El tiempo transcurre y Mikasa está cada vez más presente en su vida. En las mañanas, prepara el desayuno para luego irse con él a trabajar juntos. En el camino a la tienda, hablan y disfrutan de la brisa mañanera y abrasadores rayos del sol. En las tardes, ambos descansan un rato en la misma mesa y cuando los clientes están muy ocupados en sus asuntos o no hay muchos por atender, Mikasa va rápido a su casa para recoger mudas de ropa. En la noche, lo acompaña hasta la cabaña, prepara la cena, toma un rico té y se va a dormir a su lado en su amplia cama. Realiza la misma rutina todos los días.

Asegura que ha pasado más tiempo con él en la cabaña, que en su propia casa en los últimos cinco meses.

¿Era pública su relación? Lo sabían los más allegados, aunque era evidente que varios habitantes de la isla lo especulaban o lo daban por hecho.

¿Los besos? Son más recurrentes, más largos y menos tímidos. Esto, ha ocasionado sensaciones en él que nunca experimentó, o piensa no haberlas experimentado antes.

A veces se maldice por ser un bastardo pervertido, pero se recuerda que es algo normal, que son los estímulos de su cuerpo reaccionando ante los encantos de Mikasa mezclados con los tantos años llenos de soledad y abstinencia.

Cada que su ojo sano se enfocaba en ciertos lugares del cuerpo de la joven, los desviaba enseguida, porque la respetaba. Sin embargo, era difícil. Mikasa era mucho más hermosa con cada segundo, minuto, hora y día que pasaba. Más deslumbrante, más tierna, más risueña y más sensual.

Cuando se agachaba para trabajar en el huerto o en él jardín en ratos libres, se entretenía con cualquier cosa insignificante con tal de no ver su trasero.

Sentarse en sus piernas cuando estaba en la silla de ruedas, se volvió costumbre para ella, y para él, una tortura. Apretar sus puños para evitar tocar sus níveos muslos, dolía.

Ella parece no darse cuenta, tampoco parece tener ese tipo de "problema" con él, y lo entendía. Su físico no era atrayente. Nunca se consideró alguien guapo. Sus ojos eran pequeños y ojerosos, su estatura baja y su piel pálida. Sumando que, ante el ojo público, no cumplía el aclamado estándar de belleza, como si lo hacían soldados como Erwin o incluso Mike.

Ahora con profundas cicatrices en gran parte del rostro e inválido, la palabra "lindo" y él, no iban a la par. Si las cosas fueran diferentes, al igual que antes, seguiría siendo indiferente al tema. Empero, ahora está con ella y no podía evitar inquietarse ante el amargo que yacía en su interior por culpa de esa estúpida inseguridad.


—Que cansada estoy —comentó abatida Mikasa, dejándose caer de espaldas a la cama. Él la observaba de pie a pocos metros—. Que bueno que comimos afuera.

—Es tarde. Toma un baño para que puedas estar más cómoda.

—¿No quieres té hoy?

—No si estás tan agotada. Ve. Iré después que tú.

Mikasa exhala bruscamente al ser consciente que debe pararse a pesar de todo el agotamiento que ahonda en su cuerpo. En cuanto lo hace, toma su bolso y con pasos flojos, anda hasta el baño.

No tarda mucho en salir: limpia, refrescada y vestida con un liso camisón blanco. Tampoco demora en lanzarse de bruces sobre la cama otra vez.

Levi rueda sus ojos frente su actitud y va a tomar su ducha.

Su ceño se frunce al verla boca abajo en el puesto que no le correspondía, específicamente, en su puesto. Masculla dejando la toalla a un lado. Con su rodilla sana, se apoya en el colchón y con una de las manos situada en su cintura, la voltea, ganándose un reproche de su parte.

—¡Oye! —reclamó.

—Estabas en mi lugar —respondió, como si nada—. Acaparadora.

Ella le lanza un bufido antes de retomar su posición anterior. Levi gruñe y vuelve a girarla. Todo se convierte en un juego por parte de ambos en el que son conscientes que están siendo infantiles. Un juego lleno de risas y golpes leves otorgados por Mikasa, combinados con pellizcos y tirones por parte de Levi.

En un momento repentino, Levi sujeta sus muñecas y las posa a ambos lados de su cabeza, aprisionándola, para después ubicarse a horcadas sobre su cuerpo.

—Basta —pronunció, abatido.

—Ya te cansaste —señaló, jocosa—. Viejo.

Tch. Siempre tan imprudente, mocosa.

Mikasa ríe ante eso y no tarda en coger impulso para enderezar su espalda y plantarle un beso fugaz en los labios.

—Como dije, imprudente.

Ella vuelve a reír y él hace lo mismo mientras se acerca más y más para besarla como le gustaba.

Como de costumbre, inician suave, tomándose su tiempo, saboreando y disfrutando del otro. Ella, quien es siempre la primera en subir el nivel, muerde delicadamente su labio inferior. Él, como alguien terco que no le gusta quedarse atrás, desliza su lengua en su cavidad bucal cuando tiene la oportunidad.

Le encanta como sus lenguas crean una guerra de dominación en la cual ninguno piensa en ceder ni rendirse. Sus bocas son un campo de batalla entre besos pasivos y desesperados.

Separarse se siente vacío y reniega la falta de aire. Para saciarse, desplaza sus labios hasta sus mejillas, las cuales besa delicadamente para luego descender hasta su cuello.

Y Dios, su olor, su maldito olor. Todo lo que conformaba a Mikasa le encantaba, pero su olor dulcecito similar a la vainilla, lo embriagaba de sobre manera. Aspira su esencia hasta llenar sus pulmones y reparte besos cortos de un lado a otro.

Su concentración hace que libere las manos de la chica, quienes no tardan en llegar a su pelo para acariciarlo y tironearlo.

Los besos castos se convierten en besos con la boca abierta. Pasea su lengua y succiona partes aleatorias del blanquecino lugar, dejando fascinantes marcas rojas que contrastaban con su piel. Los sonoros suspiros que provienen de Mikasa le comprueban que lo que hace no es malo.

Sus besos no cesan y sus manos no pretenden mantenerse quietas. Inconscientemente las baja cada vez más, acariciando sus brazos, cintura y abdomen. Desde ese último punto, asciende hasta tocar y apretar sus senos. Ahí, Mikasa pega un respingo que lo hace entrar en razón.

Ambos están agitados y con expresiones ilegibles. El cabello de Mikasa está revuelto, sus mejillas sonrojadas y su camisón varios centímetros arriba de donde solía encontrarse. No tiene conocimiento de cómo luce él, pero asume que está igual por su suéter arrugado, creciente bulto y calor que quema su piel.

¿Qué demonios acaba de pasar?

—Mikasa yo... —no sabía por dónde empezar— Lo siento.

Es lo único que sale de sus labios y lo más coherente que pudo habérsele ocurrido.

Tal vez, se pasó. Tal vez, la disgusto. Tal vez, ella no sabía cómo confrontarlo y todo por sus malditas hormonas.

Tch, ¿por qué hizo eso? Hace mucho tiempo dejo de ser un adolescente. El sexo todo el tiempo le fue irrelevante. ¿Por qué ahora? ¿Por qué ella?

"Porque no hay guerra y ella es diferente"

Pff, que triste que su subconsciente fuera más inteligente que él.

Mikasa sigue en estado de shock y no parece querer hablar. No era necesario alargar más la desconveniencia del momento.

—Durmamos.

Al parecer, aquella frase la hace reaccionar, porque enseguida sujeta su brazo y prevé que se separe de ella.

—¿Mikasa?

—Levi, ¿por qué...?

—No lo sé. Yo... Me dejé llevar. Perdón.

—No —paró su habla. No sé refería a eso del todo—. ¿Por qué te alejas?

¿Escuchó bien?

—¿C-Cómo que por qué? —cuestionó, embrollado—. Te asusté, Mikasa.

—Me impresioné —aclaró, bajando su tono—. Yo nunca...

—Con más razón —gruñó.

Al decir eso, se quita de su cuerpo y se acuesta dándole la espalda. Puede escuchar como la chica resopla frustrada. No la ve, pero jura que lo está fulminando con la mirada a la vez que frunce sus labios. Son gestos que siempre hace cuando algo le molesta.

—¿No hay otra razón por la que te detienes?

—No quise abrumarte más, Mikasa. Ya te lo dije.

—¿No será porque... no ves como una mujer?

¿Qué clase de sandeces decía? Si supiera todo lo que generaba en él con tan sólo un toque.

Con la frente acartonada y una ceja enarcada, vuelve a ella, sentándose y confrontándola. Su cabello seguía desordenado, pero su camisón ya cubría sus piernas con totalidad.

—¿Qué diablos te hizo llegar a esa conclusión?

—Me conoces desde hace tanto tiempo que... —desvío su vista—. ¿Acaso eso no será lo que más te afecta?

—Mikasa, maldición, no —sujetó sus hombros—. Si ese fuera el caso, nunca hubiera intentado algo contigo. Créeme. Simplemente, no quiero forzar las cosas, ¿me entiendes, verdad? —ella asintió abatida—. Además, yo tampoco he hecho eso y lo último que quiero es lastimarte.


Mikasa levanta la cabeza y se topa con sus ojos. Ojos que le transmitían comprensión. Ojos que transmitían protección.

¿Cuándo fue la última vez que se sintió así? ¿Alguna vez alguien la protegió y cuidó tanto como lo hacía Levi ahora?

No, no solo ahora. Siempre fue así.

—Confío en ti, Levi —se sentó. Las manos de Levi abandonaron sus hombros—. Sé que jamás me lastimarías.

—Mikasa —sus orbes azulinas brillaron. Como amaba sus ojos.

Quiero hacerlo. Contigo y sólo contigo.

—¿Ahora? —balbuceó.

Mikasa asiente ante la tierna acción y se acerca a él. Abrazarlo siempre se sentía tan bien, igual que un hogar.

Cuidémonos mutuamente —le susurró cerca a su oído.

Así, retomaron.

Los cortos vellos de la joven se erizan y aquellas extrañas corrientes se adueñan de su cuerpo nuevamente. Levi besaba vivamente sus labios en lo que sus manos palpaban rincones desconocidos.

Ella, en cambio, amasaba su espalda y despeinaba aún más su cabello en lo que se ocupaba de su lengua.

Ambos sentados frente a frente, Mikasa sobre su regazo, ambos tocándose y conociéndose más a profundidad.

Las manos callosas y juguetonas regresan a sus muslos, topándose con el pliegue de su camisón.

—¿Puedo?

Ella coloca su mano sobre su mejilla, arrullándola.

—Sí —dijo, con la mayor seguridad que pudo transmitir.

Los nervios de su acompañante son patentes. Siente claramente el leve temblor de sus dedos, mas eso no le impide proseguir.

Percibe como se disloca al darse cuenta que, al quitar la prenda, no llevaba sostén, solo sus bragas.


Sus pechos se encontraban sin tapujos frente a él. Eran de tamaño considerablemente grande, nada exagerado, decorados con un par de rosadas areolas y pezones erectos.

La sangre corría cada vez más rápido a su meridiano sur.

Tímidamente, aprisiona uno con delicadeza y pone la boca en el otro, lamiéndolo, succionándolo. Seguía un ritmo constante para después intercambiar funciones en cada mama.


Mikasa de igual manera quiere tocarlo y no tarda en obligarle en quitar su suéter, acariciar su plano abdomen y su ancha espalda.

—Oh —gimió, al percibir como las caderas de Levi realizaron un contorneo circular debajo su cuerpo. Las corrientes incrementaron ahora en la parte baja de su abdomen.

—¿Se siente bien? —averiguó él, alejándose de sus senos para examinarla.

—S-Sí.

Y era cierto, el roce entre su parte íntima ligeramente cubierta sobre el bulto de sus pantalones de chándal era placentero. Tanto así, que no tarda en unirse en imitar los movimientos.

La temperatura y excitación subían con el paso de los minutos y Mikasa añoraba más cercanía. Mucha más.

Y tal como si leyera su mente, Levi para y le pide un poco de espacio para así quitar su delgados pantalones.

Ante la mayor cantidad de contacto, ambos gimen y retoman su labor.


En un movimiento rápido, Levi rodea la cintura de Mikasa con uno de sus brazos y se deja caer sobre la cama de espaldas, dejándola ella arriba de su regazo.

Sería conveniente y favorable para ambos. Ella podría mantener un control que no le doliera y él no sobre esforzaría tanto su pierna.

La joven se disloca ante lo rápido que pasó todo, pero continúa concibiendo placer para ambos. Estaba mojada.

Sus manos no paraban de tocarla, era como si quisiera memorizar todos los puntos de su suave piel y le complacía haber hallado los más sensibles. Cuando bajan hasta el dobladillo de su ropa interior, la mira, buscando algún deje de arrepentimiento o miedo. Mas solo se topa con placer y emoción.

Le da su espacio para removerla y cuando lo termina, ella hace lo mismo con la suya.

Nota como Mikasa traga saliva bruscamente al toparse con su despierto miembro. Le pareció tierno como sus labios tiemblan ante la desconocida longitud.

—Cálmate —dijo, plasmando tiernas caricias en sus brazos.

—Levi.

—Ven aquí.

Agarra su miembro y lo desliza por su zona, de arriba hacia abajo, estimulándola y humedeciéndola más, consiguiendo un gemido alto de su parte.

—Si te duele, no temas en parar —advirtió, a punto de insertarlo en su entrada.


Malestar. Eso es lo que siente cuando Levi se une a ella. No es un dolor desgarrador como oyó muchas veces de sus compañeras en los baños de la legión. Era un dolor quisquilloso y soportable acompañado de un ardor que paulatinamente fue desapareciendo.

La imagen de Levi bajo su cuerpo era hermosa: Cabello húmedo por el sudor, mejillas sonrojadas y labios apretados, previniendo cometer una acción brusca que pudiera herirla.

Cada que descendía, se tomaba unos segundos para acostumbrarse a la intromisión que yacía dentro de ella y cada que soltaba algún alarido, Levi masajeaba sus caderas y cintura para relajarla.

Empieza con movimientos lentos y cuando toda rareza desaparece, la extraña presión, se convierte en una sensación cosquillosa que era cada vez más placentera y deseaba estallar.

Levi manosea sus senos, cintura, trasero y con sus dedos, mimaba aquel botón especial que se exhibía hacia él.

Sus expresiones, jadeos y gemidos, fueron suficientes para llevarla al punto de no retorno.


Mikasa al llegar a la cúspide, deja salir una bocanada de aire y se deja caer. Él la recibe con los brazos abiertos y rueda, dejándolos de lado, ella con la espalda pegada a su pecho.

—¿Estás bien? —musitó, limpiando el sudor de su frente.

—Sí —respondió, entre respiraciones entre cortadas—. Puedes... seguir.

Con ese permiso, alza su pierna y guía su miembro a su entrada, dejándose llevar.

Nunca, nunca en su vida se imaginó así. Había escuchado las experiencias de ex soldados, compañeros y uno que otro mocoso calenturiento, mas nunca lo llevó a cabo. Hasta ahora.

Tal y como su físico, eso era otra cosa que poco tenía relevancia. La situación con la que vivió por años en el subterráneo, los titanes, el estrés de la guerra, la "profesión" de su madre... Todo influía para colocar esa "necesidad básica" como una de sus últimas prioridades.

Pero ahora, con los miedos desechados, con Mikasa a su lado y con las innumerables sensaciones que corrían en la zona sur de su cuerpo, todo era diferente. Increíblemente diferente.

Al llegar a su orgasmo, esconde su rostro en el hueco del cuello de Mikasa mientras suelta un gemido ahogado.


A la mañana siguiente, como era habitual, Mikasa se levanta temprano. Le impresiona ver a Levi dormido todavía. Usualmente es él quien se despierta primero y la mueve hasta que ella abre los ojos.

Recuerdos de la actividad de horas atrás llegan fugazmente a su mente, retrayéndola.

—Cielos —sonrió—, en verdad pasó.

Siente como los brazos de Levi la aprisionan mansamente contra sí. Sería muy difícil colocarse de pie.

Una parte de ella sabe que debía despertarlo, pero hay otra que se retenía. Ya era un común despertarse y ver su rostro, sin embargo, nunca se aburriría de lo delicado y calmado que se mostraba. Adoraba cuando su ceño fruncido desaparecía, lucía más hermoso.

—Levi —pronunció, realizando un esfuerzo mínimo en despertarlo—. Tengo que hacer el desayuno.

—No hay que apresurarse.

—¡Estabas despierto! —ensanchó sus ojos.

—Todavía es temprano —ignoró, apegándose más a ella.

—¿Y el desa...?

Pero él no la deja terminar y la acerca más, acurrucándose, y embriagándose más de su calor.

—He dicho, que todavía es temprano.

Con eso da por terminada la conversación. Mikasa no tiene más opción que resignarse.

—Gracias —musitó, tiempo después, adormilado.

—¿Uh? —formuló, en evidente señal de confusión.

—Por permitirme ser el primero y por creer tanto en mí.

Mikasa lo observa unos largos segundos antes de acariciar su nariz con la suya y estampar un beso en la frente.

"Soy yo la que eternamente estará agradecida"

—Siempre —murmuró, arrimándose en su pectoral—, siempre lo haré y siempre lo serás.

Eso hizo a Levi sonreír.


Holis~~

Cuando estaba planeando los capítulos, le pregunte a mis amigas RM de como debería hacer a Levi, inexperto o con experiencia. Ellas respondieron la primera opción y luego de analizarlo, les di la razón. Creo que tomando en cuenta lo que sufrió y vivió el pobre, es lo más lógico. Aunque, claro, cada quien percibe su personaje como quiere jejeje.

Ojalá este lemon/limen haya quedado bien TT

Espero que les haya gustado y lo hayan disfrutado.

No sé si lo notaron pero cada separador marcaba el cambio de punto de vista. Espero que no haya sido vertiginoso jaja.

Nos vemos en una próxima ocasión.

Las quiere.

Val