La torrencial lluvia caía desde el oscuro firmamento. No había estrellas, la luna se mostraba opaca y el viento corría avivado, arrastrando todo a su paso.
Mikasa desvía su mirada de la ventana, relajando su semblante, aliviada.
—Onyankopon tuvo razón —comentó—. Que bueno que salió a tiempo.
Levi realiza un "hmm" con los labios ante lo dicho, exponiendo que se encontraba de acuerdo.
—Sin embargo tú no —habló tiempo después—. Pudiste haberte ido con él.
—Sí, tal vez —caminó hacia la chimenea, con el propósito de arrojar más leña. La temperatura comenzaba a descender—. Pero no podía dejarte este desorden a ti solo. Ya sabes, tu pierna...
—Tch, no era mucho.
Posterior a cerrar el negocio, Onyankopon les enseñó a ambos, emocionado, un vino proveniente de su país natal, el cual se le fue entregado hace poco. Explicó que era de buena calidad y que esperó semanas por él.
Sugirió que, dado a que la jornada estuvo sumamente movida y que mañana no abrirían, podían tomarse unas copas en la cabaña de Levi.
Ambos Ackermans se negaron al principio; Mikasa por su poco antojo de alcohol y Levi porque simplemente no quería. Empero, Onyankopon era perseverante y logró al final que ambos aceptaran, renuentes, pero aceptaron.
Indiscutiblemente, el rato fue muy relajante para los tres sobrevivientes del llamado retumbar. Pusieron una manta en el patio trasero y sobre esta, una canasta llena de botanas preparadas por Mikasa para acompañar la bebida.
Charlaron. Demasiado.
No sabían si por la influencia del alcohol o por lo ameno del momento, sin embargo, no importaba. Porque hacía demasiado que no disfrutaban de esa manera.
Lo que hizo a Mikasa reflexionar.
¿En Hizuru llegaría a vivir momentos como aquel, rodeada de gente que experimentó tantas cosas con ella? ¿Gente en la que ella confiaba y que poco a poco se fueron ganando un lugar en su mallugado corazón?
Conocer la otra mitad de sus raíces le era llamativo, interesante y atractivo, pero era algo tan nuevo, algo con lo que poco o nada se sentía familiarizada, contradictoriamente hablando. Todo sería tan... Nuevo, desconocido y abrumador.
Iniciar desde cero en un lugar desconocido, relativamente sola, le asustaba.
Su rato acabó cuando una manada de nubes oscuras fueron llenando el cielo. Onyankopon fue el primero en advertir que se acercaba un torrencial aguacero y que debían apresurarse si no querían terminar empapados.
Después de recoger todo, él se fue, pero Mikasa no.
Tal como dijo Levi, el desorden no era mucho. Sólo se tenían que lavar los platos que utilizaron, sacudir la manta y limpiar las migajas que yacían dentro de la canasta, nada más. Evidentemente era algo que él pudo realizar de manera rápida y óptima, pero quiso quedarse y ayudar, por muy poco que fuera.
Terminando de arrojar el último tronco, se deja caer sobre el sofá que se encontraba frente la chimenea. Levi no tarda en acercarse y sentarse a su lado, extendiéndole otra copa.
—¿Más? —enarcó una ceja—. ¿Onyakonpon no se sentirá traicionado si bebemos sin él?
—No debe saberlo, ¿o sí?
Ella lo observa unos segundos antes de dibujar una sonrisa ladina en sus labios.
—No —dijo finalmente.
Sus ojos no se despegaban de las llamas amarillas y anaranjadas del fuego. Las gotas de lluvia caer, el frío siendo opacado por la calidez, el silencio y el delicioso sabor del vino era tan...
—Relajante —murmuró, haciendo a Levi voltear a su dirección—. Esto es relajante, ¿no lo crees?
—Sí —suspiró. Estaba calmado—, bastante.
—Me pregunto... Por qué no tuvimos momentos así, como este, antes —colocó la copa en la mesita de centro.
Levi analiza lo dicho y antes de responder, imita su acción.
—Estábamos ocupados con muchas otras cosas. La supervivencia era la prioridad.
—Sí —realizó una mueca—. Creo que, ahora que lo pienso mejor, también fue en parte mi culpa —Levi la observó con ojos curiosos—. Las personas primordiales para mí, podían ser contadas con los dedos de una mano. Ya sabes, Eren y Armin. Pero luego aparecieron Sasha, Jean y Connie. Los primeros eran mi familia y los últimos mis compañeros, no —hace un movimiento de negación con su cabeza—, mis amigos. Creía que eso era todo para mí y consideraba que era suficiente. Sin embargo, de repente sale a la luz que comparto un linaje que contiene una fuerza sobrenatural, contigo, con mi capitán. Fue bastante abrumador.
—¿Eso te impidió acercarte a mí? —averiguó, acomodándose en su puesto. Se hallaba bastante interesado con el tema.
—Más allá que una cadete, sí —aceptó—. Era un cambio bastante drástico e incómodo en ese entonces. No verlo como capitán era...
—¿Extraño? —intentó complementar.
—Sí, eso —sus dedos comenzaron a jugar entre sí—. Además sentía que debía proteger a los míos. Detrás de los titanes cambiantes, arcos con flechas, espadas y lanzas relámpago, habían personas vulnerables. Me decía a mí misma que si tú eras como yo, no había necesidad de hacer lo mismo contigo.
—Hasta ese día.
—Hasta la batalla final, sí.
Se mantienen varios minutos en silencio, disfrutando la compañía del otro. Levi optó por romperlo.
—¿Y ahora?
—¿Ahora? —Mikasa frunció su ceño, confusa.
—¿Ya no es extraño?
—No, ya no —asegura, relajada—. ¿Y tú?
—¿Uh? ¿Cómo me siento ahora?
—No —río levemente—. Qué hay de ti, ¿por qué no te acercabas a mí?
—¿Es realmente necesario decirlo?
—Hay que estar a mano, capitán.
Levi gruñe. Ella sabía que a esas alturas el odiaba que se dirigiera a él por su antiguo cargo.
De igual forma, tarda en contestar. Se notaba el debate interno con que batallaba. Eso la inquieta.
—¿Levi?
—Creo que era temor —dijo. Por mucho que no quisiera sacar el tema a la luz, Mikasa fue sincera con él. No podía permitir dejarse llevar siempre por la cobardía.
—¿Temor? —repitió la palabra que más le sorprendió—. ¿Tú... Temor? —él asintió, desconcertándola más. Nunca pensó que "miedo" estuviera escrito en el diccionario de Levi, alguien que alguna vez fue conocido como el soldado más fuerte de toda la humanidad—. ¿Por qué?
—Siempre he pensado que en el fondo, cargo una maldición —Mikasa no pareció entender—. ¿Te has dado cuenta que no hay ningún otro veterano aquí además de mí?
Era cierto. Las personas que en algún momento fueron cercenadas a él, no estaban ahí. Ni su escuadrón antiguo, ni el comandante Erwin, ni la comandante Hange.
—Sí.
—Y todos tienen algo en común. ¿Sabes qué es?
Ella duda en responder, era algo delicado.
—Ellos... Todos...
—Sí, están muertos —completó, frío.
Las piezas del rompecabezas fueron uniéndose unas con otras, aclarando el punto al cual quería llegar su ex superior.
—Pensaste que si te acercabas a mí, omitiendo los rangos del ejército, ¿moriría? —él volvió a asentir—. Levi.
—Eras una soldado clave para el cuerpo. Lo último que tenía que ocurrir es que te pasara algo.
—Eso no era posible, Levi. Soy fuerte, muy fuerte.
—¿Ah sí? Míralo de esta forma. No me acerqué a ti todos estos años y aquí estás, viva. Ahora que lo hice, te vas a ir lejos.
Una incómoda presión se adueña de su pecho. Sí, mañana debía dar su respuesta. Él no lo sabía, pero eso no significaba que podía hablar con tanta seguridad. Ya que ni siquiera ella sabía qué hacer.
—No me he ido —contraatacó, bajando la voz.
—Todavía.
—¿Por qué aseguras algo que no ha sucedido?
—Es lo más sensato.
—¿A qué te refieres con sensato?
—¿Acaso no te irás?
—¿Quieres que lo haga?
Ambos se miraron fijamente por unos instantes, instantes que en lugar de sentirse como segundos, fueron más como horas eternas. Gris contra azul. Y ahí estaba, otra vez ese dilema interno en Levi.
Mikasa quería decir que no temiera en desahogarse, que podía confiar, tal como ella ya lo hacía.
—Eso depende de ti —soltó al fin.
—Eso lo tengo claro, Levi. No te estoy poniendo a decidir por mí. Nada más quiero saber qué piensas.
—¿Acaso importa?
—Si no fuera así, no te estuviera preguntando. Si no fuera así, no te hubiera dejado opinar esa vez.
—Y te dije algo esa vez.
—Sí, sobre algo que pasó hace tres años. ¿Cómo puedo recordar algo que sucedió hace tres años, Levi? —comenzó a desesperarse.
—Mikasa, no lo entiendes...—aseveró su tono.
¿En qué momento su conversación tomó este rumbo?
—No, Levi. No es así —lo interrumpió, con la misma convicción—. Mi cabeza dolía, no estaba en mis cinco sentidos, ¿cómo podría? —remojó sus labios—. Mira a tu alrededor. No hay guerra, no hay cuerpo de exploración, no hay titanes y... estoy aquí contigo ahora —los ojos de Levi se ensancharon—. Me pediste que confiara en ti, ¿por qué no hacer lo mismo conmigo?
¿Por qué su voz se escuchaba tan rota? ¿Por qué sus ojos se humedecían más y más con cada palabra que salía de su boca?
Tal vez era porque por fin tuvo la oportunidad de crear un lazo con alguien. Con una persona diferente a las que siempre había estado rodeada, con una persona con quien logró ver un nuevo inicio en su vida. Pero esa misma persona no lo percibía igual que ella.
Primero Eren ¿y ahora Levi?
Una punzada en su cabeza la hace arrugar la frente y pegarse al espaldar del mueble. Era un irritante dolor acompañado de un agudo sonido.
—Oye, ¿qué tienes? —preguntó Levi, sujetándola de los hombros.
—No es nada serio. Ha de ser por el vino.
—No me estás diciendo la verdad.
—¿Cómo tú ahora?
—Mikasa, déjalo ya.
Ella lo regala una mirada asesina, mas no renegó. Rodándose hasta quedar más cerca de él, ladea su cabeza, apoyándola sobre su hombro.
—Si ese es el caso, déjame descansar entonces.
Levi desea renegar y sacar a la luz su fuerte voz de Jefe de escuadrón. Pero se trataba de Mikasa, no era algo tan fácil.
—Como quieras —bufó.
La noche continúa con ambos callados. Solamente se lograba escuchar la respiración tranquila de Mikasa y la pesada de Levi. Las palabras de la chica lo afectaron.
Ella en verdad pensaba que no cumplía con lo que fanfarroneaba. Y no, no era así. Era un hombre maltratado por la vida y caracterizado por ser pésimo con las palabras. Todos los que tanto apreció, se fueron para siempre. Siempre era lo mismo. Para una persona que había vivido con lo mismo desde la infancia, no le era sencillo sincerarse. El quiso acercarse a Mikasa, pero se reprimió muchas veces y optó por verla desde la lejanía.
Gira en su dirección y nota lo profundamente dormida que está. Detalla su semblante sereno, sus largas pestañas, su nariz respingada y su largo cuello. Su bufanda se encontraba en el perchero junto a la puerta.
Suspira. Si tan sólo pudiese recordar.
—No es que no confíe en ti, Mikasa —era consciente que hablaba solo. Poco le importó—. Simplemente, tengo miedo de abrirme más, despertar y ver que ya no estás cerca de mí otra vez.
Con esas palabras, que fueron más unos débiles susurros, cierra sus ojos y deja caer su cabeza sobre la de ella.
Fue un momento que añoraba que durara para siempre.
Hello~~ aquí un nuevo capituloEspero les hay gustado y lo hayan disfrutado.
¿Qué opinan de los comportamientos de Levi y Mikasa? Amo leer sus comentarios ojalá no me estén quedando muy OOC trato de mantenerlos con sus personalidades pero es un poco difícil TT
Ya tengo la mitad del siguiente capitulo escrita, ojalá logre terminarla para publicarla a principios de la siguiente semana.
Sin más, nos vemos pronto.
Las quiere.
Val.
