Las luces, pomposidad y elegancia del lugar la abruman. El salón de eventos del castillo de la reina se encontraba decorado en su totalidad. Variadas mesas con sus respectivas sillas, flores y lámparas, llenaban el espacio.
La ostentosidad la disloca un poco.
El vestido que Kiyomi le regaló cubre su cuerpo. La mujer fue a su casa para arreglarla y por más que Mikasa aclarará que no era necesario, ella le hizo caso omiso.
Su cabello caía suelto sobre su espalda, su rostro estaba levemente cubierto de cosméticos de belleza que nunca pensó usar y accesorios que jamás había visto en su vida. Suponía que eran provenientes de Hizuru. La bufanda quedó vetada, bajo la excusa que no combinaría con el atuendo. Sus bufidos y mirada fulminante no fueron suficientes para convencer a su pariente lejana, así que no tuvo más opción que dejarla dentro de su armario. No pasaba nada, solamente sería por una noche.
Lo que si alcanzó a llevar fue el lazo que Levi le obsequió. No podía descartar la idea de que en algún momento de la noche, el pelo comenzaría a fastidiarle y tendría las inmensas ganas de recogerlo. Pero sobre todo, necesitaba algo con lo que sentirse familiarizada.
Un guardia la saluda cortésmente y la dirige a la mesa más amplia donde ve a dos de sus ex compañeros: Jean y Connie.
Ha pasado un tiempo desde la última vez que los vio, un mes y medio específicamente. No sabía si podría iniciar una conversación luego de todo, luego de que los ignoró casi que por completo aquella vez en el aniversario de la muerte de Eren.
—¿Puedo sentarme?
Las expresiones de los chicos, ya adultos, son un poema cuando pausan su conversación y giran hacia ella. Jean ensancha sus ojos antes de posarlos en Connie, quien abría y cerraba su boca cual pez fuera del agua mientras la apuntaba con su dedo índice.
—M-Mikasa —logró articular por fin—. No esperábamos verte aquí. Creímos qu...
Una palmada en su espalda por parte de Jean interrumpe su habla.
Mikasa no necesita ser adivina para entender a qué se refería. Ellos fueron testigos de su largo duelo. Desde que este inició, evitaron acercarse a ella para no incomodar y ella no buscó la manera de decirles que no se fueran. No los culpaba, no podría.
—Claro que sí. Toma asiento.
Asintiendo, rueda la silla que él le señalaba con su mano. En el fondo le sorprendió que no le insinuara sentarse a su lado, pero luego se da cuenta que el lugar tenía su nombre grabado.
El silencio es incómodo como era de esperar, mas ella no deseaba que se prolongara. Esos dos habían sido sus compañeros y amigos desde hacía años, lo último que quería, era perderlos otra vez.
—¿Cómo han estado? —se impulsó a iniciar una conversación. Notó como ambos se dieron una mirada rápida antes de mover los labios.
—Creo que nosotros deberíamos preguntarte eso —dijo Connie, rascando la parte trasera de su cabeza, nervioso—. ¿Cómo has estado tú, Mikasa?
Ella se remueve en su asiento y sube su mano a su cuello, intentando tantear la bufanda, sin embargo sus dedos tocan un collar que Kiyomi le prestó.
"Oh, cierto"
—Yo... —ahora su mano se deslizó hacía su muñeca, donde se topó con el lazo. Una de las comisuras de sus labios se sube inconscientemente— Estoy mejor.
Connie deja escapar una amplia sonrisa a la vez que Jean relaja su semblante. Podía jurar que percibió un brillo en sus ojos, ¿orgullo, tal vez? No lo sabía, empero eso le permite que de igual manera, sonría, enseñando sus dientes.
—¿Qué has estado haciendo últimamente? —Jean ya más relajado, optó por atreverse a preguntar.
—Bueno, he estado ayudando a Levi con su tienda de té. Onyankopon de igual forma le echa una mano. Hay veces en que... —se detuvo abruptamente al verlos inclinando sus cabezas hacia un costado y enarcando sus cejas al mismo tiempo—. ¿Qué pasa?
—Acabas de decir Levi —señaló Connie—. ¿No es... demasiado?
Mikasa lo observa desconcertada unos segundos antes de sentir un ardor en sus mejillas. Ellos no sabían que su relación era cada vez más cercana, era obvio que se asombraran al oírla hablar con tanta soltura del ex capitán.
—Tengo su permiso —aclaró más rápido de lo que lo anticipó—. Además la guerra ya acabó. Los rangos a esta altura, ya no importan mucho, ¿cierto?
—Armin sigue siendo el "comandante" hasta que los diálogos entre las naciones lleguen a un acuerdo —Jean colocó su codo sobre la mesa y en el puño de su mano, apoyó su mejilla—. Pero entiendo tu punto. El capitán, ex-capitán, Levi o como sea, ya no hace parte del cuerpo de exploración. Merece descansar después de todo. Ahora es nuestro turno.
Un mesero ubica una botella de vino sobre la mesa y frente a cada individuo, unas copas de vidrio. Sirve tranquilamente en lo que ellos continúan su conversación. Mikasa no es muy fanática del alcohol, pero por sólo esa noche, cedería un poco.
—De todas maneras se me haría raro llamarlo por su nombre de pila —Connie bebió un trago antes de proseguir—. Siento que ¡boom! Me golpearía.
Mikasa suelta una risa nasal ante el exagerado tono que usó.
—Deberían visitar la tienda algún día.
—No si harán desastres.
Los tres jóvenes adultos voltean sus cabezas al oír esa inconfundible voz. El capitán Levi se acercaba a la mesa con Armin a su lado. Ambos pulcramente vestidos con sacos y corbatas.
—¡Capitán!
—Bajen la voz, mocosos —gruñó—. Estar medio ciego es suficiente, no me sumen otra carga volviéndome sordo.
El chiste es demasiado pesado y oscuro para todos, sin embargo, Connie aligera el ambiente con risas nerviosas y llamando el mesero para que trajera dos copas más.
—Me permito anunciar que su alteza se encuentra ocupada. Sus máximas disculpas por no estar presentes —comunicó un guardia que se situó junto al mesero.
Todos realizaron muecas de decepción. Su rol de reina, madre y esposa le dificultaban muchas cosas. Era un persona que siempre se hallaba ocupada, lamentablemente. En el fondo, Mikasa esperaba verla pronto.
El resto de la noche es grata. Las risas y bromas se hacen presentes, llamando la atención de los otros invitados. El alcohol se había apoderado de Jean y Connie, lo que provocaba que un montón de sin sentidos salieran de sus bocas. Armin se mantenía estable aunque con las mejillas y parte de la nariz roja, ella no ingirió demasiado y Levi, aunque llevase la misma cantidad que los ex soldados, permanecía sereno, como si lo que bebiera fuera agua.
¿Cuándo fue la última vez que tuvieron un momento tan ameno y libre de preocupaciones todos juntos?
Mikasa suspira y se deja caer en el espaldar de la silla, admirando las bromas estúpidas pero curiosamente graciosas de Jean y Connie, el rostro estoico pero relajado de Levi y la sonrisa plasmada en los labios de Armin.
Unos toques repentinos en su hombro izquierdo la hacen voltear. El primer impulso que se apodera de su cuerpo al ver a Kiyomi es levantarse y saludar formalmente. La mujer devuelve el gesto y con un susurro en su oreja, le dice si puede darle un minuto.
No quería dejar su puesto, empero supuso que, lo que sea que le iba a decir, debía ser importante si estaba pidiendo un lugar privado.
Se disculpa con sus amigos, aclarando que no tardaría y la siguió hacia las afueras del salón, aproximándose a los balcones del castillo.
El evitar observarla fue una tarea difícil.
La conocía desde hace ya varios años. La primera vez que supo de ella fue cuando tenía quince años. Sabía que era popular entre varios soldados por su belleza exótica, cabello negro azabache y fuerza magistral. Los comentarios en los pasillos corroboraban lo mucho que los hombres deseaban acercársele para al menos un "Hola". El enamoramiento de años de Jean era el más destacado. Sin embargo, todos esos mocosos hormonales tenían algo en común: Se les era imposible una oportunidad con ella. Si querías ser su centro de atención, debías morir y reencarnar siendo Eren Jaeger o si querías que te hablara dulcemente, debías cambiar de cuerpo con Armin Arlet.
A él no le importaba, porque al final, era una mocosa. No tenía una imagen más allá de que era su subordinada. Lo único que quería de ella es que fuera racional y no emocional en las misiones.
Le recordaba un poco a su impulsivo yo de joven y lo único que quería era que no se jodiera como él lo había hecho. Punto.
Con el pasar del tiempo, notó como su cuerpo cambiaba. No era ciego —en ese entonces— admitía que la Mikasa de esa época era bonita. Estaba más alta, esbelta, con curvas, cabello todavía más corto y atributos sobresalientes, ya era una persona que se encontraba entrando al camino de la adultez. Mas no le dio mucha importancia, porque la guerra, el retumbar y el titán bestia opacaban cualquier cosa.
Sin embargo, la que vio al llegar, en un mundo sin titanes ni equipos de maniobras, era una que nunca imaginó conocer. Se felicitó mentalmente una y otra vez por el hecho de mantener su rostro serio e impasible como era de costumbre. El vestido largo ceñía su figura perfectamente y sensual, enseñando un poco el inicio de sus pechos. El nada sobrecargado maquillaje resaltaba más sus rasgos asiáticos, su cabello impecable caía sobre sus hombros y no usaba su bufanda.
No era la soldado que conoció tiempo atrás, la Mikasa a la cual su ojo sano no se le apetecía apartarse, era toda una mujer.
Su asiento se encontraba a su lado, así que fue una completa tortura el no poder admirarla sin incomodarla o llamar la atención de los demás. Empero, alcanzó a captar el lazo que le regaló hacía semanas, amarrado en su muñeca. Tuvo que esconder la sonrisa que amenazaba con salir tomando un trago de su copa.
El verla ahí sentada tan serena por el gustoso ambiente, sonriente por las payasadas de sus amigos y pasiva por el alcohol, le gustó. Era el comportamiento con el que había estado conviviendo desde que ella decidió ir a trabajar en su tienda y era el que lo hacía sentir orgulloso, porque demostraba que no se dejó llevar por la oscuridad, porque iluminaba cualquier espacio cuan hermosa luna.
Añoraba verla así, siempre. Porque lo valía y se lo merecía, Mikasa Ackerman merecía ser feliz.
La bulla de sus ex subordinados cubre la fuerte bocanada de aire que liberó.
Ese mocoso Jaeger... Una vez más sus palabras vienen a su mente escupiendo que tenía razón.
Sí, era cierto. La sonrisa de Mikasa cuando es invadida por la alegría es hermosa, no lo negaría, pero le gustaba aún más lo hermosa que era cuando brillaba y se valía por sí misma.
En el instante en que Kiyomi la separó del grupo, una fuerte curiosidad acapara su cuerpo, pero intenta mostrarse indiferente al respecto.
Indiferencia que no duró mucho al ver a Kiyomi entrar luego de un rato, sin ella.
Se preguntó, si ocurrió algo malo.
Su peinado se va deshaciendo más y más cada que el fuerte viento choca con su rostro. Apoyada en el barandal, con la mirada perdida y pensamientos revueltos, Mikasa no le da importancia.
—¿Qué debería hacer? —musitó.
"—Me iré en quince días, piénsalo muy bien, querida Mikasa."
Por primera vez, eleva su vista al cielo topándose con las infinitas estrellas. Era una noche hermosa, o más bien, lo había sido.
Los mechones golpeándole la cara le hartan y considera que lo mejor es recogerlo de una buena vez, pero sus movimientos se detienen al momento de agarrar el lazo.
—No tengo idea.
Posterior a atarlo en su ahora conocida coleta a medio lado, el frío del ambiente la golpea. Tan perdida estaba en sus cavilaciones, que ignoró por completo que la temperatura disminuyó.
Su acto reflejo fue llevar sus manos para frotar sus brazos, no obstante, una prenda se le adelanta.
—¿Te quieres congelar o qué?
—Levi —ensanchó sus ojos.
El mayor da unos pasos hasta posarse a su lado, apoyándose en el barandal al igual que ella.
—¿Es correcto que hayas venido acá sin tu silla de ruedas? —averiguó Mikasa, evitando cualquier tipo de silencio.
—Sabía que no caminaría toda la noche. Era una cena, así que no era necesario —le dio un vistazo antes de cambiar el tema—. ¿Por qué sigues acá afuera con este frío? La vieja Azumabito ya entró hace rato.
Su ceja se enarca al notar como se cobija en su saco y mordía su labio inferior. ¿No quería responder?
—Oye —suavizó su tono—, ¿te sientes mal?
—No es eso. Yo...
—Mikasa.
Al verse interrumpida, la joven volteó confundida hacia el dueño de la voz.
—Armin...
Por la mirada llena de sentimientos que ambos se transmitieron y lo tenso del ambiente, Levi supo que no debía estar ahí. Era un espacio íntimo entre ellos dos. Así que, sin pronunciar palabra alguna, se aleja del lugar, sin molestarse en remover su saco de la chica.
El rubio, por otra parte, se acerca tímidamente a su amiga, con la vista gacha.
—¿Cómo te encuentras? —averiguó incomoda, antes de darse un pequeño golpe en la frente—. Olvídalo, es obvio que ocupado.
—Lo siento —dijo él en tono triste, luego de suspirar pesadamente. Ella lo mira anonadada.
—Armin —parpadeó repetidas veces—. ¿Por qué tú...?
—Yo... Lo siento mucho, Mikasa. No debí apartarme de ti como lo hice —vuelve a cortar sus palabras, esta vez, dándole la cara—. Debí estar a tu lado cuando estabas decaída por... Eren —Mikasa no ignoró como apretó sus labios al pronunciar el nombre de su difunto mejor amigo—. No debí irme así y dejarte sola. Debí...
—Armin —ahora es ella quien lo interrumpe, colocando su mano sobre su hombro—, no tienes que culparte. No hay que arrepentirse de las decisiones ni de las acciones. Tú quisiste seguir adelante, yo no me atrevía. No es tu culpa.
—Nos distanciamos —insistió.
—Por mí. Tampoco te busqué. Incluso si venías a verme, yo no te hubiera dado el trato que te merecías. Tu esfuerzo, hubiera sido inútil.
—Lo sé, lo tengo más que claro. Creía que me retenía el hecho de que necesitabas espacio para pasar el duelo. Sin embargo, ahora que lo pienso mejor, es porque si te hubiera visto llorar por él otra vez, yo también lo hubiera hecho y todo terminaría hecho un desastre. Necesitabas apoyo, no otra carga. Si bien en el trabajo me concentraba, por dentro me preguntaba si estabas bien. Me sentía mal porque yo estaba viajando, mi familia estaba sola y no era lo suficientemente valiente o fuerte para ayudarla —sus ojos se humedecieron, los de ella también—. Y ahora que nos topamos aquí, luego de tantos días, te veo diferente, veo a la Mikasa que tanto extrañé.
Ella no aguanta más y lo aproxima a su cuerpo para abrazarlo fuertemente. Él no se retiene y de igual forma la encierra en sus brazos. Se habían echado tanto de menos.
—Todo pasó, no te preocupes —comentó entre sollozos—. Estoy mejor.
—También lo sé y me alegro tanto. Prometo no volver alejarme de ti.
Al escuchar lo último, se separa y desvía la mirada apenada. Las palabras de Kiyomi volvieron a su mente, abrumándola una vez más.
—¿Mikasa?
—Kiyomi-San... me propuso ir a Hizuru con ella —susurró. Armin agradeció internamente a la cercanía por permitirle oír.
—Oh —la impresión lo hizo retroceder unos pasos—, ya veo. Irse, tú sabes, ¿para siempre?
—Posiblemente —sus ojos se llenaron de súplica—. ¿Qué crees que debo hacer?
—Me tomaste por sorpresa. Mi mente está en blanco justo ahora.
Ella realiza un puchero mientras volvía a refugiarse en el saco que yacía sobre sus hombros. La temperatura bajaba cada vez más.
—Recién volvimos a reunirnos y ya te vas —río secamente—. ¿Qué sucederá con el capitán?
—¿Uh?
—Me enteré que trabajas en su tienda de té. Son más cercanos ahora por lo que veo.
—Tampoco lo sé.
Se mantienen callados unos minutos, disfrutando la compañía del otro. Metiendo las manos en sus bolsillos, Armin decide hablar.
—Mikasa, eres mi mejor amiga, no, mi familia. Sí tengo una respuesta a tu pregunta, pero esto es algo que debes decidir por ti misma. Piensa que es lo que más quieres. Es lo único que puedo decirte.
Ella asiente antes de volver a abrazarlo.
Dios, se que tardé en actualizar, mis disculpas por eso TT Ser estudiante de último semestre no es fácil, por suerte, ya ayer terminé.
Gracias por la paciencia, volveré a ser constante.
Espero les haya gustado y lo hayan disfrutado. si es así, pueden dejar un review, me animan demasiado.
Gracias por leer *-*
Val.
