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El inicio del fin...

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El Gato De La Guardiana

Capítulo 11


Decir que había dormido algo esa noche, era una vil mentira, pues al verse en el espejo podía ver las ojeras debajo de sus ojos celestes. Suspiró, mientras buscaba algo de corrector para ocultarlas, ante la mirada de los Kwamis que veían a su guardiana totalmente abatida.

Al encontrarlo, se lo aplicó bajo sus ojos y trató de animarse una vez que terminó. ¡Tenía que ser fuerte! Sobre todo porque tenía que fingir que no sabía que Adrien era Chat Noir, cuando lo viera hoy en la escuela. Además, estaban sus sospechas de que algo estaba planeando y no quería decirle, pues no le creía nada a Plagg, cuando le decía que no sabía lo que planeaba su portador.

Y por último, por si fuera poco, Adrien la había invitado a una cita…

Esperen… ¿Una cita?

Se llevó ambas manos a la boca para no gritar por lo que aquello significaba… ¡Iba a tener una cita con Adrien Agreste!

Cerró los ojos, sumamente emocionada, girando sobre sus pies como si estuviera bailando, hasta que la voz de su madre, indicándole que estaba el desayuno listo, la hizo detenerse.

Iba a tener una cita con Adrien… que también era Chat Noir… al que alejó para que no se akumatizara…

¡Ay no!

Antes de que volviera a tener otra crisis, su madre volvió a insistir en que se apurara a bajar, porque se le hacía tarde, así que tomó su teléfono, la mochila y bajó las escaleras de mala gana. Una vez abajo, saludó a su madre y decidió que iba a desayunar en paz, así que sacudió la cabeza para quitar los pensamientos negativos de su mente por un rato.

Cuando llegó al colegio vio a Alya y Nino parados en la entrada del colegio. Alya, al verla, cambió su rostro a uno preocupado, acercándose a ella con rapidez.

—¿Estás bien? —le preguntó, a lo que Marinette afirmó con la cabeza. Ante aquel gesto, Alya afirmó sus lentes, incluso pareció como si saliera un brillo malvado de ellos— ¿Entonces? ¿Acaso un gato negro de ojos verdes estuvo fastidiándote toda la noche?

—Algo así —respondió, pues si bien no tenía nada que ver con Chat, gracias a Plagg no había descansado lo suficiente, debido a la pequeña fiesta que organizó en su habitación con todos los Kwamis. Ver cómo se divertían, hizo que entendiera por qué los kwamis insistían tanto en ver a Plagg, pues era como el padre permisivo que no ponía orden, mientras que Tikki era la madre recta que ponía las reglas.

Se río de sus pensamientos al recordar cuando ambos Kwamis la enfrentaron, completamente molestos por aquella comparación, incluso Plagg le dio un golpe mortal, recordándole que, mientras como superhéroes, rechazaba una y otra vez al pobre Chat Noir, como civiles, ella suspiraba e imaginaba una vida con él.

Marinette había aprendido la lección, tomando como nota mental: No molestar al Kwami.

—¿Tienes un gato, Marinette? —la pregunta de Nino hizo que Marinette saliera de sus pensamientos, justo cuando el auto que transportaba a Adrien se detenía frente a ellos.

—¡Hola! —saludó al trio con un gesto de su mano— ¿De qué hablaban?

—Del gato de Marinette —respondió Nino, haciendo que el rubio la mirara. Éste inicialmente se sorprendió, pero luego, una sonrisa ladeada se formó en sus labios cuando se dio cuenta de que ella también lo miraba, y fijamente.

—Bueno, como dicen… —comentó Alya, tomando a su novio del brazo—, cuando el gato llega, los ratones se escapan…

Adrien iba a responderle que el dicho no era así, pero antes de que pudiera hacerlo, Alya se fue a pasos rápidos, haciendo que Nino protestara porque nunca obtuvo respuesta de Marinette.

—¿Estás bien? —le preguntó el rubio a la chica, pues estaba empezando a sentirse incómodo por la mirada fija de ésta sobre él.

—Necesito saber qué vas a darme el sábado… —cuando Marinette dijo esa frase, por un momento suspiró aliviado, pues casi se sintió morir, pensando en la posibilidad de que Plagg pudiera haber revelado su secreto, inconscientemente.

—Marinette… —respondió, tomando la tira de su bolso con ambas manos—, ya te lo dije anoche, ¿no puedes aguantar hasta el sábado?

—No, no puedo —contestó, acercándose a él, con las manos tras su espalda.

—¿A poco esa cara de cansada es porque pensaste en mi regalo toda la noche? —esa frase hizo que Marinette retrocediera, mirándolo con los ojos entrecerrados. Él no entendía bien por qué, pero estaba emocionado de estar hablando así con Marinette, tanto que sentía como si la boca del estómago se contrajera, y los nervios y la emoción lo manejaran a su voluntad— ¿Sin respuesta, es un sí? —al ver que ésta estaba enojándose, movió la cabeza hacia su bolso. Marinette lo observó emocionada, pensado que ahí cargaba lo que iba a darle, pero solo lo vio sacar su celular—. Mira… —cuando Marinette se acercó a ver la pantalla del celular, no notó nada más que la hora y la fecha, frunciendo el ceño antes de que él pudiera hablar—… Ahí dice lunes, no sábado… así que aguanta.

—¿Te han dicho que eres un tonto? —reclamó.

—Entonces, ¿te gustan tontos? —la contra respuesta hizo que Marinette se quedara paralizada en su lugar, dejando que Adrien subiera las escaleras antes de llamarla para que entraran a clases.

Cuando reaccionó, solo pudo apretar los puños. Esta versión de Adrien iba a volverla loca, aunque por alguna extraña razón le gustaba… y eso la hacía enojarse más con ella misma.

—¡Espérame! —le pidió, mientras subía los escalones y lo alcanzaba para entrar juntos al colegio.

Nadie entendía muy bien qué era lo que pasaba con Adrien y Marinette, y quizás tampoco ellos mismos, pues ambos habían cambiado. De repente, la chica había dejado de tartamudear o de decir palabras incoherentes, incluso establecía conversaciones con el chico en el patio o entre clases; mientras que Adrien, se mostraba mucho más distendido, como si no le importara mantener la imagen de niño correcto que siempre había proyectado, dejando ver un lado bromista que encantó a sus compañeros.

Y como nadie entendía qué sucedía, empezaron a correr los rumores. Varios empezaron a comentar o a suponer que Marinette finalmente había confesado sus sentimientos y el joven modelo la había aceptado, mientras que otros pensaban que Adrien mostraba otra faceta de él, con el objeto de poner a prueba el amor de Marinette. Pese a todo eso y aunque ellos eran conscientes de esos rumores, ninguno negaba o afirmaba nada.

Otra de las cosas que también notaron, tanto el día martes y miércoles, era que Adrien esperaba a que Marinette llegara para decirle o comentarle algo que la ponía de tan mal humor, que el chico tenía que entrar corriendo al colegio con la de coletas tras de él. Una vez adentro, las cosas recién se calmaban cuando Alya la abrazaba, mientras que Adrien se escondía detrás de Nino.

Y aunque esos eran lo dichos y rumores del colegio, algunas cosas distaban de la verdad.

Adrien y Marinette no eran pareja, pues aún tenían varios secretos que no podían contar y que seguían formando un muro entre ellos, ya no tan grueso, pero muro al fin y al cabo. Adrien trababa de fingir que estaba bien y ocupaba esos juegos con Marinette para no pensar en el día clave que se acercaba, el día en que llevaría a cabo el plan super secreto que había preparado con Su Han, como prueba de que su lealtad estaba con su guardiana.

Marinette, por su parte, sabía que, aunque Adrien creía estar fingiendo muy bien de que nada grave pasaba, eso no era así, porque aunque estuvieran mejor sincronizados que nunca contra los Akumas, o que en la escuela pudieran hablar sin problemas y bromear entre ellos, ella sabía perfectamente que algo estaba sucediendo frente a sus narices y quería que Adrien tuviera la suficiente confianza para contarle lo que planeaba hacer. Sin embargo, no podía negar que el hecho de que no le dijera nada, la desanimaba un poco… pero ella había estado en su posición, así que sentía en carne propia todo lo que había vivido el pobre muchacho durante ese tiempo, el sentirse ajeno a una realidad que pasaba frente a tus narices.

El día jueves, Adrien la fue a esperar a la panadería, así que cuando Marinette apareció para despedirse de sus padres, casi da un salto cuando se lo encontró ahí, conversando con Sabine como si llevara tiempo haciéndolo.

—¿Qué haces aquí? —preguntó, acercándosele.

—Buenos días, para ti también, Marinette.

—No me cambies el tema —protestó, pero al ver la mirada de su madre y a su padre asomándose para ver qué pasaba, tosió para acomodar la voz y tratar de suavizar el tono— ¿Necesitabas algo?

—No… Solo venía a pedirle permiso a tus padres para invitarte a salir el sábado —le indicó con una sonrisa que hizo que Marinette se sintiera algo intimidada—. No me mires así. Yo solo quiero llevarte a un tour por Giverny y como estamos a una hora del lugar, quería pedir permiso como corresponde.

—¿Vamos a ir a Giverny? —de pronto, Adrien se vio abordado por la emoción de su compañera—. Siempre he querido ir ahí, ¿Cómo supiste?

—Creo que solo adiviné… —dijo sonriendo, feliz de haber acertado con el lugar—, y no sabes cómo me alegra que quieras ir. Ahora solo falta que tus padres me den el permiso… sobra decir que mi guardaespaldas estará con nosotros en todo momento.

Marinette miró a sus padres con los hombros encogidos y los puños cerrados frente a ella, emocionada de ir a aquel pueblo lleno de flores y colores que despertaban su inspiración. Tom y Sabine se miraron con una sonrisa nerviosa ante la emoción de su hija y terminaron aceptando.

—¡Dijeron que sí! —le dijo a Adrien emocionada, abrazándolo en el proceso. No se dio cuenta de lo que hacía, hasta que sintió que el muchacho le regresaba el gesto, sin embargo, por alguna razón no se separó y se quedaron abrazados, hasta que la voz de su padre la sacó de su ensueño, separándose sumamente sonrojada. Al hacerlo, apenas pudo mirar a Adrien a la cara, pero pudo notar que estaba igual de rojo que ella.

—Van a llegar tarde —les recordó Sabine, que tenía una sonrisa extraña en sus labios, lo que sonrojó aún más a Marinette.

—Sí, gracias —Adrien se adelantó y le abrió la puerta para que pasara. Marinette le dio la espalda despidiéndose de sus padres y a la vez, haciéndoles señas para que quitaran esas expresiones vergonzosas de sus rostros, pero ellos solo le hicieron un gesto con sus manos en señal de despedida.

Frustrada, resopló y cruzó la puerta para dirigirse al colegio, en compañía de Adrien.

—¿Adrien? —el chico solo hizo un sonido para indicarle que la escuchaba— ¿De verdad iremos a Giverny? —él detuvo su caminata en medio de las escaleras para mirarla—. Digo, ¿no es como, demasiado para ir conmigo? Y no es porque no me guste, me encanta… —exclamó, moviendo sus manos—… es un sueño poder ir a ese pueblo, lleno de flores, naturaleza… pero también los tours son caros y…

Adrien retrocedió los escalones que los separaban y le tomó la mano, importándole muy poco los comentarios de la gente que iba entrando al colegio.

—Quiero ir contigo a un lugar bonito y tranquilo, como primera cita —le respondió—¿Acaso no puedo?

—No es eso, es solo que… —Marinette bajó la mirada y el muchacho elevó sus manos entrelazadas, dándole un beso en los nudillos de la chica.

—No sabes lo feliz que estoy de haber acertado con el lugar, así que no te hagas problemas… Realmente quiero hacerlo, ¿ya? —le dijo con una sonrisa—. Llegaremos tarde, vamos —y sin soltarla de la mano, terminaron de subir los escalones para ir a clases.

Marinette estuvo toda la mañana y gran parte de la tarde como en una nube, y apenas entendía lo que estaba pasando, porque si bien los comentarios habían aumentado cuando los vieron entrar de la mano, ahora Adrien dejaba abierta la posibilidad de que los dimes y diretes pudieran ser ciertos, a partir del lunes.

¿Es que aquella cita era realmente así de especial? ¿Acaso lo que iba a hacer era confirmarle sus sentimientos?... Porque no podía hacerse la tonta con respecto a eso. Ambos se amaban y ya no había duda de eso…

Pero si Adrien era Chat Noir, ¿no se supone que él era consciente de que no podían estar juntos? ¿Qué todo sería un caos y ocasionarían el fin del mundo?

¡Ya no sabía qué pensar!... Corrección… Ya no quería pensar.

Estaba tan cansada que decidió hacer caso a lo que le dijo Alya: Si Adrien era Chat Noir lo disfrutaría, así durara un día, un mes o toda la vida.

O al menos eso pensaba, hasta que esa noche, Chat Noir apareció en su balcón con cierto aire misterioso que le recordó su preocupación inicial. Lo dejó pasar y éste ingresó, tomando asiento en el diván de la chica de coletas.

—¿Todo bien? —consultó.

—Sí —afirmó, colocando su mejor sonrisa, de esas que seguramente aprendió modelando—. Vine porque necesito un favor.

—¿Un favor? —le preguntó confundida.

—Sí, verás… —se acomodó en su lugar, pensando en las palabras que iba a usar para pedirle lo que iba a necesitar—. Su Han quiere que empiece a acostumbrarme a los demás Kwamis y sus poderes, así que me dijo que te pidiera prestado un miraculous, el del caballo, solo por unos días. Te lo regresaré el sábado a primera hora.

—El sábado no estaré —le dijo Marinette, cruzándose de brazos.

—Ohhh, ¿tenemos una cita? —se burló, pero al no obtener respuesta, continuó—Bueno, entonces el domingo… ¿Estarás? —la chica entrecerró los ojos ante aquella frase, pues sabía perfectamente que el sábado no vendría a entregar nada, porque estaría con ella en Giverny. ¿Qué era lo que tramaba? No iba a quedarse con la duda.

—Chat —Marinette se acercó a él y le tomó ambas manos—, por favor, dime, ¿qué planeas?

—Nada, mi Buginette, no planeo nada, solo voy a entrenar. No pasará nada malo —le aseguró

—No te creo nada—dijo, soltándole las manos con un poco de violencia, que sorprendió al superhéroe. Aun así, se alejó para buscar su caja de costuras, liberar la caja de miraculous y entregarle los lentes de Kaalki a su compañero, en total silencio.

Cuando Chat Noir tomó los lentes, ella volvió a hablar

—Plagg no me quiso decir nada la otra noche, cuando vino a casa, pero estoy segura que no fue sincero conmigo, al igual que tú, ahora… Te notó extraño y yo… —bajo la mirada abrazándose a sí misma—… tengo un mal presentimiento, algo que me aprieta el pecho.

Chat Noir cerró los ojos y aspiró profundamente, antes de ponerse de pie y rodearla con sus brazos.

—Si algo tengo que agradecerle al maestro Fu, es que gracias a que me convirtió en Chat Noir, pude conocerte… —se separó un poco para poder verla—… protegerte y amarte.

—Dices que no pasará nada malo, pero esto parece una despedida —le reclamó, sintiendo que sus ojos se iban nublando por las lágrimas que se formaban en ellos.

—No me estoy despidiendo, ¿cómo podría dejarte sola? —le dijo, tratando con sumo cuidado, de secarle las lágrimas que habían empezado a recorrer las mejillas femeninas—. Yo solo quiero que sepas que, pase lo que pase, todo lo estoy haciendo por ti —y aunque Marinette de pronto se vio sorprendida, pensando que Chat Noir iba a besarla, éste solo le dio un beso en la punta de la nariz—. Quiero que estés tranquila. Acabaré con tus pesadillas de raíz… —y cuando iba a separarse de ella, Marinette no lo dejó.

—Realmente estoy asustada Chat —dijo contra su pecho— ¿me juras que nada malo va a pasar?

—Eso espero… —dijo, soltándose finalmente.

—¡Chat Noir! —protestó, pero él se alejó rápidamente de ella para poder salir de la habitación, dejando a Marinette sin poder entender qué rayos estaba pasando, pero con una pena y un desasosiego gigantesco.

El día viernes recibió a todos con la noticia de que Marinette no se presentaría a clases. Cuando la profesora Bustier informó sobre esto, Nino, Alya y Adrien se miraron entre ellos, aún más preocupados de lo que estaban, pues la habían estado esperando en la entrada del establecimiento, hasta que el timbre del inicio de clases los obligó a ingresar al colegio.

A la hora del almuerzo, los tres cruzaron hacia la panadería de su compañera para ver si podían tener noticias de ella. Sabine los recibió con una sonrisa, así que descartaron que fuera algo grave.

—¿Podemos ver a Marinette? —preguntó Alya, haciendo que Sabine quitara la sonrisa de sus labios, negando con la cabeza.

—Discúlpenme, muchachos, pero preferiría que, por hoy, la dejaran sola.

—¿Pasó algo? —consultó Adrien, pues algo dentro de él, le indicaba que podría ser el culpable de que su compañera no hubiera asistido a clases.

—La verdad, no sé —la mujer llevó la mano a su mejilla derecha, ladeando levemente la cabeza—. Anoche no quiso cenar, me dijo que estaba cansada, pero la oímos llorar hasta muy entrada la noche. ¿Ustedes saben algo? —les preguntó—. ¿Alguna mala noticia? ¿Alguna baja nota? ¿Algo que debamos saber?

—No que yo sepa —dijo Alya, buscando el apoyo de sus amigos, que afirmaron, también—. Marinette tiene buenas calificaciones y no ha estado metida en ningún problema…

—Entonces, no sé —Sabine suspiró y miró a Adrien—. ¿Y tú?

—¿Yo? —dijo Adrien, sorprendido de que lo señalara a él— ¿Qué hice?

—¿No habrás tenido que cancelar lo de mañana y por eso se deprimió? Estaba tan encantada.

—Claro que no —elevó sus manos y la sacudió frente a él—. Nuestra salida sigue en pie. Yo estoy igual o aún más emocionado que Marinette por ese viaje.

—¿Viaje? —mencionaron Alya y Nino al mismo tiempo.

—¿Tendrás una cita con Marinette? —interrogó Alya, y aunque Adrien se sorprendió de que la chica de lentes no lo supiera, no podía negar que su desconocimiento lo hizo sentir bien.

—Pues sí —afirmó—. Mañana vamos a pasar el día juntos en… —antes de que pudiera continuar, su guardaespaldas se paró en la puerta de la panadería— Oh, debo ir a almorzar. Nos vemos más tarde —se despidió con rapidez para regresar a la mansión antes de ganarse algún regaño de parte de su padre.

—¿A dónde van a ir? —preguntó Alya a Sabine, en cuanto Adrien salió del lugar.

—A Giverny, un paraíso al que Marinette siempre quiso ir—contó Sabine, antes de suspirar, pensando que si ese no era el motivo… entonces, ¿Por qué su pequeña hija estaba así de triste?

Las primeras estrellas estaban apareciendo sobre los cielos de París, tiñendo todo de colores anaranjados y azules marinos. Marinette observaba la ciudad desde su balcón, con las manos convertidas en puños sobre su pecho, sin poder sacarse la sensación de que algo iba a pasar… sin imaginarse que era en la mansión Agreste, donde todo estaba a punto de suceder.

Por su parte, Adrien terminó de cenar y se puso de pie, despidiéndose de su padre para volver a su habitación.

—Te enviaré la agenda de mañana… —le recordó, también poniéndose de pie—…antes de irme a acostar.

—Está bien —le indicó—. Si me quedo dormido antes, la veré mañana temprano. Buenas noches.

—Buenas noches —respondió Gabriel.

Al llegar a su habitación, se encontró con Su Han, quien estaba en compañía de Kaalki y de Plagg. Aspiró profundamente e ingresó primero a su baño para colocarse su piyama. Tras salir, fue directo al plan.

—Tenemos exactamente una hora —informó Adrien—. Mi padre es una persona de horarios muy estructurados. Se acuesta, sin falta, a las diez de la noche, por lo que entra a bañarse a las nueve —miró la hora de su teléfono—. Es decir, en diez minutos.

—No te preocupes, Adrien, ya he visto donde deja los miraculous cuando se los quita para entrar a bañarse —le explicó Plagg —. Es una caja al lado del portarretratos de tu madre.

—Perfecto —indicó y miró a Su Han que se mantenía en silencio, solo observándolo—. ¿Pasa algo? —consultó, preocupado de que tuviera dudas con respecto al plan.

—Solo pensaba, ¿estás seguro de lo que harás? —le preguntó, colocando sus manos detrás de él—. Esto puede cambiar la vida que has tenido hasta ahora, incluso arruinarla por completo.

—Lo sé —afirmó con la cabeza—, pero si los recupero y usted puede hacer algo por Nathalie, no todo será malo —concedió, mirando de nuevo su teléfono—. Bien, Kaalki —dijo, tomando el miraculous y colocándose las gafas que no tardaron en transformarse en un marco plateado de lentes rectangulares—, es hora de la acción. ¡Transfórmame! —Kaalki le entregó un traje en tono café oscuro con líneas blancas y negras a ambos costados del traje. Su cabellera dorada fue lanzada completamente hacia atrás como si se hubiera puesto gel, dándole un aspecto de onda. Los lentes se oscurecieron y unas simpáticas alitas del mismo tono del traje, aparecieron en sus zapatillas.

—No tienes buen gusto para los trajes —comentó Plagg, inspeccionando de arriba a abajo—. Definitivamente, tu mejor versión es conmigo.

Adrien, transformado con el miraculous del caballo, sonrió ante las palabras de Plagg, pero se puso alerta cuando escuchó la alarma que indicaba que eran las nueve de la noche.

—En cuanto vuelva con los Miraculous, váyase de inmediato, por favor —le pidió Adrien a Su Han, antes de darle la orden a Plagg para que se fuera.

—Lo haré —respondió—, pero, ¿qué hay de ti?

—Ahora sé dónde puedo encontrarlo, así que lo buscaré —dijo, antes de que Plagg volviera para avisar que Gabriel estaba en el baño y los Miraculous en la caja— Plagg, regresa —el Kwami volvió a irse con rapidez. Adrien aspiró profundo y contó hasta diez para darle tiempo a Plagg, antes de exclamar: "Llévame a donde está Plagg…A Viajar".

Un portal se abrió frente a él y lo guio a la habitación de su padre, justo donde estaba Plagg, sentado sobre una cajita. La tomó y la abrió, y al ver el prendedor y el broche ahí, los agarró y la volvió a cerrar con rapidez, dejándola en su lugar. Le hizo un gesto con la cabeza a Plagg para que se uniera a él y regresaron a la habitación de Adrien, en cuestión de segundos, con ambos miraculous en la mano.

—Los conseguiste —exclamó Su Han, tomando el broche y el prendedor, sorprendido de verlos nuevamente.

—Por favor, váyase —le pidió con cierto cansancio mientras deshacía la transformación y le entregaba las gafas—... mi padre puede darse cuenta en cualquier momento —y tras esas palabras, llevó su mano al anillo haciendo que Plagg lo mirara, espantado.

—Adrien, ¿qué… —pero no pudo terminar de hablar porque el anillo se tornó oscuro.

—Muchacho…

—Por favor… —insistió, dándole el anillo—… tome esto y váyase. Mañana lo buscaré, por favor.

Su Han no tuvo más remedio que obedecer. Adrien observó cómo salía por la ventana, llevándose los cuatro miraculous y sus piernas fallaron, haciendo que cayera al suelo y empezara a llorar desconsoladamente.

A duras penas pudo llegar a su cama, se acostó en ella y se tapó complemente para dejar que toda la rabia, la pena y el enojo que sentía, se fueran junto con las lágrimas.

Pero aun le quedaban cosas por hacer para así poder terminar con eso de una vez por todas. Se acercó al cajón de su escritorio y sacó una cajita negra, donde se encontraba una copia idéntica de la sortija que camuflaba el miraculous de la destrucción, se lo colocó en su mano derecha y tras suspirar con cansancio, se dejó caer en su cama, se tapó complemente y dejó que toda la rabia, la pena y el enojo que sentía se fueran con las lágrimas que salían incontrolablemente de sus ojos.

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Chan, chan, chan…

Adrien le ha robado los Miraculous a su padre y ha entregado el de Plagg :O

¿Qué pasará con Gabriel cuando se enteré?

Les garantizo que nada bueno.

Este capítulo contó con más de 4000 palabras, así que por eso se están demorando un poco más en salir, puesto que entre que yo no he tenido buen internet esta semana y mi beta estaba ocupada con el trabajo, más y más se nos atrasaban.

Pero, este sábado pasado, terminé con la escritura total de este fic. Serán 12 capítulos sin contar prólogo y epílogo. 14 partes en total.

Así que en dos semanas más estarían conociendo el desenlace de esta historia.

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Gracias a todos por haberme apoyado desde abril cuando lancé un prólogo con una idea totalmente distinta.

De hecho, la idea original era que Chat pasa por varias cosas con Su Han, para luego, descubrir que ella está enamorada de él como civil y como no quería que ella creyera que solo la quería por ser Ladybug, Su Han le daba como premio por pasar su desafío, la opción de olvidar lo que supo… xD Si, si, horrible.

Por suerte, la idea original quedó en nada y la serie me ha guiado a escribir este fic. No saben cuando amé el resultado completo. Y espero ustedes también…

Como verán, los sucesos suceden el día viernes, por lo que… ¿Qué viene después del viernes? Si, la cita… 😉

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Mil gracias por todo.

Y gracias por sus reviews!

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Aquatic~

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14 de Octubre 2021