Disclaimer: Traté de secuestrar a Naruto (con la ayuda de Sasuke)... Pero la policía fronteriza nos pilló y tuvimos que liberarlo… Nos libramos porque Naruto es demasiado bueno y dijo que vino con nosotros por voluntad propia u.u Pero Naruto y todos sus personajes siguen siendo propiedad de Masashi Kishimoto.

Beta: Usura-tialmant, Funeral-Of-The Humanity & Noin no Nogitsune

Advertencias: Shonen ai, Pov Sasuke. Este fanfic tiene todos los derechos reservados © solochely (2019).


SASUKE

Lunes, 20 de octubre

14:05

De reojo, no paraba de mirar a la enfermera, tomándose aquélla todo el tiempo del mundo para apuntar sus datos en la dichosa libreta. ¿¡Por qué tardaba tanto hoy!?

Sentía que le pesaran los párpados una barbaridad. Lo único que le estaba pidiendo su cuerpo era marcharse de allí, y llegar a casa para poder echarse su merecida siesta.

Sin embargo…

"Ha vuelto", no paraba de repetirse una y otra vez. "Ha vuelto…"

Le estaba costando horrores mantenerse quietecito en la báscula, y no bajarse de ahí para salir echando chispas de la clínica. Bien sabía que debería ir primero a casa, comer algo, y descansar de la tortura que acababa de pasar ahí dentro; pero desde que recibió el mensaje de Naruto, hacía ya algo más de una hora, en lo único que estaba pensando era en salir de ahí y dirigirse derechito a la parada de metro más cercana para poder ir a verle cuanto antes.

Ni tan siquiera le había hecho falta mirar la pantalla de la maldita máquina para ser consciente de que su presión arterial era algo más elevada a lo habitual durante las sesiones, especialmente al final: desde el mismo momento que recibió el mensaje, notó cómo las fuerzas le regresaban al cuerpo.

Aunque fuera un poco, y no abandonara esa delgada franja que siempre le hacía pensar en lo peor.

Pero la cuestión era que no le había contestado aún, quería darle una sorpresa. Siempre hacía que le palpitase el pecho la cara de bobo que ponía cuando se presentaba sin avisar… y la sonrisa que seguía después.

Sin embargo, pensándolo bien, quizá debiera avisarle… Tal vez le pillaría en la ducha, o quizá estuviera fuera de casa, si es que salía a comprar o a dar una vuelta. Aunque si fuese lo primero no le importaría nada y regalarse así un poco la vista.

"Naruto…", se mordió con disimulo el interior del labio.

—Sesenta y cuatro con nueve —murmuró aquella.

Y de un plumazo, se le quitaron las tonterías de la cabeza, concentrando toda su atención en el marcador de la báscula para ver por sí mismo lo que la enfermera acababa de vocalizar.

—Tienes que comer algo más calórico, Uchiha-kun —le dijo con un tinte de preocupación en la voz.

—Unn… —asintió levemente.

—Puedes añadir un par de huevos cocidos en la comida, y en la cena…

Su cerebro desconectó de lo que le estaba diciendo la chica. No es que necesitara escucharlo realmente, se conocía la cancioncita al dedillo: algo más de carne en la cena de hoy, tal vez una tortilla francesa, algo de arroz frito, embutidos… Pero nada de salsas, ni marisco, y con mucho cuidado con las frutas y los vegetales.

Se lo sabía de memoria. Al igual que retumbaba ahora la voz de esa misma enfermera, el viernes antes de marcharse a casa, cuando le dijo que tenía que ganar algo más de peso.

«Puedes comer algo más calórico. Come un par de hamburguesas aparte de tu dieta», le sugirió entonces.

En cambio, en lugar de eso… Había pasado todo el fin de semana deprimiéndose y a duras penas probando bocado. Y, por si fuera poco, vomitando…

No pudo reprimir un profundo suspiro al ver su peso reflejado en la báscula.

Se sentía ridículo.

—No te preocupes, Uchiha-kun. Tus resultados hoy están bien —agregó al tiempo que hojeaba los datos que había extraído de la maldita máquina esa. —Sólo intenta comer un poco más, ¿vale?

—Unn… —asintió de nuevo.

"De puta madre…", se guardó el comentario para sí, al tiempo que salía de la sala y se acercó a su casillero para recoger sus cosas.

Toda la emoción que había estado sintiendo quedó totalmente desplazada a un segundo plano. Empezaba a notar el escozor en los ojos y, de repente, en lo único que podía pensar era en escapar de ese lugar, encerrarse en su habitación, e intentar dormir lo más que pudiera lo que restaba de día.

Pero en cuanto puso los pies en la calle…

"Naruto…", tragó saliva con fuerza.

Aunque le estaban dando unas ganas terribles de llorar, quería verle. Quería mirarle a los ojos y ver que todo podía volver a ser como era antes entre ellos.

Fue caminando con lentitud hacia la parada de metro que había a un par de calles de allí, sin embargo… Una vez estuvo frente a la barrera que le separaba de la estación, se quedó inmóvil con la tarjeta de viaje en la mano.

¿Debería… ir a verle?

No pudo evitar recordar la última vez que lo vio, antes de que se marchara, y todo el dolor que transmitía su mirada.

Dolor que le había provocado él.

¿Realmente Naruto querría verle? O mejor dicho… ¿Tenía tan siquiera derecho de ir a verle… después de todo lo que le había hecho pasar?

Ciertamente, nunca fue su intención.

Con la cabeza fría, jamás le hubiera querido arrancar el brillo de sus ojos, ni esa tonta sonrisa suya…

Pero a propósito o no, lo había hecho.

¿Se merecía estar a su lado? ¿Merecía tan siquiera su amistad?

Hubo de respirar profundamente, tragando saliva con fuerza, para encontrar el valor y dejar que la máquina leyera su tarjeta para que le dejara pasar.

Sabía que era un acto egoísta, pero decidió hacer caso del consejo que le dio Karin la tarde anterior. Por una vez, consiguió vocalizar parte del miedo que sentía en cuanto a todo lo que se refería a Naruto, aprovechando el rato que Suigetsu y Juugo estuvieron dando una vuelta por los alrededores del mirador. No es que le diera vergüenza hablar de esos temas delante de Juugo, pero Suigetsu era un idiota que de seguro no desaprovecharía la más mínima oportunidad que tuviera en el futuro para burlarse de todas las cursiladas que pudieran llegar a salir de su boca.

«Ten el valor de seguir tu corazón, Sasuke», recordó las palabras de su amiga.

Pero es que… Aunque ya le había contado a grosso modo lo que había sucedido en casa de Naruto una semana atrás, ella no podía imaginar —ni por asomo— todo el sufrimiento que le había provocado.

Algo ausente entró en el vagón cuando llegó el tren, buscando con la mirada algún sitio libre donde poder sentarse.

Pero no tendría tanta suerte.

Había mucha gente con bolsas, seguramente de haber estado de compras y que ahora regresaban a casa, y otros tantos que vestían con traje, que con gran probabilidad salían de trabajar. Así que estaba todo mayormente ocupado. Bueno, los asientos. Por fortuna aún no estaba saturado al punto de tener que estar espachurrándose los unos a los otros, y cuando encontró un sitio más o menos despejado junto a una de las puertas, se quedó ahí, apoyado con la espalda en la pared. Al menos así no tendría que hacer demasiada fuerza para sujetarse con el vaivén del vagón.

Pero no podía quitarse de la cabeza todo lo que había pasado últimamente. Había hablado con todos más que en el último año. Especialmente con su hermano y su madre. Sin embargo, todo había sido a golpes de ansiedad y por no poder soportarlo más.

Se había propuesto meditar sobre todo ello aprovechando el tiempo que Naruto estaría fuera para que cuando volviese las cosas estuvieran más tranquilas… Y, en cambio, tenía la sensación de que lo único que había conseguido era provocar todavía más caos a su alrededor.

«No eres un mal niño...», recordó las palabras de su madre. «...pero tienes que empezar a aprender a perdonarte a ti mismo. No puedes vivir así, menos cuando no es culpa de nadie lo que te ocurrió. Ojalá pudiera volver atrás en el tiempo, hijo mío… Pero hay cosas con las que hay que aprender a vivir».

"Cosas con las que hay que aprender a vivir…", suspiró para sus adentros.

Más fácil de decir que de hacer. Más aún cuando no era algo con lo que hubiera tenido que vivir su vida entera, conociendo esa libertad de la que se gozaba al no tener que depender de una puta máquina para poder seguir…

...existiendo.

Si no fuera por Naruto…

«Ese chico te quiere con locura. Lo sabes, ¿verdad?»

… y porque realmente podía sentir que le quería…

Si no fuera porque sólo estando junto a él se sentía realmente vivo…

«¿Quieres salir conmigo? Como pareja. Esta vez quiero hacer bien las cosas, Sasuke».

Cerró los ojos con fuerza, llevándose la mano al pecho, haciendo un esfuerzo consciente para controlar el ritmo de su respiración y no permitir que le diera un ataque de ansiedad.

¿Cómo podía Naruto ser tan bueno con él… después de todo lo que había ocurrido entre ellos?

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SASUKE

Lunes, 20 de octubre

14:50

Sasuke no estaba hecho un manojo de nervios.

No.

El hecho de que llevase ya unos cuantos minutos frente a la puerta del piso de Naruto, debatiéndose entre si llamar o no al timbre, no era porque estuviera nervioso.

¡Estaba histérico, que era diferente!

En comparación con aquella vez que se presentó sin avisar, tras el jaleo que se montó en el pub, llamar ahora a su puerta era casi como sentarse en el estrado, delante de un juez, esperando por su condena a muerte.

¿Cómo le recibiría Naruto…?

Había acudido demasiado alegremente, como siempre. Pero cuanto más lo pensaba, más motivos encontraba para darse la media vuelta y dejar que Naruto viviese su vida en paz. No le iba a traer más que problemas.

Y Naruto se merecía ser feliz.

Pero es que, para variar, y contradiciendo lo que le gritaba su mente, su cuerpo había ido moviéndose solo hasta plantarle delante de aquella puerta.

Quería pensar que, por lo animado que había escuchado a Naruto últimamente, todo podría volver a ser como era entre ellos… antes de que decidiera poner tierra de por medio e ignorarlo como lo hizo durante tanto tiempo.

Pero… ¿y si no era así? ¿Y si, realmente, Naruto se guardaba ese rencor —aunque fuera en un remoto rincón de su mente— y cuando menos se lo esperase se lo tiraría en cara, o simplemente decidiría dejarle sin más?

No es que no se lo mereciera, por gilipollas…

"Pero tú le hiciste exactamente lo mismo, anormal", se echó en cara a sí mismo.

Cogió aire profundamente y, antes de que pudiera arrepentirse, tocó el timbre.

Lo que tuviera que ser, sería.

Debía asumir cualquiera que fuese su castigo con todo lo que respectase a Naruto. Se lo merecía. Por idiota, y por ponerle en duda.

Cuando lo pensaba fríamente, sabía que Naruto no hacía absolutamente nada con maldad. Que simplemente era bueno de corazón, e incluso a veces tonto de tan bueno que era. No podía comprender cómo nadie pudo hacerle mal alguno en el pasado… Cualquiera que osara hacerle llorar, merecía el infierno.

"Y tú no eres menos", se dijo a sí mismo, cerrando los ojos al tiempo que agachaba un tanto la cabeza.

Se le hacía un nudo en el pecho sólo de recordar esos ojos celestes, llenos de dolor, el día que Naruto le dijo de marchar.

Cuando escuchó el 'clic' de la puerta, sintió que le recorriese un escalofrío por todo el cuerpo.

No quería verle sufrir más.

Tal vez, después de todo, no debería haber ido. Si volvía a encontrarse con esa mirada, envuelta en agonía… Sentía que no sería capaz de volver a mirarle a la cara nunca más.

Por eso, cuando vio cómo lentamente se iba abriendo la puerta, no pudo sino contener la respiración, apretando algo más fuerte la correa de la bandolera con su mano zurda contra su pecho.

Y cuando sus miradas se cruzaron, fue como si se detuviese el tiempo. O más bien como si hubiese vuelto hacia atrás, antes de que todo esa espiral de desesperación le engullera: ahí estaba él, con esa cara de sorpresa que en el fondo sabía que pondría, y como si lo viera a cámara lenta, su sonrisa se comenzó a ensanchar en el mismo momento en el que le reconoció.

Sasuke hubo de morderse el labio para detener el temblor que de repente se tornó casi incontrolable; las lágrimas luchando por querer escapar. Y no pudo reternerlas por más tiempo cuando Naruto soltó el pomo de la puerta, abalanzándose hacia él, y se abrazó fuertemente a su cuello.

Y a pesar de que quería devolverle la calidez del abrazo… A duras penas encontró las fuerzas para agarrarse a su cintura, intentando encerrar el llanto, su cara escondida contra su hombro. Pareciera que todo su cuerpo se hubiese vuelto de mantequilla, sintiendo que le temblaran las rodillas con tan sólo aguantar su propio peso.

Sasuke no sabía explicarse exactamente qué era lo que sentía: si arrepentimiento, dolor, alegría o alivio, o quizá todo a la vez; pero lo cierto era que en ese momento le daba igual, sintiendo ese embriagador abrazo, y las cálidas caricias que le daba por la espalda.

No sabría decir tampoco cuánto tiempo estuvo así, hasta que finalmente ese nudo que se le había formado en el pecho se aligeró y pudo dejar de llorar cual bobo, y Naruto se giró un tanto para besarle en la sien.

—Ya he vuelto —susurró.

—Unn… —asintió sobre su hombro, sin atreverse a abrir los ojos aún. —Bienvenido.

Y no quería separarse de él… Pero cuando notó cómo subía las manos hasta sus hombros, lentamente se despegó del otro. En ocasiones como ésta se sentía patético de que fuera Naruto quien tuviera que decir 'basta'.

Aunque lo que realmente sucedió fue que Naruto tan sólo se distanció lo suficiente para poder llevar las manos hasta sus mejillas e instarle a levantar la cabeza. Cosa que le pareció un esfuerzo mental tremendo, pues la vergüenza que sentía de sí mismo era como si le hubieran colocado una losa de piedra encima.

Pero de nuevo se encontró con esa tranquila y suave sonrisa que le dedicó antes de marcharse… Haciendo que parte de ese peso se evaporase.

—Vamos dentro, va —le murmuró al tiempo que le cogió de la mano—, que como salga la loca ésa me va a hacer trizas.

—¿La loca ésa? —preguntó confuso.

Antes siquiera de que pudiera procesar nada, Naruto tiró de él, cerrando tras ellos.

Y entonces un 'clic' resonó en su cabeza al verle suspirar con alivio.

«¿Me has llamado 'señora'...?

»¡Sí, señora! ¡Y debería vestirse algo más decentemente, que ya tiene usted una edad!

»¿¡Qué has dicho!?»

E intentó contenerse… pero no pudo evitar que se le escapara una risilla ahogada.

No pudo verla aquel día, pero sin duda aquella mujer le debía de haber fijado como objetivo para descargar su ira.

—¡No te rías de mí, cretino!

—Es que eres dobe… —rio para sí, dejándose caer sentado en el escalón. —Mira que soltarle eso…

—Lo dices porque tú no la viste —se acuclilló delante de él, totalmente serio. —Te juro que parecía que le fuera a reventar el vestido con las perolas que tiene.

—¿Y desde cuándo te fijas tú en las tetas de las tías? —alzó una ceja con media sonrisa, intentando ignorar el hecho de tener la cara completamente húmeda.

No es que realmente necesitara una explicación, se había dado cuenta ya de sobras de que Naruto no miraba de esa manera a las mujeres. Pero es que el dobe era tan fácil de picar…

—¡Yo no hago eso! —gruñó frunciendo el ceño.

—¿Ah, no? —pronunció su sonrisa.

—¡No!

Y, poco a poco, el puchero que parecía que estaba intentando reprimir se tornó más que evidente, resoplando finalmente por la nariz.

Siempre le había resultado divertido meterse con Naruto —como hacía Itachi con él—, mas en esta ocasión no quiso seguir con la broma. Le debía a Naruto demasiadas explicaciones, y aquél no le exigía nada.

Si no fuera porque siempre había sido así… tal vez incluso se enfadaría de que se comportase como si nada hubiese sucedido en las últimas semanas. Sin embargo, no podía sino sentirse agradecido de haber encontrado a alguien como él.

—Era broma, dobe —sonrió al tiempo que le acariciaba la mejilla.

A lo que Naruto respondió hinchando los mofletes al tiempo que respiraba profundamente, dejando escapar el aire en un resoplido de nuevo.

Si bien esta vez, en lugar de explotar en otra rabieta, se le quedó mirando fijamente a los ojos sin decir nada. Simplemente ahí, en silencio, como si quisiera escudriñar hasta el último rincón de su ser.

Y tal vez en otro momento le hubiera hecho sentir incómodo hasta el punto de necesitar romper el contacto visual con él, pero en ése, no le importó en lo más mínimo. Naruto le había demostrado que le aceptaba tal cual era, por activa y por pasiva. Así que ya no necesitaba esconderse más de él.

De forma ausente, siguió acariciándole la mejilla suavemente, rozando de vez en cuando sus labios.

¿Cómo podía tener la suerte de que alguien tan bueno como Naruto se hubiera fijado en él? Era algo que no podía explicarse, por más vueltas que le diera.

No supo en qué momento fue que Naruto se arrodilló, llevando las manos por sus piernas, pero en el instante que cerró los ojos, y entreabrió los labios cuando de nuevo los acarició… Tan sólo pudo inclinarse un tanto para salvar la poca distancia que les separaba, besándole con ternura.

Suaves besos que se fueron sucediendo acompañados de esas leves pero firmes caricias que hasta ahora no se había dado cuenta de lo mucho que las había echado de menos, haciendo que su ser se encogiera por un instante.

Y haciendo que sintiera las fuerzas suficientes para poder seguir con aquello.

Si Naruto le seguía queriendo, aún y a pesar de saber lo que le ocurría… Tal vez no sería tan duro hablar con él sobre parte de ese tormento que era su mente. Al igual que le dijo a su hermano, no podía contarle todo… pero sí lo suficiente como para que pudiera empezar a conocerle de verdad. Si no era sincero con él, todo el esfuerzo que pudiera hacer Naruto para entenderle sería en balde. Y esta vez no quería tirar por la borda todo lo que habían construido juntos hasta ahora, sólo por sus miedos.

Ya había tenido suficiente de eso.

—Naruto…

—Dime.

Sin embargo… En el momento que pronunció su nombre, todo ese valor se esfumó. De veras que quería hablar, pero sus labios parecían sellarse a cal y canto cada vez que lo intentaba.

Y es que, en serio, ¿por dónde debía empezar a contarle nada? La primera vez que trató de hacerlo, lo hizo desde el principio. Pero según se acercaba a la parte en la que tenía que hablar de por lo que estaba pasando ahora… se arrepintió de haber comenzado a decirle nada. En aquel momento se sintió agradecido de haber encontrado una excusa para no seguir cuando se cabreó al recibir un mensaje de su madre y la constante preocupación que tenía para con él… Así y todo, quizá sí debería habérselo contado aquel día. O las otras tantas veces que lo había intentado, aconsejado por sus amigos y su hermano.

Aunque quizá, si le hubiese contado todo desde buen principio, las cosas entre ellos hubiesen sido diferentes… Quizá ahora no estarían ahí. Quizá Naruto no se habría enamorado de él…

Quizá ahora no serían más que amigos, y tal vez Naruto podría ser algo más feliz. Si no hubiera venido a su casa aquel día para aclararle lo que sentía por él, quizá Naruto no sufriría así por su culpa.

—Hey… —le llamó la atención el rubio, posando las manos en sus mejillas para obligarle a levantar la cabeza.

Y no quería ponerse a llorar de nuevo. No quería. Sin embargo las lágrimas se caían solas.

Solía pensar de Naruto que era algo masoca… No obstante, ahora se daba cuenta de que, de hecho, quien le había condenado a ese sufrimiento no había sido Naruto mismo, sino él.

Si aquel día no se hubiera presentado en su casa… Si no se hubiera levantado para besarle… Naruto hubiese sido libre de ese tormento por el que le había hecho pasar.

—Lo siento… —murmuró apoyando la frente sobre su hombro. —Lo siento, Naruto. Yo n-

—Vamos dentro, Sasuke —le cortó. —Ya tendremos tiempo para hablar luego. Debes estar cansado.

Pero a pesar de que sus palabras eran firmes, no se movió de ahí, paseándole las manos por la espalda.

Ciertamente, se sentía agotado. Le dolían los ojos de tanto llorar y del cansancio; sentía las rodillas completamente entumecidas, y todo su cuerpo le pesaba como el plomo. Por lo que no pudo sino asentir levemente. Sabía que tenía razón. De hecho, debería haberse ido a casa a comer y a descansar primero, y quizá le hubiese ahorrado esa escenita a Naruto. Aquél le había recibido con los brazos abiertos y, sin embargo, él no hacía más que cargarle con sus problemas.

Como si se hubiesen puesto de acuerdo, ambos se separaron con lentitud, Sasuke sintiéndose incapaz de mirarle a los ojos cuando Naruto comenzó a secarle de nuevo las lágrimas que se escurrían por sus mejillas. Se sentía totalmente patético dejándose tratar cual crío de primaria… y, a pesar de todo, anhelando ese tibio contacto.

—Me he pasado con el arroz y me ha sobrado bastante —le dijo Naruto casi en un susurro, al tiempo que le sacaba la correa de la bandolera. —Si tienes hambre…

—Unn… —asintió levemente.

Aunque realmente no sentía hambre, la verdad fuera dicha. Pero era consciente de que debía comer algo, por poco que fuera. Así que no pudo sino sentirse agradecido de que no tuviera ni que pedírselo. Si bien… Mientras se estaba desatando los cordones, y sin que le hubiese dado tiempo a Naruto de dar más que unos pocos pasos hacia el interior del piso, su estómago aclaró de forma más contundente que, de hecho, sí que estaba más bien vacío con un sonoro rugido.

Sasuke se quedó congelado en el sitio sintiendo que le ardían hasta las orejas. Esperaba por todos los dioses que Naruto no…

—¿¡Qué ha sido eso!? —estalló en una carcajada.

—¡Cállate, dobe! —contestó abochornado.

¿¡Por qué diablos tenían que retorcérsele las tripas en ese instante!? ¿¡Es que no se había avergonzado ya a sí mismo lo suficiente!?

Sin embargo, a pesar de la vergüenza… Y a pesar de que el idiota de Naruto siguiera su camino hacia el interior de la casa riendo entre dientes, burlándose de él… No pudo sino sentirse más liviano al escucharle reír.

Lo había echado de menos.

Mucho.

Esa risa tonta suya… Esa tonta risa hacía que todo pareciera algo menos oscuro. Sí, eso era. Naruto era esa luz radiante al final de aquel oscuro y asfixiante túnel.

La próxima vez que visitara el templo, debía agradecerle a los Dioses por haber permitido que sus caminos se cruzasen.

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SASUKE

Lunes, 20 de octubre

15:25

No quería dormirse.

Eso era lo que Sasuke se llevaba repitiendo durante los últimos minutos, una y otra vez, después de terminar de comer.

Naruto había puesto el último capítulo que vieron juntos del dorama que le gustaba mientras comía. Aquél había comido hacía ya rato, pero aún así se sentó a su lado, apoyado contra el sofá.

Y cuando Sasuke terminó de comer, se quedaron ahí, hombro con hombro, y cogidos de la mano. Así simplemente, jugando a una de esas batallas silenciosas de caricias, al tanto que miraban la pantalla. Y digo 'miraban', porque Sasuke no estaba prestándole atención realmente, más concentrado en el tibio tacto de la piel de Naruto, relajándose así. Tampoco estaba seguro de que Naruto estuviera siguiendo lo que sucedía en la pantalla…

Pero sin poder remediarlo, al final dejó reposar la cabeza sobre su hombro, haciendo todo el esfuerzo del mundo por que no se le cerrasen los ojos.

—¿Quieres que abra el sofá? —murmuró Naruto.

"Tentador…", rumió para sus adentros.

Ese sofá era ciertamente confortable. Y más confortable aún le resultaba quedarse dormido en el abrazo de Naruto. Pero… ¡el dobe no paraba de trotar, llevándole a caballito! ¿¡A dónde se creía que iba!? Le llevaba como si no fuera más que un saco de patatas, corriendo cuesta abajo por aquella calle empedrada. Como siguiera así, ¡iba a hacer que cayeran los dos rodando!

—Sasuke —susurró.

Entonces abrió los ojos y respiró profundamente, siendo consciente de que había estado apunto de quedarse dormido.

—Va, levántate un momento.

Y se sintió como si de verdad fuera un saco de patatas cuando Naruto le instó a pasarle los brazos por el cuello, y le abrazó para ayudarle a levantarse de ahí. Sentía como si se le hubiera dormido cada miembro de su cuerpo, moviéndose con absoluta torpeza y lentitud para hacerse a un lado y dejarle acomodar el sofá. Incluso hubo de pellizcarse el labio para dejar de sentir esa molesta sensación de entumecimiento.

—¿Qué haces? —medio rio Naruto al girarse y verle.

—No me siento la boca —dijo en un murmullo.

Respuesta con la que el dobe rio más ampliamente y terminó con lo que estaba haciendo.

Fue entonces cuando, en apenas un parpadeo —o eso le pareció a él—, Naruto pasó de estar junto al sofá —perfectamente vestido—, a estar ya sobre éste y… sin nada más puesto que los calzoncillos.

—¿Y tú qué haces? —atinó a decir.

—Vamos a dormir —sonrió ampliamente, palmeando el colchón.

Obviamente con las intenciones de que se pusiera a su lado. Pero es que hasta ahora… Nunca le había visto con tan poca ropa, por decisión suya propia.

Y a pesar de que se moría de cansancio… Su mente estaba comenzando a despejarse de nuevo. Naruto no iba con segundas intenciones... ¿verdad?

—A dormir —preguntó en su afirmación, acercándose a él.

—Unn —asintió enérgico.

Tanto, que dudaba sobremanera en su palabra. Estaba seguro de que, aunque quisiera, dormir no sería precisamente lo que iban a hacer. A saber lo que debía de estar pasando por esa cabecita rubia...

—Hmm…

—¿No te fías de mí? —sonrió socarrón, alzando una ceja.

—No —contestó rotundo.

Si bien no pudo evitar sonreír levemente al tanto que salvaba la distancia que les separaba. Y aunque no quería dejar de mirarle a los ojos… no pudo evitar llevar la mirada hacia donde posó las manos, sobre sus hombros, para iniciar el escrutinio de su piel. Y no sólo visual, sino también a través del tacto.

Ya sabía de sobras que del dobe emanaba un calor corporal que fácilmente podría haberle agobiado en ocasiones si no fuera porque su propio cuerpo era más bien frío… Pero sentir ese calor, directamente de su piel… Sólo le hacía recordar aquella tarde en la que, si no hubiera sido por la falta de condones…

Con contenida calma respiró profundamente, devolviéndole la mirada. No tenía ni idea de lo que podría estar pasándole por la cabeza a Naruto en ese instante, ni qué le había llevado a quedarse medio en cueros, pero estaba totalmente tranquilo, con las manos sobre sus caderas, esperando.

Pero, ¿esperando a qué?

¿Quería…?

—¿Qué tal te ha ido hoy? —preguntó Naruto sin apartarle la mirada.

Y preguntó con tal normalidad que le provocó un cortocircuito mental por un instante, haciendo que el hecho de que le estuviera desabrochando el pantalón fuera irrelevante.

¿Le estaba preguntando... lo que creía que le estaba preguntando?

—En la diálisis —le aclaró tras unos segundos al no recibir respuesta.

—Bien —contestó de forma mecánica en un murmullo, agachando la cabeza.

Y sintió que un escalofrío le recorriera el cuerpo entero cuando, lentamente, Naruto comenzó a tirar de los pantalones para que cayeran al suelo y comprendió lo que estaba haciendo. Verdaderamente, como le había dicho, tenía intenciones de dormir. Y de dejarle medio en cueros como estaba él. Es decir, que Sasuke pudo anticipar lo que iba a venir después… Y el por qué de que Naruto se hubiera desvestido tan alegremente.

"Intercambio equivalente, ¿eh…?", se preguntó interiormente, con los ojos clavados en él.

Sabía lo mucho que Naruto se avergonzaba de dejar su piel al descubierto, así, como estaba ahora…

Y tal y como lo había pensado, no tardó mucho en subir de nuevo las manos hasta sus costados, siguiendo lentamente camino hacia el pecho… y arrastrando la camiseta en el proceso.

E instintivamente le sujetó de las muñecas para que se detuviera.

Fue puro instinto, pero su mente entró en conflicto. No quería que le viera el torso desnudo. Por las cicatrices que tenía en los costados, por lo enclenque que parecería a su lado, y obviamente... porque si le quitaba la camiseta iba a ver que, muy seguramente, tendría la gasa que le tapaba las fístulas manchada de sangre. Aunque fuera poco, pero seguro que estaba manchada.

Pero por otro lado, no podía parar de repetirse que no quería esconderse más de él. Que, como Naruto le dijo, todo iría bien. De una manera u otra.

A pesar de que no había hecho fuerza alguna que pudiera retenerle realmente, no fue hasta que aflojó las manos que Naruto siguió con lo que estaba haciendo. Sin embargo, no pudo evitar llevar su mano diestra al antebrazo para cubrir aquello.

—Tengo que ganar un poco más de peso… —murmuró por lo bajo, forzándose a sonreír aunque fuera levemente.

Y es que si no lo hacía… Sentía que de nuevo se le iban a saltar las lágrimas, haciendo un esfuerzo por mantener su respiración bajo control. Si bien las pulsaciones se le aceleraron sin remedio al sentirse completamente expuesto.

—Sasuke —le cogió de la muñeca, con suavidad pero con firmeza, instándole a apartar la mano de ahí—, no puede darme asco algo que te permite seguir viviendo. Métete eso en la cabeza.

Y de nuevo le dejó sin palabras la seriedad con la que dijo aquello. Esa misma seriedad que portaba cuando le dijo en el hospital que quería salir con él, formalmente.

No estaba de broma.

—Va —tiró de él levemente—, vamos a dormir.

Completamente mudo, se quedó junto al sofá al tanto que Naruto rodó hacia el otro lado para dejarle sitio. Otra vez con la sonrisa en los labios.

—Naruto… ¿Por qué te preocupas tanto por mí?

—Porque te quiero —contestó sin vacilar.

Pero por más que le dijera aquellas palabras, no cabía en su mente que alguien pudiera querer tan desinteresadamente a otra persona. No como lo hacía Naruto, sin apenas conocerle realmente.

—¿Y qué significa 'querer' para ti? —se sentó en el borde del sofá, sin quitarle los ojos de encima.

Éso era algo que siempre se andaba preguntando. ¿Qué movía a Naruto? ¿Era un simple capricho pasajero? ¿O era algo realmente más profundo?

Si hubieran de preguntarle a Sasuke… Sencillamente Naruto era su razón de existir a día de hoy. Él le había salvado literalmente de destrozarle la vida a su familia entera, y a sus amigos quizá. Si no fuera por él… Por cómo sabía mantener los pies sobre la tierra, y decir las palabras exactas que necesitaba escuchar en cada momento…

Naruto se mantuvo en silencio durante unos minutos, resoplando de vez en cuando mirando a la nada, Sasuke esperando pacientemente su respuesta, hasta que finalmente gruñó por lo bajo, apoyando la cabeza en la mano, y devolviéndole la mirada de nuevo con el ceño un tanto fruncido.

—No sé cómo explicártelo con palabras —dijo en voz baja. —Es sólo que… cuando veo cómo te lo guardas todo para ti, la forma que tienes de llevarlo… Se me encoge algo por dentro y puedo sentir el dolor también —dijo al tanto que se tumbaba sobre su espalda, llevándose el brazo a la cara para taparse los ojos. —Duele, Sasuke. Duele mucho —se llevó la otra mano al pecho. —Es tanto dolor que simplemente no puedo ignorarlo. Se me rompe el alma de ver cómo sufres y yo quiero verte sonreír.

Inmóvil, Sasuke permaneció observándole así como estaban, digiriendo las palabras que le acababa de decir. Naruto parecía estar tranquilo por cómo hablaba, y lo pausado de su respiración. En cambio, pudo percibir el leve temblor de su barbilla.

E inconscientemente le imitó cuando se mordió el labio, sintiendo que se le fueran a escapar las lágrimas.

Con el tiempo había conocido el por qué de que Naruto se sintiera solo, y el miedo por el que pasaba cada día. La primera vez que se encontraron tan sólo pudo intuirlo, pero ya entonces se propuso ayudarle de alguna forma. En aquel momento, fue como querer salvarse a sí mismo a través de él, porque no concebía que alguien como Naruto pudiera sentir tanta tristeza, ni que se aislara de la forma que lo hacía cuando, claramente, disfrutaba de la compañía de los demás.

Naruto, sin saberlo, se había estado haciendo sufrir a sí mismo por el miedo que sentía. Y en cierto modo, se veía reflejado en él. Por eso le dolía ver lo mucho que se esforzaba Naruto cada día por seguir adelante y, aún así, que sufriera tanto.

Más aún ahora, a sabiendas de que parte de ese dolor se lo provocaba él.

—No sé qué he hecho para merecerte… —le dijo con la voz ronca. —.. Pero gracias. Gracias…

Y sin poder ni querer evitarlo, el llanto se le escapó. De verdad que aún no se explicaba qué había hecho para merecer el amor que Naruto le tenía… Pero tan sólo podía llorar de que alguien como él estuviera dispuesto a atarse de esa forma tan desinteresada y honesta.

Bueno, llorar y reír a partes iguales, por lo estúpidos que habían sido hasta ahora. Él por haber querido ocultarle todos sus comederos de cabeza; y Naruto por no haberle dado antes la bofetada que se mereció para entrar en razón.

"No, si al final el masoca seré yo…", rumió para sus adentros.

No debía dudar de la palabra de Naruto. Nunca más. Tal vez su vocabulario no fuera lo suficientemente extenso para expresarse con toda la claridad que quisiera… pero era sincero.

Si bien ahora se le ocurría que quizá Naruto no fuera el mayor problema con el que tenía que lidiar. Entendía que para Naruto todos y cada uno de los que formaban parte de su vida eran importantes de alguna manera, así que...

—Naruto… Aunque tú estés conforme, ¿qué hay del resto?

—¿Qué resto? —preguntó confuso, mirándole de reojo.

—Pues… —dijo casi en un susurro, sintiéndose avergonzado—, … tus amigos, Kiba… Tu madre…

Especialmente por ella. Había visto la peor de sus facetas sin conocerle de nada, más allá de lo que Naruto pudiera haberle contado.

—¿Desde cuándo te importa lo que opinen los demás? —preguntó con algo de reproche en la voz.

Reproche que no sabía a qué venía. No es que a él personalmente le importara lo que pudieran pensar Chouji o Shikamaru… Sin embargo su madre era otra historia. Kushina se había portado especialmente bien con él. Y no porque le cayera en gracia sino porque, como toda madre, quería que Naruto fuera feliz.

Y después de todo lo que le había hecho sufrir…

—Sasuke —se incorporó de repente, quedándose a tan sólo un palmo de su cara—, quien realmente me quiera aceptará a quien yo elija para pasar el resto de mi vida. Si alguien me hace elegir, esa persona no me quiere. ¿Lo entiendes?

—Pero es que tal vez esa persona, precisamente porque te quiere, no me acepte. Porque sabe que te voy a hacer sufrir.

A esa corta distancia que les separaba, pudo ver claramente como se le dilataban las aletas de la nariz. Estaba a punto de estallar, lo sabía, pero aún así no quería que Naruto decidiera nada por impulso. No quería que tomara una decisión de la que luego se arrepintiera por no considerar todas las posibilidades.

—¡Argh! —se llevó las manos a la cabeza, dejándose caer de espaldas nuevamente. —¡Todavía no lo entiendes!

—¡Tú eres el que n-!

Pero no le dio tiempo de terminar de hablar. Aquél se levantó como un resorte del sofá y, con el mismo brío, salió caminando por la puerta del salón. Dejándole ahí como un pasmarote. Aunque no le dio mucho tiempo para pensar en qué demonios podría estar pensando el dobe aquel. No tardó ni medio minuto en regresar.

Entonces Naruto se quedó plantado frente a él y le tendió la mano para que le diera la suya, y Sasuke se le quedó mirando completamente aturdido. Ya sabía que de vez en cuando se le ocurrían cosas de la nada, parecía un torbellino. Pero, ¿qué quería ahora?

Aún dubitativo, extendió su mano diestra para coger la del rubio. Sin embargo Naruto, en lugar de tomarla, le dio la vuelta y dejó algo sobre su palma, acto seguido sentándose a su lado sin apartarle la mirada.

—Para ti.

Todavía perplejo, bajó la vista para ver qué le había dado… encontrando una llave. Pero no una llave cualquiera. Sabía perfectamente a qué cerradura pertenecía.

Aunque para Sasuke ese gesto tenía un significado mucho más amplio. No sólo le estaba entregando la llave de su piso… Con ella, le estaba entregando su total confianza.

«...quien realmente me quiera aceptará a quien yo elija para pasar el resto de mi vida».

...Y las palabras de Naruto resonaron de nuevo en su cabeza, ahora con el significado literal con el que, seguramente, las dijo.

Si no rompió a llorar, fue única y exclusivamente porque se sentía ya tan exhausto —física y emocionalmente— que no tenía fuerzas ni para eso. Tan sólo una lágrima se le escapó, sin apartar la mirada de ese objeto que no simbolizaba únicamente la confianza que estaba depositando Naruto en él, sino su propia libertad. Libertad de poder acudir a él siempre que quisiera, y la libertad de poder ser él mismo, sin medias verdades. No tenía que esconderse más. Bueno, más bien no debía. No debía traicionar toda la fe que Naruto tenía en él, si es que no le quería ver sufrir más.

—Quién iba a pensar que pudieras llegar a ser tan idiota… —resopló Naruto.

—Cállate, usuratonkachi —contestó con la voz ronca.

Petición que le concedió durante unos segundos en los que trató de reponerse. Sin embargo, Naruto parecía haber vuelto con las pilas recargadas y no tardó en hacer que de nuevo le diera un vuelco al corazón.

—Prefiero morir mañana que vivir mil años sin haberte conocido, Sasuke.

Le parecía terrible que aquellas palabras sonaran tan románticas para sus oídos; que alguien considerase su existencia como algo realmente valioso…

—No vuelvas a decir eso, dobe.

… Pero tampoco podía permitir que Naruto creyera en ellas. Tarde o temprano… Sasuke era consciente que, de entre ellos dos, quien tenía los días contados era él. No Naruto. Y ese era otro punto que Naruto debía entender.

—¿Por qué no? ¿Crees que no hablo en serio?

—No es eso, Naruto… —murmuró dejándose caer hasta apoyar la frente en su hombro. —Hablas de pasar el resto de tu vida conmigo… —carraspeó para quitarse el nudo de la garganta y poder seguir hablando—, … pero ni siquiera yo sé cuántos años voy a… voy a… —dejó la frase en el aire.

No se atrevía ni a decirlo. Era como si al vocalizarlo, fuese a adelantar su propio final.

—Sasuke… —le abrazó contra sí con suavidad—, ... ¿tú no has pensado que tal vez sea yo quien se muera primero? —le preguntó tan tranquilamente que le dejó con la mente en blanco, no queriendo sopesar esa posibilidad. —¿Y si mañana salgo con el coche y tengo un accidente? ¿Y si me da un infarto? ¿O y si alguien viene a atracarme y me mata? ¿Quién sabe? Podría morir de cáncer… O podría caerme una maceta en la cabeza cuando salga por el portal —se encogió levemente de hombros.

Y dijo aquello con tal normalidad que no pudo sino quedarse en silencio. Si lo pensaba fríamente, sabía que tenía razón. Pero lo dijo de tal forma que incluso pareciera que aceptara el hecho de que podría morir de verdad; de que al día siguiente saldría por la puerta de casa y no fuera a regresar jamás.

"No…", suplicó para sus adentros. "No me dejes solo…"

Porque así era como se sentía cuando no le tenía al lado: solo frente a un precipicio; solo frente al vacío que había bajo sus pies, a tan sólo un paso de caer por el abismo…

—Todo irá bien, Sasuke —susurró al tiempo que le apretaba un tanto más en su abrazo.

Hubo de morderse el labio para evitar que le comenzara a temblar de nuevo, respirando conscientemente para no ponerse a llorar otra vez. En su lugar, concentró todos sus esfuerzos en sentir el calor del cuerpo de Naruto, notando como se le escapaban las lágrimas.

Pero no importaba. Naruto lo comprendía. No iba a menospreciarle ni a burlarse por verle llorar. Así se lo demostraban las caricias que fue repartiendo por su espalda, besándole con suavidad en el hombro.

Y en silencio.

Ese agradable silencio que reinaba más veces que menos entre ellos, y que al mismo tiempo le llenaba completamente de paz.

Sasuke cerró los ojos al dejar descansar completamente la cabeza sobre su hombro. Se sentía exhausto, y mareado. Aún así, cuando la conciencia le retornaba —entre caricia y caricia que le daba Naruto—, él también le dejaba suaves besos allá donde alcanzaba.

Fue en algún momento dentro de aquella quietud que Naruto debió dejarle reposar sobre el colchón, porque la siguiente vez que tomó conciencia de dónde estaba, podía sentirle completamente pegado a su espalda, abrazado a él. Naruto respiraba de forma pausada, haciéndole sentir cosquillas de tanto en tanto en la nuca.

A duras penas podía escuchar con el ventanal cerrado algún que otro coche que pasaba por la calle en la lejanía; y el sol empezaba a caer, haciendo que la habitación quedara medio en penumbra.

Era agradable.

Tanto, que no quiso ni saber qué hora era.

Simplemente cerró los ojos de nuevo, dejándose embriagar con aquel sosiego.

.

.

.

CONTINUARÁ…


27/07/21

Bueno… Hasta aquí el capítulo de hoy.

Sé que el capítulo anterior fue un trago bastante amargo para la mayoría =/

Ya dije que con ese capítulo, daba por finalizado en 'angst' en mi historia, así que por ese lado, estaos tranquilos xD

Pero por otro lado, dejo por aquí links a noticias relativas al tema del suicidio en España =/ Es sólo para que entendáis cómo está el panorama, y que este tema necesita ser abordado, guste más o menos, porque las cifras son escalofriantes (ni siquiera me voy a molestar en bucar cifras de Japón, porque creo que es de sobras por todos conocido que ellos tienen las tasas de suicidio más altas del mundo).

www(punto)vozpopuli(punto)com/opinion/suicidios-espana_0_1390661862(punto)html

www(punto)lavanguardia(punto)com/vida/20190909/47260236571/dia-mundial-prevencion-suicidio-espana(punto)html

www(punto)infocop(punto)es/view_article(punto)asp?id=8491&cat=44

www(punto)elmundo(punto)es/espana/2020/09/09/5f58f15d21efa02e618b45d3(punto)html

Y pues, como consejo personal... Si de una u otra forma podéis identificaros con la forma de pensar de Sasuke en el capítulo anterior, buscad ayuda. Eso son lo que se llaman "pensamientos intrusivos" que alguien con depresión no puede ignorar, y son cada vez más desesperantes conforme pasa el tiempo. No, no estáis locos, pero de verdad se necesita ayuda para salir de ahí. Hablo por experiencia personal.

A mí personalmente me ayudó muchísimo escuchar a este señor

www(punto)youtube(punto)com/c/OmarRueda

Y no os olvidéis de que, mañana, el sol volverá a salir para dar paso a un día nuevo ;)