Grandes corrientes de sudor se deslizan por su rostro y cuello, humedeciendo la parte superior de su liso camisón. Alguien la cargaba, pero el dolor era agudo e insoportable, tanto, que no podía descifrar quien era.
«—Levi —llamó en voz baja, paseando su dedo índice por el amplio y fuerte pecho desnudo. Su cabeza se hallaba apoyada sobre este.
—¿Mhmm?
Los ojos del mayor se encuentran cerrados. Su respiración pausada y su semblante relajado, evidenciaban la alta cantidad de agotamiento que consume su cuerpo. La noche de luna de miel, no fue corta.
Aun así, su vaga respuesta, fue el aval que necesitaba para continuar.»
Siente como su espalda se presiona sobre algo cómodo. Un colchón. Ese aroma. Su cama, logra descifrar. Entre los ruidos que salen de su boca, su nublada visión, logra enfocar quiénes se encontraban ahí con ella. Gabi, Falco, Onyankopon, el doctor Thompson junto a su esposa y Levi.
Sus orbes se cierran ante el curioso dejavú y el agudo malestar.
«—¿No has pensado… Alguna vez… en cómo los llamaremos? A los bebés, quiero decir.
—Todavía no sabemos que serán —respondió, largo rato después, removiéndose, tratando de mantener la repentina conversación.
—¿Algo en mente? —averiguó, acomodando la blanca sábana que cubría su cuerpo del frío y la desnudez
—No... No lo sé. Siendo honesto, dos niños, dos niñas, uno y uno... No importa. Los cuidaremos sin importar que.
Esa frase genuina, hace que las comisuras de sus labios se eleven en una sonrisa.»
—Mikasa, respire profundo, ¿Sí? Intente tranquilizarse. Sea fuerte —reconoció la voz del veterano doctor.
—Señorita Mikasa, no se preocupe. Nosotros la ayudaremos y...
Mas la voz de Falco se siente cada vez más lejana. El dolor era tan agudo y punzante. Sus piernas abiertas, en posición. Ya venían.
«—Eso último me gustó —musitó, apegándose más al calor que emanaba su cuerpo.
—¿Qué? —sus ojos ya se encontraban abiertos.
—Un niño y una niña —levantó su mirada para toparse con la suya—. Sería lindo, ¿no lo crees?
Levi medita sus palabras antes de asentir lentamente. La sola idea de imaginar a una parejita de hermanos del sexo opuesto cuidándose y acompañándose, se le hacía hasta cierto punto, tierna. No admitiría en palabras ese hecho.
—Sí —dijo al final—. Sí lo sería.»
Una mano cerrándose contra la suya no disminuye las constantes punzadas que siente, empero, si provoca que sus nervios y temores se dispersen un poco. Él. Sólo él. Él único que poseía aquel don; El de calmarla y de poner sus pies sobre la tierra.
—Levi —jadeó, con respiración pesada—. Duele, duele mucho.
—Tranquila —sus dedos acariciaron suavemente su frente. El frío de la prótesis, erizó su piel—. Estoy contigo.
—Muchachitos —Thompson se dirigió a los más jóvenes, a la par que se colocaba los guantes—. Necesito que traigan agua y toallas. Varias toallas.
—¡Enseguida, doctor! —expresaron al unísono, en un tono similar al que un cadete se dirigiría a un oficial mayor. Gabi fue al clóset, Falco salió del lugar en un trote rápido a buscar fuentes con agua.
—Buscaré algunas mantas también —notificó Onyankopon, acuclillándose junto a Gabi.
—Mikasa —volteó hacia ella—, necesito que de lo mejor de sí y demuestre esa fuerza que tanto le caracteriza. ¿Preparada?
«—Siendo honesta —continuó ella—... Me gustaría que se parecieran a ti.
—Tch, ¿para qué? —bufó. Consideraba que el físico de ella, era mucho mejor que el suyo.
—¿Cómo que para qué? —arrugó su nariz—. Sería muy feliz si al menos uno de ellos tuviera tus ojos.
—Los tuyos son más exóticos.
—Pero el color de los tuyos —acarició la parte de abajo de su ojo sano, justo donde se encontraban sus ojeras—, es un azul profundo, nada claros como los de Armin o Historia. Es diferente y bonito.
—Los tuyos tampoco se quedan atrás.Nada de ti, en realidad. »
—¡Aquí está el agua!
—Y las toallas.
Thompson asiente complacido ante la eficacia del par de adolescentes. Con una mirada profunda, le indica al ex capitán que está a punto de iniciar. Él sujeta con más fuerza la mano de su esposa, exponiendo su apoyo.
El doctor se coloca en cuclillas y levanta la prenda para verificar con ayuda de sus dedos, el estado de la joven.
—Ya es hora. Mikasa, a la cuenta de tres quiero que puje, ¿Sí? Pronto estará con ellos —anunció—. Uno, dos, tres...
«—Si llegase a ser el caso... Pienso que el niño sería pernicioso con la limpieza como tú —bromeó.
—Oye... —frunció el ceño.
—Sōji —interrumpió. Sus ojos brillaron al terminar de pronunciar el nombre—. Este mundo, que solía ser tan cruel, está limpio ahora. Él (Sōji) no tendrá la necesidad de blandir espadas, ni de ensuciar sus manos de sangre. Estará limpio de todo pecado y culpa.
—Sōji —repitió, con una leve sonrisa—. Suena bien.»
Sus fuertes gritos se escuchan en toda la habitación. Su respiración era agitada y las uñas se enterraban con fiereza en la mano de Levi. Sus gruñidos de incomodidad no pasaron desapercibidos, pero siendo honesta, los ignora abismalmente, su dolor era mucho peor.
—No creo que pueda —dijo abatida. Lágrimas caían por sus mejillas, una tras otras—. Me duele demasiado.
—Claro que puede, señora Ackerman —la esposa del doctor habló por primera vez—. Usted es una mujer fuerte. Vamos, una vez más.
—¡Ya lo veo! —exclamó Thompson—. Vamos, Mikasa. Un poco más.
Percibe como su otra mano es tomada. Falco, con un deje de timidez, la agarraba para brindarle una dosis más de seguridad y apoyo. Su semblante se relaja ante la tierna acción.
—Tu puedes, Mikasa —susurró levi, posterior a plantarle un corto beso en la sien.
Suspirando sonoramente y llenándose de convicción, vuelve a intentarlo, con más fuerza que en los anteriores intentos, acompañado de un doloroso alarido.
Primero, silencio.
Luego, un leve llanto.
—¡El primero! —notificó el doctor, mientras lo envolvía en una manta y se lo aproximaba con delicadeza a su esposa para su limpieza—. Querida, ayúdame, por favor.
—Es un adorable varón —comentó esta, emocionada, aproximándose a la fuente de agua. Gabi la siguió inmediatamente para ayudarla.
—Buen trabajo, Mikasa. ¿Lista para continuar?
«—No soy bueno con los nombres —reclamó él, después de que ella le preguntase por un nombre femenino. Mikasa realizó un puchero, desganada. Él no tuvo otra opción que continuar—. Está bien.
Su vista yace en el techo mientras peinaba los largos y desordenados cabellos de su esposa. Un nombre para una mujer. Lo primero que se viene a su mente al pensar en mujeres, son ella, su madre y su hermana. Mikasa, Kuchel e Isabel. Dos de ellas no estaban, pero siempre se encontrarían en su corazón hasta el día que partiera de este mundo, porque las amaba.
Amor.
Desvía su mirada a su anillo de compromiso. Su vida, estaba atada a la de la hermosa mujer que lo acompaña. La mujer que ama. Y sin duda, si llega a tener una niña, de igual forma, la amaría con toda y cada una de sus entrañas.
—Yua —pronunció, tan bajo que por poco, Mikasa no logró escucharlo—. Pienso que le sentaría bien.
—¿Yua? —sonrió—. Es lindo.»
Continuaron un rato largo exponiendo diferentes nombres, tomando en cuenta todas las posibilidades que podrían presentarse. Mas no importaba, ya no, debido a que todo estaba hecho.
El segundo parto se llevó a cabo casi media hora después y pudo percibir —y palpar— lo cansada y agotada que se hallaba Mikasa. En toda la estancia, no dejó ir su mano ni paró de susurrarle palabras de aliento. Al final, todo marchó bien y su segundo bebé nació sano y salvo.
No, sana y salva.
Tal como si hubiera sido un acto del destino —o una mera coincidencia—, sus hijos eran, efectivamente, un niño y una niña.
Sōji y Yua.
No sabe con exactitud cuánto tiempo lleva contemplando las pequeñas y adormiladas figuras. Lo único de lo que es consciente es que no podía dormir, que la luna brilla más que nunca, al igual que las estrellas. Mikasa, por el contrario, descansaba profundamente.
La cuna estaba a unos pasos de su cama. Se había decidido que el cuarto de huéspedes sería la habitación de los niños, pero ni él, ni Mikasa, querían dejarlos solos. No cuando son tan pequeños.
Suelta una larga bocanada de aire. Eran muy similares a ellos y con cada día que pasaba, el parecido incrementaba.
Sōji heredó muchos rasgos de Mikasa, resaltando los ojos grises y el curioso mechón que caía a los largo de su frente. Sin embargo, el largo de la parte trasera de su cabello, le recordaba al que él solía tener en su niñez.
Yua, a palabras de Mikasa, era una viva imagen de él. Sus ojos eran azules como los suyos —alegrándose mucho ante ese hecho—, y su flequillo, se dividía naturalmente a la mitad. Pero, su piel era pálida, tan pálida como la de su madre.
Eran hermosos y, lo más importante, eran suyos.
Mientras los observaba, un picor se apodera de sus ojos y nariz. No, no quería llorar, empero la imagen inocente y delicada de su descendencia le hace difícil ese hecho mucho. Todos sus errores, malas decisiones y pecados, se emendaban con ellos.
Era su primer momento íntimo y real con ellos. El día de su nacimiento, si no hubiera sido por las insistencias de Onyakonpon, no los hubiera cargado. No porque los despreciaba, tenía miedo de lastimarlos, de manchar su pureza. Mas ahora, no deseaba soltarlos.
"Los protegeré, a ustedes y a su madre, con mi vida."
Era un hecho, no abandonaría a Mikasa como lo hizo el desgraciado que dejó a su madre sola en el sucio subterráneo con ese trabajo de mierda. Tampoco dejaría a sus hijos atrás, como lo hizo Kenny.
—Bienvenidos —susurró, con la voz rota—. Bienvenidos a este mundo, Sōji, Yua.
Hola~~~ Un poco antes de lo percibido, pero igualmente bien recibido, ¿no? xd Hay que aprovechar los ratos libres TT
Algunas cositas uwu
*Sōji significa "limpio/limpieza" mientras que Yua "Lazo de amor" para que tengan un poquito más claros los contextos de sus conversaciones.
*Sōji se pronuncia "Souji"
* El próximo capitulo, será el final TT
Este capitulo va dedicado a mis mejores amigas del fandom Rivamika: Daf y Cer. Los nombres de los bebés son súper importantes para mí y para ellas por cuestiones personales. Todo mi amor y gratitud para ellas por ayudarme con ciertas dudas para así lograr el desarrollo de esta historia.
Sin más, espero que les haya gustado este capituloy no se haya sentido enredado TT si es así, pueden dejar un review si gustan.
Nos vemos en una próximaocasión. Más pronto que nunca uwu
Las quiere.
Val.
