El sonido de las gotas caer es lo único que opaca el silencio del lugar. Mikasa lleva la cálida taza de té a sus labios, con el propósito de amortiguar el frió que la repentina lluvia proporcionaba a su cuerpo. Se encontraba sentada sobre uno de los escalones que se requerían para subir la cabaña, justo en el único que el techo cubría.

Suspira aliviada viendo el jardín. Al menos lograron sembrar gran parte de las semillas que habían comprado aquella vez en el mercado.

—Te vas a resfriar acá —escucha a sus espaldas.

—Usted también está afuera.

Levi se despega del marco de la puerta y se aproxima con cuidado para tomar asiento a su lado derecho. De igual forma traía una taza en una de sus manos.

—Nos ahorramos regar las semillas —comentó él, con un humor camuflado en su tono indiferente.

—Sí —concordó—. Aunque no pudimos poner estas —tomó el sobre que se hallaba en su otro extremo para posteriormente agitarlo.

—Son especiales. Supongo que fue una señal para que las sembremos con más calma.

—¿Tienen algún significado que las haga diferente a las demás? —giró a verlo, llena de curiosidad.

—Todas lo tienen. En este caso, esas semillas son de Iris azul. Según, representan la esperanza y la libertad.

Mikasa bebe otro sorbo antes de poner toda su atención al sobre. No era más que un pequeño paquete físicamente hablando, sin embargo, el significado de su producto, por lo que mencionaba su ex-superior, era más profundo de lo que las personas ajenas al tema podrían caer en cuenta.

Esperanza y libertad.

Dos palabras que ha escuchado desde que se unió a la legión de reconocimiento. El objetivo siempre fue la libertad y la esperanza por un mañana libre de amenazas, era la mayor fuente de motivación.

Se cumplió, pero no como se esperaba. Muchos camaradas y amigos murieron en la batalla. Pocos podían gozar de este nuevo mundo proclamado libre.

Le da un vistazo al hombre a su lado. Tanto ella como él, fueron denominados los más fuertes de la humanidad, los que inspiraban a los demás soldados a continuar, los que eran un ejemplo a seguir, los que no podían fallar, los que no podían morir...

Fue un peso inmenso que la agobió por años y no dudaba que a él, muy en el fondo, también. Pero ahora, en un mundo sin muros, ni titanes, ni guerra, ni sangre, lograron liberarse de ello

Sonríe ante el pensamiento. Ambos eran libres ahora.

—¿Cómo tiene tanto conocimiento acerca de las flores, señor?

Él deja su taza ya vacía a un lado y cruza sus brazos, posando su mirada en la lluvia. Se tomó un tiempo antes de articular una palabra, como si se debatiera en hablar o no.

—Por mi madre. A ella le gustaban las flores —soltó finalmente—. En el subterráneo no había, pero aun así sabía bastante sobre ellas. Debió aprender antes de terminar allá.

—Entiendo —asintió ante su respuesta—. A mi madre también le gustaban mucho las flores. Incluso teníamos un pequeño jardín similar a este y yo siempre la ayudaba. Este lugar, me hace revivir los momentos felices de mi infancia.

Levi carraspea su garganta y se remueve incomodo en su sitio. Una extraña sensación había acaparado su cuerpo y la palabra mala no podía definirla. Era todo lo opuesto.

Era la segunda conversación en la que ella le comentaba acerca de su familia. A pesar de haber pasado mucho tiempo desde la última, la naturalidad con la que sus palabras fluyeron le sorprende, al igual que en ese entonces.

Ella no había tenido estragos para abrirse a él, como tampoco él los tuvo para hacerlo con ella.

Poco o nada hablaba de su madre, sólo con los que eran sus más allegados y cuando se lo preguntaban. Pero sus mejores amigos ya no estaban a su lado. Abrirse a la persona que era descendiente de su mismo ancestro, con la que compartió un poder en sus venas, a la que una vez quiso proteger y que ahora estaba a su lado después de mucho tiempo, en un contexto diferente, en un mundo diferente, no estaba mal, ¿verdad?

Después de todo, fue hacía él y sigue ahí con él.

"No puede engañarme capitán, tampoco puede engañarse a sí mismo. Mikasa es importante para usted."

Su ceño se frunce al notar como ella coloca el sobre al lado de su rostro.

—¿Qué crees que haces?

—Creo que esta flor va con usted, señor —la presionó en su mejilla, ganándose un gruñido de su parte—. Sigue aquí, viviendo, a pesar de todo.

Levi la mira consternado un par de segundos antes de volver a su semblante habitual.

—Tú no te quedas atrás —meneó su rostro para apartar el papel de su cara—. Volviste, a pesar de todo.

Ella muerde su labio inferior al reparar el mensaje implícito en esa palabra.

—Creo... Qué es nuestra flor, señor —pronunció, con las comisuras ligeramente elevadas—. Al final, no somos tan diferentes.

—Levi.

—¿Uh? —lo observó dislocada. Él resoplo fuertemente.

—Ya no estamos en el ejército para seguir formalidades, ¿o me equivoco?

Ella abre y cierra la boca, deseando decir algo, pero fallando en el proceso. Seguía hablándole de esa forma por respeto, cortesía y para evitar molestias. Empero, si él le permitía esa confianza, no habría problema, ¿verdad?

Creo que es nuestra flor, Levi —dijo con más seguridad, ampliando su sonrisa y luchando internamente por eliminar el ardor que quería poseer sus mejillas.

"La sonrisa de Mikasa cuando está feliz, es la más hermosa que podrá ver alguna vez en su vida."

—Sí, lo es —musitó, devolviendo sutilmente el gesto.


Al llegar a casa, se despoja de sus prendas y se adentra al baño para disfrutar de una larga y reconfortante ducha. Mañana antes de ir a la tienda, lavaría sus prendas llenas de residuos de tierra.

Al terminar, se pone su cómodo camisón para dormir y se sienta frente a su tocador para cepillar su cabello. En el momento en que desata el lazo ve que la figura que días atrás no reconocía, es la misma flor del paquete de semillas que sostenía horas atrás.

—Ese tipo... —murmuró, impresionada.

¿Coincidencia, destino o apropósito? No lo sabía y tampoco le importaba.

Porque al final era la flor de ambos.

Y eso era lo único que bastaba.