Sus ojos celestes revolotean en distintas direcciones, detallando el amplio lugar: Tan sencillo. Tan cómodo. Tan ellos.

"¿En verdad llegó este día?"

Un guardia palpando su hombro y murmurando un ¨ya está afuera¨ en su oído, es la señal que le indicaba que debe apresurarse y salir rápido. Tenía que buscarla.

Al llegar a la entrada del inmenso jardín, se aproxima a la puerta del carruaje para posteriormente abrirla y extender su mano para ayudarla a bajar. El conductor del vehículo no tarda en unirse para realizar la misma acción. Con un vestido blanco, cabello pulcramente peinado con ondas en las puntas y un maquillaje sencillo que realzaba más su linda apariencia, se encontraba ella: Su mejor amiga, su confidente, su familia.

"Bellísima."

Estando en el suelo, ella le sonríe mientras posa su mano en su antebrazo. Ya era hora de ingresar.

La reina Historia les facilitó uno de los salones del castillo para llevar a cabo la ceremonia. Él, como comandante, movió varios hilos para que algunos altos mandos no se enojaran con el evento. No fue trabajo duro, para su suerte. Comprendieron que la pareja comprometida eran sobrevivientes de guerra, un punto clave para eliminar al culpable del retumbar, personas de admirar.

Mientras caminan a paso tranquilo por el pasillo, Armin la observa por el rabillo del ojo.

Suspira.

Mikasa. La Mikasa que conocía desde la niñez, casándose. Casándose con alguien que no era su mejor amigo, casándose con alguien que una vez repudió.

Una risita sale traviesamente de su boca. Todo cambió tanto, tanto.

—¿Qué sucede? —le preguntó ella, confundida.

—Nada importante —negó con su cabeza—. Simplemente me hallaba perdido en una laguna de pensamientos.

—¿De qué tipo? —continuó curioseando. Armin no tardó en captar que lo hacía para calmar los nervios, Mikasa no solía ser tan habladora y, sobretodo que, la fuerza de su agarre la exponía. No le molestaba, al contrario, la entendía. Era, en palabras claves, el día más especial de su vida.

—Pensamientos como que nada es igual que antes. Nosotros tampoco somos igual que antes —exhaló pesadamente—. Todo... Es diferente ahora.

—¿Es malo eso para ti, Armin?

—No, al contrario. Es algo que tarde o temprano pasa. Es la naturaleza de las cosas. Hay varios tipos de cambios. Algunos buenos, otros no tanto —se detuvo al verse frente a un gran portón semi-abierto decorado con cintas y flores. Habían llegado—. Pero este es sin duda el mejor de todos. Un mundo con menos preocupaciones, con menos sangre, con las personas que queremos, viviendo —giró a verla, sonriendo—, y dispuestas a seguir haciéndolo.

Su amiga tuerce los labios en una mueca tenue. Supo que, con aquello último, se refería a ella.

—El ser humano, lo que lo compone, lo que lo caracteriza, lo que lo rodea, este mundo... Todo, puede llegar a ser cruel. Sin embargo...

—¿Sin embargo? —la instó a que continuara.

En ese instante, la puerta se abrió lentamente. Exponiendo a los invitados elegidos, guardias, sacerdote y a la persona con la que ella pasaría el resto de su vida. Su futuro esposo: El ex-capitán Levi Ackerman. Usando un elegante traje negro, sus cabellos peinados hacía atrás y en su mano lesionada por la explosión, dos prótesis reemplazaban sus dedos perdidos en batalla.

—Sin que te des cuenta, puede volverse hermoso —finalizó, sin apartar la vista de su, todavía, prometido—. Muy hermoso.

Armin vuelve a reír despacio al percibir sus ojos grises brillando cual estrellas en una noche oscura y mejillas rojas como las últimas flores que sembraron semanas atrás en su jardín.

—Ya es hora —murmuró—. ¿Lista?

Ella asintió, aferrándose más a su brazo.

—Sí. Andando.

Esa fue luz verde para continuar su caminata.

Cada paso era seguro, pero cauteloso. Todo con la precaución de no realizar algún movimiento brusco que lastimase a las dos vidas que se formaban en el vientre de Mikasa. Era una buena acción, mas presentía que eso aturdía a su acompañante. Presentía que todo se le hacía más lejano, más lento.

El público no era abundante. Solo eran sus amigos, los que experimentaron tantas cosas con ellos desde la adolescencia. Jean junto a su esposa Pieck, Connie, Onyankopon, Annie, Gabi, Falco, Historia y su hija. Cada uno de ellos observando con expectativa la situación.

Al llegar al altar, agarra la mano de Mikasa y con cortesía, la ubica sobre la de su antiguo superior.

—Cuídela mucho, por favor —pronunció, desde lo más profundo de su corazón.

El semblante de Levi es el mismo: Estoico e indiferente. Empero, sus ojos le proyectaban convicción y seguridad.

—La protegeré, incluso con mi vida, si llega a ser necesario —afirmó, entrelazando sus dedos con los de Mikasa.

No, en verdad que no podía dudar, no con él. No cuando hacía tan feliz a su mejor amiga.

—Gracias, capitán —musitó, con honestidad.


La ceremonia transcurre con normalidad. El sacerdote hablaba y hablaba, todos le prestaban atención, mientras que él, por su parte, no mucho. Cada cierto lapso de tiempo, le lanzaba miradas fugaces a la mujer a su lado.

La palabra hermosa no era cabida suficiente para describir su aspecto en ese instante, o así lo creía. Desde el amanecer, hasta la hora de ir a dormir, por muy desaliñada que se mostrara, Mikasa siempre se vería linda para él. Mas ahora, con ese largo vestido blanco, pulcro peinado, mejillas sonrojadas y abdomen abultado, su mocosa parecía un verdadero ángel.

Sin poder contenerse, se apega más a ella, eliminando la pequeña distancia que aún los separaba. Sus dedos entrelazados con los suyos, incrementan su agarre, llamando su atención. Ella posa su mirada en su unión y luego en su rostro, intentando preguntarle por medio de gestos que sucedía, pero él simplemente acaricia el dorso de mano con su pulgar y le sonríe.

Espera poder transmitirle la dicha y fortuna que sentía en ese momento. Le debía mucho.

Sus pensamientos aterrizan al oír como el sacerdote se dirige a Mikasa, lanzándole la pregunta de oro.

—... ¿Acepta a Levi Ackerman como esposo y, promete serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarlo y respetarlo todos los días de tu vida?

Un temor invade su cuerpo. Es algo inconsciente, confiaba en ella, simplemente una mera y tonta ansiedad ante la incertidumbre de su respuesta.

—Acepto —afirmó, dedicándole la mirada más linda de todas. Esa mirada que era sólo suya. Esa que con el transcurrir de los días logró identificar y adorar.

—Levi Ackerman. ¿Acepta a Mikasa Ackerman como esposa y, promete serle fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarla y respetarla todos los días de tu vida?

—Sí —respondió, con la firmeza que lo caracterizaba—. Acepto.

Faltaba poco.

Los anillos se le fueron entregados y ambos, con manos temblorosas, se lo pusieron al otro. Soltaron leves risas ante lo tontos que pudieron llegar a verse.

Un poco más.

El viejo sacerdote comenta algunas palabras más antes de dar anuncio de la nueva etapa a la que ambos estaban ingresando.

—Los declaro marido y mujer —se dirigió a su persona—. Puede besar a la novia.

Por fin.

Girándose a ella, con manos todavía temblando y llenas de timidez, sujeta sus mejillas. Detalla su rostro un par de segundos, segundos que se transformaron en minutos al notar como ella enarca una de sus cejas por la tardanza. Y no, no le apenaba besarla frente a extraños o de los que alguna vez fueron sus subordinados, su corazón latía demasiado rápido por culpa de todos los sentimientos acumulados y mezclados que rondaban en su cuerpo.

Ella, ella siendo la culpable de todo.

Ladea su rostro, acercándose al suyo, a la vez que soltaba una risa seca. Eso la desconcertó aún más. No la culpaba, debía verse extraño, como un fenómeno.

—¿Levi? —murmuró, confundida. Su aliento chocando con el suyo debido a la cercanía—. ¿Qué pasa?

Te amo —soltó, luego de remojar sus labios. Mikasa ensanchó sus ojos en gran magnitud ante su confesión—. Eso es lo que pasa.

No conoce su respuesta, porque su boca acapara sus labios, ganando aplausos, ruidosos alaridos y comentarios tontos por parte del público, Connie destacando entre todos ellos.

No es común que tales palabras salieran de él, nunca las había dicho, por mucho que las sintió en diferentes estancias de su vida, con sus amigos y subordinados, nunca lo dijo. Por temor, temor a perderlos para siempre como siempre le ha pasaba.

Mas ella estaba ahí, uniendo su vida con él, para siempre estar a su lado, para siempre estar juntos.

Lo valía, profesarle su amor a ella lo valía, el que ella lo escuchara y colocara tan tierna expresión, también lo valía.

Mikasa Ackerman, su mocosa, su angel, toda ella, lo valía.


La fiesta fue tranquila, entre comida, largas charlas y bebidas. Fue tan bonito y tan ameno que Mikasa podía considerar ese día, además del más importante, su favorito.

De pie en la terraza de la cabaña, con el viento jugando con sus cabellos sueltos, se concentra en la fotografía que sostenía, esa que la reina Historia le regaló. Su semblante se relaja al recordar su conversación. Después de mucho tiempo, pudo verla y conversar un poco con ella. Nunca la consideró una ¨amiga cercana¨ no al grado de Sasha, pero si la consideraba como más que una compañera. A pesar de que una vez la trató mal e incluso la llegó a asustar, la pequeña rubia siempre fue amable con ella, era inevitable no agarrarle cariño.

Recuerda como ella la saludó cálidamente y se maravilló de la noticia que sería mamá.

«—Wao, me alegro, Mikasa —comentó, alegre. Su hija dormía plácidamente en su hombro—. Además de ser parte de la realeza, somos madres. Tenemos más cosas en común de lo que pensé, ¿eh?

El comentario la hizo reír y sonrojar. Su humor característico no cambiaba. Y eso era gratificante, tomando en cuenta por el sufrimiento que pasó.

Supongo que —prosiguió—... No aceptaras mi oferta.

¿Oferta? —frunció su ceño.

Hay un puesto libre para ser guardia del castillo. Pensé en hacértelo saber, tomando en cuenta el estado en que te encontrabas... Creí que podrías dispersar tu mente. Ja, sí que me he perdido de mucho.

Ella asintió, dándole la razón.

Sí, muchas cosas han cambiado. En todo este tiempo, he llegado a la conclusión que… quiero descansar o al menos una vida normal.

Y te lo mereces. Todos lo merecemos. Aún faltan cosas por resolver, pero al menos podemos tomarnos un respiro. Es un alivio.

Ambas guardaron silencio un rato. Historia volvió a retomar la palabra.

¡Ah! Por cierto, ten —le extendió un sobre—. El fotógrafo hizo una buena captura. No es un gran obsequio de bodas, pero al menos es un grato recuerdo.

Para nada. Esto se llevó a cabo en mayor parte, gracias a ti. Y... Es el mejor.»

En la foto se encontraban acompañada de su actual esposo, juntos, en el altar. Ella observando al sacerdote, pendiente en sus palabras, mientras que Levi tenía su atención en ella, con una leve sonrisa y una mirada cálida.

¿Siempre la ha observado de esa forma tan bonita?

"—Te amo. Eso es lo que pasa."

El recuerdo la hace sonrojar y por acto reflejo, presiona el trozo de papel contra su pecho. Qué pena sentía. Levi, el ex capitán gruñón y antipático, él, quien se consideraba horrible con las palabras, la amaba.

Dios, que vergüenza y que satisfacción.

¿Así de bien se sentía ser correspondida?

Por primera vez, después de mucho tiempo, se sentía querida y confiada.

El amar no es doloroso. No debería serlo, no tenía por qué serlo. Y lo entendió todo, gracias a él.

—¿Arrepentida? —Oyó a alguien decir tras suyo, al mismo tiempo que un par de brazos rodeaban su cuerpo y una mejilla se apoyaba en su espalda.

Jum, tan bromista.

—Nunca —se giró, topándose frente a frente con él—. Y lo sabes.

Levi le da un corto beso en el cuello antes de esconder su rostro en el centro de sus pechos. Mikasa rueda sus ojos ante su atrevimiento. En lo que ha avanzado su embarazo, sus caderas, pies y senos han crecido y Levi no disimulaba su agrado con esto último. Cada que se le presentaba la oportunidad, los tocaba o se ubicaba sobre ellos.

—Oye... —siseó, sin sonar amenazante.

—Hoy se portaron bien —la ignoró olímpicamente, provocando que repitiera al gesto.

—No somos unos niños, Levi. Aunque, bueno, Connie es un caso aparte...

—No —colocó su mano sobre su vientre—, me refería a ellos.

—Oh... —sintió un calor apoderarse de sus mejillas— Sí.

—Son buenos bebés.

Mikasa muerde su labio inferior, evitando sonreír.

—Bebés

—¿Qué?

—Dijiste bebés.

—¿No son eso? —averiguó, separándose de sus senos. No entendió su punto.

—Sí, pero... No te dirigiste a ellos como mocosos.

—Ah —se liberó de su agarre—. Es diferente.

Esta vez su esfuerzo por reprimir su sonrisa se desvanece y se acerca a él para plantarle un beso en los labios. Cada día la sorprendía más, mostrándole nuevas facetas que nunca pensaba conocer de su parte.

—Yo... También lo hago —musitó, luego de separarse—. También te amo.

La expresión de Levi denota sorpresa, mientras que ella siente como su rostro arde tras su confesión, su primera confesión, su primer amor correspondido de voz a voz.

—Estás tan roja —comentó Levi, mimándola. Irónicamente, él estaba igual—, Y bonita. Me gustaría ver esta cara todos los días.

—Lo harás —dijo, apoyando su mejilla en la palma de su mano—. Estaremos juntos siempre. Soy suya después de todo, señor Ackerman.

—No del todo.

—¿Uh?

Acto seguido, la sujeta del brazo y con pasos apresurados y torpes, la encamina hacia la habitación, donde la deja caer con suavidad sobre la cama. No tarda en repartir besos con la boca abierta en varias partes de su cuerpo.

—Eres… ¡Que fastidio! Ni siquiera sé que decirte —soltó entre risas.

—Entonces no diga nada, señora Ackerman.

Ella menea su cabeza de un lado a otro para luego entregarse una vez más a las caricias y toques que le brindaba su esposo.

Su peculiar y adorado esposo.


Hola~~ después de dos semanas ¡aquí estoy! wah, en verdad valoro su paciencia.

¡Nuestros Ackermans ya son oficialmente una pareja casada! Al fin.

En verdad espero les haya gustado este capitulo, fue un poco difícil terminarlo entre tantas cosas que me han pasado.

¡Ah! antes que se me olvide. Dos cositas.

1) Creo que nunca mencione la edad de Levi en este FF. De todas formas, esta en el canon es difícil de saber ya que nunca se dio como que una respuesta concreta. A lo que voy es que aquí, Levi tiene 37 años. Tomando en cuenta que, se supone que en las primeras temporadas estaba en los inicios de sus 30 (esto puede tomarse del rango de 30- 33 yo escogí 30 xd) pasa el time skip de 4 años (34) y luego el ultimo time skip que consiste en 3 años (37) Pero como digo,no es nada estipulado, solo para que se hagan una idea. Mikasa en cambio, tiene la edad del ultimo time skip (22-23)

2) Con este cap, se entra oficialmente a la recta final del Fanfic TT tristemente

Y eso es todo.

Nos vemos próximamente con un nuevo capitulo.

Una vez más gracias por esperar por mí.

Cuídense mucho.

Las quiere.

Val.