Aquí me presento de nuevo, y lo hago con un capitulo doble!

Como ya alcanzamos las 2100 estrellas en wattpad, voy a actualizar los objetivos, y de paso les muestro cuanto falta para llegar a los demás objetivos.

Wattpad: 2206/3000 Estrellas. 17.476/20.000 lecturas.

FanFiction: 59/75 favoritos. 69/75 seguidores. 136.822/200.000 palabras.

Recuerden que solo uno de esos objetivos ya significa un capítulo doble, y si se llegan a cumplir más al mismo tiempo, podrían ser hasta capítulos triples o cuádruples.

Ahora, es tiempo de contestar una review:

Funny-Little-Cute White Fox: Como siempre, estoy muy agradecido con tu constante apoyo. Me alegra que te haya gustado la reacción de Artemisa, ya que en un principio no sabía cómo hacer resaltar sus sentimientos y tuve un par de conflictos con ello.

Sin más dilación, disfruta!

INICIO DE ARCO-CAPÍTULO 20: LOS HIJOS DE HADES Y, ¡¿NUEVA CAZADORA?!

En el lugar donde nos encontramos, la naturaleza podía escucharse en su máximo esplendor, junto con unas pequeñas brizas frescas que acompañaban la noche, y hacían que el clima no sea tan caluroso. El ruido del agua se escuchaba con gran calma, mientras era acompañada por una pequeña carpa cerca de la orilla. Ah pesar de ser de noche, en ese sector se podía ver una gran luz emanando en el borde del mar.

"¡Genial!" Pensó Bell para sí mismo, viendo como unas llamas lo rodeaban por completo. El albino apretó fuertemente su puño, esbozando una pequeña sonrisa. "Por fin puedo controlar la magia con completa voluntad." Bell alzaría su mirada al cielo, cruzándose de brazos. "Todavía no puedo creer que dominar mis últimas dos habilidades me llevaría más de 10 meses…" Bell observo la pila de ropa de las cazadoras que debía limpiar, haciendo que un pequeño suspiro saliera sin su consentimiento. "Hablando de eso, no puedo creer que ya hayan pasado 10 meses desde que llegue aquí…" Una pequeña sonrisa apareció en su rostro. "Supongo que el tiempo pasa realmente rápido cuando lo pasas muy bien…" El albino comenzó lentamente a desnudarse, quedando únicamente en boxers. "Creo que me pegare un baño antes de limpiar la ropa."

Artemisa estaba posada en un árbol, vigilando que ningún tipo de monstruo entrara al pequeño campamento improvisado donde hospedaban. Ella tenía una expresión un tanto aburrida en su rostro, como era de costumbre cuando ya pasaban más de una semana sin encontrar ninguna bestia.

"Supongo que este lugar ya está completamente limpio." Pensó la Diosa, dando un pequeño suspiro de fastidio. "Ya nos quedamos sin objetivos… Tendremos que volver al Campamento Mestizo por un par de días." La Diosa comenzó a saltar entre los árboles, vigilando que todas las trampas y las tiendas de campaña estén en perfectas condiciones.

"Esta fría…"

Artemisa no pudo evitar para en seco y mirar hacia atrás, tras lograr distinguir la voz de Bell. "¿'Esta fría'?" Pensó, sintiendo gran curiosidad

La Diosa se dirigió curiosamente hacia la orilla, con un gran silencio para no alertar a Bell de su presencia. "Eso que le dije que puede instalarse con nosotras…" Pensó Artemisa con un gran suspiro interno, ya que anteriormente le había dicho que podía estar dentro del campamento, pero él se negó debido a que se sentía mucho más cómodo estando un poco alejado.

Artemisa se asomó por unos arbustos, ensanchando ligeramente sus ojos por lo que estaba viendo.

Bell se había metido en el agua, mientras parecía estar descansando plácidamente en ella. El albino comenzó a limpiarse, haciendo una pequeña gala de su torso desnudo a la Diosa sin que este se diera cuenta.

"¿Qué me pasa?" Artemisa no pudo evitar preguntarse, al darse cuenta que no podía quitarle la mirada de encima. "Ya eh visto cuerpos de hombres semidesnudos antes, incluso más tonificados que el de Bell…" La Diosa trago profundamente cuando sus ojos se fijaron en sus pectorales mojados. "Pero, por alguna razón, me siento atraída por su figura."

Después de estar varios segundos espiando a Bell, Artemisa comenzó a sentirse un poco mal gracias a eso mismo, por lo que decidió mostrarse.

Bell fijo su mirada en Artemisa con algo de asombro, tras ver que aparecía detrás de un par de arbustos. "¿Artemisa? ¿Cómo están las chicas?"

"Están bien." Respondió la Diosa rápidamente. "Está todo tan tranquilo, que me estoy muriendo del aburrimiento, para serte sincera. Por eso vine a ver que estabas haciendo."

"Ya veo…" Bell la miro fijamente, esbozando una pequeña sonrisa. "¿No quieres darte un chapuzón?"

Artemisa se cruzó de brazos, y alzó ambas cejas. "¿Contigo? ¿Es una broma de mal gusto?"

"Solo decía. Quizás eso pueda quitarte un poco el aburrimiento." Comentó Bell con una voz burlesca, mirando hacia otro lado.

Artemisa se le quedó mirando a la lejanía sin mover un musculo por varios segundos.

"¿Por qué estoy dudando? Es obvio que Bell no haría nada extraño…" Artemisa recordó la charla que tuvo con Zeus hace 8 meses, pero finalmente se auto-convenció. La Diosa finalmente sonrió, y comenzó a desnudarse, quedándose únicamente con su ropa interior.

Bell escucho un pequeño sonido en el agua, indicando que Artemisa estaba ingresando en ella. El albino no pudo evitar pestañear con ligera sorpresa, ya que no se esperaba que ella se atreviera realmente a hacerlo.

Bell volteó su mirada, para ver como Artemisa utilizaba un sostén de encaje negro que cubría sus pechos sin muchos problemas, aunque se visualizaba un buen escote en su parte superior. Sus bragas del mismo color se ajustaban firmemente a su trasero, aunque no dejaban nada a la vista.

Bell no pudo evitar pensar que, a pesar de que ella tuviera un cuerpo bastante caliente, siempre se aseguraba de dejar un margen de exposición mínimo, incluso con su ropa interior.

Bell no tuvo mucho tiempo de pensar en eso, porque notó que Artemisa estaba visiblemente nerviosa. Sus manos entrelazadas y su mirada gacha para evitar el contacto visual eran pruebas más que suficientes para confirmarlo.

Al ver esto, Bell pensó en una rápida manera de hacer que la situación se volviera impasible.

"¡Caíste…!" La voz y el comentario de Bell obligaron a que Artemisa alzara su mirada con confusión, solo para recibir una enorme cantidad de agua en su rostro que la empapo por completo.

Artemisa se limpió sus ojos y los abrió con ligero disgusto. "Conque esas tenemos, ¿eh?" Una sonrisa un tanto peligrosa apareció en el rostro de Artemisa, haciendo que Bell se pusiera en alerta de inmediato.

Artemisa comenzó a tirarle una gran cantidad de agua a una velocidad alucinante, haciendo que Bell solo tuviera margen para cubrirse.

Después de estar varios segundos sin parar, Artemisa finalmente dejo de atacar y comenzó a respirar agitadamente. "¿Te rindes?" Comentó con una sonrisa triunfante en su rostro. No tardó mucho en sorprenderse, ya que Bell había desaparecido de su vista. "¿Qué?" Se preguntó la Diosa en voz alta, mirando en diversas direcciones.

"¡Sorpresa!" Gritó Bell, apareciendo por debajo del agua y capturando a Artemisa por la espalda, haciendo que la Diosa diera un leve quejido de sorpresa.

Bell la dejo ir sin problemas, haciendo que la Diosa diera varios pasos hacia adelante, para luego darse media vuelta, solo para recibir otro buen bocado de agua en toda la cara.

Artemisa no tardo en contestarle con un ataque, pero esta vez fue mucho más tranquilo.

De esa forma ambos comenzaron a reír sin parar mientras se tiraban agua e intentaban esquivar los ataques del otro.

Estuvieron varios segundos divirtiéndose, hasta que Artemisa choco accidentalmente con Bell.

Artemisa termino con su rostro en el pecho del albino, siendo atajado justo a tiempo por él para que no se cayera.

"¿Estas bien?" Preguntó el albino, separándose de inmediato de la Diosa.

Oh por lo menos, era eso lo que pretendía…

Artemisa junto sus manos y las apoyo en el pecho de Bell, mientras dejaba caer su rostro encima de su pecho con gran tranquilidad, cerrando sus ojos profundamente.

Al ver esto, Bell tan solo esbozo una pequeña sonrisa y se apoyó en una de las rocas cercanas que sobresalían del agua. Las manos que estaban en los hombros de la Diosa rápidamente pasaron a su espalda, encerrándola en un cálido abrazo.

Al sentir el calor de tal gesto, Artemisa no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa, apoyando su cuerpo aún más en el de Bell inconscientemente.

Sus pechos estaban tan apretados que incluso podían sentir los latidos del otro.

Ellos siguieron en esa misma pose por varios segundos, creando un silencio muy lindo en el lugar, que solo era un poco perturbado por el lindo sonido de la naturaleza.

"… ¿Ya volveremos al Campamento Mestizo?" Bell rompió el silencio, apoyando su mentón sobre la cabeza de la Diosa.

"Si… Estaremos allí un par de días. Te preocupan tus amigos, ¿verdad?" Comentó Artemisa con una voz bastante relajada. Por alguna razón, se sentía en completa armonía en estos momentos. "Si Dionisio no nos interrumpió en ningún momento, significa que están bien."

"Lo sé." Contestó Bell, alzando su rostro. "Pero ya pasaron 8 meses desde la última vez que los vi. Ellos son mis mejores amigos. Es totalmente natural que quiera verlos después de tanto tiempo."

"Si ellos son tus mejores amigos, entonces, ¿qué somos nosotras?" Le preguntó Artemisa con un tono herido que era claramente sarcástico.

"Ustedes son mi familia." Artemisa no pudo evitar impresionarse ante las palabras de Bell. "Una familia genial." Concluyó, apoyando su mano en la cabeza de la Diosa.

Artemisa no pudo evitar esbozar una hermosa sonrisa en su rostro. "Me alegra mucho que sientas lo mismo que yo." Una pequeña mirada picara se dibujó en su rostro. "Siempre serás mi hermanito."

"No empieces, por favor." Le rogó Bell con una mirada aburrida en su rostro.

Artemisa no pudo evitar liberar una linda melodía con su risa por esto, haciendo que Bell la mirara con una sonrisa al ver que la Diosa parecía estar muy feliz con su amistad.

SALTO DE LINEA.

"Hoy ya tenemos que volver al Campamento Mestizo. Que fastidio…" Murmuró Phoebe por la bajo, desmontando todas las trampas junto con Zoe, Lilia, y Brilia.

"Ah mí tampoco me agrada mucho la idea." Zoe dio su punto, secándose el sudor del rostro. "Pero no me gustaría que Bell se volviera a enojar con nosotras, como pasó cuando robaron el Rayo Maestro."

Phoebe daría un gran suspiro. "Como odio cuando tienes razón… No me gustaría ser tan egoísta, después de haberlo arrastrado con nosotras por 8 meses."

"¿Creen que se sintió arrastrado por nosotras?" ´Pregunto Lilia con una ceja alzada.

"No lo creo. Él siempre se ve muy feliz con nosotras." Comentó Brilia con una linda sonrisa en su rostro. "¡Somos como una familia!"

Zoe y Phoebe no pudieron evitar sonreír tras ese comentario.

"Sabes, en un momento tenía un poco de miedo que Lady Artemisa se apegara más de la cuenta a Bell y la perjudicara." Phoebe miró a Zoe con una sonrisa radiante en su rostro. "Pero al fin y al cabo, parece ser que ambos solo se ven como unos hermanos muy apegados."

"Si…" Zoe le devolvió la sonrisa. "Por lo visto, nos preocupamos en vano en esos momentos."

Lilia y Brilia miraron a las dos con cierta curiosidad. "No lo entendemos." Comentaron las dos al mismo tiempo.

Zoe y Phoebe se miraron entre sí, para luego mirar nuevamente a las pequeñas. "¿Qué no entienden?" Preguntó Zoe con una ceja alzada.

"¿Qué hay de malo que dos personas tan buenas y que se quieren mucho, estén juntos? Ambas niñas dieron su punto de vista al mismo tiempo, haciendo que Zoe y Phoebe se miraran nuevamente.

"Bueno, es algo muy complicado…"

Justo cuando Phoebe iba a responderle, un enorme rugido se escuchó en el lugar, haciendo que todas se pusieran en alerta.

"¡¿Qué fue eso?!" Las niñas de 11 años gritaron al mismo tiempo, chocando espaldas con las dos mujeres mayores.

"Es un dragón." Respondió Zoe, claramente alarmada.

"¡Pero, ¿cómo mierda no nos dimos cuenta que había un dragón hasta ahora?!" Preguntó Phoebe, teniendo la misma reacción que Zoe.

"¡Eso me gustaría saber!" Respondió la Lugarteniente.

Un gran temblor hizo que todas miraran hacia una dirección, viendo como una gran cantidad de árboles eran derribamos mientras se escuchaba otro espantoso rugido.

Una enorme sombra se alzó sobre los últimos árboles que obstaculizaban el camino.

"Que grande…" Zoe ensancho sus ojos a más no poder al ver el tamaño de la bestia.

Finalmente, unas escamas doradas se lograron visualizar entre los últimos árboles que separaban a las Cazadoras de la enorme bestia. Ellas fijaron su mirada con gran estupefacción ante el detalle de su fuerte coraza, sabiendo de qué tipo de dragón se trataba. Por último, la punta de su cola de color rubí se ilumino intensamente, solo para que luego pudieran ver un enorme ojo de color rojo que las miraba fijamente.

Las Cazadoras tan solo pudieron quedarse en silencio, mirando atentamente al dragón.

Estuvieron así unos pocos segundos, hasta que la bestia agudizo su mirada peligrosamente.

"¡Al suelo!" Gritó Zoe rápidamente con horror.

Los arboles restantes salieron volando a su dirección, pasándole a centímetros de su cuerpo, gracias a que Zoe había tirado a las tres mujeres al suelo junto con ella.

Las cuatro se levantaron del suelo al instante, cargando sus arcos rápidamente. Ellas comenzaron a dar lentamente pasos hacia atrás, mientras veían como el Dragon se acercaba con pasos lentos, haciendo temblar todo alrededor.

El dragón extendió sus alas amenazadoramente y abrió su boca, comenzando a generar una peligrosa bola de fuego en su boca.

"¡¿Qué sucede?!" Artemisa llego al campo de batalla, ensanchando sus ojos con horror al ver lo que estaba a punto de suceder.

Bell llegó junto a ella, pero en vez de asustarse, se sorprendió a más no poder.

Después de todo, esa camiseta negra que estaba atada alrededor del cuello de la bestia era suya.

"¿Dorazal?"

El dragón ensancho ligeramente sus ojos y cerró su boca, mirando hacia la dirección de donde provenía la voz.

Al ver que el dragón parecía haberse calmado, las 4 Cazadoras dieron un gran suspiro de alivio.

"¿´Dorazal'?" Artemisa lo miró con gran asombro ante lo escuchado.

El dragón rápidamente se acercó a Bell, y comenzó a hacer unos sonidos extraños, como si lo hubiera estado extrañando durante mucho tiempo. Finalmente, Bell alzo su mano, haciendo que el dragón bajara su cabeza para que la acariciara.

Bell le entrego una sonrisa nerviosa a la Diosa. "Dorazal es el nombre que le di a ese pequeño dragón el día antes de marcharme."

"¿Es el dragón de aquella vez?" Artemisa no pudo evitar ensanchar sus ojos en shock. "¡¿Domesticaste a un Dragón Oυράrubin?!"

"Bueno…" Bell posiciono ambas manos en el hocico del dragón, haciendo que Dorazal cerrara profundamente sus ojos al sentir las caricias. "Nunca tuve la intención de domesticarlo. Simplemente sucedió."

Artemisa no tuvo otra opción más que aceptarlo, haciendo que se palmeara el rostro con una sonrisa. "En serio, no paras de sorprenderme…"

SALTO DE LINEA.

"¿En serio nos seguirá está cosa enorme a todos los lugares?" Zoe no pudo evitar poner sus ojos en blanco al ver el enorme dragón que los seguía desde la retaguardia con gran tranquilidad.

"Agradece que no está volando, porque sus aleteos serian lo peor." Declaró Phoebe con un pequeño suspiro.

"Por lo menos, dos de nosotras lo están disfrutando." Comentó Zoe con cierta gracia, al ver como las dos niñas iban a los lados del dragón, mirándolo completamente maravilladas por sus escamas de oro puro, junto con sus ojos tan rojo como la sangre que le daban un gran contraste con la punta de su cola y su figura en sí.

"¿Cómo es que pudo encontrarme?" Se preguntó Bell en voz alta. El albino estaba cómodamente montado en el enorme dragón.

"Fue gracias a la camiseta que le dejaste." Contestó Artemisa, estando al frente de todos. "Su olfato es impresionante, y puede percibirte incluso si te encuentras en el otro lado del mundo."

"¡Increíble…!" Bell observo a Dorazal con ligera sorpresa ante la explicación de la Diosa.

Las escamas de Dorazal se erizaron un poco de repente, al mismo tiempo que ponía su cuerpo a tierra mientras escuchaba atentamente.

Todos se frenaron y miraron como el dragón observaba en diferentes direcciones.

"¿Qué sucede, Dorazal?" Bell posiciono su mano en la cabeza del dragón, haciendo que este lo mirara por un corto segundo, para después fijar atentamente su mirada hacia una dirección, al mismo tiempo que las escamas de su cabeza se erizaban a más no poder.

Todos se quedaron en completo silencio, mirándose entre sí por unos pocos segundos, hasta que finalmente se escuchó un grito de una mujer, aunque parecía venir de muy lejos.

"¡¿Qué fue eso?!" Phoebe miro hacia todas direcciones con los ojos bien abiertos.

"Nada bueno, sin duda alguna." Artemisa se puso seria de inmediato, observando atentamente a Dorazal. "Creo que él nos está marcando la dirección de los sonidos. Deberíamos ir a echar un vistazo."

"De acuerdo." Respondió Bell, bajándose del dragón. "Tú quédate aquí, Dorazal." Bell posiciono su mano en el hocico del dragón, haciendo que sonriera. "Alguien tan grande no sería capaz de pasar desapercibido."

"Bien…" Artemisa desenfundo sus arcos, junto con las demás Cazadoras y Bell. "¡En marcha!"

Todos comenzaron a desplazarse a una velocidad impresionante entre los árboles, dando gala de su gran agilidad.

En pocos segundos, los gritos se volvieron muchos más cercanos, además de los diferentes gritos de una bestia que parecía ser un monstruo por su tono.

Artemisa se frenó en seco en la rama de un árbol, haciendo una señal con su mano para que todos se detuvieran. Rápidamente hicieron una formación de media luna en los árboles, tomando diferentes posiciones para atacar.

"¡Te dije que debías esperar, Jackson!" Bell ensancho ligeramente sus ojos al reconocer la voz de dicha mujer.

El albino pudo distinguir entre las hojas como Thalía parecía estar muy enojada con Percy, mientras Annabeth estaba montada en la espalda de una mantícora, intentando matarla sin éxito, mientras esquivaba sus diversos ataques mortales. Grover estaba allí, aunque su rol parecía estar enfocado en salvar a una mujer y un varón que estaban en contra de un acantilado, al borde de caerse junto con la mantícora y Annabeth.

La mujer que aparentaba estar entre los 20 tenía un cabello oscuro y sedoso, estatura promedia y piel oliva. También utilizaba un sombrero verde que ocultaba su rostro.

El varón que aparentaba unos 17, tenía un color de cabello negro, el cual lucía sucio y desgreñado, piel oliva y ojos oscuros. Ojos profundamente oscuros, algo que nadie normal podría tener.

La vestimenta de los dos se asemejaba mucho a la ropa que usa la gente normal de su edad, indicando que no pertenecían al Campamento Mestizo.

Artemisa hizo una señal con su mano, haciendo que todos cargaran una flecha de inmediato. Todos apuntaron con una gran precisión, a pesar que la mantícora estaba saltando como si se tratara de un toro rabioso.

Percy, Thalía, y Grover observaron con gran impacto como unas 6 flechas salieron disparadas entre los árboles, pegándole de lleno al monstruo sin dañar a Annabeth. 5 flechas llegaron rápidamente, impactando a lo largo de todo su abdomen, haciendo que el monstruo se tambaleara y gritara de dolor. La última flecha fue con menos precisión, pero aun así logro clavarse profundamente en la patada trasera de la mantícora, haciendo que se cayera de costado. Esto no termino aquí, ya que el monstruo se resbaló y termino cayéndose por el barranco, sin antes llevarse a los dos jóvenes con sus garras, y a la misma Annabeth que aun seguía montada en su espalda.

"¡¿Pero qué?!" Gritó Thalía, claramente furiosa por lo que acababa de suceder, mientras que Percy y Grover rápidamente corrieron al borde del precipicio, pero era imposible distinguir algo entre tantos árboles.

"Con esos daños no podrá moverse correctamente." Artemisa emergió de su escondite, junto con sus cazadoras y Bell.

"¡¿Ustedes son las que arrojaron las flechas?!" Thalía dio varios pasos hacia adelante, con claras intenciones violentas. "¡¿Tienes idea de lo que acabas de hacer?!"

"Bell, le erraste al objetivo central. Apenas lo golpeaste, y perjudicaste la captura." Artemisa ignoró olímpicamente la réplica de Thalía, haciendo que esta se enojara aún más.

Bell tan solo chasqueo la lengua. "Todavía me quedan algunas cosas que mejorar…" Bell rápidamente corrió hacia el precipicio con una mirada muy preocupada en su rostro.

"¡Oye!" Todos miraron como Thalía tomo de la vestimenta a Zoe con gran enojo. "¡Te aseguro que lo pagaran caro si Annabeth fue herida por su culpa!"

"No fue su culpa." Bell contestó rápidamente, haciendo que Thalía lo mirara con el ceño fruncido. "Si no hubiera tenido miedo de pegarle a Annabeth cuando arroje la flecha, la flecha hubiera atravesado su pulmón. Fue culpa mía." Bell miro de reojo a Thalía con una mirada penetrante. "Por eso, te prometo que la traeré a salvo." Finalizó.

Thalía abrió su boca para recriminarle, pero finalmente no dijo nada, ya que había reconocido su error.

De un segundo a otro, Bell se arrojó por el precipicio. Percy y Grover estaban a punto de seguirlo, pero Artemisa los detuvo.

"Yo y Bell nos encargaremos de traerla, ustedes vuelvan al Campamento Mestizo." Artemisa hizo aparecer un celular en su mano.

"¡Pero, mi amiga…!"

"¡Es una orden directa!" Artemisa interrumpió a Thalía, haciendo que esta la mirara impotente. "¿Osas desobedecer la orden de un Dios?"

"… Por supuesto que no." Thalía susurró por lo bajo, bajando su mirada. "Solo tráiganla a salvo, por favor."

Artemisa tan solo sonrió por su último comentario, para luego marcar un número. "¿Apollo? Necesito que me hagas un favor…"

Artemisa ni siquiera pudo terminar de hablar, cuando una gran bola de fuego paso a una enorme velocidad por el cielo, que termino aterrizando en frente de todos de forma abrupta, haciendo que los pelos de todos se eleven por los aires ante semejante velocidad.

"¿Me llamabas, hermanita?" Apollo rápidamente salió de su carro ya apagado, mostrándole una sonrisa dentuda en su rostro mientras sostenía su celular.

"Te dije que dejaras de llamarme así…" Un pequeño tic se presentó en el ojo de la Diosa, para que después diera un gran suspiro. "No tengo tiempo para esto. Escúchame bien." La mirada de Artemisa se enserio al instante, haciendo que Apollo alzara una ceja y se cruzara de brazos ante esto. "Quiero que lleves a estos niños y a mis cazadoras al Campamento Mestizo."

"¿Puedo llevarlos en el carro?" Preguntó Apollo con gran emoción.

"Me da igual como lo hagas." Comentó la Diosa con el ceño fruncido. "Mientras no crees un alboroto, has lo que quieras."

"¡Ya rugiste, herma…!" Apollo se aclararía la garganta. "¡Artemisa!"

"Bien." Artemisa asintió, dándose media vuelta para luego saltar al precipicio.

"Bueno…" Apollo aplaudió, llamando la atención de todos los presentes. "¿Quién quiere conducir mi carro?" Preguntó, con una tonta sonrisa en su rostro.

Zoe y Phoebe se miraron entre sí con ambas cejas alzadas. "¿Estás pensando lo mismo que yo?" Preguntó Phoebe.

"No hay forma de que esto termine bien…" Contestó Zoe, palmeando su rostro al mismo tiempo que daba un pequeño suspiro.

SALTO DE LINEA.

Artemisa aterrizó en el lugar, y lo primero que vio fue a Annabeth con leves cortes en gran parte de su cuerpo. Aun así, lo que más le llamó la atención, fue la mirada perpleja en su rostro.

Mientras tanto, el joven estaba de rodillas ante la mujer inconsciente, que había recibido una gran cantidad de daños y estaba al borde de la inconciencia a diferencia de él. Por lo que la Diosa vio, el joven tenía exactamente la misma expresión que Annabeth.

"… ¿Cómo es que puede pelear cuerpo a cuerpo contra una mantícora, y hacerlo ver tan sencillo?" Se preguntó Annabeth en voz alta, haciendo que Artemisa viera hacia al frente.

La mantícora arremetió con sus garras, pero Bell lo esquivo girando sobre sí mismo con una elegancia y clase impresionantes. Cuando termino de girar, utilizo su mismo antebrazo para parar las garras sin problemas, algo asombroso si tenemos en cuenta que posiciono su antebrazo justo en medio de las garras para que no fuera cortado. La mantícora siguió arremetiendo con sus garras sin parar con una velocidad semejante a un guepardo, pero aun así Bell seguía bloqueando todos sus ataques con una precisión increíble, utilizando únicamente su antebrazo izquierdo y derecho, posicionándolos con una vista de cirujano entre las garras mientras daba unos pasos justos para acomodarse a todos los ataques prominentes de la bestia. La velocidad era tan rápida, que era un deleite para la vista de cualquier persona que no esté acostumbrada a ello.

"Parece como si estuviera bailando…" Comentó el joven con los ojos bien abiertos.

Finalmente, Bell tomo las garras del monstruo con sus manos en un movimiento sorpresivo, empujándolo hacia atrás, y desestabilizándolo visiblemente. La mantícora ensancho sus ojos en shock cuando Bell se posiciono a sus espaldas en menos de un segundo, dándole un fuerte puñetazo en una de las flechas, hundiéndola por completo en su cuerpo. La bestia grito fuertemente por el dolor, dando un rápido salto lateral para atacarlo nuevamente con sus garras, pero Bell simplemente respondió dando un pequeño salto hacia atrás justo a tiempo, esquivando el ataque por milímetros, para luego comenzar a bloquear todos los ataques como hace un momento. Aun así, esto duro mucho menos que la vez anterior, ya que Bell comenzó a adelantarse ofensivamente mientras bloqueaba los ataques, para luego darle una gran palmeada con sus dos manos justo antes de que la bestia podría clavarle sus garras. El ataque fue tan fuerte que creo una enorme corriente de aire, mandando a volar un par de metros hacia atrás a la mantícora.

La mantícora cayó de pie, dando gala de su enorme agilidad. Rápidamente recobro una posición ofensiva, aunque esta vez parecía actuar con mucha más precaución, ya que lo estaba acechando, mientras que su cola de serpiente parecía estar preparada para atacarlo.

Después de que la bestia lo estuviera acechando por varios segundos, se abalanzó hacia él con una enorme velocidad, extendiendo una de sus patas para matarlo. Justo antes de que el ataque llegara a su destino, todo se puso en cámara lenta cuando Bell hizo su cuerpo a un lado, y le tomo la pata con su mano, dándole un fuerte apretón que le destrozó todos los huesos. La mantícora parecía no haberse visto muy afectada, por lo que intento comerle la cabeza al albino al tenerlo tan cerca, pero eso no funciono, ya que Bell uso sus dos manos para desviar la cabeza de la bestia en un fuerte golpe, para luego darle una gran patada en el cuello que lo dejo un tanto aturdido. De la nada, la cabeza de serpiente apareció a sus espaldas, con la intensión de darle un gran mordisco que lo dejaría al borde de la muerte debido a su veneno. Aun así, Bell esquivo el ataque justo al último segundo, agachando su cuerpo al mismo tiempo que desenfundaba una de sus dagas, cortándole la cola en el acto.

La mantícora dio un gran salto hacia atrás, temblando de dolor mientras lo miraba con gran miedo.

Bell tan solo lo miro de costado, fijando su mirada atentamente en su enemigo.

La mantícora abrió su boca, comenzando a crear una pequeña bola de fuego.

Al ver esto, Bell se puso de frente y volvió a enfundar su daga, sin quitarle la mirada de encima.

Una bola de fuego tras otra fueron disparadas en dirección a Bell. El albino sonrió ante esto, alzando sus manos para bloquear los ataques. Unas llamas rodearon las manos de Bell, que le permitieron desviar todas las bolas de fuego en diferentes direcciones, sin siquiera despeinarlo un poco. Al ver esto, la mantícora estallo una pequeña bola de fuego entre ellos, creando una gran cortina de humo.

"Ese truco es bastante viejo." Pensó Bell con una sonrisa.

Unas 5 bolas de fuego más salieron de la cortina de humo, siendo todas desviadas nuevamente sin ningún tipo de problemas por el albino.

Y después de eso, todo se puso en cámara lenta nuevamente…

La mantícora apareció atrás de él de la nada, con sus garras extendidas, preparado para cortarlo a la mitad.

La mantícora ensancho lentamente sus ojos en shock cuando vio que Bell lo estaba mirando, aparentemente ya sabiendo lo que tramaba desde un principio.

El albino desenvaino sus dos dagas en un rápido movimiento.

Lo último que la mantícora pudo ver, fue el brillo del metal moviéndose a una velocidad borrosa en múltiples direcciones.

Bell aterrizo detrás de la mantícora, mirándolo sobre sus hombros, viendo que estaba completamente inmóvil. El albino sacudió fuertemente las dagas, quitando toda la sangre de ellas, y justo después de un segundo, una gran cantidad de sangre salió disparada en varias direcciones por el cuerpo de la bestia, cayendo completamente rendida al suelo.

"Buen trabajo." Artemisa asintió satisfecha, para luego dirigir su mirada a la joven que estaba al borde de la inconciencia.

"Lamento haberte causado molestias." Bell le hizo una reverencia, haciendo que Artemisa rodara los ojos y se dirigiera hacia la niña inconsciente. "Si quieres, puedes acabarlo." Le dijo a Annabeth, recibiendo un asentimiento de esta.

Artemisa se posó al lado de la joven, haciendo que el niño la mirara con inseguridad.

"Apártate." Ordenó la Diosa con un tono imponente. Si las miradas congelaran, ahora ese niño estaría completamente congelado.

En vez de acobardarse, el joven frunció el ceño ante la palabra de la Diosa. "… ¿Qué le vas a hacer?" Preguntó con una voz un tanto amenazante, haciendo que Bell alzara una ceja ante esto. "Ya ha sufrido mucho protegiéndome de la caída. ¡No pienso dejarla en las manos de tres desconocidos!"

"¿Ya le hablaron del Campamento Mestizo?" Bell le dirigió su mirada a Annabeth, recibiendo un asentimiento de esta.

"Ellos son Bianca y Nico Di Angelo. Nico no estaba muy de acuerdo en ir al campamento, pero Bianca termino por convencerlo, indicándole que sería más seguro vivir allí." Explicó Annabeth, entregándole una mirada preocupada a la herida Bianca.

"Ya veo… Son hermanos." Todos dirigieron su mirada a Artemisa. Nico se sorprendió visiblemente al ver que los ojos gélidos de Artemisa se habían suavizado en gran medida. "No quiero hacerle daño, solo quiero curarla."

"Puedes estar tranquilo." Nico observo a Bell tras sus palabras. "Ah diferencia de los demás Dioses, Artemisa es razonable, comprensiva y desinteresada. No te pedirá nada a cambio." Artemisa tan solo pudo mirarlo con una linda sonrisa por sus elogios. "Lo único malo es que muestra un gran odio y desconfianza ante los hombres. Pero no debes preocuparte, ya que tu hermana es una mujer." Concluyó con una tonta sonrisa en su rostro.

"Es una buena forma de verlo." Todos miraron a Annabeth, que le estaba entregando una sonrisa discreta a Bell. "Pero, es raro que el que conozca todas sus virtudes y debilidades, sea justamente un hombre. Además de sus Cazadoras, por supuesto."

"¡Está bien, está bien!" Exclamó Nico, levantándose para dejar paso a Artemisa. "Ya lo entendí. Supongo que solo me queda confiar en ustedes."

Annabeth rápidamente tomó del hombro a Bell. "¿Cómo dedujiste que tenía una gran desconfianza en los Dioses? No creo que lo hayas visto, solo por el mero hecho de que sea un Semidiós…" Le susurró al oído, haciendo que Bell le entregara una sonrisa.

"En serio, no se te pasa nada por alto…" Bell fijo su mirada atentamente en Nico, haciendo que su expresión se enseriara un poco. "Solamente pensé que su instinto le haría desconfiar de casi todos los Dioses."

"Pero, ¿Cómo llegaste a esa conclusión?" Preguntó la hija de Atenea con gran curiosidad.

"Por el color de sus ojos." Contestó Bell secamente, haciendo que Atenea se quedara inconforme por la respuesta.

"Eso no tiene ningún sentido…" Pensó Annabeth en voz alta, sin encontrar lógica alguna.

"No tiene ningún sentido, porque no tienes los conocimientos suficientes." Annabeth le entrego una mala mirada tras escuchar su respuesta. "No me refiero a que no seas inteligente." Aclaró rápidamente. "Es solo que los Dioses manipulan cierta información para verse siempre como los buenos de la película. Por suerte, Artemisa me ilustró con todos los libros y con toda la información." Bell le entrego una pequeña sonrisa a Annabeth. "Por esa misma razón, sé que ese chico solamente confía en un Dios."

"¿Y cuál es?" Preguntó Annabeth con gran curiosidad.

Bell se volvió a fijar en su color de ojos, esbozando una media sonrisa. "Hades."

En esos momentos, Annabeth ensancho sus ojos en shock. "¡Espera!" Pensó. "Ese color de ojos… No puede ser…"

Artemisa se encontraba agachada, tocando la frente de Bianca con un pequeño ceño fruncido en su rostro.

"… Tienes suerte… de tenerla." Le dijo Artemisa a Nico, viendo que aparentemente lo había abrazado fuertemente para protegerlo en la caída.

"Lo sé…" Declaró Nico, bajando un poco su cabeza por la condición de su hermana.

Artemisa llevo su mano al bolsillo, sacando un pequeño pedazo de comida dorada de él.

Al ver esto, Annabeth y Bell no pudieron mirar el alimento con sorpresa. "Ambrosia…" Comentaron ambos al mismo tiempo.

"Solo puedo darle la mitad a un mestizo…" Comentó Artemisa a nadie en particular, partiendo lo que parecía ser un brownie dorado a la mitad. "Si consume de más, su cuerpo se incendiara desde adentro hacia afuera…" Artemisa le abrió la boca, entregándole la ambrosia. "Come." Concluyó.

Al escuchar esto, Nico no pudo evitar sudar frio, pero aun así no interrumpió a la Diosa.

Bianca comenzó a masticar lentamente, hasta que finalmente ingirió el alimento de los Dioses.

Nico se vio gratamente sorprendido cuando todas las heridas leves de Bianca desaparecieron, mientras que las heridas un poco más graves ya no eran tan contundentes como antes. De hecho, ni siquiera podían llamarse "contundentes" en estos momentos.

Bianca abrió sus ojos repentinamente, denotando sus ojos negros azabaches profundos, que se asemejaban a un agujero negro. Exactamente los mismos ojos y mirada que su hermano. Exactamente los mismos ojos y mirada que su padre.

Lo primero en que se fijó la joven, fue la mirada calmada de Artemisa que le estaba entregando una pequeña sonrisa.

"Gracias." Bianca sintió la necesidad de agradecerle, sin saber realmente lo que había pasado.

Nico dio un gran suspiro de alivio y se acercó a su hermana, ayudándola a levantarse. "¿Te encuentras bien?" Preguntó un tanto preocupado, viendo que aun tenía pequeñas heridas en su cuerpo.

"Si." Contestó Bianca con una pequeña sonrisa. "Apenas me duelen."

"Cuando llegues al Campamento Mestizo, deberías tratarlas para que no se te infecten." Comentó Artemisa, yendo junto a Bell y Annabeth.

Bianca se quedó mirando un par de segundos a la Diosa, para luego acercarse a ella. "¿Usted es la Diosa de la luna, lo salvaje, la caza, la castidad, la virginidad y las doncellas?"

"Veo que alguien ha hecho su tarea." Comentó Bell con ligera gracia.

"Así es." Artemisa asintió. "¿Necesitas algo?"

Bianca miro a su hermano, para luego entregarle una mirada un tanto tímida a la Diosa. "Me gustaría hablar con su… su Majestad, en privado."

"¿'Su Majestad'?" Artemisa alzo una ceja con una sonrisa en su rostro, haciendo que Bianca se pusiera aún más nerviosa. "No hay necesidad de llamarme así. Simplemente puedes llamarme Lady Artemisa."

"Entendido, Lady Artemisa." Bianca hizo una reverencia para mostrarle respeto, haciendo que Artemisa negara con su cabeza ante la timidez de la mujer.

Artemisa le hizo una pequeña señal con su cabeza a Bell. "Adelántense."

Nico tan solo observo a su hermana con una pequeña pizca de preocupación, siendo contestado con una sonrisa de Bianca, indicando que no se preocupara.

"Supongo que ahora que termino todo, podemos conocernos un poco mejor." Bell abrazo del cuello a Nico, llevándoselo mientras Annabeth los seguía. "¿Cuántos años tienes? Ya sabes… Omitiendo el hecho de que naciste hace más de 80 años."

"¡¿Qué?!" Nico y Bianca gritaron al mismo tiempo tras escuchar su veredicto.

"Hay muchas cosas que no saben." Comentó Bell a los dos jóvenes. "Artemisa, te encargo a Bianca."

"… En serio." Artemisa lo miro con sus ojos entrecerrados. "Tus métodos son demasiado drásticos…"

Bell la señalo con una sonrisa en su rostro. "Dicen que no debe haber secretos entre la familia."

"No me pidas ayuda cuando nuestro padre se enoje." Comentó Artemisa, cruzándose de brazos mientras esbozaba una pequeña sonrisa.

"Me basta con que veas como le pateo el trasero. Si es que tiene pensando interrumpir, por supuesto." Comentó Bell con ligera gracia, haciendo que Artemisa aumentara aún más su sonrisa ante sus palabras. "Y él no es mi padre." Concluyó, con una mirada que indicaba que estaba harto de repetirlo.

"Por supuesto, hermanito." Artemisa posiciono ambas manos en su cintura mientras esbozaba una sonrisa burlona en su rostro.

Nico y Bianca estaban escuchando su extraña conversación con ambas cejas alzadas.

"Después tendrán tiempo de su… extraña pelea de hermanos." Annabeth los interrumpió. "Ahora me gustaría volver lo mas rápido posible al campamento. Los demás deben estar preocupados."

"Tiene razón." Artemisa asintió.

"Vámonos, amigo. Te contare todo lo que sé." Declaró Bell, arrastrando a Nico consigo.

"¿Y bien?" Artemisa le alzo una ceja a la niña. "¿De qué querías hablar?"

Bianca nuevamente no pudo evitar desviar su mirada por su timidez, pero aun así su rostro optó por una expresión seria.

SALTO DE LINEA.

"… No puede ser…" Nico tenía los ojos bien abiertos, tras escuchar su pasado. El asesinato de su madre en manos de Zeus, y como Hades los ocultó y protegió de su hermano, borrándoles la memoria y mandándolos a vivir en el Hotel Casino Loto, en donde los años podían pasar sin que siquiera te des cuenta.

"¿No me crees, después de todo lo que has visto?" Preguntó Bell con una ceja alzada.

"No es eso…" Nico se llevó una mano al mentón. "Ahora todo encaja… Los monstruos que nos encontramos anteriormente, todos los cambios en Washington, el hombre con cuernos de cabra que conducía aquel automóvil..." Nico ensancho sus ojos a más no poder. "Solo… todavía no puedo asimilar que hayan pasado más de 80 años, y especialmente… qué tenga un padre vivo, y que él sea el mismísimo Hades."

"Creo que ya viene siendo hora del reencuentro, ¿no te parece?" Le preguntó Bell con una pequeña sonrisa.

"Un reencuentro… con mi padre." Nico no pudo evitar que sus ojos brillaran con gran emoción ante lo escuchado.

"Por tu actitud, veo que se te será bastante fácil integrarte en el Campamento Mestizo." Agregó Annabeth con una pequeña sonrisa.

"¡¿Cómo es el Campamento Mestizo?! ¡¿Cuantos Semidioses ahí?! ¡¿Se encuentran otros tipos de seres mitológicos?! ¡¿Cuáles?! ¡¿Qué actividades realizan?! ¡Y lo más importante, ¿alguno sabe jugar a Mitomagia?!" Los ojos de Nico brillaron con gran intensidad, demostrando su gran curiosidad.

"¡Wow!" Exclamó Annabeth con sus manos alzadas en defensa, debido al enorme aluvión de preguntas.

"Por lo visto, ya has tomado una gran confianza en muy poco tiempo." Bell sonrió ante su actitud explosiva.

"Oye, ¿eres novia del hijo de Poseidón?" Preguntó con gran curiosidad.

"¡¿Qué?!" Un sonrojo estallo en el rostro de Annabeth. "¡Por supuesto que no!"

"¿De quién eres hijo?" Nico rápidamente dirigió su mirada a Bell tras la respuesta de Annabeth.

"Soy hijo de Zeus y Hera. En realidad, soy un Dios." Mintió, obviamente para ocultar el secreto.

La mirada de Nico se apagó un poco. "Hijo de Zeus…"

"Cuando quieras, te ayudo a darle una golpiza por lo que le hizo a tu madre." Bell contestó rápidamente, haciendo que una enorme sonrisa apareciera en el rostro de Nico.

"¡Eso suena genial!" Contestó, para luego ponerse un poco serio. "Pero, no es necesario. Ya ha pasado mucho tiempo, y la verdad es que no recuerdo nada sobre mi madre. Además, mi padre ya hizo demasiado para mantenerme alejado de la furia de Zeus. Sería una estupidez arrojar todo su trabajo a la basura."

"Eres mucho más inteligente de lo que pensé en un principio…" Declaró Annabeth, cruzándose de brazos con sorpresa ante la respuesta del hijo de Hades.

Nico se llevó su mano hacia su nuca con una sonrisa tímida en su rostro. "No sé si sentirme alagado por ello…"

"Ahora que la cosa se calmó, debo decir que me alegra verte bien, Annabeth." Bell le dirigió una pequeña sonrisa.

"Lo mismo digo." Contestó, devolviéndole la sonrisa. "Han pasado 8 largos meses desde la última vez que nos vimos…"

Nico miró entre ellos con gran curiosidad. "¿Ustedes si son novios?"

"Oye…" Un pequeño tic apareció en la ceja de Annabeth. "Para tener la apariencia de un muchacho de 17 años, pareces un niño de 10 años."

"Tomare eso como un no…"

"Déjalo." Declaró Bell con una sonrisa, poniendo una mano encima de la cabeza de Nico. "Es normal que sienta tanta curiosidad. Yo también me pondría de esta manera, si de un día para el otro descubriera que los cerdos pueden volar."

"¡¿Los cerdos pueden volar?!" Nico preguntó completamente asombrado.

"Solo era una metáfora…" Bell puso los ojos en blanco.

"Ya hemos terminado." Artemisa apareció junto con Bianca, haciendo que todos las miraran.

"Esa sonrisa…" Pensó Bell, entrecerrando sus ojos. "Conozco las sonrisas de Artemisa bastante bien… ¿De que estuvieron hablando?" Bell fijo su mirada en Bianca, viendo que la mujer no podía dirigirle su mirada a su hermano por algún motivo.

"¿Ya podemos ir al Campamento Mestizo?" Nico tomó a su hermana de la ropa, mirando atentamente a Artemisa.

"Si." Artemisa asintió. "Los llevare allí, pero debó volver para ir con Bell."

"¿Por qué no vamos todos juntos y ya?" Preguntó Annabeth, alzando una ceja.

Artemisa dio un pequeño suspiro, fijando su mirada en la hija de Atenea. "Tenemos un gran, gran problema para hacer eso."

"Digamos que podríamos hacer estallar la barrera, si es que no llegamos de una forma normal." Agregó Bell, haciendo que todos lo miraran con gran curiosidad, especialmente Annabeth.

"… ¿Qué se tiene entre manos?" La hija de Atenea se preguntó internamente, aunque finalmente lo dejo ir. Lo más seguro es que se enteraría cuando llegaran.

SALTO DE LINEA.

"Te lo dije." Declaró Luke, sentado en un bar, junto con una gran cantidad de personas. "Lo mejor es encontrar el momento justo para atacar. No hacerlo a lo loco."

"Hm… Eres bastante valiente para tratar a nuestro jefe de esa forma." Comentó un pelirrojo bastante delgado, con la mitad de su cabeza rapada.

"¿Muy valiente?" El sujeto que media casi dos metros y bastante musculoso con un cabello largo y lizo con coleta. Habló "Yo diría que es un idiota." El hombre con la mitad de su cabello teñido de azul se burló, haciendo fondo blanco con su cerveza.

Unos pasos pesados que hacían temblar el bar se presentaron en la habitación, haciendo que Luke mirara hacia atrás, para ver una enorme figura de unos tres metros que parecía tener unos músculos impresionantes. "¡Ja ja ja ja! ¡Eres muy gracioso, mocoso!" El hombre de voz gruesa se burló. "Te deje bien en claro que no me uní a ti. Simplemente quiero acabar con mi medio hermano para hacerle ver a mi padre que yo soy el verdadero Chico de la Profecía." La enorme mano se posó en el hombro de Luke, aunque este no pareció inmutarse. "Yo lo haré como YO quiera hacerlo. ¿Entendiste eso, oh necesitas que te arregle los oídos?" Un pequeño apretón en su hombro hizo que Luke frunciera un poco el ceño por el dolor.

"Recuerda que necesitamos a Artemisa." Declaró el rubio rápidamente. "No estamos seguros de que Bell pueda sostener algo tan pesado, así que él es todo suyo. Solo te pido que te acoples al plan, de esa forma será más sencillo para todos."

"…" La enorme sombra quitó su mano de Luke. "¿Estás seguro que Bell ira a rescatarla?"

"El nunca abandonaría a un compañero. Esa es su mayor debilidad." Explicaría el rubio, bebiendo su cerveza. "Si capturamos a Artemisa, todo lo demás no importa. Puedes enfrentarte a él cuando vaya a rescatarla." Luke agito su mano con desdén, indicando que no le importaba lo que hiciera después.

"Hm… Pensé que sería buena idea secuestrar a uno de sus amigos del Campamento Mestizo." Declaró la enorme sombra. "Pero sin duda alguna, será mucho mejor llevarnos a alguien que es aún más cercano a él. Seguramente captaremos su atención." Finalizó, con una voz un tanto macabra. "Pero, ¿Cómo encontraremos un momento justo para secuestrar a Artemisa? Aunque me moleste admitirlo, mi media hermana es mucho más fuerte que yo."

Luke terminó de beber su cerveza, dejando caer fuertemente el vaso en la barra. "No importa que tan fuerte o inteligente seas. Todos bajan la guardia en un largo periodo de paz." Luke fijo su mirada en el hombre gigante. "Cuando entremos en acción, serás uno de los primeros en saberlo."

"Me parece correcto." Declaró el pelirrojo, levantándose de la barra junto con el otro hombre.

"Nos estaremos viendo cuando llegue ese momento." Declaró el hombre que tenía la mitad del cabello azul, despidiéndose.

"Vamos, Ulises, Ajax. Tengo que asegurarme de que puedan combatir mano a mano con las Cazadoras, porque es obvio que supondrán un problema. Y no quiero que ellas estorben durante mi combate contra mi pequeño hermano." Declaró el hombre gigante, marchándose junto a sus dos seguidores.

Una mujer rubia que estaba sentada cerca de Luke lo miro con una ceja alzada. "¿Crees que un Dios Menor pueda contra el supuesto Chico de la Profecía?" Preguntó, jugando con su cuchillo.

"Creo que no podrá contra un Titán." Contestó Luke con simpleza, recibiendo una mirada muy impresionada de la mujer.

"Vaya respuesta…" La rubia le dirigió una gran sonrisa. "Entonces, ¿no tienes miedo de perder aliados tan fuertes?"

"El plan ya se había hecho antes de que ellos se integraran. No los necesito." Contestó Luke con un poco de frialdad. "Y si Bell llega a la Isla y lo derrota, después tendrá que enfrentarse a miles de semidioses y monstruos estando muy cansado. No tiene posibilidad, porque son muy pocos." Declaró el rubio con seguridad.

"Ya veo… Si se me da la posibilidad, lo matare." Declaró la rubia con una sonrisa un tanto psicópata en su rostro.

"Preferiría capturarlo vivo, Claudia." La respuesta tomó por completa sorpresa a la rubia. Luke alzó su mirada, poniéndose completamente serio. "Me gustaría demostrarle que mi método es el correcto, y que no estoy equivocado." Luke juntó sus manos, apretándolas fuertemente. "No me gustaría, tengo que hacerlo. Se lo debo." Pensó el rubio, recordando cuando Bell le devolvió las llaves del crucero.

SALTO DE LINEA.

Dorazal observo como Bell y Artemisa aparecían entre los árboles, platicando con una sonrisa en sus rostros.

"¿Te apetece dar un vuelo?" Bell le preguntó a la Diosa, haciendo que Artemisa lo mirara con cierta desconfianza.

"¿Volar encima de él?" Artemisa le entrego una mirada muy dudosa. "Este tipo de dragones son muy conflictivos. No dejan que nadie los monte, exceptuándote, claro."

"Pero eres la Diosa de lo salvaje." Bell dio su punto, haciendo que Artemisa lo mirara con ligera intriga. "Dorazal es una viva imagen de ello. Estoy seguro que podrías llevarte bien con él."

"… No lo sé…" Contestó Artemisa con claras dudas en su voz de si esto era una buena idea.

Bell tomó la mano de Artemisa, haciendo que la Diosa le entregara una mirada que denotaba su sorpresa. "Confía en mí." Declaró con un tono muy tranquilo.

Finalmente, Artemisa sonrió y decidió confiar en él.

Bell llevó lentamente la mano de la Diosa hacia Dorazal, haciendo que el dragón se mosquee un poco en un principio.

Artemisa pareció asustarse un poco, pero Bell se posiciono detrás de ella, dándole un apoyo moral que le hizo sentirse cómoda nuevamente.

"No te asustes. No tienes por qué temerle." Comentó Bell. El tono tan relajante y llevadero de Bell hizo que Artemisa se destensara y se apoyara en el cuerpo de Bell con gran satisfacción, sintiendo como su espalda estaba completamente protegida.

Dorazal comenzó a respirar un poco más acelerado al ver como la mano de la mujer se acercaba lentamente a él. El dragón no pudo evitar impresionarse un poco al ver como su compañero y la mujer que sostenía en sus brazos parecía estar muy relajados al estar tan juntos.

Rápidamente la hostilidad fue superada por la gran curiosidad. El dragón bajo cautelosamente su cabeza.

Artemisa cerró fuertemente sus ojos, pero se sorprendió cuando Dorazal solamente la estaba olfateando.

"¿Lo ves?" Bell le susurró al oído. "Dorazal sabe que eres tan salvaje como él…" Declaró con un tono ligeramente burlesco, que hizo reír a Artemisa.

Cuando el dragón dejo de olfatear a la Diosa, él posiciono su hocico en la mano de Artemisa y cerro sus ojos, dejándose llevar por el toque.

Artemisa no pudo evitar sorprenderse, por lo que se quedó completamente inmóvil.

Bell aprovechó que aun sus manos estaban en contacto, así guiándola para que acariciara su hocico.

Bell miró como una bella sonrisa aparecía en el rostro de Artemisa, haciendo que se quedara completamente satisfecho ante la vista.

El abrió sus ojos y arrastro a Artemisa con su hocico en un gesto cariñoso, haciendo que Bell y Artemisa terminaran aún más juntos que antes.

La mano de Bell rodeaba la cintura de la Diosa, y lo unido que estaba los hacían ver como si fueran una linda pareja.

"Bueno… ¿Qué dices si nos montamos?" Le preguntó Bell, separándose de la Diosa.

"Me parece una buena idea." Artemisa le respondió, sin borrar esa hermosa sonrisa de su rostro que le hacía sentir tan feliz a Bell.

Bell se montó en el inicio del cuello del dragón, mientras que Artemisa lo hizo casi en el final.

Dorazal dio un fuerte rugido antes de comenzar a volar.

Bell tan solo pudo sonreír al ver como el cabello negro rojizo de Artemisa ondeaba libremente por el aire.

"Oye, ¿no es para el otro lado, Dorazal?" Artemisa le dio un par de palmaditas cariñosas en el rostro al dragón.

Una mirada un tanto traviesa se divisó en los ojos de Dorazal, para que después de un segundo frenara abruptamente, tomando por sorpresa a sus dos pasajeros.

Bell pudo sostenerse, mientras que Artemisa termino cayendo encima de él. El albino la atrapó firmemente con sus brazos, cargándola como si se tratara de una princesa.

"¡Ten más cuidado con esos movimientos, compañero!" gritó Bell con los ojos bien abiertos, sin ver como una sonrisa burlona se dibujaba en el rostro del dragón.

Dorazal dio rápidamente la media vuelta, volando con gran tranquilidad.

"Lo siento, Artemisa. Si quieres, podemos cambiar de posiciones…" Bell se vio interrumpido cuando Artemisa recostó su cabeza en su pecho, indicando que no quería moverse del lugar.

Bell tan solo pudo sonreír ante esto, apoyando una de sus manos en el hombro de la Diosa, haciendo que ambos se sintieran aún más y más unidos.

SALTO DE LINEA.

"¿Cómo pudieron ser tan irresponsables?" Les preguntó Dionisio a todos los recién llegados, incluyendo a las Cazadoras.

"¡Ya te dije que Thalía fue la que controlo el carro!" Se escaso Percy, señalando a la mencionada.

"¡Y tú me dijiste que lo hiciera!" Le gritó Thalía, con clara ganas de matarlo.

Ella no era la única, ya que Dionisio parecía tener ganas de pulverizarlo, pero de alguna forma, Quirón había logrado calmar un poco al Dios furioso.

Su conversación fue interrumpida, cuando una enorme sombra se presentó en el cielo, viendo como un enorme dragón dorado pasaba por los cielos.

"Wow…" dijeron todos los campistas al unísono, impresionados ante la vista.

Todos se pusieron en alerta al ver que Dorazal aterrizo justo en frente de la barrera, fijando su mirada en todos los que estaban cerca de su posición. Aun así, la tensión se disipó al instante cuando vieron que Artemisa y Bell bajaron del enorme dragón de un pequeño salto.

"Lo siento, Dorazal." Bell le acaricio el rostro, junto con Artemisa. "La barrera no permite que entre ningún monstruo. Tendrás que quedarte aquí afuera, hasta que volvamos a salir."

El dragón simplemente respondió con un pequeño bostezo, enrollándose como una bola para dormir.

"¡Asombroso!" Grover y Nico gritaron al mismo tiempo, haciendo que ambos se miraran con una ceja alzada.

"Me hubiera gustado tener un reencuentro mucho más grato con ustedes, pero parece que no estamos destinados a tenerlo." Declaró Bell con cierta gracia, acercándose a sus amigos junto con Artemisa.

"Tienes razón." Contestó Grover con una sonrisa. "Hasta ahora, siempre hemos tenido unos reencuentros de cojones." Concluyó, estrechando fuertemente su mano con la de Bell.

"¿Cómo están las cosas en el campamento?" Preguntó Bell, estrechando fuertemente su mano con la de Percy.

"De momento, está todo muy tranquilo." Le contestó Percy, devolviéndole la sonrisa.

"Estaba todo muy tranquilo, hasta hoy." Dionisio interrumpió el reencuentro con una mirada sebera en su rostro, haciendo que Bell se sorprendiera, ya que nunca lo había visto tan enojado.

"¿Qué sucedió?" Preguntó Bell con gran curiosidad.

"Incendiaron gran parte de Nueva Inglaterra." Respondió el Señor D, haciendo que Bell pusiera una cala de palo al instante.

"Apollo, eres un idiota." Artemisa susurró por lo bajo, solo siendo escuchada por sus Cazadoras y Bianca, que estaban a su lado.

"Me hubiera gustado ir en ese carro de fuego. Suena increíble…" Pensó Nico en voz alta, llamando la atención de Dionisio.

"Es cierto. Ustedes dos son hijos de Hades, los nuevos campistas." Nico asintió con una sonrisa, mientras que Bianca tan solo miro hacia otro lado. "Quirón, ¿te gustaría enseñarles el Campamento Mestizo, y de paso indicarles en la Cabaña que se hospedaran de ahora en adelante?" Percy y Thalía suspiraron internamente, al ver que Dionisio parecía haber olvidado todos los estragos que causaron.

"Encantado de hacerlo, Señor D." Contestó Quirón con una media sonrisa, haciendo una señal con su cabeza a los nuevos. "Síganme."

Nico rápidamente se acercó al centauro, pero Bianca dio un paso hacia atrás, haciendo que todos la miraran con confusión.

"¿Qué sucede, hermana?" Le preguntó Nico. Sabía que Bianca era una chica que le costaba un poco comunicarse, pero nunca la vio actuar de una manera tan extraña.

"Ella no ira contigo." Declaró Artemisa con seriedad, haciendo que todos la miraran con sorpresa. "Ahora, Bianca pertenece a las Cazadoras."

Los ojos de Nico se agrandaron, demostrando un claro sentimiento de abandono en su mirada, mientras que Talía y Percy se vieron claramente disgustados ante la idea.

"Pero…" Nico dio un paso hacia ella, con un tono muy cabizbajo. "¿Por qué…?" Bianca tan solo bajo su mirada, sin la fuerza de poder mirarlo a la cara.

"¿Lady Artemisa te obligo?" Thalía dio un paso adelante, entregándole una mala mirada a la Diosa. Artemisa tan solo le frunció el ceño ante sus palabras, pero decidió que Bianca le respondiera con sus propias palabras.

"No…" Bianca alzo su mirada, fijándola en Thalía. "Lo decidí por mí misma."

Thalía la miró con gran disgusto, para luego mirar a Nico con lastima.

¿Por qué lo abandonaría, después de haberlo protegido y estar al lado suyo durante tanto tiempo?

Percy apoyó su mano en el hombro de Nico, dándole apoyos al chico que estaba muy afectado visiblemente.

Al ver que el ambiente se puso demasiado tenso, Annabeth decidió romper la tensión de inmediato. "Cuando luchaste contra la mantícora…" Annabeth fijo su mirada en Bell. "Demostraste una habilidad impresionante. Algo que nunca demostraste el poco tiempo que estuviste en el campamento. Fue increíble."

"Bueno…" Bell se cruzó de brazos, entregándole una pequeña sonrisa. "Siempre intento acoplarme al nivel del enemigo para hacer que la batalla sea un poco más interesante." Al escuchar esto, los campistas no pudieron evitar mirarlo con gran curiosidad.

"¿Y qué tan fuerte eres realmente?" Preguntó Percy por todos, haciendo que Bell mirara a Artemisa.

"Solo conozco a alguien que puede obligarme a liberar todo mi potencial." Al saber que se refería a ella, Artemisa no pudo evitar sonreír de forma desafiante. "¿Sabes algo? Está conversación me ha hecho acordar que ya pasaron más de 9 meses desde nuestro primer combate…"

"Acepto." Artemisa interrumpió, sabiendo lo que iba a pedirle. "Yo también tengo muchas ganas de volver a enfrentarme a ti." Concluyó de una forma desafiante.

"Tengo que ver esa pelea." Comentó Dionisio, con un interés que era raro de encontrar en él.

"Lo mismo digo." Comentaron todos al unísono, incluyendo a las mismas Cazadoras, que aun recordaban esa estupenda batalla como si hubiera sido ayer.

"Vayamos a un lugar alejado del campamento." Señalo Artemisa. "No me gustaría destrozar cosas por accidente."

"Tienes razón." Bell estuvo de acuerdo con ella, haciendo que todos se dirigieran al interior del bosque.

Ninguno de ellos se dio cuenta que la Capitana de la Cabaña de Afrodita los estaba escuchando atentamente.

SALTO DE LINEA.

Bianca miró a su hermano por un corto segundo, recibiendo una mirada disgustada del mismo. Ella no pudo evitar bajar su mirada con tristeza. Cuando desvió su mirada, Nico no pudo evitar sentirse un poco mal tras ver su mirada.

"Muy bien." Bell piso fuertemente el suelo, dejando que el aire ondeara su cabello con libertad entre los árboles.

"Veamos cuanto has mejorado." Artemisa bajo de un árbol con un pequeño salto, cayendo con los brazos cruzados mientras una sonrisa desafiante se dibujaba en su rostro. Su cabello ondeaba al compás de las hojas, dándole una apariencia hermosa, pero imponente al mismo tiempo.

"Un Dios contra otro Dios…" Pensó Thalía con ligera emoción. "¿Cómo será un combate entre dos seres tan fuertes?"

Bell saltó repentinamente hacia la Diosa, haciendo que todos ensancharan sus ojos en shock cuando el albino se desplazó como un rayo blanco al lado de la Diosa.

Todos se impresionaron aún más cuando Artemisa había inclinado su cuerpo hacia un costado, esquivando el golpe que iba a su rostro sin ningún tipo de problemas.

Seguido de eso, Artemisa y Bell chocaron fuertemente sus puños, haciendo que una inmensa ventisca se elevara por todo el lugar, obligando a todos a cubrirse.

La verdadera batalla comenzó cuando Bell arremetió sin ningún tipo de piedad en contra de la Diosa, con una gran cantidad de puñetazos fugases, que Artemisa desviaba y bloqueaba sin parar con una gran clase tras sus movimientos. Bell esquivaba su contraataque cuando tenía la posibilidad de atacarlo. Artemisa rápidamente comenzó a retroceder mientras se cubría, haciendo que las ventiscas y leves temblores se intensificarán por cada golpe que impactaba. Una gran sonrisa se dibujó en el rostro de Artemisa cuando intento darle una patada, siendo esquivada por Bell con un salto. El albino intento devolverle la patada, siendo esquivaba por la Diosa con un gran salto lateral, montándose encima de los árboles y comenzando a saltar de uno en uno a una enorme velocidad. Bell rápidamente la siguió, con la idea de no dejarla descansar.

Dionisio parecía ser el único que no se veía impresionado ante la velocidad y fuerza sónica de ambos, mientras que todos los demás apenas podían seguirlos con la mirada, sin poder creer lo que estaban presenciando.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Artemisa cuando utilizó el último árbol para pegar un salto hacia la dirección de Bell, haciendo que el albino pestañeara con incredulidad. Debido a la sorpresa, no le dio el tiempo para reaccionar y cubrirse, recibiendo un fuerte golpe en su rostro que lo desestabilizó por completo, comenzando a caer al suelo. Bell abrió sus ojos justo en el momento que Artemisa apareció a sus espaldas, esquivando una patada en el aire agachando su cuerpo. Bell intento contratacar dando una voltereta en el aire, dirigiendo una fuerte patada al mentón de la Diosa, que logró esquivar gracias a que activo su vuelo. Bell aterrizo en el suelo y pegó un salto de inmediato que agrietó un poco el suelo debido a la fuerza utilizada. Bell comenzó a tirarle numerosas patadas mientras continuaban ascendiendo en el aire, siendo todas esquivadas por Artemisa.

"¿Sabes algo?" Artemisa le preguntó, cubriendo todos sus puñetazos con sus manos. "La última vez no había volado, y puedo notar una gran diferencia." Explicó, propinándole un fuerte puñetazo en su estómago, haciendo que Bell gritara de dolor. Después de eso, un aluvión de puñetazos le llego en diferentes partes del cuerpo a Bell que le fue imposible de esquivar, finalizando con una fuerte patada en su estómago que le hizo escupir una gran cantidad de sangre. "Por ley de gravedad…" Artemisa se elevó un poco más por arriba de Bell, aprovechando que el impulso de su salto ya había acabado, sumando el hecho de que aún estaba muy resentido por la fuerte patada. "Todo lo que sube…" Artemisa junto sus manos, apretándolas fuertemente. "¡Tiende a bajar!" Concluyó, dándole un fuerte golpe en la cabeza que lo mando directamente al suelo, generando un cráter en el lugar.

Cuando el polvo se disipó del lugar, incluso la misma Artemisa se sorprendió de ver a Bell con un aura de fuego que lo rodeaba por completo, mientras se limpiaba la sangre de su boca.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro cuando salto a una velocidad absurdamente alta, generando un enorme cráter a sus pies. Artemisa ensancho sus ojos con gran sorpresa ante lo presenciado, ya que Bell había llegado en frente de ella en menos de un segundo, gracias a que uso las llamas como propulsor.

La Diosa no pudo esquivar el fuerte puñetazo que le hizo escupir una pequeña cantidad de sangre dorada. Bell aprovechó el aturdimiento de la Diosa, dándole múltiples golpes cortos en el rostro a una velocidad impresionante, haciendo que Artemisa comenzara a recibir quemaduras en su mejilla. Bell finalizó su ataque con una fuerte patada en su mentón que la mando a volar.

Bell aterrizo sobre un árbol, para luego pegar un gran salto hacia la dirección de la Diosa, haciendo que el árbol se agitara considerablemente. El albino se acercó rápidamente a ella con la esperanza de no darle ni un respiro, pero Artemisa abrió sus ojos justo antes de que Bell llegara a ella, recomponiéndose al instante y propinándole una fuerte patada en la mejilla, que lo mando a volar. Los ataques de la Diosa no acabaron allí, ya que voló rápidamente en su dirección, dándole un fuerte cabezazo en el pecho, finalizando con un fuerte codazo en su estómago que lo mando directo al suelo nuevamente, generando un estruendo incluso mayor que el anterior.

Cuando el polvo se disipó, Bell ensanchó sus ojos con gran sorpresa al ver como Artemisa estaba utilizando un arco que estaba hecho de una energía plateada. Eso no termino allí, ya que una flecha de la misma energía se materializo de la nada en el arco, que rápidamente fue disparada en su dirección. La velocidad fue tan sorprendente que Bell se vio obligado a usar el aura de llamas nuevamente para esquivar la flecha de energía, ensanchando sus ojos en shock al ver la enorme explosión que generó un pequeño ataque como ese. El albino no tuvo descanso, ya que Artemisa arrojo otra flecha de energía a una velocidad alucinante, siendo esquivada por Bell de milagro, gracias a que levantó el brazo.

"Supongo que no tengo otra opción…" Pensó Bell, viendo como un simple roce de aquella flecha aparentemente indefensa le destrozo la mitad de su vestimenta superior por completo, además de propinarle un gran corte al costado de su abdomen.

"No puedes moverte mientras estas en el aire." Pensó la Diosa con una sonrisa, cargando su última flecha. "Espero que Apollo pueda curarte rápido…"

Artemisa no tuvo tiempo de arrojar la flecha, ya que Bell se movió a una enorme velocidad en el aire, llegando a ella en menos de un segundo. Artemisa pestañeo en shock, y no pudo responder ante el fuerte golpe que recibió en su mejilla. Bell volvió a moverse misteriosamente en el aire, rodeándola por la espalada y propinándole una fuerte patada doble que la mando a volar aún más alto.

Artemisa abrió sus ojos y apretó fuertemente los dientes, deteniéndose en seco. Rápidamente miro hacia abajo, viendo como Bell se movía libremente por el aire y ya iba tras ella. La Diosa cargó con una flecha nuevamente, pensando que le daría en el blanco sin problemas. Pero Bell se desplazó hacia un costado a una enorme velocidad.

"¡Está usando el control sobre sus llamas para moverse en el aire!" Artemisa descubrió el truco cuando vio como las llamas de Bell se propulsaron fuertemente hacia un costado, pero ya era demasiado tarde.

Artemisa arrojó su flecha, fallando a su objetivo ya que Bell apareció de la nada en frente suyo, propinándole una fuerte patada que la mando directamente contra los árboles, destrozando a una gran cantidad de ellos en el proceso.

Bell rápidamente se dirigió en donde cayó la Diosa, haciendo que se generara una pequeña explosión de fuego y luz plateada.

"¿No crees que deberíamos intervenir?" Preguntó Zoe con una pequeña sonrisa, viendo la expresión que tenían todos los campistas y la nueva integrante.

"Déjalos." Declaró Phoebe con una sonrisa. "Se ve que lo están disfrutando." Concluyó, viendo como pequeñas explosiones se visualizaban en el interior del bosque.

"Solo espero que no causen un incendio tan grande." Agregó Dionisio, dando un pequeño suspiro ante la idea.

SALTO DE LINEA.

"Oye…" Zoe estaba junto a las Cazadoras, todas sentadas mientras esperaban a Bell y Artemisa. "¿No crees que están tardando demasiado?" Preguntó la Lugarteniente, viendo que ya había pasado casi una hora.

"Es cierto. Incluso Dionisio ya se aburrió y se fue a hacer sus tareas." Comentó Phoebe, mirando que solamente quedaban Nico y Annabeth en el lugar.

"Deberíamos ir a buscarlos, por si las dudas." Agregó Bianca, recibiendo un asentimiento de las demás.

"¿Qué hacen?" Preguntó Nico, viendo que las Cazadoras se levantaban.

"Los buscaremos." Declaró Zoe, mirándolo de reojo. "Ustedes dos pueden volver."

"Esperen." Todas las Cazadoras le entregaron una mala mirada a Nico, a excepción de su hermana. "Por lo menos, ¿Puedo despedirme de ella?" Zoe y Phoebe se miraron entre sí por unos pocos segundos.

"Que sea rápido." Ordenó Zoe, dejando que Bianca se fuera a despedirse.

Bianca se acercó a Nico, con la mirada gacha.

"… No sé porque te uniste a las Cazadoras." Nico inicio la conversación con una mirada ligeramente herida. "Pero si es algo que tú misma decidiste, solo puedo desearte lo mejor." Bianca observó a su hermano con gran sorpresa. "Buena suerte." Concluyó, dándose media vuelta para marcharse.

Bianca no pudo evitar sonreír ante las palabras de su hermano. Ella alzo un poco su mano, como gesto de despedida.

"¡Bien!" Zoe la llamó, poniéndose seria. "Ya es hora. Lilia y Brilia irán al lugar donde se vio la última explosión. Nosotras iremos hacia los extremos para asegurarnos de que el combate no se haya desplazado silenciosamente hacia esos lugares." Zoe fijo su mirada en Bianca, entregándole una sonrisa para relajarla. "No te preocupes, Bianca. Sé que estarás un poco nerviosa al principio, pero no tengo dudas de que te integraras bien." Bianca tan solo le sonrió con cierta timidez ante sus palabras.

SALTO DE LINEA.

"Creo que se nos fue un poco de las manos…"

"Tienes razón. No puedo moverme…"

Bell y Artemisa se encontraban en un pequeño cráter, tirados en el suelo en un paisaje algo destrozado y quemado debido a su batalla.

El albino giró su rostro para ver a la Diosa. "¿Por qué no usaste tu forma divina?"

"Recuerda que está prohibida usarla en el mundo mortal." Artemisa le dirigió una sonrisa cansada. "Pero, que yo recuerde en ningún momento te prohibí que usaras ese poder blanco que hace sonar unas campanas de fondo."

"No pude activarlo." La respuesta de Bell hizo que Artemisa lo mirara con ligera sorpresa. "Cuando combatí por primera vez contra ti, sentí que una gran adrenalina recorría por todo mi cuerpo. Una adrenalina que nunca había sentido antes. Por eso, tengo la hipótesis de que solo puedo activarlo cuando siento una emoción única y muy fuerte. Como lo hacía en un principio…"

Artemisa alzo su mirada al cielo, mirando como las nubes pasaban con gran calma. "Ya veo…"

El silencio abrumó por completo el lugar…

Un silencio muy cómodo para los dos…

Un silencio tan cómodo, que llenaba el ambiente de paz…

Esa era la paz, antes de la tormenta…

Los ojos de Bell se agrandaron cuando un enorme ciclope con armadura apareció de la nada entre los árboles quemados. El albino pudo moverse de alguna forma, bloqueando el enorme espadazo del monstruo con una de sus dagas, pero no pudo evitar salir volando.

"¡BELL!" Artemisa gritó fuertemente, poniéndose de pie con un poco de dificultad. Observo con horror como el enorme ciclope se dio media vuelta para mirarla, mientras que una gran cantidad de semidioses y escorpiones gigantes iban tras Bell.

"En serio…" La voz muy conocida se escuchó entre los árboles. "Que fácil nos dejaron las cosas." Comentó Luke, con una pequeña sonrisa en su rostro.

"Tú…" Artemisa siseó con gran veneno en su voz, comenzado a expulsar un poco de su poder divino.

"Wow, wow, wow…" Luke agito sus manos en defensa. "Yo no haría nada estúpido si fuera tú."

Lilia y Brilia aparecieron con Ajax y Ulises amenazando el cuello de las niñas con sus espadas, haciendo que la Diosa ensanchara sus ojos con horror.

"¡Déjalas…!" Ordenó Artemisa, dejando de convocar su poder divino.

"Creo que ya comenzamos a entendernos." Comentó Luke con cierta gracia, para luego asentir a los dos hombres, haciendo que les den un fuerte golpe en la nuca a las niñas que las dejo inconscientes.

"¡Maldito…!" Artemisa gritó con gran enojo, siendo capturada por sus brazos por un enorme hombre musculoso. La Diosa ensancho sus ojos en shock y miró hacia arriba, distinguiendo el rostro del sujeto. "¡Tú…! ¡¿Por qué nos traicionaste?!"

El enorme hombre le dio un fuerte golpe en la nuca, que levanto una gran ventisca alrededor.

La visión de Artemisa se puso borrosa por semejante golpe, sumando el hecho de lo dañada que estaba por el combate previo. Ella cayó completamente inconsciente en tan solo un segundo.

"¿Qué hacemos con las mocosas?" Preguntó Ajax, con clara intenciones de matarlas.

"No podemos perder más tiempo." Explicó Luke con seriedad. "Debemos irnos ahora, antes de que Dionisio se entere de que estamos aquí."

Ajax y Ulises miraron a su jefe, esperando su respuesta.

"Me parece bien. Mientras pueda matar a mi pequeño hermano, lo demás no importa." Declaró el sujeto, haciendo que los dos soltaran a las niñas, y se fueran corriendo rápidamente junto con el ciclope gigante.

Luke sacó su celular rápidamente, marcando un número. "¡Claudia, el objetivo ya fue capturado! ¡Retírate antes de que aparezcan las Cazadoras!"

"De acuerdo." Claudia guardó su celular, esbozando una pequeña sonrisa tétrica ante la vista.

Bell estaba esquivando a duras penas a los escorpiones gigantes y a los semidioses, hasta que finalmente un escorpión le tomó el brazo con una de sus tenazas.

"¡ARRRRRGHHHHH!" Bell gritó fuertemente cuando su brazo fue completamente destrozado por la tenaza, quedando al borde de la inconciencia.

"El jefe dijo que nos marchemos. Las Cazadoras más fuertes están a punto de llegar." Declaró Claudia, haciendo que el escorpión arrojara fuertemente a Bell en contra de un árbol. El albino no pudo evitar escupir una pequeña cantidad de sangre ante el impacto.

Todos se marcaron rápidamente del lugar, dejando a Bell completamente solo.

El albino intento levantarse, pero cayó de rodillas al suelo. Todo se tornó muy borroso, y lo último que pudo ver y oír antes de desmallarse, era la figura borrosa de Zoe mientras gritaba desesperada unas palabras inaudibles para las otras dos Cazadoras.

"Artemisa…" Fue lo último que pudo pensar, antes de que toda su mente se tiñera de un color negro…

¡FINAL DEL CAPÍTULO!

Espero que les haya gustado!

Hice muchos cambios respecto a la obra original, y creo que quedaron bastante bien hasta el momento. Bueno, claramente esa es una opinión personal, no sé qué es lo que dirán ustedes. Solo puede esperar que les haya agradado.

Todo lo que quería decir, siempre lo vengo diciendo en los anteriores capítulos, pero lo vuelvo a comentar: En lo personal, creo que este arco será el mejor de todos.

Espero que hayan disfrutado el capítulo doble!

Un saludo!

Cantidad de palabras: 12044 palabras.