Hola. Espero que estén lo mejor posible.
Bien, aquí les traigo un capítulo de esta etapa final.
Sé que en el anterior capitulo dije que era el "penúltimo episodio" pero ya organizando y acomodando mejor los acontecimientos, tuve que retractarme, una disculpa. "Quedé" como dicen los jóvenes de hoy.

No quería que en un solo capítulo estuviera todo atiborrado de sucesos, drama y resoluciones, y todo se sintiera forzado e intenso en un solo bloque.
Como sea, ya estamos casi a nada de terminar con este desastre, muchas gracias por su gran paciencia y apoyo. Espero que lo disfruten.

Cualquier duda, deseo u observación pueden decírmelo en un comentario.


—Resista, señor Crocodile. Llegaremos pronto.

—Daz... Doflamingo… ¿Qué…?—musito Crocodile con un hilo de voz.

Crocodile estaba convaleciendo en el asiento trasero de un auto que iba a toda velocidad conducido por su mano derecha, Daz Bones.
El hombre de piel morena manejaba a toda prisa hacia una clínica particular en donde Crocodile ya tenía asegurada una absoluta confidencialidad.

—No siga hablando, guarde su fuerza, por favor—pidió Daz con voz grave y con un tono de preocupación que trataba de disimularse—. Robin se encargó de pedir una ambulancia para él, por medio anónimo. Nadie sabrá de donde salió la llamada, se lo aseguro.

Crocodile miro el techo del auto y perdió el conocimiento.

Rosinante se encontraba sufriendo de una racha de insomnio, el encuentro con Crocodile le había dejado más afectado de lo que pensaba.
Llevaba ya un par de horas recostado en su cama, con la vista clavada en el techo apenas iluminado gracias a la luz exterior que se colaba por la ventana.

"Estás más desquiciado de lo que pensé… Si tan fuerte es tu amor, que lo disfrutes" aquellas últimas palabras que Crocodile le había dicho retumbaban en su mente, una y otra vez, lastimándolo en lo más profundo de su corazón.

Haberse disculpado con Crocodile ahora le parecía un acto sinvergüenza y por completo inútil, pero después recordaba la genuina emoción de dolor y culpa que sintió en ese momento y empezaba a recapacitar sobre qué tan necesario fue hacerle saber su arrepentimiento a Crocodile.

—Duerme…—se musito a si mismo después de haber visto la hora en el pequeño reloj en su mesita de noche al costado de la cama.

Al cerrar los ojos, vino a su mente la breve llamada que tuvo con Law, la invitación que tuvo que declinar por su previo compromiso, en cuanto pudiera iría a ver a Law y trataría de compensar ese tiempo perdido que pudieron haber compartido.

A la mañana siguiente, Rosinante despertó a causa del sonido del timbre de llamada de su teléfono. Era un número desconocido pero Rosinante decidió contestar.

—Buen día, ¿Con quién hablo?—pregunto el rubio con una voz algo perezosa—. Sí, soy Rosinante Donquixote, ¿Por qué…?—y al cabo de unos segundos su rostro palideció al escuchar el motivo de la llamada.

Doflamingo se encontraba hospitalizado y en estado grave, a causa de un incidente provocado por heridas de arma de fuego.
Hacía años que no tenía noticia alguna de su hermano, pues para Rosinante, Doflamingo seguía dentro de prisión y desde la última vez que estuvieron frente a frente no tenían nada más que hablar y no deseaba volver a verlo.

Se vistió con rapidez y salió a toda prisa hacia el hospital que le habían indicado.

Law se encontraba preparando su desayuno, había tenido una agradable noche junto a sus amigos y su ánimo estaba sumamente tranquilo.
Recordó el incidente después del evento del boxeo y su fortuito encuentro con aquel hombre llamado Smoker, quien había captado su atención de una forma difícil de ignorar.

¿Realmente esperaba que le llamara alguna vez?

—Debí verme realmente patético—murmuro Law para después dar un sorbo a su café.

Pensó igualmente en Rosinante, ¿habrían sido diferente su reacción si aquel rubio le hubiese acompañado? Tal vez sí…
Ahora se sentía algo culpable y confundido al pensar en que la sola presencia de Rosinante fuera a cambiar sus decisiones sobre sus sentimientos y emociones de esa forma.

—Tengo que hablar con él—se dijo el muchacho empezando a decidir cuándo sería apropiado hacerlo.

—Señor Donquixote, ya puede pasar.

—Gracias.

Rosinante ya se encontraba en el hospital que le habían indicado, caminaba nerviosamente por el pasillo donde se encontraba la estancia en donde se encontraba Doflamingo. El rubio se había colocado un cubre bocas, una bata y cofia de protección.
Sus ojos reflejaron el impacto que sintió al ver a su hermano inconsciente y recibiendo la asistencia de distintos aparatos médicos y cables sobre él.

—Doffy…

Un escalofrió recorrió su cuerpo y enseguida un temblor se apoderó de todas sus extremidades, un estremecimiento inspirado por la impresión de verle así, el temor de perderle y una gran confusión de emociones que se contraponían en su interior.
Aquella lejana ocasión en que ambos se vieron por última vez y discutieron había dejado una distancia difícil de superar entre ellos; Rosinante se había jurado que no quería volver a dirigir una palabra hacia Doflamingo y mucho menos verle después de los terribles actos que había cometido contra Law y su familia…
Pero ahora no podía negar su angustia ante el desolador panorama del que su hermano era protagonista.

¿Qué había ocurrido para que Doflamingo acabará en ese estado?

Tendría que recurrir a la policía y a los investigadores para descubrir las razones, tendría que dar la cara una vez con un inevitable deje de vergüenza y culpa.

"Por favor… Solo recupérate, Doffy" pensaba amargamente Rosinante mientras no apartaba la mirada de su hermano.

—Señor Crocodile.

—Daz…

—Ya está fuera de peligro, señor. Pero desde su propia perspectiva ¿Cómo se siente?—pregunto el hombre de tez morena y complexión musculosa, que estaba sentado al costado de la camilla en donde reposaba Crocodile.

—Supongo que estoy bien… ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

—Desde que los médicos y enfermeras terminaron sus asuntos.

—No necesitabas hacerlo. Ahora tendré que pagarte horas extras…—jadeo Crocodile incorporándose un poco.

—No se esfuerce, por favor. Aunque ya pueda hablar y se sienta estable, no es tiempo de que haga algún movimiento que pueda cansarle—le indico Daz cruzando los brazos.

—Que fastidio… ¿Y qué sucedió con Doflamingo?

—Lo estan atendiendo en un hospital público. La policía ya debe de estar custodiándolo.

Crocodile guardo silencio con una amarga expresión.

—Debí acabar con él…—musito el hombre de la cicatriz en el rostro. Sabía que su declaración no era más que una mentira; realmente se cuestionaba sobre él porque había ido demasiado lejos, sus emociones explotaron y su ira no conoció límites, se había dejado llevar como hace tanto tiempo no lo experimentaba.

—Debería olvidarlo por ahora. Donquixote no le ha traído más que desgracia a su vida. Después de que todo esto pase, si es que Donquixote sigue rondando por ahí, podría encargarme de él.

— ¿Qué?

—Por supuesto, si usted está de acuerdo.

—Diría que estás propasando una línea peligrosa, Daz. ¿Qué te propones con ese gesto tan "acomedido"? ¿Acaso verme postrado en esta cama te despierta compasión? Ese asunto no te incumbe.

—Lo siento señor. Discúlpeme.

Hubo un silencio incomodo mientras Crocodile miraba intrigado a Daz, quien volvió al serio semblante al que estaba acostumbrado.

—No pude decirlo en camino hacia acá, y ahora que estamos a solas, necesito decirte algo—dijo Crocodile rompiendo el silencio con su grave voz levemente afectada por un jadeo de cansancio—. Por un momento pensé que sería mi final… Hubo un instante en que imagine que no responderías mi llamada. Me salvaste. Fuiste muy eficiente. Tu sueldo aumentará.

—No es necesario, señor.

—No uses la falsa modestia, sabes que no me agrada. Te lo mereces.

—Lo siento señor Crocodile, pero tengo que decirlo: No lo hice como parte de mi trabajo. Es por eso que no merezco ninguna retribución—dijo Daz mientras se ponía de pie—. Pido permiso para retirarme…

Crocodile observo atentamente a su fiel mano derecha, su cansado rostro no reflejaba el asombro que sentía por dentro tras escuchar la última declaración de aquel joven de piel morena. No era tan ingenuo para malinterpretar aquellas palabras y gestos, había captado perfectamente las intenciones de Daz, pero justo en estos momentos, después de los incidentes con Rosinante y Doflamingo, no sabía cómo lidiar con algo como esto.

—Luego hablaremos de eso, puedes irte—se limitó a decir Crocodile.

—Descanse, señor.

Crocodile vio en silencio como su subordinado se marchaba y cerraba la puerta tras él.

¿Desde hace cuánto Daz habría guardado ese sentimiento hacia él?
Aquel muchacho había cumplido a la perfección su papel de empleado perfecto que tal vez fue la máscara ideal para ocultar cualquier posible sospecha.
Quizá Daz hubiese continuado con su secreto de no ser por este suceso que casi le arrebata la vida; ahora comprendía él porque Daz se ofrecía para acabar con Doflamingo en caso de ser necesario. Todo le resultaba tan irreal y difícil de asimilar.

Soltó un pesado suspiro, decidió recostarse plenamente y la sensación de sueño se apodero de él, dejándolo en un profundamente dormido dentro de poco.

—No contesta…—murmuro Law viendo la pantalla de su teléfono. Le había mandado un mensaje a Rosinante, pasaron un par de horas y decidió realizar una llamada que tampoco fue respondida.

Estaba pensando en si era prudente ir directamente a su departamento, tal vez habría perdido su teléfono celular, no era la primera vez que algo así le sucedía al torpe rubio.
Fue a buscar una chaqueta junto con las llaves de su auto y, mientras se preparaba para salir, una alerta de mensaje resonó desde su teléfono.

El chico pensó que lo más probable era que se tratara de Rosinante, pero para sorpresa de Law aquel mensaje venía de un número desconocido y contenía lo siguiente:

"Buen día. Espero no equivocarme de número. Espero que se trate de ti, el chico del auto amarillo, Law. Voy a tomarte la palabra, necesitaré realizarme un chequeo médico pronto. Apreciaría tu ayuda.

Smoker."

Los ojos de Law reflejaron asombro por un instante, después su conmoción se eclipso al pensar en cómo respondería a tal mensaje y como pretendía actuar cuando volviera a estar frente a él.

Law tomo asiento en su sala de estar, contemplo aquel sencillo mensaje y después de un par de minutos se atrevió a hacerle una llamada.

— ¿Hola? Sí, soy Law Trafalgar. Si, recibí tu mensaje. Pensé que habrías echado a la basura mi número—soltó el muchacho con una sutil voz sarcástica para aliviar un poco la incomodidad que sentía al entablar una conversación con aquel hombre que recién conocía—. Ya veo… Sí, tengo algo de tiempo esta tarde. Si, puedo ir ahí… Nos vemos.

Y la llamada termino. Había acordado reunirse con Smoker en un café para darle una orientación sobre las clínicas en donde podría ir a hacerse los estudios médicos que necesitaba.
Su corazon había empezado a latir con un poco más de rapidez, la extraña atracción que experimentaba crecía más y más; ¿se atrevería a darle más atención a ese deseo y aventurarse a dar un paso adelante o lo ignoraría en cuanto terminará de hacer aquel favor?

Horas después, para cuando faltaba una hora para su reunión con Smoker, comenzó a buscar el atuendo que llevaría, se puso a considerar lo que podría llegar a decir o proponer.

— ¿Qué estoy pensando…?—se replicó Law sintiendo una oleada de grima por sí mismo.

Se vistió con una simple camiseta amarilla y una chaqueta oscura que hacía juego con sus pantalones de mezclilla color negro.
Llegó a la cafetería con quince minutos de anticipación, tomo asiento en una mesa alejada ubicada en una esquina del establecimiento.
Empezó a juguetear nerviosamente con los pequeños sobres de endulzante especial que estaban en un recipiente en el centro de la mesita.

Finalmente su vista alcanzo a vislumbrar la figura imponente de aquel hombre de cabello grisáceo, entrando a la cafetería y dirigiéndose hacia el sin ninguna expresión o intención relevante.

—Hola, buena tarde—saludo Smoker con voz grave mientras tomaba asiento.

—Hola… Eres muy puntual—respondió Law observándolo con atención.

—Lo dice quien llego antes que yo. ¿No has pedido nada aún?

—No, quise esperarte.

—Vaya, que considerado… Entonces, ¿quieres pedir algo primero o ya estás listo para darme tus recomendaciones médicas?

—Iré a pedir mi café—respondió Law levantándose de su asiento— ¿Qué gustas beber?

—Un espresso flat white. Espera, no te he dado mi parte del dinero.

—Descuida, te invitaré este.

Smoker le vio con algo de recelo pero al final accedió.
En cuanto ambos ya obtuvieron sus bebidas empezaron a charlar sobre el asunto principal que los había reunido.

—Realmente sabes de esto, muchacho. Seguro que eres de los mejores de tu generación.

—Solamente es que tuve suerte de crecer en un ambiente cercano a la medicina, mi padre fue un médico excepcional. Espero ser tan bueno como lo fue él.

—Lo serás. Bien, creo que ya te quite bastante tiempo, gracias por todo. Te informaré que tal resulto todo…

—Aún tengo un poco de tiempo libre—señalo Law—. ¿Tienes otro asunto después de esto?

—Realmente no. ¿Qué tienes en mente?

Law le lanzo una mirada inquisitoria. Smoker le veía con la misma mirada seria y un tanto ruda, aunque este último empezaba a confirmar algo que había estado sospechando durante toda la reunión, ya intuía el posible camino a donde se orientaban las intenciones de aquel joven de cabello oscuro.

—Quiero charlar un poco más, viendo que ambos tenemos tiempo libre, ¿Por qué no aprovechar esta noche? Podríamos cenar en mi departamento.

— ¿Estás seguro? ¿No tienes algún compañero de habitación como suelen hacer los universitarios?—inquirió Smoker cruzando sus gruesos brazos.

—Ja, no… Es un departamento privado, no es un dormitorio asociado a mi escuela—contestó Law soltando una risa algo burlona—. Entonces ¿Qué dices?

—Solo tengo una pregunta, ¿tienes un espacio apto para fumar?

—No es un problema—y Law esbozo una suave sonrisa impregnada de satisfacción.

Al cabo de una hora, Law y Smoker estaban bebiendo un par de tragos en la intimidad del departamento del joven de cabello negro.
Habían estado charlando sobre el trabajo de Smoker, quien era un oficial de policía y en estos últimos días había gozado de un par de días de vacaciones.
Law también había relatado un poco más de su carrera universitaria, sus planes a futuro con más detalle y con mucha cautela le había confiado una versión muy resumida de los sucesos que sucedieron con su familia.

—Lamento mucho que hayas tenido que pasar por algo como eso… La ciudad, no, el país está infestado de esa clase de imbéciles. Algunos logran llegar muy lejos gracias al poder y dinero que llegan a acumular—dijo Smoker con voz grave para después aspirar una gran cantidad de humo de su grueso puro de tabaco y después exhalarla con pesadez—. Creo que ya es tarde…

—Sí, algo tarde.

Y Law volteo a ver directamente a los ojos de aquel imponente hombre de cabello gris. Ambos sostuvieron sus miradas, sintiendo una clara tensión entre ellos. Finalmente Law se aproximó más a Law, al punto de dejar más que clara su intención, poco a poco fue acercando su rostro al de Smoker mientras posaba una mano sobre uno de los musculosos brazos del hombre que aún mantenía aquel grueso cigarro entre sus labios.

—Eres demasiado atrevido y arrogante para esta clase de cosas, ¿no es así?—soltó Smoker apartando el cigarro de su boca y apagándolo en el cenicero de la mesita que tenía a su costado derecho.

—Tal vez… ¿Y tú? ¿Estás de acuerdo con eso o será mejor que dé marcha atrás?—pregunto Law con voz calmada.

—Me hiciste apagar mi puro y estás casi encima de mí, qué más da…—y Smoker dejo que Law le plantara un suave y seductor beso.

El joven moreno rodeo con sus brazos el grueso cuerpo y comenzó a aumentar la intensidad del beso, provocando que por fin Smoker se animará a posar sus manos sobre la espalda y cintura de Law.
Pronto se separaron para tomar aire y mirarse intensamente en espera de alguna palabra o próxima indicación.

— ¿Qué pasa?—pregunto finalmente Smoker.

—Es solo que…

— ¿Qué? ¿A qué te refieres?

—Nada, perdona…—por un breve momento, la mente del joven de cabello negro recordó la imagen, voz y tacto de aquel hombre de cabello rubio llamado Rosinante.

— ¿Te sientes bien?

—Sí, es solo que no recordaba si todo estaba bien en mi habitación…—murmuro Law sin sonar muy convencido.

— ¿Quieres que me vaya?—pregunto el hombre de cabello gris.

—No… Quédate. Vamos…—y Law volvió a besarle pero esta vez utilizando un poco su lengua para después apartarse de él y tomarlo de la mano para dirigirlo hacia su habitación.

Rosinante se encontraba leyendo en silencio el último mensaje que Law le había enviado.
No había encontrado el valor suficiente para responderle.
No tenía idea de cómo llegar a explicarle su situación actual, Law tarde o temprano llegaría a notar su angustia y actitud evasiva.
Sería demasiado controversial confesarle que su hermano había logrado escapar de prisión, que actualmente se encontraba agonizando en un hospital y que, a causa de esto último, su angustia era tan grande y deseaba con toda sus fuerzas que volviera a la normalidad.

—Me odiará en cuanto lo sepa…—musito Rosinante con voz llena de preocupación—. Si supiera mi verdadero sentir, no me perdonaría…

El rubio cerró el apartado de mensajes de su teléfono y se dispuso a abrir la galería de fotos, en donde guardaba una foto de aquel muchacho de piel morena y cabello negro sonriendo sutilmente a la cámara mientras sostenía un par de libros.
No sabía que pasaría una vez que Law se enterara de todo pero sabía, con toda certeza, que si llegaba a recibir el odio y rechazo eterno de este no tendría razón para volver a sentirse plenamente feliz en lo que le quedará de vida.

A la mañana siguiente, Law despertó al escuchar un ruido proveniente del cuarto de baño anexado a su habitación.
Smoker se encontraba duchándose.
Law salió de la cama, reviso la hora en su teléfono, eran las 6:00 am.

"Demasiado temprano…" pensó Law al reconocer lo disciplinado que era aquel hombre con su rutina de sueño.

Se sentía tan extraño, era la primera vez que tenía esa clase de actividad después de muchos años. No podía creer lo satisfactorio, fácil y seguro que resulto, aunque persistía una espina de incomodidad en su interior.

"Se debe a que me precipite a hacerlo, es todo" se dijo el muchacho mientras se ponía la ropa interior y un pantalón de pijama.

—Buenos días—saludo Smoker al salir del baño, ya con su ropa interior puesta.

—Buen día… ¿Realmente descansaste? Te levantaste muy pronto.

—Sí, estoy acostumbrado. Incluso en vacaciones—respondió el hombre mientras se quitaba la toalla de alrededor del cuello dejando ver por completo sus grandes pectorales. Pronto tomo su ropa y se vistió por completo.

— ¿Ya te irás? ¿No te quedas a desayunar?

—Lo siento pero ahora si tengo algo por hacer dentro de una hora.

—Ya veo, entiendo, no te preocupes—y Law le acompaño hacia la puerta principal.

—Fue una noche agradable.

—Ja, eres muy formal… Pero bueno, te agradezco por aceptar. ¿Nos veremos luego?

—No lo sé. Quizá haya otra oportunidad después de mis resultados clínicos—dijo Smoker mientras se colocaba unas gafas oscuras—. Cuídate.

Y sin más el hombre de cabello gris se marchó en dirección a las escaleras.
Al perderle de vista, Law volvió al interior de su hogar, aun sintiendo aquella sensación extraña y un tanto incómoda.

Recordó los detalles de su noche juntos: la manera en como Smoker le había tratado, había sido dominante pero respetuoso; la manera en como se había desenvuelto con Smoker había sido un tanto sumisa y exagerada, por supuesto todo hecho intencionalmente para aumentar la pasión, aunque después del final no hubo mucha más interacción entre ellos.
Igualmente, tuvo que reconocer que no pudo escapar de sentir un ligero peso de frustración, al recordar a Rosinante, al preguntarse cómo podría llegar a hacer experimentar ese momento único con él…
Luego recordó las repetidas ocasiones en que el rubio se había negado a entablar una relación diferente a la amistad.

—Rosinante…—musito Law al sentir un deje de frustración. Le resultaba ilógico que después de conocer a un hombre como Smoker y pasar una satisfactoria noche junto a este, volviera a cuestionarse sobre los sentimientos pasionales que experimentaba por aquel rubio tan alto—. Tengo que hablar con él.

Fue por su teléfono móvil, marco al número de Rosinante y fue dirigido directamente hacia el buzón de mensajes de voz.

—Tal vez siga dormido.

Law prosiguió a mandar un nuevo mensaje, pidiéndole un momento para hablar esta tarde o lo más pronto que Rosinante pudiera acceder. El día pasó sin respuesta alguna.

— ¿Qué ocurre? ¿Acaso perdería su teléfono?—se extrañó Law quien decidió volver a llamar por la tarde.

—Law… Discúlpame.

— ¿Estas bien? ¿Por qué no has podido responder?—pregunto el joven al notar la voz seria y apagada de Rosinante.

—Law tengo algo que hablar contigo.

—También yo… Es por eso que quería contactarte—dijo Law con una voz algo pausada e insegura—. ¿Puedo ir a tu casa mañana?

—Sí. Law…

— ¿Si?

—Nada, solo cuídate, estoy bien, no te preocupes.

—Bien, te veo mañana—y terminaron la rara y tensa llamada.

Al día siguiente una ligera sensación de vértigo comenzó en el interior de Law mientras estaba en camino hacia el departamento de Rosinante. Aquella sensación fue intensificándose hasta que llego a la puerta del hogar del rubio.
No sabía cómo podría empezar a hablar de Rosinante sobre la situación que había experimentado y su confusión de sentimientos.
Llamó a la puerta y pronto el hombre alto y de cabello rubio le recibió.

—Pasa, adelante…—dijo Rosinante con una voz ronca, este tenía un cigarrillo en su boca.

El muchacho de cabello negro de inmediato notó el afectado rostro de Rosinante, era evidente que había estado llorando y se encontraba perturbado.

—Rosinante ¿qué te ocurre?—cuestiono Law con una voz llena de preocupación. El moreno se adelantó y coloco su mano derecha sobre una mejilla del rubio.

Rosinante esquivo su mirada, como si tuviera una gran pena y culpa que ocultar. Se dirigieron a la sala de estar.

—Por favor, déjame saberlo…—dijo Law—. Sea lo que sea que te esté ocurriendo, permíteme ayudarte.

El hombre de pálida piel, con una dolorosa expresión miro hacia el suelo.
Rosinante tomo asiento y Law se posiciono a su costado izquierdo.

Law observaba alarmado el cómo Rosinante temblaba, le costaba respirar con tranquilidad y mantenía su mirada cobriza fija en el piso, como si le doliera verlo directamente a la cara. Pronto Rosinante dejo el cigarrillo sobre un cenicero.

Las manos cubiertas de tatuajes tomaron la pálida mano izquierda del rubio, estrechándolas con cariño.

—Rosinante… Por favor, dime, ¿Qué te ha pasado?—pregunto el joven con quietud.

—Law... Me odiarás por esto…

— ¿Por qué dices algo así?—se extrañó el joven mirando confundido a su estimado que aún no podía voltear a verlo.

—Hace poco recibí una llamada. Tuve que ir a un hospital.

— ¿A un hospital? ¿Por qué?

—Tuve que ir porque…—y Rosinante respiro profundamente—. Se trata de Doflamingo. Salió de prisión… Lo hirieron en el lugar donde había estado viviendo. Se encuentra muy grave.

Los ojos de Law se abrieron un poco más en una expresión que denotaba su indignación e impacto al tan solo oír aquel nombre.
Las manos de Law dejaron de sostener la mano temblorosa de Rosinante y el muchacho se puso de pie.

— ¿Lo sabias? ¿Sabías que Doflamingo ya no estaba encarcelado?—cuestiono Law con un aterradora y fría voz. El joven no pudo ver a Rosinante mientras realizada esta pregunta.

—No, no lo sabía, Law… No tenía idea, en verdad...—y un par de lágrimas rodaron por sus mejillas.

Law sintió un arrebato de frustración y confusión, el cual trató de calmar poco a poco pensando en que al menos Doflamingo se encontraba herido y en estado crítico dentro de un hospital.
Después de un par de minutos, miro la postura lamentable de Rosinante, observando como este trataba de no desmoronarse ante él; realmente no podría comprender su dolor…
Sabía que este hombre estaba realmente avergonzado y atormentado por toda la historia que ocurrió tiempo atrás pero también estaba sumamente preocupado por el destino de su hermano a pesar de todo.

Law no sabía que decir, su odio hacia Doflamingo era tan grande aunque se hubiera mantenido en silencio en el transcurso de estos últimos años.

—Lo siento, sé que no debería de sentir esto por él…—dijo Rosinante limpiando un poco de su llanto con la manga de su camisa—. Law, entenderé si ya no quieres verme o no vuelves a hablarme.

Otro doloroso silencio de un par de minutos.
Law volvió a tomar asiento junto a Rosinante.

—Rosinante… No haría algo así. No quiero alejarme de ti—declaro el muchacho con voz seria y algo pausada, debido a que había sido afectada por el inmenso enojo que sentía en su interior—. Siempre he pensado que eres alguien más amable y compasivo que yo, con esto lo compruebo una vez más…—y tomo una larga pausa en la que su semblante se tornó más sombrío y tenso—. Pero tengo que ser sincero, no puedo fingir que todo esto no me molesta... Me cuesta tanto comprender tus sentimientos respecto a él, aunque sea tu hermano… Sabemos perfectamente la clase de persona que es.

Y su semblante cambió poco a poco mientras se disponía a ver a Rosinante directamente a los ojos. El par de iris color naranja del rubio estaba anegado en lágrimas y pena.

Law le abrazo fuertemente, sintiendo como el corazon de Rosinante latía con tanta rapidez y fuerza debido a la conmoción; cuanto lamentaba que este hombre al que amaba tanto estuviera involucrado con alguien como Doflamingo.

— Perdóname, Law…—sollozo Rosinante con su voz destrozada mientras se aferraba al cuerpo del muchacho de cabello negro—. No merezco tu apoyo... Debería de…

—No sigas, Rosinante. No hables más de eso. Solo… Quiero estar aquí para ti, solo… Quiero estar junto a ti mientras todo esto pase—dijo Law sin dejar de abrazarlo con fuerza, sintiendo como se hacía un nudo en su garganta y una dolorosa sensación de pesadez gobernaba su pecho causada por la frustración de no poder consolar plenamente la angustia de Rosinante; no podía fingir que deseaba lo mejor para Doflamingo, el ver a ese hombre al que amaba tanto sufrir a causa de algo como eso era lo que más le enfadaba y hacía que su odio por Doflamingo creciera cada vez más.

—Rosinante…Necesitas recostarte por un rato—indico Law con tranquilidad mientras se separaba con cuidado de él y lo llevaba hacia la habitación de este—. Voy a ir por algo de comer, cenaremos juntos. Ahora vuelvo.

Law salió del departamento y se mantuvo en un amargo silencio tras cerrar la puerta principal de aquel lugar.
Ahora sus ojos reflejaban una peligrosa expresión llena de resentimiento.
Sus manos se habían cerrado fuertemente convirtiéndose en puños.

Una gran ira luchaba por apoderarse de él…
¿Cómo era posible que aquel retorcido ser lograra escapar de prisión?
¿Por qué rayos no termino muerto de una vez por todas?
¿Por qué tenía que suceder esto que provocaba una enorme pena y culposa angustia en Rosinante?
Por un momento llegó a su mente el caótico escenario en que se atrevería a investigar el hospital en donde Doflamingo se encontraba internado y acabar personalmente con el…

—No… No puedo—musito Law con una voz que mezclaba el enojo, vergüenza y tristeza; sabía que esa clase de idea era una completa locura, la misma idea turbia y peligrosa que se le habría ocurrido al Law adolescente de tiempo atrás.

El muchacho volteó su mirada hacia el piso y cerró fuertemente los ojos.
Se sintió culpable de haberse atrevido a imaginar aquella controversial idea después de imaginar el infinito dolor que provocaría en Rosinante.
Se dirigió a su auto y subió bruscamente en este, dando un golpe al volante.

—Maldita sea… ¡¿POR QUÉ…!?—soltó Law en un grito ahogado.

….


Bueno, como dije al principio, resulto que el anterior capítulo ya no es más el penúltimo, y pues quizá este tampoco, porque tuve que organizar mejor los acontecimientos para que el capítulo no se viera apresurado, forzado y muy atiborrado. Muchas gracias por leer, espero contar con ustedes para la próxima entrega, que ya no sé si será el final u otro "penúltimo episodio", ja.

Atte. Levita Hatake