Esa noche, Mikasa tuvo un sueño, ¿o fue más una pesadilla? No sabía cómo describirlo.

Se encontraba llorando, acompañada del dolor que acaparó su cabeza horas atrás y la fuerza de este, era mucho peor. Sentía que su cordura pendía de un hilo entre recuerdos del pasado y el presente. Entre Eren y Levi.

No comprendía porque justamente ellos dos.

A su izquierda, Estaba Eren. Un Eren inocente, el niño que la salvó años atrás, el niño que le puso la bufanda cuando tuvo frío. La miraba cansado y ofuscado, extendiéndole el desgastado trozo de tela. No había ningún rastro de brillo en sus hermosos ojos verdes esmeralda.

Por otra parte, a su derecha, se hallaba Levi, luciendo mucho peor que Eren. Se mostraba desesperado y con lágrimas al borde de sus ojos. Movía sus labios, pero no podía escucharlo.

Por acto reflejo dio un paso hacia Eren para averiguar que le sucedía, que necesitaba, que tenía. Mas el molesto chirrido en su cráneo incrementó.

Volteó hacia Levi y al acercarse, el horrible sonido no la molestó. Siguió caminando y de pronto su voz era más clara. Logró descifrar que gritaba su nombre.

Siguió caminando hasta que no oyó su nombre, sino una frase.

"Ah" pensó conmocionada.

Ahí despertó.

Sus ojos revolotean tratando de ubicarse. La desorientación la afecta, aunque, no tarda en caer en cuenta que no estaba en su casa, si no en la de Levi y que no estaba en su cama, si no sobre el pecho de Levi.

Sus mejillas se ardieron en rojo vivo ante el hecho. ¿Cómo acabaron así? Él se encontraba parcialmente acostado sobre el mullido sofá y ella sobre su cuerpo.

Velozmente se coloca de pie y lleva una mano a su pecho. Hubiera sido demasiado vergonzoso si ambos se hubieran despertado al mismo tiempo.

Posa sus ojos en la ventana y ve que la presencia del sol se vislumbra cada vez más en el cielo. Según el reloj de Levi, eran las seis. El barco de Azumabito zarpaba a las siete.

Seguro Kiyomi esperaría el tiempo que fuera necesario hasta lograr verla. Sin importar que su viaje se retrasara.

Maquinando un plan rápido en su mente, trotó suavemente hasta la cocina de Levi, ahí prepara con mucho cuidado un desayuno. No quería despertarlo y la noche anterior fue brusca con él. Rodajas de pan caliente con cubitos de queso y té servido al gusto. Era lo mínimo que podía ofrecer como disculpa y agradecimiento. No sólo por recibirla y dejar que pasara la noche a pesar de que se rehusaba, sino por todo.

Luego de tapar bien los alimentos, se acerca a la entrada donde se pone sus botines, bufanda y bolso. Arregla su desaliñado cabello y alisa sus ropas.

Ya afuera, antes de cerrar la puerta, le dedica una última mirada a Levi.

—Gracias, de verdad, muchas gracias —susurró.


Unos constantes toques en la puerta le dan a entender a Levi que su tiempo de dormir ha acabado. Irguiéndose mientras rascaba uno de sus ojos, voltea con dirección a la puerta, irritado y confuso. ¿Qué hora era? ¿Quién era?

Los golpeteos del extraño —e imprudente— visitante, no parecían querer cesar, por ende, no tiene más opción que colocarse de pie y caminar a la puerta para abrir y enfrentarse a quien sea que osara a irrumpir su descanso.

No se sorprende de la presencia de Onyankopon, pero sí de la de Armin. ¿Acaso era tan tarde que lo dieron por muerto y fueron a confirmar si era cierta esa hipótesis o no?

—¡A'yo, capitán! —el saludo de Onyankopon, como siempre, denotaba alegría.

—Que.

El más alto niega su cabeza con una pequeña sonrisa divertida ante su frialdad. Era algo de esperar.

—Lamentamos despertarlo —dijo nerviosamente Armin, echándole un vistazo a su desaliñado aspecto—. ¿Podemos pasar?

Bufando, se hace a un lado, para darles paso a sus imprevistos invitados. No pasa por alto la diferencia de expresiones de cada uno. Onyankopon parecía complacido al ver que su plan del día anterior no causó desorden en la cabaña. La canasta estaba guardada y los platos limpios. Armin, en cambio, parecía como si estuviera buscando algo.

—Lamento no haberlo ayudado ayer —recitó con sinceridad, colocando su sombrero en el perchero.

—Tch, da igual. Venía una tormenta —calmó, realizando un ademan para restarle importancia—. ¿Alcanzaste a llegar?

—Sí, por suerte —dio un repaso a su alrededor—. Aunque, lo hizo bien sin mí.

—Siempre es así —bufo—. Pero fue Mikasa quien hizo todo.

—¿Mikasa? —inquirió Armin, sorprendido. Levi asintió—. ¿Ella pasó la noche aquí?

Levi desvía la mirada, incomodo. No tenía por qué estarlo, al final sólo durmieron. Mas se le hacía raro el decir que sí, Efectivamente pasó la noche ahí, y que de igual forma durmió con él en el mismo lugar.

No, no podía.

—Sí.

Armin suspira algo aliviado al saber que su amiga estuvo segura de la tormenta. Deseó preguntarle más a su ex capitán, empero notó lo timidez que emanaba, era mejor dejarlo hasta ahí. Con saber que Mikasa estuvo a salvo, era más que suficiente.

—¿Ella está aquí ahora?

—¿Uh? —el letargo aún seguía dominando a Levi.

—Mikasa —aclaró—, ¿sigue aquí?

Así que eso era lo que buscaba.

Claro. Al no estar cien por ciento despierto, no se dio cuenta que ella no se encontraba a su lado, ni que tampoco escuchó un "¿Qué ocurre?" Al momento de ir a la puerta.

Su boca no alcanza a abrirse para mostrar su poco conocimiento del paradero de la chica, Onyankopon se le adelanta, manifestando que no, que no estaba a los alrededores.

—¿Seguro? —pregunta. Su timbre rozó el desespero.

—No está en el patio trasero, ni en el cuarto de invitados. Además, hay comida cubierta en el comedor.

—Así que salió —musitó Levi.

—Lo siento, Armin. Este es el último lugar al cual ella frecuenta. Creí que estaría aquí.

El semblante del rubio decae. Una sombra oscura cubre parte de su rostro en lo que suelta una bocanada de aire.

—No se preocupe, Onyankopon.

—Oye, Arlet —Levi se acercó más a él al percatarse del drástico cambio—. ¿Qué te pasa? Puede estar en cualquier otra parte.

—Eso es lo que temo, señor —sus orbes celestes se agradaron al posarlas en él y percatarse de su desconcierto—. Acaso... ¿No lo sabe? —Levi negó. Se apreciaba perdido—. Hoy Azumabito vuelve a Hizuru. Y si Mikasa no está aquí, ni en los demás lugares a los que fuimos, entonces puede que esté ahí con ellos. El barco ya tuvo que haber...

Ahí deja de escuchar. La voz de Armin desaparece por completo. Su cerebro renuncia a terminar de escucharlo mientras recuerdos de la noche anterior llegan de golpe.

¿Sucedía de nuevo?

"¿Quieres que lo haga?"

Como siempre, no dijo nada.

No dijo nada y desvió el tema. No dijo nada y una discusión se formó. No dijo nada y ella ¿se fue?

—¡Capitán! ¡¿A dónde va?!

No le presta atención a los llamados llenos de angustia de Onyankopon. Su mente estaba en blanco y su cuerpo de movía por sí solo, porque, ¿en qué momento caminó tan rápido a la puerta?

—¡Capitán, su pierna!

Armin tampoco fue suficiente para contenerlo. No debería estar forzándose tanto, pero maldición, ¿una vez más permitiría que alguien importante se fuera de su lado?

Cierra la puerta estruendosamente a sus espaldas y se aproxima a los escalones. No le importa que el muelle esté a kilómetros de su casa, no le importaba si se jodería más su lesión, no le importaba gritar al océano cuando el barco estuviera a la mitad del viaje. Tenía que hacer algo, ser honesto consigo mismo una mísera vez.

Su pie no logra tocar el sendero que conduce el jardín con la salida. Porque ahí, a unos pasos de él, con una cajita en sus manos, se encontraba ella.

Tan hermosa, con ojos llenos de curiosidad y con el viento jugando con su cabello recogido. Pero lo más importante, estaba ahí.

Baja y da pasos largos para acercarse. No quería que fuera una broma de su subconsciente.

Pero no, era real.

—Levi, ¿qué demonios haces?

Su voz era real.

—Te vas a lastimar.

Sus pasos apresurados y cara ligeramente mezclada entre la inquietud y la molestia eran reales.

—Lev...

Sobre todo, la calidez de su cuerpo siendo rodeado por sus brazos, también era real.

Poco le importa el sonido seco de la caja cayendo al suelo, ni los alaridos de sorpresa de Onyankopon y Armin.

Ella estaba ahí y eso era lo único que bastaba.


Su frente se arruga ante el movimiento brusco que Mikasa realiza sobre su pierna. Después de su exabrupto, su extremidad le cobró factura. Ahora solos, ella, agachada, proporciona masajes en el área de la pantorrilla y parte del muslo.

—Te lo mereces —dijo, sentándose a su lado en el sofá. El sofá donde durmieron juntos la noche anterior—. Fuiste descuidado.

—¿Cuántas veces seguirás con eso? —rodó sus ojos, colocando con cuidado su pierna sobre la mesita de centro. En otra situación, no haría eso, era algo que le molestaba. Sin embargo, su pierna debía permanecer estirada.

—Las suficientes como para igualar la cantidad que tú me decías.

—Tch —repitió el gesto—. En esa caja que traias contigo, ¿qué hay?

—Oh, un presente de Kiyomi-San —miró la caja ubicada a un costado de la mesa—. La costura es importante en Hizuru. Al no irme, optó por regalármela.

—Ya veo.

Y eso es todo lo que dice.

La convicción que tenía desapareció en el instante en que comenzó a tratar su pierna. Sabía que debía hablar, joder, la había abrazado. ¿Cómo es posible que ella ocasionara ese desorden en él?

—¿Comiste? —averiguó Mikasa, rompiendo el tenso silencio.

Onyankopon mencionó tiempo atrás que había una comida en el comedor, pero en medio de su desconcierto por el comportamiento de Arlet y lo desconocido de la situación, no caló mucho en ello.

Pensar que los que la buscaban como locos, se fueron callados y haciéndose los indiferentes, le era bastante irónico. No los culpaba, todo fue tan inesperado por la escena que creó.

—No.

Ella lo mira con desaprobación entre la respuesta, tomando el semblante de una madre que está a punto de reprender a su hijo.

—No puedes saltarte las...

—Mikasa —interrumpió—, lo que pasó hace rato, disculpa si te incomode.

Los labios de Mikasa que yacían abiertos al sus palabras ser cortadas, se cerraron abruptamente ante el giro que toma la conversación.

Desde hacía minutos que añoraba tocar el tema y no sabía cómo. Le sorprende y al mismo tiempo le alivia que el haya iniciado.

—No te preocupes —habló suavemente—. Me sorprendí... mucho, pero no me molestó.

Levi suspiró con desasosiego ante lo dicho.

—Que bueno.

No dijeron más y el silencio vuelve, sin embargo, Mikasa ve la duda en sus ojos y no permite que este se extienda.

—Quieres saber porque sigo aquí, ¿verdad? —instó.

Ella estaba ahí y su vigor volvió, no había nada que perder.

—Sí —dijo puntual.

Mikasa toma aire antes de iniciar.

—Fue difícil decidir. Conocer la otra parte de mis raíces me atraía. Quería conocer los origines de mi madre, que comía, que hacía, que le enseñaban. Al mismo tiempo me asustaba el hecho que todo sería muy... desconocido para mí. Que el choque sería inmenso. Sentía que debía (y debo) ir de a poco, acostumbrándome a lo nuevo —señaló con el mentón la caja—. Por esa razón, le dije a Kiyomi-San que no me sentía preparada para ir a Hizuru, no ahora.

—¿Pretendes ir después? —una presión se ubicó en su pecho.

—Me gustaría visitar, no vivir. Al final, Paradise es el lugar donde nací, crecí y viví muchas cosas. Aquí hay muchas experiencias. Algunas buenas, otras malas y otras que duelen y que tardarán en sanar.

Diferentes recuerdos vinieron a su mente; sus amorosos padres, la muerte de los mismos, Eren salvándola, ella y Carla cocinando, Grisha agradeciéndole por las velas que llevaba cada noche para iluminar el sótano donde trabajaba, ella y Eren salvando a Armin, ella escuchando a Armin contar emocionado un descubrimiento asombroso que halló en un nuevo libro, ella junto a Sasha cortando papas en la cocina mientras Jean y Connie discutían por una tontería, las misiones, la guerra, el retumbar, la muerte de Eren, lo que vino después de eso.

—Pero también me di cuenta que —continuó—, es un lugar donde se puede continuar a pesar de todo. Y, aquí están las personas con las que quiero estar: Armin, Connie y Jean, Onyankopon —mordió la parte interna de sus mejillas— y sobre todo tú, Levi.

Los orbes azulinos se ensanchan.

—Mikasa —pronunció, sin intención de añadir un predicado.

—Al trabajar en tu tienda, caí en cuenta de muchas cosas que no vi con anterioridad. Ya sea directa o indirectamente, fuiste un pequeño detonador para que lograra seguir adelante. Te lo agradezco.

Los labios de Levi se movían tratando de soltar palabras que no logran salir. Eso poco importa, porque ella vuelve a retomar su habla.

—Y creo que... ya recordé tus palabras de aquella vez —sonrió ampliamente, hasta el punto de hacer que sus ojos se cerrasen—. Y acepto.

Un tirón la hace caer apoyada sobre Levi. Nuevamente la abrazaba, cálida y fuertemente, como antes. Esta vez, no se deja llevar por lo imprevisto del momento, estrecha sus brazos alrededor de su cintura, correspondiéndole.

—Has de saber que soy horrible con las palabras —susurró cerca de su oído.

—Bastante —bromeó—. Lo sé.

—Aun así, agradezco que te hayas quedado a mi lado.

La sonrisa vuelve a dibujarse en sus labios. Porque nunca escuchó a Levi con un tono tan blando (o tal vez nunca lo notó) y porque en el fondo sabía que no se arrepentiría de su decisión.

Lo siguiente que pasa si la desconcierta. Se separan, la distancia es corta. Ambos se miran fijamente. Sus mejillas se sonrojan. Su corazón late a un ritmo que hace mucho tiempo no experimenta. Traga saliva y antes de que se diera cuenta, Levi posa sus labios sobre los suyos.

Todo su ser se paraliza unos instantes y cuando vuelve en sí, no se quita, ni mucho menos lo empuja.

Anteriormente, en un mundo cruel, conoció la desolación en las expediciones cuyo resultado era desconocido, en la guerra contra humanos y titanes, en las traiciones y en las tristes despedidas.

Actualmente, en un mundo bello y libre, conoció el calor y el afecto en el apoyo, acompañamiento y dulce beso de Levi.


¿Pasó? ¡Pasó!

Ya era hora de un besito, ¿no?

Este capítulo fue complicado de escribir, no porque no sabía como terminarlo, al contrario, fue por flojera. No tengo arreglo TT

Espero que les haya gustado y que lo hayan disfrutado.

¿Recuerdan qué en el primer capítulo dije que calculaba unos 16 capítulos? Bueno, no creo que sean suficientes (Clown momento) la historia no puedo concluirla en tres capítulos teniendo en cuenta las cosas que quiero colocar. Tal vez me extiend capítulos más.

En fin, nos vemos en una próxima actualización.

Gracias por el apoyo y bonitos comentarios.

Las quiere.

Val.