Mikasa sonríe al saborear la suave y fría textura en su lengua. Una de las cosas que siempre quiso volver a probar, era el llamado helado. Y ahora, con la llegada de este a Paradise, por fin sus papilas gustativas podían deleitarse una vez más con el delicioso sabor cremoso del mismo.

Personas arribaban más y más a la plaza; niños, adultos y ancianos. Todo con el fin de pasar un momento agradable junto a los nuevos productos recién traídos a la isla. Cada uno, proveniente de Marley.

"Siempre haciendo un trabajo espléndido" pensó en su mejor amigo, observando el alegre ambiente que la rodeaba.

A unos pasos, Levi se encontraba sentado en su silla de ruedas, apartado, leyendo el periódico. Mikasa recuerda lo mucho que tuvo que insistirle para poder asistir después del trabajo. Sabía que el ruido era una de las cosas que más le disgustaba, sin embargo, no quería perderse del evento. Fue renuente, mucho, mas al final aceptó.

Camina hacia él emocionada. A pesar de todo el tiempo que ha pasado desde la primera vez que se volvieron a reencontrar, nueve meses exactamente ese día, le cuesta creer lo mucho que se encariñó y como creó un lazo con él. Justamente con él.

Todo fue un sube y baja, un tira y jala… Muy complicado, pero a la vez, muy satisfactorio.

Porque no se arrepentía.

Levi se convirtió en alguien muy especial para ella. En alguien al cual no quería que le pasara nada, en alguien que quería cuidar y proteger, en alguien en que podía confiar, en alguien con quien se sentía segura. En un lugar donde volver. En un hogar.

Su hogar.

Levi significaba paz, calidez y tranquilidad. Era lo que siempre quiso, lo que siempre añoró, lo que siempre deseó. Todo el tiempo estuvo ahí, cerca, tan cerca que dolía y lastimosamente ella no lo notó. Hasta ahora, años después.

Tardó, tardó mucho, pero no importaba, porque ahora estaba ahí con él y nada lo cambiaría.

Con ese pensamiento en mente ya de pie a sus espaldas, se inclina a su mejilla y planta un sonoro beso, sorprendiéndolo.


El sexo es espontáneo y algo que los une cada vez más. No es cotidiano pero si recurrente. Desde la primera vez que lo hicieron, una chispa explotó en ellos. Una chispa que los impulsaba a seguir aventurando sus cuerpos.

Han aprendido mucho. Mikasa sabe que él ama sus pechos y ella su blanquecino cuello. Que el olor dulce que emanaba de su cuerpo, lo volvía loco. Y que su voz ronca susurrando frases impúdicas, bastaban para llevarla al paraíso.

Ella siempre está arriba. Si bien la razón es por la pierna de Levi, ella sospecha y está casi segura de que es porque a él le gusta ser dominado. Siendo algo irónico y hasta extraño por su frialdad e imagen de soldado fuerte. Nunca se lo ha dicho y nunca se lo dirá, empero, viendo sus reacciones cuando sujetaba sus muñecas por sobre su cabeza, en lo que se ponía sobre su pelvis, sus quejas eran nulas.

En cambio...

A-Ah.

Hay momentos en donde a él le encanta llevar el control.

Sus dedos hacían maravillas sobre su clítoris, su miembro propinaba gustosas estocadas, su brazo rodeaba su cintura firmemente y su boca besaba con fiereza su cuello. Ella, de espaldas, apoyándose en su pecho, con la cabeza sobre su hombro y soltando fuertes gemidos.

¿Quién diría que su silla podría tener otros usos?

Mikasa, inconscientemente, movía las caderas para crear más intromisión entre los dedos y el miembro erecto que satisfacía su interior. Demonios, estaba tan cerca.

—Hazlo, Mikasa.

Y esa frase, con su voz rasposa y grave, bastó para que su esencia se dejara ir en grandes cantidades sobre su extremidad.

—Bien —murmuró, girando su mandíbula para besar sus labios, a la vez que retomaba los movimientos para conseguir su éxtasis.


Sus viejos y nuevos amigos son, de igual forma, importantes en su vida cotidiana. Onyankopon es cada día más apegado a ella, la aconseja cada que puede y ayuda cuando está cansada. Trabajan juntos tanto en la tienda como en el huerto de la cabaña. Armin está ocupado la mayoría del tiempo, pero aun así, siempre se encuentra al pendiente de su salud y ánimo. Aunque no se halle a su lado, nunca la deja sola.

Jean y Connie visitan la tienda ciertos días de la semana. Algunas ocasiones se quedan un rato, otros, van de paso.

No importa cómo...

—¡Oh!

En cada llegada, asombran con algo nuevo.

El objeto brillante que decoraba el dedo de Jean la deja anonadada. Era un anillo precioso; plateado, con una gema de tamaño considerable y elegante. Era evidente que no era de un bajo precio.

—Impresiónate, ¿cierto? —pronunció Connie, sujetando firmemente la muñeca del más alto, exponiendo más el adorno.

—¡Suéltame, idiota! —gruñó Jean. Su amigo lo ignoró.

—Nunca decepcionan... —murmuró para sí, sin apartar la vista—. ¿Cuándo pasó?

—Los viajes en el barco no solamente fueron para la paz —Connie no paró de bromear.

—¡¿Podrías callarte, Connie?!

—Es muy lindo —dijo, todavía en shock—. Sin embargo, aún sigo impactada. ¿Quién es? No sabía que salías con alguien.

—Anda en cuatro patas y menea su cabello cuando lo ve. La, la, la.

—¡Connie!

—No... —los orbes de Mikasa se expandieron—. ¿Acaso...?

—¡Así es, Miks! Nuestro querido amigo caballo —Connie pasó su brazo por los hombros de Jean, acercándolo más a su cuerpo—, consiguió finalmente a su adorable carreta.

La paciencia de Jean se esfuma. Con sus manos empuñadas, propina numerosos golpes en la espalda y cabeza del moreno.

—Yo… Increíble. Muchas felicidades, Jean.

Al oír la voz de Mikasa, Jean se detiene y sonríe.

Su primer amor.

Imperecederamente, fue consciente que nunca sería correspondido. Primero, Eren. Él significaba el universo para ella y sí, solían tener altercados, demasiados, mas nunca optó por "robarle" a Mikasa. Porque era inútil, había perdido esa batalla desde el inicio. Batalla la cual su persona misma había creado.

Cuando Eren se fue para siempre, no se atrevió a acercársele. Pudo haberlo hecho, pero optó por alejarse. Todos los días trató de convencerse que fue por respeto, sin embargo, en el fondo sabía que fue por miedo. Miedo a un nuevo rechazo. Y cuando volvió, ella ya era feliz con alguien más. Con otra persona que nuevamente no era él. Dolió, dolió mucho.

"—Oye, ¿por qué tan cabizbajo?"

En ese instante, ella apareció y su corazón volvió a latir ávidamente, sus vellos a erizarse, su garganta a secarse. Había vuelto a enamorarse.

Mikasa marcó un nuevo inicio tras un amor fallido.

Él también.

Ambos, a final de cuentas, eran libres. Libres de amar, querer y seguir adelante.

—Te lo agradezco, Mikasa —dijo, con honestidad palpable.

—¡Caballo y carreta juntos!

—¡Maldición! ¡Connie, cállate!


—¡Capitán!

La visita de Gabi y Falco fue imprevista. Ambos se encontraban en su nido de amor, brindándose besos y caricias que subían de tono con el pasar de los minutos cuando los estruendosos golpes provenientes de la puerta los interrumpieron. Al principio optaron por ignorar, mas a la tercera vez, se resignaron en levantarse.

Levi los recibió con un gruñido, aunque, era más por verse interrumpido que por su presencia. Gabi no se intimidó ante su expresión y se lanzó para darle un fuerte abrazo mientras que Falco sólo le proporcionó unas palmadas tímidas en el hombro.

El tiempo pasó rápido, no había ningún ápice de ingenuidad o niñez en sus rostros. Eran todos unos señoritos. Señoritos que no tardaron en notar que ella estaba ahí, y entre miradas confusas, la saludaron formalmente.


La curiosidad de Gabi no la mantenía tranquila. Las incontables dudas presionaban la punta de su lengua para manifestarse. No podía aguantar un minuto más. Y en lo que ayudaba a Mikasa en el jardín, el bombardeo de preguntas, estalló.

—¿Son amigos? ¿Son pareja? ¿Viven juntos?

Mikasa detiene su accionar y voltea hacia ella, con la boca entreabierta.

—G-Gabi... —balbuceó.

—Yo... ¡Lo siento! —exclamó avergonzada, cayendo en cuenta de su exabrupto.

El silencio que crearon ambas es inquieto e incómodo. Pero Mikasa desea saber el porqué de su reacción.

—¿Por qué hiciste esas preguntas tan de repente? —cuestionó, segundos después.

—Lo siento si la hostigué pero... En verdad quería saber.

Mikasa la detalla unos instantes. Por su semblante y dedos jugando entre sí, además de denotar pena, mostraba preocupación. Al parecer, en el tiempo en que Levi se encontraba en Marley, la —ahora— adolescente logró crear un lazo filial con él. No la culpaba.

—No sabía que te importara tanto —suavizó su tono.

—Lo sien...

—No tienes que —cortó, amable—. Y no es necesario que te dirijas a mí tan formal. Háblame tal como lo haces con falco o incluso con Levi.

—¿En verdad puedo?

Ella asiente.

—Claro, ya no hacemos parte del ejercito —hizo una pausa—. Con respecto a tus dudas... Puede decirse que estamos juntos.

Ante su respuesta, la expresión de Gabi cambia de forma rotunda. Ya no está retraída, por el contrario, enseñaba felicidad. Eso en el fondo, la desconcierta.

—Que bien —musitó—, que bien que pasó.

—¿Gabi? —enarcó una ceja, aturdida.

—No debería decir esto, así que, por favor, ¿puedes guardar el secreto?

Todavía sin entender, Mikasa promete que no dirá nada al respecto.

—El capitán, cuando estuvimos en Marley, estaba preocupado por ti. Él lo dijo una noche. Confesó que... Si tal vez las cosas hubieran sido diferentes, ese día, el de la batalla quiero decir, te hubiera propuesto ir con él. Pero...

—Me fui —completó, apartando la vista. Gabi la miró con un deje de tristeza.

—Sí —afirmó—. Por eso me alivia saber que ahora están juntos. Él podrá estar tranquilo y tú ya no estarás sola.

—Además de ti... ¿Alguien más sabía sobre eso?

—Solamente Falco y Onyankopon.

Oh. Eso explicaba la reacción del último el día en que la vio llegar a la tienda de té por primera vez. Todo cobró sentido. La sorpresa de todos; Gabi, Falco, Onyankopon, fue el verla ir a él cuando parecía un imposible.

"—¿Te vas?

¿Vendrás mañana?

Sí"

Hasta Levi dudaba el hecho de que ella se hallara en su mismo espacio.

—Gracias, Gabi. No te inquietes, el secreto estará a salvo. Asimismo ten seguridad que no me alejaré de él. No otra vez.

Eso fue suficiente para que la muchacha asintiera y continuara con la labor.

"Te lo agradezco mucho, Mikasa. "


Ambos, Gabi y Falco, se convirtieron unas manos extras para las diferentes actividades. Ayudan en la tienda como meseros, en la cabaña de Levi con su huerto y jardín, en el mercado y en la limpieza. Se hospedan en su casa al no usarla seguido y hace poco anunciaron que se irían en un par de semanas.

Tenerlos cerca es ameno, sobre todo para Levi, quien aunque no lo demostrase, se notaba que los echó de menos y que le alegra verlos. Tanto así, que se queda mirándolos con suavidad y cariño cuando se encuentran distraídos.

Mikasa, por demás, se hizo cercana a ellos, y aun así, todavía le tienen un gran respeto, siendo Falco el más arraigado. Los nervios le impedían llamarla por su nombre de pila.

Es agradable tenerlos cerca, empero…

—¿Señorita Mikasa? —inquirió Falco, preocupado.

Los últimos días no se ha sentido bien.

Levi lo había notado, pero ella siempre le restaba importancia argumentando que fue por algo que le sentó mal. Así fue por un tiempo, hasta que paulatinamente comenzó a empeorar. Se veía más pálida, sufría continuos ataques de náuseas y al ver comida se sentía tan asqueada hasta el punto de vomitar. Levi se preocupaba y varias veces la instó en ir al doctor, mas se negó, aludiendo que se le pasaría.

Ahora, junto a falco, se hallaban en el patio trasero trabajando en el huerto, uno al lado del otro. Ella cortaba la hierba mala, mientras que el muchacho las colocaba en una bolsa. Hacía calor y los rayos del sol los golpeaba directamente, ocasionando su sudar.

—Sí, falco. No es nada. Ha de ser la insolación —lo calmó, agitando su mano cual abanico.

—¿Oh? ¿Es eso? Bueno... —dirigiendo una de sus manos a su cabeza, Falco remueve el sombrero de paja que portaba y lo coloca sobre la suya —. Creo que esto servirá.

—Falco...

—N-No tengo problema en hacer eso.

Ella aprecia el gesto y lo hace saber, desordenado los rubios cabellos del chico. Manía que adoptó de Levi.

Poco rato después, terminan y al colocarse de pie, un fuerte mareo la sucumbe, provocando que arrugue el rostro y soltase la canasta que cargaba.

Lo último de lo que es consciente es de falco sujetándola en brazos, previniendo que cayera al suelo y gritando su nombre, desesperado.


Entrecierra sus ojos ante la luz que choca con ellos. Mueve sus irises de un lado a otro, intentando averiguar en donde se encontraba. Capta rápidamente que está en la habitación y que Levi está a su lado. Ve al doctor Thompson analizando unas muestras de sangre mientras lee un viejo libro, Gabi y Falco, expectantes a su lado, aguardando por el veredicto y Onyankopon apoyado en el umbral de la puerta.

—Oh, despertó.

Todos giraron a su dirección al escuchar el anunció de Onyankopon.

—Mikasa, es un alivio que haya despertado —Thompson habló con su caracterizada amabilidad, alejando sus implementos y enfocándose en ella. Todos lo hacían—. El capitán Levi me permitió sacarle algunas muestras de sangre, espero que no le moleste —ella negó—. Bien, es bueno saberlo. De igual forma, me comentó que ha sufrido una serie de malestares, ¿es eso cierto?

—¿Oh? S-Sí —afirmó, ubicándose, con ayuda de Levi, en el espaldar de la cama.

—Trata de no moverte tanto —le reprochó en un susurro.

—Pero ya me siento mejor, Levi.

—El capitán tiene razón. Es mejor que tenga mucho cuidado con su salud de ahora en adelante.

—¿Es muy grave, doctor? —preguntó Gabi.

—No, para nada —aseguró, acercándose más a la joven, acuclillándose a su lado—. Mikasa, ¿los malestares que has experimentado son muy fuertes?

Ella asintió.

—Me siento ofuscada, no todas las comidas me atraen y cuando como, vomito en grandes cantidades.

—Entiendo —se levantó—. No es de que aterrarse, los síntomas por los que está atravesando son comunes en las mujeres gestantes.

Las expresiones de todos los presentes se vuelven un poema. Mikasa le da un vistazo rápido a Levi antes de dirigirse al doctor.

—Doctor Thompson… ¿Eso quiere decir que yo...?

—Sí, es así. Estás embarazada, Mikasa.


Luego de colocarse su pijama y cepillar su largo cabello, Mikasa se coloca frente al gran espejo que decora el amplio cuarto. Observa cada parte de su cuerpo, de pies a cabeza. De manera involuntaria, lleva sus manos a su abdomen aún plano y lo acaricia con delicadeza.

"Yo... Una madre"

El mero pensamiento hace que suelte una gritito avergonzada y sus mejillas se enrojecieran.

Sus manos no se detienen y siguen con la placida caricia mientras las palabras del doctor Thompson explicando la situación vuelven:

"—Analizando lo fuerte que han sido los síntomas, son diferentes a los de un embarazo promedio, igualmente, los exámenes que realicé. Tal como comuniqué, no hay que asustarse, es muy común en su caso. Dos bebés consumen mucha energía. "

Muy dentro de sí, quería formar una familia, casarse, tener hijos y una bonita casa donde vivir. Quería, de una manera u otra, profesar el amor que sus padres le dieron, quería ser feliz. Empero, nunca lo manifestó, porque el mundo era cruel y nunca se lo permitiría. Eso creyó, por mucho tiempo.

Ahora años después, tendría la posibilidad de ser y de tener todo lo que quiso. Con alguien al cual quería y le correspondía.

—Aún no te sale nada.

La voz de Levi tras sus espaldas la exalta.

—Yo...

"Que vergüenza"

—Pareces feliz —suspiró, sentándose en el bordillo de la cama.

Una pequeña sonrisa se dibuja en sus labios.

—Sí, lo estoy.

—Eso está bien, supongo.

Mikasa frunce su ceño al notar su semblante decaído y mirada perdida. Confundida, se sienta a su lado, poniendo su mano sobre la suya.

—¿Ocurre algo? —preguntó, ablandando su tono. Él guardó silencio—. Es por la noticia, ¿cierto?

—No creas que no me gustó —se apresuró en decir. Temía que malinterpretara sus acciones y se entristeciera—. Tan sólo no lo esperé. Tu reacción... Creí que sería diferente, es decir, creí que te disgustaría la idea.

El rostro de Mikasa se distorsiona aún más ante lo dicho.

—¿Por qué pensaste algo así?

—No sé. Tal vez porque eres joven y yo no. El tener un bebé es una gran responsabilidad y requiere de mucho compromiso. Pensé que robé una etapa de tu vida. Sumando que, nunca entenderé lo que es ser un padre. Nunca tuve uno y quien pudo serlo, se alejó como si nada. Un mocoso ahora… No sabría qué hacer.

El agarre sobre su mano es más fuerte, haciendo que pusiera toda su atención en ella y no en la pared.

—Levi, ¿recuerdas lo que dije hace unos meses? —él la observó a la expectativa—. Cuidémonos mutuamente. Esto es nuevo, sí, pero podrá funcionar si estamos juntos —rodeando su cuello con sus brazos y tira de él, apoyando su cabeza sobre su hombro—. Y, por favor, te suplico que no me trates como una niña. Sé lo serio que es esto y estoy segura que quiero esto contigo.

Levi, con una sonrisa diminuta, corresponde su abrazo y se acomoda más sobre ella, después de plasmarle un beso rápido en su mejilla.

—Siempre serás una mocosa.

—Levi —advirtió, en tono amenazante.

Mi mocosa.

Aquella frase hace que su corazón lata a un ritmo descomunal, enterneciéndola, pero al mismo tiempo, avergonzándola.

—V-Viejo tonto —tartamudeó, mordiendo su labio inferior, conteniendo su risa.

Levi, por el contrario, no pudo amortiguarla. Mikasa le gustaba mucho cuando reía y odiaba lo poco que se atrevía a hacerlo.

—Ya es tarde y tienes que descansar mucho desde ahora.

—Lo sé, lo sé.

Luego de separarse y ubicarse en sus respectivos lados de la cama, Mikasa se estira hasta el buro para apagar la lámpara de aceite. Al hacerlo, se topa con su bufanda roja, solitaria y perfectamente doblada.

Eren.

—Levi —sus ojos permanecían en la prenda.

Hmm.

—¿Podrías acompañarme a un lugar mañana?

—No tienes que sobre forzarte, ¿no oíste a Thompson?

—Entiendo, pero, es importante. Por favor.

Él exhala pesadamente. Pocas veces le dice que no.

—Bien, bien.


A pesar del tiempo transcurrido, la tumba de Eren no se encontraba en mal estado. Armin se había encargado de contratar a alguien para su aseo y permanencia.

Reuniendo coraje, Mikasa se encamina hacia la cima de la colinaa donde está se hallaba. Levi la esperaba abajo. Por más que insistió en que quería acompañarla, ella aseguró que lo mejor era ir sola. No teniendo de otra que respetar su privacidad, aceptó.

Llena de nostalgia, pone flores a lo largo del lugar. Después de toda la carga que tuvo que lidiar por años, Eren al fin descansaba en paz y era libre. La rosa blanca lo definía en su totalidad. Él la salvó y llegó en un momento traumático de su vida, en el instante en que su niñez fue arrebatada. El color rosado del otro par, era símbolo de su gratitud y cariño.

Tomando una bocanada de aire, se deja caer al lado de la lápida, apretando la bufanda que cubría su cuello.

—Hola, Eren. ¿Ha pasado un largo tiempo, cierto? Sí, creo que es así. He perdido la costumbre. Me siento un tanto incómoda haciendo esto si te soy sincera. Lamento la tardanza. ¿Sabes? Muchas cosas han cambiado últimamente. Ya no nos repudian como antes y tenemos más apoyo. Armin y lo demás han hecho un buen trabajo —remojó sus labios—. El capitán Levi abrió una tienda de té, no es de sorprender algo así, ¿verdad? Conseguí trabajar allí. Onyankopon también lo hace. Fue raro al principio, pero después, fue reconfortante. Es lindo no estar solo.

Sentía como lágrimas traviesas empañaban sus ojos.

—Armin y Annie van progresando cada vez más, la primera vez que me enteré de ellos estaba muy sorprendida y... ¡Oh cierto! Jean se va casar, un poco rápido, ¿no? Connie sigue soltero y yo... bueno, tal vez suene como una locura, pero no es así. El capitán, no, Levi es un buen hombre. Sé que es chocante el saber que... estamos juntos. Nunca lo imaginé, jamás pasó por mi mente, nunca. Sin embargo… Pasó. Antes era un gruñón al cual quería golpear. Y si bien lo sigue siendo —rio levemente—, es la persona más comprensiva y protectora que alguna vez pudo existir. Es tosco, brusco y pésimo con las palabras, pero siempre estará ahí cuando lo necesites. Cuando yo lo necesite.

»Fue él quien me ofreció ir a su tienda primero, no le molestó que trabajara en ella, no le importó que estuviera en su casa y tampoco le importó arriesgar su lesión con tal de evitar que me fuera a Hizuru. Estoy tan agradecida... Siempre lo estaré. Y no, no creas que es por eso que estoy con él. Se ha convertido en alguien importante para mí, que haría cualquier cosa por él. Siempre estaré a su lado, sin importar qué.

Las traviesas lágrimas comienzan a caer por sus mejillas, mas no se atreve a secarlas. Era un momento tan íntimo, tan puro, que casi podía sentir la presencia de Eren a su lado.

—Eren, voy a ser mamá —una risita mezclada con un sollozo salió de su boca—. Estoy un poco nerviosa, pero estoy segura que con Levi, nada malo sucederá. Me pregunto, cómo reaccionarían mamá y mamá Carla ante esto. Si las ves, ¿podrías decirles que estoy bien? ¿Qué me mantendré sana y que Levi cuidará de mí? Tú tampoco debes preocuparte.

Aflojando el agarre con el que aprisionaba la bufanda, lentamente fue desenroscándola de su cuello.

—Eren, gracias por salvarme aquella vez cuando era una niña, por brindarme un hogar y una familia. El tiempo fue corto, pero bastó para mí, mucho. El mundo es cruel, pero —dirigió su mano desocupada a su abdomen—, a la vez muy hermoso —girándose un poco, envolvió la raída bufanda alrededor de la lápida con una sonrisa melancólica—. Gracias por dármela cuando más lo necesite. Prometo ser feliz y gozar de la libertad que nos dejaste. Gracias... En verdad muchas gracias.


No necesitaba que ella le explicase que ocurrió o que tenía. Verla con lágrimas brotando de sus ojos y sin su adorada bufanda, hacía que sobraran las palabras. Jala de su muñeca, la sienta sobre sus piernas y con apacibilidad, limpia sus mejillas y nariz con uno de los pañuelos que siempre cargaba consigo en el bolsillo de su camisa.

—Vámonos a casa —murmuró, peinando los mechones traviesos de su pelo—. A nuestra casa.

Ella lo observa consternada unos instantes antes de que sus ojos brillaran y se dejara caer sobre su cuerpo. Amaba abrazarla, amaba la manera en que lo abrazaba.

—Sí, a nuestra casa.


Dios, ¡Hola~~! Ha pasado un tiempito algo largo, ¿cierto? hace días que no entro por aquí y es que, agh~ larga historia; volví a clases, practicas, tareas, etc, etc TT

Estos días fueron bastante cansados para mí y terminar este cap fue una odisea. Tenía que aprovechar cualquier ratito libre para avanzar hasta por fin acabar.

De verdad, espero que les haya gustado este capitulo. Porque la verdad, si bien fue difícil, creo que es el que más emocional me puso *lloranding in Colombian*

No sé que tanto tarde en publicar los capítulos que faltan. Honestamente, mi tiempo libre se está reduciendo a cero y se me complica más la cuestión. Así que anticipo su paciencia TT prometo que no abandonaré este fic, de eso pueden estar seguros.

Nos vemos.

Más pronto que tarde uwu.

Las quiere con su kokoro.

Val.