¡Aquí vamos con la siguiente parte!

Me disculpo por la demora. Eh estado muy concentrado en rendir parciales de mi cursada, y dejé un poco de lado la escritura. Por suerte, la oleada de exámenes se apaciguó un poco, así que puedo volver a escribir sin problemas.

No voy a enredarme muchos más, solamente espero que puedan disfrutar este capítulo!

CAPÍTULO 26: ¡EL PODER DEL RAYO!

Atlas se vio claramente mosqueado al recibir una gran cantidad de flechas. "¡Que molestas!" Exclamó el Titán con desdén, para luego atacar a las Cazadoras con un fuerte puñetazo.

Zoe y las demás pudieron esquivar el ataque de milagro, ya que Dorazal actuó al instante con un ataque de fuego en su rostro que entorpeció su visión. El pobre dragón recibió un fuerte puñetazo que lo descolocó por completo, haciendo que perdiera el vuelo y cayera por debajo del monte.

"¡Dorazal!" Gritó Bianca con gran preocupación.

"¡Concéntrate!" Exclamó Zoe, tomando distancia de Atlas junto con las demás, aprovechando su distracción. "¡No te preocupes por Dorazal!" Exclamó la Lugarteniente, parándose para arrojar flechas. "¡Sus escamas de oro son bien conocidas por ser casi irrompibles! ¡Puede que aún no esté en su última fase de madurez, pero estoy segura que puede resistir un golpe de esa magnitud!" Bianca tan solo asintió, y siguió atacando junto a las demás Cazadoras.

Solo faltaba una de ellas, que se encontraba junto a Bell en la retaguardia del pequeño ejército.

"Ellas no podrán resistir mucho más tiempo…" Comentó Bell seriamente. "Necesitó que cuides de Artemisa, hasta que sus heridas profundas logren curarse completamente." Aclaró, entregándole una pequeña sonrisa a la Diosa, que aun seguía mirándolo fijamente.

"No hay problema." Comentó Phoebe, para luego arrimar sus brazos. "Yo la cuidare."

Justo cuando la Diosa iba a ser entregada a Phoebe, Artemisa lo miró seriamente. "Un momento… ¿Me diste la Ambrosia boca a boca, verdad?" Preguntó, bajándose de Bell con cierta dificultad.

"Lo sé, pero no es momento para eso…" Comentó Bell con un pequeño suspiro, pensando que la Diosa se iba a quejar por haber chocado sus labios con los de un hombre.

"¡No te muevas! ¡No tragues! ¡Ni siquiera respires!" Exclamó la Diosa al instante, haciendo que el cuerpo de Bell se tensara visiblemente, sin siquiera moverse un centímetro. "Te recuerdo que ingerir una pequeña parte de la Ambrosia podría matar a un humano. Por lo que sabemos, eso podría llegar a afectarte…" Al escuchar la explicación, el rostro de Bell continúo exactamente con la misma expresión, aunque el tono violeta en su rostro indicó que estaba bastante aterrado de la situación.

¿Cómo es que se le había olvidado algo tan básico?

"No te preocupes." Comentó Artemisa, tomando con cariño y delicadeza las mejillas de Bell. "Eso puedo arreglarse, si te quito todos los restos."

"¿Restos?" Pensó Phoebe, para que luego se le cayera la mandíbula al ver que Artemisa unió sus labios con los de Bell, sin mediar palabra.

Incluso Bell ensanchó sus ojos con completa incredulidad, pero no podía decir que le disgustaba la sensación de como la lengua de Artemisa se desplazaba por cada rincón de su boca.

Bell intentó separarse al sentir que ya no quedaba nada que buscar dentro de su boca, pero Artemisa lo abrazó fuertemente por el cuello, sin permitirle el escape.

Finalmente, el albino no pudo luchar más contra sus sentimientos internos, por lo que dejó caer sus brazos mientras se dejaba llevar por la sensación tan agradable.

Artemisa imitó su última acción, cerrando sus ojos profundamente, sintiendo el gran placer de poder besar a la persona que amaba.

Los sentimientos de ambos distorsionaron tanto la realidad, que el contacto de emergencia se había transformado en un beso hecho y derecho sin que se dieran cuenta.

Mientras tanto, Phoebe solo se dignó a observar con los ojos bien abiertos como es que Artemisa estaba "tratando" a Bell. Ese simple "tratado", comenzó a ser ligeramente sospechoso para ella cuando los segundos fueron pasando, y ninguno de los dos mostraba intenciones de separarse.

Después de unos segundos que parecieron eternos, Artemisa se separó, sin poder evitar mirarlo fijamente con un pequeño sonrojo. "Ahora, ve." La Diosa lo fulminó con la mirada. "Y no mueras."

Bell simplemente asintió, sin poder encontrar las palabras correctas por lo que acababa de suceder. Aun así, él lo tomó simplemente como una salvada, por lo que rápidamente le sonrió y salió disparado al campo de batalla.

Finalmente, la visión de Artemisa comenzó a ponerse borrosa. Después de haber pasado ese momento de ensueño, pudo acordarse del maldito dolor de sus pulmones y lo difícil que era respirar por culpa de ello.

"¡Lady Artemisa!" Gritó Phoebe, poniéndose rápidamente como escudo detrás de ella para que no se cayera al suelo.

Artemisa le dirigió una sonrisa bastante débil. "No te preocupes. Solamente necesito descansar…" La Diosa comenzó a pestañear con cada vez más somnolencia. "Cuando despierte, ya estaré mucho mejor…" Finalizó, cayendo rendida en los brazos de Phoebe.

"No se preocupe, la protegeré con mi vida." Comentó Phoebe con gran seriedad.

El puño de Atlas se dirigía a una gran velocidad contra las Cazadoras, hasta que finalmente hubo una enorme explosión de polvo, sumado a unos gritos de las muchachas.

Atlas alzó su brazo, viendo que le faltaba la mano. "Como lo pensaba…" Pensó, para luego fijar la mirada en Bell, que se encontraba parado encima de su mano cortada. "Esas dagas son muy especiales. No solo porque pueden cortar mi cuerpo como si fuera una hoja, sino que también me cuesta mucho más tiempo regenerarme…" Concluyó, viendo como su mano se regeneraba a un paso bastante moderado. Algo que era increíble, siendo que anteriormente se regeneraba al instante, sin importar que tipo de daño sufriera.

Atlas no pudo evitar apretar ligeramente los dientes. "Estos son los enemigos que más odio." Pensó, fijando su mirada en Bell, viendo como Zoe y las demás parecían tener pequeñas heridas gracias a la salvada oportuna del albino. "Mientras más tarde en regenerarme, más tiempo sentiré ese dolor punzante en mis heridas. Desearía ser masoquista para no ponerme nervioso con este tipo de sujetos…"

"La única forma de vencerlo ahora mismo es que yo y Artemisa luchemos juntos." Comentó el albino a las Cazadoras. "Apollo no puede intervenir, porque rompería otra regla más, ya que de momento no fue atacado por el enemigo."

"Pero… Hasta que Lady Artemisa despierte…" Comentó Bianca con gran preocupación.

"Lo sé…" Bell les sonrió a todas, sabiendo lo que estaban pensando. "Tendré que hacer tiempo hasta que ella se despierte."

"Será muy complicado…" Zoe aclaró por todas, haciendo que Lilia y Brilia comenzaran a lagrimear.

Al ver esto, Bell se acercó rápidamente a ellas y les colocó una mano sobre la cabeza a cada una. "Tranquilas." Comentó con una voz sumamente tranquilizadora, y una sonrisa que acompañaba el sentimiento. "Todo saldrá bien."

Las niñas lo abrazaron fuertemente y asintieron con una sonrisa, para que luego todas se marcharan del campo de batalla.

"Fuiste muy amable al esperar pacientemente." Comentó Bell, dándose la media vuelta para luego torcer su cuello hacia arriba para observar el rostro del Titán. "Es algo que debo reconocerlo."

"No es la gran cosa." Comentó Atlas burlonamente, para luego agitar su mano recién regenerada. "Además, esos segundos también me favorecieron."

Finalmente, la mirada de Atlas y Bell se endureció, haciendo que el ambiente tenso nuevamente vibrara a sus alrededores.

"… ¿Piensas luchar solo?" Preguntó Atlas.

"Por ahora, sí." Fue la simple respuesta de Bell.

"¿No te parece algo insensato?" Preguntó el Titán, cruzándose de brazos.

"Cada uno cumple su rol distintivo en esta batalla. Por el momento, ninguno de ellos debe participar." Fue otra simple respuesta de Bell, para luego apuntar sus dagas hacia Atlas. "Estoy seguro que cada uno sabrá cuando llegue su momento." Concluyó, haciendo énfasis a ciertas personas. "Solo espero que nos dé el tiempo suficiente..." Pensó, mientras una gota de sudor fría caía en el costado de su rostro.

Los ojos de Atlas se ensancharon peligrosamente, haciendo que Bell se tensará visiblemente.

"¡BASTA DE CHARLA!"

Bell observó atónito como la mano de Atlas había hecho un gran agujero en el suelo, apenas pudiendo esquivar semejante golpe. Por esa misma razón es que no le dio tiempo a siquiera reaccionar cuando la otra mano lo golpeó, llevándoselo de lleno, arrollándolo contra el suelo y generando un cráter igual de grande que el anterior.

"¡BELL!" Todos gritaron con los ojos bien abiertos, muy preocupados por su amigo.

Cuando el polvo finalmente se disipó, el albino no tardó mucho en salir entre los escombros, demostrando que su ropa estaba completamente sucia, además de las leves contusiones y otras heridas no tan leves alrededor de todo su cuerpo. Bell se quedó en una posición un tanto encorvada por varios segundos, haciendo que Atlas lo mirara con curiosidad.

Finalmente, Bell inclinó su rostro hacia atrás, fijando su mirada en Clarisse.

La mujer no pudo evitar sentir un pequeño escalofrió en todo su cuerpo cuando el albino la señaló sin mediar ni un tipo de palabra.

Aun así, no necesitaba palabras, sabía muy bien en lo que estaba pensando:

"No puedo hacerlo solo."

Clarisse se dio rápidamente la media vuelta y gritó. "¡Todo el mundo a sus pegasos!" Ordenó la capitana, refiriéndose a sus hermanos. "¡Tenemos que prepararnos!"

"¿Ya te acobardaste tan solo por un golpe?" Preguntó Atlas, sin poder evitar burlarse de él.

"Si… Hiciste que todo mi cuerpo se estremeciera después de recibir el golpe de la realidad…" Comentó el albino con su mirada ensombrecida, para luego apretar fuertemente sus manos sin previo aviso.

"¡AAAAAHHHHHHHHH!" Bell gritó fuertemente, haciendo un pequeño cráter a su alrededor, al mismo tiempo que el aura de fuego lo rodeaba, y la temperatura aumentaba drásticamente.

Atlas no pudo evitar apretar los dientes ante la situación, por lo que rápidamente se puso en guardia. Hizo bien, ya que Bell se le abalanzó con sus dagas a su máxima velocidad, con la intención de cortarle todos los brazos.

La velocidad impresionante de Bell no fue suficiente, ya que el Titán pudo ver todos sus movimientos sin dificultad, por lo que intentó encerrarlo con sus cuatro brazos.

Bell cambió de objetivo rápidamente e insertó sus dagas profundamente en la piel del brazo del Titán, para luego propulsarse a través de sus llamas y pegar un giro extraordinario, quedando a la altura del pecho de Atlas. No perdió ningún segundo de su tiempo, y rápidamente embulló sus dos dagas en unas llamas enormes.

"¡FIRE BOLT!"

Una enorme explosión se alzó en todo el cuerpo del Titán, haciendo que Bell saliera disparado hacia atrás, rodando por el suelo y generando pequeños cráteres cada vez que tocaba el suelo.

Finalmente, el albino se levantó con un poco de dificultad, mientras tocia un poco de sangre por su caída tan abrupta.

Bell posicionó ambas manos en sus rodillas, mientras respiraba agitadamente.

"No pude cortarlo con las dagas… Pero esa combinación tendrá que haberle hecho algo de daño…" Pensó con ligero cansancio, tras haber gastado una gran cantidad de resistencia, tanto física como mágica.

"… ¿Viste eso?" Preguntó Phoebe, que traía a Artemisa entre sus brazos.

"Si…" Comentó Percy con ligero asombro. "Fue solo por un corto segundo… Pero se detuvo para concentrar todo el fuego en sus dagas." Percy fijó su mirada en Bell. "O eso es lo que me pareció ver…"

Bell se recompuso, limpiándose la sangre que salía por la comisura de sus labios, esperando atentamente a que la cortina de polvo desapareciera. Se llevó una gran sorpresa, ya que la mano de Altas apareció entre el polvo a una velocidad impresionante, tomándolo con gran fuerza.

El albino no pudo evitar escupir una gran cantidad de sangre ante el agarre tan brusco.

Atlas comenzó a reírse mientras lo levantaba lentamente, hasta que finalmente el polvo se disipó, revelando su rostro. Hasta podría decirse que daba un poco de miedo estar en la posición de Bell, ya que ahora se encontraban frente a frente. Aunque, la frente de Atlas era cien veces más grande que la de él, un dato que pudiera incomodar a cualquier humano.

"Esas dagas que tienes están a un nivel altísimo. Es una lástima que tu propio nivel sea tan bajo." Atlas se burló. "Aunque, por lo menos, eres lo suficientemente inteligente para darte cuenta de ello. Después de todo, cambiaste tu estrategia justo al último momento." Atlas acercó un poco su rostro al de Bell, entregándole una sonrisa muy irónica en su rostro. "¿Ah que es una gran molestia sentirse tan impotente?"

Bell tan solo le entregó una mala mirada. "Silencio…" El albino intentó usar sus dagas, pero el apriete en su cuerpo le impidió cualquier movimiento, e incluso le hizo escupir una pequeña cantidad de sangre.

"Creo que no entiendes lo que es la verdadera impotencia. Como es que yo me sentí a lo largo de todos estos siglos… encerrado… maldito." Una mirada un tanto siniestra apareció en el rostro de Atlas. "Quizás, puedas sentir esa impotencia cuando mate a esa Diosa en frente de tus propios ojos."

Al escuchar esas palabras, Bell ensanchó peligrosamente sus ojos, al mismo tiempo que sentía como todo a su alrededor se volvía negro y un rayo imaginario atravesaba su frente.

El albino bajó su mirada, quedándose en completo silencio.

Al ver que Bell no dijo ni intentó nada, Atlas no pudo evitar alzar ambas cejas ante su actitud. "¿Qué es lo que opinas acerca de eso, autoproclamado Salvador del Olimpo?" El Titán lo miró fijamente, cuando Bell movió sus labios.

"Yo…"

Atlas no pudo evitar observar con ligero asombro como unos sonidos chirriantes comenzaron a escucharse, al mismo tiempo que sentía como su mano comenzaba a entumecerse lentamente.

Finalmente, unos pequeños rayos comenzaron a chispar alrededor de Bell.

"Opino que… Si le vuelves a tocar aunque sea un solo cabello…"

Los rayos se volvieron más grandes y frecuentes, al mismo tiempo que alzó su mirada, denotando que uno de sus ojos ahora era de color azul eléctrico, mientras que el otro era de un color marrón profundo.

"¡Te mato!"

Los ojos de Atlas se ensancharon de sobremanera tras sentirse muy amenazado, y no tardó en responder a ese sentimiento.

Atlas arrojó con todas sus fuerzas al suelo a Bell, haciendo que un enorme cráter se alzará sobre el lugar.

"¡AAAAAHHHHHHHH!"

Eso estuvo lejos de terminar ahí, ya que Atlas comenzó a gritar con gran fuerza mientras una llueva te puñetazos borrosos no terminaban de caer en la posición de Bell, haciendo que todos se cubrieran y miraran con horror como una gran cantidad de escombros y ventiscas salían expulsadas por doquier debido al arranque escandaloso del Titán.

La tormenta de golpes ceso, cuando Atlas pegó su grito más fuerte, pegando su brazo al suelo y generando un gran camino de destrucción, hasta que finalmente llegó a la gran cantidad de escombros en donde se encontraba Bell, alzando su brazo justo al final y haciendo que todo saliera expulsado a una velocidad exorbitante, en donde por un corto segundo se pudo ver el cuerpo borroso de Bell entre los escombros, que se estrelló fuertemente contra una rocas que limitaban el monte, atravesándolas por completo y perdiéndose de vista, en lo que parecía ser una infinita caída.

Todos observaron esto completamente en shock, sin encontrar ni una palabra que pudiera salir de sus bocas.

Extrañamente, el más paralizado era Atlas, que no paraba de observar su mano temblorosa.

"… ¿Qué fue eso?" El titán no pudo evitar pensar, recordando la mirada imponente y penetrante de Bell.

Por alguna razón, esos ojos lo habían aterrado por completo…

Pero el problema ya está solucionado… ¿verdad?

"No… No puede ser…" Annabeth se atrevió a decir lo que todos estaban pensando, a excepción de una persona.

"Exactamente. El bastardo no pudo haber sido eliminado con tanta facilidad." Todos observaron a Clarisse con gran asombro tras sus palabras. "Ahora, llego nuestro momento de proteger a Lady Artemisa." La voz de la capitana sonó solemne, mientras era acompañada por sus otros hermanos en los pegasos.

"Espera… ¿Sabes que no tienes posibilidad, verdad?" Preguntó Percy, mirándola con inseguridad.

"Eso da igual." Comentó, dándose media vuelta. "Lo único que importa al final, es la victoria. Si yo puedo aportar mi parte para llegar hasta ella, no dudaré en hacerlo." Clarisse bajó levemente su cabeza. "Aunque eso pueda significar mi muerte."

"¡Entonces, déjame ayudarte…!"

"¡No!" Clarisse interrumpió a Percy, haciendo que el mencionado pestañeara con estupor. "Ustedes se quedaran en la retaguardia. Los hijos de Ares nunca aceptaran ayudas tan directas. Nuestro orgullo nos lo impide…" Clarisse miró hacia atrás, entregándole una linda sonrisa a todos. "Y ese mismo orgullo, es lo que nos llevará a tener la oportunidad de ganar." Clarisse finalmente se dirigió al frente de todos sus hermanos, esbozando una gran sonrisa mientras observaba al aun aturdido Atlas.

"Muchos consideran que no tenerle miedo a la muerte es una estupidez. Pero…para nosotros, eso es una bendición." Clarisse entrecerró sus ojos, pensando en una sola cosa. "Haré mi parte, así que más te vale que termines de cumplir la tuya, Bell…"

Atlas finalmente logró salir de su estupor cuando una gran cantidad de pasos apresurados comenzaron a escucharse detrás de él.

Todos no pudieron evitar observar con gran asombro como un ejército de monstruos y semidioses que rondaban entre los 40mil comenzó a hacerse presente en la enorme colina, siendo encabezado por Luke.

El ejército se detuvo detrás del enorme Titán, y el primero en entregarle una muestra de respeto fue Luke, y su acción fue rápidamente imitada por todos, arrodillándose ante Atlas.

"Al final tenías razón… La única que podía hacerme algo de frente era la Diosa de la Luna. Pero ahora ya está muy debilitada, y pienso acabar con esto." Comentó el Titán, apretando ligeramente su puño.

"¿Eso quiere decir que te enfrentaste contra el chico de cabello blanco?" Luke no pudo evitar preguntar, viendo que estaban Percy y los demás, pero no viendo rastro del albino.

"Te prometí que no lo mataría, pero…" Atlas dio un pequeño suspiro. "No sé exactamente lo que sucedió. Simplemente me sentí hostigado y me puse muy nervioso." Explicó el Titán con total sinceridad, haciendo que el rubio bajara su mirada por un pequeño segundo.

"Es una lástima…" Luke miró hacia el frente, levantándose junto con el resto del ejército. "Pero no hay tiempo para lamentarse en estos momentos."

Atlas siguió la mirada del rubio, haciendo que alzara ambas cejas en respuesta.

"oh…" El Titán no pudo evitar sorprenderse un poco, al ver como una enorme cantidad de pegasos iban hacia su dirección.

"Nosotros nos encargamos de ellos…" Comentó Luke, mirando la enorme cantidad de lanza rocas que llevaban numerosos ciclopes y escorpiones gigantes.

"No." Contestó Atlas rápidamente, llevándose una mirada curiosa por parte del rubio. "No es necesario que se agoten en vano." Comentó, dando pasos hacia adelante, mientras sonaba sus dedos. "Yo me encargaré personalmente."

"Como usted deseé." Fue la rápida respuesta de Luke, haciéndole una pequeña reverencia.

"Maldición…" Pensó Clarisse con una sonrisa falsa en su rostro. "Es mucho más tenebroso cuando lo miras tan de cerca." Concluyó, acercándose a todo galope, o en este caso, a todo vuelo.

"¿Conque quieren morir antes que su dichosa Diosa?" Preguntó Atlas, terminando de sonar su cuello, para luego esbozar una sonrisa tétrica. "¡Veamos cuanto tiempo aguantan!"

Clarisse no pudo evitar apretar los dientes cuando ya se encontraban a pocos metros del rostro del Titán. Sus hermanos también parecían bastante nerviosos ante la situación.

Justo en ese instante, ella recordó las palabras que le dijo Bell ese mismo día:

"Son hijos de Ares. Ustedes cuentan con ese poder, con ese orgullo que necesitamos si las cosas se complican. Ni yo, ni Artemisa podríamos darlo vuelta. Solamente ustedes." Bell apoyó una mano en el hombro de Clarisse, apretándola levemente. "Sabiendo eso, no te atrevas a bajar la cabeza."

"¡NO BAJEN LA CABEZA!"

"¡DEMUESTREN SU HONOR!"

"¡DEMUESTREN SU ORGULLO!"

"¡DEMUESTREN QUE SOMOS HIJOS DE AREEEEES!"

Los gritos de Clarisse desaparecieron al instante cuando fue una de las primeras en ser derribadas. La mujer tan solo pudo observar como el puño del Titán le había vuelto puré su brazo y pequeña parte de su torso, al igual que mucho de sus hermanos, en donde otros recibieron incluso un golpe más mortal. Fue ese pequeño segundo, en donde pudo ver su posible final y el de sus hermanos. Pese a eso, una sonrisa apareció en su rostro justo antes de que el tiempo volviera a correr.

"Lo dejo en tus manos…"

La capitana se perdió rápidamente entre los escombros y la destrucción tras ser derribada, al igual que muchos de sus hermanos. Algunos quedaron a la vista, viéndose que estaban agonizando, muertos, o con heridas muy graves. La cuestión es que, ninguno de ellos podría volver a levantarse en esta batalla.

"Fue una sola tanda, y ya derribé alrededor de treinta…" Comentó el Titán de forma burlona, mientras sentía como los hijos de Ares intentaban hacerle daño con sus espadas en diversas partes de su cuerpo.

Atlas apretó fuertemente sus puños, esbozando un rostro serio. "Vamos por la segunda…"

"¿Sabes usar el arco?" Preguntó Zoe a Percy, recibiendo un asentimiento por parte de este.

"Todos tuvimos nuestras prácticas. Aunque ninguno de nosotros es muy bueno."

"Genial." Fue la simple respuesta de Zoe, materializando diversos arcos para todos, incluso para Nico, que se le quedó mirando con extrañeza.

"Pero, yo nunca he practicado…" Comentó, recibiendo una mirada de la Lugarteniente.

"El blanco es gigantesco. Alguna flecha lograras acertar." Fue la simple respuesta, cargando varías flechas al mismo tiempo junto con todos los demás, haciendo que Nico se pusiera un poco nervioso, pero no vaciló en ningún momento.

Un gran número de flechas fueron dirigidas hacia Atlas, que logró desviarlas con la enorme ventisca que generaron los movimientos de sus brazos, quitándose de encima a varios hijos de Ares, hiriendo de gravedad a la gran mayoría de ellos, incluso matando a algunos.

"Supongo que con eso ya tendrán suficiente…" Pensó Atlas, para luego llevarse una gran sorpresa cuando una gran tanda de flechas fue disparada hacia él, y los hijos de Ares comenzaron a gritar incluso más fuerte, demostrando que sus espíritus eran irrompibles.

Atlas apretó ligeramente los dientes ante esto. "¡¿Qué es lo que piensan demostrar con esto?!" Pensó, pegándole nuevamente a una gran cantidad de pegasos, y haciendo que las mismas ráfagas de sus ataques lo hicieran prácticamente inalcanzable.

Atlas apretó aún más los dientes cuando vio como en el suelo había numerosos hijos de Ares arrastrándose por el suelo, con la intensión de intentar hacerle daño, sin importar en las condiciones que se encontraban.

"¡Mueran de una vez!" Exclamó, estrellando su pie en el suelo, generando una pequeña explosión y una enorme cortina de polvo que cubrió la zona por completo.

Atlas sintió como un par de flechas se clavaron en su cuerpo, haciendo que de un pequeño suspiro.

Cuando el polvo finalmente se disipó, todos no pudieron evitar bajar el arco con los ojos bien abiertos.

Todos los hijos de Ares se encontraban desparramados en el suelo, y la condición de la gran mayoría era muy preocupante.

Atlas se quitó las flechas de su rostro con una pequeña sacudida, haciendo que una pequeña sonrisa apareciera en su rostro cuando vio el campo de batalla completamente destrozado.

"Bueno, solo quedan ellos." Pensó. "Sinceramente ya me eh aburrido bastante de esto…" Continuó pensando, preparándose para correr hacia la dirección del enemigo.

"Ha sido un buen recreo después de haber pasado tanto tiempo sin siquiera mover un musculo en estos mil…" Atlas ensanchó ligeramente sus ojos cuando presenció como algo atravesó el costado de su pecho de un solo ataque.

Tan rápido como apareció, se disipó. Aun así, Atlas tenía el suficiente tiempo de reacción para ver lo que le había propinado un daño tan profundo.

"… ¿Un rayo?" Atlas miró hacia la dirección del rayo con gran confusión, tan solo para ver como una enorme pared de piedra que se alzaba en el borde del monte fue destrozada al instante, y de ella, apareció un Bell gravemente lastimado, pero más enojado que nunca.

Y si, iba directamente a su dirección…

"¡¿Aún sigue con vida?!" Pensó Atlas en completo shock, pero sabía bien que no era el momento de pensar en esas cosas.

"¡ROOOOOOOOOOOAAAAHHHHHHHHHHH!" Atlas dirigió su brazo a toda velocidad en contra de Bell con la intensión de atraparlo.

Un aura de rayos y llamas rodeó a Bell en ese mismo instante, cambiando su dirección abruptamente, extendiendo sus dagas y recorriendo en línea recta por todo el brazo del Titán con sus dagas incrustadas en su piel.

En ese momento, todo se tornó más lento para Atlas.

Él ensanchó lentamente sus ojos con incredulidad al ver que ahora Bell podía volar, y solo se ensancharon aún más debido a que su brazo explotó en mil pedazos cuando una enorme cantidad de rayos salieron disparados de la herida.

Atlas rápidamente pestañeó para no dejarse abrumar ante lo sucedido, miró rápidamente hacia atrás, solo para ver como Bell atravesó su cuerpo sin miramientos.

"¡¿Atravesó mi pecho?!" Atlas pestañeó varias veces en shock, viendo como Bell estaba a la altura de su rostro. "¡Cuanta fuerza!"

Bell desapareció de su vista de un momento a otro, haciendo que Atlas apretara fuertemente los dientes.

"¡DEMASIADO…!"

Bell apareció por sus rodillas, cortando a ambas a una gran velocidad, dejándolo sin piernas y haciendo que cayera de cabeza abruptamente como si fuera un saco de harina.

"¡RAPIDO!" Atlas apenas pudo concluir sus pensamientos, viendo como Bell se acercaba a una velocidad sónica a su dirección por el cielo.

"¡TE TENGO!" Exclamó el titán cuando logró atrapar a Bell entre sus tres manos justo antes de que llegara a su pecho, haciendo que una enorme ventisca agitara todo el lugar.

Los tres brazos de Atlas explotaron tras una enorme corriente de rayos, haciendo que Bell finalmente cayera en su pecho, alzando ambas dagas con una furia cegadora en contra del Titán desprotegido.

"¡AAAAAHHHHHHHHHHHHH!"

Ambos gritaron fuertemente. Atlas por el dolor de sentir como la carne se le arrebataba de su cuerpo, y Bell para desahogarse mientras cortaba todo el pecho superior del Titán con sus dagas a una velocidad equiparada a la de un rayo.

Finalmente, Bell alzó ambas manos al cielo, haciendo que una enorme bola de fuego se concentrara con una gran cantidad de rayos preocupantemente grandes.

"¡CLARISSEEEEE!"

Fue el último gritó de Bell, para que después una enorme explosión de llamaradas cubrieran todo el campo de batalla, e hiciera que todos se sujetaran a lo que tenían más cercano. Los rayos también salieron disparados en varias direcciones, creando profundas grietas alrededor del ataque.

Todos rápidamente se reincorporaron, tosiendo levemente por la gran cantidad de polvo que había en el lugar.

Percy y los demás solo podían pensar en lo que probablemente había sucedido, ya que de un segundo para el otro, Atlas se encontraba sin piernas, estampándose contra el suelo. Incluso Luke y los demás observaron en silencio con sus bocas abiertas, esperando que se disipara el polvo para ver qué es lo que había sucedido.

El polvo se fue disipando, demostrando todos los cadáveres y heridos que dejó la batalla, junto con la enorme destrucción del centro del monte, que en esos momentos solo eran escombros, grietas, cráteres, y más escombros. La única zona que se salvaba de ello, era en donde Apollo se encontraba sosteniendo el cielo. Por lo visto, el Dios era el único que había entendido del todo lo que había sucedido, debido a la enorme sonrisa que tenía en su rostro.

Después de varios segundos de silencio, se pudo presenciar como Artemisa abrió lentamente sus ojos, solo para presenciar algo glorioso.

El polvo finalmente se disipó, en donde se pudo ver como Bell estaba parado encima de una de las costillas del Titán, mientras había un gran fuego con forma de daga que apuntaba al cuello del mismo.

Todos observaron completamente en shock al sujeto que había derrotado a un Titán…

"Volverás a tu tumba…" Fueron las simples palabras cortantes de Bell, haciendo que una sonrisa adolorida adornara el rostro de Atlas.

"¿Y si no quiero hacerlo?" Preguntó burlonamente, para luego escupir una gran cantidad de sangre dorada, retorciéndose de dolor cuando la daga gigante se transformó en un agarre muy sofocante sobre su cuello, que no solo lo quemaba, también lo estrangulaba.

Bell no cambió su mirada ni por un momento, y tan solo procedió a decir las siguientes palabras:

"No te lo estoy preguntando."

¡FINAL DEL CAPÍTULO DOBLE!

Creo que con esto ya van 2/3 de la guerra. Quedaría un solo capítulo más de esto, y obviamente será contra Luke y los demás. En el próximo capítulo es donde sucede el desenlace, y lo que estuvieron ideando Poseidón, Hades, y Zeus para ayudar en la batalla. También Apollo tendrá un poco de tiempo, ya que se lo tiene más que merecido.

Después de esto, habrá un par de cosas más y terminará este arco. El próximo arco comenzará a tener enfoques amorosos entre Bell y Artemisa (y los problemas que conlleva eso mismo, especialmente para la misma Artemisa). Por lo que tengo entendido, hasta el momento les viene gustando bastante como estoy llevando los hilos de la trama, y estoy bastante feliz con ello, ya que ya ha pasado un poco más de un año desde que posteé el prólogo.

Debo decir que en un principio no tenía pensando hacer una interacción realmente intensa entre Bell y su Dimensión. Tengo pensado hacer algo respecto a ello en el comienzo del próximo arco. Ahora, también escucharé si quieren que aparezca Aiz y demás mujeres que no quedaron tan bien con Bell por obvias razones, ya que solamente tengo pensado hacer una pequeña entrada de los verdaderos amigos que nunca lo menospreciaron, tales como Welf, Aisha, Haruhime, entre otros. Y si gustan, pueden darme ideas sobre ello (cualquier tipo de ideas, a excepción de que Aiz quiera volver con Bell. Sean un poco más originales xD).

Creo que no tengo mucho más que agregar, solamente me queda agradecer de todo corazón a todas las personas que me siguen desde los primeros días que posteé este fic, ya que me han motivado mucho a seguir adelante. Sus palabras siempre son muy importantes para mí, tanto para los que me felicitan, como los que critican con cabeza sobre ciertos asuntos.

¡Muchas gracias!

Cantidad de palabras del capítulo doble: 5610 + 5081= 10.691 palabras.