retenerles, momento en que los cuatro niños salieron escopeteados hacia el Skid, montándose en el mismo, y saliendo a toda prisa de allí, no sin notar que Cartago tocaba antes con su mano el casco. Seguramente les hubiera puesto ya un rastreador.

- ¡¿Qué coño ha pasado?! ¿¡Cómo han entrado!? ¡Gauthier!- esta alzó la vista. Ahí estaba el Teniente Connor, cabreado e hiperventilando.

-Tranquilo, Teniente -dijo ella-, les rastrearemos hasta su base, identificaremos a su célula, y acabaremos con ellos. Sólo les estamos dejando llevar hasta su guarida.

Como la vez anterior, no parecía demasiado convencido dado el fuerte resoplido que pegó, pero volvió a hacer gala de ser la líder en cuanto a asuntos informáticos como aquel.

-Cartago, siléncianos, por favor.

La IA asintió, y observó a sus tres líderes con los brazos tras el cuerpo, preguntándose algunas cosas. Sin embargo, una vez lo hizo, fue Laura la que habló.

-¿Cómo sabías que esto pasaría? -preguntó, directamente- ¿Y qué es eso de una vuelta al pasado?

-Ya sucedió en el pasado, Laura -respondió- Sólo que vosotros no os acordáis.

Los otros dos se miraron, estaban jodidos. No tuvieron que fingir sorpresa porque realmente estaban impresionados con aquello, Laura a veces no se creía la suerte que tenían con ciertas cosas.

-¿Hemos viajado al pasado, y no nos acordamos?

Simularía que, efectivamente, no tenían ni idea de nada, y que era la primera vez que escuchaba de esas cosas.

-Así es, por alguna razón yo sí lo recuerdo, pero puedo descubrir las causas en unas horas -afirmó la IA-, sé a dónde van y en qué localización están, podemos atacar en cualquier momento.

Ese era un problema. Laura negó con cierta vigorosidad.

-No, no por ahora -señaló hacia el cielo- tendremos que reunirnos con los superiores, para saber el plan de actuación.

Cartago se limitó a asentir, antes de decidir nada tenían que contar con su visto bueno, quisieran o no. Ya sabía que aceptarían, contaba con que podrían saltarse esa cuestión burocrático, pero no parecía ser el caso.

-Se trata del grupo de Jeremy Belpois y Aelita Stones, residen en Francia, en la zona de París, pero la zona concreta no he llegado a saberla -explicó, antes de que se fueran-, por lo que sé, usted fue una antigua amistad de ellos, los menores que vimos deben ser hijos de ellos, al menos uno de ellos, la de pelo rosáceo.

La mujer suspiró un poco, y asintió, mientras daba la orden de desvirtualizarse. Cartago se limitó a ver cómo desaparecían del mundo virtual. Estaba totalmente seguro de los datos que tenía, pero entendía que pudieran perturbar a la mujer. Al final, para los humanos esas cosas eran importantes. De alguna forma, podía empatizar con aquello.

Sabía que mandarían a la dirección que su programa indicara, que era la que ya había comentado a su superiora. Y que llegarían a destino a la hora indicada. Más allá de ahí lo desconocía totalmente, no estuvo en contacto con ellos en todo el día que estuvieron fuera, y que terminó con una vuelta al pasado. Al inicio no entendía qué pasó, tardó un par de días en darse cuenta de la situación.

No se dio cuenta de aquello hasta el Lunes por la noche, cuando recibió la información de localización del monstruo digital que mandó al sentir una interferencia. Le eran familiares, demasiado para su gusto, y fue en ese momento que cayó en la cuenta. Ya las conocía, recordaba nombres, y en su memoria interna había archivos por duplicado de cosas que habían pasado el Domingo, no así el Lunes. Eso, desde su lógica, sólo podía implicar que había algún virus en su sistema, o… un error en los tiempos.

Como ambas cosas era una imposibilidad, por la potencia de sus sistemas de defensa, y su constante conexión con un reloj atómico para, estar siempre conectado y listo para funcionar las 24 horas del día, sólo quedaba como opción un retorno temporal de algún tipo. Lo confirmó cuando, el Viernes, detectó un correo por parte de Laura, uno que, aunque no podía ver su contenido por cuestiones de seguridad interna, sabía a qué dirección lo estaba mandando.

Alguna cuestión relevante debió haber descubierto, dado el destinatario del correo que había mandado era una joven periodista que, curiosidad, había o debía haber conocido durante su juventud, pues había estudiado en el mismo centro que Belpois y Stones. Sí, había estado investigando sobre esos dos nombres, sólo por si acaso. Personas normales y corrientes, al menos en apariencia, a la espera de poder saber más cuando tuviera los protocolos adecuados. Unos, que seguramente pudiera obtener de ahora en adelante, cuando tuvieran que acabar con ese grupo.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Laura tenía un fuerte dolor de cabeza según salieron de los escáneres, no podía creerse su mala suerte. Connor llegó según salieron, y empezó de nuevo a gritarles, hasta que Laura le detuvo nuevamente.

-He mandado a Cartago a investigar sobre ellos, señor -afirmó, con mala cara -. En cuanto sepamos qué pasó y dónde, nos encargaremos nosotros mismos -le miró a los ojos-, pido permiso para ello.

Connor alzó una ceja, y miró a los otros dos.

-No tienen experiencia militar de ningún tipo.

-Pero sí en cuestiones de informática -le indicó-, cuando lleguemos allí y tengamos información suficiente de esos terroristas de mierda, les daremos las coordenadas para que sus hombres puedan ametrallarlos a gusto.

Y Connor volvió a ceder tras chasquear la lengua.

-Tienes 48 horas, Gauthier -respondió-. De todas formas van a discutirlo los de arriba, al final ellos serían los que tienen la última palabra.

Estaba hecho. En la reunión, convencerían a sus superiores, sólo tenía que repetir los argumentos que ya había dado antes. Sin embargo, antes tendría que tener una diferente, con sus dos compañeros.

-Antes, me gustaría hablar con ellos -explicó la mujer, señalando a Yao y Abigail-, para determinar qué necesitaríamos, estrategias… ya sabe.

Connor asintió, intranquilo, y se dirigió hacia los pisos superiores, dispuesto a comenzar a organizar la reunión de emergencia. En cuanto estuvieron a solas, los tres se dirigieron hacia el cuarto de Laura, y, ya allí, empezaron a hablar.

-¡Me cago en mi jodida estampa, que se acuerda! -murmuraba Yao- ¡¿Cómo coño se acuerda?!

-No lo sé, Yao -Laura se había sentado en la cama-, pero sé que no tiene demasiados datos, no más de los que nos pudo dar para localizar al grupo, ¿os acordáis?

-Nombres, números de identificación, localización, y poco más, sí… -murmuró Abigail- Lo bastante para confirmar lo que tú sabías ya, pero, si realmente se acuerda…

-No podemos obviar la posibilidad que haya investigado por su cuenta -completó Yao-. ¿Es eso posible? ¿Que actúe sin órdenes previas?

Laura negó.

-No, sin instrucciones no puede -explicó-, es un programa muy inteligente, pero jamás actúa sin orden previa en algún sentido, en ese sentido tiene un gran sistema de seguridad. Hubo problemas en el… pasado al respecto.

-Xana, sí… -Yao suspiró- Tenemos que impedir que Cartago pueda investigar todo el tiempo posible, si es que no lo hizo previamente por órdenes superiores la última vez.

Laura asintió, despacio.

-De saber más, lo hubiera dicho, tranquilos -respondió la mujer, mientras se acariciaba las mejillas-. Tendremos que informar de esto a los demás sobre esto, Cartago será… más difícil de derrotar de lo esperado.

Yao se rio un poco.

-¿Es que contabas con que lo sería?

Sin embargo, la otra se incorporó. Los otros dos la miraron, por la hora, tendrían pronto la reunión Tyron y los demás altos mandos. Iba a ser difícil contener las arcadas que iban a sentir cuando vieran a según quién ahí reunido, ya sabiendo las acciones y atrocidades que habían llevado a cabo contra Anthea, o lo que pretendían hacer con la población civil, a la cual podrían quitar toda privacidad o capacidad de defensa con sólo apretar una tecla, en eso consistía Cartago: dominar el mundo a través de la información.

Eso ya lo había descubierto Waldo Schaeffer antes de desertar, y sólo de pensar en el destino que les había deparado a él y a su esposa, en especial a esta última… les revolvía las tripas con bastante intensidad. Sin más, fueron dirección hacia la sala de reuniones, donde, nuevamente, tendrían que aguantar la chapa por parte de sus superiores, al menos esa vez sabían qué tenían que decir para que los mandos se convencieran antes de sus intenciones.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

En el mundo digital, el Skid ya circulaba a toda velocidad de vuelta a Lyoko, la suerte estaba echada. Sabían que Cartago les había colocado un localizador en el casco del submarino, de hecho era lo mismo que hizo en su momento, así que estaba todo bajo control. Mientras Maya pilotaba, una ligera sonrisa de entusiasmo apareció en su rostro, mientras sus compañeros empezaban a hablar por primera vez.

-¿Creéis que Abi tenga novia?

Esa pregunta de Hiroky hizo que JP rodara los ojos un poco, mientras Maya ahogó una risa con una mano.

-¡Joder hermano, puto salido!

-¡Oye, que no he dicho nada!

Como siempre, Ariadna discutiendo con Hiroky. Sí, definitivamente se habían relajado. Esa era la señal, cuando esos dos se peleaban es que estaban en calma otra vez. Pensando en ello, JP miró hacia el techo de un navskid, mientras la imagen de su líder rondaba su cabeza, preguntándose ciertas cosas. Pero tenía claro que tenía que ser sincero con ella, se miró las manos y se recolocó las cosas, algo nervioso, cuando escuchó la voz de Jeremy resonar por el Skid, a través de los micros.

-No tardaréis demasiado en llegar -afirmó el hombro-, según lleguéis, os desvirtualizaremos, y estaremos juntos para cuando lleguen los demás – oyeron que suspiró-. Aprovecharé ahora para… informaros de una situación.

Jeremy puso cara de circunstancias. Miró de reojo a los demás, los hombres parecían saber por dónde irían sus palabras, mientras que las mujeres le miraban con cierto interés. Sin embargo, antes de que pudiera decir nada, Herb intervino.

-Lo que tengas que contar, creo que es mejor que lo hagas con Laura y los demás delante -comentó-, ya sabes, para no tener que contar lo mismo dos veces…

Sin embargo, Jeremy negó un poco.

-Todo es culpa mía, ¿de acuerdo?

-Jeremy, ¿de qué coño hablas?

Aelita le miraba, cruzada de brazos sin entender demasiado lo que decía. Su marido suspiró ligeramente, y se incorporó.

-He creado un programa basado en Xana para usarlo contra Cartago -dijo, serio-, es la única cosa que puede derrotar a nuestro enemigo.

Aelita apretó la mandíbula, mientras Yumi le miraba, mientras iba entendiendo lo que eso implicaba apretaba los puños.

-¿Estás… totalmente seguro de que es… necesario?

A esas palabras de su esposa, Jeremy asintió.

-Sí -afirmó, sin dudar-, Cartago es como el sistema operativo de Lyoko. Necesitamos de un virus múltiple para acabar con él, aunque podamos romper su cuerpo virtual, mientras el programa que lo ejecuta siga escrito… no habrá muerto aún.

-Jeremy… -este se giró cuando Yumi habló- ¿Esto no será otra Marabunta, no?

La tensión se palpaba en el ambiente. Él tenía claro que no veían su plan con buenos ojos, pero era plenamente consciente de que era la única manera.

-Os he liderado durante años, y todo salió bien -suspiró un poco-, no pienso permitir que se vuelva en nuestra contra, y si eso sucede, acabaré con Marte.

-Y yo le ayudaré.

Apareció en la pantalla del súper ordenador el rostro de Belona. Herb sonrió de medio lado cuando su compañero rodó los ojos, aunque fue a más cuando escucharon las voces de los menores.

-¡Entonces tenemos más aliados, es genial! -esa era Ariadna- ¡Vamos a vencerles fácilmente!

-Eso espero… -Sissi miró a los demás- Por lo que conozco a Jeremy, es un tío inteligente. Yo… confío en su criterio -afirmó-. Si él cree que es nuestra mejor baza, sus razones tendrá.

-Aunque no quisierais, ya no hay nada que podáis hacer -intervino Belona-. Marte ha sido creado, y en estos momentos está creando un ejército de monstruos para proteger Lyoko. Cartago no podrá entrar.

-¿Cómo?

En el mar virtual, Maya había llegado hasta las inmediaciones de Lyoko. Y vio que, rodeándolo, un grupo de lo que parecían tiburones nadaban en torno a ellos, pero, aunque rápidamente les vieron, no hicieron amago alguno de atacar. De hecho, les acompañaron hasta la puerta inferior del mundo virtual, escoltándoles como si fuera una comitiva real, hasta que penetraron de nuevo a Lyoko.

-Capaz es de recibirnos con más cosas…

Maya se movía despacio, no quería llevarse por delante a ninguno de los peces que se encontraron según penetraron a Lyoko, y es que el mar digital interno estaba, ahora, lleno de vida animal. Peces hechos de unos y ceros iban y venían en grandes bancos, y ese era sólo el inicio. Cuando salieron al cielo del Sector Cinco, vieron grupos de mantas volando en formación, rodeando la cúpula que servía de hangar para el Skid. Los grupos de mantas, como los de tiburones, les escoltaron hasta el interior, donde Maya descendió el Skid hasta la plataforma que servía de lanzadera para el aparato.

No estaban solos. Dos figuras humanoides les esperaban, ambas iguales, sólo cambiaban colores de ojos. Los de Belona eran azules como el mar, mientras que los de Marte eran dorados como el oro, con el pelo negro bien ensortijado con una diadema.

-Bienvenidos, jóvenes amos -saludó Belona-, ¿ha sido buen viaje?

Maya usó los controles para poder descender del aparato, y, cuando se encontró con ellos de frente, les observó con cierta sorpresa. JP debía reconocer que eran dos programas realmente increíbles, mientras Hiroky y Ariadna se dedicaban a mirar por todas partes, preguntándose qué más sorpresa se encontrarían.

-Sí, supongo… -murmuró Maya, tendiéndoles la mano- Maya, encantada.

Dejó la mano en el aire, mientras los otros dos se miraron con interés, hasta que Marte la tomó, apretando con cierta intensidad.

-¿Es una costumbre humana? -preguntó Marte, curioso- Interesante…

Maya asintió, sonriendo.

-Pronto podréis conocer… iba a decir cara a cara a los demás, pero ya me entendéis.

-Será un placer. Ahora volveréis a vuestro mundo, mientras, nosotros lo prepararemos todo aquí -dijo Belona-, ya estamos creando un ejército, para poder ayudarnos cuando entremos a por el enemigo. Hasta entonces.

Vieron como ellos desaparecían en un vórtice azul, y que volvían al mundo real. Cuando salieron de los escáneres, fueron recibidos por William y Patrick, que les llevó hasta el piso superior. No les quedaba demasiado que hacer por allí, así que volverían a casa a descansar hasta la llegada de Laura y los demás. A partir de ahí, derribarían la Fábrica y atacarían Cartago, todo durante el día siguiente a la llegada de los demás, durante el cual descansarían y harían tiempo para dar la sensación a los de Cartago de que estaban haciendo sus investigaciones.

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Precisamente, en Nevada, Laura ya iba montada en el coche, junto a Yao y Abi, dirección al aeropuerto más cercano, con indicaciones de ir hasta París, y acabar con los terroristas que se habían infiltrado en su base. Eso era lo que sus mandos creían, en realidad iban a llevar a cabo un golpe contra el Proyecto, lo bastante fuerte como para poder derribarlo. Desde que salieron de la base, con sus equipos preparados, Laura no había dejado de mirar su móvil en ningún momento, camuflado este en su pantalón, revisando su correo constantemente.

Pese a la borrachera, se acordaba de haber mandado un correo electrónico a Milly Solovieff, periodista y pareja de Tamiya Diop, ambas ex alumnas de Kadic, ambas amigas del grupo, y las chicas que fundaron la revista de la Academia. Sin duda, dos chicas que lo gozarían con la jugosidad de la información revelada. Por otro lado, también existía la posibilidad de que pasaran, o que denunciaran, o que las acallaran. Se acarició el puente de la nariz, pensativa, si sus cálculos no fallaba era temprano por la mañana en Francia, tendrían que estar aún con el café caliente en el estómago en esos momentos, puede que ni hubieran visto el correo… Abigail la miró de reojo unos segundos, en el asiento del copiloto Yao charlaba con el chico que conducía, un soldado que, durante el primer viaje, permaneció en total silencio, pero que esa vez no paraba, pues el otro le estaba dando cuerda todo lo que podía, manejando así los nervios que sentían.

Estaban convencidos de que Cartago había sabido de la existencia del mensaje de la mujer, lo que no entendían es por qué no dijo nada de nada. Tampoco en qué estaba pensando la mujer cuando filtró esos documentos, y menos aún cuales serían las consecuencias de esa acción. No se sentirían a salvo hasta que no subieran al avión y estuvieran fuera de territorio estadounidense, así que si la primera vez les costó dormir, en esa ocasión les pasaría más o menos lo mismo.

Laura no sacó su vista del móvil hasta que sintió su mano ser tomada por la de Abi, que la apretó, sin llegar a mirarla, limitándose a posar su vista en el exterior de la carretera. Eso sorprendió a la mujer, que, simplemente, imitó a su compañera. Agradeció el gesto al apretar la mano de la otra, apareciendo una suave sonrisa que disimuló con la otra mano. Puede que hubiera… de alguna forma perdido sus viejas amistades, o, al menos, el tiempo las había enfriado. Pero había generado unas nuevas durante ese tiempo.

El viaje siguió sin incidentes hasta la llegada al aeropuerto, donde bajaron, se despidieron, esa vez con más efusividad, del joven soldado, y penetraron al gran edificio. Ya sabiendo de dónde despegaba y a qué hora, decidieron ir antes a cenar algo en un sitio de 24 horas, descansar, y hacerse a la idea de un nuevo viaje de algo más de 10 horas rumbo a París. Ya sentados, de nuevo, en sus tres asientos, la mujer no pudo resistir a coger las manos de los otros dos, que apretó, y les miró.

-Mis niños…

-¿Vas pedo, Gauthier?

La aludida rodó los ojos, mientras Abigail se reía un poco, con Yao ligeramente sonrojado por esa muestra de afecto. Sin embargo, la mayor habló.

-Gracias por jugárosla por mi…

-No es nada -la más joven miró a su compañero-, que sepas, guapo, que pienso cobrarme el favor yendo al sitio más jodidamente caro de París, ¿vale?

-Creo que estará encantado de ir a una cita, ¿verdad?

Los otros dos negaron con cierta vehemencia.

-Sólo somos amigos, nada más -atajó Yao-, sólo eso.

Pero Laura ya había escuchado aquello más de una vez y de dos. Con el ambiente algo más relajado, suspiró un poco, y, esa vez sí, habló desde la seriedad más absoluta.

-De verdad, gracias -suspiró algo-, no teníais por qué jugárosla por mí, y lo hicisteis…

-Te seré plenamente sincera, jefa -Abigail se giró-, estás loca. Y nosotros más por ir detrás… si todo se tuerce, no…

-No sabremos cómo reaccionaremos hasta que llegue el momento -completó Yao-, yo al menos. Sólo queríamos que lo supieras.

Laura asintió. Era lógico, por otro lado. Tenían claro que Cartago tenía unos graves problemas de sustentación y razón moral en su actuar, pero, jugársela de esa manera, y más sabiendo sobre su posible destino en caso de ser pillados…

-No os preocupéis por eso -pidió-, cuando estemos contra las cuerdas, sé que haréis lo que debéis hacer… sea conveniente para mis intereses o no -se echó atrás en ese momento-. Si no lo es… no dudaré en hacer valer mi mayor experiencia. ¿Entendido?

Los otros dos se miraron, simplemente, y se dispusieron a descansar también, con la evidente amenaza velada de la otra. Precisamente mientras su avión empezaba a tomar impulso para despegar, al otro lado del Atlántico, en la ciudad de París, en la sede de uno de los grandes periódicos nacionales a nivel digital, Amelia "Milly" Solovieff tecleaba en su ordenador, con un café en el escritorio.

Estaba en un pequeño despacho, con su ordenador de sobre mesa, varios recortes de periódicos de artículos hechos por ella, y unas fotos de su pareja, Tamiya, con un niño pequeño en brazos de la segunda, y que era tan blanco como la pared, con el pelito rojo y los ojos negros. Tenia unas ventanas por las que entraba algo de luz, y varias plantas bien cuidadas y unos cuantos cuadros hechos por ella misma.

La mujer tenía, en esos momentos, 35 años, y llevaba con Tamiya desde los 15 aproximadamente, en una relación con sus altibajos, como todas. Había visto un correo a primera hora de la mañana, uno cuyo emisor desconocía, pero que tenía pinta interesante. Pero no se quería arriesgar a abrirlo en su ordenador de trabajo sin antes asegurarse, con ayuda de informático de la oficina, no fuera a liarla con algún virus informático. Por eso no se atrevió a abrirlo hasta mediodía, cuando recibió la confirmación de seguridad.

-Veamos qué me encuentro… -según abría el correo, su móvil comenzó a sonar. Lo revisó unos segundos, y sonrió, contestándolo- ¡Hola!

-¡Holi! -Tamiya sonaba feliz- ¿Qué tal está mi pelirroja?

-Buah, hasta arriba de curro -comentó-, ahora iba a abrir un correo… por lo menos curioso. ¿Qué tal el niño?

-Genial, está pintando en el cuaderno que le regalamos ayer, encantado de la vida -respondió la otra-. Hice macarrones para comer, por cierto.

Milly sonrió.

-¿Qué haría yo sin ti?

-Morirte del asco -escuchó su risa, y la otra se mordió el labio-. Me han… llamado del Le Monde, y… creo que no les convencí demasiado en la entrevista.

Milly sonrió algo.

-Seguro que sí, cariño -miró la hora-, además, ya sabes que esa gente es algo… bueno, ya sabes.

Tamiya suspiró un poco.

-Ya -se oyó unos ruidos de fondo- Te dejo, amor, que el niño se ha puesto a andar. ¡Adiós!

La otra mujer colgó el teléfono, y Milly pudo entonces comenzar a leer lo que le había llegado. Reconoció, ahora así, al remitente. Era una antigua alumna de Kadic, como ellas, Laura Gauthier. La recordaba de estar siempre, desde que llegó, con el grupo de Belpois… y detrás del propio Belpois. Hicieron unos cuantos reportajes, cuando eran pequeñas, sobre aquel triángulo amoroso entre ellos dos más Stones. Esa historia sólo era superada por el formado por Ishiyama, Dumbar y Stern. Ulrich fue su amor platónico durante años, hasta que vio a su lado a Tamiya, que sin duda alguna era bastante mejor partido que el otro.

-Joder, cuantos PDF, colega…

Abrió el primero de todos, y empezó a leer. Esto tenía, como mínimo, que ser filtraciones de algún tipo. Lo que no sabía era de qué, pues no sabía en qué trabajaba la otra, no tenía ni idea. Además, hacía tiempo que no veía a aquel grupo, estando al otro lado de la ciudad, aunque de vez en cuando habían coincidido por Kadic, cuando fue a preguntar por guarderías para su hijo, que les vio por allí. Eso, y algunas veces que habían coincidido en algún garito, o cuando iban a los conciertos de Pinky Angel.

Esa línea de pensamiento se iba difuminando según leía líneas sueltas del texto, tomando cada vez más y más atención por parte de la joven, y que leía, preocupada. No sabía de dónde salía eso, ni cómo lo había conseguido Laura, pero eran papeles gubernamentales, y eso le preocupaba. El color del rostro iba desapareciendo según leía sobre las descripciones de los experimentos que se hacían con aquel programa, de nombre Cartago, y que implicaba víctimas humanas, entre otros, desertores del Proyecto, y que habían trabajado en este previamente.

Leyó también acerca de especificaciones del mismo, de lo que ni idea tenía, pero tenía aspecto complicado. Estaba tan centrada, que estuvo cerca de dos horas totalmente centrada, sólo saliendo de ese trance cuando sonó, de nuevo su móvil. De nuevo era Tamiya.

-Cariño, ¿tengo que ir a buscarte?

-N-no, no hace falta, ehm… -rebuscó en su bolso- Bueno, mejor que sí, yo… joder…

-¿Estás bien?

La preocupación era evidente en su voz, la otra se limitó a suspirar un poco.

-Ahor te cuento, ven con el coche, por fa.

Terminada la llamada, y al ser ya medio día, la mujer se levantó. Siempre iba bastante bien arreglada a su trabajo, y ese día no era menos. Maquillada, con los labios ligeramente pintados de rojo, y una chaqueta azul con pantalones negros y camisa blanca, con un bolso negro a juego. Llevaba manoletinas, y aunque siempre iba con el coche, ese día había ido en autobús, pues su pareja lo necesitaba. De todas formas no hubiera podido conducir, estaba demasiado nerviosa en ese momento.

Tras cruzar la sala de oficinas, llegó hasta el ascensor, y se metió en el mismo en cuanto se abrió la puerta. Revisó su móvil, para ver si conservaba aún el correo de la otra, necesitaba revisarlo de nuevo, aún sin creer aquello. Y, sobre todo, para hablarlo con Tamiya. Estaba tan nerviosa que daba vueltas por el ascensor, como un león enjaulado, y tras sacar de su bolso la tarjeta de identificación, marcó que salía en el ordenador de la salida, y fue directa hacia el parking. Vivían a veinte minutos en coche, pero seguro que la otra ya había salido para cuando la llamó, y efectivamente: apenas dos minutos después, apareció Tamiya con su coche, un familiar de gama media – alta de color blanco. Tenían al niño en el asiento de atrás, bien colocado con una sillita roja, y de espaldas al frente.

-¿Más calmada?

Milly entró sin más al vehículo, y suspiró. La otra llevaba un chándal negro, si no fuera periodista podría ser perfectamente taxista, tenía una facilidad para manejar el coche que sorprendió hasta al de la autoescuela, cuando cogió un coche por primera vez. Acarició el rostro de su chica, con una sonrisa, y la besó en los labios, despacio.

-Te amo, Tami…

La otra se rio algo.

-Bueno, ¿qué paso, a ver?

Empezó a conducir dirección a casa, hasta entonces había ido con la radio y canciones infantiles, pero las había quitado para poder hablar con Milly. Esta no habló hasta que pasaron el primer semáforo, cuando hubo, más o menos, ordenado sus ideas.

-Es acojonante, la verdad… -murmuró- ¿Te acuerdas de Jeremy Belpois y Aelita Stones?

-Sí, claro.

-Están metidos en un buen lío, me parece…

Tamiya suspiró un poco. Su novia, una vez más, sabía más de lo que debía…

-¿Tienes documentos esta vez?

Y es que aún se acordaba de cuando aseguraba, muy convencida, que una de las grandes petroquímicas de Francia era la culpable de una serie de vertidos al mar. Y sí, habían sido ellos, pero no contaban con los medios para demostrarlos, no entonces, y tuvieron que tragarse el orgullo y ceder. Todo, para que otro se llevara el mérito.

-Sí, pero antes… quiero hablar con ellos -aseguró-. Si esto es verdad, podemos, o ganar el premio de la academia… o acabar entre rejas.

Tamiya frunció el ceño, mientras acariciaba despacio el volante del vehículo.

-¿Tienes su información de contacto?

La otra asintió. La colocó en el GPS del vehículo, y la otra, con facilidad, hizo una pirueta con el coche, y se coló en el carril de al lado para ir dirección a la que, esperaban, era la casa de Belpois y Stones. A ver con qué cara se presentaban…

( ) ( ) ( ) ( ) ( )

Espero que os haya gustado leerlo tanto como a mi escribirlo. Este fanfic está conectado con Aelita's Nature, y que se encuentra en el pasado de la línea temporal de este. Habrá referencias en ambos de eventos del otro.

Bien, ¿Qué os parece? ¿Os gusta? Como siempre, comentad, decid que os gusta y que no etc... Para acabar, me despido, hasta la próxima, y que la inspiración os acompañe. Código Lyoko ni ninguno de sus personajes me pertenece.