El estruendo de un objeto estrellándose contra el piso, hace que pasos apresurados se aproximen a su dirección. Puede escuchar claramente la respiración agitada de Onyankopon y un bufido por parte de Levi.
—¿Se encuentra bien, Mikasa? —preguntó el primero, con palpable preocupación.
—Sí, no es nada —musitó, agachándose—. Fue sólo un descuido.
—Tenga cuidado con...
—¡Ay!
—Lastimarse.
Arrugando el rostro fastidiada y susurrando una maldición, Mikasa observa como nace una herida en su dedo anular, herida que no tarda en sangrar. No, definitivamente el día no podía empeorar.
—¡Oye, ¿qué pretendes?! —exclamó Levi, acercándose y sujetando fuertemente su muñeca. Ella pretendía seguir recogiendo los trozos de la taza que había roto—. Deja eso. Ven aquí.
Sin mucho esfuerzo, como si su peso fuera mínimo, tira de ella hasta colocarla de pie.
—Pero...
Él la ignora, sacando un pañuelo del bolsillo trasero de su pantalón y posándolo en su herida. Mikasa lo mira incómoda, con sus mejillas coloreándose de un tono rojizo.
—Levi.
—Sostenlo mientras busco algo para curar.
—Yo limpiaré esto —anunció Onyankopon, sujetando una escoba y un recogedor—. No se preocupe. Puede esperar al capitán en una de las mesas.
Resignada, obedece. Estaban a punto de cerrar, por ende la tienda se encontraba prácticamente vacía.
Si bien era la primera vez que rompía algo, los últimos cuatro días estuvo distraída tropezándose y derramando parte del té en las mesas, sorprendiendo a unos clientes y enojando a otros. Si Onyakonpon no hubiera intervenido en cada una de esas ocasiones para pedir disculpas, muchos clientes hubieran dejado de frecuentar al lugar. Su despiste le impedía hablar coherentemente, lo que pudo haber hecho que muchas personas se ofendieran.
Levi no tarda en llegar. Sosteniendo bajo uno de sus brazos un botiquín, tira de la silla a su costado hasta acercarla más a ella.
Ya sentado, vuelve a apoderarse de su muñeca y remueve el pañuelo que amortiguaba la sangre. Mojando una mota de algodón con alcohol, limpia, con un tacto más suave de lo llegó a imaginar, su herida.
Evitando pegar un respingo, Mikasa opta por morder la parte interna de sus mejillas y admirar como Levi aprendió a manejar su mano sana cuando la que había sufrido perdida, era su mano fuerte.
Su ceño se frunce al ver como unta un ungüento sobre la línea de la cortada. ¿No estaba exagerando ya a ese punto?
—No se me va a caer el dedo —bufó.
—Tal vez no —murmuró, poniéndole una bandita alrededor del dedo—. Pero si te lastimaras los demás si sigues con la cabeza en las nubes.
Bien, eso era algo que no podía contradecir.
—¿Qué te abruma? —cuestionó, guardando los implementos que usó. Una de sus cejas se elevó al ver la forma en que ella lo mira—. Es demasiado obvio, ¿no? Estás fuera de tus cabales.
Mikasa suspira al verse descubierta. Sea explícita o implícitamente, él siempre descubrirá que cosa iba mal con ella y, de igual forma, se arriesgaría en preguntar sin pelos en la lengua.
—Puedes confiar en mí.
Mikasa ensancha sus ojos ante lo dicho. ¿Confiar?
Se sintió extraño.
Ella años atrás confió en él y en cada una de sus decisiones por muy arriesgadas y locas que sonaran, incluso, instó a sus compañeros a que hicieran lo mismo. Porque, si bien eran chocantes, eran efectivas y daban buenos resultados.
Hubo un tiempo en que todo se desestabilizó, el suero titán siendo el causante. Era consciente que desde ahí su relación tuvo cortocircuito por varios meses, aunque, si bien su orgullo no se lo permitía aceptar en voz alta, en el fondo, seguía confiando en su juicio.
Empero, ahora, con el tono de voz que usó y con los ojos pegados a los suyos, en un mundo donde ya no tenían que luchar ni crear estrategias para sobrevivir, se percibía más íntimo, más cercano.
Eren y Armin eran las personas a las cuales les contaba todo y las únicas a las que le abría su corazón. Pero Eren ya no estaba y Armin no siempre tiene la posibilidad de estar cerca de ella por su trabajo.
Sasha de igual forma, era una buena confidente, siempre escuchaba atentamente y opinaba cuando era oportuno. Pero ella, al igual que Eren, se fue hace mucho tiempo.
Levi, sin embargo, seguía ahí vivo, a su lado, dispuesto a ayudarla.
—¿Es muy serio?
Niega rápidamente.
—No, no es grave. Bueno, quiero creer que no es así —la última oración llamó más la atención del ex-capitán—. Es una situación, a la cual debo darle una respuesta.
—Si se supone que no es algo grave, ¿por qué te tiene así?
—Es algo complicado para mí —relamió sus labios—. Debo decidir si quedarme aquí o irme a... Hizuru.
Levi desvía su mirada a la mesa, sin decir nada. Otra vez, ¿en verdad tenía que pasar todo otra vez?
Cuando ella se armó de valor de dejar el pasado atrás y de llorar para finalmente hacer algo diferente a matar personas y titanes, de acercarse a él, de estar con él... ¿En verdad aparecía alguien para desnivelar todo?
—Kiyomi me lo hizo saber el día de la cena en el palacio, por eso tarde en regresar. Armin sabe también. Dijo que era algo que debía decidir sola.
—Supongo que tiene razón.
Quería decir algo más que eso, mucho más. Pero no podía. Temía distorsionar su decisión o más bien, temía que su palabra no importara. Aunque, era cierto lo que le comentó el mocoso, era algo que ella misma debía decidir y nadie tenía porque intervenir en ello. Eran sus raíces y su familia.
Sumando que, al ser pésimo con las palabras, le era imposible expresar directamente lo que a sus sentimientos se refiere.
—Sí, es alguien sensato. Todavía tengo algunos días para hacerlo.
Pero...
—Trata de no ahogarte mucho en tus pensamientos. No quiero más desastres.
—Lo tengo.
—Y... Aun si esto es algo que sólo te compete a ti, ¿me permitirías decir algo al respecto?
Ella asintió.
—Adelante.
—Si llegarás a irte, sirva o no, probablemente te dijera lo mismo de aquella vez, esa en la que estábamos a punto de atacar a Eren.
Sí indirectamente.
No le da tiempo de averiguar a qué se refiere, simplemente recoge el botiquín y desaparece de su vista.
Muy probablemente Mikasa no se acordase del suceso, pero por una vez, quería ser valiente y sincerarse con ella.
