Abrió los ojos después de ese destello blanco. Lucy miró a su alrededor. Esta vez no estaban en la prisión de antes. Esta vez, estaba en una habitación sencilla, aunque grande. Una cómoda, un espejo y una cama era todo lo que tenia la habitación. Una sombra se le acerco. Kaoru la observo desde la lejanía. Lucy sintió un ramalazo de miedo, pero no se echó hacia atrás cuando se le acerco. Alzo la cabeza, orgullosa. Kaoru alzó una mano para tocarle el pelo.
-No sabes cuanto te odio.
Lucy echó la cabeza hacia atrás, sorprendida. De todo lo que le podía decir, no se esperaba eso. Aun así, algo en su interior la impulsaba a intentar entender a esta persona tan parecida a ella.
-¿Por qué, Kaoru? Somos almas gemelas, nuestras almas juntas sirven para conformar el todo, ¿verdad?- Lucy gesticuló con sus manos hacia ella- ¿Lo entendí mal acaso? ¿Por qué tienes ese odio dentro de ti? ¿No deberíamos, aunque sea…?
Kaoru rio fuertemente, con amargura. Entonces, más rápida que un rayo, agarró su garganta con ambas manos. Lucy jadeó, pero Kaoru no apretó, solo mantuvo sus manos alrededor de su cuello. Se miraron fijamente y Kaoru sonrió.
-Sabes, Lucy, hay una manera más fácil de salvar a tus amigos- acercó su cara a la de ella hasta que sintió su aliento-. Quédate y dejame matarte. Si lo haces, automáticamente soltaré a tus amigos y desapareceré…contigo, por supuesto.
Natsu abrió los ojos después de que esa luz cegadora desapareciera. Observó su alrededor rápidamente. Se encontraba en una habitación sencilla en la que solo había una cama y un espejo. Se dio cuenta que estaba solo y frunció el ceño, preocupado.
-¿Lucy?- dijo en voz alta, aunque sabía que había sido una llamada al vacío- ¿Happy? ¿Gray? ¿Hay alguien?
Una luz apareció en medio de la habitación de repente.
-¿Natsu? ¿Estas ahí?- la voz de Yvette sonó a través del orbe luminiscente. Natsu se acercó.
-Estoy aquí. ¿Dónde estáis?
-En una habitación. No sabemos localizar dónde estamos. Todos los demás están en una también, pero no pueden salir. Y no logramos contactar a Lucy- esto último destilaba preocupación.
Natsu cerró los puños.
-¿No esta ahí?
-No, Natsu. ¿No está contigo?
-No, maldita sea. Joder.- Natsu se llevó las manos a la cabeza y las pasó con nerviosismo por su pelo rosa- Voy a ir a buscarla.
-¡Natsu, no…!
Pero ya era tarde. Natsu se acercó a la puerta atravesando el orbe, lo que hizo que se cortara la conexión, e intentó abrirla. Por mucho esfuerzo que empleó, no pudo ni siquiera abrirla un poquito. Le dio un puñetazo, frustrado.
-¡Ábrete, maldita sea!
No le dio más tiempo a decir nada más. Con un pequeño destello, Lucy apareció en mitad de la habitación. Natsu se quedó con la mano en el picaporte, sorprendido. Lucy alzó su vista y sonrió débilmente.
-Hola, Natsu.
Natsu se acercó y la abrazó. La envolvió entre sus brazos y soltó una bocanada, nervioso pero aliviado. Lucy lo apartó con delicadeza y se giró. Su pelo rubio caía en ondas, se dio cuenta Natsu, ya que no lo llevaba amarrado. Un destello se vio, recordándole los pendientes que ella siempre llevaba. A Natsu se le secó la boca a causa de su belleza. Su corazón empezó a latir más rápido. Se llevó una mano a la bufanda y la apretó, intentando calmarse.
-¿Lucy?
Ella se giró lentamente. Sus ojos, color chocolate, lo miraron fijamente.
-Natsu – sonrió. Bajo la vista y asintió, como tomando una decisión. Se acerco a él y apoyo sus manos en su pecho. Natsu se sonrojo de la cercanía, pero cogió las manos de Lucy y apretó dulcemente. Ella alzó la mirada.
-Natsu, ¿ me prometes una cosa?
Él parpadeo, hipnotizado por sus ojos.
-Dime- logró decir.
Lucy soltó una de sus manos de su agarre.
-Prometeme que no me irás a buscar.
Natsu frunció el ceño, sorprendido.
-¿Qué estas…?
Lucy se apartó y cruzó sus manos detrás de su espalda, apretándolas fuertemente.
-Acepto, Kaoru.
Natsu tuvo un mal presentimiento con esas palabras. Se acercó cada vez más rápido a ella, pero una barrera se lo impidió. Se levantó y aporreó la barrera fuertemente.
-¿¡Lucy?! – gritó con miedo. Ella le sonrió. Soltó sus llaves en el suelo.
-Cuidalas, ¿vale? Sera difícil separarnos para siempre. Lo siento, chicos- susurró a sus llaves. Las acarició dulcemente. Natsu se quedó mirándola fijamente, intentando atravesar la barrera con sus llamas. Lucy se acercó y apoyó las suyas en las barreras, justo donde estaban las de Natsu. Él bajó su mirada hacia ella.
-¿Lucy?- susurró con voz ronca, asustado. No sabia que estaba pasando y eso lo tenía aterrado. Una sensación dentro de él le decía que esta era la última vez que vería a Lucy. Ella acercó su cara a la de él.
-Natsu, gracias por todo. Por encontrarme, por llevarme al gremio, por salvarme incontable veces. Por enseñarme que es una familia, por enseñarme el mundo más allá de los muros. Y sobre todo…-hizo una pausa, sus ojos llorosos pero su sonrisa sin desvanecerse.- Sobre todo, gracias por enseñarme que es el amor.
Cerró sus puños y acercó sus labios a los de él. Fue un beso dulce, sus labios no se tocaron debido a la barrera, pero, aun así, quedo para siempre marcado en el alma de Natsu. Lucy se separó y susurró:
-Te amo, Natsu. Por y para siempre.
Entonces, desapareció. Natsu cayó de rodillas, sin saber como reaccionar. Un destello le llamó la atención. Cogió las llaves de Lucy en su mano. Entonces, todo empezó a temblar. Él no reaccionó, solo siguió con la cabeza gacha, mirando las llaves de Lucy mientras los escombros caían a su alrededor. Una mano lo cogió por el hombro y de repente, se encontraba en el gremio. Algo le llamó la atención delante suya. El aliento se le quedó atascado en la garganta y soltó las llaves.
Zain nunca supo que pasó. De un momento a otro, todo empezó a temblar. Algo en el fondo de su corazón decía que algo terrible había pasado. De repente, en menos de lo que dura un parpadeo, se encontró en el gremio de Fairy Tail. Todo el mundo estaba allí, incluso los que habían sido apresados, totalmente a salvo y sin heridas. Se levantó, pero algo lo hizo detenerse sin moverse.
Un rugido sonó en toda la sala y un grito se alzó. Miró hacia donde era el sonido, sorprendido y en alerta y se quedó congelado.
Natsu era el que gritaba, entre incontrolables sollozos. En sus brazos…
En sus brazos se encontraba Lucy, muerta. Y en el suelo, escrito con sangre plateada y dorada, mezclada juntas, ponía:
"Al fin, venganza"
